el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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martes, 11 de mayo de 2010

11/ 05: ECLIPSO: THE MUSIC OF THE SPHERES


Este comic es un claro exponente de un montón de las cosas que DC hace mal, y por eso está bueno comentarlo.
La principal cagada que se mandan una y otra vez es tratar de volver para atrás todos los desarrollos de personajes, a los que en algún punto se decidieron a hacer avanzar, con o sin sentido, en historias copadas o aberrantes. Acá la onda es recuperar el nexo entre Eclipso y Bruce Gordon, luego de que otros dos personajes menores (Alejandro Montez y Jean Loring) hayan hecho lo suyo como huéspedes de la entidad que encarna a la venganza. ¿Para qué volver a Bruce Gordon? No se sabe. ¿Es un buen personaje? Definitivamente, no. ¿Estaba bueno que Jean Loring fuera Eclipso? Definitivamente, tampoco.
Pero bueno, ahí va el prolífico Matthew Sturges, a tratar de darle chapa al Spectre actual (Crispus Allen), que tiene pasta como para ser un buen personaje, pero le falta suerte con los guionistas. ¿Qué hace el Spectre en un comic de Eclipso? Mantenerlo en jaque, porque DC no se anima a que los malos ganen, ni siquiera cuando les dan serie propia. Además, al igual que en la serie de Eclipso de principios de los ´90 (la que estaba buena), el villano recluta entre sus filas a algunos héroes “eclipsados”, siempre segundones y tercerones sin revista propia, pero con un puñado de fans que por ahí compran este comic porque aparecen Creeper, Plastic Man o Hawk & Dove. También aparece Huntress, pero no se entiende bien para qué, porque ni siquiera llega a estar eclipsada. Sturges la usa (poco y mal) para contarnos cosas sobre el empresario corrupto que logra reconstruir (con mucha guita y el asesoramiento de un brujo malo) el Corazón de la Oscuridad, la gema que le da el poder a Eclipso.
Otra cagada clásica de DC: inesperadas vueltas de tuerca a los orígenes de personajes que están ahí hace más de 40 años y de los que ya nos habían explicado todo, de modo más o menos convincente. Acá Sturges mete una escena en la que Darkseid explica que los diamantes negros de Eclipso fueron extraídos de una mina de Apokolips, y forjados por orden suya. ¿Sirve para algo esta revelación? No, y contradice historias anteriores, en las que la relación Darkseid-Eclipso estaba planteada en otros términos.
Otra: por la mitad del tomo, Eclipso (que todavía habita el cuerpo de Jean Loring) se caga a trompadas con Mary Marvel. La entidad abandona a la ex-esposa de Atom y esta cae al océano. Y chau. No la vemos más, ni a ella ni a Mary Marvel. ¿Qué carajo pasa acá? Fácil, esto se serializó en la revista Countdown to Mystery, que está muy relacionada con la horrenda maxisaga Countdown. Ahí está desarrollado el plan de Eclipso para corromper a Mary Marvel y nos enteramos qué pasa con ella y con Jean. Pero eso no aparece en este tomo, y ni siquiera hay una nota al pie, que diga “leé tal comic para saber qué les pasó a estas dos pelotudas a las que no les pensamos dedicar ni una viñeta más en este broli”.
Y una más: Cuando van menos de 50 páginas, el dibujante Stephen Jorge Segovia (que arranca power, con un estilo impactante, onda Leinil Francis Yu) baja 132 cambios y empieza a dibujar a los pedos, sin ganas. Y después, ni siquiera dibuja todos los episodios, sino que en las últimas 110 páginas tendremos que alternar entre Segovia a media máquina y un verdulero de la B Metropolitana (cerca de irse a la C) llamado Chad Hardin, que lo poco que dibuja bien se lo afana a Doug Mahnke. Posta, es un dibujante inmundo, con cero onda. En sus primeras páginas, en cambio, Segovia se pasa un poco de pochoclero, pero sin meterse en mayores bretes narrativos y con viñetas (ya que no secuencias) realmente logradas.
Y bueno, sir ser un asco ilegible, esta saga evidencia más problemas que Medio Oriente, y son todos problemas que DC parece no poder o no querer solucionar, porque son los mismos que se repiten una y mil veces cada vez que salen a chorear con las sagas crossovereadas, los dibujantes que no cumplen con las fechas, los guionistas que mandan cualquier fruta y los coordinadores que aprueban revivals innecesarios de conceptos que están más perimidos que el diskette de 3 y ½. Es lo que hay…