el blog de reseñas de Andrés Accorsi

martes, 30 de junio de 2026

SUPERGIRL

Antes que nada, es justo aclarar que Supergirl me parece un personaje chotísimo, claro exponente de la falta de imaginación de los guionistas. ¿Cuál es el mérito de inventar un personaje exactamente igual a Superman, pero que en vez de un tipo de 30 sea una pibita de 15? Nada, es un choreo inaceptable... que DC en los ´50 no solo aceptaba sino que incluso promovía. Dicho esto, fui, garpé una entrada y me senté 110 minutos en una sala cuasi vacía a ver el largometraje de Craig Gillespie (a quien jamás había oído nombrar, porque -como siempre digo- no sé un porongo de cine). Y me encontré con un producto correcto, muy llevadero, con lindos efectos especiales, buenas actuaciones (destaco a Eve Ridley muy por encima del resto) y una trama que aparentemente está basada en una historieta (Woman of Tomorrow) que como no soy fan de Supergirl, jamás leí. Pero sí leí algunas críticas que señalaban que esa historia que Tom King había escrito para Supergirl no conectaba mucho con la esencia del personaje, al punto que se podría contar exactamente igual, pero con Power Girl, Donna Troy, Starfire o cualquier otra superheroína de DC en el rol protagónico. No sé qué tan fiel o tan lineal es la transposición a la pantalla de esa historieta (obra de la guionista Ana Nogueira), pero también tengo la sensación de que la historia que vi en el cine se podía contar con cualquier otra superheroína de DC. A favor del guion de Nogueira, debo decir que -a diferencia de Eternals, por ejemplo- encontró formas y momentos copados para meter algunos flashbacks al pasado de Kara Zor-El que explican un poco por qué su actitud frente a la vida es tan distinta de la de su primo Kal-El. Pero hay dos cosas que me hicieron ruido: por un lado, los flashbacks nos dan a entender que Kara lleva unos... ocho años viviendo en la Tierra, pero su arraigo con nuestro planeta es ínfimo. Ni siquiera se calentó en inventarse una identidad terrestre al estilo Clark Kent. Está un rato en la fortaleza del Ártico, un rato en Metropolis, y cuando puede se raja a otros planetas en busca de emociones fuertes, escabio y descontrol. La guionista finge demencia a la hora de contarnos qué hace Kara en la Tierra, en su día a día. ¿Con quién habla? ¿Quiénes son su Lois, su Jimmy, su Perry, sus Martha y Jonathan Kent? ¿O solo interactúa con Superman y Krypto? Ahí queda toda una faceta del personaje totalmente inexplorada. Lo otro que no me cierra: durante buena parte de la película, la trama se estructura como una carrera contra el tiempo: un reloj le marca constantemente a Kara cuánto falta para que, si ella no consigue el antídoto... alguien muera envenenado. Y en un momento, se olvidan totalmente de eso. De ser lo que marca el pulso de la trama, en un punto el paso del tiempo se vuelve algo etéreo, que no se nombra ni se especifica más. ¿Cuánto tiempo pasa Kara agonizando en la caverna? No se sabe. ¿Cuánto tiempo pasan Ruthye y Lobo en los calabozos de los Brigands? Tampoco se sabe. Y encima, en el tercer acto los personajes charlan tranquilos, como si no hubiera ningún apuro. Dale, flaca, apurate que se te muere... alguien. Fuera de eso, es un relato dinámico, con momentos espectaculares en los que los personajes hacen esas cosas que hasta hace unos años solo se podían hacer en los comics. No es una cosa que te pulverice en cerebro, no es una película memorable, pero dentro de todo la pasás bien. Hay drama, hay acción, hay toques de humor, los malos son una mierda que merecen ser ajusticiados sin el menor prurito, el hecho de que dos heroínas vayan contra una red de criminales que tratan a las pibas como mercancía me parece muy logrado, y por supuesto suma un montón que aparezca un grosso como Lobo. Jason Momoa ya está muy excedido de peso para hacer de Aquaman, pero la verdad que en el rol de Lobo está bárbaro y el argumento del film no desaprovecha para nada la irrupción en escena del último czarniano. Y lo más interesante: no juega exactamente de contrapunto de Supergirl, porque esta Kara es casi tan zarpada como el propio Lobo. Probablemente el encuentro con Lobo sea lo único de todo lo que pasa en esta película que va a tener algún peso en las futuras apariciones de Supergirl en las próximas pelis de Superman, o en una eventual segunda peli solista de la chica de acero (algo que pareciera poco probable dada la modestísima repercusión comercial de esta cinta). Aún así, me parece que Milly Alcock está sólida en ese rol y que la apuesta por darle un poco más de relieve al personaje (como para que sea algo más que un comic relief en la escena final de Superman) a la larga va a garpar. Ah, importante: NO hay escena post-créditos. Te podés ir del cine ni bien empiezan los títulos y no te perdés nada. Muy pronto volvemos con nuevas reseñas de comics, pero si querés leer mucho más, pasá por https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y descargá por muy poquita plata el monumental nº13 de Comiqueando Digital.

domingo, 28 de junio de 2026

TRIPLETE DE DOMINGO

Bueno, ya tengo una tanda más de libritos en la pila de material para reseñar. Vamos a dedicarles un rato. Empezamos con un poco de humor francés (parafraseando al Indio): Votez Rocky! es un álbum publicado por Les Humanoïdes Associés en 1981, que recopila las primeras historietas realizadas por el maestro Frank Margerin con sus personajes más conocidos, que son Lucien y su grupete de amigos rockeros. Son historias muy cortas, que van de una a seis páginas, originalmente publicadas en Métal Hurlant entre 1979 y 1980 y sí, tenía vagos recuerdos de haber leído varias de ellas en la edición española de Métal Hurlant que los adolescentes argentinos consumíamos vorazmente allá por mediados de los ´80. No me voy a poner ahora a explicar la carrera y la mitología de Margerin, pero digamos de modo muy sintético que estos años de bisagra entre los ´70 y los ´80 son los de la consolidación de su estilo, cuando la herencia del comic franco-belga (principalmente el Achille Talon de Greg) le gana la pulseada al underground norteamericano y Margerin se convierte en un dibujante de estilo claro, limpito, prolijo... en contraste con el cachivache que son los argumentos, porque la mayoría de las veces se le ocurren ideas mucho más complejas que las que se pueden desarrollar en la cantidad de páginas con las que contaba en cada entrega de Métal. Así es como tenemos esas historias que terminan en cualquier lado, con finales abruptos o anticlimáticos, o algunas que sí llegan a finales razonables, al costo de tener chotocientas viñetas por página, muy sobrecargadas de información y de texto. Por suerte, Margerin había alcanzado ese nivel de claridad y prolijidad que citaba yo recién, de modo que -dentro de todo- estos excesos se entienden y hasta se disfrutan. Claro testimonio de cómo Margerin calculaba para el orto cuánto podía meter en cada historia son los globos: acá el autor termina apretujando las palabras, en un rotulado que aprovecha hasta el último milímetro de cada globo, porque no había aprendido a plantar los diálogos previamente. Dejaba el espacio para los globos "a ojímetro" y después se encontraba con que no le entraban los textos. También a lo largo de las páginas de Votez Rocky! vamos a ver al autor mejorar mucho en este sentido y ya para el final vamos a tener globos en los que las letras entran de manera un poquito más cómoda. Claro que esto coincide con la aparición de las historias más extensas (dentro de ese rango de una a seis páginas), en las que no solo los diálogos, sino toda la planificación de las secuencias, encuentra más espacio para desarrollarse de modo más satisfactorio y más gracioso. Con los años, Margerin se convertiría en un autor emblemático del comic francés, y estas comedias costumbristas (centradas en los pibes de clase media-baja a los que solo les interesa el rock, la birra y subsistir laburando lo menos posible) van a alcanzar el status de clásicos. De hecho, Margerin las va a hacer cada vez más complejas, con mejores argumentos, mayor extensión y hasta les va a sumar personajes femeninos, que acá brillan por su ausencia. Votez Rocky! es como el embrión de toda la saga de Lucien, que para mediados de los ´80 ya va a haber alcanzado un punto de evolución realmente notable.
Hablando de historietas sin personajes femeninos, le entré a un tomito de Battlefields llamado "The Tankies", y sí, pude confirmar mis sospechas: ese librito de Garth Ennis y Carlos Ezquerra que vimos por acá el 14/05/26 es continuación directa de este y no logro entender por qué carajo Dynamite no reeditó todo ese material en un único tomo. Acá está lo que en el otro librito no estaba, que es la presentación de los personajes, la parte en la que los conocés y te encariñás (o no) con ellos. Ennis se toma todo el tiempo del mundo para presentar a los tripulantes de este tanque británico que avanza por una Francia en disputa entre el Eje y los Aliados y, por lo menos en mi caso, logra que me interese un poco más por los personajes. El costo es alto: por un lado, hay cero desarrollo de los enemigos, que son soldados nazis genéricos (recién en el segundo arco los veremos cobrar algo de tridimensionalidad); y por el otro, no pasan tantas cosas, o las cosas que pasan tienen poco que ver con el accionar de los protagonistas. En general, las escenas de acción tienen que ver con mostrarnos del modo más crudo y shockeante posible la diferencia de poderío bélico entre los alemanes y los británicos, como para que cada victoria, por chiquita que sea, de los súbditos de Su Conchuda Majestad tengan un poco más de valor. Hay momentos muy jodidos en cuanto a sangre, tripas y violencia y (otro clásico de Ennis) muy buenos diálogos. Así que, dentro de todo, si te copa el comic bélico, The Tankies es una opción más que digna. Para levantar el puntaje está el dibujo, también de altísimo impacto y gran expresividad, del inolvidable Carlos Ezquerra, secundado por su hijo Héctor en tintas y por Tony Aviña en el color. Esta es una de esas historietas para lucirse con poco: alcanza con dibujar bien a los personajes (todos varones, todos adultos, todos de raza blanca) y los tanques (eso sí es más difícil), y ya está, porque hay poquísimas escenas que requieren fondos (y un bosque te lo dibujo hasta yo), no hay mujeres, no hay niños, no hay ciudades... En ese contexto, lo de Ezquerra es MUY potente y nos confirma una vez más por qué a Ennis le gustaba tanto colaborar con el mítico dibujante español. Sigo buscando libritos de Battlefields, convencido de que habrá varios que me gustarán bastante más que The Tankies que -repito- no está nada mal.
Acaba de pasar algo que no sé si nunca había pasado, o si hacía siglos que no pasaba. Estamos en Junio de 2026 y tengo para reseñar un libro aparecido en Junio de 2026... en Argentina, originalmente apareció en Japón en 2015. Como saben (y si no, les cuento) la nota central del nº13 de Comiqueando Digital (monumental masacote de 336 páginas, ya disponible en https://comiqueandoshop.blogspot.com/) está dedicada a Junji Ito. Entonces, para ponerme al día con lo que me faltaba leer, me compré varios mangas del maestro, incluyendo este que acababa de salir. Finalmente la reseña de Aula en Descomposición que aparece en la revista no la escribí yo, sino Fede Velasco, pero me quedó el librito ahí, a mano, y ya me lo leí. Primero que nada, totalmente innecesarias esas historias cortitas al final del tomo: no tienen un choto que ver con la saga principal y ni siquiera son buenas. Y la saga principal, la de los hermanos Azawa, es una bizarreada absoluta, que parte de una idea MUY loca, casi imposible de explicar (Fede lo hace muy bien en la nota de la Comiqueando Digital). Sobre esa idea, Ito hace la Gran Tomie: crea una fórmula que se repite en varias historias, en las que lo único que cambia son las víctimas de las psicopateadas de Chizumi y las letales disculpas de Yuma. Para la tercera historia, ya uno creía que la cosa había llegado a un extremo que no se sostenía más. Pero ahí llega la cuarta historia, lejos la mejor del tomo, en la que Ito le agrega a todo esto mucha más profundidad en la explicación de los imposibles poderes de Yuma, al origen de los hermanos, y entra en juego un elemento muy zarpado: la colección de botellas en las que -de alguna manera- viven las personas derretidas. Y además, acá tenemos la más perturbadora de las psicopateadas de Chizumi, muy al filo de lo impublicable. La quinta historia retoma puntitas de todas las demás, de una manera brillante e impredecible, y lleva toda la trama a su cénit, para cerrarla a todo culo. Aula en Descomposición es un manga grotesco, pensado para darte asco, para ponerte muy nervioso, pero también para hacerte sonreir. El dibujo de Junji Ito es descomunal, excepcional, muy impresionante, y las historias tienen la enorme virtud de no estirarse más de lo necesario. Si en vez de cinco fueran 12, yo estaría puteando, pero no: Ito supo dónde para la bocha, explicar qué corno estaba pasando y resolver todo el bolonki que se había armado con una jerarquía digna de mi ovación. La pongo de una en la lista de obras recomendables del maestro de lo macabro. Y nada más, por hoy. El miércoles estrenamos nuevo episodio de Opiniones Meméticas en los canales de La Batea y Comiqueando, y hay un episodio extra que solo está disponible como contenido audiovisual del nº 13 de Comiqueando Digital, así que si se cebaron con el programa, no dejen de descargar la revista y activar el QR que da acceso a ese especial. Gracias y hasta pronto.

jueves, 25 de junio de 2026

TIEMPO PARA RETOMAR

Bueno, ahora sí, la Comiqueando Digital nº13 está casi terminada, y en cualquier momento (calculo que mañana, o el sábado) se va a poder descargar por muy poquita plata en comiqueandoshop.blogspot.com. Así que clavo una pausa y me aboco a la grata labor de comentar los últimos libros que leí. ¿Soy fan de Peanuts? Sí. ¿Me vuelve loco Peanuts? No, por eso no entré en el paco de las reediciones chetísimas y carísimas. Pero cuando veo reediciones baratas, me las compro. Este es un librito pocket, chiquito, impreso en papel medio croto allá por 1966, que recopila tiras de 1957 y 1958. Lo único que no me copa mucho es que reacomodan las viñetas para que encajen mejor en el formato vertical, pero la verdad que tampoco molesta demasiado. ¿Qué onda Peanuts a fines de los ´50? Mucho mejor que a principios. Esta ya es la etapa en la que Snoopy se morfa el protagonismo de la tira, y estamos a milímetros del momento en que empieza a caminar sobre sus patas traseras. A partir de ahí, Charles Schulz va a ser que Snoopy sea cada vez menos perro y cada vez más un integrante más de la pandilla de Charlie Brown. Hablando de los amiguitos de Charlie, acá ya se lo ve poco y nada a Shermy y también hay poco de Violet. No sorprende que el autor prescindiera de estos personajes a partir de los años ´60, porque ya los tenía definitivamente condenados al banco de suplentes. El humor de Schulz (seguramente esto ya se dijo mil veces) no es para reirse. Es para sonreir, en el mejor de los casos. Son ideas que tienen un toquecito de gracia, una pinceladita de ingenio, una pizca de absurdo. Con el tiempo, Peanuts se va a hacer más introspectiva, más reflexiva, incluso más abstracta. Acá está en el punto justo: no es el típico humor infantiloide y no es un desfile de personajes conflictuados que más que gracia te dan lástima. De acá sale, claramente, toda la vertiente más infantil de Mafalda. Todo ese universo de juegos y fantasías que aparece en las tiras de Quino, ya está en esta etapa de Peanuts, presentado de manera muy similar. Si Mafalda no tuviera toda esa otra faceta de comentario sociopolítico, se podría meter sin problemas en la bolsa de los clones de Peanuts. Y todos esos chistes en los que Snoopy es 100% perro y hace cosas de perro, me parece que conectan perfecto con otra tira magnífica: Mutts, de Patrick McDonnell. El dibujo de Schulz es preciso y muy lindo. Demasiado. Creo que me gusta más el Schulz más veterano, con esa línea tembleque que tan bien le quedaba a estos personajes. En fin, niños y perros, juegos y travesuras. No puede fallar, sobre todo cuando la tira no aspira a más que arrancarte una sonrisa cada tanto.
Retomo una serie que empecé a reseñar el 01/04/23: la de las "Sales Blagues de L´Echo" (los chistes sucios), en la que el irredimible Philippe Vuillemin narra en forma de historieta los chistes que normalmente se cuentan de manera oral. Algunos conocidos en castellano, otros que solo tienen gracia en francés. En España (como vimos) se publica esta serie con el título "Políticamente Inaceptable" y eso es casi un eufemismo. Lo que hace Vuillemin es ir al extremo más zarpado con tal de causar desagrado en el lector. Además de risa, claro. Entonces te reís de chistes que pasan por el racismo, las mutilaciones, las violaciones, chistes de vómito, de caca, de pijas gigantes, de pedofilia, zoofilia y necrofilia, chistes que ridiculizan a curas y rabinos... No sé si hoy alguien se animaría a publicar este material, pero -como ya mencionamos en la reseña del Vol.1- algo de esto salió en los ´90 en la revista Cazador Comix. Me acuerdo no tanto de las historietas pero sí de los chistes en los que Vuillemin condensa todo en una única viñeta (viñetas grandotas, que ocupan una o dos páginas enteras), que impactan por lo repulsivo, lo asqueroso y pasado de rosca de lo que se nos muestra. Pero además me podría colgar horas hablando de CÓMO se nos muestra todo esto. El estilo de Vuillemin es especialmente idóneo para dibujar inmundicias. Su trazo es grotesco, sus personajes tienden a la deformidad, todo en la página nos habla de una caricatura MUY extrema del mundo real... que por supuesto no conviene confundir con el mundo real. El que salta, el que se ofende, el que se indigna, no entiende lo más básico que es la diferencia entre el mundo real y el mundo donde transcurren los chistes. Pero a la vez entiendo a quien considera este tipo de material una auténtica porquería, nefasta y reprobable... en parte porque me parece que la intención misma de Vuillemin, cuando se va taaaan a la mierda, es esa: generar rechazo en una porción de los potenciales lectores. Pero bueno, cada uno sabrá hasta dónde le da el estómago para bancar las situaciones con las que esta bestia hace humor.
A diferencia de prácticamente toda la gente que conozco, no me volví muy loco con Victoria, el galardonado libro de Pablo Vigo. Me encanta cómo dibuja Pablo, me copa cómo escribe, pero me pasa algo loco, que es que las historias que cuenta no me atrapan. Yo creo que es porque Vigo no enfatiza los conflictos, sino que más bien los camufla en una jungla de situaciones cotidianas, y quedan medio tapados entre estos textos y estos diálogos que nos suenan muy cercanos, muy reales. Pero bueno, me cuesta engancharme. Me cuesta detectar una curva dramática que me haga sentir cierta tensión, cierta incomodidad... Vigo viene del palo de Adrian Tomine, a quien sigo hace 30 años, o sea que ya no me escandaliza que las historias terminen en cualquier parte, mucho antes de que los conflictos se resuelvan. Ya estoy curtido, y ya hasta disfruto que los autores hagan eso. Pero siento que a lo que me cuenta Vigo le falta espesor dramático. No sé, capaz que está todo muy jugado a que te sientas identificado con las cosas que le pasan a Victoria, y justo a mí no me pasó ninguna de esas... pero es una sensación chota estar leyendo algo que está bien escrito y bien dibujado y que no te llegue, no te caliente, no te interpele. El libro trae, además de los episodios de Victoria, algunas historias cortas autoconclusivas, de las cuales me gustó bastante la última (Aparición en el Departamento 7º A), mientras que hay otras que no entendí. En el sector de las historias cortas me encontré también con juegos muy logrados con la planificación de las páginas, trucos de montaje que mete Vigo (acá más cerca de Chris Ware que de Tomine) y que le salen muy bien, más allá de que sirvan o no para sumarle impacto o claridad a la narración. Nada, muy raro todo. Para la próxima, me gustaría una historieta en la que Pablo colabore con un/a guionista, a ver qué sale de ahí. Y sé que es poco, pero es lo que hay. Supongo que en estos días voy a retomar el ritmo normal de lecturas y que en Julio vamos a tener bastante más material reseñado acá en el blog. Gracias por el aguante y será hasta pronto.

lunes, 15 de junio de 2026

RESEÑAS DE FIN DE FERIADO

Se va terminando el lunes feriado, y le choreo un rato a la Comiqueando Digital para reseñar los únicos libros que pude leer en estos días de muchas obligaciones, laborales y sociales. Le entré con altísimas expectativas a The Divided States of Hysteria, esta obra de 2018 escrita y dibujada por el maestro Howard Chaykin, porque estaba convencido de que era una historieta MUY jugada en materia política. Al leerla, me doy cuenta de que no, de que es una historieta MUY jugada en materia sexual, pero de temática firmemente aventurera, y con un trasfondo político sumamente interesante, que no pasa de ser eso: un trasfondo, una excusa que le da sentido a lo extremas de las decisiones que tienen que tomar distintos personajes en distintos momentos de la trama. El guion podría reescribirse con ínfimos retoques para ser el origen de un nuevo Suicide Squad en clave adulta, algo no muy distinto a lo que el propio Chaykin había hecho en 2004 con los Challengers of the Unknown. Claro, en un universo como el de DC, donde hay supervillanos recontra-power, invasiones alienígenas y sucesos que reescriben la realidad tres veces por año, no hace falta justificar desde el contexto socio-político lo extremo del accionar de los personajes. Pero acá tenemos una distopía perfectamente aplicable al mundo real, y entonces esta historia necesita ambientarse unos años en el futuro, y contarnos, aunque sea en pantallazos, cómo EEUU se convirtió en un país balcanizado, destrozado por la desunión, la violencia y la intolerancia. Y con una manito desde afuera, como para que el bolonki cobre intensidad y el peligro tenga cara y nombre. Si bien no aprovecha ni explora a pleno este cautivante panorama socio-político que inventa Chaykin, The Divided States of Hysteria es una historia entretenida, con mucha acción y mucho énfasis en los diálogos... que son los más groseros que leí en mucho tiempo. Todas las guarangadas habidas y por haber, sobre todo las referidas a actos y órganos sexuales, aparecen una y otra vez, junto a los apelativos más políticamente incorrectos que podemos imaginar para las minorías, sean latinos, judíos, negros, gays, personas trans, etc.. Y si bien Chaykin no muestra genitales (esto no es Black Kiss), además de hablar bastante de sexo, el sexo es algo que sucede "en cámara", incluso en momentos y situaciones que uno no se ve venir. La planificación de las secuencias, el armado de las páginas, el montaje que propone Chaykin, el ritmo que logra, son todos puntos salientes de esta obra. Una obra que, como tantas en la trayectoria del maestro, se apoya en una premisa muy simple, muy directa, casi muy cabeza, pero perfectamente ornamentada para que parezca intensa, compleja y sofisticada. El dibujo es sublime, el color y el rotulado son tope de gama, y si no cerré el libro más contento (y si en Diciembre, cuando me vuelva a encontrar con Chaykin, no le voy a suplicar de rodillas que nos ofrende una secuela) es porque yo esperaba una saga mucho más política y no un Suicide Squad con más sangre, más mala leche y más garches.
Cuando uno está muy enfermo, hace cosas como las que hice yo hace poco: me compré un manga del que no sabía NADA más que se trataba de un tomo único. No tenía idea de qué me iba a encontrar dentro de Edificio Getenrou, ni a qué demografía pertenecía, ni en qué género se enrolaba, y por supuesto el autor, Masakazu Ishiguro, no me sonaba de ningún lado. Pero bueno, si Ivrea apostó por esto, puedo apostar yo también y ver qué onda. Me encontré con algo muy loco y bastante interesante. Al principio, parece que Ishiguro nos va a ofrecer un menú saplicadito de historias muy diversas, que transcurren en un mismo lugar: el edificio que da nombre al libro. Todo tranqui, autoconclusivo, con algunos momentos más de comedia y otros en los que se suma algún elemento policial. Bien, me copa. Después, con el correr de las páginas, los personajes empiezan a reaparecer... ¡y las tramas se empiezan a interconectar! Y resulta que TODO lo que leímos es parte de una única historia, compleja y retorcida, que arranca (como ya dije) en tono de comedia, después se vuelve más policial, después entran en juego elementos más de ciencia ficción (la vida artificial, los robots, etc.) y para el final, todo se resuelve en un thriller científico repleto de dramatismo, con dilemas morales jodidos y un desenlace más triste que ser hincha de IndeBendiente. El truco de "te hago creer que son historias independientes y en un momento tiro magia y las resignifico para convertirlas en piezas de un mismo tapiz" es difícil de hacer, pero ya vimos que varios guionistas lo han logrado con éxito (pienso, por ejemplo, en Malandras, de Rodolfo Santullo). Pero el otro truco, lo de saltar de un género a otro como si jugara a la rayuela, es una proeza mucho más improbable, que milagrosamente a Ishiguro le sale bien. Por ahí en algún momento de los más tensos se le escapa un chiste que desentona un poco, nada demasiado grave. La verdad que me sorprendió, porque empecé cagado de risa con los chicos que buscan revistas eróticas para hacerse la paja y terminé al borde del llanto con un final blade-runneresco muy emotivo y muy heavy. El dibujo no está mal, no es brillante, no pretende revolucionar nada, a los que venimos muy cebados con Junji Ito, Inio Asano o Shin´ichi Sakamoto nos puede resultar excesivamente sintético... pero creo que si le metés más detalles, parecería un clon berreta de Katsuhiro Otomo, así que mejor dejalo así. Edificio Getenrou tiene misterio, tragedia, humor, momentos tiernos, momentos tensos y la invitación a debatir un tema tan acuciante como es la creación de vida artificial (casi siempre con fines comerciales) por parte de la ciencia. No te digo que es la Gran Gema Oculta del Manga del Siglo XXI, pero me dio bastante más de lo que yo esperaba al momento de entrarle a la lectura. Y nada más. Gracias por el aguante y nos reencontramos acá en el blog, ni bien tenga leídos un par de libritos más y encuentre el rato para escribir las reseñas.

martes, 9 de junio de 2026

CUESTA ARRIBA

Bueno, ustedes ya saben... Estamos en Junio, faltan pocas semanas para que salga la nueva Comiqueando Digital y yo estoy ahí, remando en ese maravilloso océano de polenta. Leer historietas y reseñarlas en el blog... puede ser, si me queda un ratito libre en algún momento. Si no, mala leche. Tardé siglos en leer dos libros, y bueno, hoy tengo un rato para sentarme a escribir unas líneas sobre ellos. Una editorial británica mandó a imprimir a China una novela gráfica que transcurre en Estados Unidos, escrita por un francés y dibujada por un alemán, para que la compre, la lea y la reseñe un argentino. Esta es una obra de 2021 que en Francia se llamó L´Homme qui Tua Chris Kyle, traducida por los ingleses como The Man Who Shot Chris Kyle. Yo la compré sin tener la más puta idea de quién fue Chris Kyle, simplemente porque la vi muy barata y porque lleva las firmas de Fabien Nury y Brüno, el equipo que me hizo muy feliz hace cuatro años (el 6/6/22) cuando me tocó reseñar la gloriosa Atar Gull. Una vez que me sumergí en la lectura, descubrí que L´Homme qui Tua Chris Kyle es una historieta 100% documental, una investigación de Nury y Brüno acerca de la figura de Kyle (un francotirador de las fuerzas armadas de EEUU que pasó a valores a casi 300 personas), de su asesino, Eddie Ray Routh, y de la viuda de Kyle que -tras su trágico fin- adquirió un notorio protagonismo. La novela gráfica explica quién fue Kyle, por qué se lo conoció como "la Leyenda", quién es Eddie Ray Routh, qué pasó esa tarde de 2013 en la que este tipo recontra-cagó a tiros al implacable francotirador y a su amigo Chad, cómo fue capturado, qué pasó en el juicio, qué elementos reales toma la película basada en la vida de Chris Kyle que dirigiera Clint Eastwood (American Sniper) y qué fue de la vida de Taya Kyle una vez que aquel trágico episodio la convirtió en la viuda del legendario Chris. Todo esto de un modo exhaustivo, pausado y -sobre todo- desapasionado. La novela gráfica no juzga a los protagonistas, no se horroriza ni por la cantidad de personas a las que mató Kyle ni por la forma espantosa en la que Routh lo pasó a valores, ni por la forma grotesca en la que, tras la muerte de "la Leyenda", se explotó comercialmente su figura. Hay sutilezas, mínimos detalles que permiten suponer que a Nury le parece un horror todo lo que nos está narrando, que hay un rechazo por parte de los autores a la cultura de los chumbos, machista y violenta, que en Estados Unidos (y más marcadamente en Texas, que es donde vive y muere Kyle) no se limita al ámbito militar, sino que se extiende también a buena parte de la población. La obra tira puntitas de reflexión acerca de cómo la televisión, el cine y los best-sellers "literarios" miran a este fenómeno de las armas de fuego, si toman una postura firme para bajarle la intensidad a la fiebre por los chumbos, o si al contrario, la fogonean. Pero es una lectura entre líneas, no vayan a creer que L´Homme qui Tua Chris Kyle es un alegato contra el uso de armas de fuego como aquellas historietas de Batman (la de John Ostrander de los ´90 y la de Ann Nocenti que vimos por acá un remoto 18/01/11). El dibujo de Brüno acá es sintético, protocolar y por momentos muy frío. La estética que elige es parte de lo que hace desapasionado a este trabajo. Está buenísimo para plasmar gráficamente la sangre fría con la que Eddie Ray Routh le pone fin a "la Leyenda", pero hay secuencias que -a mi juicio- requerían otra dinámica y otra emoción. La novela es extensa al pedo, se podría contar lo mismo en 80 páginas y tiene 160. O sea que esta vez la dupla no me hizo ni en pedo tan feliz como con Atar Gull. Menos mal que lo pagué chaucha y palito.
Estoy intentando ponerme al día con algunos libros de autores argentinos aparecidos en 2025, que había leído en digital y que recién en este 2026 conseguí en papel. Uno de ellos es Los Finnegan & la pista del artista ciclista, el segundo álbum de esta serie de historietas para las infancias creada por Jano Seitún. Esta entrega en particular se centra en el "secret origin" del oso que canta (llamado simplemente Oso), que tiene todo un tramo (el del medio) que se superpone de manera casi perfecta con aquella canción de Moris que cantábamos en los fogones, en los campamentos de los años ´80, sobre un oso que es capturado y vendido a un circo donde le enseñan a hacer piruetas. Posta, solo falta el tigre viejo. Después, el final lleva a Oso para otro rumbo, y en el medio se suma el elemento extraño de que el plantígrado en cuestión aprende a cantar y lo hace muy bien. Con todo esto, Seitún redondea una aventura que está un poquito estirada (a fuerza de una cantidad de páginas de una sola viñeta digna de un comic noventoso de Image), pero que me imagino que cautivará y emocionará a los más chiquitos. Tal vez lo más raro de Los Finnegan & la pista del artista ciclista sea que para contar esta historia el autor opta por una estética básicamente realista. Y de alguna manera, le funciona: no hace ruido ni destruye la coherencia interna del relato el hecho de que el oso piense, hable, cante y use las manos como los seres humanos. ¿Funcionaría mejor en un estilo más cartoony? Puede ser, pero así se la re-banca. No digo que Jano Seitún me parezca un gran dibujante de estilo académico-realista, eh? Tiene cosas que no me convencen, sobre todo en el entintado. Pero dentro de la atmósfera que genera la historia (en la que tiene bastante peso el color, que sí me pareció excelente) esos dibujos no desentonan y seguramente le llaman muchísimo la atención a los lectores más chiquitos, acostumbrados a otra estética. Tengo entendido que a las historietas de Los Finnegan les está yendo muy bien, así que esto es apenas el principio de la carrera como autor de comics de Jano Seitún, que ya venía con sobrados pergaminos acumulados en su trayectoria como músico. Y hasta acá llegamos, por hoy. Gracias por el aguante, gracias a tod@s l@s que ya vieron el nuevo episodio de Opiniones Meméticas, y a esperar con ansias la nueva Comiqueando Digital, que va a ser demoledora.

martes, 2 de junio de 2026

MARTES SOBRENATURAL

De nuevo tardé mucho en leer un par de libritos, pero la verdad es que estoy a full con la Comiqueando Digital, que está quedando bárbara. Empiezo en Japón, año 2019, con algo que ya es casi un clásico: una adaptación de un relato de Howard P. Lovecraft realizada por el virtuoso mangaka Gou Tanabe. En esta ocasión, Tanabe se mete nada menos que con La Llamada de Chtulhu, y la convierte en un relato de casi 280 páginas que te pone los pelos de punta. Uno tiende a creer que, porque ya leyó las versiones de Lovecraft y de algún otro historietista (pienso por ejemplo en las adaptaciones de Alberto Breccia junto a Norberto Buscaglia), y ya sabe lo que va a pasar, está como "vacunado", como inmunizado frente al torrente de sensaciones que generan estos relatos. No, maestro, nada te inmuniza frente a una maravilla del horror como La Llamada de Chtulhu. La forma en la que Lovecraft construye ese misterio y cómo lo complejiza (y lo corrompe) cuando le agrega toda la mitología de los Primigenios es algo para lo que nunca estamos del todo preparados. Sobre todo para los dos primeros tercios del relato, cuando todo resulta muy cercano, muy posible, muy real. Después, cuando La Llamada... abandona el entorno urbano y nos lleva a locaciones mucho más aventureras, es como que te predispone mejor para un encuentro con lo fantástico y lo imposible. Pero para ese momento, ya el misterio es tan espeso que se hace opresivo y no podés soltar el libro. A esto sumémosle el trabajo de Tanabe, y ya está, ya nos dejaron a un paso del Arkham Asylum. En Enero de 2025, cuando reseñé otro libro de Tanabe/ Lovecraft, dije " Ya está. Creo que después de esto, no tiene mucho sentido seguir leyendo adaptaciones de obras de Lovecraft hechas por Tanabe. Acá alcanzó una cima apoteótica, majestuosa, y todo lo que venga después (aunque esté dibujado como los dioses cósmicos) va a parecer poco frente a esta epopeya". Bueno, "ya está", las pelotas. Este libro me sedujo desde la portada y me atrapó por completo. Me hizo cagar en las patas y me deslumbró como me suelen deslumbrar los mangas de Tanabe. Acá me encontré, además de con las versiones dibujadas de los dioses ancestrales de Lovecraft, con un laburo magnífico en la reconstrucción de los Estados Unidos de la época (principios de los años ´30) y con esa ciudad perdida de R´lyeh que solo un genio demente podía visualizar. Pero además, Tanabe entiende que Lovecraft no es solo el impacto de las criaturas pesadillescas y el horror cósmico. El tipo conserva a rajatabla el ritmo parsimonioso de los cuentos, toda esa parte lenta y enroscada en la que los protagonistas tratan de explicar de manera racional lo que empieza a desenvolverse frente a sus ojos. Y lo narra con jerarquía, sin "casarse" con el texto, con tiempo y espacio para conjurar un clima que nos envuelva ineluctablemente en el misterio. No sé si voy por más, pero este libro me parece brillante, hiper-recomendable.
Un año después, en 2020, el sello Black Label de DC nos trajo de vuelta al Hellblazer de la gente, el Hellblazer fumador y puteador, picante al mango y heroico hasta por ahí nomás. Rise + Fall, sin embargo, no me pareció una gran historia, principalmente porque el argumento me resultó medio flojo, medio desabrido. Sin ser un embole, no está a la altura del formato cheto ni de las casi 150 páginas que dura la historieta. Esto mismo podría haber sido un Annual de Hellbalzer, o dos numeritos (tres a lo sumo) de la serie regular. Pero tampoco, porque en la serie regular (la buena, la de Vertigo), si bien los guionistas tenían bastante autonomía, se respetaba una continuidad. Esto no la respeta: acá tenemos a un John Constantine que parece tener menos de 35 años, cuyo padre está vivo, y cuya vida sexual pasa básicamente por compartir la cama con varones. Aparece el infaltable Chas, también bastante más joven que en la serie regular de Vertigo, y aparece un Lucifer que te patea toda la continuidad a la mierda, porque parece ser el First of the Fallen y el Lucifer de Sandman fusionados en un mismo personaje, que no tiene prácticamente nada en común con ninguno de los dos capos del Averno que tuvieron un cierto peso en el universo de Vertigo. Si fuera eso solo, ponele que te lo fumás. Pero además, como decía, el argumento es finito, le falta relieve. La bajada de línea socio-política no está muy enfantizada, es como si alguien le hubiese dicho al guionista "Che, no te olvides de meter algo vinculado a la lucha de clases o a las desigualdades sociales, que al fan termo de Hellblazer le copa esa onda". "Uy, cierto. Bancame que ya le meto algo". Incluso llegué a pensar que esto lo había escrito un yanki, que no son los más cancheros en materia de lucha de clases... pero de pronto aparece un elemento re-british que para los yankis es todavía más indescifrable, que es la pasión futbolera, y me descolocó por completo. Me fui a Google, y descubrí que el guionista de Rise + Fall, Tom Taylor, es australiano. Y ahí me cerró todo un poquito más. Sin dudas lo mejor de Rise+ Fall es el dibujo de Darick Robertson, mucho mejor que en Transmetropolitan o en The Boys, a un nivel similar al que peló en Happy!, que probablemente sea su trabajo que más disfruté. Robertson le saca un provecho enorme al formato más grande, mete viñetas impactantes, puestas arriesgadas, y encima está apuntalado por un muy buen colorista, el argentino Diego Rodríguez. Por ahí pasa lo más rescatable de una saga que tiene una buena idea (el demonio que vive dentro de un pibito al que John creía muerto hace más de 20 años), pero que se estira al pedo, con personajes secundarios que no aportan casi nada, con un clima de perversión sexual que pierde la gracia muy rápido y con una resolución medio fumanchera que los yankis (que se enteraron ayer que al futbol se juega con una pelota redonda) deben haber odiado, porque los deja muy arafue. Igual prefiero mil veces este intento fallido de Tom Taylor antes que esas aventuras de Constantine con la Justice League, Dark o no Dark. Nada más, por hoy. En unas horitas, en los canales de YouTube de Comiqueando y La Batea, estrenamos nuevo episodio de Opiniones Meméticas. Nos vemos ahí y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.