el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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lunes, 30 de septiembre de 2013

30/ 09: MORTIS Vol.2

Segundo tomo de este revival moderno del Dr. Mortis, esta vez a cargo de sólo dos autores, contra los más de 15 que participaron del primer tomo. Del multitudinario elenco inicial sólo quedaron uno de los cerebros de la movida, el guionista y editor Miguel Ferrada, y un dibujante, Italo Ahumada, a quien viéramos romperla en el tomo anterior. Un par de dibujantes más aportan algunas ilustraciones, pero básicamente esto es Ferrada y Ahumada al frente de una especie de novela gráfica.
Digo “especie de novela gráfica”, porque si bien esa palabrita aparece destacada en la portada (supongo que para avisarle a los incautos que no se trata de una antología), Ferrada y Ahumada recurren a un truco que para mi gusto sabe a hiel y huele a trampa, como decía la canción de... no sé quién cantaba esa garcha. De las 128 páginas que ofrece el libro, sólo 72 son de historieta. Ahumada dibuja tres historias de 24 páginas y entre ellas tenemos prólogos, índices, carátulas, chamuyos varios y hasta artículos (al estilo Watchmen, pero más extensos) que aportan datos acerca de lo que está sucediendo en las historietas, anotaciones de algún personaje, datos duros acerca de algunos de los conceptos pseudo-místicos y pseudo-científicos sobre los que se sostiene la trama, etc. Si leíste el primer tomo, o si estás muy enganchado con la historia o con los dibujos de Ahumada, podés saltear todas esas páginas de relleno frutihortícola y concentrarte en la narrativa posta, la que tiene textos Y dibujos. Por supuesto, el libro se te va a hacer corto, porque sólo vas a leer 72 páginas. A eso me refería con que el truquito huele a trampa.
Vamos a los realmente interesante, que son esas tres historietas de 24 páginas. La primera está muy estirada, se podría haber resumido en ocho o a lo sumo 10 páginas. Ferrada le mete mucho protocolo, da muchas vueltas y si la historia no naufraga es porque, cuando llega la acción, pega fuerte y pasan cosas que uno esperaba que pasaran ya desde el tomo anterior.
La segunda, en cambio, están tan buena, es tan retorcidamente genial, que 24 páginas parecen pocas. Ahí se ve a un guionista magistral, dueño de un ingenio maligno, de un control molecular de los climas y de un in crescendo muy perverso, muy sofisticado. La trama gira en torno a Matías Ríos, un médico traumado pero honesto, que eventualmente se va a corromper para convertirse en un títere, un receptáculo de la maldad quinatesencial de Mortis. Pero Ríos no es el único personaje bien delineado. Toda la situación, todas las escenas, todos los diálogos nos invitan a disfrutar de una pequeña obra maestra, un drama electrizante protagonizado por un elenco complejo y cautivante.
Y la tercera historia es la que mejor se encauza en el género del terror clásico, con un brochecito medio predecible pero muy lindo, muy fino. Ahí pasa todo lo que inevitablemente tiene que pasar y abre muy lindas posibilidades para el tercer tomo.
Al nivel de los mejores logros de Ferrada y sostenido a lo largo de las 72 páginas, está el dibujo de Italo Ahumada, un dibujante realmente excelente, al que me encantaría ver en un trabajo donde no esté tan preso de las cuatro tiras por página, con no menos de ocho viñetas. Ahumada tiene muchos hallazgos, es un gran exponente del dibujo realista, pero que además incorpora un montón de las técnicas expresionistas de Alberto Breccia. Por momentos parece un Breccia careta, un Breccia domesticado, en un sugestivo maridaje con algunos dibujantes finolis del mainstream yanki (un Lee Bermejo, ponele) y con el maestro Gene Colan. Ahumada también aguanta los trapos a la hora de narrar sin textos, en algunas secuencias (siempre llenas de viñetas) que Ferrada le habilita para su lucimiento. No sé quiénes se harán cargo de dibujar el tercer tomo, pero se van a tener que esforzar mucho para que uno deje de pensar a las versiones de Ahumada como las definitivas para los personajes centrales de la saga de Mortis.
El balance del libro da bastante positivo, con momentos realmente brillantes en la segunda historia y con un dibujante decididamente sólido, en un nivel altísimo. Veremos qué pasa con el tercer (y hasta ahora último) tomo de este clásico contemporáneo de la historieta chilena.