el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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sábado, 11 de julio de 2020

NIPPUR DE LAGASH Vol.18

Sigo adelante con la lectura del coleccionable de Nippur de Lagash y esta vez me toca abordar el vol.18, donde por primera vez en mucho tiempo volvemos a tener siete historietas en vez de seis y unas ilustraciones de relleno. No es que las historietas sean muy buenas, pero siempre es mejor que haya más páginas de historieta y menos de pelotudeces varias. Vamos a repasar, a ver qué se puede rescatar.
La primera es la nada misma, un argumento poco interesante, una resolución blandita, y por supuesto unos bloques de texto hermosos. La segunda es de esas que te dan bronca: Robin Wood presenta un nuevo personaje, ambiguo, complejo, con matices interesantes, que podría ser un enemigo recurrente para Nippur, o incluso el protagonista de otra serie ambientada en este mismo universo. ¿Y qué sucede? Lo que te imaginás: muere en la anteúltima página. Una garcha. La tercera aventura también, sumamente olvidable, no tiene ningún mérito. Y la cuarta, que es la última aventura a todo color, tiene la novedad de que aparecen dos personajes secundarios (Aneleh, o sea Helena, y Oiram, o sea Mario) que no mueren, sino que van a reaparecer poco después. El rol de Aneleh en la historia es muy interesante, más allá de que el argumento en sí no sea brillante.
La quinta historia es muy rara, porque está narrada en primera persona (con unos textos preciosos) no por Nippur, sino por una chica que está de novia con el Errante. ¿Quién es? ¿De dónde salió? No se explica. Al final terminan juntos, abrazados, pero a ella nunca la volvimos a ver. Me parece que era una aventura que Robin escribió para otro personaje y a último momento alguien la modificó para que fuera una de Nippur, porque no encaja para nada con lo que veníamos leyendo hasta acá. La sexta historia tampoco tiene sorpresas, ni elementos novedosos, ni una trama emocionante, pero por lo menos está narrada por Nippur y tiene un tono más afín a la onda de la serie. Y la séptima y última del tomo es la mejor de esta tanda, con los regresos de Aneleh, Oiram y, por si faltara algo, Karien, la amazona, lo más parecido a una novia posta que tiene el héroe sumerio, por lo menos en esta etapa. Esta es una historia que no descolla por el lado del argumento, pero en la que Robin trabaja muy bien la dinámica entre los personajes. Ojalá hubiera más de este tipo de guiones a lo largo de la serie.
En cuanto a los dibujos, en la segunda historia me encuentro con algo que no quería ver: páginas firmadas por Ricardo Villagrán en las que no se ve ni por asomo la calidad habitual del maestro. Hasta la mitad del episodio el dibujo es excelente; pero en la segunda mitad decae muchísimo, como si Villagrán se hubiera sacado las páginas de encima muy rápido, o como si las hubiese puesto en manos de asistentes menos capaces. Las cinco historietas en blanco y negro están dibujadas (como ya es costumbre) por Sergio Mulko, también en un nivel bastante precario. Pobre tipo, cuando puede trata de meter poses dinámicas, busca enfoques que puedan impactar, tira de vez en cuando un primer plano copado, o un efecto medio brecciano en un fondo… Pero se nota la incomodidad, se nota que es un dibujante con recursos limitados, una especie de Herb Trimpe, o de Sal Buscema, encima muy encorsteado en esas páginas que casi siempre tienen 12 viñetas muy chiquitas, donde el dibujo no se luce, sino que está ahí para rellenar el pedacito que está ocupado por los masacotes de texto.
Y en la cuarta aventura, segunda y última a todo color, tenemos el regreso del maestro Lucho Olivera, el primer dibujante de Nippur. Este es un Lucho muy superior al de los primeros episodios, más sólido, más suelto, más salvaje, que además tiene a su disposición 16 páginas de las cuales cuatro tienen una sola viñeta. Lucho arrastra el problema de que le cambia la cara a las mujeres de una viñeta a la otra, pero todo lo demás es sumamente atractivo. El dinamismo de los cuerpos, los enfoques para las escenas de acción, los detalles en armas, vestimenta y fondos, algunas expresiones faciales… Lástima esas páginas en las que sólo vemos cabecitas hablando. Ahí el texto opaca mucho al dibujo y Lucho se calienta poco y nada por ponerle un poco de onda a esas escenas desde lo visual. Pero está buenísimo tenerlo de vuelta, no sé si sólo por esta vez, o de forma habitual a partir de los próximos tomos. Ah, el color columbero (y generalmente horroroso) se sufre más en la historieta de Lucho que en la de Villagrán. No sabría explicar bien por qué, pero eso fue lo que me pasó al leerlas.
Nada más por hoy, sepan disculpar. Gracias por el aguante y la seguimos pronto.


jueves, 25 de junio de 2020

JUEVES GÉLIDO

Primer día de frío posta, acá en Buenos Aires. Y bueno, además de cagarme de frío leí historietas, como para tener qué corno reseñar en este espacio.
Como ya es costumbre, me clavé un tomito del coleccionable de Nippur, con otras seis historietas escritas por Robin Wood y publicadas entre fines de 1973 y principios de 1974. Acá está la resolución de la búsqueda de Teseo, esa saga que amagaba con ser muy extensa y termina por durar… siete u ocho episodios, no mucho más. El final está muy bien y el epílogo quizás sea lo mejor del tomo. Las peripecias del camino (las dos primeras historias de este tomo son apenas eso), la verdad que no, que me aburrieron bastante. Y lo más bizarro: como Columba había publicado episodios de esta saga tanto en la revista D´Artagnan (donde aparecían las aventuras de Nippur dibujadas por Sergio Milko) como en el comic-book del personaje (donde dibujaba Ricardo Villagrán), se les ocurrió la brillante idea de que AMBAS publicaciones mostraran el final de la saga de Teseo EL MISMO MES. Alucinante, no? Incluso hay dos o tres páginas de cada historieta en las que los textos COINCIDEN MILIMETRICAMENTE. Las palabras de Robin son LAS MISMAS, en dos historietas dibujadas en estilos totalmente distintos, y en las que –luego de esas páginas de convergencia- los argumentos siguen en direcciones distintas.
De pronto pareciera que alguien en Columba se esforzó por coordinar los contenidos de dos publicaciones distintas… hasta que ves los dibujos. Mulko dibuja a Teseo y a Pylenor en su estilo, Villagrán en el suyo -lo cual es lógico-pero además... cada uno les pone los rasgos que se les canta la chota. Teseo tiene barba y pelo corto cuando lo dibuja Mulko, y pelo largo sin barba cuando lo dibuja Villagrán. Lo cual es muy raro cuando lo vemos decir (como ya subrayé) exactamente los mismo textos. O sea que el esfuerzo de coordinar las dos publicaciones se hizo a medias, porque nadie se calentó por mostrarle a Villagrán cómo dibujaba Mulko a los personajes, o viceversa. Pero bueno, estamos hablando de personajes secundarios en una serie donde normalmente los personajes secundarios duraban 10 o 12 páginas. Ah, otra cosa que no se entiende de la saga de Teseo: ¿para qué lo llevan a Ur-El? El gigante no hace NADA, no tiene peso en ninguna de las tramas y prácticamente no habla.
Terminada la saga, con Nippur y sus amigos todavía en Atenas, Robin y Mulko nos ofrecen la historia más floja del tomo, como siempre salvada –apenas- por la jerarquía que demuestra el guionista a la hora de redactar bloques de texto. En cuanto a los dibujos, lo de siempre: poco para rescatar por el lado de Mulko (que empezó siendo una versión caricaturesca de Lucho Olivera y ahora es una versión caricaturesca del Mulko de cuatro o cinco tomos atrás) y varias imágenes realmente maravillosas en las historietas de un Ricardo Villagrán muy pegado a Hal Foster, al que uno quisiera ver dibujar menos viñetas por páginas y soltarse un poco más a la hora de dibujar cuerpos en acción. Por momentos el trazo de Villagrán es tan perfecto, tan cautivante, que hasta te olvidás de que las páginas están coloreadas para el infra-ojete por un criminal de lesa humanidad que merece morir en cana. De todos modos, hay un laburo notable por parte de la edición de Planeta para que el color no se sufra a los niveles que se sufría cuando esto lo publicaba Columba. No lo hace bueno, pero sí menos dañino.
Y me fui al carajo hablando del errante, Teseo, sus amigos y el cuasi-crossover entre D´Artagnan y la revistita de Nippur, con lo cual si intento meter acá la reseña del otro libro que leí, la tengo que comprimir en un párrafo y moneditas. Eso sería muy injusto, porque es un comic muy interesante, con bastantes páginas y unas cuantas aristas para explorar. Así que nada, lo guardo para reseñarlo muy pronto, junto a alguna otra cosa que lea en los próximos días.

Gracias por el aguante y la seguimos pronto.