el blog de reseñas de Andrés Accorsi
Mostrando entradas con la etiqueta Kamui. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Kamui. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de septiembre de 2011

21/ 09: KAMUI: LA ISLA DE SUGARU


Otro trip a principios de los ´90, cuando en España el manga se publicaba en sentido occidental de lectura y en el formato tipo prestige (comic-books gruesitos y con lomo), de modo que una obra de unas 480 páginas (como esta) abarcaba siete tomos. Más grandes y más finitos que los actuales y hasta con cartas de los lectores, algo que hoy suena a bizarreada, mal.
La Isla de Sugaru es una de las sagas del ciclo conocido como La Leyenda de Kamui, una de las varias etapas por las que el maestro Sanpei Shirato guió al ninja Kamui, su más famosa creación, originada en la década del ´60 en la gloriosa revista Garo. Ambientadas en el período Edo, las aventuras del ninja renegado son un clásico indiscutido del gekiga, aunque en Occidente se las ha publicado más bien poco.
La Isla de Sugaru es un manga bravo, de difícil digestión. Cuando van menos de 15 páginas, ya vimos a dos tipos perseguir a una mina por el bosque, cagarla a trompadas y someterla sexualmente. En las 465 restantes, tendremos decapitaciones, mutilaciones, crucificciones, torturas y gente morfada por los tiburones, en dosis bastante tremendas. Lo que más hay es gente (y perros) convertidos en merienda para tiburones. Shirato se ceba mal con eso y nos muestra con lujo de detalles cómo los hermosos pececitos despedazan con sus dientes a los humanos, cómo les arrancan de a poco los miembros con sus letales dentelladas, hasta dejarles poco más que la cabeza y un charco de sangre. Para el otro lado también hay: nunca viste tantos tiburones arponeados y trozados como en este manga.
Y por supuesto, hay traidores miserables (la revelación de la identidad del más turro de todos es el único punto flojo del argumento), señores feudales despóticos y ninjas que tratan de cazar y matar a Kamui, simplemente porque eso les ordenó el jefe de su clan. Kamui va a zafar de todo y de todos (hasta de una quinceañera que se quiere casar con él) mediante su ingenio, pero sobre todo mediante su dominio sobrehumano de todas las técnicas de combate de los ninjas. Y acá es donde Shirato la rompe: la destreza física y la habilidad de Kamui para el combate están plasmadas de un modo hipnótico, vertiginoso, y son en muchos tramos el elemento que hace avanzar a la trama. La machaca física es muy, muy abundante, pero está bien compensada con los momentos más tranquilos, esos en los que Shirato se cuelga a contemplar los paisajes, los animales (majestuosa la secuencia de las aves rapaces en el último tomito), los detalles de la vida cotidiana de aquella época, perfectamente reproducidos.
La co-protagonista es Sugaru, otra ninja renegada, casi tan hábil como Kamui, pero Shirato la hace bien: no es un guerrero con tetas, sino una mina hecha y derecha, que además pertenece (secretamente) a un clan ninja. Todos los personajes están bien trabajados, excepto el que termina por revelarse como el villano grosso, ya que tuvo (a lo largo de la saga) seis millones de oportunidades de boletear a Kamui casi sin despeinarse y no las utilizó. Algo falla en la motivación del personaje, o por ahí Shirato pegó un volantazo de último momento y cambió (para desorientar al lector) la identidad del traidor.
El dibujo del sensei es absolutamente glorioso. Su dominio de las manchas negras y las tramas mecánicas te pone los pelos de punta, pero se queda chiquito cuando estalla la violencia y se viene el festival de las líneas cinéticas. Ahí Shirato saca mucha diferencia. Por supuesto, están cuidados también los climas, las expresiones faciales, los fondos. Todo es un placer y todo impacta a full. La narrativa es impecable, con los tiempos que se ralentizan y se aceleran, las secuencias mudas desarrolladas con enorme sabiduría, y todo se entiende de modo claro y cristalino, lo cual habla a favor de quienes adaptaron este manga al sentido de lectura occidental.
La Isla de Sugaru, con su trama recontra-heavy de redención y venganza, es aventura para adultos de altísima calidad. La violencia y la crueldad le ganan por goleada a la ternura y –como en todo gekiga- el humor brilla por su ausencia. Aún así, Sanpei Shirato nos mete de lleno en una saga de increíble intensidad, con margen para un cierto vuelo poético y con el espacio suficiente como para que se luzca un dibujo absolutamente magistral. Un lujo.