el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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lunes, 29 de junio de 2015

29/ 06: JONAH HEX: LEAD POISONING

Ahora sí, último tomito de los que recopilan la serie de Jonah Hex que arrancó en 2005 y que llegó milagrosamente hasta el reboot de 2011. Esta es la serie capaz de convertir en hardcore fans del personaje incluso a aquellos que nunca en su vida le hayan dado la más mínima bola. Jimmy Palmiotti y Justin Gray, respestuosos al mango de las bases del personaje sentadas en los ´70, encontraron la forma de reimaginar un Jonah Hex en perfecta sintonía con lo que uno espera de un antihéroe en el Siglo XXI.
Este tomo es de los más interesantes, de esos que ofrecen mucha variedad: cuatro unitarios y una historia narrada en dos episodios. Son historias que pueden ser leídas en cualquier orden, sin el lastre de la continuidad o de ese “efecto serial” que requiere de un montón de lecturas previas para entender o disfrutar cada relato. Vamos a repasarlas una por una.
La primera no es gran cosa. Parece un artificio creado por Gray y Palmiotti para presentarnos a tres chicas, tres artistas de circo a las que las circunstancias convierten en cazadoras de recompensas, que creo que nunca volvieron a aparecer. El rol de Hex es menor y lo que hace entretenido al episodio es el tono de comedia, presente en varias de las historias que dibuja (como los dioses) el maestro Jordi Bernet. No me voy a extender en esta reseña con loas para el prócer catalán, porque su trabajo acá no se diferencia para nada de otros trabajos ya reseñados acá en el blog. Dicho esto paso al segundo unitario, también dibujado por Bernet, que es sencillamente fastuoso. Tenso, enroscado, con sorpresas shockeantes, con un manejo de los flashbacks brillante y con un nivel de mala leche que te corroe el alma.
El siguiente episodio también es autoconclusivo y con dibujante español, en este caso el increíble Rafa Garrés. El guión está muy bueno; de hecho, los tres personajes con los que interactúa Hex en este unitario tienen pasta para convertirse en secundarios recurrentes si Hex se quedara muchos números en el pueblito de Blackburn… algo que en esta serie Gray y Palmiotti se cuidaron mucho de no hacer. Pero lo más asombroso es el dibujo de Garrés. Debajo de ese color rarísimo, con todas las páginas engamadas en tonos de marrones y ocres, aparece un dibujo alucinante, en el que parecen enfiestarse obscenamente todos los yeites clásicos del maestro Antonio Hernández Palacios (uno que de western la manyaba lunga) y todas las tropelías expresionistas de Richard Corben, esas deformidades setentosas, siempre al filo del terror y del grotesco. Son páginas visualmente hipnóticas, con tanto para disfrutar en el dibujo que hasta corrés el riesgo de desengancharte de la trama.
El cuarto y último unitario, también con Bernet al frente de la faz gráfica, parece un cover de un episodio de Torpedo 1936, de esos en los que Bernet y Sánchez Abulí nos tiraban flashbacks a la cruenta infancia de Luca Torelli. Con ese mismo recurso, Gray y Palmiott logran otra pequeña gema de la mala leche, con un agregado que las historias de Torpedo rara vez tenían: unas secuencias mudas poderosísimas.
Y cierro con la aventura en dos partes, Sawbones, que es más impactante que buena. El principal atractivo de esta historia es ver al villano cometer actos de increíble crueldad, una guachada aberrante atrás de otra, hasta dejarte al borde del vómito. El resto es muy obvio. Gracias a su aguante sobrehumano y alguna casualidad medio forzada, Hex va a sobrevivir a todo (como siempre) y no va a parar hasta tener la oportunidad de vengarse, con métodos tan despiadados como los del villano. Fin. Por suerte, para darle a algo tan básico una cierta pátina de sofisticación, están los dibujos de David Michael Beck. Beck (a quien ya vimos en otros unitarios de esta serie) es un dibujante de estilo muy clásico, con una técnica de coloreado casi pictórica y muchos recursos para que ese realismo tan acentuado no transmita la sensación fría y chota de estar mirando fotos apenas retocadas. Por ahí no es un experto a la hora de diseñar la puesta en página, ni llama mucho la atención con la composición de las viñetas, pero el dibujo, el color, los recursos que pela para resolver la iluminación de las escenas, están muy bien.
Bueno, listo. Ya leí completa esta gran serie. Me faltan un par de TPBs para llegar al final de All-Star Western, y después sólo quedará esperar que DC publique un par de Showcases más con viejas aventuras de Jonah Hex en blanco y negro. No estoy tan desesperado como para salir a comprar ese material en revistitas… pero no me tienten.

domingo, 12 de octubre de 2014

12/ 10: AMERICAN VAMPIRE Vol.4

Con esta serie me pasa algo rarísimo: me encanta la premisa, me gusta el clima, me engancha el ritmo que le imprime Scott Snyder a las aventuras, me sorprendo con lo bien que el guionista maneja los diálogos, llenos de modismos propios de las distintas etapas en las que sitúa las historias, me parece que está bien armado el elenco de secundarios… pero detesto al protagonista. Skinner Sweet me parece un personaje despreciable, pero además choto, unidimensional, básico… Desde el primer tomo estoy esperando que Snyder se juegue a hacerlo boleta y lamentablemente, parece que tenemos Skinner para rato. Aún así, este tomo me gustó mucho más que el anterior. Trato de explicar por qué.
Arrancamos con un arco de tres episodios, ambientado primero en la infancia y después en la juventud de Skinner Sweet y su primer némesis, Jim Book. Primero en el marco de la Guerra de Secesión y más tarde en las campañas de los milicos yankis contra los apaches, Snyder nos revela un montón de datos acerca de estos dos personajes, en secuencias anteriores al Vol.1. Acá ya está clara la crueldad y la falta de escrúpulos de Skinner, pero por lo menos se lo ve menos invulnerable, más humano. Y además pega más fuerte ver a un pibe hacer esas maldades. Como punto extra, en el segundo episodio de la trilogía, Skinner y Book casi no aparecen y todo se centra en la piel roja Mimeth, quien resulta ser la verdadera pionera en esto de los vampiros americanos.
El siguiente arco tiene cuatro episodios y retoma la progresión lineal de la serie para llevarnos a 1954. Y acá Snyder frota la lámpara y pela una genialidad: Travis Kidd, un pibe que parece John Travolta en Grease, o James Dean en Rebel Without a Cause, y que se dedica a cazar vampiros con una mala leche fascinante. Acá la serie encuentra un personaje carismático, tridimensional, complejo, con huevos y recursos para que uno hinche, más que nunca, por ver al sorete de Skinner definitivamente exterminado. Son 80 páginas narradas a un ritmo frenético, con flashbacks muy bien calzados a la infancia de Travis (que tiene que ver con lo que sucedió en Las Vegas en el Vol.2) y con una mirada sutil y llena de ironía acerca de esa época de los EEUU tan fértil para la ficción. Lo mejor de todo es que Skinner aparece con el arco argumental ya bastante avanzado y hay que sufrirlo pocos episodios. Sobre el final, van a tener peso Los Vasallos del Lucero y Pearl, pero el núcleo central de la saga es 100% Travis Kidd, un gran hallazgo por parte de Snyder.
Y predeciblemente, Calvin Poole (secundario en el tomo anterior) vuelve esta vez como protagonista, para un arco breve, también ambientado en 1954 y que es apenas una excusa para hablar de la tensión racial, otro elemento típico de este período histórico en EEUU. Y de nuevo, no aparece el nefasto Skinner Sweet, lo cual suma bastante.
Por el lado del dibujo, el nivel es altísimo. Para el arco ambientado a fines del Siglo XIX tenemos a un especialista, el prócer catalán Jordi Bernet, que venía de años de lucimiento en la revista de Jonah Hex, que transcurría en ese mismo período. Clásico y efectivo, Bernet deja todo y logra páginas memorables. En los cuatro episodios de Travis Kidd tenemos al titular de la serie, el cada día más grosso Rafael Albuquerque (que nos visitara recientemente en Comicópolis), jugado al vértigo, a la machaca a todo o nada, pero con muy buen laburo en los fondos y algunas puestas en página geniales y sumamente arriesgadas, como esa doble página cerca del final del tercer episodio. Y los de Calvin Poole son episodios tan de relleno que ni siquiera tienen los dos el mismo dibujante. En el primero aparece Roger Cruz, un brazuca bien del montón, que se esfuerza por no chorear ni a Jim Lee ni a Joe Madureira (que es lo que hizo toda la vida) y le sale algo híbrido,a a mitad de camino entre el realismo y el grotesco. Y en el segundo, un ídolo: el tano Riccardo Burchielli, viejo compañero de correrías de Brian Wood, cuando Brian Wood la descosía en Vertigo. Obviamente a Burchielli le sobra oficio para salir bien parado de este desafío y logra imágenes y secuencias mucho más interesantes que las de Cruz.
Lindo tomo de American Vampire, como para tenerle fe a un repunte que ojalá sea definitivo. Tengo ya comprado el Vol.5, así que eventualmente le hincaré los colmillos.

domingo, 3 de noviembre de 2013

03/ 11: LA NATURALEZA DE LA BESTIA (AB IRATO)

Hoy arrancamos una recorrida por algunos clásicos semi-ocultos de la historieta europea, con énfasis en España, Italia y Francia. Por supuesto, vamos a mechar reseñas de comic norte y sudamericano y en una de esas, más cerca de fin de mes, se cuela algún manga.
La primera parada es en España, pero paradójicamente la idea es reseñar la que tal vez sea la única obra de Enrique Sánchez Abulí y Jordi Bernet pensada desde el vamos para el mercado francés. En 1989, la dupla hitazo de Torpedo 1936 creó esta novela gráfica de 55 páginas llamada Parlez-moi de Mort, más tarde publicada en España con el nombre que ya conocemos. La verdad es que, en el trabajo del guionista, no se nota para nada que no estaba trabajando para una antología de Toutain o de Norma. Sánchez Abulí urde una de sus clásicas tramas de lujuria, traiciones y mala leche, de esas en las que se complica deducir quién es “el bueno”. Por ahí no descolla tanto con sus siempre logrados juegos de palabras, pero la rompe en el armado de los personajes, en el planteo y la resolución de la trama y sobre todo en cómo logra estructurar toda la historia en torno a ideas muy, muy visuales, en las que la acción (y no el diálogo) es la que lleva adelante la narración, de un modo sumamente efectivo, con muchas escenas de alto impacto, pensadas para que se luzca la magia gráfica de Bernet.
Básicamente la historia plantea un juego sumamente perverso entre una chica joven y tremendamente atractiva, casada con un viejo choto y millonario, un rústico ex-boxeador convertido en leñador, un chico con un serio retraso mental, y el ya mencionado septuagenario, a quien obviamente su curvilínea mujer le meterá los cuernos con el boxeador. Hasta la página 36, Abulí toma el camino obvio: la bella Abigail manipulará al tosco Tom para que este asesine a su marido y así convertirse en una viuda libre y acaudalada, como sucede en miles de relatos sobre todo en el género noir. El plan de Abigail es a prueba de boludos, pero involucra a Toby, que no es boludo, sino retrasado mental. Y a partir de ahí, la historia se torna impredecible, gana en espesor, en suspenso y termina por volverse tensa, asfixiante, jodida de verdad. El final es estremecedor y pone a este libro entre lo más destacado de la producción (que en los ´80 fue tan abundante como brilante) de este as del comic español nacido en Francia en 1945.
Al maestro Bernet se le nota un poquito más que no está laburando para las publicaciones de su país, en las que habitualmente metía series y unitarios tanto con Abulí como con Antonio Segura o Carlos Trillo. Por un lado, el catalán acomoda su grafismo para el color, porque piensa desde el vamos a esta historieta como una obra que se publicará a color. Eso explica la menor proliferación de masas negras, por ejemplo. Sin renunciar a su manejo del pincel ni a la creación de climas ominosos co el mismo, Bernet trabaja con una línea muy marcada y con menos “lagunas” de tinta negra, para que el colorista pueda meter más tonalidades y texturas en la viñeta. Y también dibuja páginas de MUCHAS viñetas, algo que en sus trabajos para España no habíamos visto nunca. Acá tenemos unas cuantas páginas de 9 cuadros y hasta algunas de 10 y 11 cuadros, a veces dispuestos de modos... raros, en planificaciones en las que se ve el esfuerzo del autor, la dedicación extra a un aspecto del relato gráfico que en sus obras anteriores (esas en las que primaban las páginas de 6 viñetas) dominaba de taquito. Hechas estas salvedades, el dibujo de Bernet está tan afilado y tan expresivo como siempre y en esas secuencias mudas, o basadas en la acción, en las que Abulí le habilita un mayor lucimiento, el ídolo lo aprovecha al 110%.
La Naturaleza de la Bestia por ahí no tuvo la trascendencia de Torpedo, o de algunos de los trabajos de Bernet con otros guionistas grossos, pero si sos fan de esta dupla zarpada e imbatible, no dejes de darle una oportunidad. Te esperan crímenes aberrantes, corrupción policial, torturas escalofriantes, garches de todo tipo, discriminación racial, maltratos y castigos a un pobre pibe subnormal y sobre todo una trama sórdida y contundente, que le permite a los maestros deleitarnos con su habitual mezcla entre drama y comedia, al condimentar todas estas atrocidades con su característico (y magnífico) humor negro.

miércoles, 19 de junio de 2013

19/ 06: JONAH HEX: LUCK RUNS OUT

Una vez más, me voy al Lejano Oeste (Merlo, Paso Del Rey, esa onda...) a encontrarme con el cazarrecompensas más jodido de aquel violento Siglo XIX. Por suerte me esperan dos viejos amigos, Justin Gray y Jimmy Palmiotti, que no sólo no faltaron a ninguna cita en esta serie, sino que se mantuvieron al frente de la misma (ahora llamada All-Star Western) después del reboot de 2011. Ya llegarán las reseñas de ASW. Por ahora, lo que hay son seis numeritos de Jonah Hex, todos autoconclusivos, como me gustan a mí.
Aprovecho que se pueden leer en cualquier orden para empezar por el segundo, dibujado como la San Puta por el imparable italiano Giuseppe Camuncoli. Es una historia tan cruel, tan perversa y truculenta, que casi se va del western para enrolarse en el género del terror. Ni los guionistas ni el dibujante dan tregua, son 22 páginas tremendas, con una tensión asfixiante, en la que cada tres cuadritos decís “No! No podés! Pará un poco, animal!”. Una maravilla, sólo para lectores con mucho aguante.
La tercera ilustra perfectamente la compleja ética de Jonah Hex, su particular manera de entender “los códigos” del cazarrecompensas. Es otra historia redondísima, con más de un giro impredecible y un final perfecto. Por si le faltara algo, el maestro Jordi Bernet la realza con sus dibujos, siempre más caricaturescos que los del dibujante yanki promedio, aunque sin sacrificar filo ni sordidez.
La cuarta es bastante asquerosa, no sólo porque el dibujo de John Higgins no está a la altura, sino porque el argumento es macabro al pedo. Acá vemos a Jonah irse al carajo, humillar y torturar a un tipo que –equivocado y todo- sólo buscaba venganza. Y Jonah ha cometido auténticas atrocidades con tal de obtener venganza, con lo cual no se entiende bien por qué se le planta con tanta furia a este desgraciado. Y así como digo que el dibujo de Higgins no me gusta, es menester subrayar que la secuencia muda de las seis primeras páginas es una cátedra de narrativa, una parada dificilísima de la que el inglés salió más que airoso.
En la siguiente historia tenemos una vez más al español Rafa Garrés, habitual colaborador de esta serie, con su estilo raro, complejo para la lectura. Garrés combina un color clásico, muy logrado, elegante y de alto impacto, con un estilo de dibujo medio enroscado, una versión de Giraud o Hernández Palacios mezclados con esteroides y LSD. El resultado es hermoso a la vista, aunque complicado a la hora de seguir con fluidez el relato. Por suerte el guión no es de los mejores, se queda bastante en la machaca sanguinolienta.
El tomo cierra con una historia excelente, que arranca en tragedia y termina en una comedia fascinante, una vez más apoyada en la versatilidad y la expresividad del dibujo de Bernet. La tragedia de las primeras páginas tienen que ver con la historia del propio Hex, con el canon establecido por Gray y Palmiotti a lo largo de su años al frente del personaje. Un flashback nos resume la relación entre Hex y Mei Ling, el nacimiento de su hijo Jason y la huida de la mujer y el bebito, que sume al caracortada en una profunda depresión, regada con hectolitros de alcohol. Incluso destruído por la pena y el escabio, Hex acabará con la banda de Lucky Dave en una historia magníficamente resuelta.
Y dejé para el final a la primera, porque no sólo es canónica, sino que es crepuscular. El protagonista es un Hex ya veterano (cincuentaimuchos o sesentaipocos), que se encuentra cara a caripela horrenda con su hijo Jason, ya un adulto. Las primeras 14 páginas son chamuyo, no aportan nada. Pero las últimas 8 son emoción en estado puro, una sóla escena vibrante, de gran intensidad, en la que Gray y Palmiotti dejan la vida. Lamentablemente, el dibujante elegido es un Russ Heath ya muy viejito, al que le cuesta un huevo darle onda a lo que dibuja. Se nota el esfuerzo, la lucha de Heath para que las cosas que imagina en su cabeza aparezcan plasmadas en el papel, pero el fracaso es tan evidente como descorazonador. Una lástima enorme, por la calidad del guión y por la infinita chapa que los fans más veteranos le reconocemos a este maestro de intachable trayectoria, que en sus últimos años agarró trabajos en los que le fue imposible brindarse al máximo. Esta historia, con un dibujante más afilado, era un clásico instantáneo.
Una vez más, el balance del tomo da positivo. Me queda sin leer un TP más de la serie anterior y después sí, arranco con All-Star Western. Aguante Jonah Hex.

jueves, 12 de julio de 2012

12/ 07: JONAH HEX: BURY ME IN HELL

Llegamos al final, nomás. La gran serie de Jonah Hex iniciada en 2005 se terminó en el 2011, para dar pie al reboot de toda la línea editorial de DC. Cambió mil veces de dibujante (de hecho no tenía dibujante titular, sino dibujantes frecuentes) pero todo, absolutamente todo lo que pudimos leer a lo largo de 70 entregas mensuales fue escrito a cuatro manos por Justin Gray y Jimmy Palmiotti. La dupla arrancó con la idea correcta y la bancó hasta el final: este era un comic 100% de autor, pero dentro del mainstream de DC (o casi, porque nunca tuvo crossovers ni nada de esas boludeces con las que suelen contaminar incluso a muchos títulos que no están ambientados en el presente).
El último tomo tiene dos hallazgos más: mantenerse lejos de las historias extensas (que no fueron precisamente el fuerte de esta colección) y recopilar nada menos que 10 episodios de un saque. Ya sólo por eso, sería un TPB poco menos que fundamental. Pero además está el último episodio, el n° 70, que es un cierre perfecto, absolutamente brillante. Si después de esas 20 páginas nunca jamás se vuelve a escribir otra historieta de Hex, está todo más que bien. Ese fue el auténtico broche de oro, la despedida triunfal, en la que Gray y Palmiotti responden las preguntas que cualquier fan de esta serie seguro se hizo mil veces y elevan al personaje al status icónico que –me parece a mí- le corresponde. El dibujo decae a mitad de camino, porque arranca con muchas pilas Ryan Sook, pero no llega a terminar el capítulo y las últimas páginas se las dan a Diego Olmos. Igual es una joya.
El episodio que dibuja Eduardo Risso no tiene un guionazo, pero se disfruta a pleno porque vemos al león de Leones dibujar cosas que nunca antes había dibujado: el combate entre un hombre y un pulpo, un circo de freaks al estilo de la película de Tod Browning... y cowboys! ¿Cuándo había dibujado cowboys el maestro Risso? Creo que nunca.
A Nelson, en cambio, le tocó un guión notable, pero no estuvo a la altura de las circunstancias. Se nota demasiado que estamos ante un dibujante mediocre, al que dibujar decentemente le cuesta un huevo y la mitad del otro. La impactante Fiona Staples fue bendecida con otro guión zarpado, maligno y perturbador, muy bien dibujado aunque con algunos excesos en materia de referencia fotográfica. El amigo español Rafa Garrés (a quien conocí compartiendo pieza en un hostel de San Diego) se pasa un poco de vanguardista: opta por un estilo muy intrincado, muy raro, una mezcla indescifrable entre Shawn McManus, Alex Niño y Mick McMahon, con un color tipo historieta clásica española de Antonio Hernández Palacios, y el resultado es una cosa que no se termina de entender, a tal punto que ni llegás a engancharte con lo que narra el guión. Y el otro invitado de lujo es el canadiense Jeff Lemire, prócer del anti-virtuosismo, que la rompe en otras 20 páginas memorables, en las que el guión de la dupla levanta un vuelo soberbio y el creador de Sweet Tooth responde con su expresionismo agreste y visceral.
Los cuatro episodios restantes están a cargo de lo más parecido a un dibujante titular que tuvo la serie, el prócer catalán Jordi Bernet. No tiene mucho sentido volver a hablar maravillas de este monstruo. Alcanza con hacer clic en la etiqueta y ver lo que ya opinamos de sus trabajos anteriores. Sí vale la pena señalar que en las historias que dibuja Bernet, Gray y Palmiotti “ablandan un cachito” a Jonah Hex. Hay más comedia, no baja la cantidad de muertes escabrosas, pero sí se filtra un rayito de esperanza, en escenas en las que Hex parece un poco menos hijo de puta y un poco más redimible. De los cuatro guiones que dibuja el catalán, el primero se pasa de gracioso, el segundo es tremendamente escalofriante, el tercero tiene una tensión magnífica y un giro final alucinante y el cuarto es apenas interesante. Lo único impresionante son las excusas por las que los enemigos de Hex no lo hacen boleta cuando tienen la oportunidad...
Y bueno, la serie se termina acá (después de 11 libros de dignos para arriba) pero la historia de Hex, al estar integrada a una industria que necesita seguir facturando, sigue en la revista All-Star Western, cuyos TPBs me pediré ni bien me los ofrezcan, simplemente porque Gray y Palmiotti siguen llevando las riendas de la caripela más fulera del Oeste, aunque ahora se haya mudado al Este.

martes, 12 de abril de 2011

12/ 04: BANG BANG Vol.6


Y bueno, una de cal y otra de arena… El otro día comenté un libro de autor francés editado en inglés y hoy me toca uno de autores hispanoparlantes editado en francés. El año que viene empiezo a estudiar japonés para leer a Grant Morrison y Peter Milligan…
Este es el sexto y último tomo de Cicca Dum-Dum, una serie de Carlos Trillo y Jordi Bernet que originalmente se publicaba por entregas de cuatro páginas en una revista porno (creo que la Penthouse española). El final –andá a saber por qué- sólo se publicó en Francia y no me podía quedar con las ganas de saber cómo termina una epopeya tan importante para el Noveno Arte en general y para las carreras de estos dos genios en particular.
Nah, era una joda. Cicca Dum-Dum es malísimo, es un comic totalmente prescindible. No es peor que Clara de Noche porque a) son muchas menos páginas, b) Bernet dibuja en serio y c) es casi imposible que Trillo y Bernet hagan algo peor que Clara de Noche. Lo que tiene Cicca Dum-Dum es que es mil veces más bizarro: en un intento por parodiar las convenciones de la aventura folletinesca de principios del Siglo XX, Trillo lleva a esta zorra lasciva de peripecia imposible en peripecia imposible, por New York, México, Africa, Arabia… todo vale y la acción nunca se detiene. Si la serie tiene alguna gracia, debe ser esa, su “todo vale”, su libertad para respetar sólo dos premisas básicas, que son la ambientación (década del ´20 o ´30 del siglo pasado) y la caracterización básica de la protagonista que es –digámoslo de una vez- una puta insaciable que sólo piensa en dar y recibir placeres carnales.
La publicación en una revista porno obligaba a los autores a mostrar escenas de sexo en todas y cada una de las entregas de cuatro páginas, con lo cual incluso si el argumento fuera digno, el guión se vería entorpecido por un montón de secuencias de garche, pajas, sesiones de fotos hot, etc. que no aportan absolutamente nada al desarrollo de la historia. O sea que esta avanza, pero a los tumbos, tropezando una y mil veces con las más extremas e innecesarias escenas de alto voltaje erótico, incluso algunas en las que la ninfómana protagonista ni aparece.
Mal que mal, en este último tomo Trillo logra levantar un poquito la puntería y las últimas 20 páginas (desde que Cicca se reencuentra con Nicole hasta que abandona el palacio del sheik) tienen, además del festival del meta y ponga, un poquito más de contenido, de sustancia. Hay una intriga palaciega, un peligro que no se resuelve abriendo grande la boca (o las cachas) y la “heroína” en vez de ponerse en cuatro se tiene que poner a pensar. No digo que esté bueno, pero -en el contexto- es lo que se puede rescatar.
Lo que está muy por encima de lo rescatable (sin llegar a lo excelente) es el dibujo del maestro catalán Jordi Bernet, genio del claroscuro, narrador quintaesencial al que le sobra oficio para contar con eficacia todo tipo de historia, siempre brillante en su manejo de los planos, de la arquitectura, de los trajes, de la iluminación… El pincel mágico de Bernet ha dado obras muy superiores a Cicca Dum-Dum, pero la verdad es que a pesar del medio para el que trabajaba y del escaso vuelo de los guiones, el ídolo casi no se tira a chanta y pone casi todo lo que hay que poner para no decepcionar al fan fiel, que le compra todo lo que dibuje. Bernet siempre se lució a la hora de dibujar femme fatales y acá todo se basa en los yiros curvilíneos siempre propensos a quedarse en bolas y con algún elemento fálico en uno o más de sus orificios. Eso, sumado a la ambientación que mejor le sale (la de la época de los gangsters) le permite al maestro jugar MUY de local y dejarse llevar por el frenesí de sexo y disparate que proponen los guiones de su eterno co-equiper.
Resumiendo, esto se puede tener si sos muy fan de los dibujos de Bernet o si te gustan los comics para leer con una sóla mano. El género porno ha dado obras infinitamente peores que Cicca Dum-Dum, pero en la ilustre trayectoria de dos próceres como Trillo y Bernet, esto desentona como una mancha de semen en la corbata de un presidente de los EEUU.