Estamos en 2011, el Capi América vuelve al cine de la mano de un largometraje muy promocionado, y para festejarlo, se lanza un nuevo título del héroe que arranca desde el número 1. Pero la revista clásica, la que heredara su numeración de Tales of Suspense, no cierra, sino que sigue su curso ahora convertida en Captain America & Bucky, para luego darle cabida a team-ups del Capi con otros personajes.
Este primer arco argumental se titula The Life Story of Bucky Barnes y nos cuenta exactamente eso: la vida de Bucky, desde que tiene ocho o nueve años hasta el presente. Ahora pareciera normal ser fan de Bucky, cebarse con sus aventuras como Winter Soldier, etc. Pero unos años atrás, antes de que a Ed Brubaker se le ocurriera la forma de hacerlo volver, Bucky era un personaje recontra-menor, oscurísimo, al cual la gran mayoría de los fans conocíamos por flashbacks, porque nadie en su sano juicio quería leer las historietas del Capi de la Golden Age. Ahora, con Bucky de nuevo en acción y guiado con mano maestra por un autor que logró darle onda, identidad y conflictos atractivos como para que muchos nos copemos con el personaje (al punto de bancarlo cuando reemplazó a Steve Rogers como Captain America), es un buen momento para meternos con su pasado, a echar luz sobre un montón de puntos oscuros.
¿Cómo quedó huérfano Bucky? ¿Quiénes eran sus padres? ¿Era hijo único? ¿Cómo logró que los milicos le permitieran convertirse en sidekick del Capitán? ¿Qué hacía un pibe de 16 años descargando ametralladoras contra los nazis? ¿Cómo era su relación con los otros integrantes de los Invaders? ¿Cómo afectan a un chico tan joven los horrores de la guerra? ¿Cómo funcionaba el control mental que le hicieron los soviéticos cuando lo convirtieron en Winter Soldier? ¿De dónde viene la onda con Black Widow? Claramente hay mucho para indagar y de eso se tratan estas cinco historias autoconclusivas que escribe el maestro Brubaker junto a Marc Andreyko.
Se me dirá que la retro-continuidad es una tarea sencilla, que alcanza con detectar y rellenar los baches en las historias de los personajes, con algún guiño astuto al lector erudito. Y en parte es cierto. Lo jodido, el verdadero desafío, es lograr que los lectores nos copemos con el Bucky borreguito tanto como nos copamos con el Winter Soldier, lo cual no es fácil, porque… es Bucky! Un personaje a priori chatísimo, el enésimo Robin del Nacional B. Sin embargo, Brubaker y Andreyko se calzan el overol y dejan la vida en estas cinco historias para darle verdadera sustancia, verdadera carnadura al sidekick del Capi, que sale de acá convertido en un héroe grosso, al que entendemos, respetamos y admiramos. Por supuesto, esta “terapia intensiva” para darle relieve a Bucky significa un rol muy secundario para el Capi, que sólo figura de modo prominente en el título y en un par de portadas. Pero bueno, el Capi ya estaba perfectamente definido, exhaustivamente explorado, y Bucky no.
El dibujo está a cargo del gran Chris Samnee y es excelente. Muy bien apoyado por la paleta de Bettie Breitweiser, Samnee trabaja con un claroscuro intenso, sugestivo, muy al servicio de los climas. Como siempre, se luce en las expresiones faciales, se mata en los fondos (que probablemente estén basados en fotos, pero no se nota) y sorprende con una narrativa ágil, sumamente atractiva. Una vez más, cierro el libro convencido de que, si lo dejan, si no lo encorsetan ni lo ahuyentan con las restricciones típicas del mainstream yanki, Samnee puede llegar muy, muy alto. Sin dudas es un autor con un enorme potencial, al que quizás, dentro de unas décadas, se lo pueda considerar una especie de nuevo Will Eisner.
Si sos fan del Winter Soldier, tirate de cabeza sobre este libro. Si seguís al Capi América de Brubaker también, pero sabiendo que el Capi aparece poco. Si te gustan las historias modernas que le pegan giros interesantes a los héroes de la Golden Age, no lo dudes un segundo. Y si sos fan de Chris Samnee, tampoco. Prometo entrarle pronto al otro tomo de esta serie que tengo por ahí.
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domingo, 20 de julio de 2014
jueves, 16 de mayo de 2013
16/ 05: MANHUNTER Vol.2
Bueno, completé Manhunter. Creía que había un Vol.6, pero no, no existe. O lo aluciné yo, o es uno de esos TPBs que DC anunció y jamás editó. En ese caso, les mando una cordial puteada, porque creo que todos nos merecemos más Manhunter en nuestras bibliotecas.
Este segundo tomo levanta todavía más la osada apuesta del Vol.1 (lo vimos el 25/03/11), con dos arcos argumentales perfectamente enganchados entre sí. En el primer tramo de este voluminoso TPB, todo gira en torno al juicio a Carl Sands, el Shadow Thief, responsable de la muerte de Firestorm (en la sobrevalorada Identity Crisis), a quien Kate Spencer, en su rol de fiscal, tratará de meter en cana el mayor tiempo posible. Al resto de los villanos les conviene un Shadow Thief muerto y así es como Manhunter deberá proteger al asesino, hasta que sus poderes peguen un extraño giro y ahora los villanos lo prefieran libre. Ahí Kate tendrá que pelear para que Sands no se le escape de las manos.
Por atrás de esta saga, el guionista Marc Andreyko hace evolucionar con maestría un segundo plot, el del misterioso asesino de Manhunters, que se carga de a uno a los tipos que adoptaron en el pasado la identidad que hoy ostenta Kate. A la mitad de uno de los episodios, el plot de los Manhunters muertos le robará el protagonismo al del Shadow Thief y el tomo, que venía potente, se tornará definitivamente imprescindible. Lo que hace Andreyko en este tramo final es sencillamente dar cátedra de cómo se escribe un comic ambientado en un universo heroico con mil años de continuidad a sus espaldas, sin renunciar a la identidad propia de tu personaje, ni de tu forma de escribir, y sin arrugar, sin miedo a pegar volantazos zarpados, que ni los lectores más curtidos se pueden llegar a imaginar.
Claro, no le dieron a Superman, le dieron a Manhunter. Ahí es más fácil hacerte el loco y pegar giros impactantes, porque no están en juego los intereses de muchos garcas de saco y corbata que tienen guita puesta en las licencias. De todos modos, Andreyko arriesga todo el tiempo, no sólo en la forma de trazar las líneas argumentales, sino también en el desarrollo de los personajes. No sólo Kate, sino todo el elenco de la serie. Todos tienen momentos excelentes, grandes diálogos, situaciones que los definen a la perfección. Incluso los villanos (todos conocidos por los lectores de larga data del DCU) exhiben una profundidad poco frecuente en las historietas de super-tipos que se machacan entre sí. El último episodio, en el que la trama principal decae un toque (porque hay que hacerse cargo del Countdown to Infinite Crisis y luchar con un OMAC), Andreyko se reserva las seis páginas finales para bajar un cambio, atar cabos sueltos y pasar en limpio lo que sucedió a lo largo de todo el tomo. Y lo hace tan bien, con secuencias tan logradas, que la serie podría terminar ahí y nadie se quejaría. Bueno, sí, los que leímos los tres tomos siguientes, que son buenísimos.
Por el lado del dibujo, el guionista se tiene que comer el garrón de tener cuatro dibujantes distintos en sólo 9 episodios. Uno de ellos, el español Diego Olmos, es realmente choto, pero por suerte dibuja poquitas páginas. Brad Walker, sin ser un desastre, desentona bastante con la estética realista de la serie, pero se luce en un par de composiciones muy grossas en las páginas en las que Cameron Chase y Dylan Battles repasan la historia de los Manhunters anteriores. La mayoría del tomo está repartido entre el muy correcto Jesús Sáiz y Javier Pina. Hay que esforzarse un poquito para darse cuenta cuándo dibuja Sáiz y cuándo Pina, porque los estilos se parecen bastante. Pina es un poco más pecho frío, está más conciente de sus limitaciones y se esfuerza más por pasar desapercibido; lo cual no lo hace un mal dibujante, simplemente le falta un poco de soltura, de onda. En general, el dibujo cumple sin descollar a lo largo de las casi 220 páginas de historieta que ofrece el TPB.
Para descollar está Andreyko, un guionista realmente interesante, con la onda del James Robinson de la mejor época, al que realmente se extraña en un mainstream de DC que últimamente no da pie con bola. Por suerte la magia de este ex-esbirro de Brian Michael Bendis vive y late en los cinco TPBs de Manhunter, una extraña obra maestra, a la que pocos le dieron bola mientras se publicaba todos los meses. Capturala, que la rompe.
Este segundo tomo levanta todavía más la osada apuesta del Vol.1 (lo vimos el 25/03/11), con dos arcos argumentales perfectamente enganchados entre sí. En el primer tramo de este voluminoso TPB, todo gira en torno al juicio a Carl Sands, el Shadow Thief, responsable de la muerte de Firestorm (en la sobrevalorada Identity Crisis), a quien Kate Spencer, en su rol de fiscal, tratará de meter en cana el mayor tiempo posible. Al resto de los villanos les conviene un Shadow Thief muerto y así es como Manhunter deberá proteger al asesino, hasta que sus poderes peguen un extraño giro y ahora los villanos lo prefieran libre. Ahí Kate tendrá que pelear para que Sands no se le escape de las manos.
Por atrás de esta saga, el guionista Marc Andreyko hace evolucionar con maestría un segundo plot, el del misterioso asesino de Manhunters, que se carga de a uno a los tipos que adoptaron en el pasado la identidad que hoy ostenta Kate. A la mitad de uno de los episodios, el plot de los Manhunters muertos le robará el protagonismo al del Shadow Thief y el tomo, que venía potente, se tornará definitivamente imprescindible. Lo que hace Andreyko en este tramo final es sencillamente dar cátedra de cómo se escribe un comic ambientado en un universo heroico con mil años de continuidad a sus espaldas, sin renunciar a la identidad propia de tu personaje, ni de tu forma de escribir, y sin arrugar, sin miedo a pegar volantazos zarpados, que ni los lectores más curtidos se pueden llegar a imaginar.
Claro, no le dieron a Superman, le dieron a Manhunter. Ahí es más fácil hacerte el loco y pegar giros impactantes, porque no están en juego los intereses de muchos garcas de saco y corbata que tienen guita puesta en las licencias. De todos modos, Andreyko arriesga todo el tiempo, no sólo en la forma de trazar las líneas argumentales, sino también en el desarrollo de los personajes. No sólo Kate, sino todo el elenco de la serie. Todos tienen momentos excelentes, grandes diálogos, situaciones que los definen a la perfección. Incluso los villanos (todos conocidos por los lectores de larga data del DCU) exhiben una profundidad poco frecuente en las historietas de super-tipos que se machacan entre sí. El último episodio, en el que la trama principal decae un toque (porque hay que hacerse cargo del Countdown to Infinite Crisis y luchar con un OMAC), Andreyko se reserva las seis páginas finales para bajar un cambio, atar cabos sueltos y pasar en limpio lo que sucedió a lo largo de todo el tomo. Y lo hace tan bien, con secuencias tan logradas, que la serie podría terminar ahí y nadie se quejaría. Bueno, sí, los que leímos los tres tomos siguientes, que son buenísimos.
Por el lado del dibujo, el guionista se tiene que comer el garrón de tener cuatro dibujantes distintos en sólo 9 episodios. Uno de ellos, el español Diego Olmos, es realmente choto, pero por suerte dibuja poquitas páginas. Brad Walker, sin ser un desastre, desentona bastante con la estética realista de la serie, pero se luce en un par de composiciones muy grossas en las páginas en las que Cameron Chase y Dylan Battles repasan la historia de los Manhunters anteriores. La mayoría del tomo está repartido entre el muy correcto Jesús Sáiz y Javier Pina. Hay que esforzarse un poquito para darse cuenta cuándo dibuja Sáiz y cuándo Pina, porque los estilos se parecen bastante. Pina es un poco más pecho frío, está más conciente de sus limitaciones y se esfuerza más por pasar desapercibido; lo cual no lo hace un mal dibujante, simplemente le falta un poco de soltura, de onda. En general, el dibujo cumple sin descollar a lo largo de las casi 220 páginas de historieta que ofrece el TPB.
Para descollar está Andreyko, un guionista realmente interesante, con la onda del James Robinson de la mejor época, al que realmente se extraña en un mainstream de DC que últimamente no da pie con bola. Por suerte la magia de este ex-esbirro de Brian Michael Bendis vive y late en los cinco TPBs de Manhunter, una extraña obra maestra, a la que pocos le dieron bola mientras se publicaba todos los meses. Capturala, que la rompe.
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viernes, 25 de marzo de 2011
25/ 03: MANHUNTER Vol.1

Esto es lo que se dice un título con historia. Con el nombre de Manhunter, DC publicó muchísimas series (y hasta amagues de series), a veces con título propio y otras como complementos o back-ups, con los resultados más disímiles: desde joyas del Noveno Arte hasta abortos infumables, imposibles de leer sin lanzar. Y –fiel a la tradición de la editorial- los distintos guionistas se las ingeniaron para vincular de alguna manera a los distintos conceptos aparecidos bajo ese nombre, lo cual -por efecto lógico de la acumulación- se hace cada vez más difícil. O sea que no estamos frente a un título sencillo de abordar para ningún guionista.
Esta vez (2004) le tocó el turno de ponerse el buzo de D.T. a Marc Andreyko, el “ayudante de campo” de Brian Michael Bendis que tenía muchos intentos fallidos por labrarse una carrera propia en el ámbito del guión de historietas. Y con un equipo recién ascendido y sin figuras, Andreyko hizo historia a lo largo de una serie condenada desde el vamos a no vender, pero sostenida en el Previews por el aliento de una hinchada influyente: los críticos y los otros guionistas, que se la pasaban hablando maravillas de lo que Andreyko hacía en Manhunter. Una vez más, tenían razón.
La Manhunter de Andreyko es Kate Spencer, una abogada divorciada, conflictiva, fumadora empedernida, que no putea como un camionero sólo porque la revista no tenía el loguito de Vertigo. Pronto se rodeará de un asistente homosexual y de un ex-esbirro de distintos supervillanos y más tarde el elenco se completará con Cameron Chase (la del D.E.O., ¿la ubicás?) y con el mismísimo Obsidian, quien formará pareja con el asistente de Kate. En su identidad como justiciera enmascarada, la protagonista irá a cubrir por las malas esos agujeros legales que permiten que peligrosos supervillanos salgan libres una y otra vez luego de que los capturan los héroes. ¿Pena de muerte para los villanos? Sí, Andreyko se hace cargo de lo espinoso del debate, pero también se esfuerza para mostrarte por qué no tiene sentido dejar vivos a salvajes antropófagos e irredimibles como Copperhead, por ejemplo.
Después de este arco que nos presenta a Kate y su misión, la trama ganará muchísima complejidad. Me falta leer sólo el Vol.2, pero los posteriores nos muestran una serie que tiene poquísimo que envidiarle a la magistral Starman de los ´90: personajes muy bien trabajados, perfecta y lógica interacción con el Universo DC en términos poco predecibles, un clima y una onda totalmente propios… Sin ser una joya fundamental, Manhunter fue una de esas series realmente placenteras de leer entre tanta porquería que nos escupió el mainstream en la década pasada (y que era caviar comparado con lo que nos está escupiendo en esta).
Uno de los puntos en los que Manhunter pierde en la comparación (forzada y arbitraria, claro) con Starman es en el dibujo. Acá tenemos al español Jesús Sáiz poniendo mucho huevo, pero lejos del nivel de un Tony Harris o un Peter Snejberg. Sáiz es un dibujante correcto, cumplidor, que no apuesta ni al virtuosismo ni a la estridencia pochoclera y aún así sale bien parado. Me da la sensación de que, cuanto más monstruosos son los villanos y más truculentas las escenas, mejor dibuja el español, con lo cual estaría piola verlo al frente de un comic 100% de terror. Se nota y se agradece su esfuerzo por enfatizar que, además de superhéroes, en el DCU viven personas normales, con rasgos y contexturas más cercanas a las de la gente que vemos todos los días en el mundo real. La Los Angeles de Sáiz se parece sólo por momentos a la Los Angeles del susodicho mundo real, pero bueno, después vendrán otros dibujantes que la captarán mejor.
Gran primer tomo para una gran serie, que me trae excelentes recuerdos, y la alegría de ver reverdecer a un concepto que había sido tan bastardeado que poco faltó para que DC lo barriera abajo de la alfombra. Y gran trabajo de Marc Andreyko, que no sé qué está escribiendo ahora, pero tiene que volver urgente a explicarle a un montón de verduleros cómo se escriben justicieros urbanos creíbles y queribles.
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