Trip bizarro a Singapur, a encontrarnos con Sonny Liew, este eximio dibujante malayo, al que un día se le ocurrió ir a estudiar Diseño Gráfico a Rhode Island. Ahí conoció al maestro Chris Claremont, que le dijo “pibe, dedicate a la historieta que la vas a romper”, y el resto es historia. Ese tiempito en EEUU le alcanzó a Liew no sólo para armar una buena red de contactos que le proveen laburo, sino además para empaparse de un montón de influencias y lecturas a las que le habría costado muchísimo encontrar tanto en su Malasia natal como en Singapur, que es donde está radicado en la actualidad.
Sonny Liew es un distinto, un raro, un inclasificable. Se le nota que leyó mucho manga, sobre todo a Taito Matsumoto (Malinky Robot es un comic prácticamente hermano de Tekkon Kinkreet) y a Katsuhiro Otomo. Y sin embargo, su estética no es similar a la de ningún mangaka. En parte porque trabaja con una paleta de colores pasteles, aplicados con gran sutileza, casi en la línea de los dibujantes pictóricos. Por debajo de ese color finoli, se ve una línea libre, elegante, vibrante, que recuerda a Bill Plympton. Y por detrás de todo eso, una narrativa que va y viene entre yankis y europeos. Y más raro que todo ese cóctel es lo que hace Liew con los climas, de enorme peso en las historietas de este libro, y que nos remiten a antecedentes tan disímiles como las limaduras setentosas de la Metal Hurlant o clásicos pre-1940 como Gasoline Alley.
En este contexto de melancolía freak trasladada a un futuro no muy lejano, se mueven Atari y Oliver, dos chicos de la calle mucho menos violentos que los de Tekkon Kinkreet, fanáticos de los robots gigantes. Lo que protagonizan no son exactamente aventuras. De hecho lo único que no me cerró de Malinky Robot es que no hay conflictos fuertes, sino meras anécdotas, devenires sin mayor trascendencia. Seguramente a Liew le interesan más los climas que arma y los personajes que inventa que las historias que tiene para contar, lo cual no está necesariamente mal, aunque a mí me diviertan más las historias. En este contexto de extrañeza, de exploración de un material absolutamente atípico, lo más extraño son esas páginas del medio del tomo, en las que Liew satiriza primero a los comics indies o underground, después a las tiras cómicas y chistes de los diarios, y por último a los comic-books de temática heroica. En los tres casos adapta su estilo al de las historietas que intenta parodiar y sorprende por su agudeza y por su gran capacidad de mímesis.
No quiero dar más precisiones acerca de las tramas, ni del mundo en el que viven Atari y Oliver. Que alcance con subrayar que no se parecen a casi nada que hayas leído antes. Y me quedo con lo que más me gustó, que es el dibujo, la puesta en página y –por sobre todo- el color. Las otras obras de Liew que había leído eran en blanco y negro, o tenían un típico colorista de comic yanki. Acá descubrí lo que sabe hacer esta bestia con el color y me morí, me encontré con genialidades dignas de ese puñado de historietistas a los que les resulta fácil pintar como ilustradores de la San Puta, tipo Juan Bobillo, Arthur Suydam, Tony Sandoval... no son tantos. Si te gusta el dibujo, vas a flashear mal con cada página de Malinky Robot, incluyendo los bocetos de Liew que ofrece el libro, y los pin-ups de grandes invitados, entre ellos el ya mencionado Sandoval, Mike Allred, Roger Langridge... un lujo.
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viernes, 29 de marzo de 2013
jueves, 24 de mayo de 2012
24/ 05: MY FAITH IN FRANKIE
Hoy muy cortito, porque no tengo tiempo.
La colección de TPBs para pobres de DC (en su vertiente vertiguesca) recopiló en formato comic-book y a color esta mini de 2004, que en su momento se había compilado en blanco y negro y formato chiquito, tipo manga. Aquel librito era difícil de conseguir, y este one-shot no, además de ser muy barato. Así que me tiré de cabeza.
Y me gustó mucho. Es raro, no se parece a casi nada. A lo que menos se parece es a la siguiente obra del mismo equipo creativo, que en 2007 se reunió para la magnífica Re-Gifters (esa sí, pensada originalmente para un tomito tipo tankoubon, en blanco y negro). Me refiero al trío integrado por el guionista Mike Carey (el de The Unwritten), el gran dibujante Sonny Liew (que no sé dónde nació, pero vive en Singapur y trabaja mayormente para Disney) y el genial Marc Hempel, un monstruo sacrosanto que acá oficia de mero entintador (a fuckin´tracer) pero tiene talento de sobra para escribir o dibujar historietas de cualquier grupo o factor.
El dibujo es maravilloso y recontra-ganchero en sus dos vertientes: la que muestra la historia en sí y la que muestra a modo de comic strip cómo Kay dibuja lo que le pasa a ella y a sus amigos de la infancia. Un laburo hermoso y atípico, pensado para gustarle incluso a la gente que habitualmente no lee comics.
El guión cuenta –muy sintéticamente- la historia de Frankie, una chica que tiene un dios aparte. Un dios que la protege sólo a ella, y que además está perdidamente enamorado de ella. Frankie quiere debutar con un chico, pero su dios mucho no se copa con la idea de que se entregue a otro, y de ahí salen unas secuencias de comedia brillantes. Y después hay una aventura, con rasgos más tradicionales y más “épicos”, con demonios, luchas entre entidades místicas y esas cosas que le quedan bien a otros comics de Vertigo, pero a este no tanto. No está mal, no se desploma la historia ni mucho menos, pero comparándolo con el tramo más tirado a la comedia costumbrista, me quedo mil veces con este último.
My Faith in Frankie ofrece aventura y comedia, romance y religión, excelentes diálogos, gran desarrollo de los cuatro personajes centrales y un dibujo sencillamente perfecto. No tengo dudas de que Re-Gifters es mejor, pero esa era una obra que tenía 0,2 chances de captar la atención de los fans de Vertigo y esta tiene muchas más, así que si –como yo- tenés puesta esa camiseta, seguro te va a gustar.
La colección de TPBs para pobres de DC (en su vertiente vertiguesca) recopiló en formato comic-book y a color esta mini de 2004, que en su momento se había compilado en blanco y negro y formato chiquito, tipo manga. Aquel librito era difícil de conseguir, y este one-shot no, además de ser muy barato. Así que me tiré de cabeza.
Y me gustó mucho. Es raro, no se parece a casi nada. A lo que menos se parece es a la siguiente obra del mismo equipo creativo, que en 2007 se reunió para la magnífica Re-Gifters (esa sí, pensada originalmente para un tomito tipo tankoubon, en blanco y negro). Me refiero al trío integrado por el guionista Mike Carey (el de The Unwritten), el gran dibujante Sonny Liew (que no sé dónde nació, pero vive en Singapur y trabaja mayormente para Disney) y el genial Marc Hempel, un monstruo sacrosanto que acá oficia de mero entintador (a fuckin´tracer) pero tiene talento de sobra para escribir o dibujar historietas de cualquier grupo o factor.
El dibujo es maravilloso y recontra-ganchero en sus dos vertientes: la que muestra la historia en sí y la que muestra a modo de comic strip cómo Kay dibuja lo que le pasa a ella y a sus amigos de la infancia. Un laburo hermoso y atípico, pensado para gustarle incluso a la gente que habitualmente no lee comics.
El guión cuenta –muy sintéticamente- la historia de Frankie, una chica que tiene un dios aparte. Un dios que la protege sólo a ella, y que además está perdidamente enamorado de ella. Frankie quiere debutar con un chico, pero su dios mucho no se copa con la idea de que se entregue a otro, y de ahí salen unas secuencias de comedia brillantes. Y después hay una aventura, con rasgos más tradicionales y más “épicos”, con demonios, luchas entre entidades místicas y esas cosas que le quedan bien a otros comics de Vertigo, pero a este no tanto. No está mal, no se desploma la historia ni mucho menos, pero comparándolo con el tramo más tirado a la comedia costumbrista, me quedo mil veces con este último.
My Faith in Frankie ofrece aventura y comedia, romance y religión, excelentes diálogos, gran desarrollo de los cuatro personajes centrales y un dibujo sencillamente perfecto. No tengo dudas de que Re-Gifters es mejor, pero esa era una obra que tenía 0,2 chances de captar la atención de los fans de Vertigo y esta tiene muchas más, así que si –como yo- tenés puesta esa camiseta, seguro te va a gustar.
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