el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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sábado, 26 de enero de 2019

RESEÑAS DE SABADO POR LA NOCHE

Hora de reseñar un par de libritos que me bajé en estos días, y empiezo con el Vol.52 de Spirou y Fantasio, continuación directa del que vimos el 13/12/18.
A lo largo de 46 páginas repletas de acción (y para nada exentas de humor), Fabien Vehlmann y Yoann revelan en detalle el nuevo y demencial plan de Zorglub y llevan a Spirou y sus amigos nada menos que a la luna. Sí, ya sé… Tintin fue a la luna en 1953 y esto es de 2011. Pero acá la historia va para otro lado: hay experimentos científicos bizarros, un complejo hotelero de lujo, casinos, montañas rusas, celebridades, deportes, erupciones solares y hasta licántropos. No es el guión más prolijo de Vehlmann, porque evidentemente está decidido a que la diversión se lleve puesta a la lógica, y para eso hay que dejarse llevar por este torbellino de disparates sin hacerse demasiados planteos. Pero no sólo el álbum resulta muy entretenido: también hay espacio para desarrollar un poco más la relación entre Zorglub y Pacome, el Conde de Champignac, dos viejos amigos hoy en bandos opuestos. El único personaje que sobra esta vez es Fantasio, que casi no tiene escenas en las que pueda lucirse.
El dibujo de Yoann, impresionante como siempre, tanto en las páginas de 9 ó 10 viñetas chiquitas como cuando puede meter menos cuadros y zarparse más en cada uno de ellos. Creo que aunque no me interesara en lo más mínimo la trama del álbum lo habría disfrutado simplemente por lo bien dibujado que está, por la generosidad con la que Yoann despliega su arsenal de recursos visuales y narrativos. Pronto voy por más Spirou, pero con álbumes de décadas anteriores.
Salto a 2018, cuando en Argentina se publica El Arca de Lucas Leppe, una breve novela gráfica escrita por Nicolás Gath y dibujada por Juan Pablo Massa, un habitué de las antologías que publicaba Universo Retro. Lo primero que llama la atención del librito es la cantidad de páginas de relleno que le clavaron. La historieta tiene 42 páginas y el libro 56, un disparate que sólo sirve para encarecer innecesariamente el producto. Después sorprende la diferencia entre el dibujo de la portada (a cargo de Richard Ortiz) y el de las páginas interiores. Más allá de la diferencia de calidad gráfica entre uno y otro dibujante, son estéticas muy distintas. Quizás en otros mercados estén más acostumbrados a que la estética de las portadas no coincida con la de las páginas interiores, pero para Argentina es medio una anomalía.
Y finalmente, lo que más me sorprendió es que, para ser la opera prima de Gath, esto está muy bien escrito. No se me ocurren muchos guionistas que hayan debutado con guiones de este nivel. Ojo, que no se malinterprete esto: El Arca… no es la Gloria Máxima del Noveno Arte. Es una historieta breve, de entretenimiento, absolutamente pasatista, pero que cumple con creces su única intención que es la de divertir al lector. Es un guión en tono de comedia, con aventuras, bizarreadas, chistes y machaca, desarrollado sin fisuras ni tropiezos. Se nota mucho que Gath y Massa la pasaron bárbaro trabajando en esta historieta y que lo que estamos viendo es apenas una puntita, un primer esbozo de lo que los autores tienen ganas de hacer con Lucas Leppe y su mono Manuel.
En un nivel bastante por encima de otros trabajos suyos que me había tocado leer, Juan Pablo Massa ensaya acá un dibujo tipo Andy Khun, con bastante influencia de Jack Kirby y una gran atención por los detalles y referencias retro que son importantísimos para la trama. El efecto del punteado (que nos remite a la impresión de las revistas viejas) está muy bien logrado, el color es muy efectivo, la puesta en página es tradicional pero con la variedad necesaria para sorprender al lector… Muy buen trabajo también en la faz gráfica.
Para la próxima, recomiendo no agregarle al comic páginas al pedo e imprimirlo del modo más croto que se pueda, para que llegue a un precio bien accesible a los lectores. El Arca de Lucas Leppe tiene esa magia (que en su momento tuvo 4 Segundos) capaz de cautivar a gente que habitualmente no lee historietas, pero para que eso se potencie, el comic tiene que ser barato y estar en todas partes. Ojalá esta novelita gráfica sea apenas el Vol.1 de una extensa serie.

Y nada más, por hoy. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

jueves, 13 de diciembre de 2018

JUEVES CON TORMENTA

El clima en Buenos Aires está espantoso, y seguramente mejorará a partir del sábado, cuando yo esté en Catamarca, en Colossus Com, el último evento lejos de Capital al que voy a asistir este año. Pero vamos a las lecturas recientes.
Allá por el 14/09/14, me tocó leer un recopilatorio de historias cortas del maestro Peiró. Recomiendo repasar esa reseña, en la que yo me quedaba con ganas de tener un libro más voluminoso, que reuniera todas, o la mayor cantidad posible, de aquellas breves gemas con las que el autor cordobés nos deleitara sobre todo en la década de los ´80. Bueno, ese libro finalmente cobró forma y se llama Córdoba Blues. Además de las ya comentadas Historia de Ana, El Chino y la Rusa, Dos Pájaros, El “Cueros”, Historia de Amor y Río, Piloto, Gracias Señor Nuys, Militancia, Ringside y la historia que da título a este libro, Córdoba Blues incluye 12 historietas más donde, una vez más, vemos un nivel de dibujo fuera de escala, guiones no del todo parejos y de vez en cuando algún titubeo en la narrativa.
Creo que de las 12 historias que no estaban en Tinta Mortal, la que más me gustó fue Señuelo. Y la que menos, Mate Cosido (escrita por Sergio Almendro) porque cuenta en 12 páginas una historia que daba tranquilamente para 20 y fuerza a Peiró a meter muchas viñetas por página, a veces muy cargadas de texto. Y me gustaron bastante las historietas en las que Peiró se vuelca (con distinto grado de disimulo) a la sátira política, a brindar un testimonio desde una óptica farsesca de lo que sucedía allá por 1983, cuando la dictadura se acercaba a su fin y la política volvía a ocupar un lugar central en la agenda de los argentinos. La Gran Carrera y Opera son las más explícitas (de hecho en la segunda aparecen levemente caricaturizados Alfonsín, Luder y Lorenzo Miguel, entre otros); Carnaval (la historieta mejor dibujada del tomo) revela la adhesión de Peiró a la infausta “teoría de los dos demonios” y a otras posiciones afines a la Unión Cínica Radical; y la menos salpicada por la coyuntura, Sensibilidad, es un chiste largo, de un humor negro, corrosivo y muy eficaz.
Ni hace falta decir que el combo global, con las 21 historietas, resulta irresistible para cualquiera que sueñe con armarse una buena biblioteca de historieta argentina. Si ya tenías Tinta Mortal, regalalo o tiralo a la mierda. Porque seguro que si lo leíste te hiciste fan de Peiró y quedaste pidiendo más a los alaridos. Y Córdoba Blues te da esa dosis extra de esa gloria gráfica llamada Peiró, encima con una calidad de edición ampliamente superior.
Salto a España, donde en 2015 se publica el Vol.51 de Spirou y Fantasio, un álbum de 2010 titulado La Amenaza de los Zorketes. Acá ya tenemos al frente de la icónica serie a la dupla integrada por Fabien Vehlmann y Yoann, que la habían roto en aquel álbum no canónico que vimos allá por el 06/08/15. Guarda: acá Yoann baja un cambio, se ajusta un poco más al estilo de André Franquin y mete menos rasgos “exógenos” a la estética clásica de Spirou. Lo bueno es que le queda perfecto, todo se ve como una versión fresca y moderna de un comic de Franquin, con esa expresividad, ese dinamismo, ese vértigo, y la paleta del inmenso Hubert apuntalando al dibujante con originalidad y jerarquía.
El guión de Vehlmann también me remitió en el acto a las aventuras de la gloriosa etapa de Franquin, con un enroscado plan del siempre impredecible Zorglub que afecta a toda la localidad de Champignac y obliga a nuestros héroes a afilar su ingenio y su bravura a límites insospechados. Básicamente, Vehlmann nos cuenta una de zombies, pero muy bien disfrazada para que no desentone en este universo festivo, colorido y apto para todo público. Y saca mucho provecho de la historia previa de los personajes, con guiños (no siempre sutiles) a cosas que vimos en álbumes de décadas y autores anteriores.
La Amenaza de los Zorketes es un álbum literalmente ATR, en el que el relato agarra desde temprano una velocidad frenética, sin descuidar el humor y el desarrollo de personajes. Un delirio fascinante, trepidante y lleno de momentos de alto impacto visual, que además deja abiertas un montón de puntas argumentales para resolver en el Vol.52, al cual prometo entrarle muy pronto. 

Si estás por Catamarca o aledaños, acercate a Colossus Com durante el finde, y si no, bancá que el martes estoy de nuevo por acá, casi seguro con material leído y listo para ser reseñado.

jueves, 6 de agosto de 2015

06/ 08: LAS AVENTURAS DE SPIROU Y FANTASIO

Esta es una de esas aventuras de Spirou y Fantasio fuera del cánon, en las que un autor invitado (en esta caso una dupla) toma prestados a los famosos personajes para contar una historia que empieza y termina, en la que vale poner en juego una impronta autoral fuerte, sin supeditarse a los lineamientos clásicos de esta serie que ya lleva 75 años de éxito en Bélgica y Francia. Con esa consigna llegaron a jugar este partido el prolífico guionista Fabien Vehlmann (que había hecho las inferiores en el semanario Spirou, pero sin meter mano en el personaje principal) y el dibujante Yoann (no confundir con Yann, el guionista que también escribió varias historias de Spirou).
Los Gigantes Petrificados es una historia un poco más extensa que las clásicas, 58 páginas en las que Vehlmann puede desarrollar sin apuro la trama y Yoann zafa de esas páginas de 11 ó 12 viñetas tan típicas en este tipo de comics franco-belgas (aunque tiene muchas de 8 ó 9). Básicamente, se trata de una historia que leímos muchas veces: aparece una maravilla oculta (en este caso, monumentos colosales de una civilización perdida hace milenios en las profundidades oceánicas) y enseguida saltan por un lado los que las quieren preservar y estudiar, y por el otro los que las quieren hacer guita. El conflicto es principalmente ideológico y recién en el cuarto final del álbum hay enfrentamientos físicos entre los dos bandos, potenciados por la aparición de… algo más, que no estaba en los planes de nadie.
Buena parte del álbum está dedicado a la exploración. Vehlmann le da un espacio generoso a estas expediciones de Spirou y sus aliados por los lugares de Nueva Zelanda en los que habitó esta cultura ancestral, y al viaje subacuático en busca de esa supuesta ciudad sumergida en la que finalmente van a converger los buenos, los malos y… ese algo más, que no nombro para no spoilear. Como siempre que los viajes y la exploración cobran protagonismo, abundan las escenas tranqui, en las que los personajes tienen tiempo de sobra para charlar y conocerse. Eso está muy bien logrado, y dan ganas de que varios de los secundarios que introduce Vehlmann en este álbum se queden definitivamente a formar parte del elenco estable de la serie.
Pero además hay tensión, porque Spirou y los suyos están enfrascados en una carrera contra los malos, liderados por la caricatura bastante grotesca de un multimillonario yanki, que tiene entre sus adláteres nada menos que a Fantasio. O sea que a los peligros normales de los lugares donde se meten, se suman las tramoyas que Calloway y los suyos puedan hacer para quedarse con los tesoros, más la incomodidad de tenerlo a Fantasio en el bando de enfrente. No está fácil la cosa para Spirou, y quizás por eso este sea un álbum con menos chistes que los habituales. La mayoría de las pinceladas humorísticas están a cargo de Spip (como siempre) y de los neozelandeses que colaboran con el héroe en su búsqueda.
La resolución es impredecible y las últimas páginas le permiten a Vehlmann cambiar el tono, virar hacia la acción y la machaca de alto impacto, meter más gags y cerrar todo con moñito, de un modo que uno no se ve venir en absoluto.
El dibujo de Yoann es excelente, una mezcla perfecta entre Frederik Peeters y Jaimie Hewlett. Acá tenemos personajes recontra-expresivos, muy diferentes entre sí, fondos majestuosos, escenas de acción memorables… Y lo más lindo: la libertad que tiene Yoann para rediseñar a Spirou y su mundo, para que nada se vea o se sienta como una copia, ni siquiera como un homenaje, a las historietas de André Franquin, Fournier, Tome y Janry, o quien sea. Son los personajes de siempre, sí, pero vistos desde una óptica y desde un grafismo totalmente nuevo.
El dibujo de Yoann me gustó y me emocionó tanto, que me animo a recomendar este álbum incluso a quien no sea fan de Spirou, ni se cope en lo más mínimo con el tipo de historia que eligió contar Fabien Vehlmann. Imaginate cómo me cebé yo, que además soy fan de este personaje hace décadas y encima me cerró muchísimo el enfoque del guionista. Con soplos de aire fresco como este, es lógico que Spirou y Fantasio no pierdan vigencia con el correr de las décadas…

lunes, 31 de octubre de 2011

31/ 10: DUNGEON MONSTRES Vol.4


Bueno, hoy terminé el tomo de La Mazmorra que estaba leyendo ayer cuando se me ocurrió lo de los traductores…
Como siempre, NBM te habilita dos álbumes franceses en cada tomo y esta vez, hasta respeta el orden. Son los Vol.5 y 6 de la colección francesa Monstres, la que narra historias con los personajes secundarios de las tres sagas centrales. La primera historia es muy grossa. Está ambientada en la época de los primeros tomos de El Amanecer y protagonizada básicamente por Horus, que acá es muy joven. También lo acompañan unos muy jóvenes Jacinto y Alcibíades y el Profesor Cormorant. Entre otros, porque La Nuit du Tombeur (traducida en España como La Noche del Seductor y en EEUU como Night of the Ladykiller) es una obra de protagonismo claramente coral. La trama gira en torno a “la República Mágica” que es como se autodenominan los estudiantes de necromancia y está atravesada por un eje central: Horus es acusado de haber seducido y embarazado a varias chicas de la ciudad. La cosa se complica tanto que hasta es obligado a casarse con la hija de un noble. Pero Horus jamás se transó a ninguna de estas minas y deberá demostrar que es víctima de un complot en su contra, y obviamente desenmascarar al responsable del lujurioso ardid.
Con esto sólo alcanzaría para bancar sin sobresaltos una muy buena trama de misterio con un tinte erótico, pero Lewis Trondheim y Joann Sfar no se aguantan las ganas de que también haya humor, y ahí entra en juego una sub-trama, perfectamente hilvanada con la principal, que es la de Tristan, el hijo cuasi-subnormal de Victor Shambun, el director de la morgue. Por supuesto, esto enriquece la historia y la dota de una magnífica provisión de escenas desopilantes y diálogos memorables. Por si faltara algo, vemos un cachito más del origen de la Mazmorra, porque Jacinto visita a su padre y este le cuenta acerca de los monstruos y criaturas que está encanutando en su fortaleza.
El dibujo corre por cuenta de Vermot-Desroches, un dibujante que (por lo menos en este trabajo) clona milimétricamente a Blutch, que era en ese entonces el dibujante titular de El Amanecer. El único mérito es que clonar a Blutch es muy difícil. Pero por supuesto, uno hubiese querido ver algo más propio y más original.
La segunda historieta es Du Ramdan Chez les Brasseurs, ambientada en los últimos tiempos del Cénit, cuando Jacinto ya está viejo y choto. El protagonista excluyente acá es otro grandote medio subnormal, el mismísimo Grogro. Pero si leíste mucho Groo, no te va a costar nada imaginarte que el protagonista es Groo. Esta vez, Sfar y Trondheim ponen al humor a tirar del carro y va para adelante como un tren bala. Creo que no hay ni una de las 46 páginas que no tenga buenos chistes. Incluso hay guiños a la continuidad: aparece un conejito rojo muy sacado que casi seguro es Marvin el Rojo, uno de los protagonistas de El Crepúsculo. O sea que hasta hay aportes copados por afuera de la aventura 100% en joda, con asquerosidades, machaca y situaciones absurdas.
Esta vez el dibujo está a cargo de Yoann, que se va al carajo, mal. Hasta ahora, en todas las historias de La Mazmorra se imponía el color plano, sin volúmenes. Hasta Carlos Nine se lo tuvo que fumar. Pero Yoann se tira a la pileta y colorea todo con acrílicos, para lograr volúmenes y brillos de esos que veíamos hace 20 años en los mejores trabajos de Simon Bisley (Slaine, Batman/ Judge Dredd). El resultado es majestuoso. Sobre todo porque el tipo le aplica técnicas pictóricas a un dibujo simple, de corte humorístico, y sorprendentemente le queda bárbaro. Así como lo de Vermot-Desroches era predecible y derivativo, lo de Yoann es un salto al vacío absolutamente genial, que hace de esta aventura un hito único en la hiper-saga de La Mazmorra.
Y al final la promesa de que en Septiembre de 2011 volvía La Mazmorra con tomos nuevos a cargo de Trondheim y Sfar terminó por ser un chamuyo, menos constatable en la realidad que las profecías apocalípticas de Lilita Carrió. Un verdadero bajón, porque los que nos hicimos adictos queremos YA nuevas dosis de esta maravillosa droga comiquera.