Mirá qué mala leche... La etapa de Kieron Gillen al frente de Journey into Mystery se termina justo con el mejor arco argumental de toda la serie. The Manchester Gods es una saga cortita, de apenas tres episodios, y además es excelente. Acá no sobra nada, hay cero relleno. Gillen aprovecha cada viñeta para hacer avanzar la trama, para sumarle espesor a los dilemas morales, para meter cada tanto un chiste que descomprima la situación, o para explicar algunos puntos oscuros típicos de un comic “de rosca”, como para que no se pierdan los giles que leían esto en revistita y ni siquiera tenían la decencia de seguir la serie desde el primer número.
Esta vez, el joven Loki y Leah caen en Inglaterra (en realidad, en la dimensión en la que se manifiesta el inconsciente de Inglaterra) para una historia simple (a pesar de estar llena de elementos míticos y místicos), que va todo el tiempo para adelante, y en la que Gillen encuentra un rinconcito donde meter una aguda reflexión sobre su país y el rol que cumplió en la modernización del mundo. También, ya que está, trae de vuelta a Daimon Hellstrom (se ve que recibió buen feedback tras la aparición del Son of Satan en el arco anterior) y mete dos homenajes, uno muy sutil y uno muy cabeza, al maestro, al referente de todos los guionistas británicos, el glorioso Alan Moore.
La etapa del joven Loki como protagonista de su propia serie cierra con la dosis exacta de ambigüedad, como para mantener intacta la intriga inicial. ¿Qué onda este nuevo Loki? ¿Le podemos creer que está buscando la redención? ¿O estamos seguros de que las cagadas que se manda no son fruto de la mala suerte sino de una perversa y calculada intención de complicarle la vida a los otros asgardianos? Gillen deja abierto el interrogante y sobre el final le cobra cara a Loki una de sus runflas más sombrías, el acueste que le hizo a Hela en el Vol.2.
Y como con las 64 páginas de The Manchester Gods no se llena un TPB, a alguien se le ocurrió complementar este tomo con un annual de Thor, escrito por J.M. DeMatteis, que lo único que tiene en común con JiM es que está dibujado por Richard Elson. La aventura de Thor es cósmica, grandilocuente, e involucra a Galactus y al Silver Surfer. De hecho el protagonista real es el Surfer y los antagonistas son Scrier y The Other, dos poderosísimas entidades cósmicas a las que el heraldo de Galactus ya conocía de la época en que DeMatteis escribía su serie regular. La historia tiene mucho ritmo, un cierto regusto ochentoso y muchos bloques de texto muy bien escritos. La banco a full, con dos salvedades: 1) Sobra la machaca. Todo el conflicto se podría haber resuelto sin revolear una sóla trompada (ni un martillazo), y si están todas esas escenas en las que Thor y el Surfer combaten a esos aliens flacuchos, es sin dudas para cumplir con el decálogo del comic de superhéroes, que exige peleas en todas las aventuras. 2) Sobra Thor. Absolutamente todo lo que cuenta DeMatteis se podría contar sin involucrar al Dios del trueno, sólo con el Surfer, o mejor todavía, sólo con Galactus.
Y mirámelo a Richard Elson... No sólo pasó de suplente a titular en JiM, sino que logró que su annual de Thor (irrelevante en el contexto general de lo que sucedía en las series regulares ambientadas en Asgard) se recopilara junto con The Manchester Gods. Su trabajo junto a Gillen no varía mucho de lo que vimos en el tomo anterior. Es correcto, pero le falta onda e identidad. En las 44 páginas junto a DeMatteis, Elson muta levemente su estilo para parecerse bastante a Jim Starlin, capo de la machaca cósmica, al que el inglés le copia (no literalmente) muchos trucos de puesta en página y hasta de composición de las viñetas. Mirado muy de lejos, este comic parece dibujado por Starlin, con menos horrores de anatomía, claro. Y lo otro que le da al annual de Thor rasgos propios, muy distintos de los de JiM, es el espectacular trabajo de los coloristas Morry Hollowell y Will Quintana, que realzan los dibujos de Elson hasta el infinito y más allá con todo tipo de efectos de altísimo impacto visual. Todo lo chato o adocenado que pueda parecer el dibujo, lo levanta la magia del color.
En síntesis, no me hice hardcore fan de Kieron Gillen como para comprarle todos los comics en los que mete mano, pero estuvo bueno descubrir a un guionista decididamente distinto, con otra forma de encarar este tipo de relatos. La próxima vez que genere un proyecto atractivo y con buenos dibujantes, cuenta con mis manguitos. Y aguante Loki que –a pesar de las muchas derrotas cosechadas a lo largo de las décadas- ya era un villano de infinita chapa mucho antes de Tom Hiddleston y su notable performance en la pantalla grande.
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martes, 14 de enero de 2014
14/ 01: JOURNEY INTO MYSTERY Vol.4
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sábado, 11 de enero de 2014
11/ 01: JOURNEY INTO MYSTERY Vol.3
Tercer tomo de esta serie y, para mi sorpresa, Kieron Gillen sigue enganchado con los sucesos de la infumable Fear Itself, ahora más bien abocado a sacarle las últimas gotitas de jugo que puedan dar los (supongo que muchos) cabos sueltos que dejó la mega-epopeya. Por lo menos esta vez hay una novedad: aparece un villano que tiene un plan para quedarse con todo y serán Loki y sus aliados quienes deban detenerlo. Es decir que JiM deja de ser “el lado B” de una aventura que se desarrolla en otros títulos y el elenco de la serie tiene –por fin- verdaderas amenazas y una misión a cumplir independiente de lo que otros guionistas planificaron para otras colecciones.
Como para dejar bien en claro que leyó con atención el Sandman de Neil Gaiman, Gillen elige como villano central a Nightmare, y además les da roles destacados a varios “señores del miedo”, de distintas tradiciones y culturas, que por supuesto se sientan en una misma mesa a “analizar la situación” y obviamente a rosquear. Esto podría parecer un achaco lineal al clásico de Gaiman si no fuera por un detalle: Gillen no se aguanta ni dos cuadritos las ganas de meter humor, de tirar chistes sutiles (y muy efectivos) sin llegar a los niveles de una JLI de Giffen y DeMatteis, pero decidido a restarle solemnidad y circunspección a las runflas entre estas poderosas entidades conceptuales.
Sobre el final y cuando las papas quemen, Loki (con apenas 13 o 14 años) los enroscará a todos ellos en el juego que a él más le conviene, en un pase mágico mucho más de Hellblazer que de Sandman. Y acá sí, Gillen se caga en todo y se tira de cabeza a la pileta de la comedia. Otro logro del guionista tiene que ver con el desarrollo del plot “serio”, el más orientado a la machaca superheroica típica: acá suma a Daimon Hellstrom (Son of Satan), lo hace jugar (de modo apenitas forzado) en el equipo de Loki y lo trata muy bien. Se nota que allá por el ´93-´94, además de Sandman y Hellblazer, leía el Hellstrom de Warren Ellis y Leo Manco, que era el título “Vertigófilo” de aquella abominable etapa de Marvel.
En general, la saguita de los “señores del miedo” está bien, apenitas estirada y con varios puntos altos (obviamente, el juego de mesa apócrifo es EL momento). Y complementa un unitario de Navidad, también entretenido, que de alguna manera le da un cierre a uno de los personajes de la saga anterior y en el que también Gillen obtiene buenos resultados apostando por la comedia y no por la epopeya.
Por el lado de los dibujos, este episodio unitario está a cargo de Mitch Breitweiser, a quien ya vimos jugando de suplente en un TPB de Captain America (reseñado el 04/04/13). A Breitweiser se le nota bastante que dibuja a los santos pedos, incluso sospecho que hay páginas enteras hechas directo en tinta, pero no está mal, es más que competente. Y en el arco principal tenemos de titular a Richard Elson, el que apareciera en el tomo anterior al frente de un par de unitarios. De nuevo me encuentro con un dibujante de estilo muy clásico, con un grafismo que por momentos me recordó a un Dave Gibbons sin onda, como mezclado con esos dibujantes ingleses de los ´50 y ´60 que eran académicamente muy correctos pero a los que les faltaba toneladas de personalidad, de filo. Elson no es un verdulero ni un improvisado, para nada. De hecho, estamos hablando de un tipo de más de 50 años, con 25 de trayectoria y mucha obra publicada en medios muy importantes de Inglaterra. Se nota que sabe y que se esfuerza por encajar lo mejor posible en la onda que le proponen los guiones de Gillen. Y también se le nota una limitación grossa, por el lado de la identidad. Es un dibujante muy genérico, con pocos rasgos que lo destaquen o lo distingan del pelotón de tipos que narran bien y respetan la anatomía clásica. Una vez más, las dos coloristas que le tocan lo entienden bien y lo levantan mucho.
Me queda un sólo tomo sin leer, porque en el medio está ese crossover con New Mutants cuyo olor a delito me hizo saltearlo. Así que la semana que viene liquidamos Journey into Mystery y damos el veredicto final. Por ahora, banco a los que destacan su originalidad y sus buenas ideas y les recomiendo buenas clínicas de rehabilitación a los que le colgaron el rótulo de “el Sandman de Marvel”. Veremos qué onda el final.
Como para dejar bien en claro que leyó con atención el Sandman de Neil Gaiman, Gillen elige como villano central a Nightmare, y además les da roles destacados a varios “señores del miedo”, de distintas tradiciones y culturas, que por supuesto se sientan en una misma mesa a “analizar la situación” y obviamente a rosquear. Esto podría parecer un achaco lineal al clásico de Gaiman si no fuera por un detalle: Gillen no se aguanta ni dos cuadritos las ganas de meter humor, de tirar chistes sutiles (y muy efectivos) sin llegar a los niveles de una JLI de Giffen y DeMatteis, pero decidido a restarle solemnidad y circunspección a las runflas entre estas poderosas entidades conceptuales.
Sobre el final y cuando las papas quemen, Loki (con apenas 13 o 14 años) los enroscará a todos ellos en el juego que a él más le conviene, en un pase mágico mucho más de Hellblazer que de Sandman. Y acá sí, Gillen se caga en todo y se tira de cabeza a la pileta de la comedia. Otro logro del guionista tiene que ver con el desarrollo del plot “serio”, el más orientado a la machaca superheroica típica: acá suma a Daimon Hellstrom (Son of Satan), lo hace jugar (de modo apenitas forzado) en el equipo de Loki y lo trata muy bien. Se nota que allá por el ´93-´94, además de Sandman y Hellblazer, leía el Hellstrom de Warren Ellis y Leo Manco, que era el título “Vertigófilo” de aquella abominable etapa de Marvel.
En general, la saguita de los “señores del miedo” está bien, apenitas estirada y con varios puntos altos (obviamente, el juego de mesa apócrifo es EL momento). Y complementa un unitario de Navidad, también entretenido, que de alguna manera le da un cierre a uno de los personajes de la saga anterior y en el que también Gillen obtiene buenos resultados apostando por la comedia y no por la epopeya.
Por el lado de los dibujos, este episodio unitario está a cargo de Mitch Breitweiser, a quien ya vimos jugando de suplente en un TPB de Captain America (reseñado el 04/04/13). A Breitweiser se le nota bastante que dibuja a los santos pedos, incluso sospecho que hay páginas enteras hechas directo en tinta, pero no está mal, es más que competente. Y en el arco principal tenemos de titular a Richard Elson, el que apareciera en el tomo anterior al frente de un par de unitarios. De nuevo me encuentro con un dibujante de estilo muy clásico, con un grafismo que por momentos me recordó a un Dave Gibbons sin onda, como mezclado con esos dibujantes ingleses de los ´50 y ´60 que eran académicamente muy correctos pero a los que les faltaba toneladas de personalidad, de filo. Elson no es un verdulero ni un improvisado, para nada. De hecho, estamos hablando de un tipo de más de 50 años, con 25 de trayectoria y mucha obra publicada en medios muy importantes de Inglaterra. Se nota que sabe y que se esfuerza por encajar lo mejor posible en la onda que le proponen los guiones de Gillen. Y también se le nota una limitación grossa, por el lado de la identidad. Es un dibujante muy genérico, con pocos rasgos que lo destaquen o lo distingan del pelotón de tipos que narran bien y respetan la anatomía clásica. Una vez más, las dos coloristas que le tocan lo entienden bien y lo levantan mucho.
Me queda un sólo tomo sin leer, porque en el medio está ese crossover con New Mutants cuyo olor a delito me hizo saltearlo. Así que la semana que viene liquidamos Journey into Mystery y damos el veredicto final. Por ahora, banco a los que destacan su originalidad y sus buenas ideas y les recomiendo buenas clínicas de rehabilitación a los que le colgaron el rótulo de “el Sandman de Marvel”. Veremos qué onda el final.
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