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martes, 20 de enero de 2026
HOY Y MAÑANA
Sí, vengo leyendo a muy buen ritmo y tengo material para reseñar hoy y mañana. Vamos con las de hoy.
Retomé la lectura de The Unbeatable Squirrel Girl con el Vol.4 (vimos el anterior el 14/12/23) y esta vez sí, no podía fallar: hay un episodio en el que Erica Henderson le deja su lugar a un dibujante suplente. Y no precisamente uno bueno: el trabajo de Jacob Chabot es tirando a mediocrón, sobre todo comparado con la magia que le pone a cada viñeta la dibujante titular. Con estos cinco episodios me reí un poco menos que con los anteriores, no porque sean malos, sino porque ya sé para dónde van a ir los chistes. Ryan North no para un minuto de jugar al límite, y de imaginar nuevas formas de sorprender a sus lectores. El ejemplo más claro es el primer episodio del TPB, que está armado como si fuera un libro de Elige Tu Propia Aventura, con distintas secuencias que se abren según el camino que vos elijas. Después tenemos una trilogía con Mole Man que explora un aspecto hasta ahora soslayado de la vida de una chica adolescente: sus citas románticas; y finalmente el número que dibuja Chabot, que tiene un guion muy atractivo.
De nuevo, North y Henderson le sacan un jugo riquísimo a la posibilidad de contar con un número ilimitado de personajes invitados de todos los rincones del Universo Marvel, y un poco eso es lo que me dan ganas de colgar la serie. ¿Por qué, si está buenísima? Porque, como hincha de los villanos, me frustra un poco ver a todos esos antagonistas grossos humillados por Squirrel Girl en un comic que es claramente una comedia para divertirse un rato. Me parece genial que North y Henderson nos inviten a reirnos de las convenciones del género superheroico, que se lo tomen 100% en joda y demás. Pero si para reirnos tenemos que poner en roles bochornosos a personajones como Galactus, Dr. Octopus, Nightmare, Count Nefaria o el propio Mole Man, el chiste dura poco. Porque en algún momento, otro guionista (o el propio North) va a querer usar a esos villanos en un contexto dramático, y yo voy a pensar "¿En serio les parece una amenaza temible Nightmare? Si perdió por goleada contra Squirrel Girl...". Hay que tratar de hacerse a la idea de que este comic transcurre en una realidad alternativa, en la que Doreen Green es la Recontra Number One y todos los villanos de esta iteración del Universo Marvel pasan vergüenza cuando la enfrentan... y NO SON los mismos villanos que después pelean contra los otros superhéroes. Si nos convencemos de que son los mismos, cagamos.
No sé si seguir comprando los TPBs. La serie es larga, llega hasta el nº 50, y con lo que leí hasta ahora voy por el nº11, o sea que me falta un montón. Veremos. Por ahora no tengo más tomos comprados, pendientes de lectura. Intentaré resistirme el día que vea a buen precio el Vol.5, pero no prometo nada, porque me encariñé con los personajes, y sobre todo porque Ryan North y Erica Henderson juntos son un combo alucinante, que te garantizan diversión de la buena.
Como ya es costumbre, cierro con la reseña de un libro de autores argentinos publicado en 2025. Esta vez es el turno de El Arte del Fuego, con guion de Néstor Barron y dibujos de Marcelo Valentini. Dos de los primeros capítulos transcurren en Gent (o Gante) y Brugge (o Brujas), las dos ciudades más hermosas que visité en mi vida, así que eso me predispuso muy favorablemente para leer el comic.
Como buen discípulo de Alberto Salinas, Valentini se inscribe en una estética académico-realista sin titubeos, sin concesiones. Quiero suponer que todos los fondos están trabajados a partir de fotos, porque hasta el paisaje más despojado tiene una complejidad infernal. Y como siempre, mis problemas con el foto-realismo empiezan cuando los personajes parecen personas. En estas páginas hay personajes con las caras de Rodolfo Ranni, de Mauricio Macri, de Eduardo Mazzitelli... no sé si a Valentini le salieron parecidos de casualidad, o si tomó las caras de fotos de estas personalidades del mundo real, pero a mí eso no me copa. Yo quiero que el fraile sea "un fraile", no "el fraile con la cara de Rodolfo Ranni". Cuando el guion hace entrar en escena a gente que existió en el mundo real (Martín Lutero, Paracelso, Erasmo, etc.) no me molesta que la resemblanza sea muy marcada. Pero los personajes ficticios me gustan más si son simples dibujos, no retratos foto-realistas de gente conocida. La ambientación medieval está muy bien lograda por el dibujante, que se ve que conoce el tema, y además muy bien acompañada por una paleta de colores opaca, donde los marrones y ocres tienen tanto predominio que hasta hay viñetas en las que el cielo es marrón.
El guion de Barron tiene dos carriles. Por uno, avanza la historia de Thierry Gheel, el descendiente de poderosos banqueros europeos obsesionado con el conocimiento de la química, la medicina y la alquimia. Ahí hay una historia muy atrapante, centrada en lo complicado que era buscar el saber científico en una época dominada por el oscurantismo y la ignorancia más brutal. Barron hace avanzar de a poco este aspecto de la trama, sobre todo a través de diálogos y de encuentros con personas y con libros que van a ayudar a Thierry a expandir sus conocimientos. Pero lamentablemente, los autores plantean esta saga como "una de aventuras", supongo que para que fuera fácil de vender en el mercado italiano. Y ahí, cuando la historia es atravesada por el otro carril, es donde pierde fuerza. El aspecto aventurero de El Arte del Fuego, esos momentos en los que las investigaciones, los debates filosóficos o las reflexiones de Thierry son interrumpidas por sucesos violentos, por gente que lo quiere matar a él o a sus interlocutores, o derrocar a tal o cual caudillo militar o líder político, o quemar en la hoguera a tal o cual miembro de un culto religioso acusado de hereje... ahí la trama pierde interés. De alguna manera, Barron se queda a mitad de camino en su intento por ensamblar las dos vertientes del argumento, la más intelectual y la más agonal, la que más depende de la violencia. Sobran las muertes, las torturas, las violaciones... o no sobran, sino que llevan la historia para otro lado, como preparando el terreno para que aparezca en escena un héroe más tradicional (Dago, ponele), cosa que no sucede, porque Thierry no es un héroe, y menos uno tradicional. Entiendo que si nos quedamos solo con la búsqueda del conocimiento y la rosca política, el resultado es un comic más difícil de vender... pero algo no salió bien a la hora de ensamblar ese planteo más ambicioso y ese personaje más atípico con los tropos clásicos de la aventura.
Nada más, por hoy. Habrá nuevas reseñas mañana, acá en el blog. Y si no podés esperar, ya sabés: entrás a https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y por muy poquita plata te descargás la Comiqueando Digital nº12, que viene con 364 páginas de artículos inéditos, un video y un podcast exclusivos. Gracias y hasta mañana.
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martes, 28 de junio de 2022
NOCHE DE MARTES
Tarde pero seguro, tengo leídos otros dos libritos para comentar. Se vienen semanas complicadas para mí, porque estamos cerrando un nuevo número de Comiqueando Digital, pero trataré de mantener un ritmo aceptable en los posteos...
Empezamos en EEUU, año 2017, con el primer tomo de Violent Love. No sé si alguna vez había leído otras obras de Frank Barbiere, sospecho que no. Si venís leyendo hace unos años este blog, deducirás rápidamente que caí en esta historieta porque la dibuja Víctor Santos, un autor del que soy muy fan y al que le compro prácticamente cualquier cosa que haga.
El guion me gustó bastante. Es un thriller muy violento, casi una peli de Quentin Tarantino pero sin esos diálogos eternos y divertidos que caracterizan al cineasta. La trama se centra en el recuento de la trágica vida de una mina que un día decide jugarse lo poco que le queda (que es el pellejo) para vengarse de los asesinos de su padre, y su inmersión en un mundo sórdido de crimen, marginalidad y sangre. Por entre los tiros en la cabeza, las torturas y las violaciones, asoma una trama romántica, que pega más de un giro a lo largo de estos cinco episodios, ninguno demasiado imprevisible. Pero está buena, porque humaniza a estas máquinas de robar y matar. El giro de las últimas páginas del tomo sí me resultó más sorpresivo, y es muy interesante todo lo que abre para que Barbiere resuelva en el segundo y último TPB.
Felizmente, el guionista se da cuenta de que con Santos se sacó la lotería, y permite que el valenciano narre tranquilo, con espacios, con escenas pensadas para que se luzcan el trazo y la paleta de este monstruo. La puesta en página es trepidante, el dibujo tiene un impacto tremendo, la sangre parece salpicar de verdad al lector y la reconstrucción de tiempo y lugar (pueblos del sur de California a principios de los años ´70) funciona sin fisuras. Santos pone todos sus recursos a trabajar para que la lectura de Violent Love resulte atrapante, adictiva. Y le sale muy bien. Por momentos me dio la sensación de que el color le restaba un poco de protagonismo al dibujo, especialmente en las escenas más turbias, más oscuras, pero en la segunda leída noté cómo la paleta de Santos no traiciona nunca la consigna de acompañar desde la gráfica los climas que propone el guion. Me sigue gustando más la obra de Santos en blanco y negro, pero esta forma de encarar el color está muy bien, me doy cuenta de que es algo que el público de Image no solo acepta sino disfruta.
Violent Love no es para cualquier tipo de lector, por la brutal y lo explícito de la violencia. Pero por lo menos esta mitad, está muy bien llevada, tiene momentos originales, tiene profundidad en la caracterización, toca (aunque sea por encima) ciertas problemáticas sociales típicas de los EEUU de principios de los ´70 y termina con un cliffhanger jodido como enema de chimichurri. Y además dibuja Víctor Santos, con lo cual está casi todo dicho.
Seguimos acá nomás, Argentina 2021, con el libro Dago: La Justicia Secreta, una novela gráfica de 96 páginas de las que se producen en nuestro país para la editorial italiana Aurea, en este caso escrita por Néstor Barron y dibujada por Sergio Ibáñez.
Lo de Ibáñez me resultó muy raro. Es como si fueran dos dibujantes distintos. Uno que se mata en los fondos y les pone toda la onda, la dedicación y el talento; y otro que dibuja a los personajes de un modo mucho más rústico, por momentos estáticos, sin onda. como si se los quisiera sacar de encima rápido. Este "segundo Ibáñez" logra reproducir en los primeros planos de Dago algunos rasgos de los que asociamos al trazo mágico de Carlos Gómez. Y en los primeros planos del villano de este episodio, nada menos que Giácomo Barazutti, reaparece algo de la impronta del maestro Alberto Salinas, co-creador y primer dibujante de la longeva serie. Fuera de esos primeros planos, hay poco del Ibáñez que disfrutamos en trabajos como La Guarida del Gusano Blanco o Ecos de Mundos Posibles. Me da la sensación (también por la escasa cantidad de cuadros por página) de que este es un trabajo hecho a velocidades supersónicas, sin tiempo como para que el dibujante cuide más algunos aspectos, lo cual es una pena, porque uno de Ibáñez espera otra cosa.
El guion de Barron tiene una virtud irresistible: no está estirado. Muchas de estas novelas de Dago te cuentan en 96 páginas historias que daban para la mitad, pero en La Justicia Secreta tenemos una trama realmente compleja, con un elenco vasto (donde por ahí sobra La Flor, que no aporta nada), una conjura política espesa para que desentrañen Dago y sus aliados, y otro elemento muy ganchero: el regreso (no sé cuántos van) de Dago a su Venecia natal, lo cual le va a dar la posibilidad a Barron de poner al duro justiciero cara a cara con Barazutti, el único que queda vivo de los asesinos de la familia Renzi. La gran contra que tiene Dago, que es su falta de emociones, la forma desapasionada en la que resuelve las aventuras casi sin despeinarse, acá no se siente, porque -si bien por fuera mantiene la calma- cada regreso a Venecia significa reencontrarse con los fantasmas de la vida que le robaron cuando su familia fue traicionada y asesinada.
Y lo más interesante, lo que hace que este guion de Barron sea realmente relevante para cualquiera mínimamente interesado en las andanzas de Dago, es el rol de Ginetta, la joven que fuera novia de Cesare y terminara dando a luz a los hijos de Barazutti. Lo que sucede con este personaje es tan fuerte, que hasta el Super-Clásico entre Dago y el asesino de su familia pasa por momentos a un segundo plano. No recuerdo otra historia de Dago en la que Ginetta haya sido desarrollada tanto como en La Justicia Secreta, y la vuelta que le pega Barron es realmente impactante. La última viñeta es clave, es... no lo puedo contar, porque es zarpado lo que pasa... Digamos que es el "Son of the Demon" de Dago... y que la cace el que sepa. Ojalá eso que sugiere Barron en el final de este libro no quede en el olvido ni sea negado retroactivamente por otros guionistas.
¿Tiene sentido que se sigan publicando 96 páginas de Dago todos los meses, pensando en que es una serie que ya lleva 40 años de producción ininterrumpida? Yo creo que no, pero cada tanto aparece un guion como este, y uno recupera la expectativa (o al menos la ilusión) de ver una real evolución en la serie. Esa magia, la sensación de que todo puede suceder, la perdieron Robin Wood y sus sucedáneos entre tantas peripecias tan parecidas entre sí. En una de esas, Barron se anima a recuperarla.
Nada más, por hoy. En unos días reaparezco para comentar nuevas lecturas, acá en el blog.
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domingo, 14 de noviembre de 2021
8 al 14 de NOVIEMBRE
Ya estamos en la recta final de la preventa de ¿Quién Quiere Ser Superhéroe?, y todavía lo podés reservar con descuento en las comiquerías que participan de la promoción, o en https://www.comicpuntoar.com/product-page/quién-quiere-ser-superhéroe. La preventa cierra el miércoles 17, así que no te duermas.
Ahora sí, vamos con las lecturas de la semana.
Gracias a que Ivrea la editó en Argentina, me puse las pilas para volver a leer Tomie, la obra de Junji Ito cuya edición yanki había pasado por este blog allá por el 14/02/11. La historieta no me sorprendió tanto como la primera vez, por lo menos en su tramo inicial, que era el que yo más recordaba, y quizás por eso no me pareció tan buena como en aquella lectura de hace más de 10 años. Leo lo que escribí en ese momento y en general estoy de acuerdo, pero me parece que me zarpé un poco en elogios. La segunda lectura, pasado un poco del impacto que produce este manga de Junji Ito en el lector virgen de Tomie, me convenció un poco menos, si bien sostengo que es una muy buena serie de misterio y terror. La edición argentina es estupenda, no falla por ningún lado. Y cuando la leí en inglés, me acuerdo que el Vol.2 me gustó más que el 1, principalmente por la evolución en el dibujo de Ito. Así que en cualquier momento le vuelvo a entrar al segundo tomo.
También avancé con mi lectura de los tomos finales de Cybersix, y llegué al Vol.42 de la colección de novelitas de 96 páginas: Tra la Vita e la Morte. Este tomo conforma un díptico con el que vimos la semana pasada y es todo tan parecido, forma todo una masa tan compacta, que hasta lo tenemos de nuevo a Horacio Domingues como dibujante, aunque en estas páginas “se disfraza un poco más” de Carlos Meglia. El dibujo es buenísimo, de punta a punta del librito.
Por el lado del guion, Carlos Trillo le da ínfima pelota al plot de Gengis/Zero, y se concentra en resolver cabos sueltos que involucran a otros de los villanos que fue acumulando la serie con el correr de los tomos. Y si bien hay buenos diálogos, hermosos bloques de texto y unas cuantas escenas ágiles, casi explosivas, es muy difícil que el interés se sostenga a lo largo de 96 páginas, porque realmente pasa muy poco. Hay un contraste, además, entre una Cybersix que (lógicamente) ya está muy hinchada las pelotas y no tiene más reparos en matar a sus oponentes, y los propios villanos, a los que Trillo hace pendular entre genocidas irredimibles y bufones tragicómicos que están ahí para meter chistes y situaciones desopilantes. Esto es solo para fans extremos de Cybersix que soportan la idea de no bancar hasta las últimas consecuencias las aventuras de la superheroína-vampiro-androide-transexual.
Y me vengo a Argentina, año 2021, para leer Alma, una obra de Néstor Barron y Quique Alcatena que (me enteré cuando llegué a la última página) es la primera parte de una saga de dos libros.
Por el lado del dibujo, me encuentro a un Alcatena que apuesta muy fuerte al color y que opta por puestas en página más tradicionales, sin esas viñetas muy ornamentadas, sin esas páginas en las que predomina una imagen muy fuerte, hasta las pelotas de detalles microscópicos, acompañada por un par de viñetas más chiquitas. El trazo está un poco más suelto, menos detallista y menos abigarrado que en sus obras más reconocidas, seguramente porque Quique sabe que luego va a poner color por sobre sus líneas. Hay imágenes potentísimas, hay (como siempre) un despliegue de imaginación inconmensurable, varias secuencias de acción muy bien resueltas, y si tengo que señalar algo realmente decepcionante en la faz gráfica es la tipografía que se utilizó para rotular la historieta, que encima llama mucho la atención porque Alcatena dibuja globos muy grandes, que tienen mucho peso gráfico en las viñetas.
El guion de Barron es una especie de versión más aventurera de El Principito, la famosa novela de Antoine de Saint-Exupery que (como ya confesé públicamente alguna vez) nunca leí porque, vista de afuera, me parece algo sensiblero, denso y choto. Acá tenemos (como en El Principito) a una protagonista absolutamente naïf, criada en una auténtica nube de pedos, que un día sale al mundo a buscar respuestas a preguntas pseudo-filosóficas, de un nivel de boludez asombroso. El contraste entre la ingenuidad de Alma y la mala leche de buena parte del elenco le sirve a Barron para que los diálogos mantengan cierto interés, pero hasta un punto, no hasta el final. Hay tramos realmente muy hablados, en los que los personajes explicitan demasiado un montón de información que es apenas relevante para plantear conflictos generalmente menores, que se resolverán en poquitas páginas, para rápidamente conectar con la siguiente peripecia. Los bloques de texto van y vienen de manera intermitente, y no, nunca llegan a esos niveles gloriosos de los bloques de texto de Eduardo Mazzitelli.
Creo que lo más flojo es Alma, el personaje central, que –por lo menos en esta primera mitad- no parece tener, ni estar pensada para adquirir, lo que hace falta para protagonizar un relato de aventuras extremas con monstruos, guerreros y cuasi-dioses de infinito poder. Por ahora, es un personaje sin ideas, sin iniciativa, que va donde la llevan, y que zafa de la muerte porque alguien la salva. Es una chica jovencita, y probablemente parte de la gracia de la saga sea verla crecer, madurar y afianzarse. Por ahora, en 72 páginas, eso no estaría sucediendo. Veremos si sucede en la segunda parte. Tengo sin leer más trabajos de Barron y de Alcatena, así que pronto habrá revancha.
Nada más por ahora. Gracias y hasta el finde que viene.
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martes, 24 de octubre de 2017
TARDE DE MARTES
Sí, ya sé que clavé un post hace menos de 24 horas, pero tengo un par de libros leídos y un ratito para redactar reseñas, así que ¿quién carajo me lo va a impedir?
De las muchísimas obras que realizó para el mercado francés el recordado Walther Taborda, seguramente la más relevante para nosotros es Malvinas: El Cielo es de los Halcones, con guión de Néstor Barron, cuyo Vol.1 se publicó en Europa en 2010 y acá en 2015. Una pena que acá se haya publicado igual que allá, en tamaño grande, tapa dura, papel de lujo, 48 páginas… porque terminó llegando al público a un precio altísimo, que hizo que un montón de potenciales lectores no lo pudieran comprar. Aún así, un año después salió el Vol.2 y quizás antes de fin de año salga el Vol.3, aunque Walther no llegue a verlo. Obviamente hubiese sido más lógico publicar los tres tomos en un único libro, con tapa blanda y en un formato un poco más chico. Pero bueno, la edición corrió por cuenta de un sello que nunca antes había publicado historietas…
Claro, es un álbum pensado para el mercado francés, con las infaltables páginas de 10 viñetas, y en una de esas, en un formato más chico el dibujo se luciría menos. Por suerte Taborda resuelve todo lo que es figura humana y primeros planos con un trazo bastante sintético, muy plástico, sin sobrecargar en absoluto la imagen con texturas o detalles. Los detalles aparecen y cobran protagonismo cuando le toca dibujar aviones, barcos, cascos, bases militares… Ahí se nota que hubo una investigación a fondo, un trabajo muy serio de documentación para recrear con precisión quirúrgica las escenas de la guerra que tuvo lugar en 1982 sobre el Atlántico Sur. El contraste entre estos personajes definidos de modo sintético y estas máquinas y edificios super-detallados llama bastante la atención, pero no incomoda, no se convierte en obstáculo para engancharse con la historia.
El guión… no sé, creo que esperaba un poco más. De hecho, no tengo dudas de que en 46 páginas se podían contar más cosas y desarrollar más a los personajes. La mejor escena (a años luz de la segunda) dura apenas una página: es cuando Luis, el colimba, le revela al Capitán Cruz que siente miedo y odio estando entre los militares porque estos son los responsables de la desaparición forzada de su hermano mayor. Es un momento emotivo, tenso, pero que (por lo menos en este primer tomo) no pasa de ahí. No sé si más adelante Barron seguirá desarrollando la relación entre Luis y Cruz a partir de esto. El resto es una clásica aventura de tipos que desafían a la adversidad para enfrentarse a un enemigo mucho más poderoso y terminan hechos mierda, pero con chapa de héroes. Hay un cierto espíritu patriótico, pero no llega a oler a cosa facha, entre otras cosas porque habia que venderlo en Europa. La verdad, lo conseguí en oferta y no me enganchó como para pagar fortunas el Vol.2..
Con Starlight, en cambio, me divertí mucho y me emocioné más. Mark Millar y Goran Parlov nos cuentan una saga crepuscular de una especie de Flash Gordon convertido en un sesentón canoso y con panza, que es Maradona en un planeta lejano pero en la Tierra no la estaría pasando bien. Duke McQueen no tiene a quién contarle anécdotas en las que derrota a villanos, libera a planetas enteros y se codea con princesas y emperadores de otros mundos, porque su esposa falleció, sus hijos tienen familia y trabajos y no le dan pelota y la gente de su pueblo lo considera un viejo chamuyero al que le faltan un par de jugadores. Por supuesto, Duke tendrá la posibilidad de volver al planeta al que liberó hace 40 años, donde es considerado el ídolo máximo por varias generaciones.
Y ahí es donde Millar pudo haber derrapado mal. Un sutil toque de mala leche decontructivista y McQueen terminaba o bien ridiculizado también en Tantalus, o manipulado para derrocar a un gobierno decente para que subiera un tirano, o directamente corrompido por el poder, poniéndose él mismo como tirano. Sin embargo, McQueen resulta ser un tipo noble hasta el final, enamorado de su esposa incluso años después de su muerte, con unos códigos éticos inquebrantables y la certeza de que lo suyo no es el poder… aunque una ovación de la hinchada de vez en cuando no esté mal.
La trama está muy bien llevada y el personaje central muy bien trabajado, aunque sí, le gana un poquito fácil a sus adversarios… está bien que sea muuuuy capo, pero quizás si transpiraba más la camiseta todo cerraba un poquito más. El tono de la obra es perfecto, el ritmo está llevado con mano maestra, con pausas y flashbacks en los momentos justos, hay unos cuantos diálogos muy ingeniosos y el final es realmente conmovedor. Bien Millar, apostando por el amor, el heroismo y los valores de la honestidad y la buena onda.
El trabajo de Parlov es majestuoso… si te gusta Moebius. Si no, lo vas a odiar, porque acá el croata reproduce TODOS los yeites del Genio Infinito, sobre todo los de esa etapa más suelta, de fines de los ´80 y principios de los ´90. Posta, hay páginas que si te dicen “las dibujó Moebius”, te lo creés. Incluso el rotulado imita la caligrafía del inolvidable Jean Giraud. Y bueno, yo que soy hardcore fan de Moebius me volví loco y espero que de ahora en más Parlov dibuje siempre así.
Nos reencontramos pronto, ni bien tenga unos libritos más listos para ser reseñados. Gracias y hasta entonces.
De las muchísimas obras que realizó para el mercado francés el recordado Walther Taborda, seguramente la más relevante para nosotros es Malvinas: El Cielo es de los Halcones, con guión de Néstor Barron, cuyo Vol.1 se publicó en Europa en 2010 y acá en 2015. Una pena que acá se haya publicado igual que allá, en tamaño grande, tapa dura, papel de lujo, 48 páginas… porque terminó llegando al público a un precio altísimo, que hizo que un montón de potenciales lectores no lo pudieran comprar. Aún así, un año después salió el Vol.2 y quizás antes de fin de año salga el Vol.3, aunque Walther no llegue a verlo. Obviamente hubiese sido más lógico publicar los tres tomos en un único libro, con tapa blanda y en un formato un poco más chico. Pero bueno, la edición corrió por cuenta de un sello que nunca antes había publicado historietas…
Claro, es un álbum pensado para el mercado francés, con las infaltables páginas de 10 viñetas, y en una de esas, en un formato más chico el dibujo se luciría menos. Por suerte Taborda resuelve todo lo que es figura humana y primeros planos con un trazo bastante sintético, muy plástico, sin sobrecargar en absoluto la imagen con texturas o detalles. Los detalles aparecen y cobran protagonismo cuando le toca dibujar aviones, barcos, cascos, bases militares… Ahí se nota que hubo una investigación a fondo, un trabajo muy serio de documentación para recrear con precisión quirúrgica las escenas de la guerra que tuvo lugar en 1982 sobre el Atlántico Sur. El contraste entre estos personajes definidos de modo sintético y estas máquinas y edificios super-detallados llama bastante la atención, pero no incomoda, no se convierte en obstáculo para engancharse con la historia.
El guión… no sé, creo que esperaba un poco más. De hecho, no tengo dudas de que en 46 páginas se podían contar más cosas y desarrollar más a los personajes. La mejor escena (a años luz de la segunda) dura apenas una página: es cuando Luis, el colimba, le revela al Capitán Cruz que siente miedo y odio estando entre los militares porque estos son los responsables de la desaparición forzada de su hermano mayor. Es un momento emotivo, tenso, pero que (por lo menos en este primer tomo) no pasa de ahí. No sé si más adelante Barron seguirá desarrollando la relación entre Luis y Cruz a partir de esto. El resto es una clásica aventura de tipos que desafían a la adversidad para enfrentarse a un enemigo mucho más poderoso y terminan hechos mierda, pero con chapa de héroes. Hay un cierto espíritu patriótico, pero no llega a oler a cosa facha, entre otras cosas porque habia que venderlo en Europa. La verdad, lo conseguí en oferta y no me enganchó como para pagar fortunas el Vol.2..
Con Starlight, en cambio, me divertí mucho y me emocioné más. Mark Millar y Goran Parlov nos cuentan una saga crepuscular de una especie de Flash Gordon convertido en un sesentón canoso y con panza, que es Maradona en un planeta lejano pero en la Tierra no la estaría pasando bien. Duke McQueen no tiene a quién contarle anécdotas en las que derrota a villanos, libera a planetas enteros y se codea con princesas y emperadores de otros mundos, porque su esposa falleció, sus hijos tienen familia y trabajos y no le dan pelota y la gente de su pueblo lo considera un viejo chamuyero al que le faltan un par de jugadores. Por supuesto, Duke tendrá la posibilidad de volver al planeta al que liberó hace 40 años, donde es considerado el ídolo máximo por varias generaciones.
Y ahí es donde Millar pudo haber derrapado mal. Un sutil toque de mala leche decontructivista y McQueen terminaba o bien ridiculizado también en Tantalus, o manipulado para derrocar a un gobierno decente para que subiera un tirano, o directamente corrompido por el poder, poniéndose él mismo como tirano. Sin embargo, McQueen resulta ser un tipo noble hasta el final, enamorado de su esposa incluso años después de su muerte, con unos códigos éticos inquebrantables y la certeza de que lo suyo no es el poder… aunque una ovación de la hinchada de vez en cuando no esté mal.
La trama está muy bien llevada y el personaje central muy bien trabajado, aunque sí, le gana un poquito fácil a sus adversarios… está bien que sea muuuuy capo, pero quizás si transpiraba más la camiseta todo cerraba un poquito más. El tono de la obra es perfecto, el ritmo está llevado con mano maestra, con pausas y flashbacks en los momentos justos, hay unos cuantos diálogos muy ingeniosos y el final es realmente conmovedor. Bien Millar, apostando por el amor, el heroismo y los valores de la honestidad y la buena onda.
El trabajo de Parlov es majestuoso… si te gusta Moebius. Si no, lo vas a odiar, porque acá el croata reproduce TODOS los yeites del Genio Infinito, sobre todo los de esa etapa más suelta, de fines de los ´80 y principios de los ´90. Posta, hay páginas que si te dicen “las dibujó Moebius”, te lo creés. Incluso el rotulado imita la caligrafía del inolvidable Jean Giraud. Y bueno, yo que soy hardcore fan de Moebius me volví loco y espero que de ahora en más Parlov dibuje siempre así.
Nos reencontramos pronto, ni bien tenga unos libritos más listos para ser reseñados. Gracias y hasta entonces.
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