el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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viernes, 13 de marzo de 2026

MAL Y TARDE ESTOY CUMPLIENDO...

Me choreo esta frase de un hermoso tema de Joaquín Sabina, porque sí, vengo de muchos días en los que el tiempo libre pasó de escaso a inexistente. Encima me topé con un libro que tardé muchísimo en terminar. Pero empiezo con una joya que pasó totalmente desapercibida. Editada en 1999, Volcanic Revolver es una excelente historieta íntegramente a cargo del gran Scott Morse. Está toda narrada con una grilla muy original: cuatro viñetas por página, todas horizontales en formato widescreen. Y dibujada en un estilo que a mí me resulta muy atractivo, donde aparecen elementos "diseñosos" tipo Escuela Valenciana de los ´80, mezclados con yeites de José Muñoz, de Jacques Loustal y del Dave McKean menos plástico y más gráfico (el de Cages, ponele). Morse se revela como un prócer del pincel, con un trazo muy fluido, muy versátil, sumamente expresivo. Y aún así, uno se queda flasheando con esa puesta en página tan arriesgada, tan rara, que parece que no puede funcionar, o que no se puede sostener más de 100 páginas, pero se sostiene perfecto. El guion es excelente. Una gran historia de mafias de New York de los años ´30, con el super-clásico picante entre tanos e irlandeses, contado desde el lado de los tanos. Hay misterio, hay rosca, hay violencia, alguna que otra pincelada de humor, y sobre todo situaciones y personajes absolutamente creíbles, con diálogos que reproducen a la perfección los modismos de las distintas comunidades y las distintas clases sociales de aquellos años convulsionados en los barrios periféricos de la Gran Manzana. Llega un punto en el que te desespera ver a Vincenzo y al resto de los protagonistas convivir de modo tan natural con los asesinatos y las vendettas, algo que Morse retrata como parte de la vida cotidiana, como salir a dar una vuelta, o pasar por la verdulería a comprar bananas y peras. Entre diálogos afilados y silencios elocuentes, Volcanic Revolver te envuelve en una atmósfera de corrupción extrañamente distendida, que no genera tensión precisamente por lo que decía antes de la naturalidad con la que los personajes se manejan en ese entorno. Morse aprovecha para contarnos muchísimo acerca de las costumbres, las tradiciones, las supersticiones y la gastronomía de los italianos que se afincaron en New York hace 100 años y eso le da al comic una onda muy particular, que lo aleja del típico hard boiled de mafias que se cagan a tiros entre ellas. Tal vez el contraste tan marcado entre la temática que aborda Morse y el estilo que elige para dibujar haga que más de uno no se enganche con Volcanic Revolver, pero a mí me cerró por todos lados. La recomiendo mucho, sobre todo porque es una obra que ya tiene más de 25 años y yo me enteré de su existencia hace muy poco y de casualidad, porque no suele hablarse de ella.
Y hablando de historietas de las que nadie habla, sigo en mi cruzada quijotesca por darle visibilidad a las obras de autores argentinos junto a guionistas europeos, que por algún motivo insondable, no suelen editarse en nuestro país y son básicamente desconocidas por los lectores (quizás también por los editores) argentinos. Durante varios días, de a poquito, recorrí no sin dificultad las 100 páginas de Regreso a Kosovo, una obra de 2014 escrita por el periodista y guionista kosovar Gani Jakupi y dibujada por el maestro Jorge González. Leer esto es como atravesar un campo minado: hay que ir de a poco, con cautela, a un ritmo pausado... porque lo que narra Jakupi es demasiado heavy y desolador. El periodista (radicado en Barcelona) plantea el libro como una crónica de la post-guerra en su Kosovo natal, al que regresa tras muchos años para reencontrarse con sus padres. Sobra un poco la referencia a su propia vida, sus viajes de España a los Balcanes, a Francia, etc., el tema de su mujer embarazada y el nacimiento de su hijito... No es que moleste, pero está demasiado subrayado el hecho de que es un relato en primera persona y que el narrador y el protagonista son el mismo. Pero el verdadero protagonista es el dolor. Las cosas que descubre Jakupi cuando vuelve a recorrer su país, su ciudad, después de años de una guerra salvaje, donde no se combatía por el petróleo sino por un odio racial acumulado durante siglos. Una guerra que separó familias, arrasó con aldeas, campos, pueblos... sin contar la cantidad de combatientes muertos o mutilados. Regreso a Kosovo es también la crónica de cómo se reconstruye a partir de ese dolor y termina en clave optimista, porque si bien quedan resabios del conflicto, la sociedad vuelve a organizarse, la economía vuelve a ponerse en marcha y la vida vuelve a florecer entre las ruinas. Yo no estaba muy familiarizado con la siniestra historia de la guerra en los Balcanes, y la verdad que de todos los ex-yugoslavos los únicos que me despiertan alguna simpatía son los croatas. Pero esta historia tiene un ancho de espadas, un gancho irresistible: los dibujos de Jorge González. Mamita querida, lo que dibuja Jorge en este álbum... La cantidad de técnicas, la imaginación, el despliegue, la forma de transmitir esas sensaciones y esos climas... es realmente formidable. Otros autores, y el emblemático en este subgénero de "historieta periodística ambientada en países hechos mierda" es Joe Sacco, cuando el texto habla de crímenes de lesa humanidad te los dibujan, te los muestran de un modo muy gráfico. González no, para nada. Cuando el texto narra asesinatos escabrosos, violaciones y demás, Jorge no te llena las viñetas de sangre y cadáveres, sino que te sugiere el espanto a través de manchas, siluetas, texturas... Sin dudas, esto está al nivel de los mejores trabajos de González, en esa frontera finita y difícil de recorrer entre un dibujo expresivo, que acompañe y potencie al guion, y un dibujo más plástico, más lírico, que abandone el retrato de lo terrenal (y lo abominable) para levantar un vuelo poético que este tipo de historieta "documental" rara vez consigue. Regreso a Kosovo te desarma por completo, por lo desgarrador de los hechos que relata y por la belleza indescriptible de las imágenes. Si te interesa el tema, o si sos fan de Jorge González, buscalo (está editado en España, Italia y Francia) y atesoralo. Nada más, por hoy. Si necesitan más lectura para el finde, recomiendo una vez más la apoteótica Comiqueando Digital, que puede descargarse por muy poquita plata en comiqueandoshop.blogspot.com. Gracias y hasta pronto.

viernes, 21 de junio de 2013

21/ 06: STRANGE SCIENCE FANTASY

Scott Morse es uno de los monstruos míticos que habitan en las márgenes del comic yanki, habitualmente relegado a proyectos raros en editoriales chicas, o a aportar historias cortas a antologías de las más variadas temáticas (de hecho, ya nos lo cruzamos un par de veces en los años que lleva el blog). Tuvo sus chispazos de exposición, allá por el 2004, cuando reemplazó a Kyle Baker en la revista de Plastic Man y le editaron Room Full of Strangers, un prestige que te lo vendían como si fuera de Batman, pero en realidad el protagonista era James Gordon. Lo cierto es que Morse es un eterno remador, al que nunca le llegó el reconocimiento que realmente se merece.
En 2011, IDW le publicó uno de sus trabajos más extraños y atractivos, que es el que hoy nos ocupa. A lo largo de los cinco primeros relatos de Strange Science Fantasy y casi hasta el final del sexto y último, se imponen estas características: historietas autoconclusivas, sin relación entre sí, sin personajes recurrentes, narradas sin diálogos, con franjas de texto rotulado a mano entre las viñetas, que son siempre tres y siempre en formato apaisado, excepto en alguna splash page. Con este esquema, Morse pela historias muy bizarras, con conceptos estrambóticos (el Shogunauta, un detective con cabeza de proyector de cine, un soldado curtidísimo que se hace gigante para luchar contra una raza entera de alienígenas, un boxeador mutado que adquiere el poder de cambiar de forma...), claramente orientados hacia la acción, aunque no todas las aventuras se resuelvan por la vía de la machaca.
Esto es la imaginación al poder, son ideas delirantes, de alto impacto, apoyadas por textos que –en un juego estilístico que remite a los comics de los ´50 y ´60- subraya lo extraño, lo único e irrepetible de lo que está sucediendo en las viñetas. Strange Science Fantasy quiere ser una mezcla entre parodia y homenaje a los comics “raros” de la época que va entre la Golden y la Silver Age, y por momentos recupera perfectamente ese peculiar sabor de los comics de monstruos de Jack Kirby, de invasores alienígenas de Steve Ditko, o de freaks con onda de Jack Cole. Hasta que llegan las últimas páginas del sexto episodio, y ahí Morse pega un giro genial e impredecible que alejan a estas historias del mero pastiche y las reformula para convertirlas en algo mucho más grosso, más cerca de Borges que de Kirby. Estas últimas páginas rompen la grilla de las tres viñetas widescreen, incorporan los diálogos y proponen una lectura de todo lo visto hasta el momento mucho más interesante.
Aunque eso no sucediera y el sexto episodio fuera uno más, Strange Science Fantasy iría al pilón de los excelentes libros editados en 2011 por los prodigios que despliega Morse en la faz gráfica. El dibujo parece hecho a mano alzada, directamente en tinta, con trazos gruesos, bien expresivos, al estilo del Jeff Lemire más salvaje, con un gran criterio para meter manchas negras. La estética, entre retro y caricaturesca, con poses (aunque no composiciones de viñetas ni de páginas) que remiten a Kirby, tiene algo de los trabajos más zarpados de Fernando Calvi de los ´90, o de los trabajos más recientes de Kyle Baker, pero todo más visceral, más jugado, más extremo. Hasta el rotulado se va al carajo. La magia que hace Morse con el pincel y la tinta se complementa con un laburo sublime en el color, que tiene muchísimo protagonismo. Entre texturas de revista vieja, Morse detona un arsenal de efectos logrados con técnicas digitales, que le suman muchísima fuerza a los dibujos y a los climas, a la vez que terminan de dotar a Strange Science Fantasy de una impronta visual absolutamente original, propia, nunca antes vista, a pesar de las influencias a las que Morse intenta homenajear. Esto es una aplanadora, de asombrosa potencia gráfica y hasta con un cierto lirismo freak, totalmente infrecuente en el comic de aventuras de género.
Además de un amplio background como animador, Morse tiene muchas novelas gráficas y muchos unitarios publicados, a veces en clave humorística, a veces más por el lado de la introspección o el vuelo poético, y casi siempre con guiños a los clichés de la historieta clásica, de género, algo que evidentemente apasiona al autor al punto de manejarlo de taquito. Virtuoso del dibujo y demoledor a la hora de la narrativa, Scott Morse es –sin dudas- un autor al que vale la pena seguir de cerca. Y este es un gran libro para iniciarse en este periplo, porque acá sobran ideas espectaculares, dibujos de la hiper-concha de Dios y -sobre todo- onda. Ah, y al final hay unas paginitas dibujadas por Paul Pope, un ídolo al que conoceremos muy pronto en Crack Bang Boom!