
No contento con haber reseñado hace poco su memorable participación en La Mazmorra, cumplo con el pedido de meterme en una historieta 100% creada por Carlos Nine, el genio de Haedo injustamente más famoso en Europa que en su propio país. Fantagas debutó en 1995, en una editorial francesa, y acá se conoció más de 10 años después, serializada en los primeros números de la etapa actual de Fierro. En el medio salió la edición española que tengo a mano, publicada por Sinse ntido a todo lujo y a un precio prohibitivo. Pero bueno, es Nine. No se puede pretender comprar paponga de este nivel a precio de saldo de la Librería Libertador…
Fantagas es una obra rara dentro de la bibliografía de Nine. Tuvo una secuela, la temática es medio aventurera, medio detectivesca, medio erótica y medio satírica, y en general, comparada con las otras obras escritas y dibujadas por el ídolo, es la más cerebral, la que más se calienta en darle sentido a todo lo que pasa, en explicar los caprichosos arrebatos de cada uno de estos impredecibles personajes. Hay absurdo, hay surrealismo, hay vuelo poético (incluso salpicado con gore, sangre y violaciones), hay delirio, pero todo va para algún lado. No es delirio en estado puro, sino que Nine encuentra la forma de integrar todos estos desbordes de su tremenda imaginación a una trama coherente, lineal, sólida.
Pero si a vos te gusta el Nine en crack, el Nine que hace de cada historieta una montaña rusa desaforada y vertiginosa, con Fantagas la vas a pasar bomba. La ciudad en la que transcurre la historia es un disparate en sí misma. Y los personajes, por supuesto, no se quedan atrás: una asesina super-sexy que mata y eviscera como si fuera una disciplina artística, un sillón Luis XVI que viola a las hembras que se sientan en él, las hijas ninfómanas del juez, que a su vez se curte a una especie de chica pin-up, y por supuesto el protagonista, el inspector Pernot, que cuando se emborracha pierde el conocimiento y se transforma en Fantagas, que vendría a ser el principal villano de la serie.
Créase o no, Nine logra domesticar a esa fauna volátil y descontrolada y cada uno entra y sale de escena de modo ordenado, con la prolijidad indispensable para que esto no sea una orgía sino un thriller con un toque bizarro. Los diálogos –algún costo había que pagar- no tienen ni en pedo el brillo ácido y surrealista de los diálogos de El Patito Saubón (por poner un ejemplo), pero bueno, siguen a un nivel muy alto, muy afilado.
Por el lado del dibujo, nos encontramos con un Nine MUY narrativo, muy jugado a la secuencia. Excepto el último episodio, el resto de la historieta está trabajada con tres tiras en cada página, casi siempre divididas en dos viñetas, una grilla bastante clásica. O sea que todas las maravillas que nos ofrece el genio de Haedo en materia de colores, texturas, fondos y pantomimas están contenidas dentro de un esquema muy, pero muy funcional al relato. Las últimas 10 páginas, cuando la historia ya está madura y el conflicto llega a un punto en el que las palabras importan menos, los dibujos copan la parada: Nine dibuja menos cuadros por página y menos cosas en cada cuadro. Las primeras seis páginas de ese tramo son casi inentendibles sin los bloques de texto y en las cuatro últimas, la imagen se hace 100% cargo de la narración y Nine prescinde casi totalmente de los textos para volcar todo en unas viñetas hipnóticas y únicas por su violencia, su sensualidad y su belleza plástica.
En suma, Fantagas es el álbum ideal para que el que todavía no es fan de Nine acceda a su peculiar universo, y para que el que ya es fan termine de enloquecer. Ojalá algún día se publique en libro en nuestro país.