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viernes, 26 de julio de 2024
VENGO EMBALADO
En realidad, el hecho de que tengamos entradas en el blog tres días seguidos es fruto de un montón de casualidades... pero bueno, disfrutémoslas.
Completé The Wretch! Ya había reseñado el Vol.1 (03/09/20) y el Vol.3 (30/09/22) pero me faltaba el Vol.2, que era la figurita difícil. Con un orto inconmensurable lo encontré en una comiquería... ¡de Bélgica! y lo leí muy rápido, porque -como ya vimos en las reseñas de los tomos anteriores- Phil Hester suele optar por una narrativa bastante descomprimida, con una notable proliferación de las secuencias mudas. Lo cual casi es una pena, porque cuando se juega a narrar con bloques de texto más extensos, despliega una prosa realmente cautivante, de alto vuelo, con poco o nada que envidiarle a la de los guionistas más capos en este rubro.
Este tomo incluye ocho historias autoconclusivas de este enigmático personaje (que no habla, y del que no sabemos prácticamente nada) y hay cinco realmente brillantes. La primera, "Rain Babies", está perfectamente escrita y dibujada, con una estructura de dos narraciones en paralelo que a otro autor podría resultarle incómoda. Pero -una vez más- Hester saca a relucir su chapa de narrador infalible y nos regala 13 páginas gloriosas. Por el ritmo, y la gracia que tienen los diálogos y el carisma de los personajes secundarios, también hay que destacar "Devilrock!", escrita por Jason Caskey, 13 páginas a pura diversión y heavy metal satánico. La tercera gema en la corona de Hester es "The Sun", un relato tenso, perturbador, jodido como enema de chimichurri, que juega con las pesadillas de una nena y sus vínculos familiares. Acá hay secuencias que le habría gustado dibujar a Alberto Breccia o a Alex Toth. "Happy Birthday" es la enésima historia de un pacto faustiano, esta vez entre el Diablo y un tipo que cumple 30 años, tiene un trabajo mediocre, una vida aburrida y una hijita con síndrome de Down. Son 19 páginas exquisitas, repletas de emoción. Y tan importante es "Happy Birthday" que, por primera vez en la historia de The Wretch, Hester va a tomar un elemento de esta historia y a darle importancia en una posterior, la magnífica "The Wailing Woman", la más extensa (28 páginas) y probablemente la mejor del tomo. Acá hay otro argumento tremendamente perturbador, más bloques de texto brillantes, más secuencias mudas de altísimo impacto, más momentos emotivos y una resolución a la altura de las colosales expectativas que genera el desarrollo.
Entre el terror, el misterio y los superhéroes, con algún toque de comedia y un clima extraño en el que no desentona ningún tipo de freak, The Wretch deslumbra a cualquiera que se deje seducir por una buena historieta. En el prólogo, Hester no para de nombrar al maestro Bernie Kriegstein como la principal influencia a la hora de plasmar estos relatos... pero yo veo también la sombra de Will Eisner, muy presente en estas páginas. Esta es una de esas rarezas que uno se pregunta por qué carajo no es infinitamente más conocida, cómo no se la considera una Obra Maestra, cómo quedó muy relegada por otras obras del propio Hester que difícilmente sean mejores... Por suerte existen espacios como este, donde uno puede recomendarle a un montón de gente que busque este material, que lo tenga en cuenta, que lo consuma en el soporte que pueda y, si es gente que se dedica a la historieta, que aprenda de estas cátedras que dictó Phil Hester a principios de este milenio, que son realmente magistrales.
Uno de los motivos por los que se acumulan las reseñas es que el Vol.15 de Nosotros Somos los Muertos tiene muy pocas historietas. Max y Pere Joan hicieron público el hecho de que este número era el último y eso hizo que una verdadera horda de autores y autoras quisieran participar. Así es como, a pesar de tener más páginas que los números anteriores, este número se compone básicamente de aportes muy cortitos de decenas de colaboradores, que entregan o bien ilustraciones, o bien historietas de una página. La lista de nombres es demoledora. Están (entre otros) Miguel Gallardo, Samuel Casal, Aleksandar Zograf, Manuel Fontdevila, Miguel Brieva, Juan Berrio, Linhart, Lorenzo Gómez, la dupla Santiago García-Pepo Pérez, Luis Bustos, Javier Olivares, Kati Kovács, Martin Tom Dieck, Lola Lorente, Bartolomé Seguí, Micharmut, Paco Alcázar, Keko, Peter Kuper, Sonia Pulido, y los propios Max y Pere Joan. Pero son todas colaboraciones testimoniales.
Historietas grosas, propiamente dichas, en este último NSLM hay pocas, pero muy buenas. Álex Fito la rompe toda en una historieta de siete páginas del Raspa Kids Club, hay una de dos páginas bastante copada de Tamayo, una de dos páginas absolutamente genial e imprescindible de Pep Brocal, y una de seis páginas del ídolo alemán Hendrik Dorgathen, con un guion que -sin estar a la altura sublime del dibujo- se la banca decorosamente. Si querés más, hay que ir a buscar solidez argumental, consistencia narrativa y virtuosismo literario en historietas de una sola página, resueltas a veces a los santos pedos por dibujantes muy notables, pero que claramente no están preparados para contar algo memorable en un espacio tan reducido. Así es como esta despedida de NSLM funciona casi como un catálogo de dibujante e ilustradores que se lucían en el palo alternativo europeo allá por 2007. Por eso la reseña queda un toque corta, no hay tanto para comentar, más allá del gran nivel de firmas que participan en esta última entrega de la última antología experimental producida en algún país de habla hispana.
Nada más, por hoy. Ni bien tenga más material leído, nos reencontramos con nuevas reseñas, acá en el blog.
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The Wretch
jueves, 25 de julio de 2024
LECTURAS EN CONTINUADO
Hoy tengo para reseñar dos publicaciones que pertenecen a sendas series con las que vengo avanzando duro y parejo.
El Vol.14 de Nosotros Somos los Muertos es el anteúltimo de esta notable antología creada a fines de los ´90 por Pere Joan y Max, y una vez más me dejó estupefacto con el nivel de las ilustraciones que aparecen como complemento a las historietas: ahí encontré trabajos hermosos de Linhart, Keko, Dave Cooper, Jim Woodring, el propio Max y Luci Gutiérrez. No te digo que si las historietas fueran todas chotas, igual está todo pago gracias a las ilustraciones, pero casi.
De todos modos, hay buenas historietas, también. La de Miguel B. Núñez, por ejemplo, que es inquietante y está muy bien narrada. También la de Chris Ware y la de Lorenzo Gómez me resultaron muy interesantes. También esa breve y muy hermosa adaptación de un texto de Fernando Pessoa que realiza Juan Berrio, con una técnica que probablemente sea lápiz sin entintar. Y hay dos gemas: por un lado, la de Kati Kovács, autora italiana realmente genial, cuya existencia desconocía hasta ayer; y por el otro, una nueva historia corta del austríaco Mahler, dibujada así nomás, pero con un guion perfecto, en el que los diálogos y los bloques de texto giran en torno a la relación entre el comic y las supuestas "artes mayores". Son cinco páginas, que deberían ser de lectura obligatoria para cualquiera que decida dedicarse a la historieta.
Y después, como siempre, hay historietas que no me causaron demasiada gracia, o que me llamaron la atención desde la estética pero no me engancharon con las historias (o directamente no entendí qué me estaban tratando de contar). Esta vez van a ese montón los trabajos de Carlo Hart, Paco Alcázar, Kai Pfeiffer, Sonia Pulido, Max, Lola Lorente, Guillem Cifré y hasta el ídolo de ídolos, el inmortal Miguel Gallardo. Sobran las excusas: 1) hay que rematar las historias en pocas páginas, 2) no existen las colaboraciones entre dibujantes y guionistas (en este número, porque no está Santiago García), 3) se supone que es una publicación experimental, donde nadie se pone la gorra para controlar que los guiones tengan sentido... y son todas válidas. Pero, cuando visualmente es todo tan atractivo, uno se ceba mal y pretende que, además, le cuenten historias copadas. No siempre se puede. Veremos con qué me encuentro cuando me sumerja en el último NSLM.
Retomo también la lectura de Dead Dead Demon´s Dededede Destruction, esta extraña serie del maestro Inio Asano, que Ivrea está publicando de manera sumamente espaciada. Me encanta. Me cerró totalmente la forma en que Asano arranca para un lado y después clava la finta y sigue para el otro, desparramando rivales al mejor estilo Messi. En este tomo, el tema de los invasores ya no es un condimento medio bizarro para un slice of life de pibitas del secundario. Ahora es el tema excluyente de la serie: todo pasa por estos seres extraños, sus naves, la posibilidad de que emitan una radiación, la violencia con la que se los combate, los planes del gobierno japonés para eliminarlos, la reacción de la sociedad frente a estas políticas... De a poquito, casi de keruza, DDDDD se convirtió en un manga sociopolítico, donde es importante lo que le pasa a Kadode y Ontan, pero claramente el foco está puesto en otro lugar.
Asano pone sobre la mesa temas recontra-picantes en el mundo actual, como el problema de la inmigración, la pandemia de post-verdad, la manipulación de la opinión pública por parte de los poderosos... y sobre todo nos invita a preguntarnos ¿qué hacemos con el distinto? ¿Coexistimos con él, o aprovechamos su otredad para justificar un nuevo genocidio? A esta altura de la serie, DDDDD se trata de eso. Tiene comedia, tiene momentos muy graciosos (potenciados por la excelente traducción de Manuel Mercado), y además tiene el raro equilibrio que le permite al autor combinar una trama muy densa, donde todo el tiempo vemos muertes escabrosas como si fuera algo normal, con un clima en el que los chistes pelotudos no desentonan en lo más mínimo.
Ese contraste entre momentos cómicos y momentos trágicos se suma al otro contraste, el que nos propone Asano desde el dibujo, donde vemos fondos absolutamente realistas (claramente basados en fotografías) habitados por personajes muy caricaturescos, sin la menor pretensión de realismo. Esto ya es una marca registrada del autor, y en DDDDD cobra mucha fuerza, entre otras cosas porque está muy bien hecho. En general, todo el aspecto visual de este manga es fascinante, por su dinamismo, la gran variedad de ideas que despliega Asano para la puesta en página, la versatilidad en el trazo, la expresividad de los personajes, el riesgo a la hora de deformar algunas cosas y mantener muy verosímiles otras... Sin dudas la magia de Asano sigue intacta y su talento para ponerle onda y corazón a cualquier tipo de historias también. Tengo en el pilón de los pendientes el Vol.6, al que seguro le entraré el mes que viene.
Nada más, por hoy. Gracias a tod@s l@s que ya se descargaron el nº9 de Comiqueando Digital en la tienda virtual y nos comentan cosas lindas sobre ese numerazo al que tanto huevo le pusimos. Ya estamos trabajando en el nº10.
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Nosotros Somos los Muertos
martes, 16 de julio de 2024
PRIMAVERITA EN INVIERNO
Hoy tuvimos una mañana y una tarde preciosas en el invierno de Buenos Aires, y ahora toca dedicarle un rato a las reseñas.
Finalmente, el número de Nosotros Somos los Muertos que tenía sin leer era el Vol.11. Bueno, ya lo leí, y no quedó entre lo más notable de esta mítica antología creada por Max y Pere Joan.
La tapa, la contratapa y varias ilustraciones interiores están a cargo del increíble Gary Baseman, una referencia ineludible a la hora de pensar en la vertiente más pictórica y más limada de Liniers. Y también hay magníficas ilustraciones de Álex Fito, Arnal Ballester, Samuel Casal... por supuesto son todos monstruos a los que me gustaría ver dibujando historietas, pero bueno... esta es una antología donde los límites entre lo narrativo y lo meramente ilustrativo no están tan marcados.
Historietas copadas para destacar: la paginita de Tamayo, las dos historias mudas (una más genial que la otra) del alemán Nicolas Mahler, la de Chris Ware, ponele que la de Miguel B. Núñez... y después el resto son grandes dibujantes contando cosas muy crípticas, o directamente con nada para contar. Dentro de ese paquete, sin dudas Keko saca mucha ventaja, con una historieta muy rara, pero muy atractiva, que no sé si entendí o no, pero seguro que me conmovió. Otra bestia es Matti Hagelberg, que pone su línea muy atractiva al servicio de cuatro historias, una "principal" y tres más chiquitas que pasan por abajo de la principal en forma de tiras... A nivel secuencial es un experimento que no me terminó de cerrar, pero las ideas son buenas, los diálogos son cómicos y el dibujo (como ya dije) me gustó mucho.
El resto de las historietas quedó en el intento (perdón Paco Alcázar, Guillem Cifré, Juan Berrio, Javier Olivares... los quiero mucho, pero así no) y lo más loco y a la vez lo más notable de este número es una sección llamada "Cómo Dibujar Cómo Alternativo", la parodia de un fascículo tutorial, realizada de manera colectiva por un montón de autores que aportan textos, viñetas y pequeñas historietas muy cómicas. Esto es una joda al propio medio en el que se desenvolvía NSLM, una mirada irónica a la poca bola que se le da a la historieta experimental, al contraste entre prestigio y éxito comercial, etc.. En este contexto desopilante, brillan la historieta de Carlo Hart y las colaboraciones (chiquitas pero despiadadas) de Albert Monteys y Javier Olivares. Y obviamente la ilustración de Max que encabeza el "suplemento". No mucho más. Me quedan sin leer los dos últimos números de NSLM, así que antes de fin de mes se termina esta experiencia (por lo menos hasta que consiga el Vol.9, que es el que me falta).
Vuelvo a Japón, pero en realidad nos vamos a Francia, a seguir recorriendo junto a Shin´ichi Sakamoto la previa a la Revolución Francesa en el Vol.7 de Innocent. Este es un tomo de transición, en el que no pasan tantas cosas. Más de la mitad está ocupada por una anécdota (menor en el contexto global de la serie) que le permite a Sakamoto indagar un poco más en el vínculo entre la familia de verdugos y los nobles del palacio de Versailles, establecer un poco mejor al personaje de Luis Augusto y enfatizar de todas las maneras posibles que Charles-Henri, a pesar de ser el encargado de decapitar criminales, es un ser de luz, un pibe divino, copado, más bueno que Lassie, que solo quiere que se terminen el horror de las torturas y las ejecuciones. Y que encima, con los años, se volvió menos pusilánime y más corajudo para cantarle las 40 a esos aristócratas perversos (en todos los sentidos) que se creen los dueños del mundo. Todo eso en más de 100 páginas, que podrían haber sido 24, pero bueno, el ritmo narrativo de Innocent es así: de cada boludez se hace una bola de tensión, una escalada de conflictos que involucra emociones, miradas cruzadas, reacciones, especulaciones... y finalmente llega una resolución que está muy bien.
El resto del tomo es básicamente la presentación de un nuevo personaje que va a cobrar protagonismo en los tomos que quedan (que no son tantos): la historia salta unos años para adelante, al momento en que se viene desde Austria nada menos que Marie Antoniette, una joven por ahora muy inocente, destinada a ser la esposa de Luis Augusto. Sakamoto dedica unas cuantas páginas a presentarnos a la futura reina, su pasado, su "secret origin" hasta llegar a ser la designada por su familia para casarse con el futuro rey de Francia y es otro segmento largo pero muy disfrutable de este apasionante manga. Para el final, un sacudón fuerte, potencialmente decisivo: nos enteramos de quién está realmente enamorado Luis Augusto. No, no es de la princesa de Austria. Che, ¿y Marie-Joséphe, qué onda? La hermana de Charles-Henri parece poco en este tomo, pero Sakamoto la hace crecer muchísimo, y no solo porque pasan varios años. Sin dudas es el personaje que más gana en complejidad, el que más tridimensional resulta con el correr de los tomos. Es totalmente lógico que la secuela de Innocent tenga a Marie-Joséphe como protagonista indiscutida.
Como ya es costumbre, empapé de baba varias páginas del tomito por culpa de los dibujos de Sakamoto y su equipo de colaboradores, genios totales en esto de ponerle vuelo, poesía y belleza a una historia cada vez más sórdida de romances a contramano, intriga palaciega, dilemas morales espesos y la constante presencia de esa tensión asfixiante entre los lujos y los privilegios de un puñado de nobles y la gran masa del pueblo postergada, sometida y cagada de hambre. Cada vez falta menos para que esos parias andrajosos den vuelta la tortilla y sin dudas, es parte de lo que me mantiene totalmente enganchado (adicto, casi) a este manga que no deja de sorprenderme, incluso en sus tomos de pre-temporada.
Gracias totales a l@s que ya se descargaron la nueva Comiqueando Digital, si todavía no lo hiciste, date una vuelta por https://comiqueandoshop.blogspot.com/ que no te vas a arrepentir, y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
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Shin´ichi Sakamoto
miércoles, 10 de julio de 2024
NOCHE DE MIÉRCOLES
Terminó el partido y me queda un rato para reseñar los últimos comics que leí.
Empiezo en España, año 2006, con el Vol.12 de Nosotros Somos los Muertos (me acabo de dar cuenta de que no comenté el 9, que también lo tengo por ahí). Gran entrega de esta antología, con dos puntos altísimos, que son las dos historietas escritas por Santiago García: en una de ellas recrea la onda de los Big Books de Paradox, junto a un Javier Olivares inspiradísimo. Y en la otra, la rompe toda con un relato áspero, con altas dosis de mala leche y una profundidad difícil de alcanzar en cinco páginas. Dibuja con muchas pilas Pepo Pérez, ya en un estilo más similar al que vamos a ver en El Vecino, la obra más relevante de esta gran dupla.
Después tenemos un muy buen trabajo de Miguel B. Núñez, cuatro páginas inquietantes y muy bien dibujadas por Alberto Vázquez (en una onda Lorenzo Mattotti), rarezas de gente que pela estilos visualmente muy atractivos pero que no tiene nada para contar ni recursos narrativos para hacerlo, una fumanchereada exquista de Pere Joan, con unos dibujos preciosos en medio de un experimento narrativo muy extraño, una historieta dibujada como los dioses por Max Andersson cuyo argumento no entendí, y tres de los que están siempre: Keko, Paco Alcázar y Miguel Brieva en historias conceptualmente muy locas y con hermosos dibujos, pero cuyos guiones no me cerraron.
Y después todas esas ilustraciones maravillosas, de monstruos como Arnal Ballester, el brazuca Samuel Casal y el ídolo Santiago Sequeiros, entre otros. Ah, y dos paginitas de una muy linda historieta de Chris Ware que no conocía y está muy bien. No es todo bueno (hay un par de historietas en las que no logro rescatar ni los guiones ni los dibujos) pero, de nuevo, el paquete global me resulta satisfactorio, siempre dentro de los parámetros de una antología con impronta 100% autoral, y dentro de ese palo (ya de por sí minoritario) jugada también a lo experimental. Tengo más Nosotros Somos los Muertos en el pilón de los pendientes.
Llegué al Vol.10 de 20th Century Boys, del maestro Naoki Urasawa, y si no me equivoco, el próximo tomo es el último de la serie. Para esta altura, el verosímil de la saga ya está bastante cascoteado por la acumulación de elementos bizarros, algunos sumamente innecesarios, que el autor fue añadiendo a la trama, y no te digo que puede pasar cualquier cosa, pero casi. Ya las revelaciones shockeantes no shockean como en los primeros tomos, porque Urasawa ya pegó muchos volantazos que deshicieron o resignificaron otras revelaciones que en su momento resultaron impactantes. Lo bueno es que, al estar tan cerca del final, hay menos chances de que los personajes que mueren en este tomo regresen mediante algún artilugio argumental en el próximo.
Miro para atrás y hay tantas, pero tantas secuencias que podrían omitirse, tanto relleno, tantas vueltas al pedo, que los 11 tomos podrían sintetizarse tranquilamente en cuatro. Pero bueno, a Urasawa le gusta narrar así, descomprimido, con mucho espacio para desarrollar situaciones y personajes, incluso cuando su peso en la trama va a ser ínfimo. Este tomo en particular tiene toda una primera parte bastante extensa centrada en Kenji (rodeado de un montón de personajes nuevos, también con bastante desarrollo y poco peso en la trama), y después sí, nos vamos a reencontrar con el abultado elenco protagónico al que acompañamos desde el principio. Quiero creer que en el Vol.11 vamos a ver el encuentro entre Kenji y Otcho, Maruo, Yukiji, Yoshitsune y el resto. Pero por ahora son carriles separados, incluso narrados en distinto tono por Urasawa. Me gusta el protagonismo que cobró Kanna, pero cosas como que el villano con el que van a confrontar en el tramo final no sea el Amigo original sino uno que lo suplanta, me parecen pedorradas fruto del afán del autor por estirar una serie que tendría que haber durado mucho menos.
El dibujo, felizmente, no baja nunca de ese nivel sublime. Hay secuencias en las que predominan demasiado los primeros planos, lo cual está bien cuando hay muchos personajes nuevos, a los que está bueno que el lector vea "de cerca" para identificarlos mejor. Pero cuando los personajes son los de siempre, tanto primer plano cansa un poco, más allá de la excelencia de Urasawa a la hora de dibujar expresiones faciales.
Y ya no hay mucho más margen para la especulación. Pronto voy a leer el Vol.11 y me voy a enterar quién gana, quién pierde, quién muere, quién zafa, quién traiciona... y seguro me voy a ir con la sensación de que esto, narrado en menos páginas, causaría un impacto muchísimo mayor. Este tomo tiene muchos momentos decisivos, de los que supuestamente no se puede dar marcha atrás, pero con Urasawa nunca se sabe. El tipo te puede clavar la gambeta y sacar el centro en una misma baldosa, y el más mínimo margen (las últimas 400 páginas) pueden ser suficientes para que toda la historia pegue otro giro imprevisto que se sume a los cientos de amagues que nos comimos hasta ahora. Por suerte el carisma de los personajes y la calidad del dibujo sostiene un andamiaje al que, a nivel argumental, ya se le notan mucho las costuras y los parches.
Y nada más, por hoy. Gracias a todos los que se descargaron la nueva Comiqueando Digital (el glorioso Especial Década del ´70) en https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y a los que todavía no lo hicieron, les recomiendo de corazón que lo hagan, porque está bárbara. Nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.
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Naoki Urasawa,
Nosotros Somos los Muertos
viernes, 5 de julio de 2024
HORA DE RETOMAR
Bueno, ya está disponible el nuevo número de la Comiqueando Digital, así que estoy recuperando algo así como una vida. No puedo evitar recomendarles que entren a https://comiqueandoshop.blogspot.com/ a descargarlo, porque 1) realmente los contenidos que ofrece son de primerísimo nivel y 2) por esa guita nadie les va a dar nada mejor. Estamos MUY orgullosos del que probablemente sea (hasta la fecha) el mejor número de la mejor iteración de Comiqueando.
Vamos a las lecturas, que por ahora no son muchas. Sigo adelante con Nosotros Somos los Muertos, la antología de historieta alternativa y experimental que se publicó en España durante unos cuantos años. En el Vol.12 me encuentro con un solo colaborador de nuestro continente, nada menos que el mítico Chris Ware, con una historieta preciosa, a todo color. El resto, es todo material de autores europeos, algunos ya emblemáticos de esta revista.
Me causó mucha gracia la paginita de Tamayo, me enganchó muchísimo la historieta de Keko (dibujada a un nivel sublime), me encantó el dibujo de Markus Huber (no tanto el guion que le tocó, obra de Fréderic Debony) y estallé de risa con la historieta de Carlo H.. Al rubro de la gente que estéticamente la rompe toda pero cuenta cosas que no me terminan de interpelar tengo que sumar a Lola Lorente, Arnal Ballester, Ricard Chiang y Jens Harder. Entiendo que la mayoría de los lectores entraban a NSLM por los dibujos, pero con 12 números ya en la calle y una cantidad de historietas bestial a cuestas, me parece que ya había una base sobre la cual parar un poco la pelota y exigir un poco más en materia de guiones.
El epítome de esto es Paco Alcázar, un autor que cuando leo sus historias en joda en El Jueves siempre me seduce, y acá, donde se nota que le pone mucho más al dibujo (por momentos tira magias dignas de Charles Burns), ofrece argumentos que nunca me terminan de cerrar. Esta vez tenemos una historieta realmente excelente de Lorenzo Gómez, una gema exquisita de Miguel Brieva, un muy lindo trabajo de Álex Fito, cuatro páginas logradísimas de Santiago García y Pepo Pérez y completa Miguel B. Núñez, con una historieta dibujada como los dioses, pero a la que le falta algunos ajustes en el guion. Y como siempre, muchas páginas dedicadas a las ilustraciones de gente muy capa, a la que (en la mayoría de los casos) me gustaría verla hacer historietas.
Por suerte el material que me gustó ocupa unas cuantas páginas dentro de la antología, y el resto por lo menos tiene un atractivo visual. No me encontré con nada que me pareciera una falta de respeto, o una tirada a chantas por parte de Max y Pere Joan, los directores de NSLM. Tengo algunos números más en la pila de los pendientes, a los que les quiero entrar pronto.
Después de esperar varios años un nuevo álbum de Dora, llegó La Ciudad Muda, una historia ambientada en 1965, por supuesto escrita y dibujada por Ignacio Minaverry y publicada en nuestro país casi en simultáneo con Francia. Me devoré en poquísimos minutos las 128 páginas del libro, que se pueden resumir en dos frases: 1) Dora está muy manija con el tema de las secuelas del holocausto nazi y no puede parar de encontrar vestigios del horror sucedido 20 años atrás porque ya hasta las ciudades "le hablan" y le tiran data acerca de campos de concentración, ghettos y demás atrocidades, y 2) Genevieve, su novia, ya está medio hinchada las pelotas de la obsesión de Dora y está pensando en mandarla a freir churros.
¿En serio esperé años y leí 128 páginas para llevarme tan poquito? Sí y no. Es verdad que a nivel del argumento y del desarrollo de personajes, La Ciudad Muda no ofrece nada más que lo que acabo de sintetizar. Y a la vez, me resultó sumamente atractiva la forma en que Minaverry narra lo poquito que tiene para narrar. O sea, la posta no es el qué, sino el cómo.
La Ciudad Muda es un relato de un nivel de decompresión apabullante, rico en silencios y dibujado por un Minaverry en estado de gracia. La evolución del dibujo es tan notable, y alcanza picos tan altos, que ya querés que Minaverry busque los guiones de los primeros álbumes de Dora y los redibuje con la calidad de este último. Si creías que nadie le podía hacer sombra a Jaime Hernández a la hora de dibujar minitas hermosas que se vean y se muevan como las del mundo real, bueno... la sombra que proyecta hoy Minaverry es de un tamaño colosal. Y encima (a diferencia de Jaime, que se aferra a una puesta en página muy conservadora), Ignacio pone sobre la página una cantidad de recursos narrativos infernal, con grillas muy diversas, que acentúan momentos en los que el guion sube su intensidad para mostrarnos escenas de acción, garches, sueños, percepciones alteradas por fumar porquerías ("cigarrillos de droga", como decía mi abuela). El trabajo en la reconstrucción de la época es brillante, la aplicación de las tramas es magistral, las expresiones faciales son perfectas... De verdad, esto no puede estar mejor dibujado.
Ojalá no coincidan este momento en el que el dibujo de Minaverry llegó a esta cima tan zarpada con un momento en el que se quedó sin nada para contar. Quiero creer que La Ciudad Muda es un largo prólogo a otra cosa, y que en la próxima entrega vamos a retomar la senda de la intriga política, o alguna otra que le permita al autor salir un poquito de la intimidad de Dora y su novia para encarar historias más ambiciosas. No pretendo un thriller, ni una de James Bond, pero sí un argumento un poco más complejo, que no se quede en la mera exploración de un vínculo afectivo. Veremos si eso sucede, y cuánto falta para que lo podamos leer.
Mientras tanto, tengo un abultado pilón de lecturas pendientes para tratar de bajar, y ahora que recuperé el cuasi-olvidado concepto de "tiempo libre" prometo ponerle huevos. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas, acá en el blog.
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Nosotros Somos los Muertos
lunes, 24 de junio de 2024
ESPAÑOLES Y EXPERIMENTALES
Freno un ratito la maquinaria de producción de la Comiqueando Digital para reseñar algunos libros que leí en estos últimos días. Hoy, tres publicaciones originadas en España.
Le entré al Vol.10 de Nosotros Somos los Muertos, la inclasificable antología de historieta de autor creada por Max y Pere Joan, y me encontré con un número que -a diferencia del que vimos el otro día- no tiene colaboraciones de autores de EEUU. Eso es, claramente, un punto a favor, porque no me tuve que fumar 40 ó 45 páginas de material que ya había leído en inglés.
Esta vez, lo que me pasó es que encontré menos guiones convincentes. Destaco muy encima de la media al de Miguel Brieva (que además acá se juega a narrar más y a ilustrar menos), y la colaboración entre Santiago García y Pepo Pérez (los autores de El Héroe), en una historia chiquita y efectiva, un golpe al corazón con un gran equilibrio entre sensibilidad, mala leche y sorpresa. En el rubro guion, el trabajo que nos trae Keko en este número es muy superior al del anterior. Y en esa búsqueda de formas nuevas y atípicas de narrar, el glorioso Manel Fontdevila experimenta con una historieta sostenida en un 99% por los diálogos, con magníficos resultados. El dibujo de Manel siempre es sobresaliente, pero acá el tipo parece decirte "no importa el dibujo, no importa la puesta en página, prestale atención a los diálogos y vas a flashear".
¿Qué más hay) Gabi Beltrán, precioso dibujos para una historia que no me atrapó. Jens Harder, un guion demasiado limado, con dibujos aceptables. Miguel B. Núñez, capo en la narrativa, esta vez con un guion no choto, pero por debajo de la maravilla que nos ofreció la vez pasada. Lorenzo Gómez, alto ladri que visualmente le afana TODO a Dupuy y Berberian (y a Andi Watson) nos regala una historieta cortita, linda, entretenida. Sonia Pulido tiene un trazo increíble, una técnica genial, pero muy poco para contar. Javier Olivares aporta dos paginitas que ya vimos en otro libro. Linhart aporta una historia corta de su gran serie El Otro Lado (vimos el tomo completo el 19/01/17), Luis Bustos sorprende con su versatilidad, en un estilo que no asociaba para nada con él, pero que funciona muy bien. Lo de Óscar Julve es un ejercicio de narrativa que no me terminó de cerrar. Una vez más, Paco Alcázar trae un guion que me entusiasma mucho menos que sus dibujos. Y el resto son más que nada ilustraciones, algunas de monstruos como Thomas Ott o Arnal Ballester. No está mal, pero -con esos mismos autores- podría ser mucho mejor.
También en 2004 sale en España un librito de J.M. Ken Niimura titulado En el Camino de la Madeja. Son apenas 28 páginas de historieta, cada una con dos viñetas mudas, con lo cual se lee rapidísimo. Un comic de 56 viñetas se podría haber organizado tranquilamente en siete páginas de ocho viñetas, en una antología de tamaño grande como era NSLM. Alguien se encaprichó para que ese relato fuera un libro en sí mismo y no una colaboración de Niimura en una antología.
Lo importante es que se trata de un relato bellísimo, donde vemos al autor tirar poesía como nunca antes y nunca después. En un estilo totalmente distinto al de sus otras obras conocidas, Niimura trabaja con una enorme variedad de técnicas, desde el lápiz pelado hasta el cross-hatching, varía el grosor de la línea, sorprende con las texruras (por momentos me hizo acordar a los trabajos más locos de Pablo Burman), con los enfoques... y todo eso sin modificar nunca el tamaño o la forma de las viñetas. Es una historieta que te hace sentir cosas más parecidas a la música que a la literatura, y no se puede hablar mucho más de ella sin decir pelotudeces porque, como ya expliqué, son apenas 56 viñetas. Memorables cada una de ellas.
A principios de este año, y en simultáneo con España, Loco Rabia publicó en Argentina el nuevo trabajo de Francisco Torres Linhart (a quien vimos recién en NSLM): una novela gráfica titulada Röd i Snön (otro día hablamos de qué sentido tiene ponerle a un comic un título que los lectores no podemos pronunciar ni mucho menos memorizar). Esto no es exactamente experimental, pero tampoco es una historieta clásica, o del montón. Linhart nos lleva a un pueblito de Suecia, pasando la Loma del Orto, a donde llega un implacable inspector de seguros para tratar de dilucidar qué sucedió con uno de sus asegurados, que aparece muerto en misteriosas circunstancias. El inspector Arne Gunnarsson no es un hombre normal (tiene la psiquis fracturada), el pueblo no es un pueblo normal, la gente con la que tiene que interactuar tampoco... y sin embargo, después de 230 páginas narradas a un ritmo exasperantemente lento, la resolución es una que ya vimos en unos cuantos casos de intriga "policial".
Lo mejor que tiene Röd i Snön es cómo poco a poco se enrarece el clima, en una onda Twin Peaks, pero nórdica. Y cómo Linhart hace que el relato transite por distintos ritmos y atmósferas, sin romper nunca la grilla de seis cuadritos iguales por página. Después, si le pasás el peine fino, vas a encontrar que sobran páginas y páginas dedicadas a diálogos, flashbacks y demás secuencias que no tienen ningún peso en la trama. Esto mismo se podría haber narrado con 100 páginas menos, como mínimo. Pero es un thriller, entonces pasan cosas impactantes, o por lo menos retorcidas, como para que no quieras soltar el librito y dedicarte a otra cosa.
El dibujo de Linhart es excelente. Predomina una estética mezcla entre Chris Ware y Lucas Varela (incluso con el truco "vareliano" de acotar intencionalmente la paleta de colores, en este caso llevado prácticamente a un extremo), más algún que otro personaje más bizarro que parece de Charles Burns. Hay maestría en las composiciones, en el armado de las secuencias (incluso en las que están de relleno) y en la forma de meterse en la cabeza del lector y manipularlo para que sienta lo que el autor quiere que sienta: alienación, morbo, frío, tedio, furia, sorpresa, extrañeza... Repito que pegaría más fuerte y sería mejor con una extensión menor, pero así como está, Röd i Snön es una historieta atractiva, original y bastante satisfactoria.
Nada más, por hoy. Ni bien pueda, retomo las lecturas, así no falta material para reseñar acá en el blog.
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sábado, 15 de junio de 2024
SÁBADO A LA NOCHE
Bueno, acá estamos de nuevo con dos reseñas cortitas.
Prometí más antologías de comic alternativo y/o vanguardista y acá tengo para reseñar el Vol.8 de Nosotros Somos los Muertos, el que marcó en 2003 el regreso de este proyecto creado por Pere Joan y Max, ahora en el formato de álbum europeo. Conseguí todos los números que me faltaban para completar NSLM excepto uno, pero no sé si los voy a reseñar uno por uno, para no aburrir. Básicamente, a esta entrega le encuentro un problema (menor, pero problema al fin) que es que ofrece un montón de páginas de autores norteamericanos, con historietas que o ya leí en publicaciones de EEUU o Canadá, o no leí, pero prefiero tenerlas en inglés. Fuera de eso, la selección de material de España y el resto de los países europeos está bastante bien.
Descolla Miguel Brieva, con material que pertenece a su magistral serie Dinero, se luce Miguel B. Núñez con una historieta de apenas cuatro páginas demasiado buena para ser real, Paco Alcázar se dibuja todo pero la idea que desarrolla no me pareció ni tan graciosa ni tan original, me gustó muchísimo el estilo de Helge Reumann (autor alemán al que no conocía) y no me interesó para nada lo de Craig Au Yeung. Gabi Beltrán propone un ejercicio narrativo muy copado, apoyado en un dibujo simple y lindo. Darío Adanti (argento, pero radicado hace tanto tiempo en la Madre Patria, que ya lo consideramos también español) nos ofrece cuatro páginas muy raras con su personaje Cabeza de Tostadora, con ideas bizarras y unos dibujos maravillosos, y algo parecido pasa con el maestro Keko, que la rompe con los dibujos, que plantea un ritmo narrativo muy atrapante, pero que cuenta algo tan extraño, tan críptico, que no lo terminé de disfrutar.
También hay varias páginas dedicadas a trabajos de ilustradores (no me siento capacitado para opinar al respecto) y esas historietas de Dave Coooper y Kaz traducidas de revistas de Fantagraphics o Drawn & Quarterly que mencionaba al principio. Cooper se come 30 de las 100 páginas que tiene la antología, lo cual me parece un toque excesivo, sobre todo porque ya conocía ese material y no me dio para leerlo de nuevo, ahora en castellano. Veremos si en los otros números encuentro algo que me diga "ah, bueno, esto se merece sí o sí una reseña en el blog", o si simplemente los leo y los guardo, como cuando consigo algún número que me falta de El Víbora o Cimoc.
Salto a EEUU, año 2018, para zambullirme en el Vol.4 de Paper Girls (vimos el Vol.3 el 05/01/23). No quiero repetir gansadas que ya dije, sobre todo del trabajo de Cliff Chiang, así que esta vez subrayo su gran talento para diseñar personajes. En este tomo se incorporan varios al elenco (algunos duran poquito), y todos tienen diseños muy cancheros, muy originales, con una onda increíble.
Acá estamos en el corazón de la aventura, un pasaje de la serie en el que todo el tiempo se combinan sucesos espectaculares y revelaciones impactantes. Por algún motivo, Brian K. Vaughan se siente en la obligación de inventar explicaciones racionales para todo lo que sucede: viajes en el tiempo, desplazamientos entre distintas líneas temporales, aparición de mechas gigantes que se machacan entre ellos... todas cosas que podrían simplemente contribuir a la sensación de maravilla y de bolonki fuera de control, si no fuera porque el guionista dedica bastante espacio a explicarlas. La verdad, no sé si hacía falta. Y los diálogos en los que algunos personajes les explican a otros toda esta trama de guerra temporal quedan muy opacados frente a los otros diálogos, los que tienen que ver con charlas más naturales entre las chicas protagonistas, o con las reacciones espontáneas que generan en ellas las cosas impredecibles con las que les toca encontrarse en cada etapa de la epopeya.
Lo mejor que tiene el guion de Paper Girls es ese contraste permanente entre sucesos MUY zarpados, que vienen de la mejor tradición de la literatura fantástica, y esa onda MUY natural, muy real, de personajes 100% humanos y creíbles, capaces de entablar vínculos copados (y también muy reales) en medio de este despelote cósmico. Por momentos me transmite sensaciones similares a las de El Eternauta, por esto de los personajes muy humanos, enroscados en una aventura extrema que invade sus vidas cotidianas y las da vuelta como un guante. Pero después hago memoria, y recuerdo que a las... 50, 60 páginas, Juan Salvo y sus compañeros ya actúan como un comando militar, y hablan como personajes acartonados, duros, como los de cualquier historieta de aventuras de aquella época. Acá las chicas de Vaughan y Chiang no pierden nunca la frescura, la chispa, la capacidad de sorpresa... incluso cuando se ven envueltas en situaciones muy jodidas, que sacan a la luz un costado más oscuro y más violento, que uno no asocia con pibitas de 12 años.
Espero conseguir pronto y a buen precio los dos tomos que me faltan para completar Paper Girls (acepto donaciones), así me entero cómo termina esta cautivante trama y me babeo un poco más con los hermosos dibujos de Cliff Chiang.
Nada más, por hoy. Muchas gracias por leer y nos reencontramos ni bien tenga más libritos para reseñar acá en el blog.
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miércoles, 4 de diciembre de 2013
04/ 12: NOSOTROS SOMOS LOS MUERTOS Vol.6/7
Esta es la antología española que, en la segunda mitad de los ´90, intentó mantener a flote la historieta de autor, para la cual -de pronto- quedaban pocos espacios en las grandes editoriales de la península. Nosotros Somos los Muertos tuvo una impronta similar a la de El Lápiz Japonés, pero mucho más centrada en la historieta, sin delirar por el lado de la ilustración, el diseño y los artículos periodísticos. Fue vidriera para grandes autores extranjeros poco conocidos en España, fue refugio para grandes autores que ya no tenían cabida en El Víbora o en las revistas de Norma, y fue un espacio de reconocimiento, de prestigio, para autores jóvenes que estaban haciendo las cosas bien en su militancia underground. Veamos qué ofrecía este tomo doble, editado a mediados de 2000.
El maestro Martí impacta con una historia escabrosa, en la que la bajada de línea se afana el protagonismo y los dibujos acompañan a la perfección. Son seis paginitas, nomás, pero pegan fuerte. El alemán Max Andersson, en cambio, tiene 15 páginas (que parecen más, porque todas tienen más de 10 viñetas) para desarrollar la bizarra historia de Morti, con sacudones imprevisibles, humor negro y un manejo alucinante del claroscuro.
La de José Luis Ágreda está tan bien dibujada que poco importa la banalidad del argumento, un chiste largo apenas ingenioso. El dibujo, una verdadera maravilla de la línea clara. Con una estética radicalmente contraria a la línea clara, Aleksandar Zograf se juega a bajar línea con una historia triste que al final... resulta ser un sueño. Descalificado.
Alex Fito la rompe (como siempre) en una historieta sin textos, que por ahí se veía mejor a color, pero igual está muy bien. David B aporta una historia bastante extensa (30 páginas), muy bien dibujada. El guión no lo leí, porque tengo esa historia en un libro de historia cortas del ídolo, que voy a leer dentro de no muchas semanas.
Javier Olivares (lo vimos hace poco, con su adaptación de Jeckyll & Hyde) manda cuatro paginitas con unos dibujos gloriosos y un guión que no va a ningún lado. Las alemanas Katrin De Vries y Anke Feuchtenberger me aburrieron con una historieta pretenciosa, con un dibujo raro (no malo) y cero narrativa. Tamayo, otro impresentable, cuyas dos páginas no sirven ni para envolver las papas.
Por primera vez en la historia de esta antología, nos encontramos con una historieta a todo color, las 13 páginas de Spore, a cargo de otro alemán, el sorprendente y exquisito Hendrik Dorgathen (el de Space Dog). El dibujo es fastuoso y el guión al principio se pasa de críptico y con el correr de las viñetas cobra un sentido grosso e impactante. Lo del maestro Max, cortito e intrascendente, y siempre maravillosamente dibujado.
Laura (vimos una obra suya allá por el 10/04/10) copia fotos de una revista porno para contar una no-historia hot pero hueca. El gran Manel Fontdevila la rompe en un muy lindo unitario de seis páginas. Nuestro Sergio Langer aporta dibujos sueltos, sin chistes ni relatos. Lo mejor del tomo llega cuando Carlos Portela y Kohell nos cuentan la cautivante F-356, una historia perfecta, 12 páginas inolvidables. Y al toque vienen 6 páginas de un unitario de Pau, que también está muy bien.
Otro para tirar abajo de un bondi es El Persa (que adapta de modo frutihortícola un cuento de Borges). La de Pere Joan está bien, pero se podría haber contado lo mismo en mucho menos de 18 páginas. Y las 6 paginitas de David Mazzucchelli entran en el grupo de “excelentes dibujos con guiones chotos o intrascendentes”.
Entre las historietas largas, tenemos historietas de una sóla página en clave de humor firmadas por Darío Adanti y Miguel B. Núñez, dos grossos, cada uno en su estilo. Y después, textos, alguna ilustración y dibujitos perdidos, que no aportan demasiado.
El balance es positivo, sobre todo si pensamos qué otras cosas había en 2000 en las bateas de las comiquerías españolas. NSLM es un producto típico de ese período de transición, en el que el comic abandona los kioscos para refugiarse en las librerías e integrarse cada vez más al circuito de la literatura. Y hoy que está tan de moda la “novela gráfica” (la historieta larga, bah), no está mal encontrarse con grandes autores pelando historietas breves, sobre todo cuando hay cinco o seis realmente excelentes.
El maestro Martí impacta con una historia escabrosa, en la que la bajada de línea se afana el protagonismo y los dibujos acompañan a la perfección. Son seis paginitas, nomás, pero pegan fuerte. El alemán Max Andersson, en cambio, tiene 15 páginas (que parecen más, porque todas tienen más de 10 viñetas) para desarrollar la bizarra historia de Morti, con sacudones imprevisibles, humor negro y un manejo alucinante del claroscuro.
La de José Luis Ágreda está tan bien dibujada que poco importa la banalidad del argumento, un chiste largo apenas ingenioso. El dibujo, una verdadera maravilla de la línea clara. Con una estética radicalmente contraria a la línea clara, Aleksandar Zograf se juega a bajar línea con una historia triste que al final... resulta ser un sueño. Descalificado.
Alex Fito la rompe (como siempre) en una historieta sin textos, que por ahí se veía mejor a color, pero igual está muy bien. David B aporta una historia bastante extensa (30 páginas), muy bien dibujada. El guión no lo leí, porque tengo esa historia en un libro de historia cortas del ídolo, que voy a leer dentro de no muchas semanas.
Javier Olivares (lo vimos hace poco, con su adaptación de Jeckyll & Hyde) manda cuatro paginitas con unos dibujos gloriosos y un guión que no va a ningún lado. Las alemanas Katrin De Vries y Anke Feuchtenberger me aburrieron con una historieta pretenciosa, con un dibujo raro (no malo) y cero narrativa. Tamayo, otro impresentable, cuyas dos páginas no sirven ni para envolver las papas.
Por primera vez en la historia de esta antología, nos encontramos con una historieta a todo color, las 13 páginas de Spore, a cargo de otro alemán, el sorprendente y exquisito Hendrik Dorgathen (el de Space Dog). El dibujo es fastuoso y el guión al principio se pasa de críptico y con el correr de las viñetas cobra un sentido grosso e impactante. Lo del maestro Max, cortito e intrascendente, y siempre maravillosamente dibujado.
Laura (vimos una obra suya allá por el 10/04/10) copia fotos de una revista porno para contar una no-historia hot pero hueca. El gran Manel Fontdevila la rompe en un muy lindo unitario de seis páginas. Nuestro Sergio Langer aporta dibujos sueltos, sin chistes ni relatos. Lo mejor del tomo llega cuando Carlos Portela y Kohell nos cuentan la cautivante F-356, una historia perfecta, 12 páginas inolvidables. Y al toque vienen 6 páginas de un unitario de Pau, que también está muy bien.
Otro para tirar abajo de un bondi es El Persa (que adapta de modo frutihortícola un cuento de Borges). La de Pere Joan está bien, pero se podría haber contado lo mismo en mucho menos de 18 páginas. Y las 6 paginitas de David Mazzucchelli entran en el grupo de “excelentes dibujos con guiones chotos o intrascendentes”.
Entre las historietas largas, tenemos historietas de una sóla página en clave de humor firmadas por Darío Adanti y Miguel B. Núñez, dos grossos, cada uno en su estilo. Y después, textos, alguna ilustración y dibujitos perdidos, que no aportan demasiado.
El balance es positivo, sobre todo si pensamos qué otras cosas había en 2000 en las bateas de las comiquerías españolas. NSLM es un producto típico de ese período de transición, en el que el comic abandona los kioscos para refugiarse en las librerías e integrarse cada vez más al circuito de la literatura. Y hoy que está tan de moda la “novela gráfica” (la historieta larga, bah), no está mal encontrarse con grandes autores pelando historietas breves, sobre todo cuando hay cinco o seis realmente excelentes.
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