el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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jueves, 12 de febrero de 2026

HOY, MÁS RESEÑAS

Como lo prometido es deuda. acá estamos de nuevo para repasar las lecturas más recientes. Tenía abandonada The Massive hace más de 10 años, desde aquel lejano 27/10/15 en que reseñé el Vol.3. Tarde pero seguro, es hora de comentar el Vol.4, y ojalá antes de fin de año pueda entrarle al Vol.5, que está en la pila de los pendientes pero muy abajo, con chotocientos libros encima. De alguna manera, Brian Wood se las ingenia para que uno recuerde por lo menos lo más relevante de lo que pasó en los tomos anteriores, sin explicarlo detalladamente ni de manera muy explícita. Pero para el segundo episodio de este TPB ya me habían caído unas cuantas fichas y ya estaba de nuevo enganchadísimo con la serie. En la primera mitad del TPB, básicamente se revela un secreto clave para el desenlace de la misma: hay un vínculo real y constatable entre el Crash (el desastre ecológico que cambió por completo la cara del planeta), el Massive (el barco de Callum Israel y su equipo) y Mary, la enigmática integrante de la tripulación que obviamente tiene poderes sobrenaturales que hasta ahora Wood nos había mostrado a los lectores, pero no al resto de los personajes. Para llegar a este punto, tanto Callum como Mag pasan por un montón de peripecias a lo largo y a lo ancho de Europa, mientras Wood nos habilita más data del Crash y de la vida de estos personajes antes de aquel apocalíptico suceso. Y cuando finalmente la verdad sale a la luz, uno quiere que Wood se ponga YA a indagar en esa conexión, que esto que tanto impacto genera en los personajes se explore y se explique a fondo, cuanto antes. Bueno, no. Los tres episodios finales del Vol.4 son una especie de miniserie protagonizada por Mary, lejos del resto del elenco de The Massive, en la que toda esta trama no avanza en lo más mínimo. Recién en las últimas tres viñetas, hay un indicio de que Mary va a tratar de reencontrarse con sus compañeros. El argumento de la trilogía está muy bien, el personaje de Mary se desarrolla muchísimo, Wood juega (una vez más) con los vínculos entre las guerras y los grandes negocios y encima dibuja un ídolo: Danijel Zezelj. Pero yo quería YA el cara-a-cara entre Mary y Callum, y para leer eso tengo que esperar meses. En la primera mitad, el dibujante es el de siempre, Garry Brown, un tipo correcto, al que se nota que le da un poco de vergüenza afanar tanto de fotos, por eso lo poco que dibuja (básicamente los personajes) está muy laburado, con muchas ganas de que quede todo muy lindo, de seducir al lector con un flujo narrativo potente, dinámico a pesar de que el ritmo del guion es pachorro y pausado. Sus personajes se ensamblan bien con los paisajes, fondos, vehículos y demás elementos tomados de fotos, y además el color está a cargo de Jordie Bellaire, que siempre suma. No alcanza para no pasar papelones en la comparación con Zezelj, pero bueno... no hay tantos dibujantes de la calidad del croata. Tomo raro pero atractivo de The Massive, un reencuentro copado que me deja bastante manija rumbo a la lectura del quinto y último TPB.
Tengo como siempre un librito de autor argentino publicado en 2025, en este caso uno aparecido en Diciembre. Y sí, ya son pocos los que me falta leer. Esta vez nos vamos para el lado del humor, de la mano de Gustavo Sala quien, a lo largo de 100 páginas, reinterpreta el universo del Capitán Barato en una clave totalmente personal. Tras unos cuantos años de aventuras narradas en tono realista, con peligros posta, situaciones dramáticas, villanos jodidos y demás, ahora Capitán Barato vuelve a ser un chiste, y encima un chiste de Sala. El libro ofrece varias historias cortas, una más desopilante que la otra, en las que Sala introduce delirio, escatología y una mirada satírica al mundo de los superhéroes y del comic (y sus fans) en general. Aparecen los amigos del Capitán Barato, el principal villano de los comics "serios", la comiquería del Capi, varias versiones del personaje oriundas de universos alternativos, Stan Lee, un conejito... Todo puesto al servicio del humor, con resultados sumamente eficaces. Y dibujado por Sala en un gran nivel, lo cual hace años que es una constante en su trabajo. Para esta ocasión, se suma el colorista C.J. Camba, quien complementa muy bien los tremendos trazos de Gustavo. El libro incluye además tres revistitas muy finitas, en las que sendos autores invitados desarrollan (un poquito) algunas de las ideas limadas que Sala tira durante una de las aventuras del Capi: El Bruno nos cuenta qué pasó cuando Swamp Thing fue a almorzar a lo de Mirtha Legrand, Lubrio narra el combate entre Dragon Ball y Xuxa, y Scuzzo revela cuál de las Tortugas Ninja le tapó el inodoro al Indio Solari con un garco monumental. Son historietas muy breves, obviamente en joda, pero muy graciosas y muy bien dibujadas. Sin dudas, un hallazgo editorial haber generado esas mini-revistitas para acompañar el libro. El Capitán Barato de Gustavo Sala, además de un librazo, es una rareza en el panorama editorial argentino. No es frecuente que un editor (en este caso, también comerciante) contacte a un autor, le tire una consigna ("hacete un libro en joda de mi principal personaje"), y ponga arriba de la mesa la guita que hace falta para que el autor no tome otros compromisos laborales durante el tiempo que va a dedicar a producir la obra. Así, durante un tiempo no tan extenso, Sala se sumergió de lleno en el proyecto, le puso todo, y cuando llegó la hora de entregar, sorprendió incluso a los que lo seguimos hace 30 años con un trabajo realmente grandioso. Lo lógico y lo justo sería que este libro se venda MUY bien, y que más editoriales apuesten por generar obras nuevas desde cero, en lugar de funcionar como "aduanas", que dejan entrar (o no) a sus catálogos las obras que los autores les acercan ya terminadas, o muy avanzadas. Hasta acá llegamos, por hoy. Siempre hay mucho más para leer en la Comiqueando Digital (que se puede descargar por muy poca plata en https://comiqueandoshop.blogspot.com) y siempre está la promesa de reencontrarnos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

viernes, 22 de marzo de 2024

TRES DE VIERNES

Por fin tengo un rato para escribir reseñas... Empezamos en España, año 2009, cuando se publica Cristóbal Nazareto: ¡Un pringao celestial del Siglo XXI!, un libro del maestro Álex Fito cuya portada, guardas y primeras páginas son una especie de homenaje a los álbumes clásicos de Astérix. Adentro nos encontramos con algo bastante más picante que las aventuras del guerrero galo: un comic de denuncia social, que se mete con las pésimas condiciones en las que viven los pobres, la grosera desigualdad social, el racismo, la corrupción, la violencia policial y los síntomas más estridentes de la marginalidad en las grandes urbes: drogadicción, prostitución, trabajo infantil, delito... En este mundo de políticos mentirosos, empresarios garcas y curas pedófilos, se mueve Cristóbal Nazareto, una especie de Jesucristo de las categorías de Ascenso, que rechaza la hegemonía del capitalismo hasta que se da cuenta de que con la guita se puede comprar bebidas alcohólicas. La sordidez de lo que cuenta Fito va in crescendo y gana en complejidad. Las primeras historias son de dos páginas, con pocos personajes en cada uno, y en las últimas ya se anima a entrelazar a todos los personajes de la serie, en argumentos más complejos, con un nivel de crueldad realmente desolador. El estilo de Fito es prolijito, lindo, amistoso, ideal para una historieta de humor infantil, lavadito, inofensivo... y el hijo de puta con ese estilo dibuja situaciones truculentas, escalofriantes, que te dejan un sabor espantoso en la garganta. En ese contraste reside el principal atractivo de Cristóbal Nazareto. También es importante señalar que Fito intenta llevar adelante todos estos relatos sin recurrir a las palabras, y casi siempre lo logra. Por momentos trastabilla y se ve en la necesidad de incluir algún texto, o alguna palabra, pero en general, son historietas mudas. Esto requiere una mayor cantidad de viñetas para resolver la acción (y que se entienda) y el autor opta por una grilla de 12 cuadros chiquitos, todos de igual tamaño, que banca a lo largo de casi todo el álbum. O sea que Cristóbal Nazareto no sólo juega al límite de lo publicable en lo temático, sino que también muestra una búsqueda desde lo formal. Nada, más allá del shock value de las escenas más escabrosas, el humor está ahí (para quien se anime a reirse de estas animaladas) y el dibujo y el color de Fito siempre son un placer. Tuve el ojete de rescatar este libro (magníficamente editado por Glénat España, a la que extraño horrores) de una mesa de saldos, y la verdad que fue un hallazgo muy copado.
Me voy a EEUU, año 2016, para completar la lectura de la segunda mitad de Starve, una serie cuyo Vol.1 vimos en este espacio allá por el 02/06/20. Y sí, lo que había empezado como una cátedra de los maestros Brian Wood y Danijel Zezelj termina muy, muy arriba. Creo que lo más notable es cómo Wood logra mantener la tensión en una historia que casi no tiene acción. Hay apenas una escena de violencia, totalmente desenfatizada, y el resto de los conflictos van claramente para otro lado, un lado más adulto, más real, más profundo. Por supuesto todo sostenido en el carisma arrollador de Gavin Cruikshank, un personaje frontal, complejo y cautivante, sin nada que envidiarle a un Spider Jerusalem. El tema de la comida es importante, pero menos de lo que la gente encargada de promocionar la serie nos quiso hacer creer. Wood no se priva de bajar línea acerca de lo mal que se alimenta la gente de bajos recursos, cómo nos acostumbran a comer mierda y nos la cobran más cara de lo que sale comer mejor y más sano. El subplot del restaurante croto de Brooklyn es probablemente lo más atractivo a nivel argumental que tiene este segundo tomo, pero -de nuevo- el foco no está tan puesto en el morfi en sí, ni en el hecho de que tanto Gavin como su hija son unos cocineros de un talento descomunal, sino más bien en la lucha por la integridad, contra un sistema que te compra, te exprime y te descarta. El dibujo de Zezelj es glorioso, de punta a punta, y se complementa con el maravilloso color del excelso Dave Stewart para brindarnos unos climas atrapantes, de gran belleza plástica. Zezelj lleva al claroscuro a terrenos mágicos, inexplicables, en los que la composición de la viñeta es importantísima, y en la que no importa en lo más mínimo que los fondos provengan de un vasto catálogo de fotos retocadas. Visualmente, estamos frente a uno de los mejores trabajos del ídolo, repleto de páginas y secuencias memorables. Como tantas otras, Starve es una serie que pasó completamente desapercibida en su momento, pero que me animo a recomendar enfáticamente a los fans del buen comic para adultos.
Terminamos esta recorrida en Chile, año 2019, cuando se publica una versión en historieta de London After Midnight, un largometraje de 1927, del cual se perdió la última copia en un incendio a fines de los ´60, y que marcó la última colaboración entre los míticos Tod Browning y Lon Chaney. Yo no sé casi nada de cine de los años ´20, pero por suerte el libro incluye un artículo de mi amigo Roberto Barreiro que explica muy bien todo el contexto. A cargo de reconstruir el guion de la película perdida estuvo Gonzalo Oyanedel, guionista, escritor e investigador chileno. Y para dibujar esta versión de la historia, el elegido fue el mismísimo Quique Alcatena, en su primer trabajo para el mercado trasandino. El trazo de Quique se luce mucho en un álbum de un tamaño bastante mayor al que utilizan las editoriales argentinas que suelen publicar sus trabajos para Italia, y la cantidad de texto que utiliza Oyanedel es bastante más escueta que la habitual en las obras que escribe el propio Alcatena, o las que dibuja sobre guiones de Eduardo Mazzitelli. O sea que el trazo mágico de Quique acá explota con una polenta infrecuente y se adueña de unas páginas muy bien pensadas, con diseños tan inquietantes como el clima que intenta transmitir el guion. Y acá es donde está el problema. Sin ser una pelotudez ni una falta de respeto, el guion es fallido. Como en las dos historietas anteriores, el villano es un empresario garca, pero acá se suma toda una fantochada absurda de un supuesto muerto que resucita como vampiro, que desvirtúa a toda la trama detectivesca en la que el Inspector Burke intenta resolver el misterio de la muerte de Roger Balfour. Claramente esto se podría haber resuelto sin sumar estos elementos "pseudo-fantásticos", que están ahí para generar impacto y cheap thrills en los espectadores, pero que no son para nada relevantes a los efectos de la historia. Por supuesto está buenísimo ver a Alcatena dibujar a este monstruo, pero no hacía falta. De hecho, por cómo está planteada la trama, no hacía falta ni siquiera que hubiese escenas de acción... pero claro, había que llevar gente a los cines y para eso, la espectacularidad de los no muertos y el clima tétrico típico de película de terror siempre suman más que una escena atrás de otra de gente que habla. Obviamente, si sos fan de Alcatena, o de las películas de terror de la época del cine mudo, London After Midnight no puede faltar en tu biblioteca. Pero si entrás buscando un guion que te parta la cabeza, lamentablemente no creo que lo encuentres en estas páginas. Y nada más, por hoy. Ni bien tenga más libros leídos, nos reencontramos y los comentamos por acá. Ah, el miércoles a las 22:30 ha hay Agenda Abierta en el canal de YouTube de Comiqueando, con un invitado de lujo y la participación de tod@s l@s que se quieran prender. Nos vemos por ahí.

martes, 2 de junio de 2020

MAGNIFICO MARTES

Hoy estoy muy contento con las obras que tengo para comentar. Me van a leer pocos “peros” y si esto tuviera sonido, se escucharían ovaciones muy potentes.
Empiezo en EEUU, año 2016, cuando se publica el primer TPB de Starve, una serie a la que –me parece- no se le dio la bola que merecía. En esta distopía cada día más cercana, los maestros Brian Wood y Danijel Zezelj se meten en el mundo de los concursos de cocina que vemos todos los días en la tele (bah, creo yo, que cada vez que hago zapping por lo canales de aires veo gente cocinando) y lo hacen con mucha mala leche, muchas ganas de denunciar injusticias. Starve habla sobre todo de los lujos de los ricos y los padeceres de los pobres, en un contexto en el que se hace un show mediático de la desigualdad social. También habla de los vínculos familiares, de cómo la guita corrompe todo (amistades, amores, vocaciones), del desastre ecológico a nivel global, y también está (como en varias obras de Wood) el canto de amor a la ciudad de New York.
Mencioné a Danijel Zezelj, un ídolo, un fetiche de este blog, y ya habrá más de uno convencido de que lo que más me gustó de Starve es el dibujo de este genio croata. Obviamente el trabajo de Zezelj es fastuoso. Nunca vi a New York mejor dibujada, nunca lo vi tan jugado a la expresividad de los personajes (que a veces le quedaban medio maderones), y nunca lo vi dibujar tan bien a las chicas como acá, donde  cada vez que aparece Angie las viñetas explotan de belleza. Encima lo colorea el inmejorable Dave Stewart, con lo cual sólo se puede hablar maravillas de todo el aspecto visual de la obra.
Pero no. Lo mejor de Starve, lo que más me cebó, fue el protagonista, Gavin Cruikshank. Por primera vez en décadas siento que acá hay un personaje que le puede hacer el aguante a Spider Jerusalem en materia de personalidad, de complejidad y de carisma. Gavin tiene 55 años, es un genio de la cocina, fuma como una bestia, le encantan la marihuana y el escabio, le chupa un huevo la guita, salió del closet tarde, cuando ya había tenido una hija con una mujer que hoy lo detesta, y no tiene ningún drama en cagarse a trompadas con quien sea. No quiero contar nada de la trama, pero Wood le pone muchísimo picante al regreso de Gavin Cruikshank a EEUU y al mundo de los programas de cocina. Starve tiene un ritmo alucinante, excelentes diálogos (los más groseros de la carrera del guionista) y situaciones bien extremas, pero sumamente verosímiles. Creo que la historia termina en el Vol.2, que no tengo, pero que haré lo imposible por conseguir, porque esta primera parte me encantó.
Me vengo a Argentina, año 2019, a leer Pintamonos, un nuevo trabajo de otro guionista al que sigo a todas partes, como es Rodolfo Santullo. Este libro ofrece cuatro historias autoconclusivas, que giran en torno a los grandes pintores mexicanos del segundo tercio del Siglo XX (ver reseña del 28/06/14): David Sequeiros, Frida Kahlo y Diego Rivera protagonizan estos relatos en los que Santullo mezcla realidad con ficción de modo magistral. El uruguayo nacido en México tira data posta (acá me enteré, por ejemplo, que Natalio Botana no era argentino, sino uruguayo) de un modo para nada didáctico y la condimenta con momentos de más vuelo, donde se toma libertades en pos de que las tramas tengan conflictos fuertes y momentos impactantes. Incluso si no te interesan las vidas, la obra y la militancia de estos artistas, las historias de Pintamonos te van a enganchar, porque están muy bien narradas, sin estirar ni apretar al pedo, y con los diálogos bien afilados, como en las mejores obras de Santullo.
El dibujo está a cargo de un Leo Sandler muy sólido, que acá trabaja en un estilo más tradicional, menos jugado que en Raymond, que quizás sea su trabajo más notable, más consagratorio. Acá el autor rosarino juega a que personajes, épocas y lugares sean perfectamente reconocibles y cambia ese vuelo más loco de Raymond por un rigor y un realismo que también le quedan muy bien, y que además va mejor con la técnica del claroscuro, que Sandler maneja a la perfección, como vimos en la reseña del 16/04/13. 
Y acá sí hay un pero, que pasa (como suele suceder con muchas ediciones nacionales) con la cantidad de páginas de este libro que NO ofrecen historieta. Sobre 76 páginas, 56 páginas de historieta es muy poco. Falta una historieta más de 12 ó 14 páginas, o sobran 10 páginas de carátulas, notas o vacío total. Yo sé que los editores se cagan de risa cuando yo señalo esto (le dicen “la Ratio Accorsi”) y que nada que yo haga va a terminar con este vicio ridículo de engordar libros finitos con páginas y páginas de nada. Pero por ahí a los lectores o autores que leen esta boludeces se les ocurre algo para hacer, alguna alternativa para plantear… o no, por ahí les parece genial pagar por páginas en blanco y que los libros ocupen en sus bibliotecas más espacio del que deberían.

Por supuesto eso no empaña el gran momento que pasé leyendo Pintamomos, ni mis ganas de que mucha gente lo descubra y lo disfrute como lo disfruté yo. Y nada más, por hoy. Nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.

lunes, 13 de abril de 2020

REBELS

Hoy me aboco a reseñar un sólo libro, ya que por su extensión me tomó muchas horas de lectura y por su contenido da tela como para cortar a lo largo de un par de párrafos más que los que habitualmente le dedico a cada TPB.
Este libro recopila los 10 episodios de Rebels que editó Dark Horse entre 2015 y 2016. Rebels fue una breve serie escrita por Brian Wood, que reunía varias historias vinculadas a la guerra por la independencia de los Estados Unidos, con énfasis en el costado más humano, más cotidiano de estos hombre y mujeres a los que un día les tocó ser soldados en la guerra contra el imperio más poderoso que tenía el planeta en el último tercio del Siglo XVIII. Con vastas diferencias temporales y geográficas, el planteo de Wood no es tan distinto al de la recordada Northlanders: hay una saga inicial extensa, que construye minuciosamente a un protagonista (en este caso Seth Abbott, hijo de granjeros de Vermont), y después varios relatos más cortos, con otros personajes, y algún regreso más breve del protagonista inicial.
Claro que en 10 números no se puede hacer la misma magia que en 50, por eso ya de movida Rebels tiene pocas chances de eclipsar a Northlanders. Pero si obviamos la comparación y leemos Rebels en seco, sin ningún contexto, nos vamos a encontrar con una excelente premisa (el backstage de una guerra revolucionaria que cambió la historia del mundo), varios personajes muy bien desarrollados, conflictos reales, humanos, a los que el conflicto mayor (la guerra) les agrega espesor dramático, y una investigación exhaustiva del período histórico, que le brinda al lector muchísima información de un modo para nada aburrido, a años luz de esa avalancha de información innecesaria que hace tan difícil de leer obras como From Hell, por citar “una que sepamos todos”.
Quizás el único problema de Rebels esté en la extensión que le dio Wood a cada historia. La principal, la de Seth Abbott, se podría haber contado tranquilamente con 30 páginas menos. La de Silence Bright, que dura apenas 16 páginas, daba para seguirla bastante más. Y de las tres que duran 22 páginas, hay dos perfectas (la de Sarah Hull y la de la amistad entre el milico inglés y el aborigen) y una que aporta poco y nada, a la que no arreglás ni agregándole páginas ni compactándola para que dure menos.  
Seguramente el rubro en el que Rebels pierde por goleada contra Northlanders es el de los dibujantes. Acá el que más páginas dibuja es Andrea Mutti, un dibujante al que Wood tuvo de suplente en DMZ y que para mi gusto tiene poca onda, poco despliegue. Es un dibujante correcto, sin pifias ni tiradas a chanta, pero desangelado, crudo, sin magia, como si un dibujante de aventura clásica de los años ´50 se propusiera convertirse en una especie de… Guy Davis pero se detuviera a mitad de camino. El color de Jordie Bellaire es hermoso (como siempre) y realza los climas en todo el amplio abanico de escenas que recorre la historia. Y de los dibujantes invitados para las historias cortas, la que más me gustó es Ariela Kristantina, quien le pone mucha más onda que Mutti, sin descuidar para nada el rigor histórico en la ambientación. Lamentablemente son pocas las páginas que le aporta al tomo esta artista nacida en Indonesia y hoy radicada en EEUU.
Hay un segundo libro de Rebels, que compila los ocho episodios publicados con el título de Rebels: These Free and Independent States, y que por supuesto no tengo (acepto donaciones). Esa segunda tanda de episodios terminó de salir en 2017 y tiene –una vez más- a Andrea Mutti como dibujante principal, complementado en las historias cortas por otros artistas menos conocidos. Y no hay nada más. Después vino la “caída en desgracia” de Brian Wood, acusado de tirarle los galgos de mala manera a dos chicas (en distintas situaciones, con años de distancia), y en poco tiempo lo perdí de vista, a medida que las puertas de las editoriales se le fueron cerrando a raíz de estas denuncias.
Obviamente al no conocer los casos, ni conocer personalmente al y las involucrad@s, no estoy habilitado a opinar acerca de las denuncias. Pero me queda un sabor amargo en la boca, porque durante 20 años Wood me dio muchas alegrías como guionista de historieta, me emocionó, me hizo pensar, me transmitió muchísimos conocimientos, me resultó una voz coherente, sensible, inteligente, un típico exponente de esa “izquierda” yanki bien monolítica, bien termo… y lamentablemente bien minoritaria. Por ahí detrás de esa impronta autoral tan copada hay un machirulo, un tipo jodido, o un pelotudo, liso y llano. Y sería una pena que así fuera, aunque eso no nos impide a los fans de su obra, y muy especialmente a los fans de la historia de la independencia de nuestro continente, disfrutar y sufrir con los relatos (más desgarradores que épicos) que Wood conjuró en Rebels.  

Grazie per tutti e ci vediamo.

martes, 11 de junio de 2019

MEDIODIA DE MARTES

Estos libritos los liquidé entre viernes y sábado, pero recién hoy tengo un rato para reseñarlos.
Empiezo con el Vol.3 de Oyasumi Punpun, del maestro Inio Asano. Lejos, el mejor de los tres tomos que leí hasta ahora. Al autor no le tiembla el pulso a la hora de dejar completamente de lado los elementos de misterio o de thriller para centrar el relato 100% en los vínculos afectivos entre los personajes. Y sí, todavía tenemos detalles limadísimos como el hecho de que Punpun y su familia estén dibujados como pajaritos-fantasmas, o esas contorsiones grotescas que Asano dibuja en los rostros de los adultos, o el famoso conjuro para que aparezca Dios y los diálogos entre los humanos y el susodicho. Pero este tercer tomo se abraza a un nivel de realismo donde el verosímil no se daña prácticamente nunca y donde las tramas que tienen que ver con los sentimientos ganan en profundidad.
En la primera mitad del tomo, Asano arma un clásico triángulo de amor bizarro, que se enriquece a medida que se fortalece el vínculo entre dos pibes que están enamorados de una misma minita. Todo esto contado de un modo casi tragicómico, pero absolutamente realista. Para la segunda mitad del tomo, Punpun prácticamente desaparece y Asano pone el foco en Yuichi, el tío del protagonista, que acá pasa de ser un secundario más a tener un rol destacadísimo, y a ser el personaje con el que claramente nos vamos a identificar los solteros mayores de 30 que entremos al mundo de Oyasumi Punpun. Este tramo centrado en Yuichi es brillante, es el lado B de la clásica comedia romántica de ambientación urbana, con unos flashbacks, unos diálogos y unos silencios absolutamente memorables. Ojalá en los próximos tomos tengamos siempre 100 páginas en las que todo pase por la vida sentimental del tío Yuichi.
En cuanto al dibujo, Asano y su legión de asistentes nos sepultan bajo un alud de talento, onda, poder de observación y capacidad para generar climas cautivantes. Realmente es obsceno lo bien dibujado que está Oyasumi Punpun. Prometo entrarle pronto al Vol.4 y felicito a Ivrea por haber completado la publicación de esta serie.
Me voy a EEUU, a 2015, cuando el gran Brian Wood se pone al hombro la serie de Moon Knight que habían lanzado nada menos que Warren Ellis y Declan Shalvey (ver reseña del 19/06/17). Wood forma equipo con Greg Smallwood (sí, es en serio, Wood y Smallwood) para seis numeritos que, para mi propia sorpresa, me gustaron más que los de Ellis y Shalvey. El dibujo de Smallwood, si bien no es tan original como el de Shalvey, está buenísimo, con mucho riesgo y muchos aciertos en materia de planificación del relato gráfico y un ensamblaje muy logrado con la paleta de la siempre eficaz Jordie Bellaire. Creo que nunca había leído historietas de Greg Smallwood, pero lo que despliega en Moon Knight me alcanzó para hacerme fan.
De Brian Wood (como puede dar fe cualquiera que siga hace un tiempo este blog) ya era fan desde hace mil años, así que no me sorprendió para nada la cancha con la que el maestro toma los nuevos conceptos que introdujo Ellis en el TPB anterior y los eleva un par de escalones más. El primer episodio da la sensación de ser un unitario, cuando leés el segundo notás que hay algo más, algo que avanza por atrás de la trama central sin resolverse, y cuando te querés dar cuenta, Wood te atrapó en las redes de un arco argumental extenso, complejo, repleto de sorpresas impactantes y dilemas morales espesos. Lo único que no tiene este tramo es desarrollo de personajes secundarios. El resto está y es impecable, pero sobre todo atípico. Tan atípico que en la resolución final del conflicto (perdón por no dar muchos detalles) casi no hay lugar para la violencia.
Gran saguita de Moon Knight, muy autoconclusiva, muy recomendable incluso para el lector que no suele visitar el Universo Marvel, porque Wood la ambienta en una New York rara, en la que a nadie se le ocurre siquiera mencionar a otros superhéroes, como si se tratara de un comic de otra editorial, de un título creator-owned de Image o Dark Horse. A la serie le queda un sólo TPB más, en el que el personaje pasa a manos de Cullen Bunn, así que yo cuelgo acá. Y eventualmente le entraré a la serie que arrancó en 2016, de nuevo con Smallwood como dibujante, pero ahora con Jeff Lemire (otro fetiche de este blog) al frente de los guiones.

Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

jueves, 22 de febrero de 2018

TARDE DE JUEVES

Por fin tengo un ratito para sentarme a escribir reseñas…
Arranco con The New York Five, de Brian Wood (autor fetiche de este blog) y Ryan Kelly. ¿Te acordás cuando yo decía que DMZ era un canto de amor de Wood a la ciudad de Nueva York? Bueno, olvidate. ESSSSTA es la verdadera oda del guionista a la Gran Manzana. Acá es donde Wood no oculta en absoluto las ganas de contarte una historia en la que New York sea la protagonista, donde se hace obvia su intención de cebarte con la ciudad, de que te enamores perdidamente de ella.
Y además hay un argumento que está bueno (la clásica slice of life con cuatro amigas jóvenes y sus conflictos low-fi) y varios toques brillantes en el guión, tanto en diálogos como en bloques de texto, como en decisiones que toma Wood a la hora de orquestar ciertas secuencias. Me entero leyendo este libro que hay un tomo anterior, The New York Four, con las mismas protagonistas… y la verdad es que debe ser bastante introductorio, bastante acotado a la presentación de los personajes, porque acá todo se entiende perefcto sin haber leído lo anterior.
Wood aprovecha que las New York Five son chicas atractivas de 18 años para hablar de temas vinculados a los romances, las parejas y la sexualidad, pero también se mete con la presión que se les ejerce a los estudiantes desde las universidades, con lo mucho que cuesta bancar una carrera en una universidad privada, con esa cosa tan yanki de que casi seguro cursás la universidad en una ciudad que no es la de tus viejos y amigos del secundario, con lo duro que es tener un familiar enfermo en un país donde la salud pública casi no existe… y por si faltara algo, la quinta integrante del elenco (muy secundaria respecto de Ren, Riley, Merissa y Lona) es una chica que vive en la calle. O sea que esto no es exactamente un capítulo de Friends sin varones, hay un contexto un poco más duro.
El trabajo de Ryan Kelly es excelente, lejos el mejor de su carrera. La decisión de no colorear estas páginas y publicarlas así, en blanco y negro (más algunos grises aplicados con tramas mecánicas), es acertadísima. Kelly nunca va a ser el rey de los virtuosos, nunca se va a terminar de sacudir algunos tics que heredó de Paul Pope, nunca va a ser un dibujante super-original, pero con lo que hizo acá, ya pasó a ser el tipo que mejor dibuja a New York. Los fondos de esta obra son PERFECTOS, realmente sentís que ahí atrás hay una ciudad que vive, que late, que seduce, no son sólo fotos copiadas, hay mucho más. Y además hay un cuidado por detalles que tienen que ver con la ropa y los peinados de las chicas, que no se ve habitualmente en los comics. Muy linda novelita gráfica, aunque menor en el contexto global de la obra de Brian Wood.
Seguro alguna vez escuchaste la frase “Menos es más”, o su pariente cercana, “Lo bueno si breve, dos veces bueno”. Seguramente también, el que acuñó esas frases sabía que Brian Janchez iba a lanzar en 2017 El Permiso, este librito de apenas 32 páginas, en las que el prolífico autor narra una de las mejores historias de su carrera.
Un personaje principal, dos secundarios con peso en la trama, un par de personajes menores, muchas páginas de tres viñetas, pocas de cinco o seis, ninguna de siete o más, un dibujo despojado, los fondos mínimos necesarios, diálogos muy breves, silencios muy elocuentes, cero acción… Con eso, un autor solvente, maduro y con un gran manejo del timing puede crear una historieta memorable. Y no tengo dudas de que El Permiso lo es. Una historia chiquita, pero profunda, un drama llevado adelante sin golpes bajos, sin boludeces… por un autor que hasta ahora había brillado en el humor y la comedia.
No me animo a hablar de “obra maestra” simplemente porque son sólo 32 páginas. Pero aún así El Permiso tiene TODO para conmoverte, para involucrarte, para hacerte sentir que conocés a Federica de toda la vida. Y eso la hace por un lado un comic indispensable, y por el otro un hito realmente jodido de superar en la cada vez más interesante carrera de Brian Janchez.
Gracias por el aguante y volvemos pronto con nuevas reseñas.

domingo, 8 de enero de 2017

TARDE DE JOVENES A LA DERIVA

Voy medio lento con las lecturas porque estoy luchando contra un libro muy largo, y además estoy leyendo un texto sobre historieta que me tiene totalmente hipnotizado. Cuando lo termine, seguro lo voy a comentar en este espacio.
Arranco en 2001, en la pequeña editorial AiT/PlanetLar, donde Brian Wood, después del moderado suceso de Channel Zero (ver reseña del 26/12/12), da un paso importante en su carrera como “guionista que no dibuja”: después de una olvidable temporada en Marvel, vuelve a crear una historia totalmente original, esta vez junto al ignoto dibujante Brett Weldele, y de nuevo en la temática de “jóvenes a la deriva” que tanto resultado le había dado. Couscous Express es una novela gráfica de 70-75 páginas, no mucho más, que arranca para el lado de la comedia costumbrista, amaga con virar para el lado de la denuncia social y termina como una historia de gangsters que se recontra-cagan a tiros, mezclada con romance. Y con comida árabe.
Como siempre, Wood la descose con la construcción de los personajes. Incluso el villano, que casi no habla, está perfectamente definido. Enseguida te das cuenta de que es un hijo de mil putas irredimible, más malo que el gobierno que le saca los medicamentos a tus abuelos si cobran más de $ 8500 de jubilación. La historia avanza a un ritmo ni pachorro ni frenético, y deja espacio para que se luzca el verdadero amor de Wood: la ciudad de New York. El dibujo de Weldele adolesce de una cierta falta de fondos, o del uso de fotos para reemplazarlos, pero tiene una frescura, una síntesis y una fuerza expresiva muy notables, con momentos en los que me hizo acordar a genios como Guy Davis, Chris Bachalo o Ted McKeever. Couscous Express no fue un hitazo ni mucho menos, así que capaz que lo encontrás en oferta y lo pagás menos de lo que vale una porción de humus en cualquier restó árabe de Buenos Aires.
Me voy a Japón, donde me espera otro de los grandes especialistas en contar historias de “jóvenes a la deriva”. El glorioso Inio Asano reunió en el tomo llamado El Fin del Mundo y Antes del Amanecer diez relatos cortos protagonizados por chicos y chicas con problemas y sentimientos muy reales. Uno de ellos le sobró de What a Wonderful World!, aquella colección de historias cortas editadas en dos tomos que vimos allá por Febrero de 2010. Y otro (el más largo) es un remixado de tres episodios de una serie que empezó pensada para durar varios tomos, pero –veletazo mediante- quedó ahí y se convirtió en un unitario extra-large.
Asano es (lejos) el que mejor hace el truco de resolver los fondos con fotos retocadas, el que los hace ver más lindos, mejor integrados a su grafismo, Por supuesto que Tezuka, Ishinomori y todos los senseis que les enseñaron a los mangakas más jóvenes a buscar la síntesis y omitir detalles se retuercen en sus tumbas cada vez que sale un libro de Asano, como Yrigoyen y Alfonsín cada vez que abren la boca Ernesto Sanz o Gerardo Morales. Pero Asano no es un mangaka común, sino un virtuoso pasado de rosca, que en pocos años logró desarrollar su propio universo visual y hasta su propia narrativa, su propia gramática de este lenguaje al que llamamos historieta.
Las historias del tomo transmiten ilusión, angustia, sueños incumplidos, nostalgia, a veces ironía, a veces desazón. Pongo por encima del resto el tramo de Domingo, 6:30 de la Tarde protagonizado por el papá de los hermanos Esono (un personaje complejísimo, clásica víctima del capitalismo salvaje que considera a los seres humanos engranajes de una maquinaria) y Tokio, la historia del joven mangaka que vuelve a su pueblo rural para reencontrarse con sus compañeros de la escuela primaria. Pero si te gusta el estilo anti-épico de Asano, ese superpoder (que comparte con Adrian Tomine) de ponerle fin a los relatos donde vos menos te lo imaginás, ese tono intimista que se esfuerza por no caer en la sensiblería, estoy seguro de que todas las historias te van a llegar. Y si no, no importa: disfrutá del dibujo, que es majestuoso.
¿Ya dije que es muy injusto que en Argentina haya tres editoriales que publican manga y ninguna ofrezca este tipo de tomos, con varias historias autoconclusivas de algún autor grosso? Bueno, si ya lo dije lo repito, total el público se renueva, como dice la nonagenaria fascista sicaria de Magnetto. Hasta acá llegamos por hoy y nos reencontramos ni bien tenga más libros leídos.

viernes, 19 de agosto de 2016

SEMANA DE BASTANTES LECTURAS

Entre la peli del Squad y las lecturas que se me acumularon en estos días, venimos con un gran ritmo de posteos en el blog. Este año ya van 35 posts y es bastante probable que de acá al 31 de Diciembre logremos subir 30 más.
Hoy arranco con Judge Dredd: Judgement Day, una saga originalmente serializada entre 1992 y 1993 en el semanario 2000 A.D. y la revista Judge Dredd Megazine. Se trata de una aventura extensa, de casi 160 páginas, escrita nada menos que por Garth Ennis, y con varios dibujantes a los que mencionaré en un toque. La trama es sencilla y quizás demasiado lineal: un hechicero resucita a miles de millones de muertos y genera una plaga zombie que asola al mundo entero. Dredd y otros jueces deberán hacerle frente a la amenaza y ganarán, no sin antes sacrificar las vidas de millones de personas en un genocidio que cualquier héroe posta hubiese dado la vida por evitar. Pero esto es Judge Dredd y acá la vida humana vale menos que la de una cucaracha. Ennis ni siquiera hace demasiado hincapié en la envergadura de la hecatombe que provocan los propios “buenos” y mucho menos en las consecuencias. La meta es derrotar al villano y, con la ayuda del protagonista de Strontium Dogs, lo van a lograr. Los diálogos son irónicos o directamente cómicos, la acción no decae y es todo tan grandilocuente, tan pasado de rosca, que no hace falta ser un genio para detectar que se trata (en cierto modo) de una gigantesca farsa. Entre los dibujantes están el siempre cumplidor Carlos Ezquerra, un flojísimo Peter Doherty (que cuando dibuja sin ganas es infumable), unas páginas alucinantes del maestro Dean Ormston (con efectos expresionistas que más tarde veríamos en Ben Templesmith o Renzo Podestá) y un clon de Simon Bisley de asombrosa similitud, llamado Chris Halls. Un promedio bastante alto para el dibujo, mejor que el del guión, que a pesar de algunos aciertos no pasa de ser “otra de zombies”.
Mara es una historieta de 2013, escrita por el prolífico Brian Wood y dibujada por la hoy consagrada Ming Doyle. Te resumo el argumento: En un mundo sin superhéroes, una persona pela públicamente unos superpoderes zarpadísimos. El gobierno la trata de cooptar, controlar e investigar y para eso le hace tantas guachadas que esta persona se pudre y dice “¿Yo no les hice nada y ustedes me consideran una amenaza? Ahora les voy a dar motivos”. Esto ya lo leímos chotocientas mil veces, y en todo caso lo interesante es ver cómo Wood nos cuenta la historia, porque buena parte de lo que sucede es lo que ya te imaginarás. El ídolo te decora bien la torta, con una buena construcción de personajes, una ambientación futurista bastante interesante y –fiel a su estilo- mete poco diálogo y deja que sea la imagen la que cuente el cuento. Cuando el diálogo aparece, es invariablemente acertado, escueto y nunca es imprescindible. Es la acción y no la palabra lo que hace avanzar a la trama. Al dibujo de Ming Doyle le falta algo, quizás originalidad, o riesgos, pero resulta agradable, es muy funcional al relato y se complementa armónicamente con los hermosos colores de la infalible Jordie Bellaire. Con todo eso tenido en cuenta, Mara es un comic interesante, pero lejos de ocupar un sitial privilegiado o fundamental dentro de la bibliografía de Wood. Si conocés a alguna minita que juegue al voley, no dejes de regalárselo. Vas a quedar como un archiduque.
El año pasado, el 22 de Junio, un goma decía en su reseña de Waibero: “descubrí a un dibujante formidable, con un estilo único, muy atractivo, y ahora me falta leer historietas de El Waibe que me cierren, que me dejen algo, que encuentren lugar para desarrollarse más allá de la idea, que me permitan conectar mejor con ese universo gráfico tan intenso y tan logrado”. Bueno, acá está. Defecaciones Humanas es una novelita gráfica de 48 páginas a todo color, escrita y dibujada por El Waibe, en la que el joven autor saca chapa de grosso. Acá sí, hay un argumento fuerte, un personaje ganchero, una bajada de línea notable, chistes, guarangadas y elementos escatológicos puestos en función de un relato sólido, atrapante, con acción, pasos de comedia, bizarreadas que no tienen (ni requieren) mucha explicación, algo de romance e incluso la posibilidad de dejarnos pensando en temas importantes. El propio autor se convirtió en editor para este proyecto, con lo cual me imagino que habrá hecho una tirada pequeña y que (si bien salió a fines de 2015) es probable que Defecaciones Humanas hoy sea difícil de conseguir. Pero te aseguro que recontra-vale la pena. Esto se podría haber publicado tranquilamente en Fantagraphics, o en la mejor época de El Víbora. Y encima te deja convencido de que la próxima obra que pele El Waibe va a ser aún mejor.
Gracias por todo (especialmente a los que se acercaron a saludar durante Crack Bang Boom) y la seguimos pronto.

martes, 27 de octubre de 2015

27/10: THE MASSIVE Vol.3

Retomo esta serie que tenía colgada desde el 13/12/14 y que en EEUU ya se terminó de publicar. Su autor, Brian Wood, confirmó que desde el vamos imaginó a The Massive como una serie de 30 episodios o –como nos gusta a nosotros- cinco TPBs.
Este tercer tomo presenta dos novedades: por un lado, Jordie Bellaire reemplazó a Dave Stewart como colorista y eso hizo que la faz gráfica perdiera un poco de su encanto. Pero por otro lado, por primera vez tenemos los seis episodios del TPB a cargo de un mismo dibujante, Garry Brown, el titular, el que está desde el primer número, y eso le da al tomo una coherencia gráfica muy bienvenida. Porque además hay que decir que Garry Brown, si bien por momentos parece un John Paul Leon de la B, es un dibujante correcto, competente, que labura bien los fondos, que sabe cómo echar mano a la referencia fotográfica sin ser un Juan Carlos Flicker cualquiera, y al que le falta dejar que los personajes se suelten un poco más, que se expresen más a través de los rostros y el lenguaje corporal.
Por el lado de las tramas, liquidado el plot de la busqueda del Massive, las aventuras de Callum Israel a bordo del Kapital continúan y esta vez se dividen claramente en dos arcos: en el primero reaparece Georg, un ex-tripulante del Kapital convertido en un wild card, un personaje totalmente impredecible que va a definir de un modo muy original otro conflicto bravo que es el de un Callum enfrentado a las supuestas fuerzas armadas de (lo que queda de) EEUU. Es un arco muy tenso, como siempre con flashbacks al pasado de los personajes, con data de lo que fueron los primeros momentos del Crash, y con esas escenas mudas llenas de elocuencia, que a esta altura ya son una marca de fábrica de Brian Wood. Ah, y además el autor se dio el lujo de mostrarnos una segunda visión de una Manhattan post-apocalíptica, más radical que la que vimos (y amamos) en DMZ.
El segundo arco también desborda de tensión. Esta vez hay algo así como un villano, al que el propio arco argumental va tiñendo de ambigüedad hasta que algunos de los protagonistas (y quizás algunos de los lectores) lo empiezan a ver con otros ojos. Es una historia muy centrada en Callum y en este “villano”, que obviamente tienen un pasado espeso en común que se remonta a los tiempos anteriores al Crash. En el medio están las tradiciones vikingas ( a las que Wood conoce de taquito por haber escrito 50 episodios de Northlanders), la caza “artesanal” de ballenas, y un personaje importantísimo que desaparece sin dejar rastros y abre un misterio jodido para explorar en los dos tomos que faltan.
Como ya dije alguna vez, The Massive no es una serie para cualquiera, porque avanza a ese ritmo pachorro, porque se toma su tiempo para explicar quién corno son estos tipos y minas y cómo cayeron en esta situación, porque la machaca está desenfatizada y porque a veces se nota que las peripecias son en realidad excusas para meterse con temas que a Wood le interesa tocar, y que tienen que ver con la ecología y la preservación de los recursos naturales del planeta. Con más exploración que acción, no es ilógico que The Massive piante votos del lector que espera tramas más aventureras, más orientadas a la resolución de conflictos por la vía de la violencia.
Faltan 12 episodios, o dos TPBs, para enterarnos cómo termina esta cuasi-epopeya escrita con mucha honestidad, con enorme pasión, por un guionista imprescindible como es Brian Wood. Obviamente la banco hasta el final y ni bien pueda, me compraré los dos tomos que faltan para completarla.

miércoles, 15 de abril de 2015

15/ 04: THE TOURIST

Sigo en la búsqueda de las obras raras de Brian Wood, y así caí en esta novela gráfica editada por Image en 2006. Claro que a partir de la portada, no tenía forma de imaginarme con qué me iba a encontrar adentro. Me encontré nada menos que con un dibujante al que no conocía y que me pareció una BESTIA, un monstruo definitivo del Noveno Arte. Su nombre es Toby Cypress, y en su claroscuro incandescente conviven las influencias de Paul Pope, Michael Gaydos, Kent Williams, Bruce Timm, Jeff Lemire, Guy Davis, Eddie Campbell, muchos autores europeos (hay composiciones que me recordaron, por ejemplo, Jordi Bernet) y hasta nuestro José Muñoz. Sí, amigo viñetófilo, estamos ante un distinto, un dotado, un salvaje que salió a matar y dejó todo en un trabajo increíble, visualmente fascinante y sin fisuras en la narrativa.
Con la fiesta para los ojos garantizada, me resultó muy fácil engancharme con la historia tal como la propone Wood. El autor maneja muy bien un montón de recursos para que uno se sienta muy involucrado en la trama, y crea saber siempre cuál va a ser la próxima jugada de Moss, el enigmático protagonista. Por supuesto, al final Moss hace lo contrario a lo que todos esperábamos que hiciera (perdón por no ser más específico, pero no le quiero cagar las sorpresas a nadie) y es muy difícil no putear a Wood por la decisión que toma en las últimas cuatro páginas. Pero es entendible, no es un volantazo disparatado.
Dicho todo esto, es obvio que The Tourist me pareció un comic entre muy bueno y excelente. Y sin embargo, repasando el guión, me parece que sería mejor todavía si en vez de un comic fuera una película. Posta, quiero que alguien agarre este guión y lo filme. La trama está buena, la acción es zarpada, la historia de amor está perfecta… pero el ritmo es un ritmo más para cine, y encima en la pantalla, con música, con movimientos de cámara, se podrían potenciar aún más los muchos hallazgos de Wood en materia de creación de climas. Ese contrapunto, muy presente en el comic, entre la tonalidad bucólica de un pueblito costero en el norte de Escocia y la machaca brutal y sangrienta, brillaría muchísimo más en un largometraje con actores… a menos que lo dirija un negado total, un burro que sólo vio Rápido y Furioso y no la entendió.
No me quiero extender al pedo, así que simplemente recomiendo enfáticamente The Tourist a los fans de Brian Wood, a los que quieran leer un thriller distinto, y a los que quieran descubrir a ese animal llamado Toby Cypress, del cual me propongo conseguir otros trabajos, en lo posible hoy mismo.

sábado, 13 de diciembre de 2014

13/12: THE MASSIVE Vol.2

Segundo tomo de esta serie de Brian Wood, cuya primera entrega vimos el 26/03/14. A lo largo de otro seis episodios, acompañamos al capitán Callum Israel y al resto de la tripulación del Kapital, que siguen navegando los mares de este mundo devastado en busca del Massive, el barco perdido que emite misteriosas señales.
El núcleo central de la trama es ese: un barco persigue a otro y no lo puede encontrar, ni obtener puebas contundentes de que está ahí, donde parece estar. Con esa consigna, Wood mueve a los tripulantes del Kapital por un planeta Tierra que todavía no termina de reacomodarse luego de una serie de cataclismos climáticos naturales, conocidos como “el Crash”, que cambiaron drásticamente los mapas y sobre todo la organización socio-económica de casi todos los países. Como en DMZ, más que héroes o villanos Wood nos presenta sobrevivientes, tipos y minas con pasados bastante turbios, pero con la mente puesta en aguantar, en seguir vivos en medio de un contexto hostil. Esta vez la situación anómala no se acota a una ciudad, sino al mundo entero. Por eso el ritmo de The Massive es más pausado, porque las distancias entre un lugar y otro (y por ende, entre una eventual peripecia y otra) son más grandes.
De todos modos, Wood tiene un Plan B para compensar la falta de acción, o de ritmo más aventurero, y se apoya muy bien en dos recursos: por un lado, en la indagación en este mundo post-Crash; y por el otro, en escarbar en el pasado y en la psiquis de este complejo elenco protagónico, que en vez de expandirse se achica, de modo que cada personaje tiene cada vez más peso específico en la trama. Quizás lo que menos me cierra de The Massive sea ese tono tan melancólico, tan crepuscular, donde no hay margen para la más mínima chispa de humor, donde entre los tantos recursos que escasean, escasea tremendamente la esperanza. Es una serie muy bien pensada, muy bien escrita, pero que obviamente no es para cualquier tipo de lector, porque hay que estar preparado para bancarse el ritmo parsimonioso al que avanza la trama, la bajada de línea ecologista y política de Wood y –lo más espeso- esto que señalaba yo recién del clima tan opresivo, tan depresivo, tan claustrofóbico a pesar de que casi todo transcurre al aire libre.
Como ya es costumbre en las series de Brian Wood, acá no tenemos un dibujante titular, sino que va cambiando en cada arco argumental e incluso en cada episodio unitario. Este tomo arranca con la trilogía de Subcontinental, en la que el dibujante es el correcto Garry Brown, a quien ya descubrimos en la segunda mitad del Vol.1. El combo entre Brown y el colorista Dave Stewart es muy efectivo, con marcadas reminiscencias de grandes dibujantes como John Paul Leon o Tommy Lee Edwards, obviamente sin llegar a ese nivel. La segunda mitad de este tomo ofrece tres episodios unitarios, todos con distintos dibujantes: en el primero lo tenemos al maestro británico Gary Erskine, hábil como siempre en el estilo realista, aunque quizás muy jugado a los primeros planos. En el segundo unitario lo tenemos a Declan Shalvey, un dibujante muy interesante, dueño de una línea muy dúctil, de excelentes recursos narrativos, una especie de Guy Davis sin esa obsesión por las rayitas, las texturitas y los detalles. Y en el episodio que cierra el tomo me reencuentro con un ídolo al que por suerte Wood siempre tiene en cuenta para todos sus proyectos: el croata Danijel Zezelj, titán del claroscuro, que acá pone todo lo que sabe en materia de anatomía, iluminación e integración de la referencia fotográfica para brindarnos las 22 páginas mejor dibujadas de esta entrega de The Massive. Mientras los demás dibujantes son genéricos, clásicos, Zezelj es absolutamente personal, inmediatamente identificable, porque no renuncia jamás a sus rasgos estilísticos que además son muy fuertes, muy poco frecuentes en el mainstream yanki.
Y bueno, vamos por un tomo más. Todavía no compré el Vol.3, pero está en la hit list para ver si lo capturo durante 2015. Repito: The Massive no es para cualquiera, pero si sos fan de Brian Wood, re-da para seguir haciéndole el aguante, a ver cómo se resuelven los conflictos que se plantearon en estos primeros dos tomos.

miércoles, 30 de abril de 2014

30/ 04: SUPERMARKET

Sigo encontrando obras de Brian Wood, verdadero fetiche de este blog. Este es un trabajo de 2006, es decir, anterior a DMZ, que es la obra que marca un antes y un después en la trayectoria de este autor.
Supermarket es una saguita breve, de menos de 90 páginas, y la verdad que la idea daba para mucho más. No sé si para una serie regular de 60 episodios, pero seguro 12 episodios se bancaba, sin estirar ni frutear demasiado. Al contar la historia en 90 páginas, Wood se encuentra con que no puede explorar a fondo ni el mundo que inventa para la serie (una ciudad hiper-capitalista, donde todo se basa en la guita y el comercio, bajo la atenta mirada de dos poderosas mafias enfrentadas entre sí) ni las consecuencias de los sacudones que le pega a Pella, la protagonista. En estas páginas, Pella crece muchísimo, se embarca en un verdadero viaje iniciático muy bien pensado, pero claro, descubre secretos y abre puertas que en menos de 90 páginas no se llegan a explorar del todo.
Donde no falla Wood es en contarnos una aventura a la que no le faltan vértigo ni machaca, y a la vez meternos mucho y muy bien en la psiquis de esta chica a la que el mundo se le da vuelta en pocas horas. Salvo el primer tramo, en el que no hay acción, los otros tres tienen muy buenas dosis de adrenalina, con persecuciones, peleas y tiros, sin descuidar nunca lo que le pasa por dentro a Pella. Lástima que lo que le pasa es tan grosso, y todo cobra una magnitud tan zarpada, que cualquier cosa que haga esta chica en el tramo final de la saga va a parecer poco. Por eso hubiese estado bueno seguirla. Perdón por no ser más explícito, pero todo tiene que ver con secretos muy heavies que se revelan y si los menciono le cago la lectura a los que todavía no hayan descubierto Supermarket.
Los diálogos están muy bien, te creés que vienen de una nena cheta de 16 años, y además encierran -con astucia y sutileza- una mirada aguda y muy crítica hacia esta sociedad de hiper-consumo en la que sólo importa poseer bienes materiales, en lo posible de primera marca.
El dibujante de esta saga es Kristian Donaldson, suplente en DMZ y titular en The Massive, la serie actual de Brian Wood en Dark Horse, cuyo primer tomo reseñamos acá a fines de Marzo. Si no te dicen que es el mismo dibujante de The Massive, no tenés forma de darte cuenta. Acá vemos a un Donaldson mucho más personal, menos pendiente del realismo fotográfico que pela en The Massive, más cerca de una Becky Cloonan, con cositas heredadas de ese referente ineludible que es Paul Pope. Donaldson crea personajes más expresivos, más sueltos, y los mete en unos decorados que muchas veces están basados en fotos a las que se esfuerza por retocar y deformar para integrarlas a su grafismo con mucha más naturalidad que en The Massive. Como además lo dejan ser su propio colorista, el dibujante se reserva efectos y climas para definirlos no con la tinta, sino con el color digital, y la verdad es que le quedan muy bien. Un muy buen trabajo de Donaldson, cuyo vínculo con Wood viene de mucho antes de lo que yo suponía.
Por su acotada extensión, Supermarket no aspira a cambiarte la vida, ni a posicionarse entre las obras fundamentales de esta verdadera usina creativa llamada Brian Wood. Lo cual no es óbice para que la lectura se disfrute plenamente y nos logre entretener un buen rato con ideas atractivas y con un personaje al que el autor le otorga una profundidad y una sustancia que no le vendrían nada mal a personajes pensados para estar al frente de historietas mucho más largas. Habrá más Brian Wood en los próximos meses, acá en el blog.

miércoles, 26 de marzo de 2014

26/ 03: THE MASSIVE Vol.1

Si yo te cuento lo que pasa en estas casi 170 páginas de historieta, vos me vas a responder que The Massive está más estirado que los elásticos de mis calzoncillos. Y tendrías razón, seguramente. El tema es que, por lo menos en el arranque de esta nueva serie, el guionista Brian Wood (uno de los fetiches de este blog) no se propone tanto contar historias como describir un status quo nuevo, raro, muy interesante, inquietante por lo posible, como pasaba con el de DMZ. Eventualmente –supongo yo- vendrán las aventuras en este mundo drásticamente alterado por una seguidilla de brutales catástrofes naturales. Por ahora la onda es explorar cómo quedó nuestro planeta luego del “Crash”, contar un poquito (no todo) acerca de ese momento crucial en el que ciudades y países enteros fueron arrasados por tsunamis, terremotos y tornados, y analizar las nuevas reglas del juego para los que siguen vivos.
El ritmo parsimonioso le sirve a Wood para que los personajes se desarrollen con comodidad, en diálogos profundos, que nos los muestran como a seres humanos realmente tridimensionales; e incluso para que recuerden varias escenas de sus respectivos pasados, un recurso que sirve, por un lado, para darle más carnadura a los protagonistas, y por el otro para mostrarnos cómo en pocos años el mundo que nosotros conocemos se transformó violentamente en el mundo que imagina el guionista para esta serie. El capitán Callum Israel, la enigmática María y el duro Mag conforman sin dudas el elenco básico de The Massive, pero en la segunda mitad de este tomo Wood nos ofrecerá varias secuencias en las que tendrán bastante peso la joven idealista Riley y el curtido mafioso Arkady.
Tampoco vayas a creer que en este primer tomo no hay acción. Hay, en pequeñas cantidades, de un modo para nada forzado, circunscripta con buen criterio a la acción que puede ver un barco que recorre los océanos en busca de otro barco perdido, que cada tanto tiene que conseguir combustible, agua potable y alimentos... esa onda. Y aún así Wood se anima a meter un par de conflictos más heavies, verdaderas luchas contra algo así como un antagonista. No llegan a ser esos combates a todo o nada entre buenos y malos tan típicos del comic de aventuras, pero por lo menos vuelan varios tiros y unos cuantos culatazos.
Lógicamente, toda esta onda tranqui, de contemplación, de anti-epopeya crepuscular, necesitaba de dibujantes realistas, capaces de captar desde la gráfica el dramatismo de lo que nos está narrando Wood. Y la verdad es que el guionista se sacó la lotería dos veces a falta de una. Los primeros episodios de este TPB están a cargo de Kristian Donaldson, uno de los buenos suplentes que aparecieron en DMZ. Donaldson es apenitas frío, pero tiene un estilo firme, ajustado, muy propicio para integrar la referencia fotográfica a su grafismo. Y en la segunda mitad del tomo tenemos a Garry Brown, un dibujante al que yo no conocía, que me pareció un talento a tener MUY en cuenta. Brown parece haber sido asistente o alumno de John Paul Leon o Tommy Lee Edwards y seguramente aprendió de ellos cómo darle expresividad y realismo a los primeros planos, cómo resolver con éxito complejas secuencias mudas y hasta cómo afanarle truquitos a Jorge Zaffino. Realmente excelente lo de este muchacho y glorioso como siempre el trabajo de Dave Stewart, que sigue demostrando por qué es uno de los mejorse coloristas de la historia de los comic-books.
A pesar de que la trama más que avanzar se arrastra, la premisa de The Massive me interesó lo suficiente como para bancar la serie un par de tomos más. El trabajo que hace Brian Wood con los personajes, los diálogos y el contexto que inventó para ambientar la historia tienen muchísimo mérito, y por supuesto ayuda el hecho de que le hayan puesto muy buenos dibujantes. ¿Quién te dice? En una de esas, para cuando lea el Vol.3 ya voy a estar tan cebado con The Massive como cuando le entré a Northlanders o DMZ...

sábado, 14 de diciembre de 2013

14/ 12: NORTHLANDERS Vol.7

Final para esta serie con la que el maestro Brian Wood redefinió la historieta histórica, por lo menos para los parámetros del comic yanki, donde nunca hubo una tradición muy importante centrada en este género. En Argentina y en Europa sí, tuvimos muchas historietas de vikingos muy investigadas, con mucho rigor en la recreación del período histórico, etc., pero no sé si alguna tuvo la ambición, la magnitud de lo que hizo Wood a lo largo de estos 50 episodios de Northlanders.
Este último recopilatorio ofrece una historia contada en tres tandas de tres capítulos. Todo se centra en la vida del clan Hauksson, desde su llegada a las inclementes tierras de Islandia en el año 871, hasta su caída en el año 1260. La primera tanda de episodios nos muestra la llegada a Islandia y la dura adaptación al nuevo terreno, complicado por la feroz rivalidad entre los Hauksson y los Belgarssons, una pica que forzará a ambos clanes a adoptar prácticas extremas y sucias, como las que siglos más tarde implementarían los mafiosos. El tramo que va de 871 a 887 es una historia de aguante, de gente que se ve obligada a endurecerse, a hacerse cruel y abyecta para sobrevivir. También de ilusión, de apostarle fuerte a un futuro que quizás estos pioneros no llegaron a disfrutar.
El segundo tramo, que va de 999 a 1000, nos muestra a los Hauksson ya asentados como uno de los clanes más poderosos de Islandia, dueños y señores de tierras, ejércitos, negocios y riquezas. La pica contra los Belgarssons no cede y en el medio aparece un elemento desestabilizador, con el cual estos curtidos guerreros no saben cómo lidiar: la fe católica avanza por todo el mundo y llega a las heladas tierras del norte para forzar replanteos, nuevas alianzas y –obviamente- nuevos negocios.
Hasta acá, los protagonistas de estos dos arcos (Ulf en el primero, Brida en el segundo) eran jóvenes con mucha personalidad, con convicciones muy firmes, pero que en un punto aceptaban los cambios, se adaptaban a las nuevas realidades que les tocaban vivir. Para el tercer arco (el que transcurre en el año 1260), Wood nos propone un protagonista también joven y decidido, pero esta vez Oskar no se adapta a la realidad, sino que hará lo imposible para que la realidad se adapte a él, a sus deseos y a sus caprichos. Manipulado por su mujer y deslegitimado por su padre (lejos, el mejor personaje secundario del tomo), Oskar conducirá a los Hauksson a la ruina, la derrota y la deshonra. Y al final quedarán vivos los ideales, la promesa de una vida mejor en esta isla que queda en el culo del mundo (pero para el otro lado) y que –según Wood- nunca traiciona a los que dejan su sangre por ella.
En promedio, la Trilogía de Islandia tiene menos machaca que otros tomos, y cuando esta aparece está bien integrada al complejo equilibrio que propone Wood entre rigor documental, runfla política y exploración a fondo de las costumbres de estos hombres y mujeres que nos quedan geográfica y temporalmente tan lejos. Si hay que extraer un mensaje, yo diría que lo que el creador de DMZ nos quiere transmitir es que en todas partes y en todas las épocas hay garcas, soberbios, avechuchos, manipuladores, idiotas con poder, valientes, cagones, gente que se desloma para darle una vida digna a su familia, gente que apuesta por sus sueños más limados, gente con convicciones y gente que va para donde sopla el viento. Esta vez, Wood nos transmite el mensaje de un modo bastante sombrío, bastante triste, en historias en las que la esperanza tiene poca cabida y la alegría, ninguna.
El primer tramo está dibujado por el correcto Paul Azaceta, en un estilo adusto, agreste, con influencias de Michael Lark y Jorge Zaffino, entre otros. El segundo tramo está a cargo de Declan Shalvey, otro dibujante sin mayores inconsistencias, al que le falta definir una impronta visual propia, un grafismo que lo identifique al toque. Talento no le falta. Y en el arco final tenemos una vez más al genio croata Danijel Zezelj, en un nivel impresionante, por ahí no tan zarpado como en otros trabajos, sino más comprometido con la narrativa y con el guión. Zezelj impacta con su línea, con su técnica, con el armado de las secuencias, con esos homenajes alucinantes a Sergio Toppi, y felizmente el colorista Dave McCaig se acopla a la onda siempre vanguardista del croata.
No te quiero mentir: The Icelandic Trilogy no es el mejor tomo de Northlanders. Lo cual no significa que, en el global de los 50 episodios y los siete TPBs, no podamos hablar de una serie magnífica, que realmente marcó un antes y un después, y que terminó de poner a Brian Wood en la lista de los guionistas absolutamente imprescindibles que tiene hoy el comic yanki. Gracias Vertigo, gracias Wood, gracias Odin por tanta gloria.

sábado, 12 de enero de 2013

12/ 01: DMZ Vol.12

Y bueno, aguanté lo más que pude y acá estoy, en la despedida de una serie que nos acompañó desde Enero de 2010 (el Vol.1 lo reseñé aquel binario 11/01/10, hace justo tres años) y de la que vimos desfilar los 12 tomos que la componen.
El giro con el que terminaba el Vol.11 era tan zarpado, tan definitivo, que el Vol.12 corría el riesgo de ser totalmente anticlimático, o de tener que raspar el fondo del tarro en busca de algún conflicto (obviamente menor) que le diera aire a la trama durante 120 páginas más. Y sin embargo, Brian Wood tenía guardado un as bajo la manga, una última carta shockeante, impredecible, de enorme impacto para los lectores fieles a esta serie y la juega 40 páginas antes del final, cuando uno ya se había convencido de que no quedaban más sacudones para pegarle a Matty Roth y a la castigada ciudad de Manhattan.
Hasta que llega ese último golpe de timón, el tomo arranca en una onda más descriptiva que narrativa. Además de pasarse alguna vieja factura, Matty y Zee recorren los barrios de la ciudad para ver cómo se va reconstruyendo lo que hasta unos días antes fue un cruento campo de batalla. La vuelta de la paz trae la vuelta de la política, de la economía, del consumo, y obviamente de los avechuchos que quieren sacar tajada de este “barajar y dar de nuevo” y empezar la nueva etapa con prevendas y privilegios muy por encima de los de la gente común. Como no tiene espacio, Wood no explota los conflictos que este nuevo orden político puede llegar a generar. Se conforma con mostrarlos.
Aquel magnífico unitario protagonizado por Zee con el que cerraba el Vol.11 acá resulta ser central. De pronto, Matty tiene a su disposición todas sus crónicas de la DMZ, todo lo que grabó, filmó y escribió en los seis años en los que corrió como un boludo de acá para allá tratando de llegar vivo al final de la guerra civil. Ahí hay material de primera mano, data posta, filosa y dura de refutar, que a Matty le debería servir para zafar de... lo que sucede en ese último volantazo que Wood se reserva para el final. Y no. Esta vez, el periodista prefiere pagar todo más caro de lo que le corresponde y bancarse lo que venga. Perdón por ser tan ambiguo, pero no quiero spoilear. El compromiso de Matty con la verdad, con lo que realmente sucedió en Nueva York durante la DMZ, resurge en el epílogo, con un combo devastador entre fuerza dramática y vuelo poético, que pone al final de la serie muy, muy arriba. Si leíste DMZ desde el principio, o si sos fan de la ciudad de Nueva York, es difícil no emocionarse con esas 20 páginas con las que Wood cierra la que –hasta ahora- es su obra maestra.
Como no podía ser de otra manera, estos seis últimos episodios los dibuja íntegros el italiano Riccardo Burchielli, el titular de la serie. Con menos fondos que de costumbre, con miles y miles de primeros planos, con la referencia fotográfica muy bien integrada al grafismo en esas inmensas splash pages, Burchielli dice presente de punta a punta de este arco final. Esta vez no hay tiros, ni acción, ni un mísero cachetazo, y aún así el tano le pone emoción a lo que cuenta, en ese estilo que por momentos parece una amalgama dark entre John Romita Jr. y Scott McDaniel. Sin buscar nunca el lucimiento, Burchielli evolucionó muchísimo con el correr de estos 72 episodios y se fue de DMZ no sé si elevado al status de estrella, pero sí con la chapa de dibujante eficiente, sólido y que se compromete a full con lo que le dan para narrar.
Con algún altibajo menor, DMZ fue una serie fundamental. Una distopía ambiciosa, audaz, que se animó a hablar de los militares, los políticos, los jueces, las empresas, los medios de comunicación y sobre todo del sufrimiento de la gente común cuando todos estos se miran el ombligo, o priorizan sus cuentas bancarias por sobre el bien de una nación. Lo peor de todo es que, a pesar de las alertas que enciende Brian Wood en este comic, la guerra sin cuartel entre los propios yankis y en su propio territorio todavía se ve posible. Lo mejor de todo es que, al margen de las especulaciones, nos quedan 12 libros tremendos, repletos de ideas potentes, personajes complejos y situaciones que nunca habíamos visto en ninguna otra historieta. DMZ es mucho más que una oda escrita por Wood a su querida Manhattan. También es un comic que te atrapa, te intriga, por momentos te caga a palos, te asfixia, te enfurece y al final te deja la maravillosa sensación de haber leído algo único, irrepetible y demoledor. Papa estremecedoramente fina.

sábado, 5 de enero de 2013

05/ 01: DMZ Vol.11

Ya estamos en el tramo final de esta serie que empecé a leer hace tres años, en los albores del blog, y me complace decir que nunca estuvo mejor. Si bien es cierto que DMZ tuvo sus altibajos a lo largo de los 10 primeros tomos, también es cierto que pocas veces hubo una seguidilla de 7 episodios al nivel de los 7 que ofrece este TPB.
Después del tremendo bajón del tomo anterior, en el que las fuerzas armadas de Estados Unidos bombardeaban la Gran Manzana para iniciar la invasión a todo o nada de la isla, el guionista Brian Wood se prepara para empezar a atar los cabos sueltos. Primero: ¿qué sabemos de los Estados Libres de América, el movimiento revolucionario que irrumpió en el corazón de los EEUU y los dio vuelta como un guante? ¿Quién organizó esa movida, cómo se formaron esos ejércitos, de dónde salieron las armas y la infraestructura para sostenerlos? Los dos episodios que abren este tomo (magníficamente dibujados por Shawn Martinbrough) explican precisamente eso: el origen de esta nación dentro de la nación.
El siguiente episodio arranca con Matty Roth como testigo de los operativos militares del otro bando, el que responde al Presidente de los EEUU, que avanza de Este a Oeste por Manhattan para tomar posesión de la ciudad (obviamente por la fuerza) y eliminar cualquier resistencia que pueda plantearse, incluso si son civiles desarmados. Las primeras secuencias son más descriptivas que narrativas, hasta que en la última viñeta, pasa algo, o en realidad Matty se entera de algo, que cambia totalmente el curso de la historia. Wood nos tenía reservado un pase mágico, una voltereta impredecible y brillante que –al estar tan cerca del final- tiene un efecto demoledor.
De ahí en más, tendremos otras 60 páginas increíbles, en las que el guionista se dedicará a cerrar otra punta importantísima que había quedado colgada: Parco Delgado y la explosión nuclear con la que terminó el Vol.8. Acá hay secuencias durísimas, diálogos afiladísimos y –de nuevo- bravísimos dilemas morales para un Matty Roth que (esta vez sí) definirá con la jerarquía de los grandes, al ángulo, a donde el arquero no puede llegar jamás. De pronto (aunque no de modo forzado, ni extemporáneo) una decisión de una persona puede cambiar el curso de esta guerra sucia y fraticida, e incluso ponerle fin. Imaginate la emoción que produce ver a los personajes con los que uno se encariñó a lo largo de decenas de episodios, frente a frente con la historia, con la posibilidad de cambiar la historia, pero con sus sentimientos, frustraciones y rencores a flor de piel. El final del arco llamado Free States Rising es tan grosso que hace que todos los sacudones al status quo de la serie que vimos hasta ahora parezcan una nimiedad, un engaña-pichanga.
Y el tomo cierra con un unitario sencillamente perfecto, en el que Wood retoma al personaje de Zee para darle un último giro, para ponerle un moñito a una de las patas sobre las que se apoyó DMZ, sobre todo en los primeros tomos. La chapa que levanta Zee en estas 20 páginas no se puede explicar ni en un texto de doscientas. Si Matty había remado de atrás para volver a ser considerado un personaje copado y atractivo, este unitario nos recuerda que, al lado de Zee, siempre va a ser un pendejo patético.
Salvo esos dos numeritos en los que da cátedra el maestro Martinbrough (en su estilo más serio, más cercano a Sean Phillips), el resto del tomo está todo dibujado por el italiano Riccardo Burchielli, el titular de DMZ, con su habitual compromiso, sus habituales pilas y su asombrosa insistencia a la hora de desaprovechar las oportunidades de lucimiento que le dan las páginas con uno o pocos cuadros. La narrativa está impecable, la integración de la referencia fotográfica es perfecta y la simbiosis con el colorista Jeromy Cox funciona mejor que nunca.
Se acerca el final y la serie está en un momento impresionante. ¿Qué as se guarda Wood bajo la manga para el último tomo? Me voy a enterar muy pronto, porque tengo el Vol.12 ahí, pidiendo pista, y con lo cebado que estoy, no creo que aguante muchos días sin devorármelo...

miércoles, 26 de diciembre de 2012

26/ 12: CHANNEL ZERO

Una vez más, esto es más raro que bueno. Y aún así es bastante bueno. Channel Zero es el primer trabajo profesional del hoy consagrado Brian Wood, publicado por Image allá por 1997. Y es sobre, todo una obra pensada para reflejar una época.
Allá por los ´90, a Rudy Giuliani, intendente de Nueva York, se le ocurrió limpiar la ciudad, convertirla en un lugar más prolijo, más seguro, más careta. Con el tiempo, lo logró. Pero para llegar a eso, primero se tuvo que enchastrar un poco y ahí es donde se pasó un poquito de rosca: hubo aprietes a periodistas y artistas, represión policial bastante zarpada en varias marchas y gente que terminó en cana sólo por expresar su disenso con lo que Giuliani quería hacer. En ese contexto, Wood crea Channel Zero, una historieta de barricada, comprometida al mango con el mensaje que el autor quería transmitir.
Por suerte es un mensaje tan fuerte (y con el que uno coincide tanto) que conserva su impacto aún hoy. Wood nos grita “despiértense, muchachos, no se suban a las modas, no compren espejitos de colores, no se crean el discurso prefabricado de los medios, porque está armado con mierda, con la mierda que a los políticos y los empresarios les conviene que tengamos en la cabeza para controlarnos mejor”. Channel Zero es un comic 100% contestatario, que sale a romper con ese discurso hegemónico de fines de los ´90 de “ya está, ya no va a pasar nada más relevante, ahora déjense de joder, miren tele y jueguen a los videogames”. Un discurso que en la Nueva York de Giuliani (y en la Argentina de Menem y De la Rúa) se impuso a fuerza de mentiras y garrotazos, para después dejar un desolador saldo de miles y miles de excluídos. Wood cava donde puede su trincherita, y desde ahí resiste, baja línea, tira bombas, intenta viralizar su mensaje ácido, despiadado, profundamente contracultural.
Ahora, ¿es la historieta el medio ideal para hacer una cosa así? Por ahí hay que tenerla muuuy clara para jugarse a hacer esto y que te salga bien, y Wood estaba muy verde. No era Warren Ellis escribiendo Transmetropolitan, por citar una serie de la misma época y con un discurso parecido. Le faltaba mucho, básicamente dibujar mejor y armar mejor la historia, para que la bajada de línea se pudiera integrar a una trama más atractiva, más dinámica, más fácil de sobrellevar. En Channel Zero, las buenas intenciones se pierden entre páginas con muy pocas viñetas, poquísima narrativa y una estética que intenta combinar las minitas hot de Image con la técnica de la foto retocada al mango. Están buenísimos los textos y hay ideas muy grossas a nivel diseño, pero con buenos textos y un diseño copado podés hacer un libro como el que vimos ayer de Miguel Brieva, no una buena historieta.
La cosa levanta bastante cuando Wood encara una precuela, una historia del pasado de la protagonista de Channel Zero, y decide no dibujarla él, sino sumar al proyecto a Becky Cloonan. Cloonan ya era ese amalgam bizarro entre Wood y Paul Pope y su llegada a la serie le aporta una narrativa mucho más fluída y una forma menos brutal de laburar en base a fotos. El guión de Wood, además, es muy bueno. Y lo mejor llega al final, en una historieta de apenas cuatro páginas realizada íntegramente por Wood, pero hace poco, cuando ya se había hecho conocido con DMZ. Acá mete color, fotos, todos esos truquitos de diseñador gráfico que perfeccionó en las portadas de DMZ y un argumento breve, conciso y que resume perfectamente el espíritu de Channel Zero.
La verdad, no sé si se justifica leerse todo este masacote de casi 300 páginas para decir “qué grosso este pibe, mirá qué huevos tuvo para salir a bajar línea a lo guanaco con su primer comic publicado”. No está mal, de hecho por momentos está muy bien. Y está lleno de detalles y cositas que preanuncian mucho de lo que vamos a ver años más tarde en DMZ (que no casualmente es un comic muy político ambientado en una Nueva York distópica). Por eso, por la integridad, por el coraje y por los buenos dibujos de Becky Cloonan, te diría que sí, que se justifica. No me termino de decidir. Lo que sí creo es que si hubiese leído Channel Zero a fines de los ´90 muy probablemente me habría detonado el bocho, mal.