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lunes, 11 de diciembre de 2023
VAMOS CON OTRAS TRES
No sé por qué hoy no me siento más libre, pero seguramente me siento un poco más pobre. Pero vamos con las reseñas.
Jack Hack es un librito de la editorial ThunderDome que recopila una historieta de Guillermo Villarreal, con la colaboración de Ariel Grichener en los guiones, que originalmente había salido en cinco revistitas. Se trata de una historieta para chicos, una aventura de ciencia ficción, muy lineal, con peleas contra alienígenas, monstruos y una especie de hechicero. Todo transcurre en un mundo tipo He-Man, en el que los humanos son astronautas bajados de una nave espacial y las culturas indígenas tienen más que ver con los orcos y otras razas cuasi-monstruosas al estilo J.R.R. Tolkien. El protagonista es un pibe humano impulsivo, valiente y carismático, que ayudará a alterar el equilibrio de poder en un mundo regido por el "sávese quien pueda".
Si bien el tono de Jack Hack es el de una aventura "seria", el trazo de Villarreal y algunas pinceladas que aporta Grichener en los diálogos le ponen al comic algo de comedia, o por lo menos una sensación de "relajate y disfrutá". La violencia no está ni enfatizada ni glorificada, los flashbacks están bien puestos, y en general, se deja leer sin sobresaltos. El punto más fuerte, como suele suceder, es el dibujo de Villarreal, que está realmente muy bien, muy sólido, con un gran manejo de la aplicación de tramas mecánicas, mucha expresividad en los rostros y bastante originalidad en el diseño de los personajes, animales, armas y naves. Por suerte el manga abrió la posibilidad de que los chicos se enganchen con historietas en blanco y negro, y la verdad es que Jack Hack (editado así, en un librito de unas 150 páginas) resulta igual de atractivo que cualquier manga de aventura y machaca de los que hay hoy en el mercado, con el atractivo extra de que la historia se resuelve en un único tomo.
Ya en el rubro de publicaciones con ISBN, la editorial Gatto Gordo lanzó el Vol.1 de Siete Nexos, otra saga de acción y aventuras escrita y editada por Exequiel Fernández Roel y dibujada por Pablo Churin. La edición es, por lo menos muy rara: en un librito de 64 páginas, sólo 38 son de historieta. El resto son bocetos, diseños de personajes, agradecimientos... todas cosas que tranquilamente podrían no estar, para ofrecerle a los lectores de historietas más páginas de historietas. Acá por lo menos te aclaran en la portada que se trata de un Vol.1 y no de una historia completa. Pero 38/64 es una ratio excesivamente baja, al filo del disparate.
El dibujo de Churin (lo digo así, rapidito) me aburre. Le falta personalidad, onda, riesgo. Es un dibujante de aventura realista de lo más genérico que te puedas imaginar, que fluctúa entre páginas casi sin masas negras y páginas donde estas tienen un gran protagonismo. Tampoco descolla en las expresiones faciales, tiene algún que otro pifie en la anatomía... creo que lo mejor que muestra Churin en estas páginas es la capacidad de superpoblar las viñetas con muchos personajes sin que se le arme un cambalache narrativo imposible de descifrar para el ojo del lector.
Y el guion de Fernández Roel parte de una premisa interesante, con buenas posibilidades para desarrollar una aventura atractiva, por fuera de lo predecible. El elenco está integrado por siete personajes muy distintos entre sí (cada uno representa a un género, entonces hay un detective de policial negro, una especie de vampira, un aventurero onda Indiana Jones, un guerrero onda Conan, un superhéroe clásico y así). Por ahora, la interacción entre ellos está bien, pero no compone el núcleo de la obra, muy orientada a la acción. Exequiel plantea de entrada un conflicto fuerte, y todo lo que hacen los personajes está necesariamente supeditado a la resolución de ese conflicto, algo que seguramente sucederá en entregas posteriores. Me parece que me voy a sentir más cómodo recomendando Siete Nexos cuando ya tenga más libritos publicados, como para que la trama cobre más volumen (en 38 páginas tenemos la presentación de los protagonistas, el planteo del conflicto y poco más) y para ver si, con la gimnasia de dibujar unas cuantas páginas por año, levanta un poco la performance de Churin.
Por fuera del material de autores argentinos publicado en 2023, me leí el tomito de historias cortas de Tatsuki Fujimoto titulado 17-21. Acá hay cuatro historietas autoconclusivas en las que se puede apreciar cómo evolucionó el autor de Chainsaw Man a lo largo de sus primeros años como mangaka. La primera historieta parte de una buena idea, pero narra en 35 páginas una anécdota muy menor, que se podía contar tranquilamente en 12 ó 16 páginas. El dibujo todavía es un poco confuso, pero se nota que el pibe está bien encaminado. Para ser una obra de un chico de 17 años, está muy bien. La segunda historieta también se extiende demasiadas páginas y también adolesce de un dibujo un poco confuso y una puesta en página un poco torpe. Pero el guion es bastante mejor que en la primera, y tiene los mejores diálogos del tomo, muy bien traducidos al castellano argento por Hernán Leguizamón.
La tercera parece ser una experimentación bizarra, que parte de una premisa típica de manga romántico pero empieza a incorporar elementos más extraños, más aventureros, y termina por pasarse de rosca y ser bastante inquietante y bastante cómica. Y la cuarta historieta es la mejor del librito: acá el dibujo de Fujimoto pega un salto cualitativo que lo pone cerca de ser un Hiroaki Samura de segunda marca, algo que para un pibe de 21 años, es un montón. De nuevo, la cantidad de páginas que utiliza para contar la historia de Shikaku y Yugel es un exceso total, pero la narrativa es más clara, hay escenas realmente espectaculares y -repito- el dibujo está mucho mejor resuelto, aunque le falta más variedad de planos y más laburo en los fondos. Ya se nota que hay mucha menos diferencia entre lo que a Fujimoto se le ocurre en su cabeza y lo que su mano logra plasmar en el papel. Otra buena historia de amor pasada de rosca, con sangre, tiros y violencia.
Si te gusta ver la etapa experimental de un autor ya consagrado en el mainstream japonés, este librito te puede llegar a gustar mucho. Hay un segundo tomo de relatos breves del Fujimoto pre-Chainsaw Man, al que prometo entrarle en algún momento de 2024.
Suficiente, por hoy. Vuelvo a concentrarme en el nº8 de Comiqueando Digital, que se viene con todo. Gracias y nos reencontramos pronto acá en el blog.
sábado, 25 de noviembre de 2023
OTRA TANDA DE TRES
Bueno, hoy también tengo varios libritos leídos y un rato para redactar reseñas. Aprovechemos mientras se pueda.
Empiezo con Gravedancer, una extensa novela gráfica a todo color escrita por Juli Lorente (a quien no conocía) y dibujada por Rodolfo Ezequiel (de quien ya vimos otros trabajos, firmados como Ezequiel Rosingana), con una breve secuencia a cargo de Quique Alcatena.
El guion me resultó interesante, me gustó la forma en que Lorente salpica con toques de humor una historia que podía hundirse fácilmente en los pantanos de la solemnidad. Incluso en el momento en que el western picantito (con buenos diálogos y mala leche al estilo Sánchez Abulí) decanta hacia un lugar común más transitado que Plaza Constitución (la guerra entre ángeles y demonios que se va a librar en la Tierra), Gravedancer conserva casi intacto su atractivo, probablemente debido al buen manejo de los personajes, su evolución lógica y hasta en punto creíble, a pesar de lo fantástico de los elementos que pone en juego Lorente. Sin ser una maravilla, la combinación entre western grim ´n gritty, misticismo, acción y ese toque de comedia, funciona como para que en ningún momento se te ocurra colgar la lectura y dedicarte a otra cosa. Para ser la primera vez que leo un trabajo de este guionista, el resultado es bastante notable y bastante esperanzador.
En la faz gráfica, en cambio, veo varios problemas. La portada, ya desde el vamos, no es ganchera. No refleja la intensidad del relato que nos espera "puertas adentro". El color, si bien me gustan las paletas que elige Ezequiel, se ve empastado en casi todo el libro, supongo que por una disociación entre cómo se veían las páginas en el monitor del dibujante y cómo se ve eso mismo impreso en papel. La narrativa y la puesta en página están bien, se nota la destreza de Ezequiel para armar secuencias consistentes incluso cuando el texto es muchísimo. Y lo que me tiró un poco para atrás al dibujo en general es un cierto estatismo: a los personajes les falta un poco de plasticidad, tanto en el lenguaje corporal como en el gestual. No puedo decir que Ezequiel dibuje mal, para nada, pero lo sentí un poco duro a la hora de mover a los personajes. Las cuatro paginitas de Alcatena, una demencia exquisita.
Gravedancer es un entretenimiento sólido, con cosas para mejorar en el aspecto visual, pero más que digno. Estoy atento a los próximos trabajos de Juli Lorente, a ver con qué me sorprende. Y si esta edición se agota y Viajero del Alba reimprime el libro, queda abierta la posibilidad de trabajar mejor el tema del color para que se luzca mucho más que en esta primera edición.
Leí también el tomo que recopila los cuatro episodios de Hyperion, una miniserie a cargo de Guillermo Villarreal y Guido Barsi. En el texto de presentación, Villarreal da a entender que Barsi se sumó al proyecto cuando ya estaba iniciado, así que no sé exactamente si participó o no en la creación de la trama y los personajes, o si simplemente se sumó para aportar textos y diálogos con la historieta ya desarrollada. Lo cierto es que el guion me pareció malísimo. Confuso, retorcido, con unos flashbacks tan extensos y elaborados que ameritaban ser una novela gráfica en sí mismos. Incluso hay errores en los textos, los personajes por momentos se tratan de tú y a veces de vos... Me costó muchísimo engancharme con una historia que -a la larga- cuenta muy poco en 88 páginas.
Por suerte está el dibujo de Villarreal, mejor todavía que en sus trabajos anteriores, en un nivel realmente muy alto, que le permitiría insertarse profesionalmente en casi cualquier mercado. Le queda por mejorar sólo el tema de los enfoques, donde veo una tendencia a la repetición. Si incorpora más variantes, puede crecer aún más. Pero el dibujo en sí, el lápiz, la tinta, la aplicación de los grises, el trabajo en fondos y armaduras, la gestualidad de los personajes... todo eso está muy bien resuelto y puesto al servicio de la aventura.
Una aventura que -repito- para mi gusto hace agua por varios costados y que avanza a un ritmo con el que no pude sintonizar. Pero sospecho que esto no está pensado para que me guste a mí, sino a un lector más joven, más del palo del shonen o de los videojuegos tipo Diablo o God of War. En todo caso me sirvió para ver de cerca la evolución de Guillermo Villarreal, un dibujante que está ahí, a un buen guion de pelar una obra realmente importante.
Me doy cuenta de que llevo varios días leyendo sólo historietas en las que autores argentinos juegan a "cumplir con las reglas" de los clásicos géneros vinculados a la aventura, y se me hace un toque aburrido, por lo cual decidí mechar otra lectura, de algo distinto. Y le entré al Vol.2 de Fables Amères (nunca vi el Vol.1), una recopilación de historias cortas, autoconclusivas y sin personajes recurrentes, del maestro francés Christophe Chabouté. Son once historias de distinta extensión (entre seis y 14 páginas), varias de ellas mudas, todas en el maravilloso blanco y negro con el que asociamos a este autor.
Esto está todo dibujado por el Chabouté del Siglo XXI, es decir, un monstruo ya consolidado en su estilo, con un manejo del claroscuro descomunal, al nivel de José Muñoz, Jacques Tardi o e mejor Alfonso Font. Así que a nivel visual, el deleite está más que garantizado. En cuanto a los guiones, cualquier recopilación de once historietas va a ofrecer ciertos altibajos... y la verdad que acá hay pocos. La mayoría de las historias son brillantes, y en todo caso lo que se puede criticar es que a veces Chabouté se toma demasiadas páginas para llegar al remate, a esa estocada final que le pega un giro (a veces brutal) a lo que el lector venía asimilando como "la trama". Algunos de los recursos que pone en juego Chabouté son los mismos que le vimos a los españoles Tha y TP Bigart en Absurdus Delirium (busquen las reseñas, que ya hablamos de esto en el blog), pero los hermanos liquidaban el "chiste" en una sóla página mientras que el francés se toma unas cuantas para lograr el mismo efecto.
Las Fables Amères son breves secuencias que hablan de lo intrascendente, lo incoherente, lo alienante o lo rutinaria que puede ser la vida normal en las grandes ciudades y en la sociedad actual. Más que a rebelarse o a patear todo a la mierda, Chabouté nos invita a reflexionar, pero de un modo sutil, amable, pleno de imaginación. Hay una bajada de línea socio-política, claro, pero no pasa todo por ahí. El autor sabe combinar esta invitación a la reflexión con una sana cuota de intriga, de sorpresa, de juego con lo que el lector no está espeando encontrarse sobre el final de cada relato. El resultado es sencillamente magnífico y además sirve como demostración cabal de que Chabouté no es sólo un gran autor de novelas gráficas de chotocientas mil páginas. En espacios cortos (que podrían ser incluso más cortos) también puede pelar gemas y sacudir al lector con emociones, sensaciones y reflexiones que nos hacen mejores personas. Creo que este material no está publicado fuera de Francia, pero como varias de las historias son mudas, no es taaaan imprescindible manejar el idioma de Mbappé para disfrutar del librito. Y siempre está la posibilidad de que algún editor del habla hispana se despierte y traduzca las historias que tienen textos en francés.
Hasta acá llegamos. Vuelvo a sumergirme en el océano del nº8 de la Comiqueando Digital, que casi seguro estará disponible durante Enero. Gracias por el aguante.
lunes, 12 de diciembre de 2022
OTRAS TRES LECTURAS
Sigo avanzando en la lectura de las historietas de autores argentinos publicadas durante 2022 y ya tengo otras tres listas para reseñar.
Silicium, de Guillermo Villarreal y Leonardo Figueroa, la había leído por lo menos parcialmente hace unos años, cuando salió serializada en revistitas. Creo que de los cuatro capítulos que componen la obra, había leído tres. Ahora la conseguí en libro, y la leí toda junta, de un saque. Se trata de un comic de ciencia ficción muy dinámico, que se lee rápido. Y quizás ese sea su defecto más notorio: pasan pocas cosas para la cantidad de páginas que tiene. Los diálogos están bien, los personajes son bastante tridimensionales, pero la aventura en sí es muy lineal, como si fuera un videojuego de esos en los que vas avanzando por un escenario y cada tanto se te viene encima algo a lo que le tenés que disparar. Recién sobre el final hay un flashback que se propone indagar en el pasado de uno de los protagonistas, pero también está contado en forma de aventura extrema con machaca, estridencia y explosiones. Y la última página pareciera dejar abierta la posibilidad de continuar la historia, lo cual estaría buenísimo, porque en una de esas Figueroa y Villarreal tienen pensado un final que no es el que vimos hasta ahora, sino algo más potente, más redondo. Ojalá en algún momento nos avisen que este librito de Silicium es apenas el Vol.1 de una saga pensada para seguir muchos capítulos más.
El principal atractivo de la obra es, claramente, el dibujo de Villarreal. Más allá de algunos planos que se repiten mucho, estamos frente a un dibujante con un gran manejo de la composición de la viñeta, gran equilibrio entre masas negras y espacios blancos, gran criterio para la aplicación de los grises, gran despliegue a la hora de imaginar maquinarias, armaduras, chumbos y edificios futuristas, y con un estilo muy ganchero, tributario de dibujantes del mainstream yanki de los ´90, tipo Joe Madureira, Mike Wieringo, Roger Cruz... esa onda. De ahí aprendió Villarreal a dibujar personajes muy expresivos y a moverlos bien en las escenas de acción. Ya habíamos visto otros trabajos de este dibujante en el blog, pero este sin dudas es superior a los anteriores.
Hay más titanes planetarios, porque Loco Rabia compiló en libro la impactante Estrella Roja, una historieta que Manuel Loza serializó en la web durante varios años. Si te gustan la aventura y la ciencia ficción, Estrella Roja te va a hipnotizar de punta a punta. Es un comic rarísimo, porque está todo narrado sin diálogos y sin viñetas mudas: cada cuadrito tiene su bloque de texto y es por ahí por donde avanza la narración. Lógicamente, los mejores momentos llegan cuando Loza logra que el dibujo no se limite a ilustrar algo de lo que expone el texto, sino que agregue algo más. Por suerte, eso sucede bastante a menudo. La trama avanza a buen ritmo, excepto en un momento en que Loza deja el dibujo a manos de autores invitados, y la historia central se detiene para contar algunos flashbacks que -pese a estar muy bien dibujados- no aportan demasiado.
Otra aspecto raro es cómo Loza se limita a sí mismo a la hora de dibujar. El formato de tira le impide jugar con la forma, el tamaño y la ubicación de las viñetas dentro de la página, y el tema de tener un bloque de texto sobre cada dibujo lo lleva a simplificar, a no matarse dibujando fondos que puedan opacar al texto, o quedar sepultados debajo de este. Es un equilibrio complicadísimo, pero de alguna manera funciona, y hasta deja espacio para que el dibujo se luzca y brille con mucha intensidad.
Lo que más me gustó es cómo, en un contexto de aventura extrema, a todo o nada, en la que los protagonistas superan desafíos imposibles y peripecias aún más imposibles, Loza aprovecha para bajar línea. Y lo hace de manera clara, contundente, por momentos hasta con la notable habilidad de combinar consignas militantes con un cierto vuelo poético. Se nota mucho el trabajo a destajo por parte del autor, su esfuerzo por construir un mundo fantástico pero consistente, personajes imbatibles pero vulnerables, capaces de generar empatía en el lector... y a la vez se nota que la estaba pasando bomba, que hay pasión y disfrute a lo largo de toda esta epopeya que es Estrella Roja. El rulito del final, en el que esta saga se conecta con... otra, muy conocida, la verdad que lo vi venir muchas páginas antes. Pero igual está muy piola, muy bien ejecutado.
El formato del libro... y, no... la verdad que no me gustó. Pero me doy cuenta que lo eligieron por una cuestión de fidelidad, de reproducir la experiencia de lectura que Estrella Roja ofreció semana a semana en la plataforma de comic online de Loco Rabia. De todos modos, es un formato incómodo para guardar, no para disfrutar de los dibujos y los guiones de Manuel, por eso no tiene sentido putearlo. Gran historieta, de lo más power del año.
Y termino con Tiburcio Tiene Novia, nueva recopilación de las historietas que Alejo Valdearena y Diego Greco publicaban semanalmente en la revista Billiken. Por ahí esta vez los chistes no me causaron tanta gracia como las anteriores, pero creo que nunca me reí tanto con un poema de El Gaucho Zombie como el que incluye el librito en esta ocasión. Como toda serie que ya lleva muchos años, Tiburcio amplió su elenco y muchos de los argumentos de estas historietas (todas de una página) surgen de la interacción entre los distintos personajes y los choques entre las distintas personalidades. La Gran Peanuts, digamos. Y también lo vemos a Valdearena nutrirse de un humor costumbrista, de cosas que hacen los chicos de carne y hueso, quizás llevadas un poco al extremo para que causen más gracia.
En general son historias muy sencillas, donde hay una travesura, o un toque de picardía, o donde la imaginación de los chicos aparece contrapuesta a la realidad. Pero claro, esto es una historieta para chicos que leían Billiken, con lo cual la realidad se muestra un toque distorsionada: nunca hay un problema de plata en la familia, nunca hay situaciones de injusticia en la escuela, ni hay violencia ni inseguridad ni pobreza en las calles y plazas donde juegan Tiburcio y sus amigos. Es mundo más idílico que real, y no es ilógico que así sea, aunque leído por un adulto hace un poco de ruido.
El dibujo de Greco es excelente, al igual que el color. Y cuando cambia de técnica para ilustrar el poema del Gaucho, directamente te detona las retinas. Un verdadero crack que merece mucho más reconocimiento del que tiene entre los fans de la historieta argentina. Obviamente recomiendo comprar el nuevo librito de Tiburcio, leerlo en 15 minutos y regalárselo a un hijo, sobrino, ahijado o mascota bípeda. Quedás como un duque y te divertís un rato. No se puede pedir mucho más.
Y esto es todo por hoy. Mañana, partidazo del Mundial que ojalá ganemos. Y ni bien tenga más libros leídos, nuevas reseñas acá en el blog.
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Alejo G. Valdearena,
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