el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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miércoles, 28 de mayo de 2014

28/ 05: VAPOR

Hoy tardísimo, pero bue... surgieron compromisos inesperados.
Esta es la última novela gráfica de Max y la primera que se edita en Argentina. Me encanta que se edite historieta española en nuestro país, sin embargo no me cierra que no se la traduzca al “argentino”. En España, cuando se publican obras de autores argentinos, les suelen meter mucha mano a los diálogos y a llenarlos de localismos propios de la Madre Patria. Acá habría que hacer lo mismo. No clonar la edición española así como viene, sino meterle mano a los diálogos para argentinizarlos. Creo que eso es lo único que no me maravilló de Vapor, el gusto agridulce de estar leyendo una edición argentina repleta de localismos de otro país.
El resto fue puro disfrute, porque la verdad que acá Max saltó (de nuevo) al vacío y el experimento le salió demasiado bien. Muy básicamente y para no spoilear (porque la idea es que, si te interesa mínimamente, banques con tu compra la edición argentina), Vapor cuenta la historia de Nicodemo, un tipo del que no sabemos casi nada, excepto que se cansó de la civilización y se fue a vivir solo a un desierto. A no hacer nada, a meditar, a comer, beber y bañarse muy de vez en cuando. En ese vacío, en esa nada, Nicodemo espera encontrar alguna verdad, o al menos alguna respuesta. Claro que la falta de comida y bebida y la exposición al sol lo van a hacer ver... cosas raras y pronto se empezará a desdibujar la frontera entre lo que Nicodemo realmente vive y lo que alucina.
Con acertado criterio, Max no dejará pasar demasiadas páginas para rodear a Nick de otros personajes, reales o imaginarios, con los que el aspirante a anacoreta podrá dialogar y de ahí saldrán las mejores secuencias del tomo. Y cuando uno cree que ya le “tomó el tiempo” a la obra, que ya entendió cómo está planteada la estructura dramática y supone que Max no se va a mover mucho de ahí, el catalán pega un volantazo brillante y a 10 páginas del final arma y resuelve un conflicto a una escala mucho mayor que los que habíamos visto hasta el momento. Con lo cual la novela se vuelve otra vez impredecible, como si en vez de en la página 101 estuviéramos en la 2.
El desierto y las alucinaciones le permiten a Max crear algo que a los historietistas en general les encanta: un mundo donde la lógica funciona distinto, donde las reglas son otras y pasan cosas rarísimas en un contexto de fingida normalidad. Eso que inventó hace más de 100 años George Herriman en Krazy Kat, sigue vivo en Max, y de hecho acá hay algún homenaje bastante explícito a la inmortal historieta de Herriman. En pocas páginas, Max le da entidad a un mundo ensimismado, bizarro, de una falsa simplicidad. Ese mundo le impone el clima a la obra, tanto que Nicodemo se ve sumergido en él tan rápido y de modo tan definitivo, que si Max quisiera mostrarnos un flashback a la vida del protagonista previa a su llegada al desierto, nos parecería un desubique mayúsculo, casi una atrocidad.
Hasta la página... 16, uno sospecha que Max decidió ambientar esta historieta en un desierto para no dibujar fondos y terminarla más rápido. Pero pronto (y gradualmente) empiezan a aparecer escenarios más y más elaborados, cosas cada vez más difíciles de dibujar y ya en el último tramo de la obra (cuando nos acercamos a la página 90, más o menos) lo tenemos al catalán dibujándose la vida, en secuencias que le exigen un tremendo despliegue de efectos gráficos, todos solucionados con tinta, plumín, pincel y talento. A lo largo de toda la obra, además, tenemos un trabajo formidable en el lenguaje gestual de los personajes: rostros y cuerpos de increíble expresividad, en constante movimiento, que se contraponen brutalmente a la quietud y la escacez de los decorados. Y todo en un blanco y negro puro, sin tonalidades, perfectamente equilibrados.
Vapor es una hermosa historieta, que te intriga, te inquieta, por momentos te hace vibrar al ritmo de una acción atípica (pero acción al fin) y al final te deja pensando. Son muchos los logros de Max en esta obra y muchos los huevos del sello Musaraña, que apostó a editar esta joyita en nuestro país. Ojalá haya muchos más sellos decididos a traernos buenas ediciones locales de las grandes obras del comic europeo.