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sábado, 9 de diciembre de 2023
TRES AL LÍMITE
Mañana cambia el país, supongo yo que para peor. En vez de estar en el horno, vamos a estar en el spiedo: con el mismo calor, pero dando vueltas con un palo que nos entra por el orto y nos sale por la garganta. Habrá que aguantar, como aguantamos tantas veces, por lo menos los más veteranos. Vamos con las reseñas.
Primero, una breve glosa para Viento Fantasma, un librito que reúne dos historias cortas de Francisco Felkar, ambas con un tinte sobrenatural y ambientadas en su Bahía Blanca natal. Muy notable la mejora en el dibujo de Felkar respecto de sus trabajos anteriores, y muy interesante el tono (medio lovecraftiano) que encontró para narrar lo extraño, lo inexplicable y además para anclarlo en la mitología propia de su ciudad. Por ahí estas historietas destacarían más en el contexto de una antología con otros autores que en un librito de menos de 30 páginas, pero eso no hace menos placentera su lectura.
Vamos con una gema: el tercer (y aparentemente último) libro de El Último Recurso, la serie escrita por Lubrio y dibujada por Kundo Krunch. 78 páginas de acción, mala leche, groserías, atrocidades y abyección moral, que se disfrutan inmensamente. No me acuerdo si con los dos primeros libros me reí tanto, pero este tiene un nivel superlativo. Lo cruel y perverso del plan de los villanos (no muy difícil de traspolar a regímenes políticos y sociales como el que vamos a estrenar mañana) me pareció de una genialidad macabra, me cuesta creer que a ningún otro guionista se le haya ocurrido antes semejante guachada. A Lubrio no sólo se le ocurrió, sino que tuvo los huevos y la destreza de llevarlo al papel, combinado con diálogos tremendos, un ritmo atrapante y muy buen desarrollo de estos personajes a los que espero ver regresar, aunque sea en el contexto de otra serie.
El giro que le encuentra Lubrio al clásico plot de "nos invaden extraterrestres que tienen siniestros planes para con la Humanidad" es original y está narrado con una crudeza y un impacto estremecedores. Incluso la respuesta de "los buenos", las maniobras que planifican e improvisan para impedir el genocidio, demuestran inteligencia y osadía por parte del guionista. Después de dos libros en los que pasa de todo, ya para el tercero no se mantiene tan intacta la sensación de "cualquiera de estos personajes puede ser boleta", sino que uno sospecha que -de alguna manera- los cuatro más importantes tienen asegurado el privilegio de llegar al final de la saga. Eso -créanme- no le hace mella para nada a la sensación de vértigo, de frenesí, de "se va todo a la mierda" que transmite el guion de "El Fin de Nuestros Elaborados Planes".
El dibujo de Kundo, buenísimo como siempre. Sintético, expresivo, con una puesta en página clásica, sin complicaciones innecesarias, personajes perfectamente identificables y un tratamiento del color muy personal y muy sugestivo, aunque por momentos mucho más sutil que las animaladas que suceden en la historia. Si no hay más El Último Recurso, estamos frente a una serie irrepetible, que se va por la puerta grande. Y si está la chance de que haya un cuarto libro, o una nueva colaboración entre Lubrio y Krunch (en una de esas ambientada en el mismo universo) vamos a ser muchos los fans que nos vamos a poner muy contentos. Ojo: no recomiendo "El Fin de Nuestros Elaborados Planes" a quienes no leyeron las dos aventuras anteriores. No sean pajeros, empiecen por el principio. Lo van a disfrutar a pleno.
Un poquito de algo distinto, para los que se aburren si reseño sólo historieta argentina de este año: en 1997, cuando Cocco Bill cumplía 40 años de publicación ininterrumpida, la editorial Sergio Bonelli convocó a su creador, el legendario Benito Jacovitti, a aportar una historieta 100% inédita que abriría una colección dedicada a los capos del comic humorístico italiano. Ni lerdo ni perezoso, el maestro Jacovitti se mandó las 94 páginas a todo color de Diquaedilá (podría traducirse como "Deaquídeallá"), una demencia gráfica y narrativa casi imposible de explicar.
Desde lo visual, acá Jacovitti modifica un poco su estilo: se despega de la línea clara casi franco-belga y opta por un trazo un poquito más sucio. No te digo que empieza a entintar como si fuera Robert Crumb, pero deja atrás ese estilo hiper-prolijo e inmaculado que lo identificara a lo largo de tantas décadas. De todos modos, lo que más llama la atención es que son páginas hiper-sobrecargadas. Las viñetas de Diquaedilá no tienen aire: sólo entran en el cuadro los personajes y los globos de diálogo. No hay una sola toma panorámica en la que se vea mucho paisaje y los personajes chiquititos, no existe la opción de ver la acción "desde lejos". Son como mucho tres planos, que le permiten al autor enfocarse en las caras o los cuerpos, y nada más. Esto transmite la sensación de un relato muy intenso, sin titubeos, sin pausas, que a lo largo de 94 páginas corre el riesgo de agobiar un poco. Por suerte el dibujo es brillante, y uno se vuelve loco con todos esos detalles limados que mete Jacovitti en cada rincón de cada viñeta. La puesta en página por momentos es rarísima, pero nunca se presentan dificultades a la hora de seguir el orden natural de la secuencia.
Y así como es extrema la decisión de llevar todos los dibujos al borde de las viñetas sin dejar espacios libres, también es extrema la onda del guion: Diquaedilá se articula en base a una sucesión de peripecias concatenadas, de modo que cuando parece que Cocco Bill resuelve un conflicto, ya se ve inmediatamente envuelto en otro. Por supuesto las "resoluciones" son en joda, a veces muy absurdas, otras muy violentas, otras con el recurso de hacerse cargo de que esto es una historieta: Cocco Bill le habla al lector, discute con el dibujante, mueve los marcos de los cuadritos... un delirio espectacular. Hay una especie de "conflicto mayor", contra Bat Gregorio "el Sonriente", una mezcla entre el Joker y Mick Jagger que resulta ser el villano principal de la saga. Pero en el medio pasan tantas cosas imposibles, hay tantas peripecias, tantos tiroteos y tantas piñas, que la verdad que para cuando reaparece el Sonriente a desencadenar el final de la historia, medio que uno ya se había olvidado de él. En todo momento Jacovitti subraya que esto es una payasada, que no hay que tomarse en serio nada lo que le sucede a Cocco y su fiel caballo Trottalemme. Si en Lucky Luke la parodia al western clásico es sutil y sofisticada, en Cocco Bill es grotesca, desmedida, totalmente pasada de rosca. Y funciona bárbaro, porque cumple con creces el objetivo, que es que nos caguemos de risa un rato.
No sé por qué Benito Jacovitti no es mucho más conocido en Latinoamérica, pero a quienes quieran saber muchísimo más sobre este genio, les recomiendo la nota de Hernán Ostuni que forma parte del nº7 de Comiqueando Digital.
Y esto es todo, por hoy. Bastante bien, no? Como siempre, ni bien tenga leídos un par de libros más, vuelvo para reseñarlos acá en el blog.
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lunes, 28 de noviembre de 2022
EL MUNDO MUNDIAL
Justo cuando estoy re manija con el Mundial, me pongo a leer dos libros que en su título dicen "el mundo". Dos libros de autores argentinos publicados en 2022, como para cumplir con la consigna que puse la otra vez.
Empiezo con La Cárcel del Fin del Mundo, de Santiago Sánchez Kutika y Kundo Krunch. Esos son relatos basados en la investigación que realizara en 1933 el periodista Juan José de Soiza Reilly en la cárcel de Ushuaia, en la gélida Tierra del Fuego. Luego de un breve episodio que narra la llegada de Soiza Reilly al penal, lo que tenemos son relatos breves, centrados por lo general en los diálogos entre el periodista y distintos reclusos que cumplían su condena en el lúgubre establecimiento. Casi todos los relatos se apoyan mucho en los textos de Soiza Reilly, hay poca intervención de Sánchez Kutika, más allá de elegir qué momentos de los crímenes que narran los presos va a privilegiar. Esto hace que, a su vez, haya pocas secuencias en las que el dibujo tiene la responsabilidad de narrar las historias. Cada tanto se cuela alguna viñeta o incluso alguna secuencia sin texto, pero mayoritariamente es el texto el que narra y el dibujo el que acompaña. Y son textos un poco fríos, un poco distantes, porque son -ni más ni menos- crónicas periodísticas escritas 90 años atrás. Aún así, por la propia fuerza de los testimonios de los presos, algunas historias resultan muy impactantes y muy atractivas. La de Francisco Fumara me gustó mucho, la de Miguel Ernst me dio escalofríos y la de Hans Woll no está nada mal. El resto, me interesó menos.
Sánchez Kutika tenía un problema serio a resolver: el Petiso Orejudo y Simón Radowitzky ya habían protagonizado otras novelas gráficas de autores argentinos publicadas de manera bastante reciente y había que encontrar la forma de no dejarlos afuera sin competir con esas otras obras. Con el Petiso, lo que hace Sánchez Kutika es básicamente sacárselo de encima rápido: en apenas seis páginas, se centra en una anécdota muy menor que sucede durante la reclusión del asesino serial, y chau, a otra cosa. Y con Radowitzky se luce mucho más: encuentra la manera de contar una parte de la historia que no está enfatizada en el libro de Agustín Comotto, centrada en un personaje secundario fascinante como es el pirata Pascualín. Son nueve páginas que te dejan con ganas de mucho más, de un libro entero dedicado a la vida de este personajón de la vida real.
El dibujo de Kundo Krunch es tremendo de punta a punta, con unos claroscuros idos a la mierda, una síntesis magistral, un rigor implacable en decorados, vehículos y vestuarios, y una expresividad pasmosa en rostros y cuerpos de los personajes. Krunch te hace sentir la oscuridad, la sordidez, el desamparo, la resignación, el frío criminal, todas las sensaciones que viven los protagonistas de las historias. Un trabajo colosal del marplatense, que está en un nivel formidable.
Y un día volvió Rodrigo Terranova, el autor bonaerense radicado hace muchos años en San Luis. Y volvió con todo, con una novela gráfica titulada El Reino de este Mundo, que se inscribe en la tradición existencialista/ semi-autobiográfica (Diego Balza no es Rodrigo, pero tiene demasiados puntos en común con él) y que nos cuenta, sin chistes ni elementos fantásticos, momentos clave en la vida de un protagonista y un gran elenco de personajes secundarios muy, pero muy bien trabajados.
El Reino de este Mundo es un comic sobre la vida de la gente común: anhelos, frustraciones, inspiración, vínculos, amores, incomprensión, solidaridad, casualidades, apuestas que salen mal... hay rock, judo, gastronomía, mucha poesía y un retrato muy hábil de la vida en una ciudad tranquila como San Luis y en un barrio heavy del conurbano como Isidro Casanova. Las anécdotas y los sucesos en "tiempo real" están perfectamente hilvanadas, no hay secuencias estiradas ni demasiado comprimidas, y además Terranova logra, ya desde la primera página, que no estemos pendientes de si la información que nos brindan los personajes va a ser crucial o no para el desarrollo de los conflictos. Un poco porque el énfasis no está puesto en los conflictos, sino en lo otro: los vínculos, las anécdotas, los recuerdos, el devenir de la vida misma, que casi sin que te des cuenta te lleva de la infancia a la adultez.
A la hora de darle una identidad gráfica a todo esto, Terranova va más al límite que en La Divina Oquedad y Dos Estaciones: ahora se compromete más en los detalles, en los fondos, en la ropa y los peinados de los personajes, y recarga los rostros con unas rayitas, manchitas y líneas muy personales que quedan muy bien. Todo esto con una puesta en página absolutamente tradicional, con grillas muy sencillas, muy aptas para el lector que habitualmente no consume historietas. Lo extraño del dibujo está compensado con lo clásico de la puesta en página, con la forma asombrosamente natural en la que se desarrolla la narración. Si no te jode que no haya luchas entre malos y buenos, ni violencia de ningún tipo, ni nada que vaya mucho más allá de gente hablando en ambientaciones urbanas actuales, en El Reino de este Mundo vas a encontrar una historia entrañable, profunda, inspiradora y con la que seguro en algún punto te vas a sentir identificad@. La recomiendo mucho y ya tengo el pálpito de que el año que viene lo vamos a ver a Rodrigo Terranova levantar unos cuantos premios. Ah, por si faltara algo, el libro (una edición preciosa de Maten al Mensajero) tiene prólogo de José MunDios. ´Nuff said.
Gracias por el aguante y ni bien pueda, vuelvo a postear acá en el blog.
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sábado, 6 de marzo de 2021
1 al 7 de MARZO
Nuevo mes y nuevas lecturas, que procedo a comentar de manera muy sintética.
Leí el Vol.4 de Las Águilas de Roma, la gran saga histórica de Enrico Marini. Es un tomo espectacular, donde los conflictos avanzan hasta el punto en el que la resolución queda ahí, a la vuelta de la esquina, y no le queda más remedio que ser explosiva y demoledora. Seguramente lo comprobaré cuando consiga el Vol.5, cosa que todavía no sucedió. El único problema que le veo a este álbum es que, de verdad, si no leíste los anteriores no hay forma de que entiendas NADA. Hay una breve síntesis del argumento antes de la primera página, pero es la nada misma y supongo que el que entra a la historia conociendo sólo esa síntesis, también se sentirá prácticamente en bolas.
El resto, todo maravilloso. El desarrollo de los personajes, el aprovechamiento que hace Marini de las circunstancias históricas, el equilibrio entre la acción y las escenas más tranquilas (que incluyen rosca política, romance, sexo, dramas familiares, etc.) y por supuesto el dibujo, están a un nivel inmejorable. Excelente trabajo de este autor suizo hijo de italianos que dejó todo en esta serie. Si el quinto y último tomo no es un bochorno impublicable, Las Águilas de Roma pasará a la historia como una obra maestra de la aventura histórica.
Salto a Argentina, año 2020, y me encuentron una nueva aventura de El Ultimo Recurso, titulada Un Cuento de Navidad. Venía muy bien predispuesto, porque allá por el 28/11/19 había leído la primera entrega de esta serie creada por Lubrio y Kundo Krunch y me había gustado mucho. Esta segunda aventura está al mismo (y muy destacable) nivel que la primera, y hasta creo que un poquito por encima. Me atrapó la aventura, me gustó mucho la forma en que los autores se las ingenian para indagar un poco en el pasado y en la personalidad de los distintos personajes y por supuesto me reí muchísimo con los chistes y los diálogos, repletos de guarangadas y retruques de exquisita mala leche. Me encanta ver a Lubrio desencadenado, con libertad y osadía para joder con temas ásperos e invitarnos a reirnos de cosas horribles, que deberían causarnos estupor. Y me fascina intuir que hay un plan a largo plazo, que cada una de estas excelentes aventuras es un pedacito de un mosaico más complejo, realmente interesantísimo.
El dibujo y el color de Kundo están igual de bien que en la primera entrega de El Ultimo Recurso, y en todo caso noto una mejora en la planificación de la secuencia, como si el marplatense fuera encontrando un pulso narrativo propio más jugado, más canchero como para probar cosas nuevas. Recomiendo muchísimo este libro, recomiendo también el primero y espero con ansias más historietas de estos personajes, en lo posible editadas por Libera la Bestia, que lo hace realmente muy bien.
Y ahora sí, algo MUY importante. Estamos iniciando un nuevo proyecto, llamado Comiqueando Digital. Se trata de una nueva iteración de la mítica revista de información sobre historieta y dibujo animado (que no se publica en papel desde la primavera de 2011), ahora en formato digital, con periodicidad trimestral y un nº1 que ofrece más de 200 páginas de material 100% inédito.
Me tocó capitanear un equipo impresionante, del que forman parte también Diego Accorsi, Mariela Acevedo, Ignacio Alcuri, Ariel Avilez, Roberto Barreiro, Caba, Martín Casanova, Sebastián De Caro, Daniel Divinsky, Norman Fernández, Lucas Ferrero, Fernando “Dr. Sax” Festino, Luis Gantus, Fernando Ariel García, Javi Hildebrandt, Marcelo Iglesias, Hernán Khatchadourian, Francisco Lobo, Juan Navarrete, Grisel Pires Dos Barros, Gonzalo Ruiz, Laura Vázquez y Fede Velasco.
La revista ofrece 10 nuevas secciones y –entre otros- artículos acerca de Jack Kirby, Mort Cinder, Kimetsu no Yaiba, Benjamin Marra, Largometrajes de Animación Argentinos, cowboys europeos y editoriales míticas como Novaro, Columba, Charlton o E.C. Comics. Además, agregamos códigos QR para acceder a contenidos audiovisuales exclusivos. La revista se puede descargar en .pdf o .cbr por sólo $ 290 en https://comiqueandoshop.blogspot.com/
También se puede comprar a sólo $ 1000 la suscripción a los cuatro números previstos para 2021. Nuestra tienda virtual incluye además un sector de descargas gratuitas con números de las etapas anteriores de Comiqueando.
Nunca les pedimos nada, hace mil años que brindamos todos los días contenidos gratuitos en este blog, en el sitio web de Comiqueando, en el canal de YouTube… No hace falta subrayar demasiado esto, porque ustedes ya lo saben. Esta vez les pedimos que apoyen la Comiqueando Digital, que es muy barata y trae TONELADAS de material alucinante, a cargo de un equipo repleto de referentes grossísimos. Se puede comprar y descargar desde cualquier lugar del planeta, y cualquiera que sepa leer castellano la puede disfrutar de punta a punta.
Mil gracias y los esperamos en https://comiqueandoshop.blogspot.com/
Yo vuelvo la semana que viene con nuevas reseñas, acá en el blog.
martes, 17 de noviembre de 2020
SOBRE EL DANUBIO
Me imagino que la reseña de hoy va a quedar cortita, porque se trata de una historieta muy breve. Leonardo Kuntscher y Kundo Krunch narran la historia del Puente de Trajano en apenas 114 viñetas, varias de ellas sin textos. Es una buena historia, basada en hechos reales ocurridos en la época del Imperio Romano, que es un período histórico acerca del cual la historieta argentina ha hablado bastante poco.
El guion de Kuntscher ensaya una explicación interesante de por qué pasó lo que pasó y explica bien el conflicto entre el poderosísimo imperio y los dacios, un pueblo que habitaba lo que hoy conocemos como Rumania. Como los galos de la aldea de Astérix, los dacios se van a plantar frente a los romanos para resistir la conquista, y también la magia (esta vez no en forma de poción) va a tener algo que ver en el resultado final. En el medio, los hijos de Roma van a construir una de las obras arquitectónicas más impactantes de su época, un puente sobre el río Danubio, de ahí el nombre de la historieta.
Sobre el Danubio tiene una premisa atractiva, un conflicto interesante y una resolución de altísimo impacto. ¿Qué le falta? Probablemente un poco más de carnadura en los personajes. Ni la bruja de los dacios ni los jefes de ninguna de las dos facciones tienen esa profundidad, o esos matices, que nos dan ganas de que unos ganen y otros pierdan. Ahí sí que las distancias con cualquier aventura de Astérix (incluso las más chotas) son abismales. Y es cierto que en tan pocas páginas no era fácil meter, además, desarrollo de personajes complejos. Entre el planteo de la trama, el mínimo desarrollo y un espacio dedicado al final que es acorde con la grandilocuencia del mismo, Kuntscher se consumió toda la extensión de esta breve historieta.
El librito ofrece 33 páginas de narración gráfica sobre un total de 44, es decir que el 25% está ocupado con algo que no es lo que uno paga por leer. O sea que en la Ratio Accorsi, le va definitivamente mal. Donde realmente descolla Sobre el Danubio es en la faz gráfica, que nos presenta a Kundo Krunch (uno de los dibujantes más interesantes que tiene hoy la historieta argentina) dispuesto a bancar el desafío de salir de su zona de confort y documentarse a full para llevarnos al año 105 de nuestra era de manera convincente. Kundo afila el ingenio para hacer entretenidas esas páginas con seis o siete viñetas chiquitas donde sólo se ve gente hablando y las rompe en las secuencias en las que la historia deja de lado los textos y se imponen los silencios. Pero sin dudas lo que más impacta, lo que se me impregnó en las retinas con más fuerza, son esas escenas gigantescas con batallas y cataclismos fuera de control. Y lo que menos me cerró fue el trabajo con el color, que abusa un poco del recurso (el último recurso) de engamar cada página, o dos páginas contiguas en un sólo color que, con mínimos matices, convive con la mancha y la línea negras. La idea piola que pone en juego Krunch a la hora del color es la de hacer desaparecer el blanco de personajes y fondos, y usarlo sólo para los globos de diálogo.
Repito, entonces: obra cortita, que ocupa apenas el 75% de un libro chiquito, pero a la que no le faltan méritos en el guion y ofrece unos cuantos momentos memorables en el dibujo. Se puede recomendar sin ningún resquemor a cualquier fan de la historieta al que le gusten las aventuras con base histórica y dimensión épica.
Y nada más, por ahora. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas de historieta argentina, en este Noviembre temático que estamos transitando acá en el blog.
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jueves, 28 de noviembre de 2019
JUEVES PACHORRO
Mi consigna para hoy fue
no salir de mi casa, y por ahora la estoy cumpliendo a rajatabla. Aprovecho,
entonces, para sacar con fritas las reseñas de dos libros que leí en estos
días.
Conseguí en oferta los
tomos que me faltaban para completar Gipsy, o sea que esta reseña del Vol.4 es
secuela de la del tomo anterior, publicada el 07/11/11. Si hace ocho años la
trilogía original de Gipsy ya tenía rasgos de “comic viejo”, que la anclaban a
la época de su realización (primera mitad de los ´90), seguramente eso debería
molestar más si agarro esta cuarta entrega 22 años después de su aparición en
Francia, no? Sí, en algunas cosas sí.
El guión de Thierry
Smolderen no era una maravilla en 1997 y leído hoy, suena bastante a “más de lo
mismo”. El personaje de Mirno nunca me cerró, el personaje de Rosalynn está
bastante al pedo, las distintas facciones de malvivientes que confrontan con
“los buenos” aportan más confusión que otra cosa, la asesina silenciosa de la
moto y las gafas oscuras nunca se explica… por momentos es todo un kilombo, una
sucesión de excusas (que se tropiezan unas con otras) para que estalle la
violencia. Lo más rescatable es el subtexto satírico con el que Smolderen se
caga de risa del fanatismo ciego e irracional que el futbol produce en las
masas. Esa sensación (tan conocida por los argentinos) de que una final de un
campeonato de futbol hace que “se congele el mundo” está muy bien plasmada en
el álbum, como explicación para algunas cosas medio inverosímiles y como
disparador de situaciones en las que la violencia llega de la mano del humor.
Y por supuesto lo que hace
irresistible al álbum (sobre todo cuando está en oferta) es el dibujo de Enrico
Marini, muy por encima de lo que vimos en la trilogía original. Quizás el color
no sea tan elegante, ni tan expresivo, pero el trazo del suizo está mucho más
suelto, más dinámico, más afilado. El equilibrio entre una estética básicamente
realista y los rasgos caricaturescos de algunos personajes está muy bien
logrado, las escenas de acción (en su mayoría mudas) son tremendas y por
supuesto Marini aprovecha a pleno la posibilidad de tener pocas páginas de 9 ó
10 viñetas. Gran trabajo de un dibujante que ya estaba en un punto alucinante
de su madurez como profesional. Me queda otro tomo Gipsy (autoconclusivo, como
este) en el pilón de los pendientes. No se si se va a Diciembre o si queda para
el 2020. Veremos.
Salto a Argentina, año
2019, para leer uno de los cuatro o cinco mejores comics de autores locales
aparecidos este año. El Ultimo Recurso, de Lubrio y Kundo Krunch, propone un
torbellino de acción, combates, diálogos ingeniosos y personajes estrambóticos
que me resultó totalmente adictivo y satisfactorio.
Cualquier comic que en la
cuarta página nos ofrezca una splash-page de un tipo empomándose a un cadáver
me tiene entre sus fans, pero El Ultimo Recurso va bastante más allá del
impacto de la necrofilia, los vómitos, las decapitaciones y las puteadas.
Lubrio banca de punta a punta del tomo una aventura trepidante, y la sostiene
en un argumento lineal, sólido, pero sobre todo en el desarrollo de un grupo de
personajes sumamente atractivos, a los que cualquier lector de este libro
querrá volver a ver. La dinámica del equipo, los poderes y las personalidades
de estos freaks, hacen que El Ultimo Recurso trascienda los confines de la
historieta de aventuras con monstruos y machaca para aspirar a cautivar a un
lector más exigente, a cuya inteligencia apela todo el tiempo el guión de
Lubrio, incluso cuando nos salpica con tripas, vómitos y bizarreadas varias.
La mejor decisión de
Lubrio, sin embargo, es no haber dibujado él mismo este guión. El estilo
gráfico del creador de Lucy Niestra y Zoila Zombie va mucho mejor –me parece-
con otro tipo de relatos. Y además, a la hora de buscar un dibujante, Lubrio se
sacó la lotería, el PRODE y el Quini 6 de la mano del marplatense Kundo Krunch,
a quien (desde que cambió radicalmente de estilo) hemos visto progresar a pasos
agigantados. Entre este trabajo y el que vimos el 03/10/19, Krunch se dio el
lujo de firmar en muy poquito tiempo dos obras absolutamente imprescindibles,
que seguro estarán entre lo más notable de este extraño 2019. Y ni me quiero
imaginar lo que viene.
Recomiendo mucho El Ultimo
Recurso, espero que Lubrio y Kundo produzcan infinitas secuelas y comendo a la
editorial Libera la Bestia por apostar a un proyecto como este, que no
cualquiera te edita un libro de 80 páginas a todo color con esta calidad.
Nada más, por hoy. Estamos
a exactamente un mes del festejo de los 10 años del blog, así que muy pronto
habrá más información para lso que estén con ganas de venir a acompañarme el 28
de Diciembre en Sector 2814. Au revoir.
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jueves, 3 de octubre de 2019
ARRANCÓ OCTUBRE
Vengo de unos días
complicados, con poco tiempo para leer comics y menos aún para reseñarlos. Pero
bueno, la meta de clavar 120 reseña a lo largo del año todavía está ahí, con
muchas probabilidades de cumplirse.
Me gustaría pensar que en
el mes y moneditas que pasó desde que reseñé la adaptación de Frankenstein
(29/08/19) mucha de la gente que habitualmente lee este blog se tomó el laburo
de googlear a Denis Deprez y flasheó a lo guanaco con las maravillas que hace
este increíble artista francés, injustamente desconocido en los países de habla
hispana. Pero bueno, no me hago muchas ilusiones. Vamos a suponer que la gran
masa del pueblo sigue sin haber descubierto a Deprez y voy a empezar la reseña
de su adaptación de Otelo (el clásico de William Shakespeare) contando que hay
un tipo que pinta como si fuera Vincent Van Gogh y que en vez de dedicarse a la
plástica, hace historietas. Un mago post-impresionista que maneja una paleta
alucinante, que (como Lorenzo Mattotti) planta muy pocas viñetas por página y
que además pone su virtuosismo pictórico al servicio de un relato, en función
de contar una historia.
Esta vez la historia es la
de Otelo, el imbatible general al servicio del poderoso Duque de Venecia, quien
se verá envuelto en una red de engaños, operetas y dimes-y-diretes orquestada
por su mano derecha, el envidioso y perverso Yago. La historia de amor entre el
moro Otelo y la bella Desdémona naufragará en un tsunami de celos, intrigas y
verdades a medias y al final (no spoileo nada, la obra de teatro debutó en
1604) la tragedia vencerá al romance. La versión de Deprez es sumamente
respetuosa de la original, con textos que suenan 100% shakesperianos y con el
truquito de que sea Yago quien narre la historia en primera persona. Un trabajo
realmente hermoso, de alto impacto visual, que capta a la perfección las tres
aristas del Otelo de Shakespeare: la político-militar, la romántica y la
trágica. Ojalá algún día se publiquen las obras de Denis Deprez en nuestro
idioma, así mucha más gente lo descubre.
Salto a Argentina, a 2019,
para comentar La Extraña Desapari- ción de Barnabas Jones, una excelente novela
gráfica escrita por Damián Connelly y dibujada por Kundo Krunch. De todas las
veces que Connelly jugó a trastocar los géneros más clásicos, a meterle
idiosincracia y bizarreada a las estructuras narrativas tradicionales, esta es
la vez que más se acercó a crear una Obra Maestra. La Extraña Desaparición…
retoma un montón de convenciones de los comics de superhéroes, pero es mucho
más que un homenaje, una sátira o una visión deconstructivista.
Acá vemos superpoderes
zarpados, dimensiones alternativas, clones, zombies, armas mega-poderosas,
dioses, piñas… lo de siempre, pero mostrado como nunca. La Extraña
Desaparición… además, repite el mejor truco de Watchmen: te hace creer que es
una “de superhéroes” cuando en realidad toma la estructura de un policial, un
clásico “whodunnit”, en el que los protagonistas intentan descubrir al culpable
de un homicidio. Connelly va para el mismo lado, pero esta vez la investigación
tiene que ver (como lo explicita el título) con la desaparición de un poderoso
personaje cuyo rastro llevará a Anima Riot y sus amigos por los rincones más
extraños de este universo. El personaje de Anima (elegida por Connelly para
contar la historia en primera persona) es otro gran acierto, al igual que el
sutil desarrollo de las tramas que además de piñas y rayos involucran besos y
caricias, a veces tan letales como las piñas y los rayos.
Buena parte de esta onda
extraña, única y adictiva tiene que ver con la estética de Kundo Krunch, este prolífico dibujante que (a partir de la obra que reseñamos el 28/09/18) pegó
un vuelco estilístico increíble y se convirtió en una especie de Ted McKeever. Acá
lo vemos despegarse un poquito de ese molde, probar cosas nuevas, exigirse muchísimo
en materia de fondos, angulaciones, puesta en página, y además incorporar con
inmejorable criterio el color, importantísimo en la creación de estos climas
asfixiantes y cautivantes de La Extraña Desaparición… Un trabajo absolutamente consagratorio
para el artista marplatense.
La edición es excelente,
tanto el tamaño, como la calidad del papel, la encuadernación, la impresión, el
diseño… Sin dudas este libro pone a la editorial Deriva en la lista de los
sellos a los que seguir muy de cerca, mientras uno se pregunta cómo fue que La
Extraña Desaparición de Barnabas Jones escapó al radar de las editoriales más
afianzadas en el mercado (mercadito) de la historieta argentina contemporánea.
Obviamente espero ansioso nuevas aventuras ambientadas en el universo de
Goddard (así se llama la ciudad donde operan Anima y sus compañeros), o aunque
más no sea, otras obras de Connelly y Krunch, que exploren otro universo pero conserven
la magia, el ingenio, la imaginación y la impronta de La Extraña Desaparición
de Barnabas Jones.
Nada más por hoy. Gracias
por el aguante y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
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viernes, 28 de septiembre de 2018
VIERNES EN CASA
Por distintos motivos, hoy no salí de casa en todo el día. Por suerte está la noche, que siempre da revancha.
Terminé el quinto y último tomo de Promethea, que no es ni remotamente el mejor. Pasa una sola cosa interesante, y es que Promethea cumple con la profecía que la señalaba como la portadora del Apocalipsis, y sí, Alan Moore y J.H. Williams nos invitan a presenciar el fin del mundo tal como lo conocen los habitantes de esta New York alternativa. El conflicto que le puso picante a la serie en el tomo anterior (la superposición de Prometheas) no tiene ningún peso en este tramo final, donde todo pasa por ese nuevo estadío de la conciencia al cual se están por elevar millones de mentes.
Para esta altura, Moore ya había cerrado Tomorrow Stories y había dejado a Tom Strong en manos de otros guionistas. En la saga final de Promethea retoma a muchos de estos personajes, en un rol bastante lamentable, que deja demasiado en claro por qué se fue deshaciendo de ellos y cavó su trinchera en esta única colección. Y después está ese inclasificable nº32, donde Moore y Williams abandonan todas las convenciones del relato secuencial para ofrecernos dos mega-imágenes que a su vez contienen 16 imágenes cada una, con textos y dibujos que no están pensados para narrar absolutamente nada. En esta quijotada que pareciera funcionar como coda a toda la serie, el Mago de Northampton pasa en limpio todo lo que nos explicó acerca de cómo se vinculan entre sí las ideas, los números, las religiones, los sueños, los símbolos y demás conceptos no-materiales, en una especie de hiper-infografía en la que Williams y el letrista (el glorioso Todd Klein) dejan la vida.
A nivel argumental, el final de Promethea no me emocionó tanto como los tomos previos, pero ese último “episodio” le da a la saga un cierre absolutamente memorable, en el que Moore demuestra (una vez más) estar a años luz del que va segundo. Y una nueva consagración definitiva para un J.H. Williams que a lo largo de todo este TPB se ve obligado a trabajar en varios estilos distintos y la rompe en todos, hasta cuando el guión le pide que arme collages con fotos prácticamente sin retocar. Un monstruo.
Hablando de dibujantes que cambian de estilo, lo que más me sorprendió de Sofía (la novela gráfica editada este año por el sello cordobés Buen Gusto) es la transformación gráfica de Kundo Krunch, un dibujante al que me había cruzado en unas cuantas antologías y nunca me había terminado de convencer. No sé qué le dieron para leer (o para inyectarse) a este muchacho, pero de pronto peló un estilo impresionante, una mezcla entre el Ted McKeever salvaje de los ´80 y el Artur Laperla salvaje de los ´90. Krunch se abrazó definitivamente al claroscuro y lo abrazó tan fuerte que empezó a salir sangre. El resultado de este violento viraje estilístico es –además de impactante- muy lindo de mirar. La combinación de la línea finita, casi de Hergé, con esos estallidos de masas y manchas negras realza muchísimo el trabajo de un dibujante al que nunca vimos tropezar en materia de narrativa.
El argumento que propone Cristian Blasco se parece muchísimo al que vimos hace poco (25/07/18) en un libro de Víctor Santos: una minita ultrajada y cagada a palos queda al borde la muerte pero no muere. Alguien la entrena para volver convertida en una máquina de matar, cuyo objetivo será vengarse de los hijos de puta que casi la liquidan. El giro interesante que le pega Blasco a esta trama ya bastante remanida es que los que salvan y entrenan a Sofía son tremendos hijos de puta, y la van a manipular para que cada una de las muertes que cause jueguen a favor de esta sombría organización criminal. Además el guión de Blasco le da poca bola al entrenamiento de Sofía y mucho a su reinserción en el mundo cotidiano, con unas pinceladas costumbristas muy bien logradas, que le restan solemnidad y le agregan humanidad a toda la faceta más policial de la obra.
El principal problema del guión está en los diálogos, donde aparece
una vez más ese síndrome (urgente, ayúdenme a ponerle un nombre) que consiste en mezclar el castellano rioplatense con el neutro. Los personajes tienen nombres argentos (Ramiro, Sofía, Cecilia) y por momentos hablan como porteños (“dale”, “el finde”, “¿qué me recomendás?”), pero unas pocas viñetas después esos mismos personajes están tratándose de tú, no de vos. No usan esas palabras bizarras de traducción chota del inglés (tipo decirle “la nevera” o “el refrigerador” a la heladera), pero dicen “¿qué quieres” en vez de “¿qué querés?”. Muy raro, muy esquizofrénico. Si eso no te la baja, la verdad es que Sofía es una muy buena historieta, profunda, intensa, descarnada en el tratamiento de la violencia y muy potente desde lo visual. Así que se puede recomendar tranquilamente, en cualquier idioma.
Buen finde para todos y, ni bien tenga más material leído, vuelvo a postear acá en el blog. El miércoles hay función de prensa de Venom, así que volverán las reseñas de películas, que hace bastante que no tenemos ninguna…
Terminé el quinto y último tomo de Promethea, que no es ni remotamente el mejor. Pasa una sola cosa interesante, y es que Promethea cumple con la profecía que la señalaba como la portadora del Apocalipsis, y sí, Alan Moore y J.H. Williams nos invitan a presenciar el fin del mundo tal como lo conocen los habitantes de esta New York alternativa. El conflicto que le puso picante a la serie en el tomo anterior (la superposición de Prometheas) no tiene ningún peso en este tramo final, donde todo pasa por ese nuevo estadío de la conciencia al cual se están por elevar millones de mentes.
Para esta altura, Moore ya había cerrado Tomorrow Stories y había dejado a Tom Strong en manos de otros guionistas. En la saga final de Promethea retoma a muchos de estos personajes, en un rol bastante lamentable, que deja demasiado en claro por qué se fue deshaciendo de ellos y cavó su trinchera en esta única colección. Y después está ese inclasificable nº32, donde Moore y Williams abandonan todas las convenciones del relato secuencial para ofrecernos dos mega-imágenes que a su vez contienen 16 imágenes cada una, con textos y dibujos que no están pensados para narrar absolutamente nada. En esta quijotada que pareciera funcionar como coda a toda la serie, el Mago de Northampton pasa en limpio todo lo que nos explicó acerca de cómo se vinculan entre sí las ideas, los números, las religiones, los sueños, los símbolos y demás conceptos no-materiales, en una especie de hiper-infografía en la que Williams y el letrista (el glorioso Todd Klein) dejan la vida.
A nivel argumental, el final de Promethea no me emocionó tanto como los tomos previos, pero ese último “episodio” le da a la saga un cierre absolutamente memorable, en el que Moore demuestra (una vez más) estar a años luz del que va segundo. Y una nueva consagración definitiva para un J.H. Williams que a lo largo de todo este TPB se ve obligado a trabajar en varios estilos distintos y la rompe en todos, hasta cuando el guión le pide que arme collages con fotos prácticamente sin retocar. Un monstruo.
Hablando de dibujantes que cambian de estilo, lo que más me sorprendió de Sofía (la novela gráfica editada este año por el sello cordobés Buen Gusto) es la transformación gráfica de Kundo Krunch, un dibujante al que me había cruzado en unas cuantas antologías y nunca me había terminado de convencer. No sé qué le dieron para leer (o para inyectarse) a este muchacho, pero de pronto peló un estilo impresionante, una mezcla entre el Ted McKeever salvaje de los ´80 y el Artur Laperla salvaje de los ´90. Krunch se abrazó definitivamente al claroscuro y lo abrazó tan fuerte que empezó a salir sangre. El resultado de este violento viraje estilístico es –además de impactante- muy lindo de mirar. La combinación de la línea finita, casi de Hergé, con esos estallidos de masas y manchas negras realza muchísimo el trabajo de un dibujante al que nunca vimos tropezar en materia de narrativa.
El argumento que propone Cristian Blasco se parece muchísimo al que vimos hace poco (25/07/18) en un libro de Víctor Santos: una minita ultrajada y cagada a palos queda al borde la muerte pero no muere. Alguien la entrena para volver convertida en una máquina de matar, cuyo objetivo será vengarse de los hijos de puta que casi la liquidan. El giro interesante que le pega Blasco a esta trama ya bastante remanida es que los que salvan y entrenan a Sofía son tremendos hijos de puta, y la van a manipular para que cada una de las muertes que cause jueguen a favor de esta sombría organización criminal. Además el guión de Blasco le da poca bola al entrenamiento de Sofía y mucho a su reinserción en el mundo cotidiano, con unas pinceladas costumbristas muy bien logradas, que le restan solemnidad y le agregan humanidad a toda la faceta más policial de la obra.
El principal problema del guión está en los diálogos, donde aparece
una vez más ese síndrome (urgente, ayúdenme a ponerle un nombre) que consiste en mezclar el castellano rioplatense con el neutro. Los personajes tienen nombres argentos (Ramiro, Sofía, Cecilia) y por momentos hablan como porteños (“dale”, “el finde”, “¿qué me recomendás?”), pero unas pocas viñetas después esos mismos personajes están tratándose de tú, no de vos. No usan esas palabras bizarras de traducción chota del inglés (tipo decirle “la nevera” o “el refrigerador” a la heladera), pero dicen “¿qué quieres” en vez de “¿qué querés?”. Muy raro, muy esquizofrénico. Si eso no te la baja, la verdad es que Sofía es una muy buena historieta, profunda, intensa, descarnada en el tratamiento de la violencia y muy potente desde lo visual. Así que se puede recomendar tranquilamente, en cualquier idioma.
Buen finde para todos y, ni bien tenga más material leído, vuelvo a postear acá en el blog. El miércoles hay función de prensa de Venom, así que volverán las reseñas de películas, que hace bastante que no tenemos ninguna…
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