el blog de reseñas de Andrés Accorsi
Mostrando entradas con la etiqueta Federico Baert. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Federico Baert. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de febrero de 2026

NOCHE DE DOMINGO

Vengo de una seguidilla de días bastante agitados, con cumpleaños en el medio y todo. Pero por fin logré parar un toque la pelota y sentarme a reseñar los últimos libros que leí. Ya estoy casi en el final de East of West, y mi expectativa rumbo al desenlace bajó un toque con la lectura del Vol.9. Me da la sensación de que Jonathan Hickman y Nick Dragotta no lograron meterle más presión a esa olla que en el Vol.8 ya estaba calentita, a punto de estallar, y en este tomo la patean a la tribuna. El personaje grosso que parecía morir al final del tomo anterior resulta estar vivo, la jugada maestra de Xiaolian está buena pero se define en pocas páginas, y el guionista se centra mucho en el tema de Death, Babylon y los jinetes del Apocalipsis, que no es precisamente lo que más me llama la atención dentro de esta ambiciosa saga. Este es un tomo bastante violento, con balazos en la cabeza de varios personajes, gente muy pulenta atravesada por espadas aún más pulenta y combates muy zarpados. Y acá sí, muere definitivamente uno de los protagonistas, probablemente el que uno menos esperaba que muriera. Pero le falta algo. No sé bien qué es, no lo podría definir en pocas palabras. Lo que sé es que, a tan pocas páginas del final, esperaba más tensión, más intensidad en la escalada de los conflictos. Por ahora, quedan abiertas unas cuatro o cinco puntas argumentales, que Hickman tendrá que resolver en los episodios finales, probablemente con un pase de magia que le dé un cierre a varias de estas puntas con una misma pincelada. Veremos con qué me encuentro en el tomo final. Obviamente, más allá de que este tomo no me haya resultado tan satisfactorio como el anterior, las tramas más potentes todavía están ahí, y al elenco todavia le sobran personajes carismáticos, capaces de patear el tablero y cambiar el resultado del partido en la última jugada. Los diálogos también siguen en un gran nivel, el dibujo de Dragotta no afloja (más allá de cierto abuso de los primeros planos) y el trabajo de Frank Martin en el color ya pasó de notable a consagratorio. Así que, a pesar de todo, se puede confiar en que vamos a tener un Vol.10 a la altura de las circunstancias. Prometo entrarle pronto.
Y ya estoy ahí, a milímetros de terminar de reseñar todos los libros de historieta argentina que salieron en 2025 y me interesaron como para leerlos en físico (recordemos que acá no reseño el material que leo en digital). Sobre el final del año, Loco Rabia publicó Los Hermanos Dadá, de Federico Baert y Marcos Vergara, obra en la que -como suele suceder- se destaca muchísimo el dibujo de este talentoso autor oriundo de San Nicolás. Los hallazgos de Vergara en materia gráfica son muchísimos, desde el diseño de los personajes hasta la elección de la paleta de colores y las tipografías para los diálogos. Están buenas las onomatopeyas, los gestos en las caras, el ritmo que elige para contar las escenas de acción, los enfoques que elige para ponerle dinamismo a las secuencias donde solo vemos gente que habla... Vergara sabe hacer de todo y acá no se guarda nada. Hasta el detalle boludo de no dibujar los marcos de las viñetas impacta positivamente en la faz visual del libro. El guion es el clásico guion de Baert, con un humor basado en las guarangadas y las atrocidades, con altísimos niveles de mala leche, vínculos retorcidos entre personajes detonados y diálogos al filo de lo publicable. Esta vez, a todo eso, se le suman muchas situaciones en las que cobra peso la machaca. Los Hermanos Dadá es una historieta repleta de situaciones violentas, que muchas veces no te ves venir porque se supone que es una comedia. Pero es una comedia con persecuciones, peleas, tiroteos, explosiones, asesinatos, turbas enardecidas que causan destrozos en las calles... Lo que empieza medio en joda crece como una bola de nieve en cada uno de los episodios y termina invariablemente en la sección Policiales de los diarios. Y como es una comedia, los protagonistas salen enteros de estas situaciones caóticas y violentas de un modo medio inexplicable, y no importa. No resulta frustrante ni tramposo que Baert rompa ciertos pactos de verosimilitud para que Yapa y Barrilete zafen una y otras vez de las hecatombes que ellos mismos generan. Los diálogos, si bien son muy graciosos, vienen con el hexágono negro que advierte "EXCESO DE PUTEADAS". Baert les hace decir a los personajes bastantes más groserías que las que profiere el ser humano promedio. A mí me encanta, sin embargo, encontrarme en una obra de ficción con frases que uno (que es un grosero de mierda) dice todos los días en el mundo real, como por ejemplo -y voy a ser fino- "Chupame la chota" o "Me echo un garco y vamos". Si te molesta el uso y abuso de las mal llamadas "malas palabras", es muy probable que los diálogos de Los Hermanos Dadá te resulten inadmisibles. Baert y Vergara nos cuentan aventuras alocadas de personajes inmorales, inescrupulosos, capaces de cualquier cosa. Y de ahí salen las sorpresas que le ponen impacto a los guiones. Uno supone que entre una chica, su hermano y su padre, las cosas se van a dar de cierta manera, y como esta familia es completamente disfuncional y extrema en miles de cosas, se dan de otra y se desatan todos estos kilombos de los que ya hablé más arriba. Las tropelías de Yapa y Barrilete involucran también a un vasto elenco de personajes secundarios (todos dibujados como los dioses por Vergara), como para que no nos acostumbremos a la extraña dinámica que se crea entre los protagonistas. Solo por los dibujos, esto ya vale muchísimo la pena; y si te divierten las aventuras tipo South Park, grotescas, zarpadas, idas a la mierda en materia de mala leche y guarangadas, seguro vas a disfrutar también de los guiones. Nada más, por hoy. Gracias por el aguante, no se pierdan el miércoles la nueva emisión de Agenda Abierta en el canal de YouTube de Comiqueando, y nos reencontramos pronto acá en el blog.

lunes, 2 de diciembre de 2024

SEMANA COMPLICADA

Increíble lo que me costó encontrar un rato para leer comics y un rato para reseñarlos esta semana. Y ahora seguro no vuelvo a postear por lo menos hasta el domingo, porque entre el miércoles y el sábado voy a estar en San Pablo, Brasil, en la CCXP. Pero vamos rápido con las lecturas... What a Wonderful World! es un libro de casi 180 páginas que reúne trabajos del maestro suizo Zep, más en clave de humor gráfico que de historieta propiamente dicha. Hay algunas páginas resueltas a través de la narración secuencial, pero la mayoría tiene más que ver con lo que hacía Maitena en la revista Para Ti, o Alfredo Grondona White en la Hum®: Zep tira un tema y lo desarrolla en varias viñetas cómicas que muchas veces no dialogan entre sí. Los resultados son brillantes en los dos casos: cuando hay un relato secuencial y cuando no lo hay. En estos "ensayos gráficos" de dos o tres páginas, el creador de Titeuf se mueve con la más absoluta libertad, y se mete con temas que tienen que ver con la política internacional, la religión, las costumbres sociales, la economía, la inmigración, la brecha generacional, el deterioro del medio ambiente, el impacto de las redes sociales en nuestras vidas, el rock, el cine, los comics, la sexualidad... incluso hay algunos en los que aparece la escatología, que es algo que siempre estuvo presente en las historietas de Titeuf. Cuando publica este material (primera mitad de la década del 2010) Zep es un muchacho ya cuarentón, al que le pega fuerte pensar en cómo cambió todo (incluso su cuerpo) desde sus ya lejanos años mozos. Y además no oculta su lado nerd, de fanático de las películas de ciencia ficción, los superhéroes, Star Wars, y un montón de clásicos del comic francés. Hay también un homenaje muy lindo a las víctimas de la masacre de Charlie Hebdo, a B.B. King, a Calvin & Hobbes... y son los únicos momentos del libro en los que no reina la mala leche. La mirada de Zep sobre todos estos temas (y muchos otros) es la de un tipo ácido, de un cinismo implacable, que no tiene piedad con nadie, ni siquiera con su mujer, sus hijos, o con él mismo. El tipo ve patetismo en todas partes y lo sabe convertir en humor de una manera absolutamente fascinante. Además de lo mucho que me reí con el libro, me sorprendió (una vez más, porque llevaba varios años sin leer trabajos del ídolo) la calidad del dibujo. Zep tiene ese trazo redondito, prolijo y amistoso típico de Florence Cestac, pero sumado a la desfachatez gráfica de Marcel Gotlib y a esa sobriedad irónica y paródica de Morris. Es un combo bestial, que acá brilla más que en Titeuf, porque hay muchas menos viñetas por página y ni siquiera tienen marcos dentro de los cuales contener a los dibujos. Las dos modalidades de combinar palabras e imágenes (globos de diálogo y textos por fuera de la imagen) le abren a Zep un abanico muy vasto de recursos humorísticos, y el suizo no desaprovecha ninguno. What a Wonderful World! es una auténtica joya del humor gráfico y lamento infinitamente que solo exista en francés.
Me vengo a Argentina, año 2024, para encontrarme con Los Hijos de Jesús, el nuevo trabajo del notable guionista Federico Baert. Esta obra se inscribe en la misma tónica que El Rey de la Historieta (ver reseña del 21/11/19): una historia tremenda, sin concesiones, sin piedad, protagonizada por un hijo de puta irredimible, un personaje completamente amoral, perverso y execrable. No quiero contar nada del argumento, porque es una obra reciente, pero Baert nos muestra una por una las atrocidades que hace y dice Jesús a lo largo de 60 páginas realmente escabrosas. Por lo jodido del protagonista, por lo maligno de su accionar y por lo real y cercano que resulta todo lo que sucede. Acá no hay elementos fantásticos, ni saltos al vacío: hay una mirada de la realidad cotidiana totalmente descarnada, sórdida y perturbadora, sobre la cual se sostiene una trama de muerte y desolación. Los diálogos no se quedan atrás a la hora de la violencia y la transgresión, y -una vez más- están pensados para incomodar al lector, para hacernos sentir mal por disfrutar (o incluso reirnos) de las animaladas que dice Jesús. Al lado de este personaje, Roberto (el tipo de mierda creado por Marcelo Dupleich) es un Premio Nobel de la Paz. Una vez más, Baert escribe un guion que tendría que haber dibujado Peter Bagge. Todo el tiempo me imaginé esta historieta dibujada por Bagge. Pero no. El Rey de la Historieta la dibujó él mismo, y Los Hijos de Jesús fue a manos de Matías Di Stéfano, cuyo trabajo no solo no me gustó, sino que por momentos me molestó. Primero, porque recuerdo haber leído hace años historietas mejor dibujadas por este mismo autor (ver reseña del 01/09/18). Y segundo, porque hay páginas dibujadas de un modo muy descuidado, con poca onda, como si Di Stéfano pensara solo en sacarse de encima este trabajo lo más rápido posible. Incluso me molestó esa boludez, ese rasgo de pereza que rompe totalmente el verosímil, que es que los personajes aparezcan siempre con la misma ropa... Eso puede funcionar en South Park, o en The Simpsons, e incluso puede ser un plus a la hora de generar comicidad, o complicidad con el espectador. Pero acá, donde se supone que estamos frente a una obra ambientada en el mundo real, no tiene sentido que Graciela o Facundo aparezcan siempre con la misma ropa, escena tras escena. Fuera de eso, la narrativa fluye muy bien y los grises (aplicados por Leo Cabrera) contribuyen bastante a que todo se vea un poco mejor. Pero, al igual que El Rey de la Historieta, Los Hijos de Jesús merecía un dibujante con menos limitaciones a la hora de llevar al papel las guachadas que se le ocurren a Baert. Ves la ilustración de la portada, obra de Marcos Vergara, y no es difícil imaginarte toda la historieta dibujada así. Sin embargo, adentro tenemos un nivel de dibujo muy por debajo del de Vergara, con manos que cambian de tamaño en todas las viñetas, autos que parecen hechos con cajitas de remedios y perspectivas chingadas. Una pena, porque el guion de Baert es una cátedra de mala leche, oscuridad y abyección moral. Nada más, por hoy. Nos reencontramos la semana que viene, a la vuelta de San Pablo, con nuevas reseñas acá en el blog, que ya está ahí nomás de cumplir 15 años.

sábado, 16 de octubre de 2021

11 al 17 de OCTUBRE

Sigo adelante con las lecturas, ya muy cerca de un anuncio que para mí es muy importante y espero que entusiasme a tod@s l@s que leen este blog. Pegué un salto en la lectura de las novelitas de Cybersix y me fui al Vol.37, Notti Selvagge, a ver cómo resolvía Carlos Trillo uno de los plots que habían quedado colgados durante muchísimas entregas: la desaparición de Lucas Amato, el papá del hijito de Cybersix. Acá vemos el regreso de Lucas a Meridiana, ahora totalmente amnésico, como en las telenovelas de los ´80, en las que siempre había alguien que perdía la memoria. El núcleo de esta novelita es cómo reacciona Cybersix (y por ende, Adrián Seidelman) a la reaparición de Lucas, y en el medio hay una trama más aventurera, bastante poco atractiva, en la que la superheroína-vampiro-androide-transexual deberá desbaratar un plan de Helmut, el joven clon de Krumens y esbirro de Joseph. Tanto el aspecto más emocional como el más orientado a la acción sufren el mismo problema: el estiramiento excesivo. Trillo tiene ideas para unas… 56 páginas y las desparrama en 96, o sea que el interés dramático que pueda tener el relato se disuelve entre secuencias innecesariamente largas, o secuencias metidas simplemente para rellenar páginas. El resultado es apenas soportable. A cargo del dibujo tenemos a Gustavo Mazali, mucho más afianzado que la última vez que lo vimos trabajar bajo la órbita de Carlos Meglia. Hay unos cuantos dibujos (fondos y personajes) del prócer quilmeño, y cuando todo lo que vemos es obra del lápiz de Mazali, el contraste no se nota demasiado. O sea que a nivel visual, esto es bastante digno. Me quedan algunos tomitos más de Cybersix, como para leer y reseñar en las próximas semanas.
Nos vamos un ratito a Brasil, donde en 2009 sale un libro que recopila las primeras seis aventuras de Necronauta, el personaje creado por Danilo Beyruth en 2007. A veces con guionistas invitados, a veces solo, en fanzines impresos por él mismo en blanco y negro o en un libro a todo color editado por Image, Beyruth puso en marcha, en muy poco tiempo, una serie interesantísima, donde lo vamos a ver mejorar como dibujante a pasos agigantados. Aún así, el episodio más moderno de Necronauta (de estos seis que componen el libro) todavía está varios pasos atrás de lo que va a mostrar Beyruth en Banda de Dois, que es de 2010. O sea que la evolución de este monstruo va a ser muy notable y sobre todo muy acelerada. Las historias en general son originales, y a pesar de lo que pueda sugerir el aspecto del protagonista, rozan de manera muy tangencial el género superheroico. Necronauta no es ni bueno ni malo, es casi un mecanismo pensado para resolver conflictos que complican la llegada al Más Allá de gente que estiró la pata. Conflictos que pueden ser emocionales o incluso metafísicos, no necesariamente violentos ni de buenos contra malos. Eventualmente, todos los fans de Beyruth (los que lo conocieron gracias a Banda de Dois, o los que lo siguen en sus trabajos para el mainstream yanki) caemos en Necronauta, un poco por curiosidad y un poco porque se trata de una serie realmente atractiva, bien hecha, que explica de modo contundente por qué este autor se ganó el lugar que tiene hoy en el comic sudamericano. No tengo otros tomitos de Necronauta, pero sé que hay más y trataré de conseguirlos.
Allá por 2000, cuando se publicaba muy poca historieta de autores argentinos, irrumpió en San Nicolás una obra que sacudió el avispero y le enseñó a toda una generación que era posible crear y editar novelas gráficas en aquel contexto tan adverso. La obra era Hacia el Hondo Bajo Fondo, de Federico Baert, una novela gráfica a la que el narratólogo David William Foster le pondría sin dudar el rótulo de “existencialista”. Hoy, con más de dos décadas a cuestas, Hacia el Hondo Bajo Fondo ofrece un solo flanco vulnerable, que es el del dibujo. Para el lector actual, el dibujo del Baert de hace 21 años puede resultar crudo, o incluso rudimentario. Pero felizmente existe la remake: otras 90 páginas, con el mismo guion que utilizó Baert en 2000, pero dibujadas por Carlos Aón y coloreadas por Lara Lee. Es decir que a alguien se le ocurrió tomar lo mejor que tenía Hacia el Hondo Bajo Fondo y reemplazar esa faceta gráfica que hoy puede veerse precaria por una 100% nueva, a cargo de un dibujante y una colorista absolutamente afianzados, con amplio dominio de todos los elementos que pueden hacer atractiva a una novela gráfica para el público actual. La nueva versión respeta a rajatabla los magníficos diálogos, el armado de las secuencias y muchas veces hasta la cantidad de viñetas de cada página y los planos elegidos por Baert para la versión original. Por otro lado, Aón cambia bastante el diseño de los personajes secundarios y la paleta de Lee le agrega a la obra climas que la primera versión no tenía. No te digo que estoy para tirar a la mierda la edición del 2000, pero sí afirmo que la de 2021 es muchísimo mejor. Si querés sumergirte en el abismo de la mala leche, el enrosque emocional, el cinismo y la poesía berreta de Ácido Van Rotren, sin dudas te recomiendo entrar por acá. De la mano de Baert, pero también de Aón y Lee, que supieron hacer suya esta obra y pegarle un upgrade notable a algo que ya era un clásico de culto entre los fans de la historieta argentina post-industrial. Nada más por esta semana. Gracias y será hasta la próxima.

jueves, 21 de noviembre de 2019

DOS Y A CATAMARCA

A pocas horas de emprender otro largo viaje (¿el último del año?), me tomo un rato para redactar las reseñas de dos libritos que tengo leídos.
Retomo la lectura del Moon Knight de Jeff Lemire, que empecé el 01/11/19 (y andá a saber cuándo voy a terminar, porque son tres tomos y el tercero no lo vi jamás). Esto es un delirio, mal. Un comic que hace… diez años era impensable. 80 páginas sin villanos, en las que los “conflictos” se desarrollan en la mente del protagonista, cuando se enfrentan cuatro realidades distintas, que responden a las distintas personalidades en las que se fragmentó la psiquis de Moon Knight. Recién al final Lemire blanquea lo obvio, que es que todo lo que vemos pasa dentro de la mente del héroe y a su vez es todo un prólogo a lo que –supongo- va a pasar en el tercer tomo.
Si te quedaba alguna duda acerca de la salud mental de Moon Knight, este tomo te la termina de despejar: el paladín de Khonshu está totalmente chapa, y ese es el principal sostén de todo este arco argumental. Una alucinación, una exploración de la demencia como pocas veces se vio en este medio, una danza bizarra entre realidades que se interconectan en una psiquis hecha añicos. No es exactamente una aventura, pero igual te atrapa a full. Y sí, pegaría mucho más fuerte si en vez de 80 páginas fueran 48, o 60.
Esta vez Greg Smallwood tiene una participación mínima en la faz gráfica. Alguien (un genio) decidió que tres dibujantes invitados se hagan cargo de las secuencias protagonizadas por las distintas identidades de Moon Knight, en un juego hipnótico que nos permite incluso ver tres estilos gráficos muy distintos… ¡en la misma página! De los tres invitados, a Wilfredo Torres le tocan las escenas más tranqui, al alucinante Francesco Francavilla las más fuertes, las más violentas, y esas escenas de ciencia-ficción tipo Star Wars (que son las que menos peso tienen a nivel del guión) fueron a manos del glorioso James Stokoe, así que las disfruté enormemente. Otra locura brillante para esta serie, que sigue acumulando méritos para ser la mejor iteración de Moon Knight después de la etapa clásica (la de Doug Moench y Bill Sienkiewicz). Ojalá en algún momento me encuentre a buen precio el Vol.3.
Me vengo a Argentina, año 2019, cuando se recopila en libro El Rey de la Historieta, una novela gráfica de Federico Baert originalmente publicada por entregas (y a todo color) en un popular blog. La verdad que, al sacarle el color, el dibujo de Baert no pierde casi nada. Es un dibujo adusto, por momentos medio bestia, medio precario. Como un Marcos Vergara desangelado, sin el menor esfuerzo por agradar al lector. Muy eficaz en términos narrativos, pero visualmente un poco limitado. Voy a ser muy injusto con Baert, pero me imaginé esta historia dibujada por Peter Bagge y casi me desmayo de la emoción.
Claramente el fuerte de El Rey de la Historieta es el guión. La construcción del personaje central (Fabricio Barraza, el exitoso guionista de historietas infantiles que venden fortunas) y la tremenda sucesión de situaciones límite por las que atraviesa a lo largo de estas 78 páginas. La trama es un espiral incandescente de violencia, abyección moral y locura, teñida de un fatalismo devastador y un humor negrísimo, que destila hectolitros de mala leche. No hay muchas historietas así, tan jodidas, tan pensadas para incomodar al lector, con un mensaje tan contrario a cualquier tipo de corrección política, sin esperanza, ni empatía, ni solidaridad, ni ningún tipo de vínculo afectivo real entre los personajes.
Baert se jugó una carta fuerte y –por lo menos para mi gusto- ganó. A fuerza de truculencia, insensibilidad y sacudones tan brutales como verosímiles, Fabricio Barraza se convierte en un personaje definitivo, icónico, un arquetipo perfecto dentro de la categoría “tipos de mierda”.
Si no te molesta que el dibujo no sea virtuoso, y no te escandalizan los diálogos en los que se agrede sin ningún tapujo a mujeres, homosexuales, gordos, pobres, o chicos con Síndrome de Down, ni las escenas de abuso de drogas y alcohol, femicidios, pedofilia y canibalismo, El Rey de la Historieta te va a impactar. El tema es aguantar todo ese tsunami de sordidez y miseria y llegar al final. Para aquellos que lo logren, Baert tiene la más valiosa de las recompensas: no te deja salir del libro igual que como entraste. Sin dudas eso es lo que lo hace fundamental.

Gracias a todos por el aguante y nos vemos este sábado y domingo en la ColossusCom de Catamarca.

miércoles, 12 de agosto de 2015

12/ 08: CAUSAS PERDIDAS

La nueva novela gráfica de Federico Baert (a quien ya vimos un lejano 13/03/11) incorpora una novedad sorprendente: el dibujante no es el propio Baert, sino que el guionista nicoleño forma equipo con Carlos Aón, el versátil artista a quien ya nos cruzamos en varias publicaciones de Loco Rabia, especialmente en la reseñada el 23/05/13. El equipo se completa con la colorista Lara Lee, que realiza un muy buen trabajo.
Baert dedica estas 55 páginas a hacer lo que mejor le sale: historias verídicas, con conflictos chiquitos, personajes llenos de dobleces, cero elementos fantásticos y mucha mala leche. Causas Perdidas transcurre básicamente en una pensión bastante crota, de un barrio bastante humilde, de una ciudad bastante periférica. La gracia, claramente, no está en la ambientación, sino en los personajes y en las relaciones entre ellos, en las historias que se cuentan y en las que cada uno oculta.
No son muchas páginas y Baert lo tiene claro. Por eso acota el elenco a cinco personajes importantes, entre los que se destaca Facundo, el chico que estudió periodismo y busca insertarse en ese medio tan complicado. Los giros argumentales más impredecibles, más impactantes, tendrán que ver con Facundo, con cómo trata Baert a los sueños y convicciones de este pibe humilde, copado y un poco idealista.
Como en las obras anteriores de Baert, los diálogos están afiladísimos y suenan 100% reales e incluso cuando llegan las piñas y los tiros todo se siente cercano y posible. En ningún momento Causas Perdidas se va para el bando de la aventura. Siempre es un slice of life, aunque en un momento la mala onda degenere en un festival de puteadas, piñas y corchazos. Sobre el final, la comedia costumbrista le deja su lugar a una tragedia bien heavy, bien sórdida, lo cual es consecuente con la decisión de Baert de llevar a los personajes bien al límite, de no permitirles nunca estar cómodos con las situaciones en las que los envuelve.
El dibujo de Carlos Aón está muy bien, pero es un poquito light para lo espeso de la trama. Es un Aón distinto al de obras anteriores, que incorpora un poco más ese tinte grotesco o esperpéntico que sabe ponerle Angel Mosquito a sus tragicomedias suburbanas. Y es muy loco, porque tiene ese tono justo, que te hace acordar también a otros trabajos de Aón y a las historietas de Baert dibujadas por él mismo (aunque con menos viñetas por página). Aón simplifica el trazo en la medida exacta para permitir el lucimiento del color y acompaña al guión al darle a los personajes ese toque caricaturesco, muy expresivo, que le permite poner en un verdadero primer plano las emociones que estos nos tienen que transmitir. Me gusta más el Aón puro que este “Aón mixto”, pero esto también se ve muy bien.
Causas Perdidas es una muy buena historia suburbana, con sexo, drogas y un poquito de rockanrol, que bien podría haberse publicado en El Víbora. O no, porque en El Víbora le hubiesen pedido a los autores que los garches fueran más explícitos y acá están apenas sugeridos. Lo cierto es que es una historia fuerte, que emociona, que te pone nervioso y que muestra una pasión genuina por parte de los autores, que no juegan a complacer al lector sino a empujarlo a un pantano bastante asqueroso, donde hay lugar para la risa pero de donde se sale enchastrado en tragedia. Muy recomendable.

domingo, 13 de marzo de 2011

13/ 03: LA DANZA DE LOS CONDENADOS


Mucho se ha hablado recientemente de cómo los contenidos que se generan para los blogs suelen potenciarse y de algún modo “legitimarse” cuando se recopilan en libros. Bueno, no siempre. La Danza de los Condenados es probablemente la mejor historieta en la gigantesca trayectoria de Federico Baert, prócer de la autoedición y pionero en la movida de su San Nicolás natal. Para este trabajo contó con la asistencia del increíble Marcos Vergara en los fondos y del gran Caio Di Lorenzo en los colores y el resultado fue una historieta totalmente adictiva, un hito dentro del blog Historietas Reales.
Toda esa magia, a la hora de trasladarse al libro, se diluye una vez que das vuelta la excelente portada. Adentro te espera una publicación mal encuadernada, mal compaginada (una página está dos veces!) y sobre todo, mal impresa. El paso de color a blanco y negro estropeó el trabajo de Di Lorenzo, y lo convirtió en un empaste molesto a la vista. Obviamente con la complicidad de una imprenta absolutamente deficitaria, incapaz de reproducir ya no los grises, sino los negros. Posta, no hay UNA línea ni UNA mancha negra que se vean negras. Todo es gris y todo se empasta con los grises que están donde deberían estar los colores. O sea que el libro es poco menos que una afrenta, una falta de respeto contra la obra de Federico Baert, totalmente inmerecida. Hasta ahora, ninguna publicación ni de Loco Rabia ni de Llanto de Mudo (los dos sellos que co-produjeron esta edición) había tenido estos problemas. Esta tiene más problemas que Libia, Egipto y Japón sumados.
Por suerte lo que hay adentro de este libro mal editado es un comic que está excelente. Baert está afianzado en su estilo de dibujo, afilado para pescar y plasmar detalles del lenguaje corporal y facial de los personajes, con un manejo brillante de los tiempos del relato, un gran criterio para elegir dónde cortar cada escena y muchos recursos para que las páginas que sólo muestran gente conversando no se hagan aburridas. El argumento, enrolado en el costumbrismo semi-autobiográfico (el protagonista es Baert, pero los que lo conocemos sabemos que su vida no se parece mucho a la del personaje), nos pasea por un montón de secuencias desopilantes y totalmente impredecibles, atravesadas por más de un hilo conductor, cosa que no es fácil de lograr y menos cuando pretendés que al final cierren todas las puntas que abrís, cosa que Baert efectivamente hace.
Pero lo mejor, lo que hace totalmente hipnótica la lectura de la historieta, son los personajes. Baert se reserva para sí mismo los diálogos más ingeniosos, retruques venenosos y frases memorables. Pero la abuela se morfa la historia cada vez que aparece. Y Underpilleta amenaza con ser el verdadero protagonista en casi todas las secuencias en las que entra en escena. Vera, Mendoza, los okupetes… todos suman delirio, ternura, mala leche o las tres cosas juntas a una trama que va para adelante a fuerza de giros caprichosos y a la vez sumamente coherentes. De pronto, la vida gris y sedentaria de un simple profesor de dibujo parece una montaña rusa de emociones, salpicada de sexo, drogas, alcohol, locura, venganza y redención. Y como está todo planteado en son de joda, se hace doblemente irresistible.
La Danza de los Condenados no da tregua y no tiene paz. Si nunca leíste a Federico Baert, vas a descubrir a un autor muy personal y muy completo, que acá suma a su habitual repertorio una muy bienvenida cuota de incorrección política, pero que sabe hacer de todo. Lamentablemente, la versión que vas a querer atesorar por siempre en tu biblioteca es la que sólo existe online. La versión en papel tuvo buenas intenciones (el prólogo de Javier Hildebrandt, por ejemplo) pero no se la bancó, ni ahí.