el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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lunes, 30 de marzo de 2015

30/ 03: ANDROMEDA STORIES Vol.3

Y bueno, tal como yo suponía, acá la cosa se pone muy grossa. Ya está, ya no hay más tiempo. Ryu Mitsuse y Keiko Takemiya se dan cuenta de eso y se termina el curro de sumar nuevos personajes, nuevos conflictos y nuevos elementos a la trama central. Ahora hay que resolver todo con lo que hay, en 200 páginas que son las mejores 200 páginas de Andromeda Stories.
Acá el guión hace un sólo sacrificio con el que no termino de acordar: se saca de encima medio rápido, sin explorar mucho las consecuencias, a la reina Lilia y el rey Ithaca. De nuevo hay un papel chiquito para Balga y el príncipe Milan ni aparece. El resto, son todos golazos. La guerrera cyborg que tuvo mucha chapa en el Vol.1 y no apareció en el Vol.2 acá vuelve con todo, a hacer un aporte enorme. El veterano y enigmático Elder pone las cartas arriba de la mesa y se convierte en otro personaje fundamental. Y lo más importante: ahora el protagonismo se reparte entre el príncipe Jimsa y Affle, su hermano gemelo, que resulta ser… su hermana. En un giro notable, todo lo que sabíamos sobre este supuesto hermano de Jimsa se da vuelta y las sorpresas motorizan al argumento hacia una resolución impactante.
Esta vez no queda mucho margen para las intrigas. Hay que prepararse para el combate final contra las máquinas, y el clima ahora es el de una historia bélica, en la que cada pequeña batalla puede ayudar a ganar la guerra. El único elemento nuevo que se suma en este tomo es el de los superpoderes: Affle tiene dones extrasensoriales y es una poderosísima telekinética. Y por si faltara algo, la proximidad de Jimsa amplía aún más sus poderes. Cuando los hermanos se deciden a trabajar juntos, se vuelve realmente difícil hacerles frente. Pero claro, no es fácil lograr que estos dos chicos criados en ámbitos tan distintos se acepten como hermanos y aprendan a complementarse.
Ahí los autores encuentran un conflicto muy interesante para meterle presión a la trama bélica. Y cuando lo tienen que resolver, de nuevo la sorpresa, el impacto, lo impredecible: Jimsa y Affle, hermanos mellizos, casi idénticos entre sí… se enamoran. Y garchan. Posta, no es una fantasía perversa mía. 500 y pico de páginas sin meter ni el menor atisbo de una trama romántica y, cuando aparece, termina en incesto. Y ahí ya te importa todo una mierda… Si le ganan o no a las máquinas, si se destruye o no el planeta… ya fue, hay un garche entre mellizos casi idénticos. Cuando vi eso en Bolita (la obra de Carlos Trillo y Eduardo Risso, reseñada el 17/04/14) no me impactó tanto, porque el clima de la historieta iba para ese lado, la gracia era acumular situaciones turbias, sórdidas, y Trillo nunca ahorró recursos a la hora de mostrar a sus villanos como gente retorcida y repulsiva. Pero acá, en una epopeya de ciencia-ficción con aventuras, rosca política y dibujo “cute”, fue un garrotazo en el medio de los genitales.
El bizarro giro en la relación entre los hermanos pone las emociones que faltaban para que el final fuera realmente estremecedor. El epílogo hasta se anima a ensayar un moñito, un broche de oro con un cierto vuelo poético que incluso sugiere que Jimsa y Affle fueron los primeros humanos en pisar la Tierra. Un lindo detalle después de tanta devastación, explosiones, traiciones y sacrificios.
El dibujo de Takemiya, por su parte, acompaña estas movidas tan extremas y retrata con jerarquía y con intensidad todas las luchas, la destrucción y el romance. Esta vez hay menos secuencias mudas, pero igual Takemiya se las ingenia para que ciertos cuadros, ciertas imágenes, cobren peso por encima de los textos y funcionen como signos de puntuación, como un mecanismo más para realzar los misterios, el in crescendo en la tensión o la fuerza de las escenas más impactantes. Un excelente trabajo de la mina que mejor entendió cómo funciona la ciencia-ficción en el universo de las viñetas.
Más allá del irrefutable prestigio de sus autores, no sé si Andromeda Stories está considerado un clásico en Japón. Para nosotros va a ser siempre más una rareza que un clásico, eso me queda muy claro. Dentro de esa categoría, la considero una muy buena historieta, a la que seguramente le sobran no menos de 150 páginas (el Vol.2 podría omitirse casi por completo), pero que entre emociones fuertes, conceptos jugados, acción al palo y dibujos formidables arrima a un nivel realmente notable. Voy por más Keiko Takemiya, auqnue no sé si tiene más obras editadas fuera de Japón…

sábado, 21 de marzo de 2015

21/ 03: ANDROMEDA STORIES Vol.2

Vuelvo a internarme en el extraño mundo de Ryu Mitsuse y Keiko Takemiya, la gran autora de shojo que un día se aventuró en el terreno de la ciencia-ficción y se impuso como ninguna autora se había impuesto antes.
Este segundo tomo de Andromeda Stories me deja una sensación muy chota: no me aburrí para nada, pero estoy convencido de que, en el contexto global de la saga, la trascendencia de estas 200 páginas debe ser mínima. Lo que pasa acá es entretenido y se sostiene al ritmo de una acción que no decae nunca, condimentada con un poco de intriga palaciega y sustentada en conceptos de ci-fi muy locos, que se van haciendo cada vez más complejos. El tema es que lo que Mitsuse y Takemiya eligen narrar en 200 páginas se podría haber narrado tranquilamente en menos de 40.
De los personajes importantes del tomo anterior, sólo la reina Lilia y el príncipe Jimsa conservan el protagonismo. El príncipe Milan aparece poco, el portentoso guerrero Balga tiene un papel muy chiquito, el rey Ithaca entra en escena recién para la última (y crucial) escena, y la ninja-samurai misteriosa sin nombre ni siquiera pasa a saludar. El plot del hermano gemelo de Jimsa que crece lejos de la familia real de Cosmoralia avanza muy poco: apenas 10 de estas 200 páginas se hacen cargo de esa movida, y si en algún momento Affle tiene peso en la saga, será en el tercer tomo. Y tenemos un par de personajes bastante interesantes que cobran importancia o se suman al elenco: uno es Elder, el anciano sabio que aconseja (¿o manipula?) a Jimsa en su búsqueda de las bases rebeldes de su planeta que todavía no cayeron en manos del Enemigo. Y el otro es Arc, un androide bueno, que rápidamente se convierte en sidekick y amigo de Jimsa y gana protagonismo en el tercio final de este tomo.
Entre una cosa y otra, la lectura se hace llevadera. El guión, sin embargo, muestra algunos tropiezos: ciertos momentos en los que los autores dan por sentadas cosas que nunca se terminaron de explicar o especificar, algunas luchas absurdas contra amenazas pedorras, cosas que suceden por capricho del príncipe… Está claro que hay que llenar muchas páginas con peripecias menores y ahí es donde concentran sus esfuerzos Mitsuse y Takemiya. Por suerte nunca pierden de vista las dimensiones de la saga, la magnitud de lo que está en juego, y eso los ayuda a volver a encauzar al relato en la senda correcta cada vez que están por derrapar hacia más combates innecesarios y escenas que no aportan nada.
Tanto se nota que esas escenas son relleno, que es ahí donde Keiko Takemiya se tira a menos incluso en lo que mejor hace, que es diseñar personajes. Para estos tramos en los que Jimsa, Lilia y sus aliados combaten con bichos humanoides o criaturas tan monstruosas como irrelevantes, la autora ni se calienta en dibujar bien a estas amenazas, que parecen diseñadas así nomás. Por suerte, en todo lo demás Takemiya deja la vida y nos regala naves, trajes y rostros dibujados a un nivel muy notable. Lo que más me llamó la atención en este tomo son los escenarios, muy variados y con una increíble cantidad de hallazgos. Paisajes de montaña, océanos, cavernas, desiertos, una ciudad hiper-tecnificada dominada por las máquinas, el suntuoso palacio de Ithaca y Lilia… no hay desafío del que Takemiya no salga bien parada a la hora de dotar a Andromeda Stories de locaciones únicas e inolvidables.
Veremos cómo termina la historia en el tercer y último tomo al que prometo entrarle pronto. Por ahora, mi principal disconformidad pasa por la innecesaria extensión, la cantidad de vueltas que dan los autores para ir al grano. A sólo 200 páginas del final, sospecho que el tercer tomo no se va a dar ese lujo, sino que va a avanzar a un paso más firme hacia la resolución de los conflictos, que son lo más atractivo que tiene Andromeda Stories. Junto con el dibujo de Keiko Takemiya, obvio.

lunes, 9 de marzo de 2015

09/ 03: ANDROMEDA STORIES Vol.1

Hace un par de años me embarqué en la odisea de To Terra, y ahora vuelvo a encarar una obra de Keiko Takemiya publicada en tres tomos, esta vez con el agregado de un guionista: el prestigioso novelista Ryu Mitsuse, fallecido en 1999. Andromeda Stories se publicó originalmente en Japón entre 1980 y 1982, es decir, justo después de To Terra, y nos muestra a Takemiya decidida a seguir por la senda de la ciencia-ficción a escala épica, inmensa, pero sin descuidar el desarrollo y la tridimensionalidad de los personajes.
Andromeda Stories arranca en un mundo idílico, donde la princesa Lilia celebra su fastuosa boda con el príncipe Ithaca. Los augurios son tan buenos, las conjunciones de los astros los favorecen tanto, que Ithaca, además de ascender al trono como rey de Cosmoralia, se pone al frente de un nuevo papado, una especie de reinado sacrosanto con influencia en buena parte de la galaxia. Todo parece ser maravilloso hasta que, despacito, de keruza, los invade una raza de seres mecánicos que mandan a unas cyber-arañitas a implantarse en los cerebros del rey y sus ministros para dominarlos y empujarlos hacia el abismo. Durante muchas páginas, nadie tiene la menor idea de lo que está pasando, y la que deduce la maniobra de las máquinas malignas es una joven y habilidosa guerrera, una especie de minita hiper-samurai-ninja-acróbata con implantes mecánicos que no tiene nombre pero sí mucho protagonismo.
Más cerca del final del tomo, la amenaza se va a manifestar con un poco más de claridad y serán varios los allegados a Lilia e Ithaca los que empiecen a creer que realmente el rey está bajo el influjo de un poder externo que le controla la voluntad. Entre ellos está Milan, el otro príncipe, el hermano de Lilia, quien orquestará un arriesgado plan para poner a salvo a uno de los hermanos gemelos a los que dará a luz la reina. El borreguito que queda en el palacio real se convertirá con los años en el Príncipe Jimsa, llamado por ancestrales profecías a liderar a su pueblo en la lucha para conquistar todo el cosmos.
Y habrá qué ver cuál de las dos tramas priorizan Mitsuse y Takemiya en el segundo tercio de la saga. Si la del príncipe destinado a conquistar el cosmos, o la del despelote interno que se arma en la corte de Ithaca y Lilia cuando salta a la luz (por lo menos puertas adentro) que el rey y varios de sus ministros fueron implantados con las cyber-arañitas para que respondan a los intereses de las máquinas, que –según nos revela un flashback- ya hicieron mierda a otro planeta, en un holocausto del que sobrevivió la minita guerrera super-power.
Esta primera parte de Andromeda Stories tiene el mismo problema que To Terra: un argumento muy interesante, conflictos muy fuertes, personajes muy lindos, muy humanos… y un guión por momentos bastante torpe. Los diálogos son intrascendentes, algunas escenas se estiran mucho más de lo necesario, hay que ser clarividente para darte cuenta cuándo empiezan y cuándo terminan los flashbacks y cuando a Takemiya se le ocurre narrar dos acciones en paralelo, se mete en un berenjenal en el que se mueve con la destreza de un pingüino empetrolado. Por suerte no hay grandes baches, la historia no cae en pozos de esos que con tres paladas de tierra se convierten en tumbas. Se puede no coincidir con cómo están mostrados algunos sucesos, pero hay sucesos. Todo el tiempo pasan cosas atractivas, que hacen avanzar a la trama o que le dan complejidad a los personajes. Eso, y lo ambicioso del planteo, hace que uno no se enfurezca cuando nota algún tropiezo en el guión.
Y muy por encima de los logros en materia argumental, brilla con fulgor incandescente el dibujo de Keiko Takemiya en más de 200 páginas pensadas para devastarte las retinas. El final de To Terra estaba mucho mejor dibujado que el principio y acá la autora sube un escalón más para deleitarnos con un grafismo demasiado perfecto para ser real, una combinación exquisita entre lo mejor del shojo (que la tiene a Takemiya como pionera) y lo mejor de Osamu Tezuka, Shotaro Ishinomori y Leiji Matsumoto, los autores que más se habían lucido en la ciencia-ficción hasta 1980. Lo único que no me gusta es cómo dibuja a los hombres-máquina. El resto es todo fascinante y está armado en unas páginas con una planificación impactante, arriesgada, decidida a enfatizar el dramatismo o el vértigo de lo que sucede en la trama.
Prometo entrarle pronto al Vol.2, porque –si bien no es perfecto- este primer tomo de Andromeda Stories me dejó bastante manija.