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martes, 25 de febrero de 2014

25/ 02: JOE THE BARBARIAN

Bue, no era para tanto... Me habían inflado este libro hasta convencerme de que estaba por leer una de las joyas definitivas de los últimos años y la verdad es que no está ni lejos de aspirar a esa categoría.
El planteo de Grant Morrison es interesante: un pibe medio loser, medio solitario, que sufre diabetes, se descompensa por falta de glucosa y empieza a alucinar jodido, de modo que lo que en realidad es una recorrida por su casa, él lo vive como una odisea fantástica, en un mundo paralelo donde se convierte en un valiente guerrero. Hasta ahí, todo muy lindo. Ahora, ¿se puede sostener el interés del lector durante casi 200 páginas con esa consigna? Mi respuesta es No.
Como siempre, a Morrison le sobran ideas para que ese mundo alterantivo sea fascinante, con razas, culturas e historias muy atractivas, e incluso con una geografía extraña, que se presta muy bien para convertirse en escenario de peligrosas peripecias que nuestros héroes deberán sortear. También hay un muy buen trabajo en la caracterización de Joe, el chico protagonista, al que uno rápidamente siente que conoce desde siempre, y con el que es casi imposible no encariñarse. Pero nada de esto nos logra distraer de lo más obvio: para que esto dure casi 200 páginas, el guionista estira groseramente con las ya mencionadas peripecias. Así es como la trama se escurre entre un montón de escenas “fuertes” en las que Joe y sus amigos (del mundo ficticio, porque en el real tiene menos amigos que Golgo 13) se enfrentan a villanos terribles, a ejércitos enteros, a piratas, a criaturas abisales, a inundaciones, caídas tremendas, explosiones... y de todo escapan virtualmente ilesos, a pesar de que Joe supuestamente se está muriendo por la falta de glucosa.
Tanto es el énfasis que le pone Morrison a la aventura a todo o nada en el mundo fantástico, que durante largos segmentos se olvida del mundo real, y el paralelismo entre realidad y alucinación (a priori muy rico para trazar un juego de espejos) queda tristemente desaprovechado. La machaca y la acción están buenas, pero se nota demasiado que todo hubiera funcionado mucho mejor en menos páginas, con una trama que fuera más al grano, que no permitiera que el conflicto se diluya tanto como se diluyó en esta obra. No te digo que daba para un unitario de 14 páginas de la Skorpio (aunque me la re-iimagino dibujada por Lito Fernández), ni para 10 paginitas en una antología de Vertigo. Pero ni a palos daba para ocho episodios de 22 páginas.
¿Por qué creo yo que Joe the Barbarian cosechó buenas críticas y hasta nominaciones a premios importantes? Por el dibujo de Sean Murphy. Si tenés un ratito, hacé click en la etiqueta de este autor y fijate qué elogios se llevó las veces anteriores en que me tocó reseñar obras suyas. ¿Ya está? Bueno, todo eso es una miseria, una palmadita en la espalda tenue, sin demasiado énfasis, comparado con lo que merece Murphy por su labor en este comic. Pocas veces vi a un dibujante tan comprometido con una historia, tan dispuesto a hacer todos los sacrificios del mundo con tal de que esta no naufrague. Acá, como nunca antes, Murphy deja la vida. La narrativa es perfecta, los fondos son fastuosos, los personajes son alucinantes, los efectos de iluminación, la aplicación de las tramas mecánicas, la integración de la referencia fotográfica, las expresiones faciales (incluso en las caras de bichos y criaturas totalmente atípicas), el lenguaje corporal... todo es increíble. Murphy trabaja pensando en blanco y negro (como su ídolo Jorge Zaffino, cuya influencia combina con la del mejor Chris Bachalo, Andy Kubert y –en algunos detallitos- Enrique Breccia) y se manda unas composiciones hipnóticas basadas en un claroscuro intenso, equilibradísimo. No debe ser fácil colorear estas páginas, pero claro, acá tenemos al maestro Dave Stewart, que no falla jamás y se encarga de potenciar aún más la belleza, la complejidad y la espectacularidad del dibujo de Murphy.
Seguramente este es un libro que entra, que fascina, que cautiva, desde lo visual. Cuando lo hojeas, te volvés loco. Y cuando lo leés, no te digo que puteás o que te aburrís, pero se nota demasiado la estirada, el hecho de que casi nada de lo que sucede es determinante para que la trama llegue a buen puerto. Joe the Barbarian tiene buenas ideas, personajes queribles y un dibujo de la hiper-concha de Dios. Aún así, como producto global, como obra integral, no arrima ni por asomo al podio de los trabajos más memorables de Grant Morrison. Sí lo pongo como pico insuperable en la carrera de Sean Murphy, que con este laburo se terminó de recontra-consagrar como un Número Uno indiscutido.