el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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sábado, 30 de julio de 2011

30/ 07: MIJEONG


Sí, ya sé… son la una de la matina del domingo y esta debería ser la reseña del sábado. Pero me invitó a cenar Marv Wolfman y después de la increíble onda que demostró en las charlas de ayer y hoy, no le podía decir que no. Así que el 30 de Julio se estiró unos minutos.
Vamos con lo importante que es Mijeong, un nuevo libro de Byun Byung-Jun, el maestro coreano al que ya visitamos el 23 de Febrero de este año. No te dejes engañar por la portada. Por lo menos en la edición yanki (de NBM) aparece un cartelito que dice “a manhwa graphic novel”. Graphic novel, las pelotas. Mijeong es un recopilatorio de historias cortas (todas de principios de este siglo) y de “novel no tiene nada”.
La primera historia corta, que se llama igual que el libro, es una onda Las Alas del Deseo (peli de los ´80, muy influyente en su momento): un ángel camina entre los humanos y ayuda a una minita de la que está enamorado. No hay mayores sorpresas en el guión (como en la mayoría de las historias del tomo), pero sobran clima y emotividad.
La segunda historia es mucho más larga que todas las demás y gira en torno a una chica muy linda, que fue violada en su adolescencia por unos vándalos que además mataron a su amigo de la infancia, que intentó defenderla. Ahora la chica pega onda con el padre de su amigo muerto, pero la cosa no va a terminar nada bien. Y si bien se cuela un rayito de esperanza en las últimas dos páginas, es una historia básicamente trágica, de almas heridas que no cicatrizan jamás.
La tercera también incluye hechos atroces y truculentos, pero está planteada más en son de joda, tamizada por un humor negro sutil y perturbador. Se nota que los autores (acá Byung-Jun trabajó con un guionista) la tuvieron que terminar medio de apuro, porque el final es totalmente anticlimático, pero se disfruta a full.
Le sigue la maravillosa Song For You, otra historia trágica, perturbadora, pero que conmueve no tanto por su crueldad como por su vuelo poético. Nostalgia, dolor, furia, sacrificio y belleza en una pequeña joya de 32 páginas, las únicas del libro realizadas a todo color.
La quinta historieta es la clásica limadura: el planteo zarpado, inquietante, atrapante, que resulta ser un sueño del autor, que se queda dormido sobre el tablero mientras trata de terminar una historieta con la que viene atrasadísimo. Divierte un ratito, pero deja gusto a poco.
Le sigue una historia de amor bastante típica entre un estudiante coreano y su profesora de japonés, con Tokyo de fondo, y con un elemento bizarro al que Byung-Jun le saca muchísimo jugo: un gato que está perdidamente enamorado de la profe de japonés, y que obviamente se morfa el protagonismo.
Y la otra en la que participa un guionista es la última historia del tomo, que tiene buenas intenciones, buenos climas, buenas ideas, pero le falta fuerza al conflicto. No es mala, para nada, de hecho tiene varios de los mejores textos del tomo. Pero le falta un toque de intensidad.
De todos modos, lo importante es que todas y cada una de estas historietas están dibujadas por Byun Byung-Jun prendido fuego, en un estilo que combina influencias de los típicos mangakas y los autores europeos y sudamericanos, como Taiyo Matsumoto, pero con una narrativa más clásica, menos arriesgada. El trazo de Byung-Jun es impecable, su trabajo en la ropa de los personajes no se puede creer, y esas tomas panorámicas, en las que una técnica imposible de explicar convierte esas fotos de ciudades en maravillosos cuadros impresionistas valen lo que te pidan por el libro. Imaginate cuando pela las acuarelas para dibujar las 32 páginas de Song For You. Eso ya es como rebajar un gin tonic con nafta super. Si con blanco, negro, tramas mecánicas y unos cross-hatchings enfermizos te había logrado emocionar, cuando pela las acuarelas Byung-Jun pasa de grosso a genio. Creo que desde el Viejo Breccia que no veía a nadie laburar así el color de un comic. Posta, hay que verlo para creerlo.
Es cierto: los guiones podrían ser bastante mejores, pegar giros más zarpados, o que pasen más cosas en cada historia. En ese sentido, este material no está a la altura de Run, Bong-Gu, Run! (que sí es una novela gráfica), la otra obra de Byun Byung-Jun que pasó por el blog. Pero a nivel dibujo, lo que hace este coreano volcado profesionalmente al manhwa desde 1995 desafía toda explicación. Ahí vas a encontrar magia, poesía, belleza plástica, pasión y polenta en dosis sobrehumanas. Y vas a querer más, mucho más.

miércoles, 23 de febrero de 2011

23/ 02: RUN, BONG-GU, RUN!


Hora de sacudir preconceptos chotos. ¿Te acordás de Baljak, Archlord, Maje, War Angels y esos manhwas bastante patéticos que nos infligieron hace unos años tanto Ivrea como Muñones? Bueno, tengo una buena noticia: eso no es TODO el manhwa, sino un pedacito. Por afuera de esos pantanos del oprobio, florecen las obras de un montón de autores y autoras abocados a historietas mucho más personales, en general de temáticas realistas y con estilos gráficos mucho menos pegados a los hitazos del manga y los videogames japoneses.
Si –como yo- te ponés a bucear entre esos autores, seguro te va a llamar rápidamente la atención Byun Byung-Jun, tal vez el más virtuoso de la segunda camada de lo que podemos llamar “manhwa de autor”. Byung-Jun es un dibujante completo y exquisito, con un ojo increíble para los detalles. Puede pasar como si nada de un dibujo simple, caricaturesco, a una ilustración zarpada de rostros o paisajes, sin nada que envidiarle a los grandes pintores impresionistas del Siglo XIX. Su paleta de colores y su manejo de los climas están más allá de cualquier intento de descripción. Además tiene un talento nato para variar los planos y para darle carnadura y credibilidad a los personajes. Y lo más importante: no es un clon, ni de los autores japoneses, ni de los maestros de Occidente. Tiene algunas cositas que lo emparentan con Taiyo Matsumoto, es cierto, pero le sobra personalidad.
Por suerte, y aunque sea tímidamente, las obras de este autor que debutara profesionalmente en 1999 se están empezando a ver fuera de Corea. Run, Bong-Gu, Run! es su tercer libro, publicado originalmente en 2003 y donde se empieza a manifestar con claridad el estilo propio del autor, que venía de realizar historias cortas en tono de comedia y una serie larga, más aventurera, más dramática y casi sin humor. Acá recupera el tono intimista, la onda de las historias chiquitas, reales, centradas en gente común y conserva un cachito de humor; el suficiente para que una historia en principio triste, logre gambetear con éxito al golpe bajo y llegar a un final feliz, que si lo leés con mala leche puede resultar un poco naïf, y si le ponés onda puede resultar un conmovedor canto a la esperanza.
La historia –repito- es chiquita, de pequeñísimo alcance, una anécdota casi, que afecta las vidas de cinco personas en una ciudad (Seúl) llena hasta las pelotas de gente a la que no le importa en lo más mínimo lo que le pasa a los personajes. Para que el planteo argumental se sostenga a lo largo de 92 páginas sin aburrir, hay que ponerle mucha onda, y la verdad es que a Byun Byung-Jun le sobra onda. Rápidamente logra que te encariñes con los personajes, los define con precisión y profundidad en un par de escenas, y una vez que te tiene enganchado, pela dos de sus mejores armas: el manejo de los climas, pausas, silencios, miradas; y su magia indescriptible para plasmar en el papel los paisajes urbanos que vemos todos los días, y hacernos sentir una sensación de maravilla, de que estamos viendo algo fascinante, con vida propia, con todo por descubrir. La primera escena, la del viejito mangueando monedas en el subte, la vimos todos mil veces con nuestros propios ojos. ¿Cómo hace este guacho para que -vista a través de sus dibujos- nos impacte, nos emocione y nos haga meternos en la historia? Ni idea, pero lo logra.
Run, Bong-Gu, Run! no es para cualquier lector. Visualmente sí, es a prueba de balas. Cualquiera con ojos se va a volver loco con el dibujo de Byung-Jun. Pero a nivel guión, tenés que sintonizar con las historias intimistas, los climas melancólicos, los ritmos pausados y las resoluciones en las que los personajes, que tenían todo para perder, encuentran la rendijita por la que se filtra una nueva oportunidad de tener una vida más o menos feliz. O sea, si venís a full con la onda cínico-malalechística y creés que Eric Cartman es el mejor personaje de ficción de todos los tiempos, mejor seguí de largo.

viernes, 14 de enero de 2011

14/ 01: PRINCESS AI: RUMORES DEL OTRO LADO


Al final, el querido y nunca bien ponderado Pablo “Muñones” Muñoz no era un grasa, sino un vanguardista y –como suele suceder en estos casos- el tiempo le dio la razón. Durante años, batalló desde la editorial Deux por publicar mangas chotos, por cancelar las series en cualquier lado y sin previo aviso, por hacerte comer esperas de hasta 18 meses entre un tomo y otro de una colección, y demás atrocidades que le ganaron el odio de lectores, comerciantes, distribuidores y licenciatarios. Pero con tiempo, esfuerzo y persistencia, Muñones demostró que su forma de hacer las cosas era la única viable. Así fue como –tarde pero seguro- los otros editores de manga, Ivrea y LARP, entendieron que ese era el ejemplo a seguir: durante 2010 se abocaron a “muñonizarse”, a seguir la prédica del maestro, y hoy la cantidad de mangas que aparecen cada mes en los kioscos argentinos es irrisoria comparada con lo que se editaba en 2009. Y eso por no hablar de la calidad…
Todo esto para explicar qué hago yo leyendo la sarta de pelotudeces que acabo de leer. Sólo una elevada abstinencia de manga, al límite de la insanía, puede llevar a alguien que terminó la escuela primaria a leer este tomo de Tokyopop, editado en nuestro país por Deux.
A ver: se supone que esto le va a interesar al fan del manga. ¿Por qué? Si no es manga! Son comics hechos por autores yankis, coreanos y de otros países, para una editorial estadounidense. Incluso casi todas las historias de la antología están pensadas en sentido de lectura occidental. ¿Qué tiene que ver esto con el manga? Ni idea. También se supone que la serie fue creada por Courtney Love, la gorda puta, borracha y drogadicta cuyo único mérito es haberse acostado con Kurt Cobain. Pero no lo escribe ella! Y se supone también que a los personajes los diseñó Ai Yazawa (la grossa de Nana y Paradise Kiss), pero tampoco lo dibuja ella! Y por si faltara algo para irse al descenso directo, esto NO ES la saga de Princess Ai, sino un tomo de historias complementarias, anécdotas accesorias, relatos alternativos o aventuras protagonizadas por los personajes secundarios. Pero la saga en sí no avanza ni un milímetro. El “atractivo” son las reflexiones de varios personajes acerca de lo que pasó en la trilogía original.
Para esto se rejuntó a un montón de autores de estilos pseudo-ponjas de los que habitualmente publican en Tokypop. Por supuesto está Misaho Kujiradou, una de las autoras del “manga” original. Pero no descolla en lo más mínimo; por el contrario, se mezcla en el lodazal de la berretada que se traga a la gran mayoría de los autores de la antología. Vamos a salvar a Kim Mi-Kyung, mangaka coreana bien dotada para dibujar shojo clásico, y por supuesto apoyada en un guión ridículo y descerebrado. Y a una historieta completa que se deja leer entera, a lo largo de sus 24 páginas. Sin ser una joya, La Leyenda de Hawk-Ai (de Steve Buccellato) es una reinterpretación ingeniosa de la saga de Ai, con hábiles triquiñuelas para mantener la atención del lector que ya sabe a dónde va la historia y un buen balance entre dramatismo y chistes pelotudos. El dibujo es apenas tolerable (parece un clásico dibujante de Archie tratando de copiar los yeites de los mangakas) y la narrativa es impecable, nada que ver con los matetes infumables de la mayoría de los muertos (y muertas) de frío que pueblan estas páginas.
Si te hiciste muuuuuy fan de Princess Ai, en una de esas, te cierra esta cosa sosa, reiterativa, con princesas que cantan pop, galanes guitarristas, cazatalentos corruptos y un gay estereotipado al borde de lo ofensivo. En ese caso, entrale con guantes de amianto, porque varios de los dibujantes son realmente radioactivos. Y si no te hiciste muuuuuy fan de Princess Ai, sumate al club de los que creemos que haber talado árboles para imprimir esta bosta debería ser considerado un crimen de lesa humanidad. Ni olvido ni perdón.

domingo, 24 de enero de 2010

24/ 01: RAGNAROK Vol.1


“Ya llevamos una bocha de días sin que pasa nada interesante” es una frase notable. No sólo por el uso del informalismo porteño “bocha” dentro de un comic coreano cuyos protagonistas son héroes basados (muy ligeramente) en la mitología nórdica, sino porque además está mal redactada. Debería decir “sin que PASE nada interesante”. Pero, fiel a su lamentable costumbre, Deux Manga no consigna en ningún rincón de sus tomos el nombre del traductor capaz de escribir semejante cosa (u otras tan dignas de mención como “mierda… una valkiria acompañada de seis gigantes… ahora sí que estoy en el horno”).
Mal escrito y todo, el diálogo es funcional a la onda de este manhwa: acá todo es cool, todo tiene una onda juvenil, canchera y –como todo lo cool, juvenil y canchero- superficial. Se supone que nadie que lea esto se va a poner a analizar los diálogos… ni el guión, ni el dibujo, ni nada. Esto está pensado para vender fortunas, simplemente porque es la historieta que dio origen a un videogame inmensamente popular, de gran raigambre entre los fans del manga y el animé. Es loco, pero ya son tantos los productos pensados para ser consumidos en forma compulsiva y acrítica por ese mismo público (sin salir de la órbita de Muñones, se me ocurre el infausto Animate) que uno empieza a sospechar que hay estudios de mercado que afirman que se trata de una gigantesca masa de subnormales invertebrados, dispuestos a consumir masivamente cualquier porquería. O es eso, o hay una poderosa conspiración para subestimar a este público ofreciéndole bosta de modo sistemático.
Lo cierto es que Ragnarok, de Myung-Yin Lee, tiene todas las falencias que veíamos observando en los otros manhwas editados en Argentina, e incluso suma un par nuevas. La principal falla, compartida con las obras publicadas anteriormente en el país, es que estos autores no entienden el concepto de narrativa. Creen que la historieta se hace con dibujos y textos, pero todavía no dedujeron que si el dibujo no se pone AL SERVICIO del relato, no sirve. No saben establecer las escenas, no tienen criterio para elegir los enfoques, la continuidad entre viñetas es virtualmente nula, alternan entre fondos 100% dibujados, fotos mínimamente retocadas y fotos sin retocar, llenan las viñetas de rayitas que confunden… y ni siquiera es que hay que leerlos en sentido oriental! Te hacen fácil el sentido de lectura, pero te complican tanto la comprensión gráfica de lo que está pasando, que igual no se entiende una chota. Y la falla que suma el amigo Myung-Yin Lee es que no se decide, le cuesta elegir a qué dibujante japonés se quiere parecer. Entonces cambia muchas veces. Pasa de chorear milimétricamente a CLAMP, a mirar con cariño a Takeshi Konomi, Oh Great!, o Yuzo Takada, de un cuadrito al otro y sin el menor reparo.
El guión es la típica partida de rol entre oligofrénicos: cinco personajes, en cuatro historias paralelas una más intrascendente que la otra, que obviamente van a confluir para enfrentarse todos juntos a la mega-amenaza que –uno supone, por haber leído mitología nórdica (y comics de Thor)- será el ragnarok al que alude el título. Lo único ingenioso del planteo de Myung-Yin Lee es que las valkirias acá son malas. El resto, el típico chamuyo de espadas mágicas, conjuros y monstruos pulentosos a los que baja una minita de 14 años más boluda que Karina Jelinek.
Como en casi todos los mangas de Deux, las tramas mecánicas aparecen brutalmente pixeladas, en forma de un tapiz agresivo y desprolijo. Miralas durante 10 minutos seguidos y vas a sentir un dolor de cabeza como si estuvieras por dar a luz a un bebé de tres kilos seiscientos, por la oreja.
Este manhwa es basura, así, sin medias tintas. Un choreo hecho y derecho, carente de todo atractivo para cualquiera que haya pasado por la escuela primaria. Si alguna vez Muñones publica los tomos posteriores, hacete el favor de no leerlos. Corrés serios riesgos de que te salga un tumor fecal en el cerebro tan jodidamente desgarrador que vas a terminar inyectándote thinner en lo blanco del ojo mientras te clavás un taladro en la uretra y pensás seriamente en afiliarte al PRO. Estemos prevenidos.