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sábado, 20 de septiembre de 2025
HOY, DOS CORTITAS
Entre los dos libros que tengo para reseñar hoy, no llegamos ni a las 120 páginas de historieta. Puede ser, entonces, que las reseñas queden un poco más breves que las habituales.
Hacía bastante que no visitaba La Mazmorra, pero qué regreso, la puta madre. Des Soldats d´Honneur, el décimo tomo de la serie Donjon: Monsters, entra cómodo al podio de los mejores álbumes de esta complejísima saga. Ubicado en el nivel 95, cuando Herbert ya es el Gran Khan y Marvin ya es el Rey Polvo, Des Soldats d´Honneur cambia totalmente el registro de lo que venían contando Lewis Trondheim y Joann Sfar en este universo, para ofrecernos una historia desgarradora, dramática, crepuscular, enchastrada de mala leche, melancolía y desazón.
Básicamente es la historia de un soldado absolutamente leal al Gran Khan, un guerrero de segundo orden que recibe la orden de arrestar y escoltar a su hermano (responsable de un incidente que en realidad fue provocado por el Rey Polvo), a quien debe dejar abandonado en el desierto, para que muera de sed y es lo coman los buitres. Los dos hermanos crecieron juntos y no se separaron un solo día, pero Görk no duda un instante en cumplir su mandato. La vida de Krag no es nada comparada al honor de servir al Gran Khan. ¿O sí? El álbum nos va a contar la sucesión de complicaciones y enredos en los que se mete Krag tratando de cumplir la sentencia que terminará con la vida de su hermano. Y lo hará de una manera seria, profunda, sin chistes, de modo que la crueldad y la violencia cobrarán otra impronta, porque ahora no está el humor para morigerarlas.
Sfar y Trondheim optan por no usar globos de diálogo. Incluso cuando las escenas se basan en conversaciones entre los personajes, todo está narrado en off por el propio Krag en bloques de texto que nos revelan, además de lo que se dice, lo que siente el protagonista en cada momento. Así, llegamos a meternos bien a fondo en la psiquis de este complejo y fascinante personaje, un hallazgo increíble dentro de este universo donde creíamos que todos los bichos eran "funny animals". Funny, las pelotas.
Y para hacer todo más oscuro, más épico, más apocalíptico y más crepuscular, el dibujante elegido para este álbum no es otro que el genio absoluto de Frederic Bezian. Y Bezian nos deleita con 46 páginas gloriosas, en las que no modifica nunca la grilla de seis viñetas iguales (la Gran Kirby), pero se luce con un par de polípticos magistrales. Es alucinante ver el universo casi siempre festivo de Le Donjon reinterpretado por Bezian en clave oscura, con su trazo sobrecargado, expresivo, obsesivo por momentos, con esa paleta de colores apagados, que potencian la tristeza y la desesperanza que impregnan el guion.
No se me ocurre por qué, en la época en que Norma publicaba La Mazmorra en álbumes individuales, dejó afuera de la colección a Des Soldats d´Honneur. Sin dudas estamos ante una obra maestra, una gema (otra gema) en la corona de Sfar y Trondheim, y un muy buen punto de entrada al universo ominoso y tétrico de Frederic Bezian.
Me voy a Paraguay, año 2020, cuando se edita La Joya, un álbum protagonizado por Warrior-M, el personaje creado por Robin Wood y Roberto Goiriz. Yo conocía al personaje por una saga anterior (supongo que era la primera), publicada en 2006 no en libro, sino en revista, también en una editorial paraguaya. En la que probablemente sea la última colaboración entre los dos maestros, Warrior-M vuelve para una aventura de 70 páginas, claramente estructurada en episodios de 10 páginas, pero que se leen de manera muy armoniosa, muy fluida, en este formato tipo novelita gráfica.
No me quiero hacer el boludo con esto: el personaje no me cae muy simpático. Es el típico macho recio, cancherito, cínico, que se hace el duro y que se gana a cualquier minita casi sin esfuerzo. Lo único copado de Warrior-M es que (a diferencia de otros héroes cancheros de Wood, como Dago) cobra de lo lindo. Warrior-M opera medio al margen del orden establecido, en un contexto de hard boiled clásico, pero transplantado a un futuro no muy lejano, onda Blade Runner, algo que Robin ya había probado con muy buenos resultados en Morgan, aquella serie que dibujaba Cacho Mandrafina a fines de los ´80. Lo más interesante de "La Joya" es que a Robin no le alcanza con combinar el policial hard boiled con la ambientación futurista, y desde temprano incorpora más elementos fantásticos, vinculados al mundo de las hadas. Una movida audaz e impredecible, porque cuando a vos te dicen "una onda Blade Runner", lo último que te imaginás son hadas y criaturas mágicas. Pero el guion las incorpora de un modo bastante orgánico, no se sienten como algo demasiado bizarro o traído de los pelos.
La aventura en sí no me pareció muy lograda, más allá de que Robin siempre te engancha con los diálogos filosos. El dibujo de Goiriz cumple muy dignamente. No es muy original (las poses de las chicas con escasa vestimenta nos resultan invariablemente familiares a los pajeros que alguna vez consumimos comics o revistas eróticas), pero es dinámico, generoso a la hora de dibujar fondos, hábil para ampliar el menú de enfoques y angulaciones, y está apuntalado por un trabajo magnífico del colorista Kike Espinoza. Espinoza logra combinar con naturalidad y talento el clima mugriento de la ciudad (típico del policial negro), con el neón y la tecnología futurista, y con el aura mágica de las hadas. No es poco, y Warrior-M se beneficia mucho de esta gran simbiosis entre el grafismo bien clásico, bien aventurero de Goiriz y la paleta de Espinoza.
"La Joya" está lejos de ser un trabajo realmente relevante en el contexto de la increíble carrera de Robin Wood, y si reviste algún interés particular (más allá del mero entretenimiento) es porque probablemente se trate de una de sus últimas obras... o al menos fue publicada cuando el ídolo ya se había retirado de la profesión.
Nada más, por hoy. Nos encontramos el miércoles a las 22:30 en la nueva emisión en vivo de Agenda Abierta (obviamente en el canal de YouTube de Comiqueando), o con nuevas reseñas, acá en el blog.
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viernes, 4 de julio de 2025
SOLCITO DE VIERNES
Mediodía más que agradable en Buenos Aires, gran momento para reseñar los últimos libros que leí.
Muy cebado con Fréderic Bézian, compré todos los libros suyos que vi baratos, así, al voleo, sin mirar qué tenían adentro. Y así me encuentro con Chien Rouge Chien Noir (perro rojo, perro negro), la que tal vez sea su obra más extraña, más idiosincrática. Se trata de una novela gráfica originalmente lanzada en 1999, que tuvo una segunda versión con varios cambios (que es la que tengo yo), en 2006.
La temática y la ambientación son muy accesibles. Todo transcurre en un bar y un par de locaciones más dentro de una gran ciudad como cualquiera, en el tiempo actual, sin elementos fantásticos y prácticamente sin violencia. Costumbrismo urbano tranqui, con personajes que básicamente hablan entre ellos, toman algo, una pareja coge un rato, otros deambulan por ahí... ¿De qué hablan? De varias cosas poco relevantes, pero sobre todo de que nadie sabe dónde está Lou, un amigo de estos tipos y minas que es músico y compositor, al que le perdieron el rastro hace tres semanas. Un amigo se quedó con su auto, otro con las llaves de su casa, pero nadie logra deducir dónde está Lou, ni cuándo va a volver. El conflicto no está muy enfatizado, pero si hay que señalar uno, sería ese.
Cerca del final, y siempre buscando a Lou, Ben y Carole se encuentran a un anciano que la tiene muy clara, y Bézian nos sugiere que podría tratarse del mismísimo Dios. Por supuesto no es algo que se explicite, sino que el autor nos invita a intuirlo de modo muy sutil. Y después vienen 18 páginas rarísimas, donde cambia el dibujo, cambia la narrativa, cambia el color y desaparecen los personajes a los que veníamos siguiendo hasta el momento. La "acción" se desplaza a un paisaje misterioso, con mar, montañas, pájaros, un personaje con rasgos diabólicos y una mujer enigmática, que no hacen absolutamente nada. Bézian acompaña esta larga y críptica secuencia con textos en varios idiomas distintos (francés, castellano, italiano, alemán) que se superponen a las viñetas de un modo irregular, cortados en cualquier parte, como si fuera un poema surrealista, o un recurso más para enfatizar la sensación de delirio que transmiten esas páginas. Esto es indescifrable y hermoso a la vez, y termina con... con algo que esperábamos desde el principio de la novela.
Hace no mucho (el 31/03/25) hablé de la fascinación que me produce el dibujo de Bézian, y acá es lo que sostiene el interés en los tramos de la novela que parecen no ir para ningún lado. Este tipo es un demente, un virtuoso totalmente pasado de rosca que sorprende y golpea con cada trazo. Para estar preparado, conviene haber leído antes las historietas más experimentales de Dave McKean, de José Muñoz, de Teddy Kristiansen, algo de Ted McKeever... por ahí transita la estética extrema de Bézian, pero además tiene su impronta propia y totalmente irreproducible para aplicar el color (en este caso, con monocromías muy expresivas) y para diseñar los objetos y los fondos. El resultado es maravilloso, son historietas para estudiar en detalle, para tratar de entender cómo algo tan loco funciona en términos narrativos. Bézian en este libro detona todas las bombas, hasta dejar algunas viñetas totalmente en blanco, sin ninguna explicación, simplemente como un recurso atípico de diseño de página. Obviamente, si no conocés al autor, ni te hiciste fan de su trabajo en obras anteriores, no recomiendo ni en pedo empezar por Chien Rouge Chien Noir. Y no solo porque solo existe en francés. Esto es muy intrincado y no tiene la menor intención de resultar de fácil acceso para el lector que todavía no decodificó el particular estilo de este genio, que ojalá algún día sea más famoso en todo el mundo, no solo en su país. Pronto habrá más Fréderic Bézian en el blog.
Y me vengo a Argentina, fines de 2024, cuando sale el especial de los 10 Años de Capitán Barato, un libro zarpado, de 164 páginas a todo color y una factura técnica impecable. Arranca con una historieta larga, de 60 páginas, con dibujos muy correctos de Facundo Moyano. El guion de Max Coronel arranca muy bien, con muy buenos diálogos, con conflictos interesantes, y se toma su tiempo para presentarnos de manera sólida y consistente a un villano que realmente se siente como una amenaza creíble y peligrosa para el Capitán Barato y sus aliados. El problema es cómo le ganan al villano. La resolución es simplista, banal, anticlimática, casi displicente, como si Coronel hubiese dicho "listo, ya fue, terminemos con esta pelea y pasemos a otra cosa". Una pena, porque hasta ahí había construido un relato tenso, atractivo incluso para mí, que no soy fan del concepto "superhéroes argentinos".
Después tenemos otra historieta bastante extensa (42 páginas) en la que el dibujo, a cargo de Pablo Ayala, me pareció más irregular. Hay páginas hermosas y otras a las que, si les sacás el color, se caen a pedazos. El guion de Luciano Saracino repasa toda la historia de Morgen, el principal villano de este universo heroico, y está muy bien. Tiene esos toques poéticos típicos de Saracino, indaga a fondo en las motivaciones del personaje, y lo más importante: a fuerza de buen ritmo, buenos diálogos y buenos bloques de texto, el autor logra mantener nuestro interés en un relato que prácticamente no tiene acción. Una tarea nada fácil, que el experimentado Saracino logra con aplomo y jerarquía.
Sobre el final, hay una secuencia de apenas seis páginas, que funciona como un anticipo, o un teaser, de una saga que se va a desarrollar en futuras publicaciones, con unos dibujos alucinantes de Nico Di Mattia y guion de Mariano Sciammarella. Y entre la segunda y la tercera historieta, hay un suculento relleno que consiste en fichas de personajes y un festival de pin-ups (más de 30), donde aparecen los héroes y villanos que conocimos a lo largo de estos 10 años, en ilustraciones a cargo de autores y autoras que yo no conocía, y de recontra-consagrados como Ariel Olivetti, Quique Alcatena, Jorge Lucas, Salvador Sanz, Gustavo Sala, Jok, Mariano Navarro, Néstor Taylor, Aleta Vidal y muchos más. De nuevo, yo no soy fan de que me rellenen los libros con pin-ups, pero acá me encontré con trabajos realmente muy notables.
En síntesis, este especial del décimo aniversario es una cita impostergable para todos los fans que supo cosechar el universo de Capitán Barato a lo largo de estos años. Que obviamente son solo los primeros, porque se trata de un corpus narrativo en expansión, pensado para crecer en ambición, en calidad y en repercusión dentro del mundillo comiquero local.
Y hasta acá llegamos, por hoy. Si querés más lectura de alta calidad para el finde, no te olvides de pasar por https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y descargar el poderoso nº11 de Comiqueando Digital. Gracias y hasta pronto!
lunes, 31 de marzo de 2025
OTRA VEZ DE A TRES
Hacía mucho que no se me juntaban tres libros para reseñar, pero es medio un engaña-pichanga, porque sobre uno de los tres pienso escribir un parrafito muy breve.
Empiezo con un masacote de casi 400 páginas titulado Mi Vida Sexual y otros relatos eróticos, un compilado de historias cortas del infinito Shotaro Ishinomori, con material originalmente publicado en distintas revistas japonesas entre 1969 y 1975. En las reseñas de Hokusai (28/03/23) y Kuzuryu (21/10/24) mencioné el tema del sexo, y cómo aparece representado (o metido a presión) en las historietas de Ishinomori, así que una antología en la que el sexo y el erotismo ocuparan los roles centrales me pareció más que seductora.
Hasta que leí las historias... La verdad que, salvo alguna que otra excepción, los guiones me parecieron flojos. Más allá de que la mirada sobre la sexualidad y la mujer atrase (es lógico, son obras escritas hace más de 50 años en un país que por entonces era sumamente conservador y pacato en materia de sexo), esperaba encontrar algo más potente en materia de guiones. En las primeras historias se repite mucho la fórmula de un tipo que se topa con una mina espectacular, que parece regalada, y tras unos cuantos garches se revela que la mujer es en realidad... un androide, una alienígena, una masa de protoplasma que cobró vida, una sirena... en fin, todo un repertorio que parece sacado de las revistas tipo Strange Tales o Tales of the Unexpected que publicaba DC en los ´50 y ´60.
Después, cuando Shotaro se despoja un poco de los elementos fantásticos, la cosa mejora bastante. El Carmesí de un Lejano Día es una historia fuerte, shockeante, pero muy adulta y muy original, a la que solo le falta un final más redondo. Utamaro es, probablemente, la más heavy del tomo, y esta sí, tiene un final impactante e impredecible. ¡Ahi va el caballo! se sostiene en una serie de casualidades un toque inverosímil, pero logró atraparme y tenerme en vilo hasta que -al final- se resuelve el misterio de manera satisfactoria. Y de la última tanda de historias, todas aparentemente reales, llamadas (como el libro) "Mi Vida Sexual", rescato una sola, Sexo Aberrante, porque hay un personaje MUY bien desarrollado y porque Ishinomori se mete con un aspecto de la sexualidad que hasta ese punto no había explorado.
Si me dejás elegir las mejores 120 páginas de este libro, te armo un LIBRAZO, porque me quedo con esas cuatro historietas, que me parecieron tremendas. Y si no, bueno... es un tomo en el que el principal atractivo pasa por lo visual, porque estamos hablando de un autor tocado con la varita mágica, que dibuja y narra a un nivel inconmensurable. Acá vamos a ver al Rey del Manga afianzado en un estilo espectacular, con puestas en página maravillosas, un ritmo totalmente hipnótico para contar las historias, un trazo versátil, donde conviven personajes definidos de manera más caricaturesca (por momentos me parecía estar leyendo una de Piturro, del maestro Julio Olivera) y escenarios majestuosos, retratados con un nivel de detalle que (como suele suceder en los mangas de Ishinomori) te hiela la sangre. Costumbrismo light, costumbrismo más sórdido, ciencia ficción, fantasía, relatos de ambientación histórica... a Shotaro no lo asusta nada, y detona en todas las historias un arsenal de recursos gráficos y narrativos solo comparables al del mejor Osamu Tezuka.
Mi Vida Sexual y otros relatos eróticos es un libro lujoso, caro, al que lamentablemente pocos lectores tendrán acceso. Tranqui, ya se publicarán en nuestro idioma trabajos mejores de Shotaro Ishinomori que justifiquen más la inversión de guita, tiempo y espacio. Este tomo, con sus altibajos, sirve por lo menos para descubrir que entre los ´60 y los ´70 había un autor de un virtuosismo descomunal que no le sacaba el culo a la jeringa y abordaba, desde distintas ópticas, la temática del sexo en sus mangas. No es poco.
Hora de reencontrarnos con Fréderic Bézian, aquel impactante autor francés al que vimos en la reseña del 31/08/23. Pero ahora nos vamos mucho más atrás en su bibliografía, a 1989, cuando publica en Les Humanoïdes Associés un álbum que lo tiene como autor integral y se titula Adam Sarlech. Luego vendrán más álbumes de este mismo personaje (que nunca vi), pero este no solo es 100% autoconclusivo, sino que no desliza ni la más mínima sospecha de que es el puntapié inicial de una serie.
Adam Sarlech es un drama intenso, incandescente, ido al mega-carajo, que se desarrolla en el seno de una familia acomodada de algún lugar de Europa, probablemente en el último tercio del Siglo XIX. Drama intenso, pero a nivel William Shakespeare, eh? Con personajes complejos, secretos fatídicos, gente que no es quien dice ser, y hasta un elemento fantástico, que son los supuestos poderes de los mellizos Ralph y Raphaelle para comunicarse con los muertos, y el trance en el que la familia tiene sumidos a sus sirvientes, para que no registren (no difundan) todas las atrocidades que se perpetran puertas adentro de la mansión. El guion está un poco sobrecargado, le sobren personajes y conflictos para un comic que tiene que resolverse en 56 páginas. Y evidentemente, este Bézian temprano (no primerizo, porque sus primeras obras son de 1982) todavía no tenía muy dominado el equilibrio que logrará más tarde. Entonces tenemos unas secuencias mudas, o con poquísimo texto, que son maravillosas, seguidas de otras en las que el autor nos bombardea con páginas de ocho viñetas chiquitas en las que todos los personajes hablan hasta por los codos y tiran en cada globito extensos soliloquios... que explican cosas que hubiese estado bueno mostrarnos de manera más visual.
Algunas torpezas eran evitables (con menos personajes, por ejemplo), y casi todas quedan eclipsadas por lo mejor que tiene el álbum que es... el momento final, donde se revelan los secretos ocultos y nos enteramos quién es Adam Sarlech, de qué juega y cómo se conecta con esta extravagante familia. Y a la vez todo eso queda eclipsado por el dibujo de Bézian, que es fastuoso. El Bézian de fines de los ´80 una especie de Andreas pasado de rosca, con cosas del primer Lorenzo Mattotti, del primer Nicolás De Crecy, y hasta momentos aún más brutales, más para el lado del José Muñoz más zarpado o de Santiago Sequeiros. Fondos impactantes, personajes esperpénticos, hiper-expresivos, todo muy personal, muy deforme, muy raro y a la vez muy cautivante. Lo único que no me copó de la faz gráfica son esas viñetas en las que Bézian colorea todo el fondo con un rojo oscuro que a veces cubre también a los personajes. Eso le resta mucha claridad a la página, y hasta en algunos pasajes complica el fluir de la narrativa gráfica. No sé si preferiría leer la obra en blanco y negro, pero puede ser... En general a los monstruos del claroscuro se los disfruta más en blanco y negro, y acá Bézian tira mucha más magia con el pincel y la tinta que con la paleta de colores. Prometo más Fréderic Bézian para más adelante.
Y finalmente, en 2024 tuvimos un nuevo tomito de La Caja, la colección de libros que recopilan los chistes de Esteban Podetti, esta vez en una entrega más breve, con 96 páginas. Como había sucedido con el tomito dedicado a chistes sobre la pandemia de COVID-19 (reseñado el 18/10/22), esta vez hay un tema central que es la llegada al poder y el primer año de gobierno de "las fuerzas del Cielo", ese mamarracho de ultraderecha, ignorante, bizarro, violento, cruel y despiadado que rápidamente se convirtió en verdugo de su propia base electoral. Como todo idiota con poder, como todo delirante al que la gente encuentra carismático, Javier Milei resulta un blanco muy fácil para el humor afiladísimo de Podetti, quien tampoco exhibe la menor piedad para con estos lúmpenes de la política. Y sí, también hay muchos chistes con Adolf Hitler, pensados para resonar en el contexto argentino actual. A lo largo de chistes perfectamente autoconclusivos (hábilmente elegidos y puestos uno atrás de otro) el autor desarrolla una analogía -preocupante por lo acertada- entre el presente de nuestro país y la Alemania nazi, en clave de humor, pero del humor que te retuerce las tripas. Y después, muchos chistes sobre el impacto de las ideas libertarias en nuestra sociedad, sin personajes recurrentes, pero sí con estereotipos muy reconocibles, y casi siempre muy repudiables.
Gran compilado de este capo absoluto del humor gráfico, al que jamás se le acaban las ideas, ni las ganas de ir a fondo con un mensaje -totalmente contrario al de Milei, sus esbirros y sus patrones- que comparto plenamente.
Y ahora sí, nada más. Me fui al choto con la extensión de esta entrada, y prometo callarme la boca por unos días. Gracias y hasta pronto.
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jueves, 31 de agosto de 2023
NOCHE DE JUEVES
Vamos rapidito con un par de reseñas, que tengo poco tiempo...
En 1969, una editorial de Brasil publicaba en ese país un comic-book de los X-Men, en blanco y negro, con las historias originales de Stan Lee y Jack Kirby. Pero como estas tenían 20 páginas y la revista 32, tenían que llenar la publicación con algo y se les ocurrió encargarle historias cortas de estos mismos personajes a autores locales, sin pedirle permiso a Marvel. La revista duró apenas 14 números, 10 de los cuales incluyeron estas historietas apócrifas, escritas por el experimentado guionista Gedeone Malagola (de larguísima trayectoria en el comic de Brasil) y dibujadas por Walter Gomes.
Esto es, básicamente, una truchada, en el sentido más amplio del término. Los guiones son cualquier cosa: las personalidades de cada uno de los X-Men no están bien respetadas, Malagola tiene 8 ó 9 páginas pero cuenta historias que daban para cuatro o para 20, y el personaje más importante de esa primera etapa (el Profesor Xavier) aparece sólo en una de las 10 historietas de producción propia. En general son anécdotas muy menores, muy por abajo del material de Stan Lee, que tampoco era brillante.
El dibujo de Gomes es muy desparejo, muy tosco. Cuando se limita a la mímesis, le va más o menos bien: reproduce la puesta en página y el trazo del Rey Kirby de un modo casi aceptable. Pero sobre el final empieza a probar otras cosas y opta por una puesta en página que se vuelve torpe y confusa, y por un trazo mucho más cercano al de Werner Roth, el dibujante que sucedió a Kirby y tuvo a su cargo la etapa menos atractiva de esta serie. Si esto se ve así en blanco y negro, no me quiero ni imaginar qué hubiese pasado si se publicaba a color, con el color que tenían las revistas brasileras en 1969.
El tomo recopilatorio (donde tampoco aparece ninguna leyenda que nos aclare que estos personajes son de Marvel) incluye también tres historias cortas de Nick Fury que -al igual que las de los X-Men- fueron encargadas a autores locales por la editorial que publicaba en Brasil la revista del espía más capo de SHIELD. La diferencia es que nunca se supo quiénes fueron los autores de estos verdaderos papelones, mal escritos y pésimamente dibujados, con un festival de viñetas choreadas de comics de Barbarella, Rip Kirby, Modesty Blaise y siguen las firmas.
Esto es algo que quería tener y me interesa conservar simplemente por el grado de bizarreada, de material imposible, que sólo aceptás que existe cuando lo tenés en la mano. En 1969 ya era obvio que X-Men era un título muy menor dentro de la cosmogonía de Marvel y que en cualquier momento lo cancelaban. Aún así, una editorial de Brasil (no precisamente de las más chicas) apostó por esta serie, quizás porque las más conocidas ya estaban compradas por otra editorial, y de yapa nos obsequió estos clásicos de la impostura y el choreo a mano armada. La edición de 2022 a cargo de Editora Criativo, un lujo, con muy buenos textos y gran calidad de reproducción para un material por lo menos polémico.
Me voy a Francia, año 2014, cuando Noël Simsolo y Frederic Bézian inician la serie Doctor Radar, con un álbum de 64 páginas titulado "Asesino de Sabios". Por ahí hay gente que no lo conoce, pero Bézian es uno de los mejores historietistas del planeta, un monstruo, un tipo de un talento descomunal. Cualquier cosa que lleve su firma se convierte en el acto en algo que merece ser comprado, leído y atesorado. Bézian es una mezcla perfecta entre Lorenzo Mattotti, Nicolas De Crécy, Alberto Breccia, Lionel Feininger y Carlos Nine (y Lucas Nine, incluso). Un dibujante virtuoso, plástico, expresivo, con una solidez narrativa impactante, un manejo de la masa negra que te hipnotiza, y que acá encima utiliza una paleta de colores limitada, potenciada por un juego de engamados pensado para resaltar los climas que quiere transmitir en cada página. No alcanzan las palabras para describir lo maravilloso que es el trabajo de Bézian en Doctor Radar, esto hay que verlo para creerlo. Y releerlo varias veces, para colgarse mal en cada viñeta, porque en cada una hay muchísimo para descubrir y para deleitarnos.
El guion de Simsolo es interesante. Muy clásico, al punto que los diálogos recurren a esa prosa florida y protocolar típica de los álbumes de Tintin. Y con la suficiente cantidad de giros argumentales como para mantener el interés del lector hasta el final. El misterio principal, que tiene que ver con la verdadera identidad del Doctor Radar, se resuelve de manera magistral (e impredecible) cuatro páginas antes del final, pero lo que sigue no es un epílogo, sino más peripecias y más acción. La trama está ambientada en París en 1920, y la reconstrucción de la época es magnífica. Simsolo no deja sin visitar un sólo punto emblemático de lo que sería la famosa Belle Epoque parisina y nos pinta un fresco muy atractivo de aquella sociedad, sus vicios, miserias, búsquedas y hallazgos. Pobre tipo, haga lo que haga siempre va a estar opacado por la magia arrolladora del trazo de Bézian, pero la verdad es que de no conocer a Nöel Simsolo, pasé a considerarlo un guionista a tener muy en cuenta.
El final deja una punta abierta, y efectivamente los autores la retomaron en otros dos álbumes de Doctor Radar, publicados en Francia, pero inéditos en España (de lo cual deduzco que a este no le debe haber ido bien en la Madre Patria). Espero conseguir las secuelas este año, cuando me toque visitar por primera vez el país de Astérix.
Y esto es todo por hoy, y por este mes, que ya termina. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
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