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miércoles, 16 de agosto de 2023
HOY, TRES RESEÑAS
Hacía bastante que no clavaba tres reseñas en una misma entrada, pero esta vez hay dos que me quedaron un toque más cortas que las habituales.
Allá por el 01/10/18 me tocó reseñar el Vol.1 de La Danza del Tiempo, obra del maestro ucraniano Igor Baranko para el mercado francés, publicada en nuestro idioma por Planeta-DeAgostini. Tarde pero seguro conseguí los dos álbumes restantes, y la verdad que el Vol.2 es bien del medio. No resuelve la trama (porque eso lo va a hacer Baranko -supongo- en el vol.3), no explica demasiado lo que ya contó en el Vol.1 (por eso no recomiendo la pelotudez que hice yo de dejar pasar cinco años entre un tomo y otro), y en todo caso lo que hay es una depuración del elenco, en la segunda mitad del tomo.
Como ya conté en la reseña del Vol.1 esto es una especie de Romeo y Julieta atravesado por Back to the Future, con protagonistas que vienen de distintas tribus de los pueblos originarios de Norteamérica. En esta segunda parte, la historia de amor se tensiona, la tragedia insinuada en los sueños proféticos de Luna-entre-las-nubes se lleva. a unos cuantos personajes y la incursión de los pieles rojas al territorio de los aztecas termina bastante para el orto. Vamos a ver en el Vol.3 (que prometo leer pronto) a ver cómo resuelve Baranko todo lo que le queda pendiente.
Mientras tanto, tenemos majestuosas batallas con ejércitos precolombinos, un trabajo glorioso en trajes y armas, una narrativa clara y a la vez novedosa, y la influencia de los grandes dibujantes italianos: Hugo Pratt, Milo Manara y Sergio Toppi están todo el tiempo presentes en las páginas de Baranko, en sus composiciones y hasta en el trazo, que por momentos también coquetea con cositas de Jean Giraud. Visualmente, La Danza del Tiempo es una orgía de emociones, una obra con la que Baranko se puede sumar sin ningún pudor al Olimpo de los hiper-consagrados. Pronto nos vamos a enterar si el argumento se la banca hasta la última secuencia, o si nos comemos un derrape final que le impida ascender también al Olimpo de las obras maestras del comic europeo de este siglo.
Le puse mucha onda a Phonogram: Rue Britannia, porque venía muy bien recomendada. Pero me fue mal y lo mejor que tengo para decir es que por suerte conseguí muy barato el TPB. En esta obra de Kieron Gillen y Jamie McKelvie me encontré con un dibujo a media máquina, genérico, básico, sin sorpresas, ni magia, ni imaginación. Es un comic realizado en blanco, negro y grises, pero me parece que no levanta ni siquiera con un colorista top onda Dave Stewart o José Villarrubia. Una pena, y a la vez muy copado constatar que en trabajos posteriores de McKelvie queda atrás esta escacez de onda que lastra tanto a Phonogram.
El guion de Gillen tiene una idea brillante (los "phonomantes", tipos y minas capaces de obtener magia de la música) sepultada entre un montón de elementos que no me cerraron. Por ahí esa misma idea, puesta más en el centro de la trama, menos rodeada de todas esas referencias al brit-pop (que no me molestan, pero acá no aportan nada más que confusión), o con un protagonista más copado, y sobre todo en menos páginas, podría haber funcionado bien. No es el caso. Acá el guionista realmente se excede en la presentación del contexto, la ciudad, los músicos, los discos, anécdotas intrascendentes del pasado de David Kohl... y para cuando la historia más o menos arranca, uno ya quiere que se termine cuanto antes. Me imagino que para un erudito, o un crítico especializado en rock británico de los ´90, esto puede ser una sorpresa alucinante, porque de pronto todas esas bandas hoy semi-olvidadas (con las excepciones de Blur, Pulp y alguna otra) resultan importantes para una especie de aventura sobrenatural que -mejor escrita- podría haber aparecido en Vertigo. Para el comiquero muy curtido, las sorpresas del guion no son tales, y en todo caso se rescata un concepto atractivo (ya lo mencioné) y la calidad de los diálogos, muy adultos, realistas y en perfecta sintonía con la caracterización de los personajes. No mucho más, lamentablemente.
Y cierro con un comic de autores argentinos aparecido en 2022 que había leído en digital, pero no en físico: el Vol.1 de Distancia, escrito por Jonatan Catalano y dibujado por Daniel Roa. Bajo una hermosa portada de Salvador Sanz, me encuentro con un dibujante al que no conocía, bastante decoroso, con muchas influencias del manga pochoclero y del mainstream "bonito" del comic yanki noventoso. Un muchacho que maneja muy bien la narrativa, la expresividad de los personajes, los fondos... pero lo mejor que tiene la faz visual de Distancia, para mi gusto es la aplicación de los grises, que no está a cargo de Roa, sino de Catalano. Paradojas de la vida. Entre lo que no me gustó del trabajo de Roa destaco las caras de los personajes secundarios (sobre todo Sara y Giselle), cuyos rasgos cambian bastante de una viñeta a otra. Sentí como si estuviera viendo una película y cada vez que enfocan a un personaje apareciera la cara de una actriz distinta.
Los aciertos de Catalano no se limitan a la aplicación de los grises, sino que la rompe MAL en el rubro diálogos (realmente excelentes). La construcción de los personajes también está muy lograda, pero claro, hay una trampa: Catalno se toma 100 páginas para presentarnos a Franco (un goma total, estoy al borde de odiarlo), 175 páginas para presentarnos a Laura (personajón, mucho más rico y complejo) y recién en las 22 páginas finales de este potente Vol.1 se empieza a desarrollar realmente el conflicto central de la obra. Es lógico y hasta imprescindible que si le dedicás 275 paginas a presentar a los protagonistas, estos tengan relieve, profundidad y altas chances de cautivar al lector con sus conflictos y su personalidad.
Este Vol.1 de Distancia tiene un muy buen ritmo, se siente honesto, fresco, y capta a la perfección la ambientación porteña, sin hacer excesivo hincapié en que todo sucede en Buenos Aires. Me mató esa viñeta en la que aparecen las máscaras de Dr. Paradox, Caballero Rojo y Manta, y por supuesto el diálogo que establece Catalano entre la tragedia que azota a su Buenos Aires y la que vivimos unos años atrás con la famosa pandemia de COVID-19. La gran cagada que tiene este vol.1 de Distancia es que en 300 páginas apenas tenemos un esbozo de para dónde puede ir la trama, y no sabemos ni cuántos tomos van a necesitar Catalano y Roa para desarrollarla, ni cuándo estará disponible el Vol.2. Encarar un proyecto con este nivel de ambición, en Argentina y sin el respaldo de una editorial importante (Distancia está editada por sus propios autores) es una movida en la cornisa entre la patriada y el delirio, que puede salir muy bien o muy mal. Por ahora, las ventas fueron muy buenas y forzaron más de una reedición, pero claro, para el Vol.2 los autores van a tener que largar desde el vamos una tirada mucho más grande... y estar listos para volver a reeditar el Vol.1, sin el cual la saga no se va a entender. No es fácil, ojalá les salga bien. Y pronto, antes de que los lectores que se engancharon con el Vol.1 pierdan el entusiasmo.
Al final no vi la peli de Blue Beetle, pero queda para la semana que viene. En un rato salgo para Rosario, para asistir una vez más a la Crack Bang Boom, y a la vuelta seguro vendré con más libritos leídos que se convertirán en nuevas reseñas acá en el blog. Gracias y hasta entonces.
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lunes, 29 de junio de 2020
LUNES HORRENDO
Llueve, hace frío y estoy
en mi casa, aburridísimo. Por suerte tengo un par de libritos para reseñar.
Predeciblemente, no me
aguanté demasiado antes de entrarle al segundo y último tomo de Blanco, del
maestro Jiro Taniguchi. Quería saber, necesitaba saber, si había una chance de
final feliz para la historia del perro ruso convertido en una máquina de matar.
No pretendía tampoco un final tipo Disney, donde todos cantaran y bailaran, pero
tenía mucho miedo de que Taniguchi me clavara una puñalada artera y me dejara
puteando. Finalmente se podría considerar un empate. Hay una carga de
sensiblería golpebajera importante, el clima desolador de “se pudre todo” se
conserva hasta el final, y Taniguchi logra filtrar un rayito de esperanza sin
tirar a la mierda el dramatismo ni el verosímil que fue construyendo a lo largo
de casi 600 páginas.
¿Es de los mejores guiones
del ídolo? No, no te quiero mentir. Es una aventura zarpada, muy realista, que
explora a fondo las consecuencias de todo lo que pasa y que explica en detalle
esas cosas que vemos en Blanco pero nunca vimos en el mundo real. Un gekiga
sólido, duro, sin facilismos, sin tomar por boludo al lector. Por ahí se pdría
haber simplificado, con menos personajes y menos explicaciones, pero dentro de
un esquema de aventura para jóvenes o adultos, así como está funciona muy bien.
Y además el guion (me enteré el otro día que no se acentúa más la “o” de
“guion”) le da a Taniguchi la posibilidad de lucirse, de maravillarnos con esa
ambientación geográfica imponente, de sublime majestad, como es el sudoeste de
Canadá y el noroeste de Estados Unidos. Pocas veces leí un manga que se nutra
tan bien, que aproveche tanto los escenarios naturales en los que se sitúa la
acción. Y por si faltara algo, la acción también está bárbara, repleta de
escenas de alto impacto, con momentos de una violencia estremecedora,
retratados con maestría por este inolvidable genio del Noveno Arte.
O sea que, sin ser una
obra maestra, si te acercás a Blanco por completismo, porque querés tener todo
lo que hizo Taniguchi, te vas a encontrar con una aventura clásica, potente,
emotiva, por momentos descarnada, que te va a hacer pasar un buen rato a puro
misterio, vértigo y machaca.
Nos vamos a EEUU, año
2014, cuando Kieron Gillen y Jamie McKelvie empiezan a publicar The Wicked +
The Divine, una serie que tuvo una excelente repercusión y muy buenas ventas. ¿Te
acordás cuando Neil Gaiman refritó varias ideas de la saga Brief Lives y les
pegó una vuelta de tuerca muy copada para volver a usarlas en la novela
American Gods? Bueno, Gillen vuelve a esas mismas ideas y les pega OTRA vuelta
de tuerca copada. Sí, otras vez dioses poderosísimos de distintos panteones
mezclados entre los humanos en un contexto urbano y actual. Pero esta vez,
Gillen le agrega todo un discurso acerca de la cultura de la celebridad, la
fama efímera y –lógicamente- vincula esto a la música que consumen los
adolescentes, esa industria caníbal en la que todos los días se inventan ídolos
pensados para romper todo durante dos años y después desaparecer más rápido que
la guita que el Banco Nación le prestó a Vicentín.
The Wicked + The Divine es
una historia de poder, de fe, con mucha acción, un cierto tinte fatalista
(típico de Sandman) y mucha rosca sobre el tema de la identidad, que por
supuesto incluye la exploración de identidades sexuales no tradicionales. El
personaje central (Laura) está muy bien trabajado, los diálogos son excelentes
(y muy groseros) y –a diferencia de Gaiman- Gillen quiere que la presencia
entre nosotros de estos seres hiper-poderosos garantice el constante estallido
de escenas de acción y violencia bien al límite. La explicación de todos estos
elementos fantásticos está bien lograda, desde el momento en que jamás te
aburre. Ahí también, el guión combina sabiamente buenas ideas, sutileza e
impacto.
El dibujo de McKelvie me
gustó mucho, lo sentí muy idóneo para el tipo de historia que nos quiere
contar. Se trata de un dibujante muy influenciado por Kevin Maguire en los
enfoques, en la composición de la página y hasta en el trazo en sí, aunque
claro, McKelvie no llega a los extremos a los que llega Maguire a la hora de
ponerle onda a las expresiones faciales. Es como un Maguire al que el editor le
dijo “buenísimo todo, pero bajame un cambio con las muecas”. Aclaro por las
dudas que me gusta más Maguire que McKelvie, pero acá veo a un muy buen
dibujante, que además deja la vida en los fondos, en el diseño de los personajes
y en un montón de detalles que tienen que ver con indumentaria, peinados y
hasta con maquillaje y bijouterie, que tanto aportan a la imagen de las
estrellas del rock y el pop para adolescentes.
Nada, leí la puntita del
iceberg. Seis episodios de una serie que ya pasó el nº 50. Pero me enganchó
bastante. Cuando vea a buen precio los tomos que siguen, no voy a dudar en
entrarles. Bien por Gillen, bien por McKelvie y bien por Image, apostando por
un título de esos que hasta 2012 sólo podrían haber aparecido en Vertigo.
Nada más por hoy. Mañana
seguro voy a avanzar con nuevas lecturas para que arranquemos el segundo
semestre con más reseñas acá en el blog.
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Jiro Taniguchi,
Kieron Gillen,
The Wicked + The Divine
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