el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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miércoles, 19 de noviembre de 2025

ENÉSIMA NOCHE DE MIÉRCOLES

Se puso de moda escribir reseñas los miércoles a la noche... ponele. Gracias a esta impecable edición de Primavera Revólver, em reencontré con una breve serie de Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena que -si no me equivoco- había salido en los últimos números de Skorpio, allá por 1995. Ilya, el Rey León tiene apenas cuatro episodios, que alcanzan para contar lo que los autores quieren contar: la búsqueda de la redención por parte de Valkan, y la inspiración que encuentra en su ancestro, el monarca apodado "Rey León", protagonista de gestas legendarias en una Rusia fantástica. Es una historia lineal, sencilla, que avanza a buen ritmo hacia un final no demasiado impredecible, pero igualmente impactante. Aclaremos de movida que Ilya, el Rey León no es una de las obras fundamentales de Mazzitelli y Alcatena, y que si no la leés, no pasa nada. A lo sumo te perdés unos cuantos dibujos majestuosos de Quique, pero de esos hay en todos los libros de la dupla. Acá hay momentos en los que el dibujo realmente estalla y se hace hipnótico, sobre todo en el episodio final, cuando Alcatena elimina esas guardas recontra-sobrecargadas de detalles, que en los primeros episodios generan cierto agobio visual, y hasta cierta confusión. Más allá de eso, hay un despliegue brutal en materia de paisajes, criaturas, detalles imposibles en la vestimenta de los personajes... Como siempre, bah. Nunca falta ese mix aliucinante entre trabajo con la referencia gráfica y la imaginación desbocada de un dibujante prodigioso y completo como es Alcatena. Esperaba un poquito más del guion, quería que a Valkan le costara un poco más pasar de ser un sorete a ser un héroe mitológico, pero entiendo que en solo cuatro episodios no se puede hacer magia. Y el personaje de Baba Yaga, que amga con ser relevante, se queda en el amague. Una pena. Ilya, el Rey León está bien para pasar un buen rato, y deslumbrarse con el virtuosismo de un Alcatena que, con 50 años de trayectoria, nunca deja de sorprender. Un libro sólo para completistas de una de las duplas que más méritos hizo para tener completistas.
Salto a EEUU, año 2020, cuando Image empieza a publicar Family Tree, una saga de 12 episodios escrita por Jeff Lemire y dibujada por Phil Hester... junto a un equipo de asistentes, porque coincide con el momento en que el maestro estaba medio baqueteado por un problema de salud. No me causa mucha gracia que 12 episodios se recopilen tres TPBs (tendrían que ser dos... o uno), pero este inicio me pegó lo suficiente como para querer comprar los dos tomos siguientes... sin apuro, cuando los vea a buen precio. La consigna es una demencia: una nena se empieza a transformar en árbol. Y al toque nos enteramos que su padre ya se transformó por completo en árbol. ¿Qué es esta bizarreada? ¿Y por qué funciona como disparador de una gran historia, dramática, violenta, en la que van a salir a la luz secretos familiares? Darcy (el tipo que se hizo árbol) dejó a su familia tiempo atrás y fue Loretta, su esposa, quien se tuvo que hacer cargo de criar a Megan, esta nena de ocho años, y a su hermano adolescente, fuente inagotable de bolonkis. La familia se completa con el papá de Darcy, un hombre ya casi anciano, pero absolutamente predispuesto a entrar en acción para salvar la vida de sus nietos. Ya para el segundo episodio, el ritmo frenético de los tiros, machetazos y persecuciones se lleva puesto el clima de costumbrismo suburbano que Lemire y Hester plantearon en la primera entrega, y uno quiere que la acción para un cachito, que nos expliquen quiénes son los villanos, por qué quieren matar a Megan, y qué saben acerca de su misteriosa enfermedad. Ojalá eso pase en el segundo TPB. Acá evidentemente los autores eligieron el impacto a tope, el relato bien al palo, como para que nos enganchemos rápido y a fondo. Y menos mal que existe el TPB... esto leído de a 22 páginas por mes debe ser un suplicio. Soy fan de Lemire, soy fan de Hester, me queda claro que en Family Tree ninguno de los dos se está tirando a chanta, estas páginas me transmitieron sensaciones copadas, me engancharon a full con los personajes... y obviamente quiero más. Así que en algún momento volveré a entrarle a esta serie, a ver cómo continúa la historia de Loretta, sus hijos y estas extrañas transformaciones de humanos en árboles. Nada más, por hoy. Nos reencontramos la semana que viene, con nuevas reseñas acá en el blog, y con una nueva emisión en vivo de Agenda Abierta, en el canal de YouTube de Comiqueando. Si van el finde a la San Luis Comic Con, acérquense a saludar, que yo voy a estar ahí viernes, sábado y domingo.

lunes, 6 de octubre de 2025

ULTIMAS RESEÑAS PRE-VACACIONES

¿Única entrada en el blog para este mes de Octubre? Puede ser. Me voy de vacaciones mañana a la noche y vuelvo el 30. No descarto postear reseñas el 31, pero tampoco tengo ninguna certeza de que vaya a hacerlo. Así que es probable que esta sea la única vez que comparto reseñas en el mes. Vengo de muchos días sin postear porque me dediqué a disfrutar muy de a poco las 20 historietas que componen la reciente edición de Dioses y Demonios, de los maestros Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena. Tres por día, cuatro como mucho. Esa me parece que es la dosis ideal para que estos relatos peguen como tienen que pegar. Son historietas de principios de este milenio, muchas de las cuales nunca se habían publicado en castellano y varias de las cuales están al nivel de las mejores producciones de la dupla mágica. Acá no hay personajes recurrentes, no hay un héroe o una heroína a quien vemos evolucionar a lo largo de una saga, sino que son todas historias autoconclusivas de 12 páginas. Muchas de ellas involucran a deidades de infinito poder y nombres estrambóticos, que son siempre las mismas, aunque esto no está muy enfatizado. No es como en los comics de superhéroes, que cuando vuelve a aparecer un villano clásico se arma todo un build-up, y un espamento tremendo. Acá algunos de estos dioses reaparecen en varias historias y es algo que resulta normal, o tan normal como pueden resultar las cosas en un contexto de fantasía extrema. Pero si republicás cada una de estas historietas en una antología distinta, apuntadas a lectores que nunca van a leer las otras 19, no pasa nada. Está todo bien, nadie se queda con menos data de la que hace falta para que estas historias te hagan muy feliz. Como es su costumbre, Mazzitelli recurre a reyes majestuosos, guerreros imbatibles, princesas hermosas, engendros horrendos, dioses omnipotentes y demonios abyectos para contar historias absolutamente humanas de obsesiones, ambiciones, amores, lealtades, heroísmo, codicia y poder. Son breves fábulas en las que los personajes por lo general aprenden una lección, a veces demasiado tarde. Fábulas de muerte con y sin honor, de guerras, catástrofes y holocaustos, en las que los dioses y los demonios suelen tener roles secundarios mientras los hombres y mujeres motorizan las tramas y forjan las leyendas. El guionista adorna todo esto con su prosa elegante, sus sentencias extremas y su tinte entre filosófico y poético, que eleva a la aventura por encima de las peripecias, los engaños entre fulleros cósmicos y la machaca contra monstruos inconmensurables. Y si faltara algo para sumarle sofisticación a la épica, está el dibujo de un Alcatena inspiradísimo, que deja la vida en cada página y en cada viñeta. También fiel a su estilo, Quique no escatima ni un trazo de tinta ni una pizca de su formidable imaginación. Todo está en estas páginas, volcado por el dibujante con una generosidad pasmosa. Los diseños de los personajes, los palacios, las criaturas, los dioses... Todo se ve absolutamente original, todo forma parte de una especie de orquestación perfecta que incluye hasta a los bordes de las viñetas. Un ensamble que deslumbra y asombra, sobre todo porque para que un comic de aventura y fantasía funcione bien, normalmente hace falta mucho menos de lo que Quique pone en cada página de Dioses y Demonios. Pero los grandes son así, y no se miden: dan todo y más, siempre, pase lo que pase. Obviamente si sos fan de Mazzitelli y Alcatena, Dioses y Demonios te va a volar la cabeza. Y si no, si nunca leíste nada de los Reyes Magos de la historieta argentina, es un buen punto de entrada para empezar a explorar sus alucinantes multiversos. Repito: se disfruta más si leés pocas historias por día. Pero entiendo que te las quieras deglutir todas de un saque, porque es muy difícil resistirse a tanto talento junto.
Y me vengo a 2022, cuando los grossísimos Jul y Achdé clavan otro álbum magistral de Lucky Luke, que felizmente tuvo edición argentina en Libros del Zorzal en 2023. El Arca de Rantanplán es uno de los álbumes en los que más presente está el fantasma de René Goscinny, y ese es un elogio gigantesco. Jul entiende como pocos los mecanismos que el maestro ponía a funcionar en cada aventura de Lucky Luke y gracias a eso, logra reproducir la magia de los mejores álbumes de la serie. Todo parte de un dato de la realidad: en 1866, plena época del Salvaje Oeste, se crea en EEUU la primera asociación de lucha contra la crueldad hacia los animales. De ahí en más, Jul juega a imaginar cómo le iría en esa época a un tipo que predica dejar de morfarse a los animales de granja, no cazarlos por deporte, no usarlos como bestias de carga, no forzar a los caballos a transportar personas durante más de 20 minutos... Si hoy nos parece medio bizarro, hace 150 años esto era un delirio absoluto, y por ende, fuente de una cantidad inagotable de situaciones humorísticas. Jul las combina con la arista aventurera, encarnada en Lucky Luke y un temible villano llamado Tacos Cornseed. Pero la revolución que impulsa Ovidio Byrde es tan radical que se involucran también los indios de una tribu comanche, otros forajidos del Oeste y hasta la gente común de Cattle Gulch. El resultado es una aventura sumamente sociológica, similar en ese aspecto a joyas como Obélix y Compañía o La Residencia de los Dioses. Como siempre, Achdé replica a la perfección no solo el dibujo de Morris sino también el timing para la comedia que caracterizaba al genial autor belga. Hoy que el debate acerca del veganismo y los derechos de los animales empieza a cobrar fuerza en la sociedad, trasladarlo a 1870 resulta una idea brillante. Y está tan bien plasmada por Jul y Achdé, que me animo a recomendarle este álbum inclusive a quienes nunca leyeron nada de Lucky Luke y no tienen la más puta idea de por qué en un comic que, a primera vista, parece una sátira a los clásicos relatos del género Western, aparecen un caballo que habla y un perro que piensa. Y hasta acá llegamos. Nos reencontramos el jueves 30 a las 22:30 en el canal de YouTube de Comiqueando para una nueva emisión en vivo de Agenda Abierta. ¡Gracias y hasta entonces!

sábado, 19 de julio de 2025

SÁBADO DE DUPLAS

Hoy tengo para reseñar dos libros protagonizados por una dupla de personajes y a cargo de una dupla autoral. Veamos con qué me encontré. Arranco en Argentina, año 2025, cuando Deux recopila en libro una serie excelente que salía en Skorpio a principios de los ´90: Browning & Cooper, escrita por Eduardo Mazzitelli y dibujada por Lito Fernández. El libro arranca con un texto de autor anónimo, que confunde a Browning con Cooper y describe a uno con las características del otro, y viceversa. Se ve que es alguien que no entendió bien las historietas que incluye el tomo. Pero hay algo mucho peor, rayano en la falta de respeto. La biografía de Mazzitelli que aparece en la solapa (también anónima) se despacha con la frase "en la actualidad sigue escribiendo para el mercado italiano y publicando sus obras... en el mercado argentino". Es totalmente inentendible e inadmisible que alguien que publica historietas de Mazzitelli en 2025 no sepa que el autor falleció en 2024. Un horror. Ah, y además hay un problema con la tipografía que usaron para los títulos de los episodios, que aparece rota, con las letras cortadas. Por supuesto, nadie figura acreditado en el libro como responsable del diseño gráfico. Menos mal que después de todas estas berretadas tenemos 12 episodios de una serie brillante, de esas que uno no quería que terminaran jamás. El trazo de Lito Fernández está afiladísimo, rico en texturas, en detalles, con claroscuros apabullantes, y con un trabajo sobresaliente en la reconstrucción de varias ciudades de Estados Unidos en 1930. Hay alguna página en la que la narrativa no fluye de modo tan armónico, pero al toque Lito lo corrige y empieza a utilizar el truco (probablemente inventado por Horacio Altuna) de usar a los globos de diálogo como guía para que el ojo del lector lo se pierda en el recorrido por la página. No exagero un ápice si digo que estamos ante uno de los trabajos más cuidados y más logrados en la extensa y abultada producción de este ícono indiscutido de la historieta argentina. Y los guiones de Mazzitelli son exquisitos. Muchas veces se emparenta a Browning & Cooper con Torpedo 1936, y sí, algo de eso hay. Acá también tenemos como protagonistas a malvivientes capaces de cualquier atrocidad por unos dólares, en una New York decadente, donde el hampa es infinitamente más próspero que el más sacrificado de los laburantes. Pero el humor (negrísimo) que emplea Mazzitelli no se basa tanto en llevar al límite la incorrección política, y prescinde por completo de los juegos de palabras. Se apoya más bien en una ironía cáustica, mordaz, de devastadora mala leche, pero elegante, sutil. Hay violencia a raudales, los personajes son tan jodidos y tan machirulos como cualquier mafioso de los años ´30, y aun así Mazzitelli los introduce en historias en las que el humor macabro se ensambla muy bien con momentos más reflexivos y hasta con un cierto vuelo poético. Nunca sabés para dónde puede disparar (la ametralladora) un episodio de Browning & Cooper, y eso está buenísimo. El nivel de los 12 guiones es MUY parejo, y realmente altísimo. Si no te perturba que Mazzitelli te arranque una sonrisa con historias de sicarios, proxenetas, tahúres, asesinos, estafadores y corruptos varios, con este libro vas a pasar unos momentos inolvidables y te vas a enamorar de personajes amorales pero sumamente queribles, sobre todo porque son personajes con dobleces, con matices muy interesantes. Una verdadera gema, que merecía un poco más de cuidado a la hora de rescatarse en formato libro.
A mediados de la década pasada, Valiant reunió a Christopher Priest y Mark Bright para una nueva novela gráfica de Quantum and Woody, que finalmente se publicó en formato de miniserie de cinco episodios, y más tarde se recopiló en TPB. Un TPB que vendría a ser el Vol.4 de la colección, porque los tres primeros reúnen el material realizado por los autores cuando Quantum and Woody era un título de la línea Acclaim/ Valiant, en las postrimerías del Siglo XX. En su momento fui muy fan de Q&W, y cuando vi este TPB me tiré de cabeza... para encontrarme con una historia demasiado retorcida, demasiado compleja, en la que los extensos flashbacks al pasado de los personajes prácticamente no enganchan con la historia del presente, y que -sobre todo- no tiene la comicidad de la serie original. ¿Quién se convenció de que en los ´90 leíamos Q&W porque nos gustan las historias de superhéroes realistas, oscuras y deconstructivistas? Nos copábamos con Q&W porque era una comedia atípica, atrevida, muy divertida, con risas garantizadas en todos los episodios. Y este regreso tiene (intencionalmente) menos gracia que un desalojo. En un punto, el único atractivo de Q2: The Return pasa a ser el hecho de que los protagonistas están 20 años más viejos, más cínicos, más amargos, y distanciados entre ellos. Y la verdad que eso no alcanza para engancharme con un plot muy rebuscado, narrado adrede de modo un toque confuso. La aventura superheroica propiamente dicha es más de lo mismo, no se profundiza mucho en los motivos que llevaron a Eric y a Woody a distanciarse y a cambiar tanto respecto de cuando los conocimos en los ´90, los nuevos personajes y el villano son poco atractivos... Una pena. El dibujo de Bright tampoco ayuda. Está muy lejos del Bright de los ´80 y ´90, que -digámoslo de una vez- era un dibujante aceptable, pero no deslumbrante, ni infalible. Acá se lo ve más errático, con menos onda, y sobre todo muy dependiente de los entintadores, que no lo ayudan demasiado. Sobre todo en los dos últimos episodios, cuando Ryan Winn reemplaza a Dexter Vines en las tintas, la calidad del dibujo se resiente ostensiblemente. El trabajo del colorista Allen Passalaqua no está mal, pero no logra levantar una faz gráfica bastante decepcionante. Así que, muy a mi pesar, vuelvo a pensar en Quantum and Woody como una serie 100% noventosa, que se cortó en el tercer TPB. Nada más, por hoy. El martes voy a ver la peli de los Fantastic Four, así que seguramente la semana que viene tendremos la crítica en este espacio. Muchas gracias a tod@s l@s que entran a https://comiqueandoshop.blogspot.com/ a descargar la Comiqueando Digital nº11, un numerazo al que de verdad le pusimos TODO. La seguimos pronto.

viernes, 18 de abril de 2025

TRES GENIOS DEL DIBUJO

Creo que estas magias te pasan solo en Estados Unidos: entro a una tienda enorme de discos y DVDs usados buscando un CD de Joy Division y me encuentro con la adaptación al comic de Alien, en la excelente edición de Titan de 2012, un poquito baqueteada pero a un precio irrisorio. Nunca la había leído, así que adentro. Esta es una historieta de 1979, en la que los maestros Archie Goodwin y Walt Simonson adaptan la famosísima película de Ridley Scott para un álbum de 64 páginas que originalmente publica Heavy Metal. Y esta es la edición remasterizada, mucho más respetuosa del coloreado original, que está lleno de sutilezas que las imprentas de 1979 rara vez lograban reproducir. Dos cosas me sorprendieron: primero, la calidad del dibujo de Simonson, que todavía no está al nivel glorioso de su etapa en Thor, pero que acá hace algo mucho más complejo que en aquellos comic books de Marvel. Varias de estas páginas le exigen al ídolo meter 10 u 11 viñetas chiquitas, como si fuera un álbum europeo. Y el barba se arremanga y te mete 10 u 11 viñetas preciosas, en páginas de diseño clásico, pero muy eficaz, muy dinámico. Alien es todo clima, todo suspenso y tensión, y Goodwin y Simonson lo entienden a la perfección y arman las secuencias y eligen las viñetas a enfatizar dentro de la página con ese criterio: el de poner cada vez más nervioso al lector, para que sufra junto a los personajes. Y lo otro que me sorprendió es que la narración me atrapó por completo... incluso cuando uno sabe de memoria lo que va a pasar, en qué orden van a morir los tripulantes de la nave, cómo va a zafar Ripley en el final, etc.. Y eso pasa porque Goodwin y Simonson manejan con una precisión apabullante el ritmo del relato. Entre las falencias, también quiero subrayar dos. Primero, esa manía de que los personajes se nombren unos a otros viñetas por medio. Una pena, porque en general los diálogos están muy bien (hasta hay un par de "fuck" y "fuckin´"... en un comic de 1979). Y segundo y más importante: no me acuerdo si en la peli pasaba lo mismo, pero el comic termina con una última página de siete viñetas, en las que pasa DE TODO. El final definitivo del bicho que quiere boletear a Ripley se ve UN CUADRITO antes del final. No queda espacio para una pausita, un descansito, un alivio a toda la tensión que generó la trama. UN CUADRITO después de liquidar a la amenaza, la historieta se termina... lo cual me da la sensación de que los autores se quedaron cortos con el espacio y tuvieron que comprimir un poco (o mucho) las secuencias finales del film en muy pocas páginas, porque en la primera mitad -si bien hay muchas páginas de 10 viñetas- la narración no se nota apurada ni precipitada. Hechas esas salvedades, esta es una adaptación logradísima de una película brillante. En 1979 Archie Goodwin y Walt Simonson se conocían de memoria y esa complicidad se ve en cada página. Como también se ve que la película les pareció zarpada e inspiradora. Dentro de un subgénero tan bastardeado como es la adaptación al comic de blockbusters de Hollywood, esta versión de Alien tiene un vuelo y una potencia artística muy poco frecuente, y probablemente eso sea lo que le confiere ese status de clásico del que goza tantos años después. Hoy que Marvel está generando una vez más comics protagonizados por los xenomorfos, acá hay una clase magistral a la que conviene apuntarse y prestarle mucha atención.
Todavía no terminé de leer las historietas argentinas publicadas en 2024, pero hoy me tiré de cabeza sobre una de este año: El Libro de las Almas Perdidas y El Faro de los Condenados, un tomo en el que Deux reúne dos obras cortas dibujadas por Enrique Breccia para Ediciones Record en los ´90 que -andá a saber por qué- nunca salieron en la Skorpio argentina y solo se conocían en Italia. La primera (El Libro...) tiene guiones de Eduardo Mazzitelli y se nota a varias leguas que fue pensada como una serie mucho más extensa, que quedó trunca tras el cuarto episodio. El planteo es muy atractivo, parece de una serie de Vertigo, el personaje central es interesante, los invitados (Drácula, Atila y el pirata Barbanegra) se revelan como figuras complejas, tridimensionales, los textos de Mazzitelli son una belleza... No sé qué será lo que no les cerró a los italianos como para no querer continuarla. La segunda (El Faro...) está escrita por Walter Slavich en un formato más de miniserie. Son cuatro episodios y parece estar pensada para esa duración. Esta es una aventura un poco más clásica, con la fórmula episódica típica de la Skorpio, pero con mucha imaginación, mucho vuelo y la dosis justa de mala leche por parte del guionista. Me acuerdo que cuando Walter trajo la idea a Record, me cebé tanto que terminé viajando a Uruguay a conocer Punta del Diablo, el pueblito que inspiró la historia y que le sirve de ambientación a la misma. En ambos trabajos, el dibujo de Breccia es descomunal. Incluso cuando uno tiene en claro que en sus historietas para Record el maestro nunca puso el 100% de su talento, estas páginas te quitan el aliento. Sobre todo las páginas en las que Enrique se logra deshacer de la grilla clásica de seis o siete cuadros y prueba con puestas distintas, menos pobladas de esos primeros planos que están buenísimos, pero que se repiten un poco. Me da la sensación de que "El Faro..." no está reproducida de los originales de Enrique (que era los que leía yo cuando él venía a entregar las páginas, de tan manija que estaba con la serie) sino de las publicaciones italianas. La comparación con "El Libro..." (que sí parece reproducido de los originales) la desfavorece mucho, porque el dibujo de esta segunda saga se ve empastado, con líneas que se entrecortan, como si hubiera sido escaneado sin demasiada pericia ni demasiado cuidado de revistas de hace más de 30 años, cuando las imprentas no eran ni en pedo lo que son hoy, ni siquiera en Europa. Un bajón, pero bueno... es Deux, que siempre alguna cagada se manda, y es Record, una editorial que cada vez que pudo vendió los originales de sus historietas a coleccionistas en vez de devolverlos a los autores. De todos modos, la magia de leer a los inolvidables Mazzitelli y Slavich dibujados con tanta categoría por una leyenda del lápiz como Enrique Breccia nos permite soslayar estas imperfecciones de la edición local.
Y cierro con una breve glosa del Vol.8 de Dead Dead Demon´s Dededede Destruction, el manga de Inio Asano cuyo último tomito publicó Ivrea la semana pasada. Esta vez, la trama principal no avanza poquito. No avanza NADA. Al limado de Asano se le ocurre una idea bastante ingeniosa para volver para atrás y narrarnos (en un flashback tan extenso que seguramente se extiende también al próximo tomo) un montón de cosas que pasaron ANTES del Vol.1 de la serie, principalmente el origen secreto de la amistad entre las dos protagonistas, Ouran y Kadode. Todo el tomo se centra en los primeros encuentros entre ellas y entre ellas y un alienígena, al que van a "adoptar". Es entretenido, obvio, y está dibujado como la hiper-concha de Dios, pero es algo que daba para 30 páginas, no para un tomo entero. Y entonces, Asano rellena con situaciones de comedia, slice of life pre-adolescente, travesuras de colegialas y demás pelotudeces... hasta el tramo final que, si bien tiene bastante de eso, incorpora esa secuencia en la que las protagonistas salen a volar por primera vez por la ciudad, que es pura magia, alegría y emoción. Nada, ojalá el flashback no abarque TODO el Vol.9, porque quiero saber cómo sigue el bolonki de los aliens en Japón y toda la trama política y de espionaje que armó Asano alrededor de eso, que me tiene muy enganchado. Nada más, por hoy. Como siempre, espero volver a postear pronto nuevas reseñas, pero para eso me tengo que poner a leer. Gracias por estar ahí.

domingo, 23 de febrero de 2025

DOMINGO PEGAJOSO

Un verdadero asco el clima en Buenos Aires, con una humedad insoportable y un aire que te asfixia. Pero vamos ya a repasar las últimas lecturas. Me costó un montón terminar El Espécimen Vitruvio, una obra de Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena, originalmente realizada para Italia en fechas que desconozco, y que la edición argentina no aclara. Me imagino a los pobres pibes que leyeron esta serie en entregas quincenales de 12 páginas y se me parte el alma de la congoja. El Espécimen Vitruvio es una obra que avanza a un ritmo bastante más lento que el de la típica saga de Mazzitelli, y además se sostiene en conflictos mucho menos enfatizados. Es una obra densa, repleta de ideas interesantes, pero desarrollada con parsimonia, como si los autores se esforzaran por no generar ningún tipo de impacto en el lector. Incluso hay episodios de 12 páginas sin ni siquiera una escena de acción... un cachetazo, una puñalada... algo... Claramente, acá Mazzitelli estaba jugando a otro juego, buscaba otra cosa, que tal vez no pase por la aventura, sino por otros ejes vinculados a la acumulación de conocimiento, a la evolución de las especies... En su esencia, El Espécimen Vitruvio es "una de mutantes" (incluso hay una referencia bastante clara a Wolverine), de humanos que nacen con habilidades extra que los separan del típico homo sapien. Pero está contada de una manera rara, para nada convencional, que no tiene nada que ver con los comics de los X-Men y demás. Una vez que nace Teseo, Mazzitelli lo pone en el foco de un conflicto muy atractivo... que nunca se resuelve. Los personajes hablan primero de una inminente guerra entre las sub-especias y después de un inminente fin del mundo, pero ninguna de las dos cosas suceden. De hecho, la obra termina con un final bastante abierto, y no estaría nada mal que apareciera un décimo séptimo episodio ambientado 15 años en el futuro, donde Teseo reaparezca ya adulto y le dé un cierre a alguna de las puntas argumentales que no se terminan de resolver en estas páginas. El resultado final es raro, inevitablemente aburrido, sobre todo si venís buscando peripecias, aventuras con peleas entre héroes y villanos y demás. Por suerte está la prosa inigualable de Mazzitelli en los bloques de texto, que siempre te dan ganas de leer más. Esta vez no hay humor, no están esos sutiles toques de ironía que tan bien manejaba el genio de Adrogué. Pero se compensa con una profundidad infrecuente en la exploración de los cuatro o cinco personajes principales, que se presentan como seres complejos, a los que está bueno analizar desde distintas ópticas precisamente para captar esa complejidad. O sea que al guion le falta acción, pero no méritos para seducir al lector adulto. Y el dibujo de Alcatena, como siempre, es sublime. Abundan las viñetas grandes, repletas de texturas, ornamentos y líneas con las que Quique pone en la página todo lo que le permite el blanco y negro, y un poco más. Edificios, decorados, paisajes, animales reales y ficticios, trajes, vehículos, monstruos, todo cobra vuelo de la mano del plumín mágico de un Alcatena inspiradísimo. La puesta en página oscila entre grillas clásicas (la de seis viñetas de Jack Kirby, la de tres viñetas widescreen, etc.) y otras mucho más originales, en las que Quique experimenta sin sacrificar nunca la claridad y la fluidez del relato. Son 192 páginas sin desperdicio en materia visual, en las que Alcatena deja la vida tanto en los momentos en los que se impone la fantasía como cuando Mazzitelli propone escenas más terrenales, de gente que habla o camina. Por su impronta poco aventurera, El Espécimen Vitruvio es una obra extraña en la bibliografía de la dupla, que no sé si todos sus lectores disfrutarán. Pero bueno, son 192 páginas dibujadas por Alcatena prendido fuego, y eso debería alcanzar para que quieras comprar el libro.
Me voy a 2017 cuando, en una colección de historietas apuntadas al público infantil y dirigida por Françoise Mouly, aparece The DragonSlayer: Folktales from Latin America, un librito con tres historietas cortas que adaptan relatos folklóricos de nuestro continente, dibujados nada menos que por Jaime Hernandez. Nada, son 30 páginas de historieta, nomás. Las tres son historias muy menores, obviamente apuntadas a los más chiquitos, en las que Jaime cumple y no mucho más. Dos o tres veces a lo largo del libro rompe la grilla de seis viñetas, o sea que ni siquiera se juega a manipular el tempo narrativo de estas historias. Sabe que son comics para primeros lectores, y eso implica tener que narrar todo de manera muy simple, para que lo entiendan tanto los chicos chiquitos como los padres que seguramente tendrán que estar ahí para ayudarlos a leer. El dibujo está muy bien (obvio, es Jaime) y siempre está bueno ver páginas a color de un dibujante al que uno asocia 100% con el blanco y negro. En este caso, es Ala Lee la colorista que se encarga de rellenar con su talento las líneas de un Hernandez casi minimalista, que no mete masas negras ni pierde tiempo poniéndole detalles a los fondos. The DragonSlayer: Folktales from Latin America es una obra muy menor de un autor imprescindible. Una lectura livianita, disfrutable, ideal para compartir con lectores de 4 a 9 años, pero -repito- muy menor en el contexto de la bibliografía del excelso Jaime Hernandez. Menos mal que lo conseguí MUY barato en una librería de saldos. Nada más, por hoy. Ni bien tenga leídos un par de libros más, nos reencontramos por acá. Gracias y hasta entonces.

viernes, 8 de noviembre de 2024

VAMOS EL VIERNES!

Sigo a full corrigiendo y diseñando artículos para la Comiqueando Digital, pero me choreo una horita de este hermoso viernes para reseñar los últimos libros que leí. Hace relativamente poco tiempo, alguna investigación, algún artículo de algún colega o alguna casualidad me llevó a descubrir a Raf (Joan Rafart Roldán), un autor español muy de la "Escuela Bruguera", al que -por motivos que desconozco- no tenía para nada en el radar. Fue amor a primera vista. Raf me gustó más que Ibáñez, más que Escobar, más que Vázquez, más que todos. Al toque se convirtió en mi autor español de aventuras cómicas favorito... con la pequeña salvedad de que nunca había tenido en mis manos un álbum suyo, y apenas había leído unas cuantas historietas digitalizadas. Por suerte el año pasado, en España, conseguí un librito de Raf, el primero de Mirlowe & Violeta, una creación del ídolo que aparece a mediados de los ´80, una vez que Bruguera cierra sus puertas. No fue fácil, porque la inmensa mayoría de los álbumes de Raf (que murió en 1997) están descatalogados. Es un autor inexplicablemente ausente en el mercado español actual, pero también inexplicablemente talentoso. Imaginate un discípulo muy aventajado de Eduardo Ferro, con cosas de Giorgio Cavazzano, y con esa soltura para irse al carajo en materia de violencia típica de Ibáñez y Vázquez. Es un combo devastador, hoy imposible de reproducir. Creo que el único que autor actual que -si se lo propusiera- podría reproducir la estética y la dinámica de las páginas de Raf es el tucumano Sejo. Para el resto, vengan de la escuela de Ferro o de la de Bruguera, Raf quedó muy lejos, demasiado por encima de lo que se ve hoy en día en los pocos medios donde se publican aventuras cómicas. Mirlowe & Violeta es una parodia al hard boiled clásico, protagonizada por un detective perdedor y bastante inepto que quiere parecerse a Philip Marlowe, y su secretaria Violeta, una chica voluminosa, atrevida, y que fuma unos habanos hediondos. En busca del efecto cómico, Mirlowe subestima y hasta basurea a Violeta, pero (por lo menos en este álbum) es ella la que realmente deduce las pistas que llevan a la resolución del caso. En el medio hay muchos chistes, tanto verbales como de comedia de enredos, condimentados con gags físicos muy violentos, al estilo de Mortadelo y Filemón, pero con sangre. El humor de Raf seguramente era mucho más efectivo en 1986 que hoy, pero Mirlowe & Violeta conserva intactos varios de sus atractivos: la onda de los personajes, el ritmo frenético (la cantidad de cosas que pasan en cada página hoy sería impensable), la sátira aguda a un género clásico, las pinceladas de costumbrismo español que desentonan con la mímesis de una ambientación que quiere parecer yanki, lo descabellado de algunos giros argumentales y -por sobre todo- la altísima calidad del dibujo. Por su dosis de violencia, por su mirada muy crítica (incluso burlona) hacia la policía, y alguna leve insinuación sexual, sospecho que Mirlowe & Violeta no salía en una revista infantil, sino más apuntada a los adolescentes. Tal vez por eso, funciona perfecto como punto de entrada al maravilloso mundo de Raf, un autor del que me gustaría tener muchísimo más material, y que tuvo décadas de enorme producción. Gloria infinita para este genio semi-oculto del comic español.
Me vengo a Argentina, año 2024, cuando se publica Chet Chet y el Abismo Profundo, una nueva saga de fantasía y aventura de las que el inmortal Eduardo Mazzitelli y el mítico Quique Alcatena hicieron durante décadas para las antologías italianas de la editorial Aurea. Esta vez la dupla mágica nos lleva bien al Norte, para introducirnos en una nueva mitología alucinante, esta vez vinculada a las tribus indígenas del norte de Canadá, donde el frío reina supremo. Por supuesto Chet Chet y el Abismo Profundo toma un par de elementos de estas culturas ancestrales y los lleva para otro lado. Mazzitelli -fiel a su estilo- agranda las leyendas y le da a toda la trama una dimensión mucho más épica y más definitiva. De nuevo sus reinos son los más poderosos, sus sabios los más sabios, sus villanos los más malignos y así... pero esta vez hay personajes con dobleces muy interesantes (el tío del protagonista, los héroes legendarios). Otra diferencia con la mayoría de las obras de la dupla es que acá no tenemos un personaje femenino importante. Pero está lo importante: los conflictos de enorme magnitud, el héroe adolescente que aprende, madura y crece, la pátina de mentira y truchada que recubre a figuras supuestamente inmaculadas o incuestionables, tragedias, genocidios, batallas fantásticas y unas sutiles pinceladas de humor y delirio, sumamente bienvenidas. Entre hielos infinitos, veremos morir y resucitar a personajes de infinito poder y a pícaros especialistas en vender humo, entremezclados en una epopeya en la que casi todo se explica por el lado de la magia. Si te molesta que los guionistas resuelvan todo con el uso de conjuros y hechizos, claramente Chet Chet y el Abismo Profundo no se va a subir al podio de tus obras favoritas de Quique y Eduardo. Como siempre, la prosa que despliega el guionista en los bloques de texto está muy por encima de lo que se ve normalmente en un comic de aventuras. Y también como siempre, el trazo del dibujante evoca climas cautivantes mientras da vida a criaturas, palacios, ropas y armas alucinantes, fruto de una imaginación que no tiene límites. El final es impactante (no tanto el epílogo, que es más poético, más descriptivo), la portada está muy bien y la calidad de la edición (a cargo de Historieteca y Puro Comic) es óptima. Así que si sos fan de la dupla que durante 35 años nos llenó los ojos y el alma de la mejor fantasía que podíamos imaginar, seguramente vas a volver muy conforme de este viaje por el abismo profundo de venganzas, redenciones, inocencia, crueldad y magia. Mucha magia. Y hasta acá llegamos, por hoy. Como siempre, reaparezco con nuevas reseñas ni bien tenga un par de libritos leídos. Gracias y hasta entonces.

lunes, 26 de febrero de 2024

NUEVAS LECTURAS

Esta vez tengo leídos tres libritos, así que vamos de una con las reseñas para que el texto no se haga eterno. Cuando vi que existía un libro de Pip, me tiré de cabeza sobre él, porque era una obra del glorioso Micharmut que desconocía casi por completo. Después, al leer el libro, me enteré que era un trabajo en equipo, en el que el ídolo no tiene a su cargo ni las tintas (de Miguel Noé) ni el color (de Ramón Noé). No sé si hay otros trabajos de Micharmut en los que sólo se haya encargado de los lápices, pero en este caso, eso es todo lo que tenemos. El dibujo es excelente, no tengo quejas por ese lado. La tinta y el color lo complementan muy bien, se ve que sus colaboradores entendían bien lo que quería hacer Micharmut con la línea, y si tengo algún reparo es con la ubicación de los globos, y sobre todo con las tipografías. Pero, a grandes rasgos, esto se ve tan bien como cualquier otro trabajo (lamentablemente no hay tantos) de este genio valenciano fallecido en 2016. El guion aparece firmado por Juan Bosch, el nombre real de Micharmut, y es sin dudas lo más flojo del álbum. Pip es una historieta que aparecía en una revista infanto-juvenil y la verdad que, más allá de la gran imaginación del autor para crear héroes y villanos en este mundo de insectos, no hay mucho para rescatar. Los guiones narran de manera un poco atolondrada peripecias muy clásicas, muy trilladas, con los típicos cliffhangers de la publicación serial, a veces con mucho diálogo, y sin momentos decididamente cómicos. La portada sugiere también escenas románticas, que adentro no vamos a encontrar. Este álbum es recomendable sólo para niños y niñas menores de 9-10 años, o para fanáticos de Micharmut muy pasados de rosca que quieren tener TODO lo que dibujó el ídolo en su vida. Estéticamente es atractivo, porque lo vemos dibujar de un modo más claro, más reader-friendly, en un cruce muy ganchero entre su estilo habitual y el de los dibujos animados yankis de los años ´30. Pero como lectura, lamentablemente al comiquero ya crecidito no se lo puedo recomendar ni a palos. La edición (a cargo de De Ponent) es preciosa, eso sí.
Tal como estaba previsto, le entré al Vol.2 de Secret Warriors, ahora escrito solo por Jonathan Hickman. Este es un tomo de transición, donde Hickman sigue adelante (a un ritmo pachorro) con el plot central del Vol.1, que tiene que ver con Nick Fury y su refundación tanto de SHIELD como de los Howling Commandos, dos fuerzas totalmente leales a él, en su partida de ajedrez mortífera contra HYDRA y HAMMER, dos agencias de espionaje integradas por seres poderosísimos y con funestas intenciones. Hickman amplía el elenco de personajes con el regreso del agente Garrett, aquel que debutara con mucho protagonismo en la increíble Elektra Assassin (de Frank Miller y Bill Sienkiewicz) y pone el foco en uno de los miembros del equipito de pibes y pibas con poderes que venía armando el viejo Nick: buena parte de lo que sucede en este tomo tiene que ver con Alexander, el hijito de Ares, un pibe de unos 10 años, nacido de madre humana y destinado a ser el Dios del Miedo. Un personaje que en el primer TPB no tiene casi desarrollo, que hasta te hace pensar si no está ahí al pedo, o de adorno, acá cobra relieve, carnadura y hasta te convence de que es un personaje interesante, potencialmente muy grosso (todo lo contrario de su padre, que me parece infumable). En general, este es un tomo más hablado que el anterior. Hay algún combate a todo o nada, Fury se manda en alguna operación hiper-secreta a contramano de lo que cualquiera podría recomendarle, pero el foco no está puesto en la acción, sino más en la rosca y en la construcción a futuro de personajes y situaciones que seguramente harán eclosión más adelante. El dibujante es el correcto Alessandro Vitti, que tiene la viveza de trabajar en un estilo casi de línea clara para que se luzca más el coloreado a cargo de Sunny Gho, y también hay un episodio dibujado por Ed McGuiness, cuyo trazo más cartoony, más de brocha gruesa, no se complementa bien con el cromatismo hiper-realista que le impone Chris Sotomayor. No es que se vea mal, pero a McGuiness le quedan mejor otro tipo de coloreados. Ni bien pueda, voy por el Vol.3, a ver cómo sigue la historia. Por ahora, Hickman me tiene bastante enganchado, sobre todo por el nivel de los diálogos, que es exquisito.
¿Lo tenías a Eduardo Mazzitelli escribiendo un comic para el mercado chileno? ¿Algo nuevo, pensado para ser dibujado y editado en ese país, y que por supuesto está inédito en Argentina? En 2020 se publicó del otro lado de la cordillera Sir Galahad, un libro que recopila los cuatro episodios de la serie homónima, con dibujos y color de Juan Vásquez, un autor de mucha trayectoria en Chile y -como suele suceder- bastante desconocido en el resto del mundo. En las aventuras de Sir Galahad aparece la clásica estructura narrativa de Mazzitelli: cuatro episodios, cuatro desafíos para el héroe que pondrán a prueba su coraje, su destreza, su integridad y su astucia. No hay mucha sorpresa, excepto porque el protagonista es... un gato. Y la explicación de por qué un gato común y corriente es el elegido para convertirse en este héroe antropomorfo es excelente. Si bien tenemos mundos fantásticos y criaturas alucinantes como en las historietas que dibuja Quique Alcatena, acá nos encontramos con un Mazzitelli mucho más controlado a la hora de los textos. Que están, pero son más sintéticos y menos sofisticados, como si Eduardo pensara esta saga para un público pre-adolescente, que se copa con la aventura y la fantasía, pero que todavía no llegó al material que produce con Quique para Italia hace 35 años. Con menos textos, la narración avanza más rápido y nos permite colgarnos más en las ilustraciones de Juan Vásquez, que recurre varias veces por episodio a páginas de una única viñeta, en las que deja la vida. El resto de sus puestas son más clásicas, no arma esas secuencias raras que arma Alcatena, con los bordes de las viñetas hiper-ornamentados y demás. Visualmente, el dibujo de Vásquez remite mucho más al comic europeo de los ´70, con esas texturas sobrecargadas al estilo de Moebius, Philippe Druillet y el primer Enki Bilal, y un trabajo de color espectacular, repleto de climas, impacto e imaginación. Ojo, no digo que Vásquez dibuje al nivel de Moebius, Druillet o Bilal (o Alcatena), porque no es así. Se ve alta magia en la superficie, y debajo de ella aparecen algunas fallas, o se echa de menos cierta solidez. Pero es un dibujante más que competente, que narra muy bien, que orienta su búsqueda para ese lado (el del comic francés fantástico de los ´70) y que tiene momentos realmente inspirados, como el último episodio. Si sos fan hardcore de Mazzitelli, este es un libro que tenés que tener. Si querés descubrir a Juan Vásquez, también, este debe ser su trabajo más accesible para "el gran público". Y si te querés entretener un rato con una saga heroica desbordante de imaginación, acción y peripecias aptas para todo público que no caen en la boludez ni en los típicos lugares comunes, también. Los gatos tienen medio fama de garcas, de hacer la suya y cagarse en el prójimo, pero Sir Galahad no te va a dejar a pata. Porque tiene cuatro. Nada más, por hoy. Nos reencontramos el miércoles a las 22:30 hs para una nueva Agenda Abierta en el canal de Comiqueando, o nos leemos pronto por acá, ni bien tenga más material leído y listo para reseñar. Gracias totales.

martes, 9 de enero de 2024

MARTES PEGAJOSO

Mientras soporto estoicamente un clima pegajoso, pesado y agobiante y un gobierno fascista, pesado y agobiante, tengo un ratito para comentar las últimas lecturas. Arranco en Francia, año 2007, con el Vol.4 de Le Bestiaire Amoureux, libro que compré sin advertir que era el Vol.4 de una saga. De todos modos, se entiende perfecto, no hace falta haber leído los tres anteriores para engancharse. Sólo tenés que saber (o deducir) que Fernand es el protagonista de los seis álbumes de la serie Grand Vampire, que acá reaparece como personaje... no sé si secundario, pero seguramente no como figura central. Como su nombre lo sugiere, Le Bestiaire Amoureux es una historieta romántica. Y si bien los protagonistas son vampiros, licántropos y monstruos varios, la trama gira en torno a amores y desamores y se desarrolla (como las historias de amor del mundo real) mediante charlas, paseos y momentos de mayor intensidad que van del beso romántico a la noche de sexo desenfrenado. Por suerte esta es una obra de Joann Sfar, maestro en el arte de encajarte chotocientas páginas de gente que habla y habla, sin aburrirte en ningún momento. A veces son páginas con muchas viñetas chiquitas, en las que los globos de diálogo le arrebatan el protagonismo al dibujo, pero también hay secuencias mejor equilibradas. Sin dudas lo más interesante es el desarrollo de los personajes, construidos por Sfar para lograr que los lectores (y lectoras) nos identifiquemos con alguno de ellos, con sus vivencias, sus miedos, sus inseguridades, sus pasiones, aunque ninguno de los que estamos de este lado del papel nos alimentemos de sangre humana ni nos transformemos en lobos. No hace falta ser un freak ni un adicto a los misterios de la vida noctámbula para que te den ganas de compartir aunque sea unas horas, una fiesta de música gótica, con Richard, Edmundo, Aspirine, Josecine, el patito y el resto de los amigos y amigas de Fernand. Le Bestiaire Amoureux te transporta a ese mundo crepuscular de un modo muy atractivo, que lo hace sentir muy real, muy cercano, con diálogos afilados, chistes bien puestos y garches memorables. Amor en un mundo de terror, con personajes de raíz fantástica pero contados en clave muy humana y muy creíble por un Sfar que dibuja como los dioses, complementado de manera magistral por los colores de Walter, genio de los genios con un manejo tan zarpado de las distintas técnicas, que por momentos parece un comic de Richard Sala coloreado por él mismo. Ahora quiero los otros tomos de esta colección...
No se puede cerrar el relevamiento de las historietas argentinas aparecidas en 2023 sin reseñar aunque sea una obra de la dupla mágica integrada por Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena. Esta vez la editorial Primavera Revólver fue la encargada de traernos una de las obras de los capos realizada para el mercado italiano (aunque no nos aclaran ni cuándo ni en qué revista tana se publicó): la muy lograda Los Cuatro Mundos. En la superficie, Los Cuatro Mundos es el relato de una guerra tremenda entre los pueblos del Fuego, el Aire, el Agua y la Tierra, con ejércitos imposibles, armas, criaturas y fortalezas deslumbrantes de las que sólo Alcatena puede imaginar. Pero con el correr de las páginas, Mazzitelli deja en claro que todo eso no sólo es menor: también es un chiste, o algo así. Lo importante, lo que al guionista realmente le interesa contar es la vida de Blaz Bodel, un hombre que se peleó con la guerra y ahora quiere otra cosa para su vida: paz, amor, sabiduría, los valores que en la guerra no tienen ningún valor. Entonces, Mazzitelli va a estructurar dos tramas en paralelo: la de la guerra, que se va a ir devaluando al ritmo de las runflas y las traiciones entre los reyes de los distintos mundos, y la de Blaz, que va a cobrar espesor e interés a medida que el personaje crece hasta quedarse con el protagonismo total en el último episodio. Para el final, ya querés que salga una secuela con nuevas aventuras de Blaz Bodel, en estos mundos o en cualquier otro. El libro incluye también una historieta autoconclusiva de la dupla, un buen relato de intriga palaciega con elementos fantásticos y esos clásicos textos de Mazzitelli que levantan un vuelo poético magnífico mientras enfatizan los dilemas morales por sobre la acción y la machaca. El dibujo de Quique, una gloria de principio a fin. Incluso si no sos fan de Alcatena y Mazzitelli, dale una oportunidad a Los Cuatro Mundos, que te va a gustar.
Y me falta hablar un poco de la reciente recopilación de Tacuara, una historieta que se había publicado en 2013 en las páginas de Fierro, con guion de Rodolfo Santullo y dibujos de Dante Ginevra. Ese es el gran problema de Tacuara: son los mismos autores de Malandras (ver reseña del 02/12/14), que es una historieta muy, pero muy superior. Tacuara no es chota ni mucho menos, pero no tiene ese humor inteligente y atrevido que despliega Santullo en Malandras, no sorprende al presentarse como una serie de episodios unitarios que luego se conectan entre sí para convertirse en una novela gráfica, y el dibujo de Dante no tiene esa expresividad genial que tenía sobre todo en los rostros. Malandras ofrecía acción, romance, pinceladas de comedia costumbrista... Tacuara no. Se trata de una historieta a grandes rasgos documental, apoyada en una excelente investigación por parte de los autores, pero no es más que eso. Y encima investiga a un grupo político tan ambiguo, con tantas contradicciones, que ni siquiera te puede bajar una línea clara a favor o en contra de lo que pensaban estos tipos... porque cambiaron de idea 200 veces en los 15 años que recorre la historieta. La trama tiene momentos tensos, momentos violentos, momentos shockeantes, o sea que no es sólo gente que habla y rosquea (como lo sugiere esa portada opaca y sin alma). Pasan cosas y algunas son bastante tremendas. Pero, como en todo relato centrado en la política, la rosca y la sanata van a quedarse con los roles principales. Tacuara está buena para aprender. Para que el que no tenía la menor idea de que en Argentina había existido este movimiento revolucionario se entere y -si le interesa- busque más información. Como historieta -repito, sin ser chota- no me parece que esté cerca de los mejores trabajos ni de Santullo ni de Ginevra. Esto mismo, firmado por Juan Carlos Nadie y José Random, seguramente me arrancaba un par de elogios más. Pero de Dante y Rodolfo cualquiera que haya leído Malandras espera mucho más de lo que te dan en Tacuara. Hasta acá llegamos. Ni bien tenga leídos un par de libros más, nos encontramos con nuevas reseñas, acá en el blog. Y si estás de vacaciones, con tiempo para leer algo bien power, no dejes de descargar la Comiqueando Digital en https://comiqueandoshop.blogspot.com.

martes, 28 de noviembre de 2023

MARTES DARK

Ahora sí, tengo otros dos libritos listos para reseñar en este espacio que sigue firme junto al pueblo hace casi 14 años. El sello Vendetta lanzó este año la tercera edición de Dossier Macabro, una antología de relatos de terror a cargo de autores argentinos (y autoras, claro). Nunca había visto los dos libritos anteriores, pero por suerte las historias son autoconclusivas y no requieren ningún tipo de lectura previa. La primera historia nos presenta un guion bastante digno de Emilio Balcarce, junto a un dibujante (Julián Zacaríaz) que no me convenció. Tampoco tuve suerte con los dibujos de la segunda historia (a cargo de Grendel Belarrousse), que trabaja sobre un guion también bastante piola, y con un buen manejo del armado de las secuencias. Entre lo mejorcito de la antología destaco la tercera historia, "El Conjuro", muy buen guion de Federico Rodríguez, dibujado como la hiper-concha de Dios por Omar Hirsig. Gran laburo. Además de coordinar el proyecto, Leo Figueroa aporta un guion ("Cacería") que está bien, cumple con la consigna de generar tensión en el lector y rematar par el lado que uno menos se imagina, incluso cuando parte de una premisa bastante trillada. Lo acompañan los dibujos (muy correctos) de Cecilia Desiata. Me quedan por destacar el trabajo de Luisina Módica en una historieta de 11 páginas que también sube al podio de este Dossier Macabro. También el dibujo de Dante Ginevra, sugestivo y efectivo en partes iguales, en una historia cuyo guion (obra de Antonio Sachs) es apenas una idea que no se llega a desarrollar. La historieta de Guido Barsi y Alfredo Retamar entra también al grupo de contenidos más que dignos, y también al de las premisas que el fan de los comics de terror ya sabe desde el principio para dónde van a ir. Y me gustaron también los diálogos de Jorge Carrión en las dos historietas que escribe, especialmente en "Los guardianes del hermano Inaro", cuya idea es bastante ganchera y su dibujante (Manel) bastante competente. La antología cierra con una ilustración de Nahuel Greco realmente escalofriante, hermosa, de altísimo impacto. Me pregunto si no hubiese estado bueno usarla como portada, o como contratapa, y por supuesto me encantaría ver a este dibujante al frente de una historieta, en lo posible con buen guion. Dossier Macabro es un producto bien logrado, que sirve para descubrir a algunos artistas que por ahí uno no tiene en el mapa, para constatar la evolución de otros y otras, y (en el mejor de los casos) para enganchar con la historieta argentina a gente que consume cine y literatura de terror pero -por los motivos que sean- todavía no se hizo adicta a las viñetas. Falta un poco, hay tuercas para ajustar (sobre todo en la elección de los dibujantes), pero el camino es el correcto.
Vamos para atrás en el tiempo, al año 2010, cuando se empieza a serializar en la Skorpio italiana una historieta felizmente recuperada por Historieteca para nuestro mercado: Los Malditos, una saga creada por Eduardo Mazzitelli, originalmente pensada para ser dibujada por Lucho Olivera. Pero Lucho falleció antes de empezarla, y se activó el Plan B, que fue Sergio Ibáñez. Para mi gusto, el trabajo que hace Ibáñez en esta historieta es muy, muy bueno, sin nada para envidiarle al Lucho de la última época. Lo único que no me terminó de gustar son los primeros planos de las mujeres, pero aparecen muy pocas mujeres en las 72 páginas que tiene la obra, y hay varias que ni siquiera hablan. El resto de la faz gráfica me cerró por todos lados: los climas, los paisajes, los fondos, las escenas de acción, los detalles en trajes y armas. Ibáñez creó un mundo de fantasía oscura en el que se mueve con mucha solvencia, un mundo ominoso, adusto, duro, ideal para poblarlo con los personajes extremos y por momentos atroces que crea Mazzitelli. Es un trabajo parejo de punta a punta, con algunas páginas realmente consagratorias en las que Ibáñez deja la vida y más. Mazzitelli pergeña una aventura con dosis moderadas de machaca, bastante intriga palaciega y mucho espacio para la reflexión. Se supone que vamos a ver al príncipe Iwan regresar al reino que gobernara su padre Gwenneg, pelear por el trono y tomar el lugar que le corresponde en la línea sucesoria. Pero a medida que avanza la historia, Mazzitelli nos revela detalles oscuros del reinado de Gwenneg, caracterizado por los excesos, la ambición desmedida y un talento escabroso para faltar a su palabra. Todo esto en "historias dentro de la historia" que sirven para darles carnadura a los personajes que deciden secundar a Iwan en su gesta, por motivos que al principio nos son esquivos y que el guion dejará en claro a su debido momento. El mandato familiar, el honor, la amistad, la justicia, el poder... todos temas que aborda el mítico guionista en Los Malditos y que enriquecen a la trama y la despegan de las clásicas convenciones del género de la epopeya fantástica con ambientación medieval, espadas y hechicería. El resultado es sumamente satisfactorio y además nos gratifica a los fans de Mazzitelli que queremos ver recopilados más trabajos suyos, no sólo los realizados en dupla con Quique Alcatena. De hecho este año salió en Argentina otra obra de Mazzitelli e Ibáñez (Duncan) pero no la tengo. La voy a leer en digital para la votación de los Premios Cinder y si está al nivel de Los Malditos, no voy a dudar en comprarla, porque acá pude disfrutar de un equipo realmente afianzado y de una aventura que tiene -además de buenas ideas- muy buen ritmo, altas dosis de emoción y momentos que nos invitan a pensar y a ponernos en el lugar del otro. No es poco. Y nada más, por ahora. Ni bien logre avanzar un poco más con la pila de lecturas pendientes, nos vamos a reencontrar con nuevas reseñas, acá en el blog. Mañana a las 22:30 hago un vivo en el canal de YouTube de Comiqueando. Si algun@ se quiere sumar, nos vemos ahí.

jueves, 27 de abril de 2023

SIEMPRE LOS MISMOS

Naoki Urasawa, Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena son tres autores de presencia habitual, acá en el blog. Prometo esforzarme a lo largo de los próximos párrafos para no repetir conceptos que ya expresé cuando me tocó reseñar otros libros de estos monstruos sagrados. En el caso del Vol.7 de 20th Century Boys, debo decir que no quedé del todo satisfecho. Hubo más de un momento en el que dije "¿WTF?!? ¿Qué hace este tipo, por qué derrapa así?". El plot de la muerte de Amigo y sus consecuencias está magistralmente desarrollado, no está ahí el problema. El plot del estallido de la nueva pandemia está planteado de una manera más que magistral, hermosa, conmovedora, por fuera de las obviedades y con todos los trucos para que el lector (en nuestro caso, lectores que vivimos hace no mucho una pandemia) sienta muy de cerca el horror y la tragedia. Sin dudas eso es lo mejor del tomo. Pero después hay dos tramas más: una es una trampa no muy infrecuente en obras que se sostienen en la memoria, en los recuerdos de los personajes: de pronto, el grupito de los chicos que jugaban con Kenji en 1971 se agranda. Aparece de la nada uno más, del que nadie se acordaba, y justo se acuerdan cuando ese personaje cobra importancia en la trama ambientada en 2015. Bue, es una especie de retcon medio falopa, pero ponele que es válido. Lo que realmente me pareció una pedorrada, algo sumamente traído de los pelos, es ese recurso de decir "nos podemos meter en la mente de Amigo a través de un juego de realidad virtual de un parque de atracciones, que además nos permite viajar en el tiempo al verdadero 1971, e interactuar con los personajes tal como eran en esa época". Dale, Urasawa, dejate de joder. Lo tuyo es bancar el verosímil hasta el final, no hacerlo añicos con este tipo de fumariolas. Si me dijeras que hay una chance de que el contacto entre los personajes de 2015 y los de 1971 resuelva definitivamente todos los conflictos, capaz hasta te doy la derecha. Pero no da esa sensación. Da la sensación de que son peripecias, narradas de modo hiper emotivo y ganchero, pero que no aportan mucho más que cheap thrills. No va a estar ahí la clave para desactivar el gran kilombo que se viene. Lo más lógico sea que la clave sea la reaparición de Kenji, no viajes en el tiempo y encuentros con personajes que en el presente están muertos. Obvio que es lindo ver a Urasawa dibujar a los mismos personajes en distintas etapas de sus vidas, indagar un poco en cómo era la vida en Japón en 1971, mezclar eso con ese presente ominoso y ese futuro distópico... pero el chiste de ampliar todo el tiempo el elenco ya no causa gracia, la cantidad de páginas que se toma para hacer avanzar mínimamente a algún subplot es un despropósito y son muchas las secuencias que huelen a relleno, a excusas chotas para generar suspenso y la ilusión de que "está por pasar algo grosso". Falta bastante para el final, pero ya voy conjeturando que este es un manga que duró más tomos de los que hubiesen sido aconsejables para que la trama no se estirara más de la cuenta.
Me vengo a Argentina, año 2022, cuando se publica Dagas y Horóscopos, un libro que reúne dos sagas de Mazzitelli y Alcatena que comparten universo y continuidad: La Sangre del Escorpión tiene cinco capítulos, a los que continúan los siete de La Era de las Sombras. Lamentablemente, el libro no ofrece ninguna pista acerca del año o la revista italiana donde este material se publicó por primera vez. Y no es la única falencia de la edición, ya que se pueden detectar algunos errores de letras y espacios faltantes en los textos. Básicamente la historia trata acerca del destino y qué hacer frente a él: ¿nos resignamos a que ya está escrito y no se puede cambiar, o nos rebelamos para intentar otros caminos? Una pregunta clave tanto en la filosofía como en la metafísica, y además aplicable a nuestra vida cotidiana, no solo a los mundos fantásticos que inventan Eduardo y Quique con asombrosa facilidad. Alrededor de esa cuestión central y trascendental, Mazzitelli urde varias tragedias al estilo William Shakespeare: el rey celoso convencido de que su mujer lo engaña, el rey desquiciado que no se banca que su hija sea más amada por su pueblo que él mismo, el general implacable cuya sed de conquista no puede ser saciada, el príncipe y la princesa enamorados, pero pertenecientes a casas reales enfrentadas a muerte... todas historias que aparecen una y otra vez en las tragedias clásicas, pero ambientadas en un universo de fantasía e imaginación desbordantes. Por sobre estas tramas sobrevuela una más: la del chico que decide desafiar al destino y no someterse a los designios de los astros. Perseus va a ser el personaje más atractivo de la saga, aunque su regreso, en el capítulo final del segundo arco, se lee como un deus ex machina medio torpe, como si Mazzitelli necesitara cerrar muy rápido todas las líneas argumentales que tenía abiertas. Entonces reaparece Perseus y resuelve todo en poquísimas viñetas de un modo que no le hace justicia al resto de la serie. Esto mismo, narrado a otro ritmo y en otra cantidad de páginas, tendría mucho más sentido. En el resto de los episodios, Mazzitelli no solo se florea con textos bellísimos, sino que tensa los conflictos con diálogos tremendos, revelaciones inesperadas, misterios alucinantes (no todos se terminan de dilucidar, como el de la princesa de Aries en cuyas visiones aparecen los animales del horóscopo chino) y personajes secundarios fascinantes, como la sacerdotisa del azar, una de las mujeres más poderosas y más sensuales en la larga carrera de esta dupla autoral. El dibujo de Quique, majestuoso como siempre. No vamos a volver sobre eso una vez más. Me gusta, como idea final, contarles que conozco varios pibes y pibas de la nueva generación, de la que supuestamente no lee, que arrancaron a full con el manga o con el mainstream yanki, y que cuando descubrieron a Mazzitelli y Alcatena se engancharon. Son historietas MUY clásicas, hasta solemnes, por momentos; pero hay algo ahí, una magia loca que de algún modo no repele a los pibitos de 14-15 años. No dicen "me vendieron humo, me re-embolé con las fumanchereadas de estos viejos de mierda". De alguna manera, algo en los textos y los dibujos les llega y los conmueve, pese a que Eduardo y Quique no buscan en sus obras el tipo de impacto que -en general- los pibes de hoy asocian con los relatos de aventuras. Nada, es algo que me consta, que me alegra y que quería expresar en voz alta. Y nada más, por hoy. Muy pronto, nuevas reseñas, y la semana que viene sale también función de prensa de la nueva peli de los Guardians of the Galaxy, como para empezar Mayo bien arriba. Gracias por el aguante.

viernes, 17 de marzo de 2023

GEMAS DE LA ANTIGÜEDAD

Después de un breve interregno de temperaturas razonables, hoy de nuevo Buenos Aires se convierte en sucursal del Infierno. Pero hay libros ya leídos y un ratito para reseñarlos, así que ahí vamos. Empiezo en 1987, en el Reino Unido, cuando Knockabout produce y publica el álbum llamado Outrageous Tales from the Old Testament. Esto es un doble Santo Grial: no sólo es difícil de conseguir (yo lo busqué 35 años) sino que además es un libro del que no hay data. Los autores que participan de la antología parecen haberla olvidado por completo, nadie parece hacerse cargo de que esto existe... En su momento el libro armó bastante kilombo por su contenido zarpado (adaptaciones poco reverentes de los pasajes más atroces del Antiguo Testamento) pero ni siquiera el Factor Polémica logró asegurarle un lugarcito en la memoria colectiva del fandom. Lo cual es bastante loco si pensamos que los colaboradores de la antología fueron Alan Moore, Dave Gibbons, Brian Bolland, Neil Gaiman, Dave McKean, Hunt Emerson, Kim Deitch, Arthur Ranson... Hay algunos cuatro de copas, también, pero está la crema del comic británico (y Deitch, que es yanki). Veamos qué aportó cada uno. Bolland, fiel a su estilo, contribuye una sola página, dibujada a un nivel majestuoso, pero con la historia un toque comprimida para poder liquidarla en 12 hermosas viñetas. Gibbons deja la vida en ocho páginas gloriosas, que adaptan la historia de Sodoma y Gomorra, una verdadera cátedra de narrativa y dibujo, un dibujo que en blanco y negro se luce como pocas veces se luce el trazo de Gibbons cuando lo colorean. Moore y Emerson forman equipo para las seis páginas más alocadas y pasadas de rosca de la antología: humor desenfrenado, grotesco y con una mala leche brillante. Gaiman es el que más páginas aporta. Algunas con dibujantes muy precarios, bien del under de ese entonces, como Julie Hollings, Steve Gibson o Peter Rigg; otras con un dibujante bastante presentable como Mike Matthews (el primo gringo de Miguel Mateos :P); y las más logradas, en todos los sentidos, son esas cinco páginas en las que adapta junto a McKean un capítulo del libro de los Reyes. Arthur Ranson ilustra las guardas del libro y escribe un poema muy cómico. Graham Higgins comprime la historia de Sansón, que daba para una novela gráfica aparte, en siete páginas muy cargadas de viñetas, y muy espesas en cuanto a cantidad de texto. El dibujo está buenísimo, pero el relato se hace denso a causa de la excesiva compresión. Y Kim Deitch, que suele pasar vergüenza cuando te lo tratan de poner al nivel de los máximos próceres del indie yanki (Crumb, los Hernández, Clowes, Bagge, Woodring, Burns...) en este contexto se luce con una historieta realmente espectacular, donde dibujo y narrativa funcionan a la perfección. Como su nombre lo indica, Outrageous Tales from the Old Testament ofrece relatos atroces, donde hay gente asesinada y cortada en cachos, genocidios, violaciones, sacrificios humanos, explosiones y enfermedades horribles. Pero no son producto de la creación de los historietistas, sino que estos se limitan a darle su impronta gráfica a los textos bíblicos... por supuesto con la picardía necesaria para impactar y divertir al lector mucho más que si leyera la Biblia. No todos los resultados son excelentes, pero acá hay merca realmente notable. ¿Cómo puede ser que nada de esto se haya republicado en otros libros, que esté inédito en todos los otros idiomas, que sean trabajos virtualmente perdidos en la neblina del olvido? Ni idea. Yo agradezco que mi fanatismo por Moore, Gaiman y sus amigos me haya traído hasta acá, porque siento que desenterré un tesoro oculto hace más de 35 años, que quería tener en mis manos desde que me enteré que existía, allá por mi adolescencia.
Con la edición de Los Reyes Chacales, el sello Rabdomantes entra a la superpoblada cancha de los rescates para el público argentino de las obras que Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena producen para las antologías de la Aurea. Y lamentablemente lo hace con el pie izquierdo, no porque la historieta sea chota, sino porque la edición no está a la altura: no hay data de dónde y cuándo se publicó originalmente el material, la reproducción de los dibujos tiene problemitas (manchas, rayas), al texto de la contratapa le faltan los guiones y la encuadernación tiene esa onda "mirame y no me toques" que me provocó flashbacks traumáticos a la época de Toutain y Zinco. La saga en sí, es realmente muy buena. Se podría haber resumido un toque, por ahí con 25 páginas menos pegaba más fuerte. Pero está muy bien, es un relato 100% Mazzitelliano, con reflexiones profundas sobre el poder, el destino, la lealtad y demás conceptos que lo elevan por sobre la aventura convencional. Hay buenos personajes, conflictos bien planteados (siempre en esos términos extremos, en los que el príncipe es el MÁS bueno, la princesa la MÁS hermosa, el rey el MÁS poderoso, el demonio el MÁS maligno, y así todo), buenos diálogos y bloques de texto fastuosos. Si ya leíste mucho a Mazzitelli, es difícil que te sorprendas, pero también es casi imposible que te aburras. Todo el tiempo pasan cosas, volantazos que no siempre te ves venir, revelaciones que cambian nuestra forma de entender a algunos de los protagonistas, shell games (no sé cómo se dice en castellano) narrativos para los que Eduardo desarrolló una mano maestra. Y al que nunca se le agota la capacidad de sorprender es a Alcatena, que esta vez nos sumerge en un río Nilo mitológico y excesivo, donde nunca faltan criaturas, templos, vegetación y hasta ataúdes con unos diseños impactantes y sofisticados. Quique arriesga en la puesta en página, detona su propio arsenal de trucos narrativos, se luce en las expresiones faciales (sobre todo en los primeros planos de Eunis) y respalda visualmente la sublime majestad que los textos de Mazzitelli le atribuyen al imperio en el que transcurre la historia y a los personajes que la protagonizan. Gran labor de la consagradísima dupla, que sigue siempre en busca de nuevos paisajes exóticos donde ambientar sus historias atemporales de ambición, amor, traición y gloria. Y nada más, por hoy. Me voy a tirar un rato abajo del ventilador de techo. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas acá en el blog, y el sábado 25 en la Biblioteca Nacional, en la entrega de los Premios Cinder.

lunes, 26 de diciembre de 2022

MAGIA EN BLANCO Y NEGRO

Otra vez tengo dos libros para reseñar, siempre en este sprint que intenta dar cuenta del material de autores argentinos publicado durante 2022. Empiezo con un experimento extraño: la editorial Merci, que nunca había publicado historieta argentina, sale al ruedo con un libro que recopila historietas dibujadas por Quique Alcatena en 1977, 1989-90 y 2001. Una es un unitario con guion del propio Quique, una es una serie co-escrita por Eduardo Mazzitelli y Walter Slavich, y otra es una colección de historias autoconclusivas con guiones de Gustavo Schimpp. ¿Cuál es el criterio para meter todo esto en un mismo libro? Que son todos relatos ambientados en Japón. Y no, a pesar de lo méritos artísticos de las distintas historietas (enseguida hablo de eso), el combo no me terminó de cerrar. El libro empieza con Dinastía Maldita, una serie que Alcatena, Mazzitelli y Slavich realizaron para Skorpio allá por 1989-1990. La estructura es muy parecida a la de El Mago: en cada episodio el protagonista debe confrontar con alguien que compró una de las habilidades que le fueron robadas cuando le quitaron la memoria. No hay muchas sorpresas, excepto en el episodio final, donde Slavich y Mazzitelli pegan un giro argumental muy interesante. Y por supuesto está mejor escrita que El Mago, con excelentes bloques de texto, diálogos más filosos que las katanas y bastante desarrollo para el personaje principal. El dibujo de Alcatena todavía no está en la cima. Se nota a Quique más pendiente de influencias que vienen de la ilustración que de la historieta y -sobre todo en los primeros episodios- los personajes están un poquito duros, muy en pose. Es como un Hiroshi Hirata más estático, más frío. Todo dibujado con ese trazo exquisito de Alcatena, pero tal vez no tan en función del relato como veremos más adelante. Las cuatro historias escritas por Schimpp (conocidas como Tokoyo Monogatari) están mucho mejor dibujadas. Acá el trazo de Quique se ve más suelto, más fluido, más orgánico y -sin perder esa obsesión por los detalles y la ornamentación- más puesto al servicio de la narrativa. Preparate para unas imágenes de una belleza devastadora. Los guiones, en cambio, no me resultaron tan atractivos como el de Dinastía Maldita, y solo el último de los cuatro relatos conservó mi interés hasta el final. Por ahí esto leído en otro contexto, no como back-up de Dinastía Maldita, adquiría otra dimensión, otro brillo. Y la historieta corta llamada Bushido tiene la particularidad de ser la primera que Alcatena publicó en una revista profesional, cuando tenía 19 años. Acá se intuye que hay un crack en ciernes, pero todavía está muy lejos del nivel que va adquirir en esos años de laburo intenso en la revista Anteojito y otras publicaciones. Son apenas 9 páginas, una curiosidad que no está mal si la tomamos así, como una curiosidad. Si sos fan de Alcatena, seguro estabas esperando que se reeditara Dinastía Maldita, y más allá del bajón de que haya salido justo cuando falleció Slavich, tener esta obra en libro es algo digno de ser celebrado. No me copa la decisión editorial de incluir los relatos de Tokoyo Monogatari en el mismo tomo, pero el dibujo de Quique en esas páginas es tan zarpado que no tiene mucho sentido putear.
Hablando de dibujos zarpados... impresionante Santa Sombra, la novela gráfica de Paula Boffo editada por Barro. Una bestialidad gráfica y narrativa que no paró de impactarme de la primera viñeta hasta la última. Son más de 200 páginas con un ritmo trepidante, una historia descarnada, de una crueldad desgarradora, que te agarra de la garganta y te arrastra por una montaña rusa de emociones como pocas veces se ve en la historieta argentina. Santa Sombra es un comic muy violento, que incluso reflexiona acerca del uso de la violencia desmedida como forma de hacer justicia. Es una historia de venganza, y también de redención, de sororidad, que transmite un montón de valores correctos, entre todas esas explosiones de sangre y tripas. Boffo tiene un manejo del tempo narrativo totalmente hipnótico, no pifia jamás cuando arma esas páginas con cuadros horizontales, verticales, diagonales... y además tiene un trazo de gran expresividad, gran dinamismo, que va perfecto con el tratamiento de blancos, negros y grises que emplea en esta obra. Obvio que me encantaría verla trabajar con color, pero así esto se ve muy, muy bien. Los diálogos son excelentes, la forma en la que aborda una temática muy heavy es original y atrapante... La verdad que Santa Sombra tiene todo para ser considerada un clásico contemporáneo. No le sobra absolutamente nada, porque hasta los excesos en materia de muertes truculentas tienen un rol en la trama. Y por ahí le falta un personaje varón cis heterosexual bueno, para evitar el simplismo de que todos los personajes varones cis heterosexuales son gente de mierda. Esto se lo podés dar tranquilamente a los pibes y pibas que deliran con el shonen de moda y -no tengo dudas- les va a partir la cabeza. Es una historia 100% argenta, pero con la fuerza y la calidad como para trascender las fronteras entre las distintas formas de pensar la historieta, los distintos públicos, los distintos grupos etáreos. Si hubiera justicia en el universo, Santa Sombra se publicaría en 15 ó 20 países, vendería fortunas y oiríamos hablar de esta obra durante un par de décadas. Posta, historietas de machaca y justicia sanguinaria hay miles, pero como esta hay muy pocas. Nada más, por hoy. Trataré de postear una vez más antes de fin de año, y ya en Enero volveremos al mix esquizofrénico entre historietas de distintas épocas y distintos países. Gracias y hasta pronto.

domingo, 4 de diciembre de 2022

TRIPLETE DOMINGUERO

Incluso con los partidos del Mundial, estos días que no pude salir por un temita de salud, encontré tiempo para devorarme otras tres publicaciones de autores argentinos aparecidas en 2022. Le sigo comprando libros a Muñones, la puta que me parió, pero bueno... Eduardo Mazzitelli y Enrique Breccia, obra completa, material que salió en la última etapa de Skorpio y del que no me acordaba un carajo... difícil resistirse. Después ves esas páginas todas empastadas, con el dibujo de Enrique reproducido para el infra-ojete y te arrepentís, pero ya es tarde. El Extranjero es una saga de seis episodios que podría definirse como de "ciencia ficción conceptual". La aventura y la acción no están muy enfatizadas, el conflicto grosso entre el Bueno Pulenta y el Malo Pulenta cobra dimensión recién en el tercio final de la obra, y el resto son casi fábulas, cuentos de hadas en los que el hada en realidad es un extraterrestre (de ahí el nombre de la historieta) que baja línea y guía a seres humanos en un camino que, en una de esas, impida que la Humanidad se aniquile a sí misma. En el medio, Mazzitelli habla de violencia, de corrupción, de falsas utopías diseñadas para engañar a la gilada y de cómo ni el caos absoluto ni el orden asfixiante sirven para que una especie como la nuestra prospere y se desarrolle en un contexto más o menos armónico. Sin esos bloques de texto magníficos, repletos de poesía y de sentencias apabullantes que solemos ver en sus obras con Quique Alcatena, Eduardo narra de modo escueto, cortito y al pie, desarrolla muy bien a un par de secundarios y saca a relucir su chapa de capo de los guionistas en un último episodio electrizante, memorable, por momentos perturbador por lo descarnado del mensaje. No estamos frente al mejor comic de la extensa trayectoria de este monstruo, pero sí frente a una obra que vale la pena rescatar (en lo posible del pilón de los números viejos de Skorpio) y volver a leer unas cuantas veces. La labor de Enrique también es muy notable porque creo que es la única vez que abordó un guion de Mazzitelli (en Skorpio solía formar dupla con Walter Slavich, Robertino Ferro y algún otro que ahora no recuerdo) y se nota que -como el eximio profesional que es- enseguida le sintonizó la onda. No se siente que Eduardo se haya esforzado para "amoldar" su guion a Enrique, sino que Enrique se bancó como un duque jugar de visitante en un mundo creado por un guionista con el que nunca había trabajado. Y sí, está ese último e inolvidable episodio, en el que ya se puede sospechar un diálogo entre la dupla y una sabia decisión por parte de Mazzitelli de meter en juego a simios, que es algo que Breccia dibuja magistralmente desde siempre. La onda de los tres primeros episodios, esos que son más tipo fábulas socio-políticas, simples (en cuanto a que intervienen pocos personajes), sin mucha conexión entre sí, recuperan algo de los climas que imaginaba Carlos Trillo en sus historias cortas de fines de los ´70, y Breccia ahí reconoce un terreno en el que se mueve feliz y letal, como un tigre en plena selva. Los episodios 1, 3 y 6 están dibujados a un nivel casi inexplicable. Y sin dudas toda la faz gráfica (repito, reproducida de modo deficitario en el libro de Deux) le suma puntos a El Extranjero. Necesitamos editoriales más serias, comprometidas con el rescate de las muchas gemas aparecidas en Skorpio que nunca se recopilaron en libros.
Breve glosa para Flores Secas Manchadas de Sangre, un albumcito que compila dos historias cortas autoconclusivas escritas y dibujadas por Damián Connelly. La primera, Helena, es un clásico thriller sobrenatural, de horror muy al límite. El guion está muy bien llevado, los diálogos y los bloques de texto están muy bien escritos y -como gran lector de Vertigo- Connelly logra imbricar perfectamente una historia 100% fantástica y sobrenatural con un contexto costumbrista cuyo verosímil no tambalea nunca. La segunda historieta, Una Noche, no tiene una trama, ni un conflicto, ni un intento por desarrollar personajes. Es como un poema, o una letra de una canción, graficada en forma de comic, con viñetas y bloques de texto (también muy bien escritos), con la idea de transmitir sensaciones o emociones que no tienen que ver con la narración. Un experimento breve, de 10 páginas, que no me sedujo pero tampoco me desagradó. A nivel gráfico, Connelly sigue explorando los límites del dibujo basado en fotos, a los que recontra-satura con unas texturas hipnóticas para lograr efectos que (vistos así, en blanco, negro y grises) quedan espectaculares. También agrega de a poco trazos propios, sucios y potentes, y acá se enamora también de los triangulitos que inventara Dave McKean y luego heredara David Mack. En estas páginas hay triangulitos por todas partes, y algo me dice que, si fueran a color, tendrían una estética MUY a lo David Mack.
Cerramos con Yilé, obra de Matías Muzzillo, un autor al que no conocía, y que me sorprendió con un guion excelente, complejo, dinámico, muy bien narrado, con gran oído para el diálogo argento, buenos personajes, un conflicto zarpado, un mundo real distorsionado para darle cabida a todo un lado oculto sumamente atractivo, y un final redondo, que a la vez te deja con ganas de leer más aventuras de Josefina Ferrán, más conocida como Yilé. Una gran saga crepuscular, en una Buenos Aires alternativa infestada de criaturas sobrenaturales, brujería y crimen, en la que los protagonistas deberán combinar intelecto, violencia y algo de ojete para desarticular una conspiración macabra y atroz. Lo único que me hizo un poco de ruido del guion es que arranca tarde, como en la página 30. Lo anterior parecen secuencias pensadas como historias cortitas, como para presentar a Yilé y al mundo en el que vive, y luego ensambladas para sumarlas a la trama central del libro. La primera de esas secuencias "preliminares" tiene 14 páginas y está dibujada a un nivel descomunal. Es realmente impresionante, como si Muzzillio reprodujera una estética tipo David B., o Blutch, la combinara con un toque más salvaje, de expresionismo onda Alberto Breccia y la usara para narrar en modo acelerado, con un ritmo más de mainstream yanki, orientado a la acción de palo-y-palo. Una bola de demolición que te quita el aliento y te hace decir ¿en serio tengo que aguantar 80 páginas más a este ritmo?". Pero no. Me imagino que por una cuestión de tiempos de producción, Muzzillio simplifica un poco el estilo, apuesta fuerte a la acción solo cuando hace falta, y nos lleva al terreno de una trama basada en la investigación cuasi-detectivesca, en la que se habla y se piensa más de lo que se pelea. Sobre el final se nota cierto apuro en algunas páginas, aunque no se ven pifias ni deficiencias notables en el dibujo en sí. Lo que no me terminó de convencer nunca, ni siquiera en las páginas de mayor despliegue de virtuosismo por parte de Matías, es la paleta de colores, muy acotada, muy opaca, coherente en un punto con el clima opresivo que plantea la obra, pero estéticamente poco atractiva. Esas páginas finales en la reserva ecológica, resueltas con un rojo furibundo, un verde apagado y un violeta estridente la verdad que no me gustaron para nada. Hubiese preferido mil veces leer Yilé en blanco y negro. De hecho, al principio del libro hay dos páginas en blanco y negro, de una secuencia onírica, en la que Muzzillio parece una amalgama perfecta entre el Viejo Breccia y Frederick Peeters, dos de los mejores dibujantes de la historia del Noveno Arte. Son cinco viñetas, nomás, pero la próxima la quiero toda así. Nada, más allá del tema del color, está claro que Yilé es una historieta potentísima y que Matías Muzzillo es un narrador gráfico de la hostia, un excelente guionista y un nombre al que de acá en más hay que seguir de cerca. Nada más por hoy. Gracias y hasta pronto.