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sábado, 13 de mayo de 2023
TARDE ALUCINANTE
Inmejorable clima este sábado en Buenos Aires, justo el día que se cumplen 29 años de la aparición del nº1 de Comiqueando. Pero vamos a las reseñas, que para eso estamos.
En 1988 apareció una de esas historietas que hasta que no las tenés en la mano no podés creer que existen: el maestro Go Nagai se mandó una novela gráfica 100% inédita de Mazinger, a todo color y en un formato medio cuadrado, para la editorial estadounidense First, que en aquel entonces era una de las tres o cuatro que peleaban por el tercer puesto en el mercado eternamente dominado por Marvel y DC. ¿Qué hizo el célebre mangaka cuando la editorial con sede en Chicago le dio total libertad? Una garcha.
El argumento de la novela gráfica es bochornoso: en el Siglo XXIII, Mazinger es un mega-robot que pelea en una guerra que enfrenta a los países del Norte con los de Sur. Un estallido nuclear lo transporta a otra dimensión, donde la gente es del tamaño de Mazinger (o sea, gigantes) y Kabuto (el milico que pilotea al robot) tiene el tamaño de un action figure tipo los Super Powers de los ´80. Kabuto pega onda con una princesa del tamaño de Mazinger que anda en tetas por ahí, y pone su espada y su coraje al servicio de esta chica para combatir a sus enemigos. ¿Qué pasa en la primera batalla? De nuevo, explotan miles de misiles y el estallido transporta a Mazinger de nuevo a su dimensión, donde alguien le dice -¿dónde estabas, pelotudo? Te estamos buscando hace un año... -¿cómo un año? Para mí pasó sólo un día... Fin.
¿Qué tiene que ver esto con el Mazinger que todos conocemos? Poco. Es un robot gigante, tiene una espada hiper-pulenta y lo tripula un flaco apellidado Kabuto. El resto, no tiene la menor conexión con la saga creada por Go Nagai en 1972. ¿El guion tiene algún hallazgo que permita remar lo mediocre del argumento? No, casi nada. No hay buenos diálogos, no hay desarrollo de personajes... todo chatísimo, 100% basado en la machaca, excepto la escena en la que Kabuto le tira los galgos a la princesa. Bueno, zafará el dibujo, me imagino.... De a ratos. Cuando Nagai (y su equipo) dibuja ejércitos, naves, armas, robots y explosiones, las páginas explotan de onda y polenta. El color (a cargo de Kazuhiro Amachi) está buenísimo, la narrativa es ganchera... Ahí la verdad que se luce. Y cuando dibuja la figura humana y especialmente los rostros, decís "ah, pero no aprendió nada... esto es igual de choto que los mangas que dibujaba a principios de los ´70". Posta, me cuesta entender que haya tenido tanto éxito un autor que dibuja tan mal el cuerpo humano y las caras de las personas.
¿Por qué está bueno tener este libro? No sé, por ahí por lo inusual, lo extraño que es todo. Una novela gráfica a color de Mazinger hecha para EEUU por el creador del manga original, seguro es algo que llama la atención. Después la leés y se te pasa, pero durante años quise tener esto, leerlo y constatar que existe semejante fumariola. Pero si alguien me ofrece un buen billete, no soy tan talibán ni de Mazinger ni de Nagai como para no largarla...
Me voy a 2005, cuando se edita en Italia la novela gráfica Ragazzini, que es la misma que en Francia salió un año antes como Les Enfants, obra del maestro Jean-Philippe Stassen. ¿Qué carajo hago leyendo comic franco-belga en italiano? Es la edición que pude conseguir. Juro que este año cuando vaya a Francia y Bélgica, el 50% de lo que me voy a traer van a ser obras que ya tengo en ediciones españolas, italianas o yankis, que van a ser reemplazadas por las originales. Pero mi amor por Stassen es más fuerte que la barrera idiomática, por eso cuando vi esto no me pude aguantar.
Dicho esto, es hora de aclarar que es la obra de Stassen que menos me gustó de las que leí hasta ahora. Sin ser chota ni mucho menos, Les Enfants tiene dos problemas: El primero es que no están muy enfatizados lo conflictos. La historia avanza, la tensión que rodea a los personajes crece, hay desarrollo en los protagonistas y secundarios, pero nunca se le otorga un verdadero peso dramático a ninguno de los conflictos que Stassen plantea en estas 80 páginas. Que no son pocos, porque la obra se centra en la vulnerabilidad de unos chicos que viven en una ciudad africana muy próxima a una zona de guerra, donde ya casi no quedan adultos porque todos fueron al frente a combatir al enemigo. Los pibitos comen mal, tienen problemas mentales, deambulan por la ciudad semi-vacía en busca de cerveza o cigarrillos que se puedan afanar, se codean con adultos con fama de pedófilos que los miran con cariño, están expuestos a discursos racistas (de un lado y del otro) y, por supuesto, a la violencia, que va a estallar fuerte (y del modo menos racional concebible) cerca del final. O sea que Les Enfants es una de jóvenes a la deriva, con nenes de 9 a 13 años como protagonistas.
El segundo problema es que todo esto es demasiado triste, demasiado bajonero, demasiado desolador. Alguna travesura de los pibes, algún chiste gracioso seguro se cuela por ahí, pero básicamente esto es un drama. La incertidumbre, el miedo a la invasión inminente del enemigo, la precariedad, la sordidez, se llevan puesta a la inocencia de los chicos, cuyas elecciones son cada vez más difíciles de justificar. Lo que al principio reviste una cierta "ternura freak" al final ya es muy turbio y te deja un sabor horrible en la boca.
Por suerte el dibujo de Stassen es glorioso. Detallado cuando está bueno que se aprecien los detalles, sintético cuando pega más fuerte la síntesis, y con un coloreado magnífico. El belga sabe narrar de manera interesante largas secuencias en las que sólo vemos gente que dialoga, y le pone todo a las expresiones faciales y corporales de los personajes, que son todos pibitos africanos pero a los que podemos diferenciar sin el menor esfuerzo. Les Enfants te revienta el alma a garrotazos, pero el dibujo es tan hermoso que ayuda a aguantar los golpes. Sigo prefiriendo Deogratias o Thérese como punto de entrada a la obra de Stassen, pero si te copa una historieta más testimonial, más densa y menos apegada a las fórmulas del relato más convencional o más aventurero, puede ser que Les Enfants te cierre más.
Cierro esta edición extra-large con un libro editado en Argentina en 2022 que compila tres historietas de Brian Janchez protagonizadas por Bulma Jimenes. La primera y más extensa es La Frustración, a la cual ya le dediqué una reseña completa allá por el 14/11/20. Después, el mundo de Bulma se amplió con otras dos historias, El Taller y La Otra, que siguen la misma tónica en lo que se refiere al planteo estético de Janchez, con lo cual no hace falta volver a hablar del aspecto visual de estas obras.
En los guiones de estas otras dos historietas, Janchez propone algo similar a lo que vimos en La Frustración: seguir las desventuras de un personaje que prácticamente no genera la menor empatía en el lector, salvo por el hecho de que concentra sus esfuerzos en triunfar (o por lo menos sobrevivir) como autora de historietas. Detrás de la frialdad y la mala onda de la conflictiva Bulma, uno percibe una pasión genuina por la historieta, y ahí es donde más o menos la sentimos cercana, o querible. Pero es una chica inestable, jodida, por momentos inescrupulosa, y a la que encima la suerte no ayuda ni un poquito. Tanto en El Taller como en La Otra vemos a Bulma rodearse de un muy buen elenco de personajes secundarios, y los vínculos que se establecen entre ellos son en varios pasajes más importantes que las tramas en sí. Este aspecto, sumado a la exploración del extraño mundo que crea Brian para esta serie, es lo que a mí más me llegó, lo que mantuvo mi interés hasta el final del libro.
Me gustaron también las referencias a los X-Men y los personajes de Street Fighter, o que aparezca la revista "Salto Joven" (en vez de Young Jump) en la editorial "Suecia" (en vez de Shueisha) y esos guiños limados a otros mangas famosos como Sailor Moon o Dr. Slump. En todo momento queda claro que Bulma Jimenes es una obra de madurez para Janchez, a la que le puso mucha planificación, mucho corazón y donde, al incorporar acertadamente elementos de ciencia ficción post-holocausto, le agrega a su universo una capa de profundidad que va más allá de su notable manejo de la comedia costumbrista y el drama basado en relaciones humanas. No te digo que es la cima más elevada de la historieta argentina reciente, pero sin dudas está muy, muy bien y merece una oportunidad.
Y nada más, por hoy. Gracias por llegar hasta acá y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
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Jean Pierre Stassen
viernes, 1 de marzo de 2019
ARRANCA MARZO
Todavía no salgo de mi
asombro después de haber escuchado el discurso más alienígena (y alienado) con
el que un presidente argentino inauguró un período de sesiones ordinarias.
Maestro, para consumir ficción leo comics y literatura. Y hablando de leer
comics, vamos con las reseñas de un par de libritos que me bajé en estos días.
Injustamente, en todos
estos años que lleva el blog, nunca le habíamos dedicado una reseña a un libro
del glorioso Jean Pierre Stassen, un autor belga del que soy hardcore fan. Poco
publicado en castellano (en una de esas, inédito), Stassen tiene un estilo
gráfico absolutamente hipnótico, una mezcla entre el mejor Max y la línea
actual (más gruesa, más pensada para publicarse a color) de Jaime Martín y
Rubén Pellejero. En el álbum en cuestión, titulado Thérese y publicado en 1999,
Stassen trabaja con una grilla de tres tiras y nunca mete más de ocho viñetas
por página, con lo cual el dibujo (y la tipografía, que también es hermosa) se
luce muchísimo. El trabajo en los fondos, esas escenas en las que se borra la
línea y queda todo definido por los contornos, el lenguaje corporal de los
personajes, son algunos de los puntos más altos en una faz gráfica realmente
espléndida.
De todos modos, lo más
atractivo de Thérese es el guión. Stassen propone una historia de amor
sumamente original, entrecruzada con la violencia urbana, el cuento de hadas
clásico y el realismo mágico, y le sale una hsitorieta que mucho le hubiese
gustado escribir a Neil Gaiman o a Carlos Trillo. Como en todas sus obras,
Stassen aprovecha para bajar un poquito de línea relacionada con las
privaciones que sufren los inmigrantes africanos y sus descendientes en las
grandes urbes europeas. Acá nos invita a pensar cómo en realidad muchos de
ellos se desloman laburando (o delinquen) en barrios los pobres de Bélgica con
el sueño de cazar una guita que les permita volver a su país natal con los
problemas económicos más o menos resueltos.
Pero el foco está puesto
básicamente en el amor, primero obsesivo y después sincero que siente Thérese,
esta chica buena, sencilla, humilde, pero con poderes tipo Scarlet Witch
(presentados de otra manera, por supuesto) que le permiten manipular la
realidad y acomodarla un poco a sus deseos, a veces con resultados
desopilantes. O sea que también hay magia y humor en esta sabrosa mezcla que
nos ofrece Stassen y que, si bien creo que existe sólo en francés, recomiendo
mucho rastrear y leer.
Me vengo más cerca, a 2017, de la
mano de más autores desconocidos en Argentina. El Cardenal es una novela
gráfica escrita por Kote Carvajal (al que vimos oficiar de colorista en varios
libros ya reseñados en el blog) y dibujada por Lucho Inzunza, de quien también
vimos ya otros trabajos. Se trata de dos autores bastante conocidos… en Chile,
donde la mayoría de la producción local no trasciende nunca las fronteras del
país trasandino. Por si faltara algo, El Cardenal cuenta la historia real de un
personaje notable pero poco difundido de la historia reciente de nuestros
vecinos: Raúl Silva Hernández, el arzobispo de Santiago de Chile que confrontó
con la dictadura de Augusto Pinochet para denunciar violaciones a los derechos
humanos.
La novela trata,
básicamente, de gente hablando. Son unas 100 páginas en las que la acción
brilla por su ausencia y todo avanza con diálogos, con investigaciones, o con
noticias que van dando a conocer los medios de comunicación. Y aún así, no se
me hizo aburrida, excepto por algún flashback a la juventud del cardenal, cuando
decide seguir la vocación religiosa y duda entre hacerse salesiano o jesuita,
como si eso tuviera algún peso en lo que va a suceder más tarde. El tramo
ambientado en los ´70 y ´80, en cambio, me resultó muy interesante más allá de
la parsimonia y el alto grado de protocolo que Carvajal subraya en los diálogos,
los discursos y las cartas que escribe el cardenal.
El dibujo de Inzunza me
pareció blandito, muy derivativo, una especie de Solano López diluído, sin esas
rayitas que ponía el maestro por todos lados para sugerir texturas y efectos de
iluminación. A este trabajo de Inzunza, le sacás el color y desinfla como un
globo (amarillo, obvio). Pero con el color se ve bien, la narrativa es muy sólida
y los personajes reales le salen muy parecidos a sus contrapartes humanas. Si
sos fan de la trilogía Verdad-Memoria-Justicia, te va a encantar saber que en
Chile (donde durante la dictadura no hubo Madres de Plaza de Mayo, ni Abuelas,
ni sindicatos que defendieran a los laburantes, ni nada) un jerarca grosso de
la iglesia católica (que en Argentina se alineó con los genocidas y se hizo
bien la boluda) hizo lo que pudo para combatir los crímenes de lesa humanidad
de Pinochet. Según Kote Carvajal, lo que pudo hacer no fue mucho, pero aún así
se convirtió en un símbolo de resistencia, integridad y solidaridad para con la
gente injustamente perseguida y masacrada por el sangriento régimen de
Pinochet. Un superhéroe de carne y hueso, bah.
Gracias por el aguante.
Nos reencontarmos pronto, espero que con reseñas de material que haya leído más
gente de la que está ahi, del otro lado del monitor.
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Kote Carvajal,
Luis Inzunza
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