el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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viernes, 21 de junio de 2019

OTRA VEZ VIERNES

Con esto de los feriados de lunes y jueves, la semana se me pasó volando. Por suerte tengo un par de libritos leídos como para reseñar.
Arranco con Milady en el 3000, una obra del italiano Magnus (Roberto Raviola) bastante extraña, publicada en nuestro idioma por La Cúpula, allá por 1990. La trama mezcla space opera tipo Flash Gordon con intriga palaciega, ya que la protagonista es una agente secreta de uno de los dos imperios que se encuentran en guerra. La verdad que decirle “trama” a lo que vemos acá es medio una hipérbole. En ningún momento estas 64 páginas transmiten la sensación de estar yendo de un punto A a un punto B. Son más bien una acumulación de peripecias, de breves situaciones que Milady resuelve con mayor o menor grado de dificultad, casi siempre sin siquiera despeinarse. La intriga tiene bastante más protagonismo que la acción, que escasea bastante y cuando llega, la vemos generalmente en forma de combate entre naves espaciales al estilo Star Wars.
En los ´80, Magnus fue un autor de mucho éxito, principalmente gracias a sus historietas de corte erótico. Algunas eran más sofisticadas y otras más cabeza, pero donde la rompía el autor era ahí, en la aventura para adultos/ adolescentes pajeros. En Milady en el 3000 aparecen varias mujeres muy atractivas, pero el sexo casi no aparece. Hay un garche apenas insinuado, una escena en la que la protagonista está en bolas y no mucho más. O sea que los que acusaban a Magnus de “pornógrafo” (el glorioso Viejo Breccia, por ejemplo) acá se quedaron con la leche (cuac!). Lo que sí tenemos en este álbum es la gran calidad de Magnus para el dibujo de aventuras. Escasean un poco los fondos, es cierto, pero cuando aparecen están buenísimos. Y todo lo que es anatomía humana, trajes, máquinas y sobre todo iluminación, es inobjetable. La narrativa, más o menos. Hay varias secuencias raras, que me hacen un poco de ruido, pero consulté la edición italiana y es igual. O sea que esos desajustes vienen en los originales, no son producto de un editor español que se sentó a remontar las viñetas para adaptarlas a este formato, algo que en 1990 todavía era frecuente.
Milady en el 3000 ofrece poquito en materia de guión. Algunas ideas limadas que no aparecen en todos los comics de ciencia-ficción y no mucho más, realmente. Pero si querés tener 64 páginas dibujadas por un monstruo del claroscuro, esto es bastante más digno que las historietas más pajeriles del recordado maestro Magnus.
Salto a Argentina, a 2019, cuando se recopilan en un hermoso librito casi 120 chistes de Esteban Podetti, englobados bajo el título genérico de La Caja. Muchos de estos chistes ya los había visto en las redes sociales, pero leídos así, uno atrás de otro en un librito, me hicieron reir mucho más. Creo que no hace falta subrayar el momento increíble por el que está transitando Podetti, hoy ya colocado sin discusión entre los humoristas gráficos más bestiales y geniales de nuestro país. Cualquiera que lo siga en las redes (o en la revista Barcelona) puede dar testimonio de esto.
Y si no, si todavía no subiste a Podetti al podio, es hora de que leas (y en lo posible compres) este librito, donde lo vas a ver brillar con un humor cruel, afiladísimo, repleto de ideas brillantes. Cuando uno cree que ya leyó todos los chistes de psicólogos, de médicos, de mozos, de Frankenstein, o de Dios, aparece Podetti y te tira una fatality, una nueva vuelta de tuerca impredecible, impactante, de gran efecto cómico.
Desde principios de este milenio, Podetti empezó a mutar su grafismo para hacerlo más crudo, más salvaje, más desprolijo incluso. La línea es “peluda”, las proporciones son cualquiera, el contorno de los globos de diálogo se ve descuidado, como hecho a mano alzada por un nene de cuatro años. Y sin embargo, por debajo de esta estética cada vez más extrema, se ve que hay un tipo que sabe dibujar, que no incursiona en el grotesco por impericia sino por elección, porque entiende el potencial expresivo y humorístico que tiene ese trazo más salvaje.
Tengo el librito a mano mientras escribo estas líneas y cada tanto le pego otra mirada… Y no falla nunca, me sigo riendo de algunos chistes que son demasiado buenos. El de la página 112, por ejemplo, merece enmarcarse y colgarse en todas las paredes del planeta. Posta, creo que hasta Fontanarrosa le habría envidiado ese chiste a Esteban.

Y nada más, por hoy. Disfruten el finde y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

jueves, 12 de marzo de 2015

12/ 03: CRONONAUTAS

Sigo leyendo material que sólo a mí me interesa y generando reseñas que no motivan la más mínima respuesta de nadie, pero bueno… es un blog, no un programa de tele del prime-time.
Esta vez cruzo el charquito para leer una historieta de autores uruguayos, movida por una idea muy atractiva: una aventura de palo y palo, con peripecias, peleas y chistes, que tiene que ver con los viajes en el tiempo y que le sirve al guionista Magnus (a quien ya vimos en alguna antología) para tirar data acerca de las distintas épocas históricas que visitan los protagonistas. Crononautas está apuntada a un lector joven, menor de 13 años, y logra bajar esta info de modo para nada acartonado, muy bien integrado al concepto de la aventura.
La aventura en sí es ingeniosa, tiene algunos elementos muy trillados y otros muy originales, y está muy bien condimentada con chistes que me causaron bastante gracia. Por ahí lo único criticable es que en 48 páginas pasan demasiadas cosas, y no le queda margen a Magnus para profundizar en las personalidades de los protagonistas ni en las motivaciones de los villanos. En la tercera viñeta en la que aparece Walter, ya se está cagando a trompadas con los villanos. Y eso ilustra claramente el hecho de que el guión no nos da tiempo para familiarizarnos con los héroes de Crononautas, para identificarnos con ellos, o coparnos con su forma de ser. Con el correr de la aventura, aparecerán algunas pinceladas más para dotarlos de más carnadura, pero sin dudas es el rubro más débil de un guión muy ganchero, con un ritmo que –no tengo dudas- debe ser hipnótico para un borrego de 10 años.
Por supuesto, mucho más que los guiones a los chicos los ceban los dibujos y ahí es donde Crononautas acumula más problemas que logros. La faz gráfica está repartida entre Carlos Lemos (que comparte nombre pero no identidad con el guionista brazuca al que vimos hace no mucho en Ronda Noturna) y Taibox, pero no tengo muy claro qué hizo cada uno. Lo cierto es que, de punta a punta, el dibujo me resultó flojísimo, muy derivativo, con errores de principiante en la anatomía, en la narrativa, en la composición, criterios muy endebles para determinar cuando dibujar y cuándo omitir los fondos, muchos problemas en las caras (sobre todo en los tramos de los mayas y los egipcios)… en fin. Se nota mucho (como diría Chiche Niembro) la diferencia de jerarquía entre la portada de un profesional con todas las letras como Diego Jourdan y 48 páginas de historieta dibujadas y coloreadas medio a los tumbos por artistas que claramente no están a la altura. Por suerte no son tantos los momentos en los que las pifias de Taibox y Lemos te desenganchan del ritmo del relato y no hay que hacer esfuerzos sobrehumanos para llegar hasta el final.
Más allá de estos problemas, que se podrían corregir tranquilamente en un segundo libro si Magnus se rodea de dibujantes más capacitados, lo que mejor hace Crononautas es ocultar su faceta didáctica, enseñar sin que se note. Eso es muy difícil y muy meritorio. Por eso y porque la aventura es muy dinámica, y porque los toques de humor funcionan muy bien, banco a los Crononautas y espero que eventualmente salga a la luz una segunda entrega de esta serie made-in-Uruguay.