Este libro recopila una miniserie de 2010 protagonizada por el Thor de los Ultimates, e intersecta sobre el final con aquella recordada miniserie de Mark Millar y Bryan Hitch. Bah, recordada por algunos. Yo la leí en su momento y no me acuerdo nada. Me acuerdo que el dibujo me pareció espectacular y el guión... más o menos. Acá, la idea de Jonathan Hickman y Carlos Pacheco es darle un background, un mayor espesor dramático a ese personaje que nos mostrara Millar en The Ultimates. Y lo logran a medias.
¿Por qué no cerré este libro entre aplausos y ovaciones? Porque lo firman Hickman y Pacheco y yo de esos dos monstruos espero mucho más. El dibujo del ídolo español pareciera esforzarse por ocultar su identidad, los rasgos estilísticos que distinguen a Pacheco de los otros 500 tipos que manejan correctamente el dibujo de superhéroes. Visto de lejos, parece un clon mediocre de Bryan Hitch. Cuando lo mirás de cerca, aparecen la fuerza, la salvajada, ese dinamismo que Pacheco le sabe imprimir a sus páginas. Las composiciones virtuosas, las angulaciones originales, la solvencia en las poses y las expresiones faciales, incluso en las difíciles. Bien mirado, este es un gran laburo de Pacheco, pero por algún motivo indescifrable (que tal vez tenga que ver con la mano de tres entintadores distintos), el talento del gaditano está oculto bajo un maquillaje que lo hace parecer (en la superficie) un dibujante del montón.
El guión está dividido en tres épocas: una muy remota, en la que los asgardianos vencen definitivamente a los gigantes de hielo; la Segunda Guerra Mundial, en la que el Barón Zemo descubre la forma de invadir Asgard y generar un ragnarok; y la época actual, en realidad los días previos a la aparición de Thor en la primera saga de The Ultimates, cuando este personaje inescrutable, de memorias borrosas, afirma ser un verdadero dios ante la mirada atónita del Dr. Braddock y su hijo Brian.
El tramo en el que Thor, Loki y Balder machacan a los gigantes es predecible, pero muy disfrutable. El tramo en el que los nazis de Zemo forjan la alianza con los gigantes de Jotunheim para invadir Asgard es un delirio sin pies ni cabeza, seguramente producto del consumo de drogas duras mezcladas con pintura para paredes, líquido limpiamuebles y varios potes de Activia vencidos. El ragnarok también es predecible pero intenso, con muy lindos momentos como cuando a Loki... no te quiero contar lo que le pasa a Loki.
Y lo mejor, lejos, es lo que sucede en la actualidad: los diálogos entre Thor y el Dr. Braddock, las intervenciones de Brian y sobre todo ese giro impredecible y a la vez notable en el que Hickman fusiona al personaje de Don Blake con... no, tampoco te lo puedo contar porque te cago una sorpresa grossa. Después, sobre el final, afloja un poco. Las escenas con Nick Fury me resultaron blanditas y las últimas ocho páginas están ahí simplemente para dejarte en claro que esto empalma con lo que ya leímos en The Ultimates.
Si te ceba mucho la versión Ultimate de los Avengers, es muy probable que quieras tener este libro en tu biblioteca, porque funciona como complemento de esa serie y tira puntas que –sospecho- el propio Hickman retomará en su etapa al frente de The Ultimates. Si sos fan del Thor clásico, la verdad que no te recomiendo esto, porque todo lo que pasa acá o bien ya pasó mejor en el Universo Marvel Posta, o está puesto para des-bizarrear, para explicar la presencia de un dios nórdico en el mundo actual de un modo más digerible para los lectores actuales. Y si sos fan de Carlos Pacheco o de Jonathan Hickman, sin demasiado esfuerzo vas a encontrar obras mejores de estos dos maestros, que acá –sin verdulear ni tirarse a chantas- no brillan ni por casualidad como en otros trabajos, dentro y fuera de Marvel.
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lunes, 23 de junio de 2014
lunes, 19 de mayo de 2014
19/ 05: IBERIA INC.
Cada tanto, alguien suma uno más uno: en un mercado donde hay muchos fans de los superhéroes y grandes autores locales, ¿cómo no va a funcionar un comic con superhéroes de ese país? Como ya dije más de una vez, los superhéroes son un género 100% yanki, que demostró sobradamente ser intransplantable a otros países. Casi siempre esa suma de 1+1 da -10, y a veces, muy de vez en cuando, se araña un decoroso empate. Este es uno de esos casos.
A principios de los ´90, al maestro Carlos Pacheco y a su amigo, el especialista Rafael Marín, se les ocurrió crear un grupo de superhéroes españoles al estilo Avengers. Lamentablemente, cuando consiguieron quien quisiera publicar ese material, Pacheco ya estaba triunfando en EEUU y no lo pudo dibujar. Sin embargo, trabajó junto a Marín para condensar todas las ideas que habían elucubrado en los seis números de Iberia Inc. que recopila este libro, y los tres de Tríada Vértice, el spin-off que tuvo esta colección.
Y el gran problema que tiene Iberia Inc. es ese: apretujadas en 150 páginas hay ideas para llenar -fácil- 400 páginas. Pacheco y Marín despliegan un universo entero de héroes, villanos, otros héroes que no son miembros del equipo protagónico, y –por si faltara algo- sutiles menciones a todo un legado de justicieros enmascarados españoles que arranca –lógicamente- a fines de los años ´30. Toda esta parte está desarrollada en textos complementarios, que le deben no poco a los que calzaba Alan Moore al final de cada episodio de Watchmen para explicarnos quiénes eran los Minutemen y demás data del mundo en el que vivían sus personajes. Rápidamente te invade la sensación de que acá están pasando demasiadas cosas, de que en cada episodio se acumulan una cantidad de sucesos, y se nos presentan una cantidad de personajes, que superan las posibilidades del formato elegido. Se supone que esta saga cuenta una historia... y en realidad cuenta varias, e incluso muestra puntitas de varias más, que nunca veremos.
Esta onda barroca, sobrecargada de elementos, se manifiesta también en los textos, que son muy abundantes. Marín, responsable de los diálogos y los bloques de texto, se enrola en un estilo Chris Claremont de principios de los ´80, donde se habla mucho, se piensa mucho, se explica todo (incluso más de una vez) y en cada flashback los personajes cuentan historias que bien podrían narrarse en una novela gráfica. Esta proliferación de textos refuerza esa sensación de haber leído 400 páginas, cuando en realidad leimos 150.
El dibujante que finalmente se hizo cargo de darle vida a Iberia Inc. fue Rafa Fonteriz, todavía no tan famoso a fines de los ´90 (hoy la rompe en Francia). Y de nuevo, el estilo elegido por Fonteriz también va para el lado de la sobreabundancia. Cada viñeta está llena de elementos: los voluminosos globos, los muchos personajes, los detalles que mete Fonteriz en ropas, decorados y peinados, cada tanto un coqueteo con las tramas mecánicas... El resultado final está bien, pero sobra información. El estilo de Fonteriz es muy realista, tiene una base muy clásica, aunque acá demuestra haber estudiado a los dibujantes que “mutaron” la estética clásica para adaptarla a los relatos superheroicos. Desde grossos como George Pérez y García López hasta dibujantes menores como Jim Lee o Mike Deodato aparecen por momentos en las composiciones y en los detalles de Fonteriz y le “deforman” ese realismo tan académico, tan prolijo, que vemos en sus otros trabajos.
Me hubiese encantado leer más acerca de estas versiones ibéricas del Capitán América, Thor, Iron Man y demás. Creo que, salvo Loup Garou (que es un calco descarado de Batroc the Leaper), el resto de los diseños y las personalidades de estos héroes y villanos están cuidados, con el equilibrio justo entre los rasgos identitarios propios y los guiños al comiquero que entiende que detrás de Iberia Inc. hay tres cebados homenajeando a Marvel, a DC y a personajes clásicos del comic español. Acá, presentados todos juntos en tan pocas páginas, muchos de estos conceptos apenas llegan a esbozarse y muy pocos tienen el desarrollo que se merecían. Pero es lo que hay. Nunca hubo y probablemente nunca haya secuelas a esta primera saga y su breve spin-off, a pesar de que –si mal no recuerdo- en su momento las ventas fueron más que aceptables.
A principios de los ´90, al maestro Carlos Pacheco y a su amigo, el especialista Rafael Marín, se les ocurrió crear un grupo de superhéroes españoles al estilo Avengers. Lamentablemente, cuando consiguieron quien quisiera publicar ese material, Pacheco ya estaba triunfando en EEUU y no lo pudo dibujar. Sin embargo, trabajó junto a Marín para condensar todas las ideas que habían elucubrado en los seis números de Iberia Inc. que recopila este libro, y los tres de Tríada Vértice, el spin-off que tuvo esta colección.
Y el gran problema que tiene Iberia Inc. es ese: apretujadas en 150 páginas hay ideas para llenar -fácil- 400 páginas. Pacheco y Marín despliegan un universo entero de héroes, villanos, otros héroes que no son miembros del equipo protagónico, y –por si faltara algo- sutiles menciones a todo un legado de justicieros enmascarados españoles que arranca –lógicamente- a fines de los años ´30. Toda esta parte está desarrollada en textos complementarios, que le deben no poco a los que calzaba Alan Moore al final de cada episodio de Watchmen para explicarnos quiénes eran los Minutemen y demás data del mundo en el que vivían sus personajes. Rápidamente te invade la sensación de que acá están pasando demasiadas cosas, de que en cada episodio se acumulan una cantidad de sucesos, y se nos presentan una cantidad de personajes, que superan las posibilidades del formato elegido. Se supone que esta saga cuenta una historia... y en realidad cuenta varias, e incluso muestra puntitas de varias más, que nunca veremos.
Esta onda barroca, sobrecargada de elementos, se manifiesta también en los textos, que son muy abundantes. Marín, responsable de los diálogos y los bloques de texto, se enrola en un estilo Chris Claremont de principios de los ´80, donde se habla mucho, se piensa mucho, se explica todo (incluso más de una vez) y en cada flashback los personajes cuentan historias que bien podrían narrarse en una novela gráfica. Esta proliferación de textos refuerza esa sensación de haber leído 400 páginas, cuando en realidad leimos 150.
El dibujante que finalmente se hizo cargo de darle vida a Iberia Inc. fue Rafa Fonteriz, todavía no tan famoso a fines de los ´90 (hoy la rompe en Francia). Y de nuevo, el estilo elegido por Fonteriz también va para el lado de la sobreabundancia. Cada viñeta está llena de elementos: los voluminosos globos, los muchos personajes, los detalles que mete Fonteriz en ropas, decorados y peinados, cada tanto un coqueteo con las tramas mecánicas... El resultado final está bien, pero sobra información. El estilo de Fonteriz es muy realista, tiene una base muy clásica, aunque acá demuestra haber estudiado a los dibujantes que “mutaron” la estética clásica para adaptarla a los relatos superheroicos. Desde grossos como George Pérez y García López hasta dibujantes menores como Jim Lee o Mike Deodato aparecen por momentos en las composiciones y en los detalles de Fonteriz y le “deforman” ese realismo tan académico, tan prolijo, que vemos en sus otros trabajos.
Me hubiese encantado leer más acerca de estas versiones ibéricas del Capitán América, Thor, Iron Man y demás. Creo que, salvo Loup Garou (que es un calco descarado de Batroc the Leaper), el resto de los diseños y las personalidades de estos héroes y villanos están cuidados, con el equilibrio justo entre los rasgos identitarios propios y los guiños al comiquero que entiende que detrás de Iberia Inc. hay tres cebados homenajeando a Marvel, a DC y a personajes clásicos del comic español. Acá, presentados todos juntos en tan pocas páginas, muchos de estos conceptos apenas llegan a esbozarse y muy pocos tienen el desarrollo que se merecían. Pero es lo que hay. Nunca hubo y probablemente nunca haya secuelas a esta primera saga y su breve spin-off, a pesar de que –si mal no recuerdo- en su momento las ventas fueron más que aceptables.
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sábado, 23 de febrero de 2013
23/ 02: ARROWSMITH
Allá por 2003 se reunieron para un nuevo proyecto los autores de la alucinante Avengers Forever: Kurt Busiek y Carlos Pacheco. Esta vez nos contaron una historia ambientada en 1915, protagonizada por un chico de un pueblito rural de EEUU que, aburrido de la rutina de su granja y fascinado por los relatos épicos de los héroes que peleaban en la Primera Guerra Mundial, se decide a viajar a Europa, a sumarse al combate entre las grandes potencias de esa época. Así veremos a Fletcher Arrowsmith pasar de chico a hombre, experimentar el horror de la guerra, perder, ganar, enamorarse, sufrir, ensuciarse hasta el alma con las atrocidades que le toca presenciar y finalmente convertirse él mismo en un héroe de esos cuyos relatos lo cautivaron.
Con esta consigna, las posibilidades de que salieran 144 buenas páginas de historieta eran bastante altas. Pero hete aquí que Busiek y Pacheco deciden no arriesgar: esta versión de la Primera Guerra Mundial es la de un mundo alternativo, en el que existen (integrados a los seres humanos normales) dragones, gárgolas, vampiros, hombres lobo, zombies, gigantes, trolls, golems y hechiceros de toda clase. Tanto Prusia como Galia cuentan con bichos, artefactos y conjuros de origen místico y los usan para lograr la ventaja en esta guerra cruenta y a gran escala. De hecho, el cuerpo de “aviadores” donde milita Arrowsmith no tiene aviones, sino que los “pilotos” vuelan propulsados por hechizos que los vinculan a los pequeños dragones que los acompañan.
A partir de la introducción de los elementos fantásticos, Busiek y Pacheco se permiten a sí mismos no obsesionarse con el tema de la documentación histórica y la reproducción fidedigna del período en cuestión. Como en Rex Mundi, se animan a redibujar el mapa, a cambiar brutalmente el equilibrio de poderes entre las naciones de este 1915 alternativo, a los efectos de que la historia sea menos predecible. Y a partir de ahí, toda la atención que no le ponen a respetar nombres y rostros de presidentes, reyes y ministros, toda la bola que no le dan a los uniformes y armamentos de cada una de las milicias involucradas, se la dan al desarrollo de los personajes y sobre todo a las emociones que genera en ellos el contexto extremo en el que les toca vivir. Claramente el personaje mejor trabajado es Fletcher Arrowsmith, aunque también hay secuencias de alto impacto para Rocky, Grace y Jonathan.
El final, si bien es monumental, no suena a final definitivo, y durante los distintos episodios asoman puntitas de misterio que no terminan de cerrar. Por supuesto, el universo bélico-místico que plantea la saga también es imposible de explorar en su totalidad en menos de 150 páginas. O sea que yo sospecho que esto se escribió como primer arco de una serie, que lamentablemente nunca continuó.
Está complicado encontrar palabras para lo que hace Pacheco a la hora de dibujar esta saga. Entintado por Jesús Merino con línea clara, finita, muy prolija, acá tenemos una versión del maestro gaditano que lo acerca muchísimo a los grandes dibujantes de aventura histórica que triunfan en el mercado franco-belga. Con muchos primeros planos y bastantes páginas de un sólo cuadro, es cierto, pero con un laburo impresionante en los fondos, detalles increíbles y una sutileza para las escenas tranqui que generalmente no logran los autores identificados con el género superheroico. A esto sumémosle el generoso despliegue de acción y machaca que pela Pacheco en los tramos centrados en el combate, su narrativa fina y efectiva (que acá, además, hace magia para no shockear más de la cuenta con el gore) y un muy buen trabajo del colorista Alex Sinclair, y nos queda un libro inmensamente placentero a la vista.
Arrowsmith no marca un antes y después en la historia del comic ni aspira a ascender al Olimpo. Sin embargo la rompe y te deja pidiendo a gritos una secuela. ¿Por qué? Por su hábil combinación de géneros, la profundidad que adquieren personajes y situaciones y el enorme talento volcado por una dupla autoral que se entiende a la perfección y a la que le sobra huevos para buscar vueltas nuevas, sin regurgitar ad infinitum los yeites del comic de superhéroes que tan bien manejan. Tengo la sensación de que el TPB está descatalogado, o que no es fácil de encontrar. Pero vale la pena incluso recorrer varias dimensiones alternativas con tal de conseguirlo.
Con esta consigna, las posibilidades de que salieran 144 buenas páginas de historieta eran bastante altas. Pero hete aquí que Busiek y Pacheco deciden no arriesgar: esta versión de la Primera Guerra Mundial es la de un mundo alternativo, en el que existen (integrados a los seres humanos normales) dragones, gárgolas, vampiros, hombres lobo, zombies, gigantes, trolls, golems y hechiceros de toda clase. Tanto Prusia como Galia cuentan con bichos, artefactos y conjuros de origen místico y los usan para lograr la ventaja en esta guerra cruenta y a gran escala. De hecho, el cuerpo de “aviadores” donde milita Arrowsmith no tiene aviones, sino que los “pilotos” vuelan propulsados por hechizos que los vinculan a los pequeños dragones que los acompañan.
A partir de la introducción de los elementos fantásticos, Busiek y Pacheco se permiten a sí mismos no obsesionarse con el tema de la documentación histórica y la reproducción fidedigna del período en cuestión. Como en Rex Mundi, se animan a redibujar el mapa, a cambiar brutalmente el equilibrio de poderes entre las naciones de este 1915 alternativo, a los efectos de que la historia sea menos predecible. Y a partir de ahí, toda la atención que no le ponen a respetar nombres y rostros de presidentes, reyes y ministros, toda la bola que no le dan a los uniformes y armamentos de cada una de las milicias involucradas, se la dan al desarrollo de los personajes y sobre todo a las emociones que genera en ellos el contexto extremo en el que les toca vivir. Claramente el personaje mejor trabajado es Fletcher Arrowsmith, aunque también hay secuencias de alto impacto para Rocky, Grace y Jonathan.
El final, si bien es monumental, no suena a final definitivo, y durante los distintos episodios asoman puntitas de misterio que no terminan de cerrar. Por supuesto, el universo bélico-místico que plantea la saga también es imposible de explorar en su totalidad en menos de 150 páginas. O sea que yo sospecho que esto se escribió como primer arco de una serie, que lamentablemente nunca continuó.
Está complicado encontrar palabras para lo que hace Pacheco a la hora de dibujar esta saga. Entintado por Jesús Merino con línea clara, finita, muy prolija, acá tenemos una versión del maestro gaditano que lo acerca muchísimo a los grandes dibujantes de aventura histórica que triunfan en el mercado franco-belga. Con muchos primeros planos y bastantes páginas de un sólo cuadro, es cierto, pero con un laburo impresionante en los fondos, detalles increíbles y una sutileza para las escenas tranqui que generalmente no logran los autores identificados con el género superheroico. A esto sumémosle el generoso despliegue de acción y machaca que pela Pacheco en los tramos centrados en el combate, su narrativa fina y efectiva (que acá, además, hace magia para no shockear más de la cuenta con el gore) y un muy buen trabajo del colorista Alex Sinclair, y nos queda un libro inmensamente placentero a la vista.
Arrowsmith no marca un antes y después en la historia del comic ni aspira a ascender al Olimpo. Sin embargo la rompe y te deja pidiendo a gritos una secuela. ¿Por qué? Por su hábil combinación de géneros, la profundidad que adquieren personajes y situaciones y el enorme talento volcado por una dupla autoral que se entiende a la perfección y a la que le sobra huevos para buscar vueltas nuevas, sin regurgitar ad infinitum los yeites del comic de superhéroes que tan bien manejan. Tengo la sensación de que el TPB está descatalogado, o que no es fácil de encontrar. Pero vale la pena incluso recorrer varias dimensiones alternativas con tal de conseguirlo.
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viernes, 20 de enero de 2012
20/ 01: AVENGERS FOREVER
Y te quedan esos consuelos pelotudos... Avengers Forever, que es pochoclo puro, con el logo grandote de la principal franquicia de Marvel, con la mega-banca de Disney y una peli a punto de estrenarse en todo el mundo... tampoco se edita ni se conoce demasiado en Argentina! O sea, tenemos una industria editorial totalmente subdesarrollada, pero parejo, para todos lados. Si es un clásico no se edita, si ganó muchos premios afuera tampoco, si es de autores europeos tampoco, si es de DC tampoco, si es de Marvel pero de hace 12-13 años tampoco. Así estamos.
Urgente una aclaración: esto es pochoclo, pero de gran calidad. Le sobra un numerito, ponele, y el resto es todo muy atractivo, muy disfrutable y está muy bien pensado y mejor ejecutado. No lo pongo al nivel de la saga de Dark Phoenix, ni mamado, pero es mil veces mejor que JLA/ Avengers, por poner otro ejemplo de saga grandilocuente escrita por Kurt Busiek. La única mentira que no le creo a Avengers Forever es que es una historia grossa en sí misma, más allá de que conozcas o no la historia de los Avengers, Kang, Immortus y los 153.672 kilombos temporales, dimensionales y hasta de continuidad con los que se meten (magistralmente, por cierto) Busiek y Roger Stern, quien se suma ya iniciada la serie para darle una mano. Las vueltas que encuentran para explicar todo son brillantes, la erudición geek que demuestran es pasmosa y encima todo está integrado a una historia que te atrapa, que te tiene tenso hasta el final. Pero no jodamos: si este es tu primer comic de Avengers, dudo que logres pasar del segundo episodio, porque enseguida te va a caer la ficha de que están todos cagándose de risa de un chiste que no conocés y que nadie te explica. Es cierto, cada tanto hay una página que dice a qué comics hace referencia Busiek en cada viñeta. Pero no te vas a poner a buscarlos uno por uno (son cientos) mientras leés Avengers Forever... ni aunque estés tan hecho mierda como para tenerlos todos en tu casa.
¿Qué hacés, entonces? Confías. Suponés que Busiek y Stern (responsables de dos de las mejores etapas en la ilustre historia de los Avengers) no te van a estafar, no se van a limpiar el culo con Stan Lee, Roy Thomas, Steve Englehart, John Byrne y los demás autores grossos que los precedieron. Los van a leer, los van a reinterpretar y de las historias viejas van a sacar ideas nuevas. Incluso van a explicar bien cosas que en su momento no se explicaron, o se explicaron mal. ¿Importa que en 1999 Busiek explique una contradicción que tres geeks descubrieron en un comic de 1974? No sé si importa, pero seguro suma. Eso es lo mejor que tiene Avengers Forever: cuenta una historia copada, que va para adelante, que no resigna desarrollo de personajes ni mucho menos machaca (hasta la Supreme Intelligence entra en acción!), siembra plots a futuro y al mismo tiempo pasa en limpio un montón de cosas turbias, borrosas, fruto de tantos años en los que tanta gente mete mano en creaciones que no son suyas, sino de una empresa. Cada tanto alguien tiene que hacerlo y el maestro Busiek demostró que no se necesitan reboots, ni realidades paralelas, ni pactos con Mephisto.
Si esto se hubiese publicado en DC, se llamaría Crisis on Infinite Timelines. De hecho, el glorioso Carlos Pacheco rinde tributo muchas veces a lo largo de los 12 episodios a las proezas que hiciera George Perez en Crisis on Infinite Earths. Acá es donde Pacheco se termina de consagrar como uno de los tres o cuatro mejores dibujantes de superhéroes que hay hoy en el mercado. Cuerpos en acción, expresiones faciales, fondos, combates entre centenares de personajes, momentos tranquis, todo cobra vida de la mano de Pacheco y todo se hace espectacular sin llegar a ser estridente y sin obstaculizar la lectura, sin opacar la complejidad de la trama. Un laburo realmente impresionante del prócer gaditano.
Hacía mucho que no reseñaba un comic de Marvel, pero me puse las pilas y –aprovechando las vacaciones- me bajé en menos de un día esta voluminosa e impactante epopeya vengadoril. La había leído cuando salió en comic-books, pero realmente no recordaba que estuviera tan buena.
Urgente una aclaración: esto es pochoclo, pero de gran calidad. Le sobra un numerito, ponele, y el resto es todo muy atractivo, muy disfrutable y está muy bien pensado y mejor ejecutado. No lo pongo al nivel de la saga de Dark Phoenix, ni mamado, pero es mil veces mejor que JLA/ Avengers, por poner otro ejemplo de saga grandilocuente escrita por Kurt Busiek. La única mentira que no le creo a Avengers Forever es que es una historia grossa en sí misma, más allá de que conozcas o no la historia de los Avengers, Kang, Immortus y los 153.672 kilombos temporales, dimensionales y hasta de continuidad con los que se meten (magistralmente, por cierto) Busiek y Roger Stern, quien se suma ya iniciada la serie para darle una mano. Las vueltas que encuentran para explicar todo son brillantes, la erudición geek que demuestran es pasmosa y encima todo está integrado a una historia que te atrapa, que te tiene tenso hasta el final. Pero no jodamos: si este es tu primer comic de Avengers, dudo que logres pasar del segundo episodio, porque enseguida te va a caer la ficha de que están todos cagándose de risa de un chiste que no conocés y que nadie te explica. Es cierto, cada tanto hay una página que dice a qué comics hace referencia Busiek en cada viñeta. Pero no te vas a poner a buscarlos uno por uno (son cientos) mientras leés Avengers Forever... ni aunque estés tan hecho mierda como para tenerlos todos en tu casa.
¿Qué hacés, entonces? Confías. Suponés que Busiek y Stern (responsables de dos de las mejores etapas en la ilustre historia de los Avengers) no te van a estafar, no se van a limpiar el culo con Stan Lee, Roy Thomas, Steve Englehart, John Byrne y los demás autores grossos que los precedieron. Los van a leer, los van a reinterpretar y de las historias viejas van a sacar ideas nuevas. Incluso van a explicar bien cosas que en su momento no se explicaron, o se explicaron mal. ¿Importa que en 1999 Busiek explique una contradicción que tres geeks descubrieron en un comic de 1974? No sé si importa, pero seguro suma. Eso es lo mejor que tiene Avengers Forever: cuenta una historia copada, que va para adelante, que no resigna desarrollo de personajes ni mucho menos machaca (hasta la Supreme Intelligence entra en acción!), siembra plots a futuro y al mismo tiempo pasa en limpio un montón de cosas turbias, borrosas, fruto de tantos años en los que tanta gente mete mano en creaciones que no son suyas, sino de una empresa. Cada tanto alguien tiene que hacerlo y el maestro Busiek demostró que no se necesitan reboots, ni realidades paralelas, ni pactos con Mephisto.
Si esto se hubiese publicado en DC, se llamaría Crisis on Infinite Timelines. De hecho, el glorioso Carlos Pacheco rinde tributo muchas veces a lo largo de los 12 episodios a las proezas que hiciera George Perez en Crisis on Infinite Earths. Acá es donde Pacheco se termina de consagrar como uno de los tres o cuatro mejores dibujantes de superhéroes que hay hoy en el mercado. Cuerpos en acción, expresiones faciales, fondos, combates entre centenares de personajes, momentos tranquis, todo cobra vida de la mano de Pacheco y todo se hace espectacular sin llegar a ser estridente y sin obstaculizar la lectura, sin opacar la complejidad de la trama. Un laburo realmente impresionante del prócer gaditano.
Hacía mucho que no reseñaba un comic de Marvel, pero me puse las pilas y –aprovechando las vacaciones- me bajé en menos de un día esta voluminosa e impactante epopeya vengadoril. La había leído cuando salió en comic-books, pero realmente no recordaba que estuviera tan buena.
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jueves, 23 de diciembre de 2010
23/ 12: FANTASTIC FOUR/ INHUMANS

Este tomo recopila dos sagas, una originalmente publicada como miniserie (Inhumans, 2000) y la otra serializada en 2002 en la revista Fantastic Four, justo en el bache entre la partida de Carlos Pacheco y la llegada de Mark Waid y Mike Wieringo.
El mismo Pacheco es el guionista de la mini de los Inhumans, un comic más político que superheroico, con más intriga palaciega que machaca, en la que cambia el status quo de la familia real liderada por Black Bolt cuando Attilan pasa a ser una especie de fortaleza espacial que vaga por el espacio y el monarca y su familia son expulsados de la msima por el resto de los inhumanos. Pacheco trabaja bien las personalidades de los protagonistas, le da mucha chapa a Ronan the Accuser y relanza el concepto de Starlord, creado por Steve Englehart en los ´70.
Pero lo más impactante es el dibujo. El astro mexicano José Ladronn se propuso clonar (dentro de lo humanamente posible) el estilo en el que Juan Giménez hacía La Casta de los Metabarones, y esto se ve por todos lados: las naves, las armas, los trajes, las caras, por supuesto la paleta de colores, con esos engamados donde priman los colores fríos… impresionante. Pero Ladronn fue más allá y hasta se decidió a contar la historia como si en vez de un comic-book yanki fuera un álbum francés, con muchísimas páginas de 10 viñetas, pocos primeros planos y demás. Agobiado por la magnitud del laburo, se bajó antes de terminar y el último episodio cayó en manos de Jorge Lucas (el autor de Cazador) quien –dentro de los lineamientos planteados por Ladronn- metió bastante de su impronta personal, mucho más cerca de Jack Kirby que de Juan Giménez.
En la segunda saga, el siempre correcto guionista (y magnífico entintador) Karl Kesel se propone cerrar alguna puntas argumentales que dejó abiertas Pacheco cuando se desvinculó de los Fantastic Four. Acá tenemos la resolución del plot de Johnny y su carrera de actor en Hollywood, el misterio de Senso y su relación con los poderes de Ben, y el nacimiento de la nueva hijita de Reed y Sue. Y además nos enteramos a dónde fueron a parar Black Bolt y los suyos cuando los rajaron de Attilan. O sea que, para cuatro episodios, hay material de sobra. Sumémosle una acertada bajada de línea contra la xenofobia y la discriminación (otra, porque la de Nemesis de ayer no alcanzó) y una participación del glorioso Dr. Doom que llenará de emoción a todos sus fans (me incluyo, por supuesto) y tenemos una saguita que –sin ser una joya fundamental- te deja mucho más satisfecho que el típico artefacto de continuidad para restaurar o cambiar el status quo de una serie y dejársela prolija y lisita al equipo creativo que se está por hacer cargo.
Eso sí, hay que aguntar los dibujos de un Mark Bagley no muy inspirado y fuera de sintonía con los tres entintadores (repito: tres entintadores) que le meten mano a su trabajo a lo largo de estos cuatro episodios. Me imagino lo que debe haber puteado Bagley, que se siente a sus anchas dibujando a los pedos, sacando las páginas con fritas, cuando le dijeron que le tenía que agregar a los trajes de los Inhumans todos esos detallitos microscópicos que le había agregado Ladronn en la miniserie… Pero bueno, con buena voluntad se sobrelleva.
Ahora sí, ya no tengo excusas para no entrarle a la etapa de Waid y Wieringo en Fantastic Four, que todo el mundo me dice que es alucinante. La tengo entre mis prioridades para 2011, a full.
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