el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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domingo, 26 de julio de 2020

HASTA LA MUERTE

Hacía mucho tiempo que quería leer esta novela gráfica de 2014 y finalmente se me dio, gracias a un seguidor de mi canal de YouTube que me lo hizo llegar desde México. Porque –aunque cueste creerlo- Hasta la Muerte es una obra de autores argentinos que sólo se editó en México. Probablemente haya una explicación para eso, pero estoy seguro de que me va a parecer una ridiculez. Se trata de una obra breve, de 60 páginas, escrita por Damián Connelly y dibujada por Renzo Podestá, dos autores prolíficos, con muchos seguidores en el mercado local. Y trae como complemento un CD con cinco canciones de Cuervo Viejo (un músico argentino radicado en México) cuyas letras tienen bastante que ver con lo que narran Connelly y Podestá en la historieta. Paradójicamente, el tema que más me gustó es el que no tiene letra.
La trama es lineal y bien de género. Es una típica historia de corrupción, venganza y violencia pasada de rosca, ambientada en La Cruz, un pueblito condenado al atraso y la miseria, donde los poderosos hacen lo que se les da la gana. Ahí va a llegar Alex, un músico de la gran ciudad, que se va a ver envuelto en un flor de despelote muy por afuera de sus expectativas. Acorralado e intoxicado por el clima de La Cruz, Alex va a tener que elegir entre ser víctima o verdugo, y así es como este tipo aparentemente tranquilo se va a metamorfosear en pocas páginas en un héroe de acción a la Antonio Banderas en Desperado. Hay una conspiración, un traidor, un romance, mucha acción y mucha mala leche. Nada fuera de lo que dicta el manual para escribir este tipo de historias, más allá de que Connelly logre colar en algunos pasajes ciertas pinceladas de lirismo, como para que no sea todo tan brutal.
Lo mejor que tiene el guion, o te diría la novela en su totalidad, es ese clima ominoso, tremendo, agobiante. No es sólo el protagonista el que se ve sobrepasado por la impronta sucia, crota, putrefacta de La Cruz. Tanto Damián como Renzo le ponen un esfuerzo extra a crear esa atmósfera de desolación y violencia que se te queda pegada incluso después de terminar el libro. No te quiero contar si el protagonista gana o pierde, palma o sobrevive, pero sí subrayar que los autores logran que, desde las primeras páginas, 1) te importe qué le va a pasar y 2) no tengas idea de lo que le va a pasar. Con eso alcanza para mantener mi interés a lo largo de 60 páginas, incluso sin necesidad de shockearme con tiros, cuchillazos y violaciones.
Connelly elige contar la historia con una notable economía de textos, apenas con los diálogos indispensables como para entender qué está pasando, por supuesto escritos en neutro. Eso le otorga muchísimo espacio para el lucimiento al dibujo de Podestá, un autor que sabe muy bien cómo narrar sin textos. No sé si Connelly le entregó un guion detallado, o si el desarrollo viñeta-a-viñeta fue planificado por Podestá, pero el resultado habla a las claras de una muy buena conjunción entre ambos y de una solidez en la narrativa realmente encomiable. Incluso sin ajustarse a la narrativa más clásica, incluso asumiendo unos cuantos riesgos, Damián y Renzo impactar y conmover al lector, y darle a una obra de género una fuerte impronta autoral.
En el apartado gráfico, Podestá se luce con una variedad amplísima de recursos para sacarle el máximo provecho a blancos, negros y sobre todo grises, que aparecen en todas sus formas y todos sus matices. Para 60 páginas me parece que hay pocos fondos (que oscilan entre las fotos retocadas y los dibujos a mano alzada, al filo del mamarracho), pero la verdad que no es ahí donde la historia requiere más atención ni más despliegue por parte del dibujante. Las claves de Hasta la Muerte pasan por el peso de los climas, el dinamismo de la acción y la expresividad de los personajes, todos rubros en los que Podestá demuestra con creces su categoría. Yo siempre digo que meterle a una misma página muchas técnicas de entintado distintas pueden complicar la fluidez del relato, y acá tenemos un ejemplo elocuente (y excelente) de lo contrario: Renzo no deja técnica sin aplicar y el efecto es el de un dibujo con una fuerza plástica espectacular, totalmente funcional al ritmo del relato.
Como para terminar, Hasta la Muerte no te cambia la vida. El hecho de no leerla nunca no te convierte automáticamente en un subnormal invertebrado con el gusto en el ojete que se masturba pensando en la próxima saga de Batman escrita por Jeph Loeb y dibujada por Marc Silvestri (o algún otro fiambre de los ´90). Pero el hecho de leerla te garantiza un momento de placer intenso, en el que te podés entregar sin mayor reparo a una historia fuerte, vibrante, jodida, potenciada por un dibujo al nivel de los mejores trabajos de Podestá, lo cual es mucho decir. Y acompañado de cinco canciones, como para sumarle una dimensión más a la lectura. Algún día alguien se va a poner las pilas para que Hasta la Muerte se pueda editar en Argentina (no hace falta ni traducirla) y esta obra que en México tuvo una tirada muy chiquita (1000 ejemplares) acá va a poder aspirar a un techo de ventas bastante más alto y por supuesto a una mayor repercusión. Méritos artísticos no le faltan.

Gracias por estar ahí y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

martes, 12 de febrero de 2019

MARTES MIXTO

Mientras el calendario me recuerda que faltan siete partidos para que Racing salga campeón y 10 meses para que se termine el gobierno más cínico que me tocó padecer en vida, sigo adelante con las lecturas.
Una vez más, el fanatismo incondicional por algunos autores me jugó una mala pasada. En una librería de EEUU vi un libro de Hermann que no tenía (y que no sabía que existía) y como estaba regalado, lo agarré sin siquiera mirar una página de adentro. Se trata de la edición en inglés (aunque realizada en Eslovenia) llamada Hey, Nick! Are You Dreaming?, bizarra traducción de una serie que en Bélgica y Francia se lama simplemente “Nic”. Nic es una obra de Hermann apuntada claramente al público infantil, realizada a principios de los ´80 para el semanario Spirou, junto al guionista Philippe Vandooren, que acá firma como “Morphée” (por Morfeo, el dios del sueño). La idea es básicamente la misma de Little Nemo in Slumberland (de hecho, el homenaje de Hermann a Winsor McCay es bastante explícito) con la diferencia de que los cinco episodios en los que se divide el álbum cuentan un sólo sueño extenso, que se interrumpe cada 8 páginas y se retoma en el episodio siguiente.
La historia es muy pueril, muy lavadita, sin mayores sobresaltos. Y el dibujo es raro por tres motivos: 1) Como ninguna página tiene más de seis viñetas, lo vemos a Hermann dibujar más grande, con más espacios que en los álbumes para adultos, donde muchas veces nos clava páginas de 10 u 11 cuadros. 2) Esta vez Hermann recurre a una línea clara y a los colores planos, dos cosas que siempre le salieron muy bien a Moebius. Y quizás por eso, vemos a Hermann copiar técnicas de entintado del Genio Eterno, al punto que aparecen viñetas que cualquier lector no muy curtido podría confundir tranquilamente con viñetas de Moebius. Y 3) A Hermann no le queda bien disfrazarse de dibujante limpito, bonito, amigable, y mucho menos disfrazarse de Moebius. O sea que, si bien está todo bien dibujado, visualmente esto es un bajón para cualquier fan del maestro belga.
No estoy muy seguro si me queda algún álbum de Hermann en la pila del material no leído, como para empezar a palpitar una revancha. Pero acá, mi fanatismo por este prócer me costó una dolorosa derrota.
Lo de los siete partidos y los diez meses tienen que ver con la idea de que esperar con ansias que llegue algo grosso, muchas veces garpa. Fue lo que me pasó cuando me devoré el tan esperado y tant postergado Vol.2 de El Aneurisma del Chico Punk, continuación del libro que vimos allá por el 04/03/14. En aquel Vol.1, la saga creada por Renzo Podestá arrancaba muy arriba y prometía muchísimo. En este Vol.2, la calidad sube aún más y todo lo que era promesa, se hace realidad.
El Vol.2 de El Aneurisma del Chico Punk me quitó el aliento, me atrapó como pocas veces me atrapó un relato. El dibujo me gustó más que en el Vol.1, los diálogos siguen igual de geniales, la interacción entre los personajes está perfecta, las dimensiones que cobran los conflictos son tremendas… Si el Vol.1 amagaba con contarnos una historia de jóvenes a la deriva, con sexo, droga, rock´n roll y comics, acá (sin descuidar nada de eso) Podestá sube la apuesta y se propone narrarnos nada menos que el Apocalipsis. De “recorramos juntos un mundo turbio y crepuscular” a “se nos vino la noche posta, y del mundo no quedó una mierda”. Al igual que el tomo anterior, este termina con un cliffhanger pasadísimo de rosca, que andá a saber cómo revierte o pilotea el autor cuando lo tenga que continuar. Y a diferencia del tomo anterior, cosas que parecían caprichosas, ambiguas, o bizarras por la bizarreada misma, ahora tienen explicación. A veces explicaciones sesudas y extensas, pero que no llegan a aburrir. Nada de lo que vimos pasa porque sí, todo es parte de un plan maestro, llevado a cabo con jerarquía por un Podestá realmente prendido fuego.
Me llamó la atención que aparezcan unas 45 páginas sin entintar, sin ningún motivo aparente. No son un flashback, no son una ilusión, no hay un motivo argumental para cambiar de golpe (y en el medio de la obra) la propuesta visual, pero Renzo lo hace, supongo que porque se le cantaron las bolas. Esas páginas en las que sólo se ve el lápiz también son fabulosas y ayudan a mostrar la increíble versatilidad del autor, lo mucho que puede lograr a nivel gráfico y narrativo sólo con el trazo, sin tinta, sin tramas, sin manchas, ni esfumados, ni témpera blanca, ni efectos de Photoshop. Por supuesto cuando aparece la tinta, el dibujo se ve más terminado, con más contrastes, más profundidad de campo, más énfasis en las texturas. Pero sin todo eso, también se disfruta a full.
Lo insinué en la reseña del Vol.1 y lo afirmo ahora: El Aneurisma del Chico Punk es una Obra Maestra, así, de una. Imposible no recomendarla, incluso a aquel que leyó alguna otra obra de Renzo Podestá y no se fue demasiado satisfecho. Posta, esto está a otro nivel. Y bueno, ahora a esperar años el Vol.3. Si la saga de Nolasco y sus amigos va a seguir mejorando a este ritmo, lo espero 10, 15 años, los que hagan falta.

Y nada más, por hoy. Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

lunes, 20 de febrero de 2017

DOS GEMAS DE LUNES

El otro día prometí volver a ocuparme de Facundo Percio en una reseña, y acá estamos, con el libro de Fashion Beast, la historieta que en realidad es una adaptación del guión que escribieran Alan Moore y Malcom McLaren (dos nenes de pecho) para una pelícuka que nunca se filmó. Como suele suceder cada vez que los muchachos de Avatar revuelven los cajones del Mago de Northampton y encuentran un texto adaptable al comic, el encargado de convertir el guión cinematográfico en un guión de historieta fue Antony Johnston. Y se ve (después de adaptar poemas, canciones, relatos, conjuros y listas de los mandados) que el tipo está curtido en estas lides, porque la historieta se lee muy bien, como si Fashion Beast hubiese sido imaginada de entrada como una novela gráfica. El desafío más cuesta arriba para Johnston es lograr transmitir sin canciones las sensaciones que la supuesta película pensaba transmitir desde su soundtrack, y la verdad es que ese punto está muy bien logrado. Hay extensas secuencias mudas (que uno imagina musicalizadas en el quimérico largometraje) y dos escenas en las que Johnston incorpora la letra de un tema muy importante para la trama, que parece ser una versión “alternativa” (llámese “no tenemos guita para usar la letra del tema que todo el mundo conoce”) de Vogue, el hitazo de Madonna que ardía en llamas en 1990, el año en que Moore y McLaren concibieron Fashion Beast.
La historia en sí es atrapante. Es un cuento de hadas moderno, con un leve trasfondo político con sabor a distopía (ahí se ve clarita la mano del Mago, jugando de local en esa cancha tras el éxito de V for Vendetta), una mínima trama romántica y una visión descarnada y original acerca del mundo de la moda, los diseñadores de moda y las modelos. Los tres personajes protagónicos están muy bien trabajados, con mucho desarrollo, mucha carnadura. Había que conseguir MUY buenos actores para que una versión filmada transmitiera todo lo que trasmiten los personajes en el comic.
Obviamente eso es mérito de los dibujos de Facundo Percio, quien se consagra con un trabajo fantástico, realmente impactante. Nuestro compatriota te detona las retinas con un nivel de detalle superlativo, con un criterio infalible en la planificación de secuencias muy complejas, con la expresividad que logra darle a los rostros de los personajes que no se parecen para nada entre sí. No te voy a chamuyar: Percio no es un dibujante hiper-original, ni un genio vanguardista que se proponga revolucionar el Noveno Arte, ni mucho menos. Es un autor ideal para historietas de género, de estética realista, con rasgos bien expresivos, que después de dibujar mucha aventura de terror y ciencia-ficción, acá sorprende al demostrar su jerarquía también en el terreno de una historieta más intimista, más romántica y más política. Si no lo conocías, no se me ocurre mejor carta de presentación que este trabajo, extenso, lleno de desafíos, con el sello de prestigio que le otorga la mano mágica de Alan Moore (autor, además, de un prólogo obscenamente bien escrito) y donde se lo ve magníficamente complementado por los colores de Hernán Cabrera.
Y sigo con autores argentinos, esta vez con Renzo Podestá, el increíble rosarino radicado en Córdoba, que en 2016 lanzó su novela gráfica Warpaint. Warpaint tiene un sólo problema, y es que se lee muy rápido. Son 70 páginas de historieta que, al tener poco texto y pocas viñetas por página, duran poco. Fuera de eso, Warpaint es una experiencia fascinante, por la calidad de los dibujos, la fuerza del mensaje y la intensidad de la historia. Después de un arranque a pura machaca medieval, el segundo tramo te confunde un toque, te descoloca. ¿Qué pasa acá? De pronto Renzo pega un giro hacia una trama medio metafísica, intimista, melancólica… Nada, rápidamente llega otro volantazo, y revelaciones impactantes que le dan otra vuelta de tuerca al argumento y lo llevan hasta una resolución brillante.
El dibujo de Podestá llega en Warpaint a un pico, a un nivel de originalidad imposible. Esto es idiosincracia pura, acá no hay la menor intención de cumplirle las expectativas ni los caprichos a nadie. No hay fan service, hay un autor desencadenado, fuera de control, decidido a convertir a la página en su patio de juegos, en su laboratorio de experimentación, en su campo de batalla, en su cementerio, si hiciera falta, pero sin bajarse los lienzos ni un milímetro y sin guardarse nada. Quizás te parezca que el estilo visceral, experimental, a todo o nada, no se condice mucho con una propuesta más o menos aventurera como la de Warpaint. En ese caso, preparate para llevarte una sorpresa. Acá Renzo saca chapa de genuino heredero del Viejo Breccia y Ted McKeever con un combo mortal entre el estallido plástico y la disciplina narrativa que hace falta para tener a un lector enganchado durante 70 páginas con un relato potente y conmovedor. Muy grosso.
Volvemos pronto con más reseñas.

jueves, 26 de noviembre de 2015

26/11: BANG(KOK)

Tuve el honor de escribir el prólogo para la nueva edición de este clásico de 2005 de Renzo Podestá, con lo cual me tomo la atribución de refritar algunos fragmentos de ese texto para la reseña.
A diferencia de otras obras de Renzo, en (Bang)Kok, hay pocas escenas en las que se nota una planificación a fondo de la narrativa y de la secuencialidad. Es una obra más marcada por el vértigo, por la urgencia, que transmite la sensación de estar hecha a mano alzada, quizás sin un guión detallado, quizás sin un mísero boceto a lápiz por debajo de las potentes tintas de Renzo. Y sin embargo no es una obra sencilla: en apenas 60 páginas, (Bang)Kok nos presenta una distopía muy heavy, un futuro que podría estar a la vuelta de la esquina, a varios personajes trenzados en un conflicto fuerte, todo perfectamente acomodado para que pueda resolverse sin anticlimas innecesarios ni volantazos abruptos. Para ser una trama que parece desarrollada sobre la marcha, los logros son muchísimos.
Esta pesadilla apocalíptica y opresiva que Renzo imaginó hace 10 años es una historia con elementos fantásticos, referencias a Kafka, Borges y Dostoievsky, persecuciones, explosiones, peleas, decapitaciones y mutilaciones, que a pesar de todo se siente real, porque nunca despega los pies de la tierra, nunca deja de mostrarnos toda esa vorágine a través de los ojos de personajes muy humanos y muy creíbles. Claramente (y a pesar de su coqueteo con los géneros), no se trata de una obra convencional, sino de una obra de una belleza extraña, para nada tradicional, de notable vigencia a 10 años de su primera aparición. Además de una gran historieta, (Bang)Kok es una cátedra de libertad creativa, transgresión y agallas.
Los textos tienen un vuelo, un filo muy especial y hay que destacarlos, sobre todo porque es tanto lo que nos explica y nos narra Podestá en 60 páginas, que debe recurrir a una cantidad de texto realmente importante. Los diálogos son ágiles, muy imaginativos, llenos de neologismos bizarros mezclados con el lenguaje de la calle, con un efecto muy loco: los personajes hablan de un mundo de ciencia-ficción con conceptos extrañísimos, pero a nosotros nos resulta todo muy palpable, muy real.
Ya en sus trabajos de hace 10 años, se veía claramente la fuerte impronta autoral de Renzo, su fidelidad extrema, caiga quien caiga, a sus raíces underground, su compromiso con la mugre, la transgresión, esas líneas finitas, nerviosas, mezcladas con las masas negras puestas con aplomo. En la misma página, Renzo te pasa de un detallismo casi barroco a un trazo suelto, resuelto a toda velocidad, al filo del mamarracho. Sus personajes de ojos grandes y piernas flaquitas no sólo expresan emociones con el rostro, sino también con su forma de pararse, de moverse, de cerrar los puños.
En este trabajo puntual, el dibujo de Podestá tiene como principal influencia a Ted McKeever, pero un McKeever raro, como si hubiese leído a Scafati, Crist, Fontanarrosa y Caloi. En la narrativa también se ve eso que marcábamos antes, la urgencia, la furia, y las ganas de experimentar con un vasto repertorio de yeites, un poco para joder y un poco para mantener en vilo al lector, que nunca sabe exactamente qué esperar cuando se sienta a leer una obra de este rosarino transplantado a Córdoba.
La nueva edición (a cargo del sello Rabdomantes) es mucho más linda que la anterior: más grande, mucho mejor impresa, con un gran cuidado en la reproducción de los negros y –lo único que no me copó- un nuevo rotulado que gana en prolijidad pero pierde algo de esa magia artesanal que tenía el original.
Es muy probable que (Bang)Kok pierda en comparación con El Aneurisma del Chico Punk pero es un muy buen trabajo, repleto de riesgo y originalidad, a cargo de una bestia gráfica que lleva tinta en las venas, comic en el corazón y unos huevos inmensos abajo de los calzones.

martes, 4 de marzo de 2014

04/ 03: EL ANEURISMA DEL CHICO PUNK Vol.1

Me faltan leer unos cuantos libros de historieta argentina lanzados en 2013, pero hasta ahora creo que este es el mejor, un pijésimo por encima de La Comunidad, con el que está parejísimo. No te digo que El Aneurisma... es historieta perfecta sólo porque este es el Vol.1 y por ahí en el Vol.2 (o 3, o 4...) se cae un toque. Si este tomo terminara con un final posta, sería imbatible, estaríamos hablando en todas partes de la Obra Maestra que Renzo Podestá nos regaló a los fans del comic argentino.
Serializado en un sitio web, este primer volumen de El Aneurisma del Chico Punk se compone de unas 200 páginas, divididas en ocho capítulos. ¿Y no alcanzan 200 páginas para llegar a un final definitivo? No. A lo largo de este tomo, Podestá presenta una ciudad, un elenco de cuatro protagonistas y varios secundarios, un villano muy heavy y un conflicto que claramente es la punta del iceberg, una ínfima manifestación de algo mucho más grosso que vendrá más adelante y de lo cual ya hay varias pistas sembradas en la segunda mitad de esta entrega. ¿Está estirado? No, para nada. Podestá opta por una narrativa bastante descomprimida porque puede hacerlo, porque nadie lo corre, nadie lo encorseta. Este es un proyecto 100% autoral, donde el único criterio que se impone es el lírico-genital. Acá Renzo hace lo que se le cantan las bolas y si la historia se cuelga en escenas pachorras o si tarda en arrancar (de hecho, las 22 páginas del primer capítulo podrían no estar y todo se entendería perfecto), es lo que hay.
La construcción de los personajes y la trama son los puntos más fuertes de El Aneurisma... Acá vamos a ver a una bandita de cuatro pibes violentos, kilomberos, que afanan libros para venderlos en una ciudad crepuscular, sombría, infestada de pandillas más preocupadas por las otras pandillas que por la policía. Bajo esa mascarada de pibes duros, Podestá nos deja entrever la humanidad y sobre todo la vulnerabilidad de Nolasco, Sucia, Lima y Ringo, a los que veremos sumergirse gradualmente en misterios espesos, que tienen ribetes místicos, o por lo menos paranormales. Y además en el submundo del sadomasoquismo y las drogas duras, que también tienen su espacio en este mundo sórdido y desesperanzado.
También hay acción, cataclismos sobrenaturales, trips extraños, una orgía multitudinaria con canibalismo y hectolitros de sangre, un intento de historia de amor y los mejores diálogos que recuerdo haber leído en una historieta argentina reciente. Con todos estos anzuelos, Renzo Podestá te atraviesa, te engancha y te arrastra como a un infeliz de punta a punta del libro, que por supuesto te deja alzadísimo pidiendo la continuación. El Aneurisma... es una obra definitivamente transgresora, en la que el autor nos refriega permanentemente por la cara la absoluta libertad de la que goza, y aún así, en ningún momento sentís que Podestá usa esta libertad para pajearse impunemente en nuestras caras, ni para mirarse el ombligo, ni para irse a la mierda por hacerse el vanguardista.
Por el lado del dibujo, la decisión de trabajar en blanco y negro lo lleva a Renzo a reencontarse con sus raíces, con el estilo de su etapa más under, ahora resignificado por muchos años de laburo profesional en los que incorporó un nivel para nada frecuente entre los autores “incipientes”. Podestá maneja el blanco y negro de taquito y sabe aprovechar a full todas las posibilidades que este le brinda: el claroscuro a todo o nada, las texturitas y rayitas, las manchas, los esfumados y cepillados, fotos recontra-manoseadas, páginas laburadas en blanco sobre papel negro, bloques de texto a los que les aplica grises con la computadora... Acá no queda una técnica sin explorar. Hasta hay unas páginas en las que Podestá se manda un homenaje a Mike Mignola y clona perfecto el estilo del ídolo. La narativa es interesantísima, con mucho ritmo, con saltos al vacío que resultan en genialidades, con varios momentos en los que vemos el desarrollo de dos secuencias en paralelo y con un criterio inmejorable para elegir los momentos para descomprimir y los momentos para acelerar el tempo del relato.
Posta, no veo la hora de tener en mis manos el Vol.2 de El Aneurisma... Acá encontré personajes copadísimos, envueltos en un misterio que no da respiro por su intensidad y sobre todo por su originalidad. En esta historieta nada es lo que parece y todo puede pasar. Sumale un dibujo recontra-impactante y una narrativa repleta de riesgos bien asumidos y ya está, no hay cómo resistirse a esta maravilla mugrienta y pasada de rosca que propone Renzo Podestá.

martes, 29 de enero de 2013

29/ 01: 27 Vol.2

Hace casi un año, el 31 de Enero de 2012, me tocó leer el primer tomo de 27 y ahora voy por el segundo, que por ahora es el último. Ahora que DC lo llamó para tomar la posta de Swamp Thing tras la partida de Scott Snyder, seguro debe haber mucha gilada hablando (bien y mal) de Charles Soule, mientras que hace un año había que ser muy vanguardista (o lector de este blog) para saber que existía este guionista.
Y la verdad que ni en pedo me bajo de Swamp Thing cuando se vaya Snyder, porque si faltaba algo para hacerme fan de Soule, ya está, con este tomo lo recontra-logró. La segunda parte de la extraña historia de Will Garland me gustó más que la primera, y eso es mucho decir. No quiero ahondar de nuevo en argumento. Cualquier cosa, cliqueá la etiqueta de 27 y leete la reseña del Vol.1. Así como en el primer tomo todo giraba en torno al Club de los 27 (los músicos famosos que murieron a los 27 años), esta vez el argumento se arma en torno a otro tópico muy atractivo de la historia del rock, que son los one hit wonders, las bandas y solistas que pegaron un hitazo, ascendieron al Olimpo... y se cayeron al toque, sin volver a pegar otro éxito en sus putas vidas. Podría hablar horas de ese tema, porque me apasiona y lo tengo estudiadísimo, sobre todo en lo referente al rock y pop de los ´80, que lo que a mí más me gusta.
Soule arranca por ese lado, teje, mete mucho en escena a las entidades sobrenaturales que le dieron los poderes a Garland, nos recuerda que estos se van a acabar en algún momento, aunque sin ponerle demasiada carga dramática al asunto, y finalmente el eje de la saga se desplaza hacia el eterno tema de la fama. ¿Qué es ser famoso? ¿Qué pasa cuándo sos famoso y un día dejás de serlo? ¿Cómo se pilotea el diluvio de guita, poder, chupamedias y groupies que se te cuelgan de la... fama cuando sos famoso? ¿Quién decide que algunos tipos talentosos nunca lleguen a la fama y algunos mediocres impresentables sean inmensamente famosos? Esta saga nos invita a hacernos todas esas preguntas de un modo crítico, punzante, con cero ingenuidad y abundante mala leche. Además hay acción, peleas, grandes diálogos, garches, comedia, rock y seres supraterrenales, confabulados en bizarras runflas que ni Garland ni su enemiga de este tomo lograrán descifrar.
Por el lado del dibujo, lo tenemos a nuestro Renzo Podestá prendido fuego, muy asentado en su estilo realista hasta por ahí nomás, con mucho margen para irse a la mierda y estilizar a full, sobre todo a los personajes y sus expresiones faciales. En este tomo, Podestá le pega un upgrade grosso al color, que ahora tiene más peso en la impronta visual de la serie. También mejora mucho en el uso de efectos y texturas. Estas últimas son muy importantes, porque en este tomo Podestá dibuja muy pocos fondos y hay páginas y páginas en las que lo único que vemos detrás de los personajes son texturas, al mejor estilo Ben Templesmith. La narrativa es cristalina, ganchera y con muy buenos recursos para pilotear las muchas páginas de cabecitas que hablan. Las páginas de una sóla viñeta son invariablemente memorables, impactantes en la composición y repletas de detalles alucinantes. Lo único que se podría criticar a nivel gráfico es que estas páginas, publicadas en blanco y negro, probablemente se caerían a pedazos. Habría que repensarlas demasiado, o redibujarlas en el estilo que Renzo peló en la imprescindible Jueves, cuando era cuasi-under y publicaba en Llanto de Mudo. Por suerte está el color y –repito- está muchísimo más laburado que en el tomo anterior.
Obviamente, 27 no se parece a nada que hayas leído antes. Hay un chabón que pela algunos poderes, es cierto. Pero hasta ahí llegan las coincidencias. Todo lo demás es fresco, sorprendente e impredecible. Esperemos que al multitudinario grito de “u-na más, y no jodemos más!” Soule y Podestá vuelvan a subir a escena a deleitarnos con una nueva saga de 27.

martes, 31 de enero de 2012

31/ 01: 27 Vol.1

De pibe te gustó tocar la guitarra. Estudiaste hasta convertirte en un buen violero, formaste una banda de rock, compusiste un montón de temas grossos, sacaste un disco, vendió bárbaro, saliste de gira, te hiciste famoso, la hinchada coreó tu nombre y las minas se te entregaron como si fueses un adonis. Un día, se te cagó una mano, la derecha, la que usabas para tocar la viola, y no pudiste volver a tocar. Adios segundo álbum, adios fama, adios contratos millonarios, adios minitasssshhh. Ahora tenés tres mangos en el bolsillo, un juicio de los ex-miembros de tu banda y menos fans que la leucemia. Y por si fuera poco, tenés 27 años, los mismos que tenían cuando se fueron “de gira” estrellas como Jim Morrison, Jimi Hendrix, Kurt Cobain, Amy Winehouse o nuestro Rodrigo. Linda encrucijada, no?
Pero pará, que no termina ahí. Después de agotar las opciones razonables (terapias, operaciones, etc.) caés en el laboratorio de un tipo medio freak que dice que puede devolverte la habilidad con la mano sublevada. El procedimiento incluye una especie jaula, gatos muertos, dos entidades cósmicas y una especie de botonera que te aparece en el pecho. Cada vez que apretás un botón, tenés un superpoder distinto que dura tres horas, pero cuando hayas apretado los botones 27 veces, sos boleta. ¿Qué es esto? Veníamos bien y nos fuimos a la mierda...
Estas son apenas algunas de las puntas con las que Charles Soule nos engancha para acompañarlo en esta extraña y fascinante historia en la que Will Garland tratará de volver a ser la estrella de rock que fue sin morir en el intento. Una historia en la que se meten entidades sobrehumanas alucinantes, perfectamente explicadas, superpoderes bizarros y –cagate de risa- la matemática y la numerología. Y el propio rock, claro, con sus historias, sus leyendas, sus promesas y sus decepciones.
27 arranca muy arriba, como si volvieran los Redondos y arrancaran un show con Ji, ji, ji. Soule tiene muy bien pensado todo, desde el protagonista, hasta el último de los personajes secundarios, sin dejar de lado las extrañas implicancias del número 9 en la historia del arte, ni el dilema moral que implica ese pacto cuasi-faustiano en el que se mete Garland para recuperar la habilidad perdida. También hay algo de acción, para que Garland use los poderes de la botonera, pero por ahora no es lo más relevante. O no tiene tanto peso como lo que le pasa al personaje por dentro, en su fuero interior, donde todo le resulta demasiado limado para ser real, hasta que se encuentra con el fantasma de Jim Morrison y este le explica cómo viene la mano.
La acción está des-enfatizada incluso desde el dibujo, que corre por cuenta del fascinante Renzo Podestá, un rosarino que vive hace varios años en Córdoba y que tiene una ilustre trayectoria en el under argento de los ´90. Para esta serie, Renzo sintetiza su estilo, lo libera de un montón de las rayitas y texturas que exhibía en sus obras más conocidas en Argentina, que son Bangkok y la fundamental Jueves. Las rayitas las guarda para cuando aparece algún monstruo o ente sobrenatural y las texturas las pone con el photoshop, aprovechando que lo dejan ser él quien coloree sus dbujos. Para todo lo demás, opta por un claroscuro fuerte, con iluminaciones muy laburadas ya desde la tinta y después potenciadas con el color. La narrativa es clásica, sin estridencias y sin fisuras y por ahí lo único a mejorar son las figuras en movimiento, que se ven un poquito estáticas. Ojo, sólo en los cuatro episodios de la saga central. Porque después hay un bonus track, una historia breve apenas conectada con la saga de Will Garland en la que se ve a otro Renzo Podestá, mucho más plástico, más jugado tanto en las formas como en el color, más cerca de Lorenzo Mattotti, ponele. Y absolutamente genial.
Con un TPB ya publicado y un segundo en camino (creo que se anuncia en el Previews de Febrero), 27 ya es una serie de culto, de esas que en un tiempito te van a permitir cancherear y decir “obvio, papá, yo la sigo desde el principio”. Posta, esto no puede faltar en tu MP3... digo, en tu biblioteca.