Izo Okada es un guerrero temible, un espadachín formidable, con nervios de acero, una técnica impecable, un coraje descomunal. Su fama de asesino implacable se expande por todas partes y los más duros oponentes se cagan encima con sólo escuchar su nombre, asociado con la muerte. Es así: si te enfrentás a Izo Okada, sos boleta. Pero además Izo Okada es un auténtico tarado, casi un deficiente mental, un nabo atómico, fácil de manipular, propenso a mandarse todas las cagadas habidas y por haber. Defiende por error a sus enemigos, mata por error a sus aliados, bardea y grita en las misiones encubiertas en las que nadie debe saber que él es el asesino, se gasta la poca plata que gana en escabio y, una vez entonado, cuenta secretos que no debiera revelar… Así como enfrentar a Izo te garantiza la muerte, ser su amigo, o incluso su jefe, te garantiza unos cuantos problemas.
¿Qué es esto? ¿Una remake japonesa de Groo? No, es una novela gráfica del sensei Hiroshi Hirata, del cual ya vimos varias obras acá en el blog. Las aventuras, desventuras, crímenes y metidas de pata de Izo Okada (que exisitió en el mundo real) están contadas en serio, en clave dramática, por este prócer indiscutido del manga de samuráis. Obviamente todo está ambientado en el Japón feudal de mediados del Siglo XIX, lo que permite contextualizar a la machaca sanguinolienta en un clima político espeso, muy fértil para la intriga palaciega y las runflas espúreas.
Esto es muy típico de los mangas de Hirata, y lamentablemente es lo que le abre la puerta a lo que menos me gusta de sus historias: la solemnidad, el protocolo, el exceso de información acerca de los clanes, sus señores, sus partidos políticos, sus samurais, sus rangos, sus pueblos y ciudades, su estipendio anual… Toda esa bola de data, fruto de una exhaustiva investigación histórica que tranquilamente podría no estar y la historia no perdería ni un ápice de su atractivo. Por el contrario, permitiría agilizar secuencias en las que el diálogo empantana seriamente al ritmo narrativo.
Básicamente, esta novela (basada en el largometraje homónimo de Shinobu Hashimoto) nos invita a acompañar a Izo Okada a lo largo de varios años de su vida. No lo vamos a ver madurar ni aprender demasiado. Quizás la única lección que aprenda es que por más grosso que seas con la espada, si los garcas con poder político te quieren tirar debajo de un bondi, te tiran. Todas las demás lecciones que la vida y los ocasionales jefes y amigos tratan de darle a Izo rebotan, son refractadas por este monolítico fan del sake y la violencia. Lo mejor que hace Hirata es no presentarnos a Izo como un villano. El tipo se dedica a matar gente porque no sabe hacer otra cosa y además, cuando la cosa se pone peliaguda, lo vemos tener un gesto muy noble, muy altruista, que no quiero revelar para no restarle impacto si algún día leés este manga.
Y bueno, sin esas escenas de diálogos larguísimos llenos de información irrelevante, y quizás con menos personajes secundarios, este manga sería una aplanadora. Las escenas de acción están buenísimas, la trama política está bien llevada y la construcción del protagonista no tiene fisuras. Te irrita un poco de tan salame, de tan necio, y eso es un mérito del autor, no tengo dudas.
La película en la que se basa el manga es de 1969 y me da la sensación de que la novela gráfica también está realizada al filo de 1970. Lamentablemente no figura ese dato en la edición española. Sólo sabemos que en Japón se recopiló en libro recién en 2005. Pero el grafismo del sensei Hirata tiene esa onda, la de los relatos de samurais que publicaba a fines de los ´60 en la revista Shounen King. Un grafismo que se hace esquemático, pero nunca torpe ni grotesco, a medida que “la cámara” se aleja, y se prodiga en detalles fascinantes a medida que la cámara “se acerca”. Los fondos son impresionantes, la variedad en las expresiones faciales es notable, el trabajo de tramas mecánicas y líneas cinéticas es brillante y lo más lindo, lo más impactante son esas secuencias de acción bien salvajes, bien al palo. Todo el primer tramo (hasta pasadita la página 90, diría yo) está un poco lastrado por la gran cantidad de viñetas que mete Hirata en cada página, organizadas en cuatro calles y con mucho diálogo. Ahí, el tempo narrativo es lento y el dibujo se luce poco. Pero en la segunda mitad de la obra abundan los hallazgos y los prodigios visuales tan típicos del maestro.
¿Lo recomiendo? Sí, de una. No es LA GLORIA, pero está muy bien. Es un manga sólido, al que se le notan poco los 45 años que tiene encima. Aún hoy, es una cátedra de dibujo del inmortal Hiroshi Hirata.
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jueves, 31 de julio de 2014
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