el blog de reseñas de Andrés Accorsi
Mostrando entradas con la etiqueta Ismael Hernández. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ismael Hernández. Mostrar todas las entradas

jueves, 27 de marzo de 2014

27/ 03: VARUA RAPA NUI Vol.2

Hoy cortito, porque tengo poco tiempo.
Este año mi temporada de viajes arranca en Chile, en un par de semanas, y acá tengo para reseñar un comic del país vecino, segunda parte de la serie que empezamos a transitar hace casi un año, el 09/04/13. En poco menos de 50 páginas, la guionista Bernardita Labourdette y el dibujante Ismael Hernández retoman la saga de los aborígenes de la Polinesia que, una vez devastado su hábitat original, logran asentarse en lo que hoy conocemos como la Isla de Pascua.
El dibujo de Hernández me gustó más que en el Vol.1. Cada vez más afianzado en su estilo, Hernández logra un equilibrio muy atractivo entre poesía y salvajada, se va al carajo (en el buen sentido) a la hora de adornar sus dibujos con líneas finitas, que se entrelazan para formar muy buenas texturas y efectos de iluminación, y sorprende como la primera vez con su principal virtud, su marca de fábrica, que es el gran dinamismo que le imprime a las figuras. Esto sumado a los riesgos que asume Hernández en la composición de la página (repleta de diagonales), resulta en una faz gráfica no perfecta, pero sí muy atractiva.
El guión me enganchó un poco menos que la vez pasada. Creo que porque tarda en arrancar. Hay un conflicto muy intenso, muy bien desarrollado por Labourdette, pero se define, cobra forma, cuando ya van 20 páginas. El primer tramo es un tanto errático, y si bien le sirve a la protagonista para presentar a los personajes, en la lectura global me da la sensación de que aporta poco. Después, la historia se pone tensa, linda, con un buen balance entre esa onda cuasi-antropológica (que pasa por la indagación en los usos, costumbres y creencias de estas tribus) y la onda más aventurera, esta vez un toque menos épica y más personal, porque el duelo no es entre dioses sino entre hermanos.
Por momentos cruda y violenta, por momentos tierna y casi lírica, esta segunda entrega de Varua Rapa Nui la reafirma como una de las muy buenas series que tiene hoy el comic chileno. Espero ansioso la tercera entrega, a ver hasta dónde piensan llegar Labourdette y Hernández en su recreación mítico-histórico-aventurera de la fascinante historia de la Isla de Pascua y sus habitantes.

domingo, 13 de octubre de 2013

13/ 10: MIGUEL DE FUENTESANTA

Hoy me toca descubrir en su faceta de autor integral a Ismael Hernández, el dibujante de Varua Rapa Nui, al que conocimos en la reseña del 09/04/13. Y me encuentro con un autor raro, muy jugado a un relato que se propone, por un lado, revisitar la mitología y la cultura de la civilización araucana (o mapuche, no me terminó de quedar claro) y por el otro, sacudirnos con una epopeya pletórica de machaca y descontrol, con monstruos y demonios gigantes que harían irse al mazo al mismísimo Hellboy. Por si el desafío pareciera fácil, Hernández se propone además darle a su saga un cierto vuelo poético, una cierta pátina de comic finoli, más para el lado de Vertigo.
En total, la novela tiene 116 páginas. Pero pasan tantas cosas y hay tanto para ver, que parece que fueran 250, mínimo. Porque a Hernández no le tiembla el pulso a la hora meter muchísimos diálogos en cada viñeta, ni a la hora de armar páginas muy complejas, con muchos cuadros. En las secuencias en las que estalla la machaca, se controla un poco más y rara vez mete más de cuatro viñetas por página. Como ya vimos en Varua Rapa Nui, a Hernández le gusta probar cosas raras en la planificación, armar la página de formas novedosas, experimentales. Y casi siempre le salen bien. A veces (como en las mejores obras de Horacio Altuna) son los globos de diálogo los que nos terminan por “explicar” en qué orden hay que “leer” las imágenes, de tan intrincada que es la disposición espacial de las mismas. Pero lo bueno es que funciona.
El dibujo es sumamente zarpado, casi visceral. Por momentos muy trabajado, por momentos crudo, por momentos exquisitamente equilibrado. El color le permite a Hernández extremar el manejo de una amplísima gama de recursos expresivos que tienen que ver con la iluminación y las texturas, y estos se suman a los muchos recursos que maneja a la hora del pincel (o el plumín) y la tinta. La impronta gráfica de Hernández (tremendamente plástica, de hipnótico dinamismo) tiene acá un protagonismo mucho mayor que en Varua Rapa Nui, y sin embargo no se lo puede acusar de haber armado el guión como excusa para dibujar lo que tenía ganas de dibujar.
El guión, como se desprende de la lectura del primer párrafo, es un mecanismo complejo, que parece ir para adelante pero cada tanto mecha flashbacks extensos, y que se apoya mucho en la construcción de los dos personajes principales, Miguel de Fuentesanta y Carla. Son personajes opuestos, incluso de distintas épocas, y del contrapunto entre ambos surgirán las mejores escenas del libro. La fuerte apuesta de Hernández a revisitar exhaustivamente (casi a catalogar) criaturas, costumbres y hasta términos de la tradición aborigen chilena es lo que a mí menos me sedujo. Quizás sirva para que la historieta transmita esa onda “cultural” o “educativa” que tanto le gusta a las instituciones que apoyan estas ediciones con becas o subsidios, pero en un punto es demasiada información, mucha más de la que hace falta para engancharse con la aventura de Miguel y Carla.
Si obviamos estos excesos enciclopedistas por parte del autor, nos vamos a encontrar con una historia fuerte, atrapante, que combina muy bien misterio sobrenatural, machaca y caracterización, con un muy buen aprovechamiento del trasfondo histórico (encarado desde el pase de factura a los españoles por las masacres perpetradas contra los pueblos originarios de nuestra América), con varios giros impredecibles y momentos en los que el lirismo le gana a la violencia, que acá está mucho más presente e impacta mucho más que en el comic gracias al cual descubrí a Ismael Hernández. Prometo revisitar el año que viene (en la ¡quinta! temporada del blog) a este interesante artista chileno.

martes, 9 de abril de 2013

09/ 04: VARUA RAPA NUI Vol.1

Se termina esta recorrida por la historieta latinoamericana reciente y la última escala es en Chile, casualmente el próximo país de nuestra región al que voy a visitar. Como me pasó el otro día con Quartier Western, no alcanza con viajar al centro de Chile: este libro viene de más lejos, de la enigmática Isla de Pascua, territorio del país vecino, pero ubicado casi a mitad de camino entre Sudamérica y la Polinesia. Parece una joda, pero no. En la Isla de Pascua también se editan historietas.
¿Y de qué habla esta historieta? De cómo se pobló esta remota islita en el medio del Océano Pacífico. Es algo que, a nivel científico, todavía no se pudo corroborar con precisión. Pero claro, siempre existe la mitología, la tradición oral, y esta es casi siempre mucho más divertida y generosa que las conclusiones a las que llegan los historiadores. Varua Rapa Nui es la primera de una serie de cuatro historietas pensadas para recrear en forma de epopeya gráfica el pasado de la Isla de Pascua, de la mano de la guionista (y antropóloga) Bernardita Labourdette y el dibujante Ismael Hernández.
Labourdette se esfuerza mucho para que esto no se parezca en lo más mínimo a la típica historieta histórica, ceñida a los hechos tal como los narran los libros. Y le sale muy bien. Varua Rapa Nui se lee como una saga 100% fantástica, con buenos, malos, aventuras, runflas, maleficios, conjuros, escenas de altísimo impacto visual, y un ritmo frenético que no se empantana nunca en detalles chiquitos sobre la cultura de los protagonistas. Sólo sabemos lo importante de estos muchachos de la Polinesia: su isla, Hiva, se está por ir a la B a causa de las erupciones de un volcán y los maremotos, y los pobladores deben encontrar una nueva tierra donde empezar de cero. Algo nos muestra Labourdette de su religión, su sistema político y sus técnicas de navegación y cultivo, pero muy al pasar, y sólo lo indispensable. El resto es aventura pura, con la grandilocuencia de cualquier saga grossa de fantasía épica.
La única cagada es que la historieta se hace corta. Son sólo 44 páginas, varias de ellas con muy poquito texto, casi todas con pocas viñetas, y uno llega al final con la sensación de haber leído poco. Claro, es la primera parte de una saga. Eventualmente saldrán (supongo yo) los tres libros que faltan para que Varua Rapa Nui se pueda leer en forma completa. Por ahora, esta primera parte me dejó con ganas de más.
¿Cuál es la parte positiva de una historieta descomprimida, con pocas viñetas por página? Que se luce mucho más el dibujo. Ismael Hernández no es exactamente un virtuoso, pero sí un dibujante muy competente, interesante, con varios puntos altos a destacar. Ante todo, la originalidad: no es el enésimo “clon de” y eso, entre los dibujantes latinoamericanos de estilo realista, sin duda es una novedad muy bienvenida. El tratamiento del color también me pareció excelente, con una paleta acotada a blanco, negro, sepia y rojo, potenciada con unas aguadas a veces sutiles y a veces de gran power. Y lo más llamativo: la puesta en página. Sin entorpecer jamás el fluir del relato, Hernández se juega a desplegar las viñetas de modos absolutamente experimentales, y siempre sale bien parado, con puestas que nos asombran, nos meten aún más en el relato y subrayan todo el tiempo la envergadura, la fuerza, el cariz épico de lo que nos narra el guión. Es así. Cuando manejás tan bien los recursos narrativos que ofrece la planificación de la página, no necesitás ser... Juan Giménez para que el lector se cebe mal con tu dibujo.
Quiero más historietas sobre los misterios de la Isla de Pascua, tema poco explorado y de indudable riqueza para generar buenas historias. Quiero saber cómo carajo sigue la aventura del pueblo de Hiva y su exilio forzado a través del Pacífico. Y quiero más historietas dibujadas por Ismael Hernández, para verlo dibujar otra cosa que no sean isleños, canoas, olas y hechiceros esperpénticos con la chota al aire. Este primer libro es de 2012, así que por ahí tengo que esperar unos meses más. No calienta, me parece que vale la pena, que Varua Rapa Nui es una de las series realmente grossas que tiene hoy el comic chileno. En Argentina esto no se consigue ni a palos, pero si estás en Chile, no dejes de buscarlo.