Aprovecho un ratito libre en medio de un finde bastante intenso (y frío como teta de bruja) para reseñar un par de libritos que tengo leídos.
Arranco en 2016 en Chile, donde se publica una adaptación al comic de Hamlet, el clásico de William Shakespeare, bastante extraño. No porque Hamlet aparezca tomando merca, calzado con una Glock en la cintura y garchando con botineras, sino porque el libro combina páginas de historieta (magníficamente dibujadas por Rodrigo López) con páginas en las que sólo hay texto y otras que tienen un gran porcentaje de texto, y alguna viñeta (o incluso una breve secuencia de viñetas) a modo de ilustración, o complemento. La adaptación estuvo a cargo de Marco Antonio de la Parra, y obviamente la pregunta que uno se hace es: ¿no daba para convertir TODA la obra en una historieta?.
En los tramos en los que este Hamlet se nos cuenta efectivamente como un comic, con páginas enteras pobladas de viñetas que forman secuencias, con globos de diálogo normales y demás, la experiencia se vuelve sumamente satisfactoria. López (como siempre) dibuja y colorea a un nivel altísimo, no mezquina nada en los fondos ni en las expresiones faciales y además, se da cuenta de que parte de la esencia de una obra de teatro consiste en que durante largos tramos, durante escenas enteras, los personajes se mueven poco, en torno a un decorado estático. Entonces hace lo que hay que hacer en estos casos: mover todo el tiempo la “cámara”, ofrecer encuadres distintos uno atrás del otro, sin parar, para que el lector no se aburra de ver siempre lo mismo.
Me imagino que para el lector al que apunta este libro (consumidores ocasionales de historieta que entran a una librería y se ven atraídos por la obra de Shakespeare) ese mix bizarro entre historieta y prosa no resultará un palo en el orto. Para mí, que entré a este libro por ser fan de ese historietista superdotado llamado Rodrigo López, fue bastante frustrante poder disfrutar sólo de ratos de la magia narrativa de esta bestia del Noveno Arte chileno. Ser o no ser una historieta… esa es la cuestión. Y este libro lamentablemente no la resuelve…
Me vengo a Argentina a 2017, cuando se publica Futuro Total, un libro con tres historietas del impactante Ariel López V., en las que el Matador de Mataderos escribe, dibuja, rotula y colorea en su personalísimo estilo. Visualmente esto es un festival del delirio extremo, un trip ido muy al carajo con drogas, videojuegos ochentosos, cine clase Z y comic indie norteamericano del Siglo XXI. A nivel gráfico, no tenemos muchos autores capaces de hacer lo que hace López V. en estas páginas. La estridencia en el color, el impacto en los estallidos de violencia, esas perspectivas llevadas al límite, esos ojos sin pupilas… Ariel impone su sello y, si comprás, te hacés adicto, no queda otra.
En cuanto a los guiones, la primera historia podría haber aparecido tranquilamente en la Métal Hurlant de los ´80, porque tiene ese tinte irónico, esa burla sutil a la épica del rock kilombero y transgresor, mezclada con elementos fantásticos, apuntes de sátira social y unos diálogos tan afilados como desopilantes, dignos de un sketch de Peter Capussotto. La segunda historia, la más extensa, combina el sub-género de los “jóvenes a la deriva” con alienígenas y zombies, en un roller-coaster por momentos excesivo, donde parte de la gracia (además de los diálogos) parece ser la destrucción sistemática del verosímil. Se nota y se aprecia lo mucho que se debe haber divertido Ariel haciendo estas historietas.
Y sin embargo, la que a mí más me gustó es la tercera, la más breve: Ultima Nave al Terror. Esta es una aventura de ciencia-ficción más clásica, una especie de homenaje freak a aquellos unitarios que clavaba Bruce Jones en la Zona 84, con viajes espaciales, viajes temporales, alienígenas y mutantes. Acá el esfuerzo de López V. parece estar menos concentrado en la vorágine de la acción y los chistes y más en el argumento (que es muy sólido) y en la puesta en página, un rubro en el que, sobre el final de esta historieta, pela unos hallazgos que yo nunca le había visto ni a él ni a ningún otro artista. También en esta última historia, el color baja un par de cambios y en vez de proponerse impactar se propone contribuir a los climas que conjura el guión. Posta, esas últimas 19 páginas valen lo que pagues por este libro.
Espero nuevas obras de Ariel López V. (sentado, porque sé lo que tarda este animalito en terminar una historieta) y prometo volver a postear nuevas reseñas muy pronto, acá en el blog.
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domingo, 17 de junio de 2018
jueves, 14 de febrero de 2013
14/ 02: INHUMANO
Tarde o temprano tenía que suceder: algún editor se tenía que poner las pilas y reeditar en libro los alucinantes trabajos de Ariel López V., este eximio historietista y humorista gráfico, volcado también a la animación, que es lo que le da de comer. Llanto de Mudo apostó por Inhumano y le puso todo lo que hacía falta para que fuera uno de los libros fundamentales que nos dejó 2012: 64 páginas, 32 de ellas a color (una novedad en el historial del sello cordobés), un gran prólogo de Gustavo Sala y sobre todo, espacio para que se luzca el talento inhumano de López V.
Acá hay chistes de una sóla viñeta, tiras, historietas de varias páginas, ilustraciones, y esas páginas raras que arma Ariel en las que mezcla distintas cosas, con textos en joda, parodias de publicidades y demás. En una de esas páginas “vale-todo” encontré lo que más me hizo reir de todo el libro que es esa columnita llamada “Diccionario para Ricos presenta el Ping-Pon”.
En sus chistes, López V. trabaja el humor en distintos registros: el delirio y la bizarreada con cierto aire gustavosalesco, la guarangada de pija y concha, las referencias geeks, los juegos de palabras medio pavotes (pero muy ingeniosos) y el comentario mordaz sobre temas socio-políticos. En las historietas también aparece todo eso, sumado a otro elemento muy presente, por lo menos en las que aparecen en Inhumano: la comedia costumbrista protagonizada por “jóvenes a la deriva”. Ahí el autor hace gala de un gran poder de observación para retratar a los chicos de los suburbios y su particular forma de vestirse, moverse y hablar. En esos pasajes del libro también encontré (o redescubrí) material de gran nivel, repleto de encanto, comicidad y fina mala leche.
De todos modos, lo más impactante del libro (y de la obra de Ariel, en general) es la inverosímil calidad del dibujo. Acá estamos ante un dibujante definitivo, un tipo que –con la desmesura de los grandes- se propone reinterpretar el universo entero, no dibujar NADA de formas que ya hayan sido dibujadas antes. López V. es estilización pura, es sorpresa constante y reconocimiento inmediato de un grafismo que no puede haber salido de ningún otro lado más que la mano (y la mente) de este demente hincha de Nueva Chicago. Y aún así, López V. nos remite a un montón de dibujantes conocidos (por mí, no sé si por él): autores del indie yanki, de las revistas humorísticas españolas, de fanzines y proyectos chiquitos de Argentina y demás países latinoamericanos... Es casi imposible ser fan de la estética underground, o alternativa, y no cebarse con los dibujos de López V. Las páginas a color nos permiten apreciar el excelente criterio con el que el autor echa mano a ese recurso, y en las páginas a blanco y negro se publica o bien material pensado para blanco y negro, o bien material pensado para color pero que no sufre el pasaje a blanco y negro y grises, que no se convierte en un empaste sin onda y sin equilibrio.
Esto es todo ganancia, recomendable al mango, de punta a punta. Sobre todo para el que no conoce este material (publicado a veces en la web, otras en Comiqueando, Lule le Lele o Barcelona), porque va a descubrir a un autor absolutamente genial, con un estilo único e hipnótico. Lástima que Ariel está muy ocupado con su laburo en el campo de la animación. Si no, creo que seríamos muchos los que le compraríamos un libro como este todos los años.
Acá hay chistes de una sóla viñeta, tiras, historietas de varias páginas, ilustraciones, y esas páginas raras que arma Ariel en las que mezcla distintas cosas, con textos en joda, parodias de publicidades y demás. En una de esas páginas “vale-todo” encontré lo que más me hizo reir de todo el libro que es esa columnita llamada “Diccionario para Ricos presenta el Ping-Pon”.
En sus chistes, López V. trabaja el humor en distintos registros: el delirio y la bizarreada con cierto aire gustavosalesco, la guarangada de pija y concha, las referencias geeks, los juegos de palabras medio pavotes (pero muy ingeniosos) y el comentario mordaz sobre temas socio-políticos. En las historietas también aparece todo eso, sumado a otro elemento muy presente, por lo menos en las que aparecen en Inhumano: la comedia costumbrista protagonizada por “jóvenes a la deriva”. Ahí el autor hace gala de un gran poder de observación para retratar a los chicos de los suburbios y su particular forma de vestirse, moverse y hablar. En esos pasajes del libro también encontré (o redescubrí) material de gran nivel, repleto de encanto, comicidad y fina mala leche.
De todos modos, lo más impactante del libro (y de la obra de Ariel, en general) es la inverosímil calidad del dibujo. Acá estamos ante un dibujante definitivo, un tipo que –con la desmesura de los grandes- se propone reinterpretar el universo entero, no dibujar NADA de formas que ya hayan sido dibujadas antes. López V. es estilización pura, es sorpresa constante y reconocimiento inmediato de un grafismo que no puede haber salido de ningún otro lado más que la mano (y la mente) de este demente hincha de Nueva Chicago. Y aún así, López V. nos remite a un montón de dibujantes conocidos (por mí, no sé si por él): autores del indie yanki, de las revistas humorísticas españolas, de fanzines y proyectos chiquitos de Argentina y demás países latinoamericanos... Es casi imposible ser fan de la estética underground, o alternativa, y no cebarse con los dibujos de López V. Las páginas a color nos permiten apreciar el excelente criterio con el que el autor echa mano a ese recurso, y en las páginas a blanco y negro se publica o bien material pensado para blanco y negro, o bien material pensado para color pero que no sufre el pasaje a blanco y negro y grises, que no se convierte en un empaste sin onda y sin equilibrio.
Esto es todo ganancia, recomendable al mango, de punta a punta. Sobre todo para el que no conoce este material (publicado a veces en la web, otras en Comiqueando, Lule le Lele o Barcelona), porque va a descubrir a un autor absolutamente genial, con un estilo único e hipnótico. Lástima que Ariel está muy ocupado con su laburo en el campo de la animación. Si no, creo que seríamos muchos los que le compraríamos un libro como este todos los años.
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