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jueves, 30 de enero de 2025
NOCHE DE JUEVES
Con una sonrisa gigante, muy vinculada a la goleada de Racing, me siento a escribir un par de reseñas.
Empezamos con el tercer y último tomo de las aventuras de Jan Karta, escritas por Roberto Dal Prá y dibujadas por Rodolfo Torti. Una vez más, el libro ofrece dos relatos, en este caso ambientados en Berlín, entre 1936 y 1937. Sí, volvemos a donde empezamos, pero ahora Alemania es un lugar mucho más horrible que en el Vol.1, porque gobiernan los nazis y todas las libertades y los derechos están en peligro, sobre todo para las minorías (¿por qué me suena tanto esto?). En estas dos últimas aventuras, Jan Karta no va a funcionar tanto como un investigador privado, sino más bien como un agente encubierto que ayuda a los grupos que intentan resistirse al régimen autoritario de Adolf Hitler y sus partidarios. Una especie de "terrorista light", que realiza misiones de bajo perfil por debajo del radar de la policía nazi. Y claro, como siempre que se lucha contra un poder opresivo y sanguinario, las victorias son chiquitas, cuestan una fortuna y dejan un sabor amargo en la boca. Estas son las historias más amargas de Jan Karta, donde el protagonista peor la pasa, donde se conforma con los logros menos significativos. Si bien consigue ser una piedrita en el zapato del régimen, lo paga caro y está años luz de cambiar el curso de la historia, que avanza cuesta abajo rumbo al holocausto del pueblo judío y la Segunda Guerra Mundial. Una vez más, Dal Prá le saca un jugo sumamente atractivo a este oscuro período de la historia europea, que conoce a la perfección y que ofrece -mucho más que otros- un conflicto bien diáfano, donde nadie duda quiénes son los malos de la película.
Estos dos episodios en la vida de Jan Karta están realizados por la dupla autoral en la década del ´90: uno es de 1992 y otro de 1997. Los años transcurridos desde el tomo anterior fueron muy, pero muy productivos para Rodolfo Torti, que definió y pulió mucho más su trazo y acomodó mucho mejor su puesta en página. En el dibujo ya no vemos ese cambalache de influencias de ocho o nueve autores distintos, sino que ahora Torti se definió por una línea muy clara, muy prolija y muy similar a la de Giancarlo Alessandrini. Hay primeros planos que directamente parecen de Alessandrini. En la primera historia vi muchas cosas de las que se veían en 1992 en los dibujantes "de segunda línea" de la revista Puertitas (Vitacca, Genlot, Da Col, Enio, Vispo, etc.) y en la segunda historia, dibujada cinco años después, Torti mete un volantazo más y a esa base cercana a Alessandrini. la complementa con momentos que me hicieron acordar a Sanyú, y con detalles que parecen venir del lado de Alfonso Font y Jordi Bernet. Un coctel visual muy sólido, muy idóneo para el tipo de tramas que urde Dal Prá y más que interesante para quien se tome un ratito para leer este material.
En la última escena de la segunda aventura, Jan Karta se toma un tren con destino a España (otro país que en 1937 estaba gobernado por el fascismo), para iniciar una nueva etapa en su vida... que veremos recién en Septiembre de 2024. Sí, posta. Dal Prá y Torti tardaron 27 años en retomar esta serie, y recién hace poquitos meses se dio a conocer (en Francia) la aventura de Jan Karta ambientada en Barcelona. Obviamente no la tengo ni la leí, pero estoy atento, porque me hice fan.
Tengo para comentar otro especial de 80º Aniversario de DC Comics, en este caso el dedicado a Green Lantern, o en realidad a LOS Green Lanterns. Sin dudas esta antología se beneficia ampliamente del hecho de que cada historia tiene un protagonista distinto, y son todos personajes a los que se les puede agregar una vueltita de tuerca en ocho páginas. Y por supuesto también se beneficia de la participación de varios autores realmente solventes, que juegan de titulares en cualquier comic superheroico y son la figura del partido casi sin despeinarse.
El encumbrado James Tynion IV abre el juego con una muy linda historia de Alan Scott, profunda y emotiva, dibujada como los dioses por Gary Frank. En cambio, la de Hal Jordan es casi un chiste largo. Una humorada de Geoff Johns, también dibujada a un nivel superlativo por el animal de Ivan Reis. La de Sinestro está bien, no desentona. Es un guion correcto de Cullen Bunn, potenciado por los maravillosos dibujos de Doug Mahnke. Después tenemos una de los Hard-Travelling Heroes (Hal y Green Arrow), escrita por Denny O´Neil en tono intimista, fuera del registro aventurero, y con un dibujo de Mike Grell que evidencia que para 2020 el maestro ya estaba muy lejos de su mejor nivel.
Llega el turno de Kyle Rayner, en una historia a cargo de sus creadores, Ron Marz y Darryl Banks, que arranca bien y termina más o menos. Pero no es infumable, para nada. La de Guy Gardner y Kilowog también va medio para el lado de la comedia, bien escrita por Peter Tomasi y dibujada sin mucha onda por Fernando Pasarin. El querido John Stewart hace un team-up con Hawkgirl para vencer (demasiado fácil, para mi gusto) al Dr. Polaris, en una historia muy menor, escrita por Charlotte Fullerton (la viuda del maestro Dwayne McDuffie) y muy bien dibujada por ChrisCross. Sospecho -desde el desconocimiento- que para 2020 Guy Gardner estaba muerto, porque en la historia de Robert Venditti (con dibujos muy dinámicos de Rafa Sandoval) tres de sus compañeros (Kyle, Hal y John) le rinden un homenaje muy emotivo.
Ya casi en el final, un dream-team: Mariko Tamaki y Mirka Andolfo unen fuerzas para una aventura (también muy menor) de Jessica Cruz. Esperaba un toque más de ambas ídolas. Simon Baz protagoniza la última historieta, con un guion competente de Sina Grace y dibujos medio cachivache de Ramón Villalobos, una especie de Frank Quitely de la B Metropolitana. Para el final, ocho paginitas de info muy escueta acerca de unos cuantos Green Lanterns, de los importantes y de los que conocemos solo los eruditos, o los fans muy hechos mierda. El balance general de la antología es muy favorable, porque al haber tantos personajes, seguro con alguno te vas a enganchar. Y participan unos cuantos autores buenos que en su mayoría no se tiran a chantas, como para que eso también resulte un anzuelo que da ganas de morder. Tengo más especiales de 80º Aniversario en el pilón de los pendientes, así que ya volveremos a festejar de manera tardía los cumpleaños de los personajes más icónicos de DC.
Nada más, por hoy. Nos reencontramos pronto y vamos Racing, que no decaiga, que este año tenemos que ganar un par de títulos más.
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lunes, 20 de enero de 2025
LECTURAS DE LUNES
Entre compromisos laborales y sociales y las muchísimas horas en las que los hijos de mil putas de EDESUR me cortaron la luz, vengo de varios días en los que pude leer poco y nada. Pero bueno, algo hay, como para que no falten reseñas en este espacio...
Recordando al Señor Breccia tiene el título más pedorro y menos imaginativo que yo recuerde en muchos, muchos años, pero por lo menos en la contratapa tiene la honestidad de batirte la posta: es un libro para completistas. Acá no están las mega-papongas de Alberto Breccia, con las que detonó el multiverso en su etapa de madurez. En cambio, tenemos nueve relatos breves, de los que el Viejo publicó en las revistas de Record, para después colocarlas en Italia sin más pretensiones que las de facturar unos mangos.
La única historieta realmente experimental y críptica es la última, Desfile Nocturno, un pseudo-guion de Carlos Trillo que le da al Viejo la posibilidad de irse al carajo y más allá con una apuesta gráfica inclasificable, más cercana a lo que había hecho cuando (también junto con Trillo) produjo esas adaptaciones locas de cuentos clásicos que vimos el 22/05/14. El resto es mucho más convencional, lo cual no es garantía de nada.
El libro abre con tres historias escritas cortas escritas por Guillermo Saccomanno. La primera es un embole, lastrada por una extensión exagerada (podría resolverse en la mitad de las páginas), y sin siquiera un giro interesante en el final. La segunda es un poco más ganchera, y está mejor dibujada, aunque de nuevo, al final se desinfla un poco. Y la tercera, la más corta del libro, remata una buena idea en apenas cinco páginas, y logra que la tensión no decaiga y que el texto no opaque al dibujo. Después tenemos tres historias escritas por Eugenio Mandrini, con distinta suerte. La primera es larga al pedo, tendría más sentido con menos páginas. La segunda es excelente, probablemente la mejor del libro, con un desarrollo impredecible, un impacto fuerte en el final y un Breccia que deja la vida en cada viñeta. Gema posta. Y la tercera maneja bien la tensión, pero cuando se resuelve el misterio decís "nah, ¿en serio? ¿14 páginas para este final tan choto?".
En el tramo final hay una historia escrita por Alberto Ongaro con unos dibujos gloriosos, pero que no me enganchó. Una con guion de Ítalo Fasán que es... ¿cómo decirlo? Una bazofia, una historieta totalmente olvidable que solo se rescató del oprobio porque está firmada por Breccia (aunque dibujada en un nivel MUY inferior al del resto de las historietas del libro). Y bueno, al final levanta la faz gráfica con esa escrita por Trillo que había salido en el nº100 de Skorpio.
Recordando al Señor Breccia es un pochoclito lindo, para los fans de la faceta menos ambiciosa del maestro de los maestros. No llega a los niveles de pochoclo de Nadie (ver reseña del 30/01/21) pero son historietas de género, misterios o dramas con estructuras bastante clásicas, a las que el Viejo les agrega esos climas ominosos y sombríos con su trazo y sus manchas. Tanto Saccomanno como Mandrini se esfuerzan porque la prosa sea tan sugestiva y tan original como el dibujo de Breccia, y cuando lo logran, los resultados son muy disfrutables. Cuando no, no importa, porque dibuja Breccia.
Vuelvo a Italia, de la mano de Roberto Dal Prá y Rodolfo Torti, para reencontrarme con Jan Karta, este investigador alemán medio pecho frío, pero con valores éticos sumamente loables. Una vez más, 001 Ediciones combina en un mismo libro dos aventuras, esta vez casi sin errores en los textos, lo cual se agradece. La primera aventura, ambientada en Roma en 1934 (pleno auge del fascismo) es brillante. De alguna manera indescifrable (pero magistral) Dal Prá se las ingenia para desarrollar muchísimo a los personajes secundarios, al punto de convertirlos subrepticiamente en protagonistas. Tanto la condesa Eleonora Rossi como Marta se ponen al hombro la narración, y uno siente que las conoce y las entiende incluso más que a Jan Karta. La operación que ensaya Dal Prá es tan genial, que ni siquiera hace falta que estas mujeres adopten roles heroicos para que uno las admire y quiera saber cómo siguen sus historias. Todo el tiempo se conserva un velo de ambigüedad, la sospecha de que cualquiera puede estar mintiendo, de que el complot que intenta desenmascarar Jan puede incluir a cualquiera de los que parecen ser sus aliados. Como en el tomo anterior, la situación sociopolítica le agrega una capa más de peligro a los bolonkis en los que Jan va a meter la nariz, y aún más que en el tomo anterior hay páginas con una cantidad desmesurada de viñetas, todas repletas de texto y de información visual. Si hay algo para criticarle a esta historieta es eso: Dal Prá y Torti plantearon en 52 páginas un relato que necesitaba -por lo menos- 10 ó 12 páginas más, para no quedar tan apretujado.
El segundo caso nos lleva a París, al año 1935, donde la situación política es espesa, pero no tanto como en Italia. Esta vez la trama me resultó un poco menos interesante, y hasta me atrevo a postular que si Hugo Pratt la tomaba para un relato de Corto Maltés, la liquidaba en 22 páginas. Lo que me pareció fascinante de esta aventura es que, al estar ambientada en Francia, Torti cambia su estilo gráfico para hacerlo mucho más francés. Los personajes secundarios adquieren rasgos que nos remiten a los grandes maestros del comic franco-belga: Hergé, Edgar-Pierre Jacobs, Fernand Dineur... y asombrosamente, conviven sin ningún problema con el trazo habitual de Torti, en el que veíamos cositas de Carlos Giménez, Dave Gibbons, Giancarlo Alessandrini, Jacques Tardi, Moebius y Magnus, entre otros. Me parece que lo único choto que tiene Torti es que no elige bien en qué momento poner los fondos y cuándo omitirlos. Así le quedan páginas cargadísimas de líneas e información visual que no aporta demasiado, y otras páginas muy peladas, en las que vendrían bien los fondos en aunque sea un par de viñetas. Hay páginas bellísimas, en las que blancos, negros y hasta globos de texto están perfectamente equilibrados, pero también momentos demasiado barrocos, en los que la expresividad de los personajes (que ya de por sí no es demasiada) se pierde entre un montón de elementos más. A veces, para enfatizar lo más importante (las emociones de los personajes, la acción) hay que despojarse de lo accesorio, y a Torti eso le cuesta más que a San Lorenzo meter un gol. Me queda entre los pendientes un tomo más de Jan Karta, el del arriesgadísimo regreso a su Berlín natal, que prometo leer pronto.
Nada más, por hoy. Nos reencontramos a la brevedad con nuevas reseñas, acá en el blog.
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viernes, 10 de enero de 2025
VIERNES EN BLANCO Y NEGRO
Este es el post nº 2999 y mañana llega el 3000.
Estamos en Italia, mediados de los años ´80, y la dupla integrada por el guionista Roberto Dal Prá y el dibujante Rodolfo Torti crea a Jan Karta, un investigador privado que va a vivir varias aventuras en la Europa de las décadas del ´20 y el ´30, primero en la revista Orient Express y más tarde en publicaciones francesas.
Como el último álbum de Corto Maltés (que vimos el 05/11/24), la primera historia de Jan Karta aprovecha a full la atmósfera cautivante de la Berlín de 1925, repleta de intrigas políticas y vanguardias artísticas. El caso que al principio pinta sencillo se enrosca y se complica de manera notable. Más allá de alguna viñeta muy sobrecargada de texto, no hay mucho para criticarle a la labor de Dal Prá. Allá por el 29/06/23 habíamos visto al guionista trasladar con éxito tropos del hard boiled (habitualmente asociados a los años ´30 y ´40 en Estados Unidos) a Moscú, en los albores de la era post-Muro de Berlín. Ahora hace lo propio en otra ambientación histórica y geográfica de manera brillante. El segundo caso está situado en 1933, con la situación sociopolítica ya más calentita, con la llegada al poder de Adolf Hitler a punto caramelo, pero también hay una intriga policial atrapante, aunque un poquito más rebuscada que la primera. Un acierto por parte de la editorial española 001 Ediciones haber publicado estas dos historias en un mismo tomo, y una pena los errores que se notan en algunos textos.
Como tantos protagonistas de estas aventuras para adultos típicas de los ´80, Jan Karta no es un personaje especialmente carismático, lo cual sumado al regusto amargo que nos dejan las historias (algo habitual en este tipo de relatos policiales donde siempre está la intención de poner sobre la mesa vicios, miserias y corrupción, ya no de una persona sino de una sociedad) resulta en una cierta distancia, una cierta frialdad. Son historias que te enganchan, pero no te apasionan.
Y lo mismo se aplica al dibujo de Torti. Tiene cosas de Jacques Tardi, de Carlos Giménez, de Dave Gibbons, hasta de Magnus y Moebius, pero no logra una gran expresividad. Es correctísimo, tiene un gran manejo del blanco y negro, un excelente trabajo en los fondos, buenos recursos para pilotear las páginas o viñetas en las que el guionista se zarpa con la cantidad de texto, pero no te hacés fanático. No salís corriendo a la librería ni te zambullís en los sitios de compra online a ver si encontrás más material de Rodolfo Torti.
Tengo dos libros más de Jan Karta para leer, así que veremos cómo evoluciona esta serie a la que desconocía por completo, pero me llamó la atención sobre todo por el jugo que le saca Dal Prá al contexto sociopolítico que elige para ambientar la obra.
Me vengo a Argentina, año 2024, para deleitarme con uno de lo mejores títulos nacionales del año que terminó hace poquito: Chamán, un "Vertigo criollo" escrito y dibujado por Carina Altonaga. Frené la lectura del libro unas 25-30 páginas antes del final y me dije a mí mismo "Por favor, que esto no termine para el orto, que no se desinfle ni se desplome ni derrape en el final, porque hasta acá, Chamán tiene todo para ser una obra realmente memorable". Con alegria y alivio puedo contar que el final se la re banca. Que el desarrollo de los personajes no es al pedo, que todos tienen un rol importante en el desenlace, que los misterios (sobrenaturales) se resuelven de manera consistente, que hay sorpresas impactantes y que si alguien "paga el pato", en todo caso es el dibujo, que baja un poquito la calidad en las últimas páginas.
Como fan de Vertigo, no me puedo resistir a una trama de misterio sobrenatural que, además de estar muy bien llevada, está vertebrada alrededor de las tradiciones místicas de los aborígenes del Noroeste argentino. Altonaga pone sobre la mesa la mirada cínica del porteño, la mirada del que "consume" los servicios del chamán como algo pintoresco, bizarro, extravagante... y tambien nos habla de una fe genuina en los poderes de este sanador de almas, de este John Constantine de la puna. Ese contraste enriquece la trama, le agrega tensión, logra que el lector sospeche un poco de todos, porque (otro gran acierto de la trama) acá no parece haber héroes ni villanos, y cuando te das cuenta dónde anida el Mal, dónde está la verdadera amenaza, la vorágine del desenlace ya te tiene totalmente subyugado y entregado a lo que la autora quiere hacer con nosotros.
El dibujo de Carina (que alguna vez se subió a la estetica oscura de Leonardo Manco) ahora se parece bastante al de Salvador Sanz. Me gusta un poquito menos que el de Salva, porque se nota que Altonaga está más pendiente que Salva de las referencias fotográficas. Pero las diferencias son muy sutiles: si te gusta cómo dibuja Sanz, la faz gráfica de Chamán te va a cerrar por todos lados. Al igual que Sanz, Altonaga la tiene muy clara en materia de planificación de las secuencias y armado de la página, lo cual es importantísimo para que un relato complejo y jugado como este pueda fluir de un modo ágil y fresco en esta extraña conjugación de tiempo y espacio a la que llamamos "historieta". Blancos, negros, grises y varios efectos visuales muy bien logrados bailan una danza hipnótica, donde lo real y lo fantástico cobran vida y te invitan a vivir en carne propia la experiencia que van a atravesar Brenda, Andrés, Dante y Emilio de la mano del enigmático "Tío". Pero guarda, que en esta danza bailan también espíritus, demonios y aspectos muy jodidos del Mal que se esconde dentro de cada uno de nosotros. En apenas 60 páginas, Carina Altonaga redondea un gran comic, sumamente recomendable, y -repito- de los mejores trabajos de autores argentinos que leí recientemente.
Hasta acá llegamos hoy. Mañana, una cita muy especial con el post nº 3000, que tambien va a ser sumamente especial. Grazie per tutti.
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jueves, 29 de junio de 2023
ACÁ ESTOY DE VUELTA
Parecía que no, pero encontré un ratito para avanzar con las lecturas que tenía colgadas por falta de tiempo, así que ya tengo luz verde para robarle unos minutos a la Comiqueando Digital y escribir unas reseñas.
Empezamos en Italia, año 1991, cuando se publica por primera vez L´Uomo di Mosca (el hombre de Moscú), un policial de la inmensa dupla integrada por Roberto Dal Prá y Giancarlo Alessandrini. Este es el típico thriller en el que muere una minita y es obvio que a alguien desde alguna turbia "esfera de poder" no le conviene que se investigue quién la mató. Y claro, hay un policía honesto y testarudo, dispuesto a jugársela para llegar a la verdad caiga quien caiga. Y aprietes, y traiciones y revelaciones shockeantes. No sé si en 1991 esto era novedoso, pero hoy seguro que no lo es, con lo cual cualquier lector más o menos avezado se da cuenta al toque cómo y para qué lado se va a resolver la trama que plantea Dal Prá.
Lo atractivo es que el policía se llama Alexander Ivanovic Kolda y la historia está ambientada en Moscú, en los albores de la era post-Muro de Berlín. Entonces, además de los elementos típicos de estos relatos, tenemos sutiles pinceladas acerca del poder de las fuerzas armadas sobre la policía y la justicia y los rápidos cambios sociales y económicos que experimentaba la ex-Unión Soviética en esos años. Por lejos que nos quede Moscú (no así la corrupción de los poderosos o las mafias judiciales que Dal Prá muestra en la historieta), los personajes se sienten cercanos, humanos y creíbles. No son meros estereotipos, sino que todos tienen sus matices.
Y lo más lindo: el dibujo de Alessandrini, que acá salta al vacío para extremar su amor por la línea clara. Acá hay un predominio absoluto del blanco, prácticamente no hay masas negras, y el trazo del creador gráfico de Martin Mystére se reduce a una línea muy finita, como si fuera un alambre, de una prolijidad pasmosa y claro, muy cerca de lo que hacía en esa misma época Moebius. De hecho, hay páginas enteras que si te dicen que las dibujó Moebius, te lo creés. Como la gran mayoría de los autores italianos que incursionan en la aventura más o menos realista, Alessandrini es un narrador impecable, naturalmente dotado para organizar la información tanto dentro de la página como dentro de la viñeta, de modo que todo su despliegue de virtuosismo y la magia de su trazo están puestos al servicio del relato, que -más allá de algún diálogo demasiado farragoso- avanza con notable fluidez. En Argentina, algo de Dal Prá y Alessandrini se publicó hace muchos años en Puertitas, pero me doy cuenta de que estoy hablando de autores que son (injustamente) desconocidos por la inmensa mayoría de los comiqueros de habla hispana. Una pena.
Me voy a EEUU, año 2017, cuando el músico Jonathan Coulton empieza a sospechar que las canciones que compone tienen ciertos temas en común y que, ordenadas de cierto modo, pueden "leerse" como una especie de narración. Coulton se contacta nada menos que con Matt Fraction y le dice "tratá de armar una novela gráfica con estos conceptos". Fraction consigue que Albert Monteys se sume como dibujante y así se publica Solid State, un libro con formato cuadrado, similar al del disco de vinilo (incómodo como tampón de virulana), donde las ideas de Coulton toman forma de historieta.
Me costó un huevo terminarlo. Son 128 páginas con poco texto, pero se me hicieron infinitas. No por el dibujo de Monteys, obviamente, que es glorioso, al nivel de lo que vimos en ¡Universo!. El problema es el argumento, la forma en la que Fraction amalgama conceptos y fuerza la conexión entre ellos para formar un único relato y no... tres, ponele. Desde el momento en que la obra pretende ser consistente de punta a punta, y presentarnos todo esto como una única historia, se vuelve entre críptica y absurda. Lo cual no quita que tenga (sobre todo en el tramo del medio) momentos excelentes, como cuando indaga en "la trampa" de las redes sociales, y cómo se usan para manipular a la gente, orientar sus intereses y robarle información sobre sus vidas privadas. Y así como hay momentos brillantes, hay otros infumables, que sólo resultan tolerables por el dibujo de Monteys. Y otros que no se entienden, o que por lo menos yo no entendí. Hay sueños, recuerdos, realidades paralelas... por momentos se hace todo un poco confuso al pedo. Para la próxima, Fraction, jugate por tus propias ideas, que suelen ser muy buenas. Y si te llama Coulton, o cualquier otro músico, decile "no, gracias".
También en 2017, pero en Japón, el maestro Junji Ito se puso a adaptar al manga Indigno de Ser Humano, una novela de Osamu Dazai. El resultado fue una serie relativamente corta (creo que son tres tomos, nomás), que arranca con un Vol.1 fascinante. Los últimos mangas de Ito que leí me habían parecido medio falopa, pero esto es definitivamente otra cosa. hay margen para esa imaginería retorcida, fantasmagórica, exagerada y truculenta que caracteriza al maestro, pero la trama va para otro lado y me cerró mucho más que otras obras en las que Ito juega a ser más Ito que nunca.
Indigno de Ser Humano es un manga existencialista, que indaga en las profundidades de la psiquis del ser humano, en los vínculos, en los anhelos, las pulsiones, las penas, las frustraciones de no tener un mango, el sufrimiento que causa el amor, los placeres del sexo con y sin amor, los vaivenes y la runfla constante que empañan las causas políticas... Todos temas muy adultos, abordados con una profundidad casi agobiante por Ito (y supongo que por Dazai). Este es un manga que te hace mal, que te tortura psicológicamente, porque querés que Yozo Oba sea mucho más feliz de lo que es, y sabés que las cosas están dadas para que pase todo lo contrario.
Un trabajo de una calidad realmente apabullante por parte de Junji Ito, que no se cuelga en boludeces, sino que avanza a muy buen ritmo y jamás deja de impactar con la perfección y la originalidad de su trazo. Entre tanta porquería adocenada de pibes del secundario con poderes locos que combaten con demonios y bizarreadas varias, Indigno de Ser Humano levanta otras banderas, las de un comic realmente adulto, jugado, pesado, tremendo en el mejor de los sentidos. Si en los tomos posteriores esto no se cae a pedazos, estaremos hablando del mejor manga publicado en Argentina en 2023.
Y nada más, por hoy. Ni bien pueda, vuelvo a la carga con nuevas reseñas. Y si todo sale según lo planeado, para el lunes 17 tendremos disponible el nº7 de la Comiqueando Digital y mi vida volverá a algo así como la """normalidad""". Gracias por el aguante.
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martes, 22 de marzo de 2022
DOS MAS Y A LA PAUSA
Bueno, como ya comenté por acá, a partir del jueves voy a estar lejos de Buenos Aires durante unos 15 o 16 días. Hay alguna chance de que postee en el blog, ya sea desde Santiago de Chile o desde Los Angeles, pero no quiero prometer y después no cumplir. Así que, en principio, las reseñas volverán el 10 o el 11 de Abril. Por ahí hay sorpresas antes de esa fecha, por ahí no. Ya veremos.
Sigo adelante con la relectura (ahora en libro y con el color moderno) del Thor de Walt Simonson, y en el Vol.3 me encuentro con que, además de varios números de la serie central, acá se recopilan los cuatro episodios de la miniserie de Balder the Brave, con guion de Simonson y dibujos de Sal Buscema. Es un agregado piola, porque la mini engancha bastante con lo que estaba narrando Simonson en la revista de Thor. Eso sí: está estiradísima. Son cuatro episodios de 22 páginas para contar DOS hechos importantes. Todo el resto es relleno, hecho a base de peleas intrascendentes contra villanos a los que uno sabe que Balder va a derrotar sin dificultad. El dibujo de Buscema está bastante mejor que en el fill-in que aportó al Vol.2, pero igual no hay forma de justificar todas esas páginas para tan poco desarrollo argumental. A menos que seas MUY fan de Balder o de Karnilla, en cuyo caso esto te puede llegar a conmover.
En los números de Thor (todos dibujados a un nivel devastador por Simonson) pasan unas cuantas cosas interesantes. La bandera de "epopeya a todo o nada" flamea de principio a fin, hay buenas ideas para desarrollar a personajes como Loki, Enchantress, Frigga, Lorelei, Heimdall, Lady Sif y sobre todo al Executioner, y -por primera vez- Thor sale realmente malherido de un choque con Hela. Lo único medio flojito es esa aventura de Beta Ray Bill contra ese equipo de super-soldados rusos, que realmente no suma más que excusas para que Simonson dibuje acción al recontra-palo en su estilo explosivo y repleto de dinamismo. Otra vez, las onomatopeyas de John Workman hacen un notable aporte a que todo esto se vea definitivamente poderoso y majestuoso.
El último episodio del tomo es un crossover con la infausta Secret Wars II, y ni siquiera Simonson está exento de las complicaciones que traen los cruces entre tramas que vienen y van de una revista a otra sin mayor explicación. Dentro de todo, el bolonki es comprensible, sobre todo porque lo que no se resuelve en Thor se resuelve en Power Pack, una revista que en ese momento escribía Louise Simonson, la esposa de Walter, y se nota que todo está bien conversado y planificado para no confundir a los lectores que no seguían las dos colecciones. Eventualmente le entraré al Vol.4, ya cerca del final de la serie. Paciencia.
Leí también el Vol.2 de La Guerre des Magiciens, esa serie creada por Carlos Trillo, Roberto Dal Prá y Cacho Mandrafina, que lamentablemente quedó inconclusa. Al final de este álbum nos informan que el tercero es el último, pero jamás se publicó. La trama queda ahí, a mitad de camino, con la inmensa mayoría de las puntas argumentales sin resolver.
El segundo tomo apareció en 2013, bastante después de la muerte de Trillo, y está ambientado en Londres. Pasan menos cosas que en el Vol.1, porque los autores le dedican muchas páginas a flashbacks a cuando los protagonistas eran jóvenes, pero no está mal. Prefiero eso a que me rellenen el álbum con peripecias imposibles que no aportan nada al argumento global de la saga. Acá hay mucho desarrollo para los personajes, y hasta tenemos un par de escenas en las que la magia parece tener alguna relevancia en la trama. ¿Es magia, son ilusiones, qué onda? No está muy claro.
Lo que seguro es magia es lo que pela Mandrafina en la faz gráfica. A pesar de que dibujar a Londres de fines de los años ´30 es un embole, a pesar de que prácticamente no hay páginas de menos de ocho viñetas, a pesar de que algunas páginas tienen una cantidad de texto grotesca, que conspira contra el disfrute del dibujo... a pesar de todo, Cacho deja el alma en cada cuadrito y nos regala una página perfecta atrás de otra. El tratamiento del color, la forma de planificar las escenas de acción, las expresiones faciales, el cuidado por la exactitud de peinados, trajes y vehículos de la época... todo es fascinante. Sobre todo ver a un referente absoluto del claroscuro convertido en un maestro del color. Un trabajo realmente brillante del co-creador de Savarese, El Condenado y Cosecha Verde.
Pero no hay más guerra de los magos. La editorial Delcourt discontinuó la serie tras el Vol.2, y nunca le pregunté a Cacho si llegó a dibujar (o a leer) el guion del tercer y último álbum. No es la primera vez que un editor francés deja trunca una obra de autores argentinos (le pasó a Trillo y Horacio Domingues con La Marque du Pechée y a Gustavo Schimpp y Horacio Lalia con Belzarek), y aparentemente la chapa de Dal Prá y Mandrafina no alcanzó para sacar la serie a flote, ni siquiera como para terminarla y vendérsela a algún editor italiano, español o latinoamericano. Un bajón.
Bueno, nada más. Mañana miércoles hacemos un vivo en el Instagram de Comiqueando que va a estar muy bueno, el viernes estoy presentando ¿Quién quiere ser superhéroe? en el Espacio Shazam! de Santiago de Chile, y el sábado voy a participar de la presentación del tomo integral de El Brujo, también en Shazam!. Después tengo unos días de vacaciones y el 1, 2 y 3 de Abril voy a estar cubriendo la WonderCon en Anaheim, cerquita de Los Angeles y enfrente de Disneyland. Y seguro voy a recorrer comiquerías (y librerías y disquerías y antros nocturnos) en toda esa zona de California. A la vuelta les cuento qué onda. Gracias y hasta entonces.
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martes, 8 de marzo de 2022
DOS LIBRITOS MÁS
Antes de salir para San Nicolás, clavo reseñas de dos libritos que tengo leidos. También vi la peli nueva de Batman, pero me guardo la reseña unos días, así más gente la ve y me siento más impune a la hora de meter spoilers.
En Marzo de 2011, pocas semanas antes de la muerte de Carlos Trillo, se publicó el Vol.1 de La Guerre des Magiciens (La Guerra de los Magos), una creación conjunta de Trillo con su amigo italiano Roberto Dal Prá, que encontró en Cacho Mandrafina un dibujante ideal… pero muy lento. La serie tuvo muchísimos retrasos, al punto que la editorial decidió discontinuarla tras el Vol.2, que apareció bastante después de la muerte de Trillo.
Todavía no leí el Vol.2 y no sé qué tan inconclusa queda la historia, pero el Vol.1 me dejó muy en claro que los guionistas no tenían ningún apuro para hacer avanzar la trama hacia la resolución. En estas primeras 46 páginas, Trillo y Dal Prá presentan a los personajes, establecen el conflicto principal, resuelven un par de peripecias menores en esa Berlín de fines de los años ´30 bajo el yugo de los nazis (sí, otra vez los villanos son los nazis) y no mucho más. En ningún momento la narración se empantana ni se hace aburrida, en parte por el altísimo nivel de los diálogos, y en parte porque los guionistas le imprimen un buen ritmo incluso a secuencias que, en el contexto general de la trama, resultan bastante menores. Hasta ahora, la magia y los magos son elementos de poquísimo peso en la trama, prácticamente monopolizada por el clásico “judíos que intentan zafar de la opresión nazi en condiciones absolutamente desfavorables”. Veremos si en la segunda parte la fantasía dice presente.
El principal atractivo de La Guerre des Magiciens es, irónicamente, lo que más problemas le generó: el trabajo detallista, perfeccionista, con una entrega absoluta, de un Cacho Mandrafina que se animó a ponerle color él mismo a sus dibujos, siempre tan identificados con el claroscuro y el blanco y negro. El resultado es una maravilla, un álbum que visualmente te cautiva, te mete en la historia y te hace vibrar cuantas veces se lo propone. Cada locación y cada personaje están perfectamente plasmados en la página gracias a los pinceles mágicos de Mandrafina, que además mete un hermoso homenaje al inolvidable René Lavand. Las páginas en las que Cacho no se ve restringido por las cuatro tiras de viñetas (que son poquísimas) nos ofrecen unas imágenes de enorme fuerza expresiva, con un lucimiento increíble de un dibujante clásico que jamás pasa de moda ni deja de perfeccionarse. Prometo entrarle pronto al Vol.2.
Y me quedo en Francia, donde en 2019 se publicó Una Hermana, excelente novela gráfica de Bastien Vivés que en 2021 tuvo edición argentina a cargo de Hotel de las Ideas. La traducción de Giselle Prunes acierta al optar por el castellano rioplatense y la verdad es que son pocos los diálogos que no suenan 100% coherentes con la jerga porteña y nuestra manera de hablar.
Los diálogos y los silencios son importantísimos en una obra donde no hay acción ni aventuras, sino más bien una exploración de los vínculos que se generan entre los personajes. Antoine y Héléne son adolescentes retratados con una profundidad y una tridimensionalidad conmovedoras, y además de conducir la trama, generan la inmediata identificación y hasta el cariño de los lectores. Esta es una historieta rara, porque sin ser pornográfica, incluye un montón de momentos que pocas editoriales se animan a publicar, como sexo entre menores de edad, con primeros planos de genitales, eyaculaciones y demás. Pero repito: Vivés no muestra pijas y petes para que nos hagamos la paja, sino que es todo parte de esa experiencia, de ese rito iniciático que viven Antoine y Héléne y que (como suele suceder cuando uno es adolescente y se cree un guacho pistola que se las sabe todas) en un punto se les va de las manos.
El guion de Una Hermana es realmente sólido, está pensado para llegarte al alma, y sobre todo es ágil, dinámico, directo. Vivés no se cuelga en boludeces, no juzga a los personajes, sabe meter pinceladas de humor en momentos dramáticos y logra momentos de increíble tensión que llegaron a ponerme muy nervioso.
El dibujo es muy interesante. Vivés dibuja en un estilo sumamente realista, pero intencionalmente despojado. Es como si le dieran el guion a un virtuoso del estilo académico-realista y después alguien retocara sus dibujos para sacarle elementos, para simplificar la línea y eliminar trazos, texturas, detalles. La base está y es muy buena, pero Vivés busca la síntesis por sobre el despliegue visual, y reduce las viñetas a una combinación de formas muy estilizadas, y muy bien delimitadas por el blanco, el negro y los grises aplicados en el Photoshop. Por supuesto hay algunas viñetas más detalladas, sobre todo cuando elige primeros planos, pero en general se nota eso: un dibujante que quiere mostrar un mundo 100% real, al que le faltan intencionalmente casi todos los detalles que uno apreciaría en una fotografía. Muy recomendable, de verdad.
Y nada más, por hoy. El sábado y el domingo voy a estar con un All-Star Squadron de autores y especialistas participando de Tinta y Trazo, un evento de historieta y humor gráfico en la ciudad bonaerense de Mercedes, donde también habrá un espacio para presentar ¿Quién quiere ser superhéroe?. Si andan por la zona, dense una vuelta que va a estar buenísimo. Gracias y hasta pronto.
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