Muy de a poquito, sigo con mi exploración del nuevo Universo DC, el que se presentó hace ya más de dos años. El reboot de Wonder Woman me interesó básicamente porque el guionista a cargo era Brian Azzarello, un tipo que –a priori- no tenía absolutamente nada que ver con el personaje y su mitología. La apuesta garpó con creces: no sólo Azzarello logra imponer su sello, la calidad de sus diálogos, el espesor de sus tramas y la profundidad de sus personajes, sino que además la nueva versión del ícono cierra por todas partes. Y lo más loco: le va bien. Contra todos los pronósticos, Azzarello no se tuvo que ir de la serie tras un puñado de episodios porque no vendía una chota, o porque cada 15 minutos alguien de arriba le decía “No, capo, esto no se puede hacer en un comic mainstream de superhéroes, y menos en uno protagonizado por un personaje cuya película estamos intentando poner en marcha”.
Y la verdad es que eso es muy notable, porque la versión de Azzarello es radicalmente distinta a las anteriores. De la WW de George Pérez, toma dos elementos: la fuerte presencia de los dioses de la mitología griega y la figura de una chica humana (en este caso embarazada nada menos que de Zeus) como compañera de aventuras para Diana. Todo lo demás, no lo habíamos visto nunca. El clima de la serie, por lo menos en el arranque, no es tan superheroico. Hay machaca en todos los episodios, pero porque no puede faltar, no porque sea demasiado importante. La atmósfera imperante es la de un drama familiar… con la salvedad de que se trata de la familia de Zeus, el más pulenta de los dioses griegos, a quien Azzarello le da un rol nuevo y muy interesante en el origen de Diana. La esposa, las amantes, los hermanos y los hijos (reconocidos y bastardos) del rey del Olimpo rosquearán, se amenazarán, se manipularán, conspirarán los unos contra los otros y armarán complejas estrategias para quedarse con el trono, porque –acá está lo más jugoso- Zeus desapareció y nadie sabe dónde está. Mi corazonada: Zeus está en el vientre de Zola y piensa resucitar en forma de bebé cuando esta dé a luz.
Además de Zola, el único personaje que por ahora no blanquea ningún vínculo con la mitología es el enigmático Lennox, que seguro oculta algo grosso. Entre todos estos personajes se tejen diálogos y situaciones muy atractivas, con conflictos fuertes (e impredecibles) siempre a flor de piel. Si tengo que criticar algo, me parece que Azzarello se zarpa con al cantidad de personajes que presenta en este tomo. Obvio: es el primero de una nueva era y es lógico tener que presentar a un nuevo elenco. La cagada es que no llega a desarrollarlos a todos y algunos (especialmente los centauros y Strife) están un poquito desaprovechados, como si sólo sirvieran para generar UN impacto grosso en el lector.
Por el lado del dibujo, sale a la cancha como titular Cliff Chiang (a quien ya vimos colaborar con Azzarello en un lejano 20/06/10), muchísimo mejor que en aquel tomo de Dr. Thirteen. Salvo alguna pifia menor en las expresiones faciales, Chiang está en un gran nivel, sólido en la narrativa, generoso a la hora de dibujar fondos, afilado para las secuencias de acción (que no eran su fuerte) y canchero en una estética que pareciera ser una simplificación del trazo de Arthur Adams, con la misma plasticidad, pero sin todas esas rayitas microscópicas que hacen que el ídolo dibuje un comic cada 8.500 años. Lamentablemente, los dos últimos episodios del tomo caen en manos de Tony Akins, ese dibujante mediocre y sin alma al que ya nos fumamos un par de veces en comics de Vertigo. Hay que reconocer que Akins se esfuerza por no dar lástima, y pone más que en los otros trabajos que le vimos. Pero se nota que trata de imitar a Chiang, se notan mucho los yeites que pela para no dibujar fondos, y en general el nivel gráfico baja mucho, justo en dos episodios en los que pasan cosas grossas y Azzarello introduce a varios personajes importantes. Ojalá en los próximos tomos haya muy poco o nada de Tony Akins, porque la química entre Azzarello y Chiang funciona demasiado bien y es una lástima ver cómo se desactiva para que entre un suplente que no está a la altura.
Esto, por ahora, tiene todo para ascender a una categoría por la que yo siento una insuperable debilidad: comic de autor adentro del mainstream. Wonder Woman es un comic sin crossovers, donde Azzarello ni siquiera se hace cargo de que Diana es parte de la Justice League, ni del romance con Superman, ni de nada. Repito: por ahora. El rol de Wonder Woman como superheroína está totalmente desenfatizado y todo gira en torno a su alcurnia, a las funestas consecuencias del accionar irresponsable de Zeus, que sembró más vientres que Maradona y dejó vacante una herencia incluso más jugosa que la que va a dejar el Diego cuando culmine su estadía entre los mortales. Si no sos fan de Wonder Woman, porque lo que conocías del personaje no te gustaba o no te interesaba, este es EL momento para meterte los prejuicios en el orto y darle una posibilidad. Azzarello y Chiang hacen méritos más que suficientes como para que quieras apostar por SU versión de este septuagenario concepto, al que ya muchas veces le cantaron “no va mássss”.
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viernes, 15 de noviembre de 2013
domingo, 27 de mayo de 2012
27/ 05: HELLBLAZER: PAPA MIDNITE
Esta era la otra mini spin-offera de Hellblazer que quería leer antes de seguir adelante con lo de Peter Milligan. Y la verdad es que es militancia pura: un guionista al que no conocía, un dibujante que me parece de mediocre para abajo, un personaje que apareció en poquísimas historias de Hellblazer... sólo un completista enfermo se tira de cabeza sobre una cosa así.
Lo bueno es que la historia, sin ser brillante, no es chota, ni mucho menos. El dibujo de Tony Akins es bastante flojo, un catálogo de limitaciones, tiradas a chanta y errores, al que no salva ni siquiera el veterano Dan Green, entintador que merece todo mi respeto. Sospecho que Akins fue convocado para este proyecto simplemente porque, como Papa Midnite es negro y la trama gira todo el tiempo en torno a eso, querían contar con un dibujante afro-americano. Una lástima, porque Akins es un dibujante sin talento ni onda, y esta historia ganaría mucho si la dibujara alguien más power, sin importar el color de su piel.
Mat Johnson, el guionista, es mitad negro y mitad irlandés. Pero le interesa sobre todo la cultura afroamericana, tanto cuando escribe novelas como cuando incursiona en el Noveno Arte. En estos episodios se propone brindarle un origen al capo mafia newyorkino que más clara la tiene en materia de brujería, y se encuentra con un dato al que le saca infinito jugo: Papa Midnite es inmortal. ¿Cómo? ¿Desde cuándo? Johnson aprovecha que esto nunca fue explicado y ambienta buena parte de la saga en 1712, cuando Midnite era un borreguito de unos 13-14 años, época en la que se produce el primer levantamiento de esclavos negros en lo que hoy es New York.
Acá está lo más interesante de esta obra, en los flashbacks al Siglo XVIII, a ese EEUU todavía colonia británica, enchastrado de injusticias y desigualdades. Ahí descubrimos que este turro es turro desde chico, lo vemos crecer como hechicero, traicionar miserablemente a los suyos y recibir la maldición que lo obliga a seguir vivo hasta que en los EEUU se termine el sojuzgamiento de los negros bajo la ley de los blancos. No sé qué onda con Barack Obama, si eso le pone fin a la maldición de Papa Midnite... esto está escrito en 2005, cuando todavía gobernaba el borracho-genocida-retrasado mental George W. Bush.
Y mientras en el tramo ambientado en el Siglo XVIII tenemos un rol muy copado para Hugh Constantine (ancestro de John), la aparición del ídolo en el tramo ambientado en el presente está traída de los pelos y no aporta absolutamente nada. En realidad pocas escenas ambientadas en el presente aportan algo. Esto funcionaría mejor como un Secret Origin, una historia que se conformara con contarnos el origen de Papa Midnite y listo, a otra cosa. El atractivo está todo en los flashbacks y del resto sólo rescato algunos diálogos ingeniosos y los huevos de Johnson para no desenfatizar ni por un segundo el hecho de que Papa Midnite es un hijo de puta completamente irredimible.
Ojalá algún guionista de la serie regular de Hellblazer (si no Milligan, el que venga después) lea esta saga y se cope con toda esta data acerca del pasado de Papa Midnite que aporta Johnson, como para que el personaje reaparezca con nuevos bríos en la serie que lo vio nacer hace casi 25 años y por la que no pasa ni a saludar desde la etapa de Garth Ennis. La recomendación de hacerse con un ejemplar de este libro va sólo para los fundamentalistas de Hellblazer o para aquellos que quieran descubrir una historieta que aborda (con clase y categoría, con pasión y documentación) el áspero tema de los esclavos en la época en que EEUU era colonia británica. Si no, yo seguiría de largo...
Lo bueno es que la historia, sin ser brillante, no es chota, ni mucho menos. El dibujo de Tony Akins es bastante flojo, un catálogo de limitaciones, tiradas a chanta y errores, al que no salva ni siquiera el veterano Dan Green, entintador que merece todo mi respeto. Sospecho que Akins fue convocado para este proyecto simplemente porque, como Papa Midnite es negro y la trama gira todo el tiempo en torno a eso, querían contar con un dibujante afro-americano. Una lástima, porque Akins es un dibujante sin talento ni onda, y esta historia ganaría mucho si la dibujara alguien más power, sin importar el color de su piel.
Mat Johnson, el guionista, es mitad negro y mitad irlandés. Pero le interesa sobre todo la cultura afroamericana, tanto cuando escribe novelas como cuando incursiona en el Noveno Arte. En estos episodios se propone brindarle un origen al capo mafia newyorkino que más clara la tiene en materia de brujería, y se encuentra con un dato al que le saca infinito jugo: Papa Midnite es inmortal. ¿Cómo? ¿Desde cuándo? Johnson aprovecha que esto nunca fue explicado y ambienta buena parte de la saga en 1712, cuando Midnite era un borreguito de unos 13-14 años, época en la que se produce el primer levantamiento de esclavos negros en lo que hoy es New York.
Acá está lo más interesante de esta obra, en los flashbacks al Siglo XVIII, a ese EEUU todavía colonia británica, enchastrado de injusticias y desigualdades. Ahí descubrimos que este turro es turro desde chico, lo vemos crecer como hechicero, traicionar miserablemente a los suyos y recibir la maldición que lo obliga a seguir vivo hasta que en los EEUU se termine el sojuzgamiento de los negros bajo la ley de los blancos. No sé qué onda con Barack Obama, si eso le pone fin a la maldición de Papa Midnite... esto está escrito en 2005, cuando todavía gobernaba el borracho-genocida-retrasado mental George W. Bush.
Y mientras en el tramo ambientado en el Siglo XVIII tenemos un rol muy copado para Hugh Constantine (ancestro de John), la aparición del ídolo en el tramo ambientado en el presente está traída de los pelos y no aporta absolutamente nada. En realidad pocas escenas ambientadas en el presente aportan algo. Esto funcionaría mejor como un Secret Origin, una historia que se conformara con contarnos el origen de Papa Midnite y listo, a otra cosa. El atractivo está todo en los flashbacks y del resto sólo rescato algunos diálogos ingeniosos y los huevos de Johnson para no desenfatizar ni por un segundo el hecho de que Papa Midnite es un hijo de puta completamente irredimible.
Ojalá algún guionista de la serie regular de Hellblazer (si no Milligan, el que venga después) lea esta saga y se cope con toda esta data acerca del pasado de Papa Midnite que aporta Johnson, como para que el personaje reaparezca con nuevos bríos en la serie que lo vio nacer hace casi 25 años y por la que no pasa ni a saludar desde la etapa de Garth Ennis. La recomendación de hacerse con un ejemplar de este libro va sólo para los fundamentalistas de Hellblazer o para aquellos que quieran descubrir una historieta que aborda (con clase y categoría, con pasión y documentación) el áspero tema de los esclavos en la época en que EEUU era colonia británica. Si no, yo seguiría de largo...
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