el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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lunes, 23 de enero de 2017

TRASNOCHE DE LUNES

Hace un calor espantoso a las 12 y media de la noche, pero estoy contento porque la Academia otra vez le dio murra a nuestros amarguísimos rivales de siempre. Vamos con las reseñas de dos libros que leí hace poco y me gustaron mucho.
Pablo De Santis me volvió a sorprender con Cobalto, una “serie” en la que recrea la magia de El Hipnotizador… o por lo menos repite el truco que tan bien le salió aquella vez: amagar con que nos va a contar una seguidilla de relatos autonclusivos y, ni bien nos engancha, pegar el volantazo y jugarse a fondo por una novela gráfica, en este caso mucho más breve que El Hipnotizador (apenas 46 páginas) pero no por eso menos contundente. Cobalto es un thriller con elementos fantásticos que te atrapa en tiempo record y te lleva, sin perder un minuto, rumbo a una resolución brillante, categórica, de esas que sólo se le ocurren a los grandes narradores. Todo eso sin mezquinar diálogos memorables y giros argumentales asombrosos.
La comparación con El Hipnotizador es medio inevitable, porque esta vez De Santis también cuenta con la complicidad de Juan Sáenz Valiente al frente de la faz gráfica. Pero acá Juan no busca reproducir las maravillas que nos regaló en su colaboración anterior con Pablo, sino que agarra totalmente para otro lado, se lanza en otra búsqueda, de otro grafismo. Este es un estilo raro de Sáenz Valiente, en el que las figuras se vinculan con los fondos y ambos elementos se vinculan con el color de un modo arriesgado, inesperado, muy original… y que me gusta un poco menos que el estilo más clásico de Juan. Como complemento (porque tratar de vendernos un libro con sólo 46 páginas de historietas es más difícil que convencernos de que Calcaterra, Arribas y Macri nunca pagaron ni recibieron coimas) tenemos tres historias cortas de la dupla, que en su momento aparecieron en Fierro, y donde vemos a Sáenz Valiente incursionar en otros estilos que domina a la perfección. Las tres están buenas, pero creo que La Pluma de las Historias Tristes es la que más me enganchó.
Vamos con otro tomo de la colección MAD´s Original Idiots, esta vez al dedicado a reunir los trabajos del malogrado maestro Wally Wood para los primeros 23 números de la famosa revista de humor satírico de la E.C.. No hace falta que lo diga yo (obviamente) pero Wood era un dibujante prodigioso, una especie de Will Eisner con poderes camaleónicos, capaz de reproducir fácilmente los rasgos distintivos de otros dibujantes. Un talento ideal cuando tenés que parodiar historietas de Superman, Batman, Flash Gordon, Prince Valiant, Pogo, Little Orphan Annie, Terry and the Pirates, los Blackhawks… y películas, y poemas, y afiches publicitarios… Wood no deja títere con cabeza y en cada viñeta pone una cantidad impresionante de detalles, en dibujos de enorme plasticidad, impactante belleza, perfectamente funcionales a la narrativa, y con unos minones infernales (especialidad de un tipo que durante muchos años paró la olla con historietas eróticas).
Como en el tomo anterior, acá tenemos un sólo guionista: el imparable Harvey Kurtzman, un auténtico subversivo, quien pone en juego una amplísima gama de recursos a la hora de satirizar (que es la mejor forma de cuestionar) a un montón de instituciones de la cultura, el entretenimiento, las costumbres y la propia estructura social de los EEUU de los años ´50. Incluso llega a escribir una historieta que satiriza las convenciones de… las historietas satíricas. Y además, ya en aquel entonces, se animaba con historietas que jugaban con la gramática misma del lenguaje del comic (la apabullante “3-Dimensions!”) o que giraban en torno al uso y abuso de las onomatopeyas (“Sound Effects!”). Un genio total. Ah, y en este tomo seguimos sufriendo un poco el color, que quedó realmente muy antiguo, pero no tanto el tema de la sobrecarga de textos en cada viñeta. Hay mucho, pero no tanto como en las historietas que dibujaba Jack Davis. Me queda un tomo más, prometo entrarle pronto.
Y prometo también volver con nuevas reseñas, ni bien tenga algunos libros más en pilón de los leídos.

miércoles, 28 de marzo de 2012

28/ 03: SHOWCASE PRESENTS ALL-STAR COMICS


Hacía mucho que no leía nada de superhéroes, no? Bueno, este masacote de casi 450 páginas trae todo lo que se hizo con la Justice Society en los ´70. Una historia que arranca en 1976 en la revista All-Star Comics y después pasa a Adventure Comics, no sin antes protagonizar un DC Special dedicado a revelar –por primera vez- el origen del primer super grupo de la historia.
En los primeros cinco episodios lo tenemos a Gerry Conway, guionista icónico de la Verdul Age, al que los personajes parecen importarle poco. Le da mucha bola a los nuevos miembros (Power Girl y Star-Spangled Kid) y poca a la interacción, al desarrollo de personajes (que se limita a generar discusiones pelotudas entre PG y Wildcat) y a los villanos, que son cualquiera. Pero –fijate vos- Conway baja línea acerca de la recesión económica que afecta a EEUU a mediados de los ´70, cuestiona sutilmente el programa espacial de la NASA y habla –y esto sí es impactante- del apartheid en Sudáfrica! En un comic de superhéroes de 1976! Ya sólo por eso, hay que reivindicarlo.
Después, y hasta el final, lo tenemos a Paul Levitz, que tampoco se calienta demasiado en darle onda a los villanos, tampoco se mata para generar plots interesantes y también ofrece una caracterización que se limita a hacer que los héroes discutan por giladas. Pero se juega a contar tres historias MUY importantes, realmente definitivas: el origen de la JSA (en los ´40 a nadie se le ocurría que hubiera que explicar cómo y por qué los héroes se juntaban para formar un grupo), la disolución de la JSA en los ´50, cuando los apura el Comité de Actividades Anti-Americanas fogoneado por el infausto senador McCarthy, y la muerte (verdadera, irreversible) nada menos que de Batman. Del Batman de Tierra-2, claro. También la primera aparición de Huntress, pero sucede en una aventura tan chota que casi ni merece ser mencionada. O sea que lo de Levitz, sin ser bueno, es importante. Evidentemente el tipo se sentía comprometido con la serie y quería dejar una huella duradera en la historia de los héroes de Tierra-2. Después vendría Roy Thomas y haría todo tanto mejor y más divertido que Levitz, que sólo los muy freaks reivindicarían esta etapa, pero esa es otra historia.
A nivel visual, el Showcase arranca como si fuera un comic de los ´50: dibuja el nada inspirado Ric Estrada y lo entinta el legendario Wally Wood, con los tapones de punta, dispuesto a imponer su estilo por sobre el del dibujante. El resultado es un comic que atrasa mucho, no sólo frente a lo que pubilicaba Marvel en esa misma época, sino incluso frente a lo que había hecho Wood a fines de los ´60 en THUNDER Agents o en la revista Witzend. Los tres últimos números de Conway los dibuja un muy joven Keith Giffen, a quien –por supuesto- la tinta de Wood oculta por completo. Pero el talento de Giffen se ve en la puesta en página, arriesgada, moderna, compleja, a años luz de la nada que proponía Estrada. Ya con Levitz al frente, hay tres episodios donde Wood se hace cargo de lápices y tintas. Ahí hay unos pocos momentos de gran belleza plástica (las tomas panorámicas de los castillos medievales y los hologramas en la secuencia del futuro) pero en general, todo es bastante aburrido.
Y después llega el co-equiper favorito de Paul Levitz, Joe Staton. Acá todavía estamos lejos del Staton que a mí me gusta, que es el de los ´80. Los primeros números son bastante flojos y la calidad mejora, pero lentamente. El primer entintador, el correcto Bob Layton, pone mucho de su estilo y tapa bastante a Staton. Después, pobre pibe, se tendrá que fumar a dos de los peores entintadores de la historia: Dave Hunt y el impresentable Joe Giella. Y finalmente, en apenas cuatro o cinco episodios de Adventure Comics, Staton se entinta a sí mismo y ahí sí, cumple con creces. No te digo “la descose”, porque sería mucho, pero la verdad que pone mucho huevo y logra momentos fuertes, con buenos climas, buenas peleas, buenas expresiones faciales y un balance muy atractivo entre blancos y negros (cosa que el Showcase nos permite apreciar y las revistitas coloreadas para el ojete no).
Esto sólo se le puede recomendar a los muy fans de la JSA, o a los nostálgicos de la clásica Tierra-2. Si no entrás en ninguna de esas categorías, el consejo es que sigas de largo porque las historias en sí no justifican la compra (ni mucho menos la lectura) de este mega-broli.