el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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miércoles, 17 de octubre de 2012

17/ 10: EL PERFUME DEL INVISIBLE

La verdad es que el argumento de El Perfume del Invisible no es exactamente una calamidad. Lo único realmente choto es el final o, para ser más precisos, el punto en el que Milo Manara decide terminar la historia de Miel y el tipo que inventó la pomada para hacerse invisible. Cuando faltan sólo cuatro páginas para el final, a Manara se le ocurre pegar un volantazo totalmente impredecible y el resultado es francamente penoso.
El resto no está tan mal, sobre todo si pensamos que se trata de una obra claramente enrolada en el género erótico, un comic pensado para ser leído con una sola mano por un lector cuyo nivel de exigencia baja a medida que la carpa sube. En ese sentido, El Perfume... no defrauda para nada. Si lo que buscás es una historieta que te haga zumbar la entrepierna, Manara no te va a dejar de garpe, en lo más mínimo. Dentro de ese argumento livianito conviven varias excusas ingeniosas para que Miel, Beatriz o cualquier otra minita que entre en escena termine abierta de gambas recibiendo invisibles duraznazos por parte del profesor con olor a caramelo de leche.
Me gusta mucho una idea que no es mía: El principal hallazgo de Manara en esta obra y en El Clic! es que sus hembras (sensuales hasta el punto de prenderle fuego a la página... o pájina, no estoy seguro) están constantemente luciendo sus orificios abiertos y gozando como perras, pero las pijas jamás se ven. Ahí donde debería ir la pija, lo único que hay son los genitales de las minas, actuado como si la pija estuviera ahí. Pero no está. Por ende, el que finalmente las penetra, el que consuma la chanchada, es el ojo del lector. Y ese es un truco demasiado bueno como para no ovacionar al maestro italiano. Lo podemos verduguear por repetirlo cinco o seis veces, eso sí...
Otro dato interesante es que para esta edición argentina (la primera a color, porque en los '80 La Urraca lo había editado en blanco y negro) se realizó una traducción repleta de giros muy porteños. El más notable debe ser "No me puedo pasar el resto de mi vida en cuatro sólo porque descubriste la concha". Pero hay varios. Y también hay un problema, tal vez menor, que es el tema del caramelo cuyo olor tiene el profesor cuando se cubre con la pomada que lo hace invisible. En esta traducción, todo el tiempo se habla del "olor a caramelo" y Miel llama "Caramelo" al cada vez más alzado hombre invisible. Lo cierto es que no se trata de cualquier caramelo, sino del Butterscotch, que es lo que nosotros conocemos como "caramelo de leche", ese cubito tipo caldo Knorr, pero marrón y con una asombrosa habilidad para quedarse pegado en tus dientes y hacértelos mierda. Eso no se aclara nunca en la edición argentina.
Finalmente, el color está bastante bien y no opaca para nada el excelente trabajo de Manara en la faz gráfica. Un trabajo realmente consagratorio, sustentado por una narrativa fluída, un gran manejo del lenguaje gestual y facial, muchísima atención a los detalles en vestimentas, decorados, peinados y por supuesto, un virtuosismo fuera de control a la hora de plasmar la anatomía femenina con elegancia, pero también con toda la intención de levantar temperatura en el lector, hasta convertirle los ratones en comadrejas.
Este libro fue co-editado por Deux y el sello VV (que debutaba con este lanzamiento) y si bien en este tomo prometían dos álbumes más para esta colección dedicada a Manara, esto por ahora no se concretó. Vos sabrás si creer o no. Mientras tanto, está muy bien que haya ediciones de Manara en Argentina, accesibles, en un formato ni lujoso ni muy croto y en el caso puntual de El Perfume... con un guión casi aceptable y unos dibujos devastadores, de esos que ya ni el propio Manara logra conjurar en sus obras más recientes.