Finalmente anoche me terminé el mega-mamotreto de 700 páginas que recopila todo Alack Sinner, el magnum opus de José Muñoz y Carlos Sampayo. Obviamente es un sinsentido tratar de resumir en estos pocos caracteres la cantidad de cosas que podría decir acerca de esta obra, pero bueno, vamos a intentarlo. Por suerte, para los que quieran leer un análisis más extenso y más sesudo, hace poquito se editó El Exilio de las Formas, el libro teórico en el que el maestro Pablo Turnes disecciona a Alack Sinner con un nivel de profundidad al que yo no puedo ni aspirar.
Básicamente, Alack Sinner se trata de la corrupción enquistada en todos los niveles de la sociedad estadounidense, sobre todo en los ricos y poderosos. A lo largo de 30 años, Muñoz y Sampayo se encargaron de denunciar (con distintos grados de sutileza) las miserias y las atrocidades que sostienen al “American way of life”, tomado además como metonimia del capitalismo moderno. La ciudad como ámbito del crimen, la desigualdad social como caldo de cultivo de la violencia y la abyección, son tópicos clásicos del policial negro norteamericano y sobre esas bases Muñoz y Sampayo construyen un discurso que rápidamente trasciende lo urbano para, por un lado, hablar de la violencia política a un nivel más global, y por el otro para meterse de modo casi voyeurístico en las idas y vueltas de los vínculos sentimentales entre las personas.
Sinner es un personaje bastante cínico, porque algunos hechos de su juventud lo hicieron despertar temprano del Sueño Americano. Por eso lo vemos desconfiado, desafiante, siempre del lado contrario al de la autoridad, desde aquellas primeras aventuras de los ´70 hasta la última (a la que ya le dedicamos una reseña allá por el 19/01/12). Por supuesto que con los años, el personaje va cambiando y lo mejor que tiene este libro es eso: poder ver de modo muy claro, muy directo, como Muñoz y Sampayo hacen evolucionar tanto al protagonista como a la serie en sí, mientras encuentran y afianzan una identidad autoral propia que los pone en la cima de la historieta para adultos a nivel mundial.
Lo que menos cambia (creo yo) es la prosa de Sampayo. Arranca muy arriba, con un gran manejo de las convenciones de la literatura policial clásica, y termina también muy arriba. La diferencia está en que sobre el final encara relatos más extensos, que le permiten combinar el hard boiled con el aspecto más humano de la serie, es decir, los vínculos que Sinner entabla con los personajes –sobre todo femeninos- que se incorporan a su historia/ historieta. Para los dos últimos álbumes, Sampayo maneja los dos registros: el de un thriller con crímenes, investigaciones y suspenso, y el del drama familiar con novias, hijas, amantes, etc.
De todo el material que ofrece el libro, el único arco que nunca había leído es Historias Privadas, editado originalmente en 2000. Casualmente es el que menos me gustó. Y si me tengo que quedar con un sólo arco, creo que elijo al que es mi favorito desde siempre: Encuentros y Reencuentros. Me parece que ahí es donde Muñoz y Sampayo patearon el tablero y redefinieron totalmente qué carajo es hacer historietas de autor. Se animaron a sacarlo a Sinner de New York, a abandonar la estructura típica de la investigación policial… Es un auténtico cruce del Rubicón que no pierde para nada la magia y el impacto leído por tercera o cuarta vez (no recuerdo exactamente cuántas veces la leí). Y sí, a nivel dibujo Muñoz se zarpa un poquito más en el arco siguiente, Nicaragua. Pero el guión de Nicaragua tiene problemitas y la conjunción entre texto y dibujo no está tan lograda como en Encuentros y Reencuentros, donde ambos autores parecen uno solo.
Los saltos gráficos que pega Muñoz entre un arco y el siguiente son otro de los grandes atractivos que tiene el mega-broli. De acompañar a la prosa de Sampayo, pasa a agregarle varias capas de profundidad. En algún punto, el dibujo de Muñoz logra incluso graficar esa ironía, ese tinte farsesco que tienen las historias de Sampayo. Muñoz le sube el volumen a ese humor extraño, a la cacofonía de las grandes urbes, a los climas sórdidos, a la sensación de agobio que muchas veces pesa sobre los personajes. A veces le añade una dimensión más grotesca, granguiñolesca, que es muy linda de mirar pero que no sé si contribuye mucho al relato. Y a veces ese claroscuro hiper-expresionista logra imágenes tan bellas, tan potentes, que relegan al relato a un tercer plano y uno se queda ahí, babeando como un subnormal, mirando esas composiciones como si estuviera no frente a un comic, sino frente a un cuadro en un museo. El trazo de MunDios muta mucho más y más rápido que la prosa de Sampayo y –repito- ambos alcanzan la cumbre en la estremecedora Encuentros y Reencuentros. Cumbre de la que nunca van a bajar, por otra parte, porque a partir de ese trabajo (serializado entre 1981 y 1982 en la revista italiana alteralter) vendrán muchos más, dentro y fuera de la saga de Sinner, en los que los veremos arrasar con todo sin achancharse jamás.
A caballo entre el Siglo XX y el XXI, entre el comic de género y el comic de autor, entre la publicación episódica en revistas y la novela gráfica, entre Europa y Argentina, Muñoz y Sampayo (virtualmente desconocidos en 1975, cuando se publica El Caso Webster) construyeron una obra devastadora, con un mensaje potente y un corazón enorme. Una obra que no puede faltar en la biblioteca de ningún lector al que le interese mínimamente la historieta moderna de impronta autoral. Gloria eterna para ambos.
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viernes, 26 de octubre de 2018
jueves, 19 de enero de 2012
19/ 01: ALACK SINNER Vol.8
¿Te acordás de los episodios clásicos de Alack Sinner? El Caso Fillmore, el Caso Webster... bueno, acá Carlos Sampayo y José Muñoz proponer volver a eso. Sinner reabre su agencia de detectives y, viejo y todo, vuelve a patear las calles de New York para ganarse unos mangos fisgoneando en las vidas ajenas. Por eso esta historia se llama El Caso USA, para hacer más obvia la relación con las primeras entregas de la serie.
Pero claro, Muñoz y Sampayo proponen y el que dispone es Sinner. Y no, por más que lo intenten, El Caso USA (de 2004-05) termina por parecerse poco a los clásicos de los ´70. Alack largó el pucho y está a punto de ser abuelo, Joe (el del bar) se está por jubilar, Nick Martínez ya colgó la chapa y la reglamentaria hace años, está todo demasiado cambiado. Lo único que no cambia es la corrupción. En los ´70 la veíamos en garcas más chicos y en El Caso USA la vemos a un nivel de garcas tamaño Galactus. Faltan poquitos días para los atentados del 11/09/01 y Sinner se ve envuelto en una compleja tramoya entre la mafia, los funcionarios del gobierno de George W. Bush y dos agencias de espionaje, supuestamente dedicadas a garantizar la seguridad del pueblo de los EEUU.
El contexto es distinto, la magnitud de lo que está en juego también, pero Alack reacciona como en los ´70: investiga, se involucra, se cubre y cuando la cosa se hace personal y se meten con su hija, no tiene problemas en repartir piñas o pelar el chumbo. Parece mentira, pero Muñoz y Sampayo armaron un comic bien de género, con un héroe definido, incuestionable, casi como “los de antes”. Sinner se desenvuelve con coraje por una trama intensa, muy bien pensada, con vericuetos impredecibles y momentos más... protocolares. El detective se juega la vida varias veces, parece flaquear (cuando cae de nuevo en el pucho), termina por deber unos cuantos favores, y finalmente sale victorioso, con su integridad intacta y con apenas un par de sueños aplastados por la mierda a la que se tuvo que enfrentar, y sobre todo por el lugar que ocupa esa mierda en la estructura de poder del país donde vive.
Ese epílogo, esas últimas tres páginas que transcurren tres años después del 11/9, resumen un poco todo: pasan los gobiernos, pasan las guerras, EEUU cambia de enemigos, un montón de gente sufre y muere sin demasiado sentido ni explicación, y lo que se mantiene siempre es un status quo injusto, de prosperidad e impunidad para un grupito de garcas enquistado muy, muy arriba. Muñoz y Sampayo lo exponen de modo filoso, con cáustica ironía, como para amargarnos el final feliz que Sinner había logrado para el tramo aventurero de la obra, como para recordarnos que la desazón y la abyección moral tienen todo para ganar, incluso cuando parece que van perdiendo.
El dibujo de Muñoz está perfecto. Encasillado (como en las primeras historias de Sinner) en la grilla de tres tiras, sin superar casi nunca las seis viñetas por página, el genio del claroscuro pone la magia de su pincel endemoniado al servicio de este cautivante relato. Por ahí se luce menos que en otros trabajos, seguramente para integrarse mejor con los textos, para no distraer al lector con su virtuosismo y permtirle concentrarse a full en la trama. Aún así, controlado y sin estridencias, Muñoz da cátedra de cómo combinar dibujo expresionista y narrativa clásica. Cátedra en la que deberían inscribirse unos cuantos.
Ojalá tengamos pronto un nuevo regreso de Alack Sinner, aunque sea viejo y choto. Es uno de esos clásicos de la historieta mundial que no pasan de moda, que cada vez que reaparecen redefinen todo, sin los cuales nada es lo mismo. Excepto que vivas en Argentina, donde Sinner no se edita, ni se difunde, ni nada, como si Muñoz y Sampayo en vez de genios fueran pichis, o en vez de argentinos fueran zimbabwenses...
Pero claro, Muñoz y Sampayo proponen y el que dispone es Sinner. Y no, por más que lo intenten, El Caso USA (de 2004-05) termina por parecerse poco a los clásicos de los ´70. Alack largó el pucho y está a punto de ser abuelo, Joe (el del bar) se está por jubilar, Nick Martínez ya colgó la chapa y la reglamentaria hace años, está todo demasiado cambiado. Lo único que no cambia es la corrupción. En los ´70 la veíamos en garcas más chicos y en El Caso USA la vemos a un nivel de garcas tamaño Galactus. Faltan poquitos días para los atentados del 11/09/01 y Sinner se ve envuelto en una compleja tramoya entre la mafia, los funcionarios del gobierno de George W. Bush y dos agencias de espionaje, supuestamente dedicadas a garantizar la seguridad del pueblo de los EEUU.
El contexto es distinto, la magnitud de lo que está en juego también, pero Alack reacciona como en los ´70: investiga, se involucra, se cubre y cuando la cosa se hace personal y se meten con su hija, no tiene problemas en repartir piñas o pelar el chumbo. Parece mentira, pero Muñoz y Sampayo armaron un comic bien de género, con un héroe definido, incuestionable, casi como “los de antes”. Sinner se desenvuelve con coraje por una trama intensa, muy bien pensada, con vericuetos impredecibles y momentos más... protocolares. El detective se juega la vida varias veces, parece flaquear (cuando cae de nuevo en el pucho), termina por deber unos cuantos favores, y finalmente sale victorioso, con su integridad intacta y con apenas un par de sueños aplastados por la mierda a la que se tuvo que enfrentar, y sobre todo por el lugar que ocupa esa mierda en la estructura de poder del país donde vive.
Ese epílogo, esas últimas tres páginas que transcurren tres años después del 11/9, resumen un poco todo: pasan los gobiernos, pasan las guerras, EEUU cambia de enemigos, un montón de gente sufre y muere sin demasiado sentido ni explicación, y lo que se mantiene siempre es un status quo injusto, de prosperidad e impunidad para un grupito de garcas enquistado muy, muy arriba. Muñoz y Sampayo lo exponen de modo filoso, con cáustica ironía, como para amargarnos el final feliz que Sinner había logrado para el tramo aventurero de la obra, como para recordarnos que la desazón y la abyección moral tienen todo para ganar, incluso cuando parece que van perdiendo.
El dibujo de Muñoz está perfecto. Encasillado (como en las primeras historias de Sinner) en la grilla de tres tiras, sin superar casi nunca las seis viñetas por página, el genio del claroscuro pone la magia de su pincel endemoniado al servicio de este cautivante relato. Por ahí se luce menos que en otros trabajos, seguramente para integrarse mejor con los textos, para no distraer al lector con su virtuosismo y permtirle concentrarse a full en la trama. Aún así, controlado y sin estridencias, Muñoz da cátedra de cómo combinar dibujo expresionista y narrativa clásica. Cátedra en la que deberían inscribirse unos cuantos.
Ojalá tengamos pronto un nuevo regreso de Alack Sinner, aunque sea viejo y choto. Es uno de esos clásicos de la historieta mundial que no pasan de moda, que cada vez que reaparecen redefinen todo, sin los cuales nada es lo mismo. Excepto que vivas en Argentina, donde Sinner no se edita, ni se difunde, ni nada, como si Muñoz y Sampayo en vez de genios fueran pichis, o en vez de argentinos fueran zimbabwenses...
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