
Uno de los lugares comunes frecuentemente visitados por los que escribimos sobre historieta en Argentina es la comparación entre Oswal y Will Eisner. Andá a saber por qué carajo Argentina necesitaba un “Will Eisner argentino” y el elegido fue el maestro quilmeño. Con bastante buen tino, claro: los dos crearon justicieros enmascarados que pueden ser disfrutados por quienes no son fans de ese género, los dos incursionaron en las adaptaciones literarias y en las novelas gráficas, los dos son monstruos del claroscuro, los dos se jugaron a innovar en materia de enfoques e iluminación, sumado al salto en la narrativa que supone no dibujarle marcos a las viñetas y demás. Pero es hora de detonar una bomba atómica, amigo viñetófilo, y ahí va: Oswal le rompe el culo a Will Eisner, MAL. Como dibujante y como narrador Oswal es mil veces mejor que Eisner. Al creador del Spirit –seamos justos- hay que reconocerle dos cosas: que llegó primero y que es mejor como autor integral, ya que siempre trabajó con guiones propios y la mayoría son buenísimos.
Ahí Oswal da una cierta ventaja, porque sus obras con guiones propios no son todas cátedras: Sónoman o Mascarín por ahí sí, pero Tango en Florencia por ahí no. Pero por otro lado, Oswal cosechó toneladas de laureles en sus obras con guionista, lo cual no es ilógico si pensamos que colaboró con animales de la talla de Oesterheld, Albiac, Barreiro y Sánchez Abulí. También con guionistas hoy medio olvidados, como Ray Collins o Linton Howard, y con otros que siempre fueron más capos fuera que dentro del campo de la historieta, como Dalmiro Sáenz o Yaqui, guionista de la obra que hoy nos ocupa. Con su verdadero nombre (Patricio McGough), Yaqui fue un famoso compositor folklórico, novelista, ensayista y poeta, dirigió Radio Belgrano, Radio América y hasta Canal 9, y escribió y dibujó durante más de 10 años una tira diaria en La Nación, Figuras de Nuestra Tierra, injustamente olvidada. Este libro es el único que recopila historietas suyas.
El hecho de que Consummatum Est sea virtualmente desconocida en Argentina (apenas salieron un par de episodios en la revista Trix) es un disparate y una deshonra sólo comparable al rating de ShowMatch. Estamos ante una verdadera Obra Maestra, una joya exquisita, en la que guionista y dibujante se conjugan en una danza perfecta, peligrosa, cautivante, con momentos tremendos (un tipo castra a otro y le hace tragar los huevos, unos muchachones se violan a una embarazada…) y con momentos desbordantes de poesía. Consummatum Est nos presenta historias cortas, de hombres y mujeres en situaciones límite, ambientadas en distintas épocas que van desde el antiguo Egipto hasta fines del Siglo XV. Cada período histórico está perfectamente reproducido no sólo en los trajes, vehículos, armas y edificios, sino incluso en las costumbres cotidianas y los usos del habla. El trabajo de documentación de Yaqui y Oswal es digno de los mejores literatos, y el nivel de los textos (que son muchos) es pasmoso. Estas son historietas que a Borges le gustaría haber escrito.
Y eso sin mencionar las genialidades que hace Oswal a la hora de dibujarlas. El pincel del maestro recrea épocas, climas, estados de ánimo, y amores trágicos con magia y lirismo, pero también con crudeza y venalidad. El libro está lleno de secuencias impactantes, emotivas, realmente fuertes, y no tiene ningún pozo ni punto bajo. Tal vez la historieta mejor dibujada de punta a punta, la que ya se pasa de todo elogio que podamos ofrendarle, sea la de Jean Armand, el campesino condenado a la horca que lanza su maldición sobre el avechuchesco duque que lo mandó ejecutar. El guión es una fábula moral punzante y perturbadora y el dibujo de Oswal es desaforado, no da tregua ni en una sóla viñeta. Posta, para pasar a la historia. El episodio del matrimonio chino bajo el reinado de Shin Huang-Ti (en el que Oswal coquetea un par de viñetas con Hugo Pratt) es otra maravilla indescriptible.
Pero todo el libro, los 12 relatos dejan testimonio de una conjunción entre dos autores que pusieron todo: pasión, talento y poesía para una serie de historietas que –en un mundo más justo- sería texto obligatorio en cualquier cátedra de Historia o de Literatura de cualquier facultad. Consummatum Est excedió todas mis expectativas, y eso que cuando leí las historias sueltas en la Cimoc (hace mil años) ya me había parecido brillante. Will Eisner, seguí participando…