el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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miércoles, 5 de noviembre de 2025

OTRA NOCHE DE MIÉRCOLES

Ya estamos en los últimos días en los que me puedo dar el lujo de tomarme un rato para leer historietas, en la previa a ese momento en el que me zambullo en el frenesí de la Comiqueando Digital y no asomo la nariz hasta Enero. Vamos a tratar de tener reseñas de vez en cuando durante Noviembre y Diciembre, pero seguramente no van a ser demasiadas. Debout l´Humanité! es el nombre con el que se dio a conocer en Francia el manga Ningendomo atsumare!, una obra del inmortal Osamu Tezuka originalmente serializada entre 1967 y 1968. Este es un caso típico de "el que mucho abarca poco aprieta". A Tezuka se le ocurre una idea loquísima: un tipo con unos espermatozoides raros, que le permiten engendrar una nueva raza cuasi-humana: l@s asexuad@s. Seres muy parecidos a nosotros, que son prácticamente idénticos entre sí y que pueden asumir el aspecto (y los genitales) de hombres o de mujeres de manera indistinta. Son una sub-especie sumamente dócil y leal, sin pulsiones sexuales, obedientes, disciplinad@s, ideales para ser convertidos en un ejército. Científicos inescrupulosos le extraen millones de espermatozoides al pobre Tenka Taihei (que es bastante pajero) y está todo dado para que, en 20 años, esos fetos estén listos para ser soldados que les ayuden a sojuzgar a ganar una guerra entre países vecinos que estalló hace décadas. Hasta ahí, es un concepto atractivo, que da para infinitas peripecias, aventuras, intrigas y hasta chistes sexuales subidos de tono. Pero a Tezuka le gana la ambición y ahí la cosa se empieza a desmadrar. Pongámosle que hasta la mitad de la obra, Ningendomo atsumare! es rara pero interesante. Rara porque (como otras obras del ídolo) se mete con un tema cruento y desolador como una guerra en la que abundan las muertes, las torturas, los bombardeos, las masacres y demás, mientras los protagonistas se ven envueltos en situaciones cómicas, en un contraste que -por lo menos leído hoy- hace mucho ruido. E interesante porque el plan de los villanos está bueno, hay personajes secundarios bien trabajados, la consigna es original, etc.. El problema llega con la segunda mitad de la obra (digamos, a partir de la página 200) cuando el Dios del Manga se propone explorar a fondo las consecuencias de la aparición de esta nueva sub-especie humana. En las 220 páginas que le quedan por delante, el autor se propone planteos filosóficos, sociológicos, de discriminación racial y sexual, sin dejar de lado la temática de la guerra (por supuesto, la mirada de Tezuka es anti-bélica) ni las escenas (mayoritariamente en joda) que tienen que ver con el sexo. Y es mucho. Es mucha la violencia, son muchas las peripecias que se acumulan, y sobre todo es mucho lo que Tezuka pretende explicarnos acerca de cómo surge, crece, se organiza y se planta frente a la Humanidad esta nueva especie. El guion se vuelve barroco, convulsionado, abarrotado de personajes y de elementos que no se llegan a amalgamar de manera armónica, a tal punto que la historia termina prácticamente en cualquier lado, como si Tezuka hubiese dicho "listo, ya fue, la corto acá porque me estoy yendo demasiado al carajo". Y lo más loco: Tezuka dibuja esta historia en un estilo mucho más cercano al humor gráfico, con un trazo muy simple, muy sintético, como si en vez de Walt Disney sus influencias fueran Jules Feiffer, Jean-Jacques Sempé o el Sergio Aragonés más minimalista. El resultado es una narración gráfica muy dinámica, en la que el maestro demuestra que aún dibujando poquito te puede atrapar y hacer que entiendas todo lo que él quiere que entiendas, pero también se extraña el trazo más prolijo y más esmerado de las otras obras de Tezuka. Esto está dibujado a los santos pedos, y se nota mucho. No molesta demasiado, pero si estás acostumbrado al Tezuka más virtuoso, te va a sumar ruido a una historia que ya de por sí es un toque fallida. Ningendomo atsumare!, entonces, es un manga muy extraño, solo para MUY fanáticos del Dios del Manga que quieren leer TODO (o lo más posible) de la inabarcable obra del autor más grande que dio el Noveno Arte en sus 130 años de historia.
Me voy a Marzo de 2020, justo cuando explota la pandemia de COVID-19. Es el momento en el que DC festeja el nº750 de Wonder Woman con una antología de 100 páginas, bastante similar a los especiales de 80º aniversario de distintos personajes, de los que ya vimos unos cuantos acá en el blog. La diferencia es que el nº750 de Wonder Woman empieza con 22 páginas en las que Steve Orlando y Jesús Merino cierran un arco argumental que se venía desarrollando en los números anteriores de la serie regular. El lector desprevenido cae en el medio de la machaca entre personajes que Orlando ni se calienta en presentar, y tarda unas cuantas páginas en entender qué corno está pasando y en engancharse con una historia, que no es chota ni mucho menos, pero que requería un toque más de accesibilidad para los que no veníamos leyendo la revista de Diana. El dibujo de Merino, muy notable. Y después sí, historias cortas, con distintos autores y ambientadas en distintas épocas y distintas iteraciones de la mítica superheroína. Tenemos una muy linda a cargo de Gail Simone y Colleen Doran, un guion ingenioso y picante de Mariko Tamaki que involucra a Ares, buenos trabajos de dibujantes que a mí me encantan como Phil Hester y Riley Rossmo, una de la Wonder Woman de la realidad paralela de las DC Bombshells (que no entendí demasiado) y dos historietas muy buenas, pero demasiado parecidas entre sí: tanto en la de Greg Rucka y Nicola Scott como en la de Vita Ayala y Amancay Nahuelpan el conflicto es el mismo. Dos mujeres a las que Diana considera sus amigas más queridas se volvieron villanas y la quieren matar. Nuestra heroína va a hacer lo imposible por "curar" tanto a Barbara Minerva como a Vanessa Kapatelis, pero ellas están presas de un odio que las hace inmunes al amor de Diana. La pelea contra ese odio es compleja y desigual, pero obviamente Wonder Woman la va a dar hasta el final. Y el final también, es prácticamente el mismo en ambas historietas. La antología termina con una historia que en su momento armó bastante kilombo: ocho páginas en las que Scott Snyder despeja un poco el humo de una historia del Universo DC que estaba en pleno caos, donde nadie sabía qué era canon y qué no (como casi siempre). Acá, el guionista deja sentado que la Golden Age empezó en 1939 con el debut de Wonder Woman, que es la primera superheroína del DCU. Y todos los demás vendrán después. No sé si eso se mantiene aún hoy como canónico (creo que sí), pero la idea de que todo empezó con Diana nace en estas páginas, dibujadas por Bryan Hitch con menos pilas que en sus mejores trabajos.
Cierro con una breve mención para Elías y el Perro de la Esquina: El Gran Susto, un librito de 64 páginas que marca el regreso del talentoso Leo Arias a la serie que realizó durante más de 15 años para la revista Billiken. Estas son todas historias inéditas, breves relatos en los que Arias puede jugar con total libertad, sin las restricciones típicas del formato de una tira, o de una página, o de media página, o lo que fuera. Estas nuevas aventuras duran lo que Arias decide que tienen que durar, y están contadas a un ritmo alocado, como si estuviéramos viendo un dibujo animado. Hay nuevos personajes, están los de siempre, y resalto algo que el propio Arias subrayó durante la presentación del libro: Elías es el protagonista, pero la pasa para el orto. A tal punto que el miedo, la angustia y el trauma que le provocan a Elías ser sorprendido una y otra vez por los ladridos del perro son el centro, el núcleo, el componente principal de la historieta. El dibujo es maravilloso, repleto de imaginación, plasticidad, comicidad y con unos recursos narrativos de alto impacto, como para enganchar de inmediato a los chicos, pero también a los grandes. Lo más raro es un nuevo villano, la rata, que está dibujada en un estilo distinto, mucho más feista y desangelado que el resto de los personajes, y que no se termina de ensamblar del todo al grafismo que Arias desarrolla en esta serie. Fuera de ese detalle, Elías y el Perro de la Esquina es un excelente divertimento para niñ@s de 7 a 10 años y además un testimonio de la vigencia de un crack de la historieta y el humor como es (hace ya varias décadas) Leo Arias. Nada más, por hoy. Ni bien tenga más material leído nos reencontramos con nuevas reseñas acá en el blog.

lunes, 25 de agosto de 2025

LUNES ANTOLÓGICO

Venía bastante embalado con el comic brasileño, pero le voy a meter pausa unos días, para leer material de otros países de Latinoamérica que conseguí en estos últimos meses. Empiezo en Colombia, año 2024, con una antología titulada Aguacero que reúne trabajos de autores y autoras jóvenes de Bogotá que participaban del Taller Distrital de Narrativa Gráfica de Idartes allá por 2022. De esta frase ya se desprenden tres problemas: 1) se trata de autores sin trayectoria, perfectos desconocidos de los cuales un buen porcentaje tal vez no llegue a trabajar nunca de manera profesional en el mundo del comic. 2) es un taller, por ende se estimula (como es lógico) la búsqueda y la experimentación, algo que en manos de autores no profesionales puede dar resultados catastróficos. Y 3) son muchos autores para un libro de apenas 70 páginas, o sea que cada uno tuvo pocas páginas para desarrollar sus historias, sus personajes, etc. Con todo esto en contra, veamos qué se puede rescatar de Aguacero. El dibujo de Isabel Trujillo es realmente sólido. Cami San, autora de "Ser Playa" la tiene muy clara, maneja una línea muy idónea para trabajar en una onda poética, introspectiva, sutil. Diana Sarasti no es una virtuosa del dibujo, pero narra bien y lo que cuenta es divertido e interesante. Uno de los que más se destacan es Marco Pinto, que no solo dibuja bárbaro, sino que además desarrolla en tres páginas una buena idea. Otro excelente dibujante es Rick Renart, que maneja un claroscuro potente y lo complementa muy bien con grises y con un toque de naranjas que le quedan muy bien. Y otro gran dibujante, muy completo, con un trazo exquisito y a la vez sumamente idóneo para narrar aventuras, es Iván Saboya. Su historieta resume en apenas cuatro páginas una trama que daba para 10 ó 12, pero igual se disfruta muchísimo. El resto, lo de siempre. Historias demasiado breves en las que apenas se logra esbozar una idea, o haikus que apenas logran tirar cuatro o cinco frases con una intención más poética que narrativa, o delirios fumancheros inentendibles, o historietas tan mal dibujadas que resulta casi imposible involucrarse en la lectura. Por suerte, hay una selecta minoría dentro de Aguacero que permite suponer que la nueva camada de autores y autoras de Colombia nos va a dar unas cuantas alegrías. No ahora, claro, sino cuando los dejen crecer, aprender las cositas que les falta aprender, y desarrollar su talento en más páginas, con menos restricciones.
En el año 2018 se empezó a publicar en Japón una antología llamada Tezucomi, de la que salieron 18 números, en formato magazine. La consigna era juntar a autores importantes, tanto de Japón como de otros países, para homenajear a Osamu Tezuka con nuevas historietas que de algún modo intersectaran con los grandes clásicos del maestro. A principios de 2021, la editorial francesa Delcourt tradujo todo este material, hizo una selección, y lanzó tres tomos de más de 400 páginas con lo que -suponían- más le iba a interesar a los lectores galos. En España, Planeta hizo lo propio, y la selección no coincide, ya que -lógicamente- la selección española prioriza los trabajos de autores de ese país. Pero no me quiero meter con la edición española, porque siempre que la vi estaba carísima y nunca la pude comprar. El Vol.1 de la francesa, en cambio, me sonrió desde una batea de ofertas y es el único que tengo en mis manos (si alguien me quiere donar los otros dos, yo feliz de la vida). Si digo en la misma frase "selección" y "francesa", enseguida pensamos en un subcampeonato, algo que estuvo cerca de ser glorioso, pero no llegó. Algo de eso hay. Veamos. El Tezucomi Vol.1 de Delcourt arranca con un delito a mano armada: nos meten más de 60 páginas de una serie de tres tomos, que -si te copa- te tenés que comprar POR FUERA de esta antología. Se trata de una obra basada en Dororo y titulada "Search and Destroy", escrita y dibujada por Atsushi Kaneko, el mangaka que nos visitó hace muy poquito en la Crack Bang Boom. El dibujo de Kaneko es espectacular, MUY occidental en un montón de cosas, super dinámico, atrevido, con cosas de Paul Pope, de Luis Bustos y hasta de Massimo Rotundo. Una bestia total. Lástima que la historia apenas arranca... y que no tiene mucho que ver con Dororo, para ser sinceros. Después nos hacen el mismo truco sucio (60 páginas de una serie de tres tomos) con "La niña de la noche", una especie de remake de Ayako a cargo de Kurin Kubu, artista mucho más limitado (o limitada, no lo sé) que Kaneko. Su versión de Ayako es más porno que la de Tezuka... y su dibujo va bastante para el lado del fan service pajeril. No tiene mucho más atractivo que eso. Por suerte ahí se termina el curro de mostrarte la puntita de series que tenés que ir a leer a otros libros. Llega la versión de Prime Rose que nos ofrece Souichiro, muy jugada a la machaca, pero dentro de todo eficaz y correcta. Una obra corta y zarpada de Tezuka como fue Barbara, cae en manos de Atsuko Ishida, que no tiene la menor idea de qué hacer con ella. Ni siquiera están buenos los dibujos, la narrativa es confusa... una cagada atómica. El que más parecido a Tezuka dibuja en todo el tomo es el maestro brasileño Mauricio De Souza, que homenajea a quien fuera su amigo con una historieta de Ribbon no Kishi un poquito ingenua, pero sólida y consistente con ambos mundos, el del Dios del Manga y el del Walt Disney de Brasil. Ahora es el turno de los autores franceses, y tenemos al amigo Jean-David Morvan en equipo con ScieTronc, un muchacho fuertemente influenciado por el shonen noventoso. Ambos cuentan una nueva historia de Midnight, también muy jugada a la acción y las peleas, con un nivel de violencia electrizante y una muy linda aparición de Black Jack. El propio Black Jack protagoniza la siguiente historieta, con un guion logradísimo de Elsa Brants y dibujos realmente majestuosos de Bertrand Gatignol, mucho más jugado que en el trabajo que vimos el otro día (09/08/25). Son menos de 20 páginas, pero con un impacto alucinante. Otro francés, Reno Lemaire, propone una nueva versión de Kimba, también pasada de rosca en materia de violencia. El dibujo es bueno, no le cuesta para nada narrar en sistema oriental, pero el guion es un poco básico y se aleja mucho del espíritu de Tezuka. Y otra historia de autores franceses donde la machaca es protagonista está a cargo de Florence Torta y Philippe Cardona, quienes vuelven al universo de Dororo, de un modo bastante más fiel al original que el de Atsushi Kaneko. El dibujo es excelente, pero no hay mucha más sustancia que las luchas, el gore y la sangre. Y me guardo para el final a dos de mis autores españoles favoritos. El enorme Víctor Santos aporta una historia perfectamente conectada con la que narrara Tezuka en la mítica MW. Es casi un "episodio perdido" del clásico seinen del Manga no Kamisama, dibujado de manera brillante por un Santos inspiradísimo. Y por último lo tenemos a Juan Díaz Canales, acá como guionista y dibujante de una historia que se conecta -también de manera notable- con la de Adolf, el clásico ochentoso de Tezuka. Acá, además del führer, tienen peso en la trama tres personas llamadas Richard, como un guiño a los tres Adolf de la obra original. La trama es intensa, atrapante, sin elementos fantásticos ni chistes, y con mucho peso del contexto histórico que es -lógicamente- la Segunda Guerra Mundial. Una cátedra del guionista de Blacksad y Corto Maltés, que además dibuja como los dioses en ese estilo fascinante, entre Will Eisner y Naoki Urasawa. Espero conseguir algún día los tomos restantes, sobre todo para leer el material de los autores españoles, que son los que -me parece- mejor sintonizaron la onda de actualizar/ homenajear al historietista más importante de todos los tiempos que fue (obviamente a mi criterio) Osamu Tezuka. Perdón por la extensión de la entrada de hoy, y nos vemos el miércoles a las 22:30 en el canal de YouTube de Comiqueando con una nueva emisión en vivo de Agenda Abierta.

lunes, 9 de diciembre de 2024

VAMPIROS

Siempre es un placer echarle mano a una obra de Osamu Tezuka que uno nunca había leído... aunque leerla ya es otro tema. Vampiros es una serie que el Dios del Manga publicó entre 1966 y 1967, y que en su momento generó respuestas bastante heterogéneas dentro del público. Y es lógico porque a lo largo de un poco más de 580 páginas (alto masacote) nos vamos a encontrar con una montaña rusa que sube y baja sin control, de momentos apasionantes a momentos WTF?!? que dan testimonio de un Tezuka que en vez de ir a lo seguro elige arriesgar sin medir las consecuencias. Hay que aclarar que Vampiros no es un manga de vampiros, sino que Tezuka emplea este término para denominar a una amplia raza de humanos metamorfos que se transforman en muchos animales distintos, y por motivos de los más diversos. A los efectos de esta historia, los vampiros son más o menos lo que en Marvel son los mutantes: una minoría de humanos con una distorsión genética que les otorga un poder sobrenatural, en este caso, transformarse en algún animal y adquirir sus habilidades. Y como lo hicieran Stan Lee y Jack Kirby en 1963 con los X-Men, Tezuka nos invita a preguntarnos qué hacer con esta minoría... y la respuesta es muy parecida a la que nos van a dar muchos villanos de Marvel a lo largo de los 60 años de historia de los X-Men: convencer a la mayoría de que son un peligro, y exterminarlos. Perseguidos y amenazados, los mutan... digo, los vampiros se van a organizar y a confrontar con los homo sapiens en las mejores secuencias del manga... que lamentablemente llegan muy tarde. El Manga no Kamisama se toma unas 130 páginas para presentar a los personajes y a los conflictos, y a partir de ahí, la trama se hunde en un montón de peripecias pelotudas que tienen que ver sobre todo con el villano, que no es otro que Rock, uno de los personajes del "elenco estable" de Tezuka. Esta vez a Rock le toca ser un sorete, perverso, manipulador, hábil para disfrazarse y despistar a sus oponentes, traicionero, rosquero y sin ningún escrúpulo. Pero para la página 150 ya saturó y lo querés ver muerto, lo antes posible. Entre las muchas peripecias absurdas que no le aportan nada a la trama, muchas las protagoniza el propio Osamu Tezuka que toma la decisión (a mi juicio errónea) de ponerse como un personaje más en la obra, con un rol bastante destacado. Y el otro personaje recurrente, de lo que rara vez faltaban en los mangas que el ídolo creaba en los ´50 y ´60 es el querido Shunsaku Ban, que acá es un policía, tío del Inspector Shimoda, una especie de Dick Tracy al que Rock le va a dar un baile bárbaro. El rol de Shunsaku Ban va a crecer sobre todo en el último cuarto de la obra, que es cuando se vuelve a poner buena. Alrededor de la página 475, después de casi 350 páginas entre soporíferas y descabelladas que podrían tranquilamente no estar, Vampiros repunta fuerte y el tramo final es realmente atrapante. El funesto Rock va a llegar vivo casi hasta la última página, pero eso no le quita onda ni consistencia a un desenlace más a la altura del planteo inicial que de la falopa en mal estado con la que Tezuka nos rellenó la parte del medio. Vampiros es un manga de acción, con conspiraciones, crímenes, algo de rosca política, persecuciones y peleas muy violentas, y un mensaje en favor de la inclusión del distinto. A diferencia de las obras de Tezuka de los ´70 (mis favoritas) acá todavía no aparece el sexo como elemento de peso en el relato, pero ya hay atmósferas un poco más oscuras, personajes más jodidos y ese nivel imposible de expresionismo en el dibujo. A nivel gráfico, Vampiros es una obra donde se aprecia de modo diáfano esa transición que hace el Dios del Manga del trazo limpito y amistoso de Astroboy y Ribon no Kishi, hacia el trazo más extremo, más retorcido, más cargado de texturas y con más peso de las masas negras que se va a imponer en sus mangas a partir del último tramo de los años ´60. Estaría buenísimo sintetizar Vampiros, entrarle con la motosierra que el presiduende tiene metida en el orto y podarle todas esas escenas al pedo, que estiran innecesariamente la obra y que por momentos la hunden en el tedio más agobiante. No te digo de dejarle solo las primeras 130 páginas y las últimas 110 ó 120, pero por ahí anda la cosa. Esto mismo, abreviado y pulido, sería realmente mucho mejor, porque los personajes son atractivos (sobre todo Toppei), el conflicto es interesante y la línea que baja Tezuka está muy bien, sobre todo si pensamos cuándo está escrita la obra. Tiene situaciones muy limadas, está siempre ese contraste entre muertes truculentas y personajes caricaturescos que se deshacen en gestos ampulosos, se tropiezan y se golpean como en un dibujo animado de los Looney Tunes, pero bueno, es el Tezuka de los ´60. Obviamente si el manga no Kamisama hubiese imaginado esta saga en los ´70, sería más breve, más oscura y no exhibiría estas inconsistencias típicas de una época de exploración, de probar cosas nuevas, de romper ciertos cánones de la aventura infanto-juvenil para ver qué onda. Así como está, Vampiros adolece de un tramo bastante extenso al que no lo salva ni el dibujo, que es sensacional de punta a punta. Y es una pena porque -me reitero- empieza bien y termina bárbaro. Nada más, por hoy. Ni bien tenga leídos un par de libritos más, nos reencontramos con nuevas reseñas, acá en el blog.

miércoles, 11 de septiembre de 2024

DOS MÁS Y NO JODO MÁS

Tengo dos libros más para reseñar y ahora sí, ponemos pausa hasta Octubre. Le Château de l´Aurore (el castillo de la aurora) es una obra de Osamu Tezuka inédita en castellano, que el ídolo produjo allá por 1959, cuando su público principal todavía eran los chicos... o algo así. Esta es una historia de ambientación histórica, en la que el Dios del Manga recrea con precisión los inicios de la era de Momoyama (años 1568-1603 de los nuestros) y hasta incorpora a la trama a personajes que existieron en el mundo real. Hay un héroe, hay villanos... pero no es una historia exactamente infantil. Muere mucha gente, los niveles de violencia son elevados, hay peleas sangrientas, parte de la trama tiene que ver con tensiones políticas, espionaje y traiciones entre señores feudales... No es precisamente un cuento de hadas. El dibujo es perfecto, redondito, amistoso, perfectamente adecuado para el público infantil, y estamos en la época en la que Tezuka todavía no se iba al carajo en la planificación de la página, sino que trabajaba con viñetas siempre cuadradas o rectangulares, ubicadas en el espacio de manera tradicional. O sea que, visualmente, esto es sumamente prolijo, y muy accesible para todo tipo de público. Pero claro, el argumento (o los puntos ásperos del argumento) chocan de frente con esos personajes aniñados y esos animales que parecen salidos de un corto animado de Disney o de los Looney Tunes. Acá el maestro no inventa bizarreadas como aparecer él mismo como personaje, o traer a personajes de otras obras suyas a "actuar" en los roles secundarios, y en todo caso el WTF?!? pasa por ese contraste entre una historia donde se decapita gente a sangre fría y un dibujo demasiado bonito, muy lejos de la sordidez que predomina en más de una escena. Le Château de l´Aurore es una aventura clásica, con un final clásico (aunque no del todo predecible), que me imagino que a los eruditos en materia de Historia Medieval Japonesa le resultará más atrapante que a mí. Yo la disfruté, como suelo disfrutar cualquier comic japonés donde no hay chistes ni elementos fantásticos (acá hay muy poquito de ambos), pero no tengo dudas de que es una historia llena de guiños para el que sabe mucho más que yo acerca de esa época. Creo que lo que más me cerró es la forma que encuentra Tezuka para tener dos personajes femeninos de enorme peso en la trama, en un contexto muy machirulo como es el del Japón feudal. Y lo que menos me cerró es que se presente con total naturalidad el hecho ficticio de que los ninjas tenían poderes mágicos que les permitían desaparecer o cambiar su apariencia como si fueran skrulls o durlanos. Por suerte eso no es algo de gran importancia en la resolución de la trama. Los diálogos son ágiles, menos protocolares que en otros mangas donde todo el tiempo hay miembros de la nobleza que interactúan entre sí o con sus vasallos, y la traducción incluso cuida el detalle de que los personajes adolescentes o jóvenes no hablen igual que estos señores feudales, sus ministros y sus generales. La edición francesa (que conseguí en oferta en una comiquería de París) es impresionante, con una calidad de papel que no recuerdo haber visto en otros mangas. Pero con que se traduzca al castellano, yo me conformo. Si la imprimen en papel croto, da para tenerla igual, porque es Tezuka, obvio.
Vamos a España, año 2023, cuando ECC y el Spaceman Project sacan adelante la (por ahora única) edición en castellano de Salitre, una novela gráfica escrita por José Luis Vidal e ilustrada por el maestro argentino Jorge González. Encontré muchos puntos en común entre Salitre y Regreso al Edén, la novela gráfica de Paco Roca que vimos el 04/03/24: historias pequeñas centradas en varias generaciones de una misma familia, recuerdos, anécdotas, momentos dolorosos vinculados a la Guerra Civil Española, heridas abiertas que no cicatrizan, vínculos que se tensionan o se rompen... y todo narrado a un ritmo muy pachorro, con los niveles de decompresión a los que ya nos tiene acostumbrados González. La chispa, lo distinto, lo más lindo, tiene que ver con que Salitre está ambientada en la ciudad de Cádiz, en el sur de la península ibérica. Entonces todos los diálogos que escribe Vidal, las ambientaciones que elige para las escenas, las canciones que cantan los personajes o que suenan por ahí, tienen que ver con Cádiz, con su particular identidad geográfica, cultural y hasta idiomática, porque los gaditanos no hablan como el resto de los españoles (en ese sentido son medio cordobeses). La impronta gaditana está presente en todos los personajes, y se nota mucho el amor que los autores sienten por esta ciudad. Los pinceles de González, como siempre, son perfectamente idóneos para la tarea de captar esas atmósferas que solo existen en Cádiz, sus calles, su puerto, su mar, y traerlas a la página de modo que el lector también se vea inmerso en ellas. Es muy loco, pero la información que González le transmite a nuestros ojos, incluye sensaciones olfativas y sabores, y esas palabras que aparecen escritas en los globos con una tipografía para nada espectacular, resuenan en nuestros oídos con una cadencia muy particular. Uno de los efectos "mágicos" de la lectura de historietas, que acá se vuelve importantísimo en el disfrute de la obra. El argumento en sí, es definitivamente escaso para una obra de 200 páginas. Pasan unas cuantas cosas, hay personajes muy bien construidos, las distintas épocas por las que transita el relato están muy bien retratadas, hay giros impactantes, momentos conmovedores, otros que parecen pasos de comedia, más distendidos, pero nada realmente irrepetible o inolvidable. Lo más alucinante es cómo una trama que se apoya en el realismo, en lo fácil que le resulta al lector promedio español identificarse con uno o varios aspectos de la vida de esta familia, de pronto cobra vida, relieve y potencia en el trazo de González, que de realista ya tiene muy poco. Acá tenemos muchas secuencias en las que el dibujo se hace más plástico que gráfico, con saltos al vacío del expresionismo más extremo, e incluso de la abstracción. Es casi imposible pensar en una narración de comic no figurativa, pero el día que alguien la invente, seguro va a citar a Jorge González como una de sus principales influencias. Si sos de Cádiz, si tenés familiares que viven en Cádiz, o que nacieron allá, o si viajaste a Cádiz y te enamoró con sus paisajes, su música o su gastronomía, ni lo pienses: Salitre te va a conmover de punta a punta. Si sos fan de Jorge González, también tirate de cabeza, que acá el autor de Fueye y Llamarada está en un nivel devastador, con muchas páginas, mucha libertad y una calidad de edición óptima, como para que su arte se luzca en todo su esplendor. Y si no se dan ninguna de estas condiciones, por ahí te recomiendo gastarte la guita que sale este libro en otra cosa, porque no estoy muy seguro de que te vaya a enganchar un slice of life tan vinculado a la idiosincracia de una ciudad y una realidad que nos quedan lejos. Ojalá me equivoque, y Salitre tenga en algún momento una edición argentina (menos cheta que esta, claro) que llegue a muchísimos lectores de acá y que todos conecten con lo que quieren transmitir Vidal y González en esta obra. Y ahora sí, nada más. El 15 y el 19 vamos a tener en el canal de YouTube videos en los que voy a estar yo hablando giladas, y después no queda más material del que lleva mi firma hasta Octubre, cuando vuelvo de las vacaciones. Gracias por el aguante y nos reencontramos el mes que viene.

miércoles, 19 de junio de 2024

SARUTOBI

No tenía idea de la existencia de este manga de Osamu Tezuka, hasta que lo vi barato en una comiquería de París. Obviamente, me tiré de cabeza. Ahora, a la hora de encarar la lectura, me encuentro con que Sarutobi es una obra apuntada al público infanto-juvenil que el Dios del Manga serializó entre principios de 1960 y principios de 1961 en la revista Manga King. O sea que no solo la estética recuerda mucho a la de AstroBoy, sino que además las fechas coinciden totalmente con la publicación del clásico más famoso de Tezuka. Como ya vimos en varias de sus obras, en Sarutobi el maestro toma un hecho histórico (en este caso una guerra civil que transcurre a fines del Siglo XVI y principios del XVII) y la cuenta a su manera, con personajes ficticios, elementos fantásticos, guiños anacrónicos, humor metatextual... Acá dos de los protagonistas (Sasuke y Sai, los chicos que posan en la portada en plan canchero) son ninjas que manejan (con distintos grados de habilidad) la magia más zarpada que te puedas imaginar: se transforman en distintas criaturas, generan ilusiones en la mente de sus contrincantes, mueven objetos con telekinesis, se hacen invisibles, transmutan la materia, vuelan... Cada uno de ellos es casi una Justice League en sí mismo. Sai es una ninja sumamente eficaz y aplicada, mientras que Sasuke es poco inepto, y bastante irresponsable en el uso de sus poderes. Una vez que se involucren en el conflicto entre samurais, nobles, daimios y demás caudillos, se van a hacer amigos de Daisuke, el tercer protagonista de la obra, que es un espadachín implacable. Con estos elementos, Tezuka construye una epopeya de casi 330 páginas donde casi no se percibe una improvisación por parte del autor. No hay volantazos bizarros, la narración nunca pierde el rumbo. Y si bien es un manga de aventuras para chicos, tiene momentos bastante fuertes, incluso trágicos, como la muerte (bastante truculenta) de los padres de Sasuke. Por ahí lo que sobran son algunos villanos: puestos a meterle ficción a los sucesos históricos, quizás hubiese estado bueno "unificar" a distintos personajes que entran en conflicto con los protagonistas para generar a un único villano (o por ahí dos) un poco más potente. De todos modos los combates son peliagudos, nunca vemos a "los buenos" derrotar a "los malos" de taquito, sin despeinarse. Mi devoción absoluta por Tezuka no para nunca de crecer, pero sigo sin engancharme con el humor del maestro. Me molesta cuando se dibuja a sí mismo para meter chistes, me molesta cuando en un manga histórico tiran chascarrillos anacrónicos tipo "esto parece un dibujo animado", me molesta que trate de generar gags a partir de personajes que se pegan golpes o tropiezan con objetos contundentes... Si me vas a narrar una guerra, con sangre, torturas y masacres, dejate de joder y no me pongas chistes sacados de los cortos de los Looney Tunes. Pero bueno, entiendo que esto está pensado para chicos de 10-11 años de 1960, no para mí. Me quedo entonces con lo más hermoso que tiene Sarutobi que es el dibujo. Y dentro del dibujo, dos cosas: primero, el diseño de los personajes, que es glorioso, tanto en héroes como en villanos, como en las criaturas bizarras en las que se transforman. Segundo, esas escenas en las que decenas de guerreros a caballo cargan sobre fortalezas, pueblos, o sobre ejércitos enemigos. Lo que dibuja Tezuka en esas viñetas es descomunal, no se puede creer. La puesta en página, en cambio, tiene mucho que ver con la de los mangas de AstroBoy y casi nada que ver con la de las obras más adultas de la etapa posterior: el Manga no Kamisama divide las páginas en cuatro tiras, con viñetas cuadraditas, prolijas, de formas regulares, y conserva cierta versatilidad para que algunas de estas viñetas ocupen más espacio (de pronto, en vez de cuatro tiras hay tres, una de ellas doble) y hasta tenemos páginas con un solo cuadro, todas ellas apoteóticas. Es un dibujo amistoso, aniñado (de hecho, en un momento del relato pasan 10 años pero Tezuka aclara que no quiere que los personajes se vean 10 años más viejos y los sigue dibujando como nenes), muy influenciado por los dibujos animados de EEUU, muy prolijo. Y puesto al servicio de un relato de gran dinamismo, intenso, y en el que (a diferencia de trabajos anteriores) el maestro ya entendió que no hace falta dibujar TODO, y que hay algo que se llama elipsis y que en la historieta funciona bárbaro. Tarde pero seguro descubrí que Sarutobi está vinculada a otra obra del ídolo, El Castillo del Alba, que es un poquito anterior y que también me compré en Francia. Cuando la lea me voy a enterar si es una secuela, una precuela, un spin-off, una remake, otra aventura con los mismos personajes, o qué corno es. Con Tezuka, nunca se sabe. Y es parte de lo que lo hace tan atractivo. Ni bien tenga un rato para leer algo más, lo comentamos acá en el blog. Gracias y hasta entonces.

lunes, 18 de marzo de 2024

A VER SI LOGRO RETOMAR

Acá estamos, después de una semana rara, en la que me absorbió muchísimas horas el evento de los Premios Cinder que hicimos sábado y domingo. Algo logré leer (siempre menos de lo que me hubiese gustado) y ahora tengo un rato para escribir las reseñas.
De casualidad, boludeando en una comiquería de París, me enteré que existía Ikki Mandara, un manga de Osamu Tezuka del que jamás había oído hablar. Son alrededor de 550 páginas, que el Dios del Manga serializó a lo largo de unos siete meses, entre 1974 y 1975, en la revista Weekly Shonen Sunday, hasta que la cerró de manera medio arbitraria, en un punto donde quedan colgadas algunas de las tramas que venía desarrollando. La historia arranca en China en el año 1900, y se mete a fondo con la famosa (pero poco difundida en Occidente) revolución de los Boxers. En ese contexto, turbulento y complejo, emerge Sanniang, una joven campesina, ingenua e iletrada, que de alguna manera se convertirá en una hábil guerrera, por momentos una verdadera máquina de matar, que cobrará notoriedad entre las tropas rebeldes. Tezuka no le cobra para nada barato el protagonismo que le va a dar a Sanniang: la pobre piba va a vivir cientos de páginas al límite, y va a recibir (además de la discriminación típica de una sociedad que le tenía asignados roles muy menores a las mujeres) golpes, heridas, traiciones, torturas y violaciones. En algún momento, parece cobrar relieve una trama de amor no correspondido, pero al lado de lo que sufrió Sanniang por involucrarse con los Boxers, un revés romántico es casi una pelotudez. Sobre el final de la primera mitad, Sanniang logra huir de China a Japón junto a Wang Taihai y en el segundo tramo de la obra, este otro revolucionario chino va a compartir protagonismo con la joven. Y se va a sumar un tercer protagonista, en este caso alguien que existió en la vida real: Ikki Kita, un destacado pensador, una figura de la filosofía política japonesa de principios del Siglo XX. Este tramo ambientado en Japón será un toque menos violento que el primero, pero seguirá a full la rosca política, la intriga palaciega, los conflictos entre tradiciones ancestrales y una modernidad que (con mucha guita en juego) viene a llevarse todo por delante. Acá hay más tiempo de debatir ideología, porque los personajes no están todo el tiempo tratando de que no los asesinen... aunque Wang Taihai la pasa bastante mal, pobre, por meterse en el medio entre la hija de una familia aristocrática y un poderoso empresario que tenía planeado casarse con ella. En Ikki Mandara vemos a Tezuka ensayar lo que años más tarde va a hacer un poco mejor en Adolf: tomar un conflicto bélico del mundo real, un personaje fuerte que existió y que (por lo menos en Japón) todo el mundo conoce, y "decorarlo" con personajes ficticios, enroscados en una trama compleja, por momentos demasiado retorcida, y con un nivel de violencia absolutamente shockeante. ¿Por qué digo que en Adolf lo hace mejor? Primero, porque llega a un final mucho más contundente. Acá el manga se termina en cualquier lado, con uno de los protagonistas preso y los otros dos viendo qué carajo hacen con sus vidas. El propio Tezuka reconoce en el epílogo que le hubiese gustado continuar Ikki Mandara más adelante, tal vez en otra revista. Y lo más importante: el dibujo. Estas no son ni remotamente las páginas más inspiradas de Tezuka a nivel visual. Hay un trabajo excelente en los fondos, y en las batallas, y en todo lo que está pensado para apuntalar el realismo de la historia, pero los personajes están dibujados así nomás, de modo a menudo inconsistente. Así, mientras Sanniang parece un personaje de un manga infantil, que cada tres viñetas ve sus rasgos deformados de manera grotesca por el dolor, la sorpresa, la furia, o incluso por la alegría, Kita está dibujado como si fuera Golgo 13, o algún otro personaje de un gekiga de Takao Saito. Hasta los caballos están dibujados así nomás, sin mucho cuidado por la anatomía. Por suerte la puesta en página es gloriosa, y destaco sobre todo esa página de 32 viñetas, algo que nunca había visto funcionar tan bien como acá. Imposible poner a Ikki Mandara entre las obras fundamentales del Manga no Kamisama, pero está buena para leer algo distinto, una aventura trepidante y zarpada en un contexto histórico fascinante. Como Adolf, pero varios años antes.
Hace mil años, el 20/07/16, hubo reseña del Vol.1 de Sex Criminals y recién ahora leí el Vol.2. Cualquiera. Lo importante es que me cagué de risa. En este segundo tomo pasan menos cosas que en el Vol.1, o por lo menos hay bastante menos acción. Entonces hay más desarrollo de personajes, más diálogos, más profundidad, y más sexo. Es maravilloso lo ido al carajo que está Matt Fraction en materia de chistes de pija, concha, guasca y garche. No recuerdo otros comics de mainstream yanki donde haya tanto de eso... Por ahí The Pro, aquella obra maestra de Garth Ennis y Amanda Conner... pero me acuerdo que en The Pro se hablaba de coger más de lo que efectivamente se cogía. En Sex Criminals, además de la sanata y los chistes, hay garche a pleno, y muchas veces es relevante para la trama. Me pareció brillante el episodio en el que Fraction cuenta la vida de una piba que pasa en poco tiempo de bailar en bolas en cabarulos, a posar para revistas eróticas, a protagonizar películas porno, y todo el tiempo te hace la comparación entre lo que factura esta piba y lo que gana la gente común en laburos "normales" de oficina o mostrador. Pero en general, todo el tomo está bueno y te genera una empatía enorme con Jon y Suzie, los protagonistas de la serie. Los dibujos son de Chip Zdarsky (sí, el guionista de Batman), que hace gala de un trazo preciosista, muy detallado, con gran atención por los detalles en los fondos y en el lenguaje corporal y gestual de los personajes. Además el propio Zdarsky está a cargo del color, que es magnífico y acompaña a la perfección los climas de la historia. No sé cuándo voy a retomar la lectura de Sex Criminals, porque no tengo el Vol.3. Ojalá no pasen casi ocho más, porque este Vol.2 me dejó muy al palo. Hasta los extras que vienen al final del tomo están buenísimos, de verdad. Nada más, por hoy. Gracias por el aguante y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

jueves, 12 de octubre de 2023

PREVIA AL FINDE EXTRA-LARGE

Se viene mi último finde en Buenos Aires por un tiempo bastante largo y por suerte es un finde larguísimo y con muchas opciones. Pero antes, tenemos reseñas. Algún día voy a terminar de encontrar y leer todas las obras del período oscuro de Osamu Tezuka. Cuando uno cree que ya las leyó todas, aparece una nueva. En este caso una que se llama Record of the Glass Castle, que pasó por dos antologías distintas pero quedó inconclusa. Eso no impidió que una editorial yanki lo publicara mediante un crowdfunding y que, eventualmente, cayera en mis manos. Record of the Glass Castle es un thriller pasado de rosca, con un voltaje de sexo y violencia bastante ido al carajo. Está ambientado en 1992, que es -para cuando Tezuka escribe el manga- un futuro bastante cercano, pero aún así le habilita al autor la posibilidad de incorporar varios elementos que aún hoy, 30 años después, siguen siendo más fantasía que realidad. Como en Swallowing the Earth (ver reseña del 18/09/10) tiene mucho peso en la trama un personaje ingenuo al que varias mujeres intentan seducir. Como en Ayako (ver reseñas del 06 y 15/05/10) hay una relación incestuosa entre un hombre y una mujer con lazos sanguíneos de por medio. Como en MW (ver reseña del 28/06/10) hay un asesino inescrupuloso que burla varias veces a las fuerzas policiales. Y como en todas las obras de Tezuka de esta época, la narrativa y la puesta en página son totalmente frenéticas. Seguramente llama la atención mucho más esto que el dibujo en sí, que es bueno, pero todavía muestra algunos resabios de cuando el Manga no Kamisama trabajaba para el público infantil, y por momentos parece un poquito apresurado. El impacto grosso, sin dudas, está en el guion, que no da tregua. Tezuka te enrosca en una trama espesa, que es de esas en las que a partir de cierto punto te queda claro que puede pasar absolutamente cualquier cosa. Y ese rumbo toma la historia, con personajes muy bien construidos, cuyas motivaciones están perfectamente explicadas. Tras una acumulación de peripecias una más tremenda que la otra, a 20 páginas del final Tezuka mete un elemento nuevo: una rosca macabra entre el protagonista principal y un político que en realidad es un capo mafia. Pero no se llega a desarrollar, porque el manga se termina de un modo abrupto. Muy loco cómo el Manga no Kamisama le pega un volantazo tan radical a la saga, y cuando recién empieza esta "segunda etapa", la deja inconclusa. En fin, no la quiero hacer larga al pedo. Record of the Glass Castle no es ni ahí el mejor manga de este período glorioso de Tezuka, y ni siquiera tiene un final. Es un lindo agregado para la colección de cualquier fan del Más Grande, más que nada por lo raro y por lo huevos que implica publicar en EEUU una historieta de un autor japonés, de los años ´70, que no termina y donde el protagonista es un tipo que asesina gente a lo pavote y se garcha a su sobrina.
Me vengo a Argentina, año 2023, cuando Loco Rabia publica la ópera prima del belga Joris Mertens, que se había editado en Europa en 2020. Se trata de una novelita de poco más de 100 páginas titulada Béatrice, cuya característica más saliente es que está toda narrada con imágenes, sin diálogos ni bloques de texto. No es fácil contar una historia de más de 100 páginas con la imagen como única apoyatura, pero Mertens demuestra que le sobra jerarquía para acometer la epopeya. A nivel narrativo, la historia se desarrolla de manera clara y fluida, pasa de la cotidaneidad a la fantasía con total naturalidad. En esas transiciones es muy importante el color, que también es un elemento central en Béatrice. Mertens maneja unos engamados espectaculares, y cuando se va al blanco y negro también la rompe toda. Estamos frente a una obra de una enorme belleza, que nos propone un viaje al pasado, a la nostalgia, a cuando las grandes ciudades europeas todavía conservaban una magia, un pulso, una dinámica que hoy se perdió. Béatrice nos invita a reflexionar acerca de eso, también acerca de la rutina, de un ritmo de trabajo que mecaniza y deshumaniza. Pero en un momento aparecen sueños, fantasías, anhelos, por qué no... y la trama se va en una dirección inesperada y maravillosa. No quiero contar mucho más para no spoilear, pero sí, Béatrice es una obra fundamental, que pone a Joris Mertens en la lista de los autores a los que hay que seguir de cerca y comprarles todo. Me parece genial que una editorial argentina haya apostado por este trabajo, y que el autor belga haya aceptado que acá se publique en tapa blanda, tamaño más chico y papel más croto que el que debe haber usado Rue de Sevres para la edición francesa. En estas páginas vemos cómo la curiosidad de la joven protagonista abre las puertas hacia un mundo inesperado, cautivante y feliz. Ojalá los lectores y lectoras de nuestro país tengan ese mismo grado de curiosidad, le den una posibilidad a Béatrice y descubran esta auténtica maravilla. Gracias por la magia, es realmente emocionante encontrarse de la nada con autores tan talentosos a los que uno no tenía ni en pedo en su radar. Nada más, por hoy. Falta poquito para clavar la pausa, pero vamos a intentar que no falten posteos de acá al 19. Gracias y hasta pronto.

viernes, 11 de agosto de 2023

VIERNES DE CLÁSICOS SEMI-OCULTOS

Hoy también hay reseñas, vengo leyendo a un ritmo un poco más aceptable que el de los últimos... meses, creo. Empezamos en Japón, año 1970, el momento en que Osamu Tezuka está on fire y publica varios mangas oscurísimos y geniales en un montón de antologías, todos al mismo tiempo y todos de gran calidad. Bomba! es un manga que el ídolo publica en una antología básicamente centrada en el shonen, y se supone que tiene que ser una aventura para adolescentes. Sin embargo, las primeras páginas van para el lado del manga romántico: un triángulo amoroso entre una joven y bella profesora del secundario, un profe mala leche y violento y un nene de la primaria que sueña con casarse con la Señorita Mizushima, obviamente cuando sea más grande. Esto evoluciona rápidamente hacia una historia densa y retorcida acerca de la obsesión de Tetsu con la profesora, una fijación irracional que se pone todavía más perturbadora cuando Tezuka introduce un elemento sobrenatural: un caballo fantasma que causa accidentes en los que mueren aquellas personas a las que Tetsu se quiere sacar de encima. El caballo (Bomba) funciona como una especie de Death Note: Tetsu le dice "quiero que muera Tal Persona", y efectivamente Tal Persona muere, en un accidente truculento donde alguien dice haber visto al caballo fantasma. El pibito es consciente del enorme poder que maneja y lo usa sin piedad, en un descenso a las fosas de la abyección que lo llevan a eliminar a sangre fría incluso a sus padres (que muy bien no lo trataban, pobre). De todos modos, no es que Tetsu sea "el villano" y Tezuka plantee el clásico conflicto entre él y un "héroe". Acá no hay buenos, por lo menos hasta que faltan unas 35 páginas para que el manga se termine. A partir de ahí, un personaje intentará rescatar a Testu de este espiral sin fin de muerte y obsesión, en otro volantazo que nunca me vi venir. No quiero spoilear nada del final, simplemente decir que en 144 páginas, Bomba! te lleva a experimentar muchos estados de ánimo distintos, visita tópicos de distintos géneros y guarda siempre un as bajo la manga para que la tensión y la sorpresa nunca escaseen. El trabajo del Manga no Kamisama en la faz gráfica es demoledor. Me imagino las caras de los pibes que compraban la revista Bessatsu Shonen Magazine cuando se encontraron con esto. Acá hay experimentación y expresionismo al palo, en la planificación de las secuencias, en la elección de los ángulos y en la composición de las viñetas. Tezuka juega al claroscuro como nadie y tira magia con el trazo, con la mancha y con la aplicación de los grises. En algún momento se pasa de rosca y dota a algún personaje secundario de expresiones faciales demasiado caricaturescas, mucho más acordes a un manga humorístico que al drama turbio que presenta en Bomba!, pero bueno, recordemos que todavía trabajaba para una revista de shonen. Si te bancás la oscuridad, el enrosque y la total falta de escrúpulos del protagonista, Bomba! te va a enganchar con la arrolladora fuerza del dibujo y con una trama retorcida, donde no todo tiene explicación, pero que te va a poner nervioso y te va a sorprender varias veces.
Salto a Bélgica, para leer un álbum de Comanche titulado "El Prisionero". ¿Qué es esto? Son historias escritas y dibujadas por el maestro Hermann que, debido a su extensión, no entraban en los álbumes comunes. Es lo que los franceses llaman un "hors serie" (fuera de serie). En este caso, con unas ilustraciones magníficas y cinco historietas breves. Las dos primeras se publicaron en 1972, en la revista Tintin Selection, y están claramente pensadas para aparecer en un formato mucho más pequeño que el que eligió Planeta Comic para este álbum. Al agrandar las páginas, tenemos pocos cuadros enormes y el trazo de Hermann se ve más grueso, casi grotesco. A esto sumémosle que (como ya vimos hace un par de años en los álbumes de Yugurta) en 1972 Hermann no dibujaba ni en pedo tan bien como unos años más tarde. De todos modos, la primera historieta (la que da título al álbum) es buenísima. La segunda (Recuerda, Kentucky...) ya no tanto. Después tenemos una historia corta de 1979, publicada en la Tintin Special. Son apenas ocho páginas, pero no están agrandadas, y además acá el trazo de Hermann ya brilla casi como en su mejor momento. El guion también es hermoso, y cuenta una anécdota del pasado de Red Dust y Ten Gallons que no se había revelado hasta ese entonces. Y finalmente, dos historietas de una página cada una, muy locas porque son básicamente chistes con los personajes del Ranch 666. Estas están dibujadas en 1982, cuando Hermann ya la rompía toda. Lamentablemente el álbum no brinda ninguna data acerca de las historietas, las fechas y las revistas donde aparecieron originalmente. Yo las encontré en un artículo de un colega español en Zona Negativa. Una verdadera cagada que se arme un álbum así, de rejunte de material disperso, y no te digan de dónde lo sacaron. Pero si sos fan de Comanche, o de Hermann, muy probablemente desconocieras la existencia de estas historietas, y en ese caso El Prisionero es un gran complemento para tu colección de álbumes del ídolo belga. Si nunca leíste historietas de Comanche y no tenés idea de quién es Red Dust, no recomiendo empezar por acá. Y si no te gusta el western, obviamente tampoco. Este libro es para el fan termo de Comanche o para el fan termo de Hermann. Nada más, por hoy. Ni bien tenga más libros leídos, se vienen nuevas reseñas acá en el blog. Ah, y el domingo no votes a ningún fascista, por favor.

martes, 7 de febrero de 2023

CLOCKWORK APPLE

Bueno, al final este libro no era tan voluminoso. Apenas 240 páginas que, como en todo manga, se leen rápido, gracias a la narrativa ágil, muy basada en la acción, en contraposición con el Showcase de los Challengers donde estuve días luchando contra esas viñetas repletas de diálogos y bloques de texto que te explicaban absolutamente todo, por las dudas de que no entendieras lo que estaba sucediendo. Este libro es un sueño húmedo: tapa blanda, historias cortas, material escrito y dibujado por el glorioso Osamu Tezuka entre 1968 y 1973, en ese período alucinante en el que pasa de ser "el mangaka que dibuja divertidas aventuras para chicos de todas las edades" a ser el amo y señor del gekiga más oscuro y más retorcido. Parece mentira que en castellano no esté editado y que en EEUU haya salido gracias a un crowdfunding, porque la editorial no se quería arriesgar. Pero veamos que nos ofrece el Manga no Kamisama en estos ocho relatos. En el primero, el protagonista es un jerarca nazi que tiene a su cargo un campo de concentración, donde tortura, viola y asesina sin piedad a sus prisioneros, en busca de una droga que finalmente encuentra... demasiado tarde. Tezuka es tan cruel, que hasta la última página te hace creer que este hijo de mil putas se va a salir con la suya. Es una historia tan siniestra, con tanta mala leche, que el dibujo exagerado, caricaturesco, casi humorístico del Dios del Manga hace un poco de ruido. Probablemente el argumento funcionaría mejor con un dibujante más realista, un Takao Saito, ponele... La segunda es una historia que mezcla romance y ciencia ficción (y también hay asesinatos y sexo, ¿por qué no?), donde se toca un tema que muchos años después va a reaparecer en los comics de Marvel: la posibilidad de que una mujer androide dé a luz a un hijo, fruto de su amor con un hombre de carne y hueso. Salvo el final, que es medio frutero, el resto es excelente. La tercera historia es la más extensa y la que da título al libro. La trama es brillante, es de esos guiones de Tezuka que parecen mecanismos de relojería, en donde todo encaja, hay explicaciones hasta para los sucesos más bizarros y cada detalle que se menciona al pasar resulta importante en algún momento del desarrollo. A Clockwork Apple te pone muy nervioso, te hace sentir la opresión, el enrosque y en un punto me hizo acordar a Dead Air, la opera prima de Michael Allred que vimos el 11/05/15. También se cae un poquito al final, probablemente porque Tezuka no quería continuar la historia más allá de las 60 páginas. Pero daba para un poquito más. Después viene la historia más floja, la del taxista y el pasajero, dos personajes uno más turbio que el otro que se psicopatean el uno al otro a lo largo de 17 páginas. La consigna de la historia es buena, los personajes son atractivos, pero le falta fuerza al conflicto y onda a la resolución. La quinta historia es una de romance y misterio, muy bien llevada, donde Tezuka vuelca su pasión por la medicina. En la resolución es muy importante un quiste, parecidísimo al que me extrajeron a mí a los 18 años, así que me sentí muy identificado con la protagonista. Los médicos que me atendieron en aquel entonces me dijeron que mi caso era de uno en un millón, y Tezuka juega esa misma carta en la historia, para sorpresa de la inmensa mayoría de los lectores, que deben creer que lo que cuenta el ídolo es algo 100% fantástico, que se le ocurrió a él y no existe en la realidad. Pero yo doy fe de que existe. El sexto relato es otra oda a la crueldad y la truculencia. Acá vemos morir acribillados a niños, niñas y adultos, hay drogas, torturas y violaciones y un nivel de violencia y sordidez que me imagino que habrá causado escozor allá por 1972. El ritmo es tremendo, la forma en que Tezuka crea tensión y te manipula para que creas que los malos van a ganar también, es impresionante. Y encima el final es redondísimo. Nos queda la otra historia que compite con la sexta a ver cuál es la mejor. Esta es una de intriga política, sin elementos fantásticos, en la que básicamente se planifica y se ejecuta un atentado contra la vida del Primer Ministro, en otro relato tenso, narrado como solo el Dios del Manga podía hacerlo, en este caso con dibujo más serio, más adusto, menos estridente, pero de una efectividad apabullante. Y cerramos con una historia de codicia, venganza y sexo, ambientada en el futuro y repleta de mala leche. Acá también hay traiciones abyectas, muertes escabrosas, garches enroscados y un clima de desolación digno de mejor gekiga. No la pongo al nivel de las dos anteriores porque el final es un poco más predecible, pero sin dudas es una excelente historieta, que en apenas 38 páginas desarrolla un conflicto muy espeso y le da carnadura a cinco o seis personajes importantes. No hay nada que hacer: cuanto más exploro esta etapa en la producción de Tezuka, más me asombra su transformación, su maduración, sus ganas de subirse la apuesta a sí mismo una y otra vez, de pintarle el culo a los que lo habían catalogado de "autor de aventuras para chicos", un poco para bajarle el precio. En los ratitos libres que le dejaron algunas de sus obras más impactantes y más laureadas, el Dios del Manga reservó un poquito de su magia para estas historias cortas, que resultan un deleite incluso leídas 50 ó 55 años tarde. Capo absoluto. Y ahora sí, tengo para encarar un libro bastante más extenso, así que me voy a tomar unos días para saborearlo. Nos reencontramos pronto con esa reseña, acá en el blog.

lunes, 22 de octubre de 2018

LUNES CON PAPA FINA

Durante el finde me clavé dos libros realmente notables, que procedo a reseñar.
Empiezo en Japón, en la primera mitad de los ´70, aquel período de mágica fertilidad en la que el Dios del Manga, el maestro Osamu Tezuka, se sumerge en las profundidades del gekiga para regalarnos una cuasi-inagotable sucesión de obras de contenido adulto, a veces muy brutales, descarnadas, desbordadas de una mala leche que no aparecía ni siquiera insinuada en las historietas creadas por este genio en los ´50 y ´60.
Bárbara es una obra atípica dentro de esta etapa oscura y extraña del Manga no Kamisama, porque (creo que por primera vez) el autor juega a abrir interrogantes que no se resuelven nunca. La trama cobra visos de realismo mágico, con elementos que no tienen una explicación racional, o que tienen más de una, y Tezuka nunca nos dice cuál es la posta. La propia Bárbara (protagonista de la obra junto al escritor Yosuke Mikura) encarna el misterio, la ambigüedad, la ilógica. En un momento, Tezuka parece decidirse por una explicación muy copada: Debajo de su aspecto mugriento, su temperamento incontrolable y su desmedida afición por el escabio, la bella Bárbara es en realidad una de las musas que desde la época de los griegos inspira a los artistas. Después aparece una segunda explicación, que contradice a la primera y a la que Tezuka se aferra a lo largo de buena parte de la segunda mitad de la obra: Bárbara en realidad es una bruja, parte de un culto ancestral que adora a dioses oscuros y maneja fuerzas sobrenaturales.
De todos modos, esto es secundario, no es lo que hace atractiva a la obra. El gran gancho que tiene este manga es la dinámica entre Bárbara y Mikura, y cómo la obsesión de este último lo lleva a cometer un disparate tras otro, a veces poniendo en riesgo su vida y otras veces llevando violencia y muerte a las de los demás. La espiral descendente de este consagrado escritor hacia el oprobio es, sin dudas, el hilo conductor de la obra. Tezuka nos pavimenta esta senda con sexo, violencia, traiciones, mentiras, política, romance, misticismo y mucha data acerca de cómo funciona la industria de los best-sellers literarios.
Y claro, también hay que sumar a la ecuación el formidable trabajo del Manga no Kamisama en la faz gráfica. Por raro que sea el argumento, el dibujo del ídolo te mete en la historia, te hace sentir partícipe. Imbatible como siempre en el armado de las secuencias y la elección de los ángulos, Tezuka la rompe además en texturas, iluminaciones y en esos momentos más expresionistas, donde deforma intencionalmente cuerpos y perspectivas para enfatizar ciertos climas y ciertas emociones, sobre todo las violentas. Al que nunca leyó a Tezuka, no le recomiendo empezar por acá. Y al que viene siguiendo la gloriosa (e inagotable) producción del Dios del Manga, le recomiendo que no deje pasar por nada del mundo esta historia retorcida, jodida, en la que la intriga y la obsesión le ganan la pulseada a la aventura.
Salto mortal a Argentina, 2018, para comentar el Vol.5 de El Infante Dante Elefante, nuevo librito dedicado a las historietas mudas de J.J. Rovella. Se supone que es un material pensado para el público infantil, pero como suele suceder con Dante Elefante, acá sobran ideas, recursos y talento para seducir también al lector adulto de paladar negro. Ya hablamos en varias entregas anteriores de cómo estructura J.J. Rovella estos chistes, ya enumeramos su amplísimo repertorio de recursos humorísticos y sus “rupturas formales” que le permiten jugar con el “vocabulario” y hasta con la gramática misma de la historieta.
Lo que tenemos para agregar en este tomito son las historias más extensas, la variante que explora Rovella al dejar de lado (un ratito) el formato de la tira, e incluso del chiste desarrollado en una página, para aventurarse en relatos un poco más extensos, siempre sin palabras. De los que trae este libro, el que menos me sedujo fue el primero, una historieta de dos páginas que funciona como homenaje a Los Tres Chiflados. Pero después vienen esas cuatro páginas en las que Dante es un preso que se fuga de la cárcel, en una historia sencillamente perfecta. Las cuatro páginas de la casa embrujada reeditan muchos chistes que uno ya vio en miles de dibujos animados clásicos, pero el dibujo, el color y la narrativa son excelentes, así que también se destaca.
Y el tomo termina con una aventura de ¡20 páginas! en las que Rovella desarrolla ese homenaje a He-Man and the Masters of the Universe que se puede intuir en la portada. Nunca hubo una historia tan extensa de Dante Elefante y esta realmente es una sorpresa muy, pero muy grata, que engrosa el repertorio humorístico de la serie y que además nos muestra al autor volcado a una puesta en página y un ritmo narrativo más cercano al del comic de superhéroes, donde también obtiene magníficos resultados. Si nunca habias entrado en el fascinante mundo de Dante Elefante, este es el tomo indicado para darle una oportunidad y disfrutar de un J.J. Rovella afiladísimo.
Nada más por hoy. Ni bien tenga más libritos leídos, vuelvo a postear acá en el blog. ¡Gracias y hasta pronto!

lunes, 19 de septiembre de 2016

OTRA VEZ TRES

Difícil imaginarse una novela como Crimen y Castigo (la obra maestra de Fiodor Dostoievski) reversionada por el maestro Osamu Tezuka. Son esas cosas que hasta que no las tenés en las manos, no podés creer que existen. Esta historieta existe, fue realizada en 1953 por el Manga no Kamisama y, como apenas llega a las 130 páginas, la extinta editorial Otakuland la publicó junto con Lemon Kid, otra historieta de Tezuka de ese mismo año.
Estamos hablando de un Tezuka tempranero, de aquel autor que pensaba básicamente en los chicos como público de su obra, lo cual explica por un lado cierta precariedad en el grafismo del maestro, y por otro esa impronta tan cercana a la de los dibujos animados clásicos de la Warner y los hermanos Fleischer, con esos movimientos ampulosos y esos gags en los que los personajes se golpean y tropiezan cada dos escenas. Sin embargo, Tezuka hace pocas concesiones a la hora de bajarle la truculencia o el morbo al clásico de la literatura rusa: los hechos de la novela no están demasiado suavizados, ni trivializados. A pesar de los chistes pavotes, sigue siendo una historia sórdida, de asesinatos, mentiras, miserias, traiciones, obsesiones y grieta social entre ricos y pobres, con la revolución de 1917 como marco histórico. Tezuka resume, simplifica y sobre todo narra en otro idioma (el de las imágenes secuenciales) la historia original. Así es como Crimen y Castigo pasa a ser un relato dinámico, intenso, con mucha indagación en la psiquis de los personajes (principalmente Raskolnikov) pero también con mucha acción.
Y la otra historieta, el western Lemon Kid, es brillante. Creada 100% por el maestro, es una cátedra de revisionismo en la que Tezuka le da carnadura humana a los típicos héroes y forajidos del Lejano Oeste, como para demostrar que ese género también lo tenía perfectamente estudiado. Es un historia realmente bellísima, redonda, atrapante, a la que no le falta ni le sobra nada.
Sin sacarme el kimono me vengo a Argentina, al 2016, cuando se publica Bushido, la primera novela gráfica del cordobés Hernán González. En realidad, el término “novela gráfica” le queda un poco grande a Bushido, dada su breve extensión (49 páginas con pocas viñetas en cada una), pero bueno, ya le encontraremos el término cool y comercialmente viable a este tipo de relatos. ¿Qué más le falta a Bushido? Creo que dos cosas: en primer lugar, más espacio para desarrollar al personaje principal y que nos importe un poco más lo que le sucede. Y en segundo, más claridad en la narrativa, ser menos críptica en la forma en que se muestran los sucesos. A uno, como difusor de este medio, le gusta que cada historieta pueda ser disfrutada por un público amplio; y la verdad es que Bushido parece pensada para ser decodificada por un lector que se bajó toneladas de historieta experimental y rara. Una pena, porque la idea es buenísima, y porque el dibujo de Hernán González estalla con una magia única, original, de una potencia expresiva que por momentos nos hace preguntarnos si no estaremos viendo el nacimiento de un nuevo José Muñoz.
Me siento un hijo de un tren cargado con siete millones de putas y manejado por el ministro Aranguren por dedicarle apenas un parrafito a las casi 120 páginas de historieta que ofrece Mister X: Eviction, pero lo que tengo para decir sobre este material (originalmente serializado en 2013) es muy simple: me parece lo mejor en los 30 años de trayectoria del personaje. Sí, mejor que la saga que dibuja Jaime Hernández. Acá el maestro Dean Motter está recontra-afianzado en su estilo, el timing de los guiones es perfecto, la combinación entre novela negra, cine expresionista alemán de los años ´30 y ciencia-ficción limada funciona como un relojito y el laburo que hay en el desarrollo de los personajes es encomiable. Además dibuja, colorea y rotula todo el propio Motter, en una línea estéticamente impecable, con trucos narrativos heredados de Will Eisner, diseños de autos, trajes y edificios que lo emparentan con Daniel Torres y un manejo de la composición y de la mancha negra más cercanos a un Darwyn Cooke. Si nunca leíste Mister X, no empieces por acá. Pero empezá rápido, así llegás a este libro donde –repito- me encontré con las historias más sólidas de este personaje que milita desde 1984 en las márgenes del mainstream norteamericano.
Gracias por estar ahí y la seguimos en cualquier momento.

viernes, 20 de noviembre de 2015

20/11: ALABASTER

Osamu Tezuka no tiene límites. Es como la ciudad de Los Angeles: pateás, pateás, te tomás bondis y trenes pero no llegás nunca hasta el final. Cuando creías que ya habías leído toda la producción de Tezuka (de un cierto período, al menos) inevitablemente aparece una obra más. Es impresionante. ¿Cuántas páginas por mes dibujaba esta bestia? ¿En cuántas series trabajaba al mismo tiempo? Y lo más zarpado: Tezuka murió a los 60 años, relativamente joven. ¿Cuánto más hubiese producido de haber vivido otros 25 años?
Alabaster es de 1970, de ese período bisagra en el que el Dios del Manga empieza a volcarse a los relatos más zarpados, más jodidos. Todavía no se puede hablar de gekiga porque acá hay elementos fantásticos y algún que otro chiste, que son cosas que en el gekiga no corren. Pero sí se puede hablar de una aventura muy espesa, con violencia, con momentos shockeantes, torturas, violaciones, peleas tremendas, persecuciones, explosiones… Por momentos parece un comic de superhéroes centrado en el villano, onda el Nemesis de Mark Millar. Aunque claro, en los comics yankis siempre se cuidan de dejar vivo al protagonista (sea bueno o malo) a la expectativa de que pinte una secuela; acá Tezuka lleva la trama a un extremo tan atroz, que es obvio que el final va a ser trágico, que ninguno de los dos protagonistas van a llegar enteros a la última página. Secuela las pelotas.
A lo largo de casi 500 páginas, Tezuka encuentra huequitos por donde bajar línea acerca de lo efímero de la belleza, la dudosa probidad de los políticos, la seducción del poder, el placer irracional que causa hacer el mal y –en el primer tramo- la discriminación racial. Pero por sobre cualquier mensaje, acá hay un Tezuka que se divierte, que se regodea en los cheap thrills, que tensa la historia todo lo posible para forzar un desenlace bien épico, con sangre, corchazos, piñas y edificios enteros que vuelan a la mierda. También hay amor, lealtad, sacrificio y hasta un cierto vuelo poético para que no sea todo tan cabeza. La onda, sin dudas, es impactar al lector, sacudirlo, cagarlo a cachetazos con una historia trepidante, en la que varias veces quedamos a milímetros de hinchar por los malos, sobre todo porque el Manga no Kamisama no nos presenta al oponente de Alabaster y su banda como un héroe, sino como un representante de la ley bastante creído y, más adelante, como un auténtico sorete.
Entre tanta ambigüedad, hay una sola certeza: el dibujo del maestro Tezuka. Muy cerca de su pico como historietista y como dibujante, el ídolo nos regala páginas vibrantes, resuelve de modo increíble el tema de las persecuciones y se mata en fondos, texturas y efectos de iluminación. Todavía le faltaba bajar un cambio: el de las expresiones faciales y el lenguaje corporal. Acá se ven demasiadas similitudes con el Tezuka que trabajaba para el público infanto-juvenil: exageraciones zarpadas en la anatomía, personajes demasiado caricaturescos, gestos ampulosos, golpes y caídas puestos para generar comicidad… De todo eso se deshará el Dios del Manga a lo largo de los primeros años de la década del ´70, para ascender a la cumbre máxima de su ilustre trayectoria.
En un intento bastante precario por odenar cronológicamente las obras de Tezuka, me parece que justo después de Alabaster vendría El Libro de los Insectos Humanos, donda ya el nivel de mala leche y oscuridad es más profundo y se acaban los chistes y los elementos fantásticos. Y al mismo tiempo que Alabaster (o meses antes, o meses después, porque capaz que este asesino dibujó estas 500 páginas en dos o tres meses) ubicamos a Apollo´s Song, que tiene muchas similitudes de tono con el manga que hoy nos ocupa. Lo cierto es que, sin siquiera aspirar al sitial de Obra Maestra, Alabaster es una lectura que te atrapa, te hipnotiza, te estremece y te deja respirar recién en la última viñeta. Tengo otro libro de Osamu Tezuka sin leer, pero no me veo entrándole antes del 31 de Diciembre.

martes, 29 de septiembre de 2015

29/09: ADOLF Vol.5

Después de tantas vueltas, tantas peripecias, tantas muertes y tantos desencuentros, la saga ochentosa de Osamu Tezuka llega a su fin. Predeciblemente, el tema de los documentos que prueban que Adolf Hitler tenía sangre judía se va a resolver cuando el führer ya esté muerto. Eso era obvio desde… la mitad del tomo anterior. La resolución está buena, tiene dramatismo, fuerza… pero llega tarde y nadie esperaba otra cosa. De hecho, me encantó la forma en que Tezuka narra con lujo de detalles los últimos días en la vida de Hitler. No son tantas páginas, pero están muy bien investigadas y muy bien puestas en el contexto de la historieta.
El final del líder de los nazis ya lo conocíamos. ¿Y los otros tres personajes importantes? Tezuka mueve los hilos para volver a enredar, sin forzar el verosímil, al ex-periodista Sohei Toge, a Adolf Kamil y a Adolf Kaufmann, quien se convierte en el hilo conductor, en el personaje claramente central de este último tramo de la obra. Hasta acá, Kaufmann había sido el personaje de los conflictos internos, de los dilemas morales jodidos: lo vimos dejar a pesar suyo su Japón natal para viajar a Berlín, enrolarse en la Juventud Hitleriana, asimilar la ideología nazi, matar judíos primero con mucho recelo, ayudar a fugarse a una chica judía de la que se enamoró, codearse primero y traicionarse después con jerarcas muy grossos, muy cercanos al führer, y finalmente emprender el regreso a Japón. Y sin embargo no sabíamos si ponerle el rótulo de villano, por lo complejo y contradictorio del personaje. Las primeras 100 páginas de este tomo se encargan de sacarnos todas las dudas: ahí lo vemos a Kaufmann torturar, violar y matar sin el menor resquemor.
Si bien tendrá más adelante su final feliz, en este tomo Toge vuelve a la vida de sobresaltos, a soportar piñas, patadas, explosiones, torturas y pérdidas de seres queridos. Sin embargo, bancará los trapos hasta el final y sin dudas será EL héroe de esta historia. El rol de Adolf Kamil pareciera ser erigirse en contrafigura de Adolf Kaufmann, y el contrapunto entre ellos funciona muy bien… un ratito. Enseguida se hace obvio que la dimensión, la carnadura, el relieve de Kaufmann supera ampliamente al de su amigo de la infancia.
Como todos sabemos, la Segunda Guerra Mundial termina en 1945, con la aventura imperial de Hitler hecha añicos y dos ciudades japonesas atomizadas. Pero a Tezuka le quedan no uno, sino dos ases bajo la manga: un epílogo de apenas 7 páginas ambientado en Israel en 1983 (año en que se empezó a publicar Adolf), y antes de eso, una secuencia electrizante de 37 páginas, ambientada en 1973, donde las fuerzas arnadas de Israel combaten contra la Organización para la Liberación de Palestina. Adolf Kamil está de un lado, Adolf Kaufmann del otro, y en un giro asombroso y tremendamente efectivo, esta vez ¡los judíos son los malos!, los que asesinan a mujeres y niños sin la menor piedad. Eso mismo que graficó Howard Chaykin en la polémica “La Sonrisa de Hitler” allá por 1989 (ver reseña del 07/08/14), Tezuka ya lo planteaba cuatro años antes, con una crudeza devastadora.
Al final, lo que nos quiere decir el Dios del Manga en todas estas páginas es que matar gente por cuestiones de raza, de religión o de nacionalidad, es una animalada cósmica. Corta la bocha. No importa si son judíos, arios, ponjas, árabes o yankis. En algún punto, todos se envuelven en alguna bandera para mandarse cagadas y eso es lo que Tezuka busca de algún modo denunciar y repudiar.
No me queda espacio para hablar del dibujo, pero ya hablamos bastante en las reseñas anteriores. Subrayo una boludez, nomás: el autor del prólogo de este tomo (el historiador, guionista y traductor Gerard Jones) también sospecha que para cuando realizó esta obra Tezuka ya había leído bastante a Will Eisner y absorbido algo de la influencia del maestro. Yo deslicé esa apreciación en reseñas anteriores a riesgo de estar fruteando, pero ahora creo que la emboqué… o que los fruteros somos unos cuantos.
Alguien tiene que hacer urgente una segunda versión de Adolf mucho más sintética, menos laberíntica y más directa, en la que el mensaje de Tezuka pegue más fuerte y no se diluya tanto en conflictos accesorios, subtramas y pseudo-misterios varios. Mientras tanto, esta obra va a quedar en la historia como el último gekiga del Dios del Manga, difícil de superar en materia de dibujo, pero lejos de los excelentes guiones que nos regaló en los ´70, en mangas más breves que impactaban más.

lunes, 14 de septiembre de 2015

14/09: ADOLF Vol.4

Se me ocurren cien, mil, un millón de formas de contar esta misma historia en muchas menos páginas, de un modo mucho menos enroscado, más simple, más directo, pero esta mezcla entre laberinto y montaña rusa que propone Osamu Tezuka no está nada mal. Me falta un tomo para terminar y lo único que me hace sospechar que estamos cerca del final es el avance en las fechas. Empezamos en 1936 y ya estamos en 1944, cuando al Tercer Reich ya le queda poco tiempo de vida. Todo el kilombo de la serie pasa por unos documentos que supuestamente prueban que Adolf Hitler tiene sangre judía, y ya sabemos que Hitler va a morir (o algo así) en Abril de 1945. Veremos si la historia llega a esa fecha, o si Tezuka la resuelve antes (o después, nunca se sabe).
Mientras tanto, Adolf es un culebrón interminable, donde cada cosa que parece resolverse en realidad no hace más que abrir nuevas puntas argumentales. Esta vez, el periodista japonés Toge tiene pocas escenas, aunque importantes. Y de nuevo, el que se ve sometido a las situaciones más jodidas, más extremas, es Adolf Kaufmann, el chico nacido en Japón, ahora al servicio del führer en Berlín. Tezuka le dedica las últimas 90 páginas del tomo a este personaje cuyas convicciones se sacuden a medida que se mete más y más en el círculo interno de Hitler, lleno de traidores, garcas e inescrupulosos.
¿Y Adolf Kamil? Pobre, nunca logra hacer pie en la trama. En el espacio que supuestamente le toca protagonizar al chico judío que vive en Kobe, de pronto gana prominencia un personaje nuevo, Yoshio Honda. Tezuka desarrolla a este joven muchísimo más que a Adolf Kamil y -unas 100 páginas después- decide darle un final… de esos que te hacen pensar si realmente era necesario sumar un personaje más (que incluso tiene sus propios personajes secundarios) a una trama ya tan compleja.
Para el final del tomo, Adolf Kaufmann está en pleno viaje de regreso a Japón. Un viaje repleto de peripecias absurdas, groseramente estiradas, pero que lo va a llevar al reencuentro con su madre (uno de los personajes secundarios mejor planteados) y al esperado cara a cara con Adolf Kamil. Así que, aunque ya sepamos lo que le espera al führer y sus planes de conquista global, esas dos situaciones, las del plano humano, íntimo, le pueden poner al Vol.5 la pimienta suficiente para hacerlo explosivo.
El dibujo está tan bien como en los tomos anteriores, y quiero subrayar dos cosas. Primero, la escena del bombardeo a Pearl Harbor, contada por Tezuka con mucha distancia, quizás aferrado a una versión japonesa de los hechos, en la que los yankis mandan esos barcos al muere, sabiendo perfectamente que los japoneses los iban a cagar a bombazos. Los dibujos de esa secuencia están todos copiados de fotos, pero la fuerza gráfica que les pone el Manga no Kamisama es impresionante. Y después… uno supone que los personajes del Dios del Manga están dibujados en un estilo semi-funny, o por lo menos sin demasiadas pretensiones de realismo. Y eso es cierto todo el tiempo, menos cuando aparece Richard Sorge, el capo de la red de espionaje comunista, que está dibujado con rasgos mucho más trabajados, no como si estuviera copiado de una foto, pero sí como si Tezuka lo hubiese “importado” de un manga mucho más realista. Se me dirá que esto es así porque Sorge existió en la realidad, pero Hitler y Franklin D. Roosevelt también, y Tezuka los dibuja en un estilo muchísimo más caricaturesco.
En fin, con el desenlace de la Segunda Guerra Mundial a la vuelta de la esquina, estamos a poco más de 200 páginas de enterarnos cómo va a cerrar Osamu Tezuka un argumento complicadísimo al que superpobló de personajes, tramas y subtramas, pero también de emociones fuertes y secuencias de alto impacto emotivo. Prometo entrarle al Vol.5 antes de fin de mes.

viernes, 4 de septiembre de 2015

04/ 09: ADOLF Vol.3

Bueno, en este tomo la saga de Osamu Tezuka empieza a reencauzarse. Las peripecias de Toge (siempre al límite de lo verosímil) que coparon casi por completo el Vol.2, acá ocupan menos de 70 páginas. No son páginas fáciles, porque Tezuka se zarpa mal a la hora de mostrarnos escenas de acción tremendas, protagonzadas por un tipo que está cagado a palos, con heridas graves en varias partes del cuerpo, al que apenas le creés que le quedan fuerzas para transarse a una mina. Pero bueno, por lo menos acá Toge hace cosas que no son solamente escaparse, pelearse o ser sometido a golpizas y torturas.
El resto del tomo está centrado (por fin) en los otros dos Adolf: Adolf Kaufmann (el chico nacido en Japón que se fue a Berlín y se unió a la Juventud Hitleriana) y Adolf Kamil (el chico judío que se quedó en Japón cuando su amigo se fue a Alemania). Al pobre Adolf Kaufmann el autor le reserva las escenas más crueles del tomo. Será, sin dudas, el personaje sometido a los dilemas morales más extremos, el que más cosas deberá replantearse, y además el link con el tercer Adolf, el mismísimo Adolf Hitler, a quien la trama lo acerca peligrosamente. Si me tengo que quedar con un tramo de este tercer tomo, sin dudas elijo el protagonizado por este pibe, hijo de un alemán y una japonesa.
Para el último cuarto del tomo, Tezuka se acuerda que hace cientos de páginas que casi no le da bola a Adolf Kamil, y empieza a urdir una trama que involucra a una minita, rescatada de un destino aciago por Adolf Kaufmann. Lo más interesante es que esa trama está entrelazada con la del asesinato de la geisha, algo que había quedado colgado desde el Vol.1 y que teñía de misterio y sordidez al tramo protagonizado por la familia Kaufmann, cuando todavía vivían todos juntos y (casi) felices en Japón. Antes de la mitad del tomo, Tezuka había amagado con darle chapa al papá de Adolf Kamil (Isaac, el panadero judío), pero ese hilo argumental duró poco y terminó muy mal.
Así que por fin hay un equilibrio, que ojalá se mantenga. Dejémoslo a Toge en Japón, que descanse un toque, que sane sus heridas, que siga rompiendo corazones (increíble el levante que tiene este muchacho). Y en todo caso, dejemos que el misterio de los documentos que supuestamente prueban que el führer tiene sangre judía salpique un poco a los dos chicos llamados Adolf, que siguen intrínsecamente vinculados aunque vivan en distintos continentes. La Segunda Guerra Mundial ya está calentita, intensa, aunque todavía no entró en escena EEUU. Pero la tensión se siente tanto en Alemania como en Japón y Tezuka la aprovecha para subirle la temperatura a una saga que cuanto más se aleja de la fórmula de Buenos vs. Malos más gana en profundidad y más me involucra como para querer seguir leyendo, y que no se acabe nunca.
El dibujo… bueno, no hay grandes cambios respecto de los tomos anteriores. Por suerte cada tanto Tezuka nos regala esas puestas en página flasheras, esos ángulos extremos (que quizás le deban algo a Will Eisner) y esas secuencias mudas devastadoras, para compensar un poco por tantas páginas de “talking heads”, donde muchas veces no hay espacio para nada más. El laburo en los fondos es exquisito y cuando aparecen paisajes y edificios reales, el Manga no Kamisama los copia de fotos con una increíble jerarquía y una inteligencia aplastante para incorporarlos con onda a su universo gráfico, como hacía Hergé.
Pronto habrá más Adolf, acá en el blog. Capaz que incluso la termino antes del receso que nos va a imponer Comicópolis…