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miércoles, 16 de marzo de 2011

16/ 03: SHOWCASE PRESENTS THE HAUNTED TANK Vol.2


Bob Kanigher, uno de los coordinadores y guionistas más prolíficos de la historia del comic yanki, era un tipo de mierda, despótico, cruel, malo de verdad. Por eso uno, cuando lee su obra, hace fuerza para que no le guste, porque no está bueno aplaudir a un tipo que, antes que guionista, era persona y de las malas. Pero claro, te pelan un Enemy Ace y lo tenés que aplaudir igual, aunque te dé bronca, porque es un comic impresionante, muy basado en la magia dibujística del imbatible Joe Kubert, pero no por eso menos notable, o menos representativo del Estilo Kanigher.
El Estilo Kanigher es algo que hoy resulta alienígena: el tipo creaba una fórmula para cada serie y la repetía siempre, en todas las historietas, mes tras mes. Todo se basaba en el plot, nunca en el desarrollo de los personajes, ni mucho menos en los diálogos. En las historias de guerra, los malos (casi siempre nazis) rara vez tenían nombre, cara o voz y por supuesto, era casi imposible que sobrevivieran para buscar vengarse de los buenos. El status quo de las series de Kanigher era virtualmente inalterable, lo cual hace muy dura la lectura de 37 episodios al hilo, como propone este Showcase. La fórmula del Haunted Tank era así: Jeb Stuart comanda una pequeña tanqueta yanki que combate a los nazis en Europa y el norte de Africa, casi siempre en inferioridad de condiciones. En todos los episodios, Stuart habla durante tres o cuatro viñetas con el espíritu de un valiente general de la Guerra de Secesión, que se llama igual que él y que siempre le tira algún dato medio ambiguo (un chimento enigmático, dirían en Intrusos) que después tendrá que ver con la resolución de la trama del episodio. Y eso, tan sencillito, duró décadas.
A las órdenes de Jeb Stuart viajan en la tanqueta otros tres soldados a los que Kanigher jamás les otorga un mínimo protagonismo. Están ahí para ejecutar las órdenes de Jeb. El protagonista es simplemente perfecto: honesto, osado, inteligente, piadoso, un capo. Y es el único que, en un flashback, parece tener algo así como una personalidad humana y creíble. Lógicamente, las mejores historias no son las que nos muestran cómo el Haunted Tank hace crosta a miles de nazis más malos e inoperantes que el gobierno de De la Rúa, sino aquellas poquísimas historias (tal vez 6 ó 7 de las 37) en las que Kanigher se va un poquito del esquema para presentar a algún personaje nuevo (que rara vez sobrevive), centrarse en el general fantasma, o en algún hecho del pasado de Jeb.
El episodio más loco es el del n°150 de G.I. Combat, donde el tanque se destruye, así, de una. Imaginate el kilombo que armaría un guionista de hoy si lo habilitan a escribir la destrucción del aparato que da nombre a la serie… Bueno, Kanigher hace lo contrario. La juega casi de cayetano y para el final del episodio, Jeb y su equipo tienen un tanque nuevo, más pulenta, armado con cachos de tanques destruídos. Por supuesto, el general fantasma los seguirá acompañando.
Lo más jodido e imposible de reivindicar que tiene este tomo son las historias en las que Kanigher reitera la fórmula clásica y encima dibuja Irv Novick, en un estilo que no es el suyo sino un triste intento por clonar a Joe Kubert. Catastrófico. También hay aportes menores de Mike Sekowsky, tres insulsos episodios de Ross Andru y sobre el final, tres de Sam Glanzman, un tipo con cero virtuosismo, pero bien salvaje, bien expresivo, crudo, zarpado. Y lo que hace que este Showcase tenga razón de ser es que 24 de las 37 historietas están dibujadas por el monstruo sacrosanto, genio entre los genios, Russ Heath. Uno de los más maravillosos dibujantes de estilo clásico que dio el comic, un tipo que reunía (o reúne, aunque hoy tiene más de 80 años y está retirado) lo mejor de John Severin y Wally Wood, al que han choreado hasta el hartazgo miles de dibujantes posteriores, como Paul Gulacy o Jim Starlin. Recién en los últimos episodios del tomo (los de 1972), Heath se tira un poquito a chanta. En todos los demás, el maestro pone todo, pero todo-todo. Y encima en blanco y negro se disfruta mucho más cada mancha, cada pincelada, cada pase mágico del plumín de este dibujante que llegó a su pico en los ´60 y ´70 y después se volcó a la publicidad y la animación.
Si te bancás ver cómo los heroicos soldados yankis sobreviven sin despeinarse a 100 millones de ordalías imposibles a bordo de una tanqueta embrujada, este Showcase te premia con muchas de las mejores páginas en la ilustre carrera de Russ Heath. Si no te gusta cómo escribe Kanigher, te esperan 550 páginas de sangre, sudor y lágrimas. Pero por Heath me aguanto eso y mucho más.