el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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jueves, 17 de marzo de 2011

17/ 03: NOCTURNO Vol.2


Tarde o temprano tenía que suceder: conseguí el segundo tomo de Nocturno, lo leí y me enteré cómo catzo termina esa alucinante historieta de Tony Sandoval cuya primera mitad me partiera el cráneo a mediados del año pasado.
Y una vez más, el genio mexicano me sorprendió: Yo esperaba una especie de The Crow, un regreso del finado Seck, decidido a trozar en cachitos muy chiquitos a los responsables de su muerte y de la de su amigo Rojo. Pero no: sin esquivar las escenas de sangre y machaca fuera de control, Sandoval pega otro volantazo y hace que el regreso de Seck se enfoque más en su frustrado romance con Karen que en la venganza sanguinolienta contra los villanos del primer tomo. ¿Cómo hace Seck para volver de la muerte? ¿Quién o qué es Nocturno, el espíritu que lo poseyó y lo convirtió en un justiciero implacable? Todo, absolutamente todo está explicado en estas páginas, y todo avanza hacia un gran final, donde el ídolo le escapa a la grandilocuencia, aunque no a la intensidad. El final se parece mucho al de una clásica historia de amor, pero esta tiene la pasión de las epopeyas y el power del heavy metal.
A diferencia del primer tomo, acá Sandoval se concentra más en Seck y un poco menos en los secundarios. Que los hay, y tienen mucha chapa. Pero lo grosso es el desarrollo del protagonista, su diálogo interior con fantasmas propios y ajenos, el cambio, la madurez que experimenta tras cinco años lejos de la gente, de la música y del amor. Seck empieza y termina igual, tocando la viola en una banda heavy. Pero no es el mismo pibe, la historia que nos narra Sandoval lo modifica por completo.
Como suele suceder cuando aparecen autores del calibre de Tony Sandoval, el dibujo termina por opacar al guión. Y si bien el guión de Nocturno es excelente, lo que hace esta bestia en la faceta artística está muy por encima de la excelencia, e incluso de la comprensión humana. Lápiz, tinta, tramas mecánicas, acuarelas, pasteles, lápices y tintas de colores… Sandoval echa mano a todo y con todo se luce y brilla a ful. Para cada secuencia elige una técnica: El mundo del más allá está dibujado a lápiz negro sobre fondo gris; el relato de Deon tiene tintas e ilustraciones a todo color; los diálogos entre Seck y Nocturno están realizados en lápiz negro, pero sobre fondo blanco y con toques de lápiz rojo; la lucha interna de Karen es a color, pero aplicado sobre el lápiz, sin contornos, en una onda Jill Thompson impresionista; y así cada instancia y locación de la trama adquiere su propia identidad gráfica, por supuesto unificadas por el inconfundible estilo de Sandoval. Un estilo al que todavía se le notan por momentos los coqueteos con Teddy Kristiansen y Miguelanxo Prado, y cositas de Juan Bobillo y Dave McKean, pero que le sobra al mexicano para ser perfectamente reconocible y además para contar como él quiere todas y cada una de las escenas de la novela.
En Nocturno no ves ni por un segundo al tipo que lucha consigo mismo, se esfuerza, se desloma para que lo que quiere plasmar en la página le salga bien. Por el contrario, parece todo hecho de taquito por un artista que tiene un dominio molecular del guión, de las bases del dibujo, de la narrativa y de una decena de técnicas y materiales. Cada puesta en página es una delicia, cada composición una cátedra, cada efecto o recurso narrativo un acierto.
No te quiero aburrir con un bombardeo de elogios y babas para Tony Sandoval. El tipo es un genio, así, corta. Nunca me pasó de mostrarle sus dibujos a alguien que no lo conociera y que se quedara inerte, indiferente, o mucho menos que me diga “no me gusta”. Lo ves y te hacés fan a muerte, así es como funciona. No pasa muy seguido y cuando pasa, suele pasar con autores que casi nunca pelan guiones que no pasen vergüenza al lado de los dibujos. Con esta saga (y con El Cadáver y el Sofá) Sandoval demostró que es mucho más que un dibujante de irresistible atractivo visual. Es un narrador nato, capaz de poner su impresionante talento para el dibujo al servicio de historias que te involucran, te emocionan, te cagan a trompadas y te llegan al corazón.
Esto está editado en castellano por La Cúpula y son libros que salen un billete importante. Pero bueno, pagar barato por algo de esta calidad ya sería una obscenidad…

martes, 20 de julio de 2010

20/ 07: NOCTURNO Vol.1


Y sí, otro Nocturno más. Pero este no es de Salvador Sanz, sino del genio mexicano Tony Sandoval. Es una novela gráfica de 2007, realizada originalmente para la editorial franco-suiza Paquet, y que –me entero cuando llego a la última página- es la primera parte de una saga de dos tomos. Por supuesto, en la edición de La Cúpula nadie te aclara que te estás llevando media historia y mucho menos que al final del libro te espera un cliffhanger más turro que Horacio Rodríguez Larreta.
Pero basta de lloriqueos, que este libro hay que celebrarlo. Tony Sandoval lo hizo otra vez. De nuevo, como en El Cadáver y el Sofá, sacó de la galera una extraña y deliciosa joya del Noveno Arte, que no se puede dejar de leer. Las primeras 22 páginas de Nocturno están entre lo mejor que leí en mi vida. Realizadas íntegramente a lápiz, con unas texturas y unos trazos increíbles, Sandoval las utiliza para crear el clima oscuro, misterioso, ominoso y extraño que reinará en buena parte de la obra. La narrativa es re-Dave McKean y el dibujo, bastante cercano al de Teddy Kristiansen, excepto en los primeros planos de Seck (nuestro protagonista), que son 100% Sandoval.
La siguiente secuencia incorpora a dos secundarios importantes: Iván y Rojo, y además, para subrayar que cambian el clima y la ambientación, se suman también la tinta y el color, que se quedarán hasta el final, pero aplicados de distintas formas, según las secuencias. El siguiente tramo nos presenta a Karen, el interés romántico de Seck, y acá Sandoval le da al color un tratamiento más pictórico y más sutil. Para la página 40, uno levanta la ceja y dice “¿qué carajo pasa acá?”. Se ve venir el romance entre Seck y Karen, hay un concurso de rock en el que participará la banda de Rojo y Seck y aparecen unos “malos” que se disponen a hacer trampa para que nuestros amigos no ganen. Nah, no puede ser… Sandoval no puede dejar que esto se desbarranque hacia el peñasco del Más de lo Mismo, y menos con un argumento de película para adolescentes del Disney Channel. Y no. En la página 68, pasa algo que no estaba en los planes de nadie, y la historia pega un volantazo impresionante, que se va al carajo y más allá.
A partir de la página 80, Seck se reencuentra con sus fantasmas y todas las profecías ominosas y oscuras de la primera secuencia se corporizan en él. Varias máscaras se caen y otras máscaras cubren los rostros de Seck y de la banda de “los malos”, rostros que estallarán en pedazos y se enchastrarán con sangre propia y ajena cuando esta peli para adolescentes del Disney Channel se convierta en una de machaca sanguinaria y dark tipo The Crow. Sí, leíste bien. Seck se enmascara, un espíritu llamado Nocturno lo posee y le da el coraje, la fuerza, la agilidad y el aguante para volver a ajustarle las cuentas a la bandita de Viktor y sus secuaces. Tony Sandoval, el que saltó a la fama con una especie de cuento de hadas freak, bucólico y sutil, acá hace explotar la violencia a niveles revulsivos, y nos presenta unas escenas de combate tensas, vibrantes, de inquietante intensidad, como las de Teddy Kristiansen, pero en crack. La narrativa acelera, se ralentiza, va, viene, te pone los pelos de punta, y cuando el combate llega a su punto cúlmine, se termina el tomo.
No sin antes dejarnos algunas imágenes maravillosas: el momento en que Karen ve a Rojo y Seck como monstruos marinos, escenas del recital donde Sandoval deforma a los personajes como si fuera Bill Plympton o Jack Davis (de la MAD) pasado de ácidos, la escena del primer polvo entre Seck y Karen, la de los guerreros esqueléticos sobre el cadáver de… alguien que muere, esa página de 14 cuadros, con 10 viñetas chiquititas, iguales, en las que Nocturno le saca a Seck el miedo que le impide reaccionar… cosas que se te impregnan en la retina, que las seguís viendo en tu mente horas después de cerrar el libro, en un 67 repleto, con una vieja gorda y miope que en cualquier momento te clava las agujas del tejido en la entrepierna.
No sé cómo termina Nocturno. No me lo quiero imaginar, no me interesa especular. Quiero que el tomo final me sorprenda como me sorprendió este, con sus volantazos, sus cambios de registro, sus perversas y seductoras triquiñuelas para tenerme al filo del asiento durante más de 100 páginas. Nocturno es un viaje de ida, mal.

domingo, 7 de marzo de 2010

07/ 03: NOCTURNO


Qué loco cómo cambia la lectura de una historieta entre leerla en formato episódico o en tomo recopilatorio. Cuando Nocturno salía en Fierro (a veces, cuando no quedaba más remedio, con paréntesis de tres o cuatro números, de a seis o siete paginitas), no me enganchaba para nada. La miraba, me cebaba con la espectral espectacularidad de los dibujos de Salvador Sanz, pero si la leía, a los 15 minutos me olvidaba por completo de qué había leído, qué pasaba, cómo venía la trama… Me acordaba que los protagonistas eran unos chicos jóvenes que se transformaban en pájaros y eso era todo. Sospechaba que detrás de esa majestuosa propuesta visual, y de esa narrativa ajustada, con ritmo cinematográfico, había algo así como un guión con cierto grado de ambición o de complejidad, pero no me llegaba a compenetrar con el relato como para seguirlo a través de toooodos esos meses.
O sea que mi verdadero descubrimiento de Nocturno se produjo esta tarde, cuando cacé mi tomo recopilatorio (excelente edición de Ivrea) y me lo leí de un saque. Ahí me enteré quién era el villano, cuál era su plan, qué causaba esas transformaciones, cuánto había de capricho y cuánto de coherencia en esa sucesión de escenas de alto impacto visual, algunas de las cuales perduraban en mis retinas desde que las vi en su momento en la Fierro. Y lo que descubrí es una novela gráfica (ya no una torpe e irregular seguidilla de episodios) sólida, osada, donde toda la grandilocuencia está puesta en función de una trama compleja, pero que se desarrolla de modo ágil, claro, sin dejar cabos sueltos. Y si a esto le sumamos la calidad (a esta altura, casi extraterrestre) del dibujo de Salva, estamos ante un comic importante, al que realmente vale la pena jugarle unas cuantas fichas.
Supongo que será inevitable la comparación con Legión. Ese trabajo de Sanz también lo editó Ivrea, también tiene protagonistas jóvenes y también nos muestra cómo el mundo real y la vida cotidiana de nuestra ciudad se ven alterados por la invasión de un elemento fantástico, claramente ajeno a nuestra realidad. Y la principal diferencia en favor de Nocturno creo que está en los diálogos: en Legión estos sonaban raros, a veces prendidos con alfileres. Acá no, acá todo suena natural y contribuye a esa sensación de realismo que contrasta notoriamente con el mundo fantástico y sombrío del que vienen los pájaros. Y la otra diferencia en favor de Nocturno es que en Legión el final parecía un poco apresurado. El principio y el desarrollo eran sumamente gancheros y promisorios hasta que, ya cerca del final, el guión cambia de ritmo y todo se acelera hacia una conclusión no abrupta, pero que por ahí necesitaba más espacio para madurar y cerrar mejor las puntas abiertas. El final de Nocturno es más lógico, más redondo, hasta más lindo. Todo esto nos habla del progreso de Salvador como guionista, un progreso que no se puede dejar de subrayar ni de aplaudir.
Y queda pendiente para otro día y otro ámbito el debate acerca de si tiene sentido o no cazar una novela gráfica, fragmentarla en capítulos que no cierran y publicarlos de modo espaciado, casi al voleo, en una antología mensual, condenando al lector a volver a comprar el número siguiente (o el otro, o el otro) para enterarse cómo carajo sigue esa historia que te atrapó, pero de la que leíste apenas ocho páginas y por ahí faltan tres meses para leer otras ocho… Por ahí al autor le sirve porque entrega un puñado de páginas y se lleva unos mangos (en lugar de cobrar recién cuando se edita el libro) y al editor le sirve porque si pone “Salvador Sanz” en la portada, por ahí vende 30 ó 40 ejemplares más, y de paso llena unas páginas con material lindo de mirar. Falta que alguien me explique en qué beneficia esto al lector, que es algo que todavía no me queda claro…