el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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martes, 26 de diciembre de 2017

RAREZAS DE MARTES

Cumplida la meta de los 100 posts en 2017, lo mío ya es sumar para la estadística.
Allá por 1994 se editó en España el álbum No Somos Nada, un recopilatorio dedicado al maestro rioplatense Tabaré, con un montón de historietas previamente publicadas en las revistas de Ediciones de la Urraca (Hum®, SexHum®, quizás SexHum® Ilustrado) y en una de esas también en El Jueves, el famoso semanario satírico de la Madre Patria. Conocía una sola de las 31 historietas del tomo (la de Eustaquio) porque creo que son de fines de los ´80, una época en la que yo ya consumía ni Hum® ni SexHum®. O sea que accedí a un montón de material que no conocía. Esto fue lo que más me llamó la atención:
1. Los españoles de El Jueves no tradujeron este material al español. Apenas reemplazaron algunos pesos por pesetas y todos los “coger” por “follar”. El resto, está todo en argentino. Los personajes se tratan de vos y usan palabras que en España no se conocen, como “guacha”, “turra”, “pija” y “pelotudo”. Me imagino que esta jerga les parecería graciosa… o en una de esas les daba paja re-rotular las historietas, andá a saber…
2. Varias de las historietas son apenas chistes largos, desarrollados en dos páginas, cuando se podrían rematar en una… o incluso en tres o cuatro viñetas. Unas cuantas mantienen intactas su comicidad, otras no, y otras no eran graciosas ni siquiera cuando se publicaron originalmente. Lo más notable es que este material atrasa mucho. No te digo que parecen sketches de Hugo o Gerardo Sofovich de los ´80, pero van más o menos para ese lado, si bien Tabaré se zarpa más con la temática sexual. Hoy, que estamos todos más sensibles con el tema de la cosificación de la mujer, la violencia de género y demás, muchas de estas historietas no se editarían en ningún medio. Obviamente también hay varias en las que los varones son los losers y las minas las pícaras, pero para los standards de hoy, es todo medio jurásico.
3. Qué bestia como dibuja Tabaré, qué genio, qué maravilla. Casi todas las historias del libro están planteadas en cuatro tiras, algunas con textos, otras mudas, con Tabaré tirando magia con sus pantomimas hiper-expresivas. Pero hay una, La Fiesta, resuelta en tres tiras, con viñetas más grandes y en otro estilo, sin manchas negras y con la línea como protagonista, y ahí te terminás de rendir ante el virtuosismo de este monstruo.
Creo que ninguna de las historietas de No Somos Nada se editó en libro en nuestro país, así que si sos hardcore fan de Tabaré, recomiendo buscar esta edición española.
Me voy a Perú, donde hace ya un par de años se editó Estética Unisex, segunda novela gráfica de Rodrigo La Hoz (la primera la vimos acá el 04/06/11). Si aquel trabajo me pareció extraño, imaginate este, que tiene el triple de extensión. De todos modos es una extensión tramposa, porque la historia está estiradísima y se nota todo el tiempo, el autor no intenta ocultarlo en ningún momento.
La trama secundaria, la de Alberto y su relación con los chongos a los que frecuenta, está ahí para aportar una cuota de humor bizarro, no le agrega mucho a la trama central, la del misterio de la desaparición de Socorro, la abuela perdida en Japón. Todo el tiempo La Hoz interrumpe el discurrir de esta trama central con escenas de diálogos en los que Gema (la protagonista fármacodependiente) habla boludeces con otros personajes… o directamente con secuencias oníricas, en las que el dibujo asume totalmente el protagonismo como si no hubiera nada para contar.
Narrativamente, esto es un kilombo. Un experimento demasiado intrincado, una jungla superpoblada de elementos por la que cuesta un huevo avanzar. Pero hay premio, porque el final es brillante. Y la travesía, si bien es ardua, se disfruta gracias al gran talento de La Hoz para los dialogos y el costumbrismo, y sobre todo gracias al dibujo, que es alucinante de punta a punta. Imaginate un Chris Ware oscuro, bizarro, sin llegar a Charles Burns, pero en esa senda. Eso te va a dar una idea de lo que hace La Hoz cuando se controla. Y cuando se descontrola, pela imágenes imposibles de explicar con palabras, un despliegue enfermizo de blancos y negros más enfiestados que contrastados.
Rodrigo La Hoz sigue siendo un marciano, un freak con muchos problemas psiquiátricos, pero sus trabajos en este campo no pierden atractivo en lo más mínimo. Veremos con qué nos sorprende cuando lance su tercera novela gráfica.
Y veremos también cuándo me hago un ratito para volver a postear reseñas, acá en el blog. Gracias y hasta pronto.

sábado, 4 de junio de 2011

04/ 06: ISLAS


No, no es la biografía del recordado arquero de Independiente y la Selección Nacional. Es una novela gráfica de Rodrigo La Hoz, uno de los grandes exponentes de la historieta latinoamericana actual, que es peruano pero –si leés su obra- parece marciano. La Hoz tiene menos de 30 años y cuenta casi orgulloso que leyó muy poca historieta y que no se siente influenciado por ninguno de los maestros del medio, porque no los conoce.
En Islas TODO es muy raro: el protagonista es Cornelio, que está en pareja con Guillermo, pero hace un tiempo se acostó con Hilda y tienen un bebé en camino. Cornelio tiene serios desbalances psicológicos y recibe atención psiquiátrica. Pero además de los medicamentos, consume hongos psicotrópicos que él mismo cultiva en su huerta. Vive en un suburbio de Lima, cerca de un aeropuerto, donde el ruido de los aviones es parte de un ecosistema bizarro en el que conviven apicultores, mentalistas con conexión a internet y chicos que viven drogados. La historia se desarrolla mitad en ese páramo extraño, ensimismado, con sus propias reglas casi dignas del mundo en el que vive Krazy Kat, y mitad en la alterada mente de Cornelio, cuya percepción de las cosas muchas veces no coincide con la realidad y da pie a los más diversos cuelgues.
Cornelio se está por mudar y a la vez está por nacer ese hijo que va a tener con una mina que no le importa en lo más mínimo. Con esos conflictos, ya se podía nutrir dignamente a las 65 páginas de la novela. Pero La Hoz va más allá y hace que Cornelio se involucre con los chicos que consumen miel de avispa mezclada con drogas alucinógenas y ahí logra hilvanar algo así como una aventura, muy loca, porque Cornelio –además de estar con la mente en la mudanza y en el nacimiento del bebé- está chapa-chapa. Los otros personajes están bien planteados (aunque menos desarrollados) y completan un combo atractivo, que ayuda mucho a que la trama avance con bastante coherencia hacia un final imprevisto, pero satisfactorio, que te descoloca y te perturba tanto como el resto de la novela.
La Hoz maneja tres estilos narrativos: uno normal, con cuadros y secuencias convencionales, uno sobrecargado, con muchísimas viñetas por página y dibujos muy chiquitos, tipo Chris Ware, y un tercero que consiste en ilustraciones, dibujos que rompen la lógica de la trama y nos invitan a meternos en la mente deforme de Cornelio a contemplar figuras distorsionadas, a veces pesadillescas y a veces hermosas, con un dibujo mezcla de Charles Burns y Jorge Pérez Ruibal, el otro gran autor sugido del under peruano en los últimos años. En el resto de las secuencias hay algo de Ware, pero hay mucho más de Paul Hornscheimer, o de Pedro Vera, o de Álex Fito. La Hoz es un virtuoso de la composición de las viñetas: logra cuadros realmente difíciles con un excelente manejo de los espacios y un equilibrio infalible entre las áreas blancas y la línea (y la mancha) negra. Pela recursos novedosos todo el tiempo y eso también contribuye a la sensación de estar leyendo algo muy, muy extraño.
Si me pongo ortiva, tengo que decir que el guión es más ganchero que bueno. Pero el pibe dibuja tan bien y arriesga tanto tantas veces, que simplemente por su osadía, sus ganas de innovar, su compulsión a saltar sin red, recomiendo ampliamente la lectura de Islas y espero ansioso el próximo trabajo de Rodrigo La Hoz, un monstruito a medio domesticar que de principante tiene sólo la biografía.