
Lo más interesante y extraño de la extensa obra de este monstruo maldito del manga (nacido por casualidad en Manchuria) no es tanto la cantidad (se calcula que tiene editados en Japón unos 180 tomos, entre novelas gráficas y recopilatorios de historias cortas) sino cómo se repiten los temas. Hino machaca fuerte sobre cuatro o cinco ejes temáticos, que aparecen una y otra vez. El más importante es “No te aproveches del distinto, del minusválido, del freak, porque se va a vengar y no te va a gustar”. Pero también está el axioma “Ningún muerto está definitivamente muerto”. Y el más interesante “El verdadero horror reside en la familia”. La mayoría de las historias tienen como protagonistas a niños (en especial uno llamado Hideshi, vaya a saber por qué), pero también hay mangas protagonizados por adolescentes, adultos y hasta fetos y gatos. ¡Ah! !Y los cuervos! !No nos olvidemos de los cuervos! La obra de Hino está llena de cuervos, y cada vez que aparecen, se pudre todo. Su ámbito preferido es el suburbio, el barrio alejado del centro en el que nunca faltan los basurales y los riachos con agua contaminada por las fábricas.
Lullabies from Hell (editado por Dark Horse) ofrece cuatro historias cortas. A Lullaby from Hell es la más tranqui de todas y tiene que ver, como tantas otras, con la infancia. Acá ya aparece un tema fetiche de Hino, que es el freak marginado, y las impactantes imágenes de torturas y descuartizamientos que tantas veces volverás a ver si te hacés fan de este hijo de puta.
Le sigue la escabrosa Unusual Fetus, en la que una pareja “normal” da luz a un bebé mutante, con rasgos de saurio. Otra vez, del seno de la familia arranca una historia plagada de atrocidades, con cierta melancolía timburtoniana, como para bajar medio cambio entre tanta muerte y tanta obsesión.
Luego sigue la extensa Train of Terror, una historieta a pura tensión, llena de vértigo y acción. La mayoría de la misma transcurre en una zona crepuscular, a mitad de camino entre la realidad y la alucinación, y sí, hay muertes terribles y unas serpientes monstruosas, pero es más un thriller psicológico pasado de rosca que un comic de terror.
Y para terminar, el clásico Zoroku no Kibyo (La Extraña Enfermedad de Zoroku). Este fue el primer éxito de Hino, publicado en 1969, cuando tenía 23 años. Le dedicó un año entero a esas 39 páginas, de las cuales descartó innumerables versiones preliminares, y el esfuerzo dio como resultado que, luego de ser rebotada por varias antologías para jóvenes y adultos, se publicara –paradójicamente- en una revista infantil. Con Zoroku, Hino se convirtió de la noche a la mañana en un capo absoluto del manga de terror, un género en ese entonces poco explorado, donde brillaban el maestro Shigeru Mizuki y Kazuo Umezu, el Stephen King japonés. Zoroku no Kibyo es un relato mágico y por momentos enternecedor, con un freak discriminado como protagonista, ambientación histórica (algo que no volveremos a ver en obras posteriores) y una colección de purulencias, podredumbres e inmundicias, que sí volveremos a ver muchas veces en muchísimos trabajos del ídolo.
Del cuento de hadas putrefacto a las masacres más truculentas, las historias de Hino tienen siempre esa impronta bizarra, pasada de rosca, alucinante, perturbadora y hasta medio under, que produce un efecto hipnótico y adictivo. Leés una y cagaste, vas a querer todas. Su dibujo es sobrecargado, por momentos casi barroco, y completamente expresionista: TODO se deforma para enfatizar las atmósferas y los estados de ánimo de estas criaturas siempre propensas a la mutación. Hino tiene un control molecular de la acción y de los tiempos del relato. Jamás una historia suya se hace aburrida o estirada, sino más bien, por el contrario, uno a veces quiere que se termine rápido para poder respirar aliviado y volver a una realidad un poco menos desaforada. Animate a descubrir a este auténtico genio del Noveno Arte, pero sabiendo que Hideshi Hino, más que un mangaka, es un viaje de ida.