el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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jueves, 12 de febrero de 2026

HOY, MÁS RESEÑAS

Como lo prometido es deuda. acá estamos de nuevo para repasar las lecturas más recientes. Tenía abandonada The Massive hace más de 10 años, desde aquel lejano 27/10/15 en que reseñé el Vol.3. Tarde pero seguro, es hora de comentar el Vol.4, y ojalá antes de fin de año pueda entrarle al Vol.5, que está en la pila de los pendientes pero muy abajo, con chotocientos libros encima. De alguna manera, Brian Wood se las ingenia para que uno recuerde por lo menos lo más relevante de lo que pasó en los tomos anteriores, sin explicarlo detalladamente ni de manera muy explícita. Pero para el segundo episodio de este TPB ya me habían caído unas cuantas fichas y ya estaba de nuevo enganchadísimo con la serie. En la primera mitad del TPB, básicamente se revela un secreto clave para el desenlace de la misma: hay un vínculo real y constatable entre el Crash (el desastre ecológico que cambió por completo la cara del planeta), el Massive (el barco de Callum Israel y su equipo) y Mary, la enigmática integrante de la tripulación que obviamente tiene poderes sobrenaturales que hasta ahora Wood nos había mostrado a los lectores, pero no al resto de los personajes. Para llegar a este punto, tanto Callum como Mag pasan por un montón de peripecias a lo largo y a lo ancho de Europa, mientras Wood nos habilita más data del Crash y de la vida de estos personajes antes de aquel apocalíptico suceso. Y cuando finalmente la verdad sale a la luz, uno quiere que Wood se ponga YA a indagar en esa conexión, que esto que tanto impacto genera en los personajes se explore y se explique a fondo, cuanto antes. Bueno, no. Los tres episodios finales del Vol.4 son una especie de miniserie protagonizada por Mary, lejos del resto del elenco de The Massive, en la que toda esta trama no avanza en lo más mínimo. Recién en las últimas tres viñetas, hay un indicio de que Mary va a tratar de reencontrarse con sus compañeros. El argumento de la trilogía está muy bien, el personaje de Mary se desarrolla muchísimo, Wood juega (una vez más) con los vínculos entre las guerras y los grandes negocios y encima dibuja un ídolo: Danijel Zezelj. Pero yo quería YA el cara-a-cara entre Mary y Callum, y para leer eso tengo que esperar meses. En la primera mitad, el dibujante es el de siempre, Garry Brown, un tipo correcto, al que se nota que le da un poco de vergüenza afanar tanto de fotos, por eso lo poco que dibuja (básicamente los personajes) está muy laburado, con muchas ganas de que quede todo muy lindo, de seducir al lector con un flujo narrativo potente, dinámico a pesar de que el ritmo del guion es pachorro y pausado. Sus personajes se ensamblan bien con los paisajes, fondos, vehículos y demás elementos tomados de fotos, y además el color está a cargo de Jordie Bellaire, que siempre suma. No alcanza para no pasar papelones en la comparación con Zezelj, pero bueno... no hay tantos dibujantes de la calidad del croata. Tomo raro pero atractivo de The Massive, un reencuentro copado que me deja bastante manija rumbo a la lectura del quinto y último TPB.
Tengo como siempre un librito de autor argentino publicado en 2025, en este caso uno aparecido en Diciembre. Y sí, ya son pocos los que me falta leer. Esta vez nos vamos para el lado del humor, de la mano de Gustavo Sala quien, a lo largo de 100 páginas, reinterpreta el universo del Capitán Barato en una clave totalmente personal. Tras unos cuantos años de aventuras narradas en tono realista, con peligros posta, situaciones dramáticas, villanos jodidos y demás, ahora Capitán Barato vuelve a ser un chiste, y encima un chiste de Sala. El libro ofrece varias historias cortas, una más desopilante que la otra, en las que Sala introduce delirio, escatología y una mirada satírica al mundo de los superhéroes y del comic (y sus fans) en general. Aparecen los amigos del Capitán Barato, el principal villano de los comics "serios", la comiquería del Capi, varias versiones del personaje oriundas de universos alternativos, Stan Lee, un conejito... Todo puesto al servicio del humor, con resultados sumamente eficaces. Y dibujado por Sala en un gran nivel, lo cual hace años que es una constante en su trabajo. Para esta ocasión, se suma el colorista C.J. Camba, quien complementa muy bien los tremendos trazos de Gustavo. El libro incluye además tres revistitas muy finitas, en las que sendos autores invitados desarrollan (un poquito) algunas de las ideas limadas que Sala tira durante una de las aventuras del Capi: El Bruno nos cuenta qué pasó cuando Swamp Thing fue a almorzar a lo de Mirtha Legrand, Lubrio narra el combate entre Dragon Ball y Xuxa, y Scuzzo revela cuál de las Tortugas Ninja le tapó el inodoro al Indio Solari con un garco monumental. Son historietas muy breves, obviamente en joda, pero muy graciosas y muy bien dibujadas. Sin dudas, un hallazgo editorial haber generado esas mini-revistitas para acompañar el libro. El Capitán Barato de Gustavo Sala, además de un librazo, es una rareza en el panorama editorial argentino. No es frecuente que un editor (en este caso, también comerciante) contacte a un autor, le tire una consigna ("hacete un libro en joda de mi principal personaje"), y ponga arriba de la mesa la guita que hace falta para que el autor no tome otros compromisos laborales durante el tiempo que va a dedicar a producir la obra. Así, durante un tiempo no tan extenso, Sala se sumergió de lleno en el proyecto, le puso todo, y cuando llegó la hora de entregar, sorprendió incluso a los que lo seguimos hace 30 años con un trabajo realmente grandioso. Lo lógico y lo justo sería que este libro se venda MUY bien, y que más editoriales apuesten por generar obras nuevas desde cero, en lugar de funcionar como "aduanas", que dejan entrar (o no) a sus catálogos las obras que los autores les acercan ya terminadas, o muy avanzadas. Hasta acá llegamos, por hoy. Siempre hay mucho más para leer en la Comiqueando Digital (que se puede descargar por muy poca plata en https://comiqueandoshop.blogspot.com) y siempre está la promesa de reencontrarnos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

viernes, 4 de julio de 2025

SOLCITO DE VIERNES

Mediodía más que agradable en Buenos Aires, gran momento para reseñar los últimos libros que leí. Muy cebado con Fréderic Bézian, compré todos los libros suyos que vi baratos, así, al voleo, sin mirar qué tenían adentro. Y así me encuentro con Chien Rouge Chien Noir (perro rojo, perro negro), la que tal vez sea su obra más extraña, más idiosincrática. Se trata de una novela gráfica originalmente lanzada en 1999, que tuvo una segunda versión con varios cambios (que es la que tengo yo), en 2006. La temática y la ambientación son muy accesibles. Todo transcurre en un bar y un par de locaciones más dentro de una gran ciudad como cualquiera, en el tiempo actual, sin elementos fantásticos y prácticamente sin violencia. Costumbrismo urbano tranqui, con personajes que básicamente hablan entre ellos, toman algo, una pareja coge un rato, otros deambulan por ahí... ¿De qué hablan? De varias cosas poco relevantes, pero sobre todo de que nadie sabe dónde está Lou, un amigo de estos tipos y minas que es músico y compositor, al que le perdieron el rastro hace tres semanas. Un amigo se quedó con su auto, otro con las llaves de su casa, pero nadie logra deducir dónde está Lou, ni cuándo va a volver. El conflicto no está muy enfatizado, pero si hay que señalar uno, sería ese. Cerca del final, y siempre buscando a Lou, Ben y Carole se encuentran a un anciano que la tiene muy clara, y Bézian nos sugiere que podría tratarse del mismísimo Dios. Por supuesto no es algo que se explicite, sino que el autor nos invita a intuirlo de modo muy sutil. Y después vienen 18 páginas rarísimas, donde cambia el dibujo, cambia la narrativa, cambia el color y desaparecen los personajes a los que veníamos siguiendo hasta el momento. La "acción" se desplaza a un paisaje misterioso, con mar, montañas, pájaros, un personaje con rasgos diabólicos y una mujer enigmática, que no hacen absolutamente nada. Bézian acompaña esta larga y críptica secuencia con textos en varios idiomas distintos (francés, castellano, italiano, alemán) que se superponen a las viñetas de un modo irregular, cortados en cualquier parte, como si fuera un poema surrealista, o un recurso más para enfatizar la sensación de delirio que transmiten esas páginas. Esto es indescifrable y hermoso a la vez, y termina con... con algo que esperábamos desde el principio de la novela. Hace no mucho (el 31/03/25) hablé de la fascinación que me produce el dibujo de Bézian, y acá es lo que sostiene el interés en los tramos de la novela que parecen no ir para ningún lado. Este tipo es un demente, un virtuoso totalmente pasado de rosca que sorprende y golpea con cada trazo. Para estar preparado, conviene haber leído antes las historietas más experimentales de Dave McKean, de José Muñoz, de Teddy Kristiansen, algo de Ted McKeever... por ahí transita la estética extrema de Bézian, pero además tiene su impronta propia y totalmente irreproducible para aplicar el color (en este caso, con monocromías muy expresivas) y para diseñar los objetos y los fondos. El resultado es maravilloso, son historietas para estudiar en detalle, para tratar de entender cómo algo tan loco funciona en términos narrativos. Bézian en este libro detona todas las bombas, hasta dejar algunas viñetas totalmente en blanco, sin ninguna explicación, simplemente como un recurso atípico de diseño de página. Obviamente, si no conocés al autor, ni te hiciste fan de su trabajo en obras anteriores, no recomiendo ni en pedo empezar por Chien Rouge Chien Noir. Y no solo porque solo existe en francés. Esto es muy intrincado y no tiene la menor intención de resultar de fácil acceso para el lector que todavía no decodificó el particular estilo de este genio, que ojalá algún día sea más famoso en todo el mundo, no solo en su país. Pronto habrá más Fréderic Bézian en el blog.
Y me vengo a Argentina, fines de 2024, cuando sale el especial de los 10 Años de Capitán Barato, un libro zarpado, de 164 páginas a todo color y una factura técnica impecable. Arranca con una historieta larga, de 60 páginas, con dibujos muy correctos de Facundo Moyano. El guion de Max Coronel arranca muy bien, con muy buenos diálogos, con conflictos interesantes, y se toma su tiempo para presentarnos de manera sólida y consistente a un villano que realmente se siente como una amenaza creíble y peligrosa para el Capitán Barato y sus aliados. El problema es cómo le ganan al villano. La resolución es simplista, banal, anticlimática, casi displicente, como si Coronel hubiese dicho "listo, ya fue, terminemos con esta pelea y pasemos a otra cosa". Una pena, porque hasta ahí había construido un relato tenso, atractivo incluso para mí, que no soy fan del concepto "superhéroes argentinos". Después tenemos otra historieta bastante extensa (42 páginas) en la que el dibujo, a cargo de Pablo Ayala, me pareció más irregular. Hay páginas hermosas y otras a las que, si les sacás el color, se caen a pedazos. El guion de Luciano Saracino repasa toda la historia de Morgen, el principal villano de este universo heroico, y está muy bien. Tiene esos toques poéticos típicos de Saracino, indaga a fondo en las motivaciones del personaje, y lo más importante: a fuerza de buen ritmo, buenos diálogos y buenos bloques de texto, el autor logra mantener nuestro interés en un relato que prácticamente no tiene acción. Una tarea nada fácil, que el experimentado Saracino logra con aplomo y jerarquía. Sobre el final, hay una secuencia de apenas seis páginas, que funciona como un anticipo, o un teaser, de una saga que se va a desarrollar en futuras publicaciones, con unos dibujos alucinantes de Nico Di Mattia y guion de Mariano Sciammarella. Y entre la segunda y la tercera historieta, hay un suculento relleno que consiste en fichas de personajes y un festival de pin-ups (más de 30), donde aparecen los héroes y villanos que conocimos a lo largo de estos 10 años, en ilustraciones a cargo de autores y autoras que yo no conocía, y de recontra-consagrados como Ariel Olivetti, Quique Alcatena, Jorge Lucas, Salvador Sanz, Gustavo Sala, Jok, Mariano Navarro, Néstor Taylor, Aleta Vidal y muchos más. De nuevo, yo no soy fan de que me rellenen los libros con pin-ups, pero acá me encontré con trabajos realmente muy notables. En síntesis, este especial del décimo aniversario es una cita impostergable para todos los fans que supo cosechar el universo de Capitán Barato a lo largo de estos años. Que obviamente son solo los primeros, porque se trata de un corpus narrativo en expansión, pensado para crecer en ambición, en calidad y en repercusión dentro del mundillo comiquero local. Y hasta acá llegamos, por hoy. Si querés más lectura de alta calidad para el finde, no te olvides de pasar por https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y descargar el poderoso nº11 de Comiqueando Digital. Gracias y hasta pronto!

sábado, 1 de abril de 2023

RESEÑAS DE SÁBADO POR LA NOCHE

Sigo avanzando a buen ritmo, y hoy de nuevo tengo dos libros léidos, listos para reseñar. Allá por 2007, se empezaron a recopilar en España las famosas "Sales Blagues" (chistes sucios), esas adaptaciones al comic de chistes que pertenecen a la tradición oral, que realizara el maestro francés Philippe Vuillemin para la revista L´Echo des Savanes a fines de los años ´80. Se tomaron su tiempo, los editores españoles, para apostar por este material, que en Argentina apareció (en poquita cantidad, pero 11 o 12 años antes) en la revista Cazador Comix. Este primer tomo editado por Norma, el Vol.1 de Políticamente Inaceptable, ofrece casi 100 páginas de estas breves historietas (algunas de una sola página) en las que Vuillemin pone su particularísimo estilo gráfico al servicio de esos chistes que cualquiera escucho un millón de veces. Incluso los chistes menos zarpados (los pocos que no involucran racismo, sexo, mutilaciones, vómitos o caca) los leímos en historietas de Condorito o Larguirucho, también en los ´80. Obviamente en casi 100 páginas encontré un par de chistes que no conocía, pero la mayoría son historias que uno ya había escuchado (y reproducido) hace décadas y que tienen ganado un lugar (croto y marginal, pero lugar al fin) en la cultura popular. De todos modos, el principal atractivo de Políticamente Inaceptable es el dibujo de Vuillemin, la forma en que su trazo grotesco y visceral, combinado con un coloreado generosos en matices, le da forma visual a estos relatos. Cómo elige narrarlos en formato de historieta y cómo potencia los aspectos más atroces y más escatológicos de los chistes con esas líneas y esas manchas que constituyen su inimitable estilo. No causa la misma gracia que yo (o quien sea) te cuente que un tipo pela una chota inmensa, toda sucia y llena de granos, que ver un dibujo de Vuillemin en el que un tipo pela una chota inmensa, toda sucia y llena de granos. El impacto es infinitamente mayor cuando esta bestia del Noveno Arte le impone su estética extrema y repulsiva al relato. La única historieta que no funciona del todo bien, en la que el dibujo y la narrativa no terminan de poner en claro, o de darle la fuerza que le tienen que dar a lo que está pasando es -paradójicamente- la más extensa: en las cinco páginas de "El Drama del Paro" (cuya trama no me suena similar a la de ningún chiste de la tradición oral) más de una vez tuve que frenar, volver un par de viñetas para atrás y tratar de seguir un hilo que no me resultaba del todo consistente. Pero de todos modos las imágenes son tremendas, de una potencia cómica indescriptible. Hay tres libros más de esta serie editada por Norma, así que ni bien los vea por ahí, me tiro de cabeza. Entiendo que Vuillemin no es para todo el mundo, que te puede resultar asqueroso, nefasto, demasiado sucio, o demasiado ido al carajo en su retrato caricaturesco de negros, judíos, gays, etc. Y también entiendo que es humor, que es material de los años ´80, y que Vuillemin no reivindica ni promociona la violencia contra las mujeres, los gays o las minorías raciales o religiosas, ni la zoofilia, ni la coprofagia, ni ninguna de las otras atrocidades que dibuja en estas páginas. Creo que en realidad las expone, o incluso las critica, de una manera atípica y -a mi juicio- genial.
Me vengo a Argentina, a fines de 2022, cuando se recopilan en libro los comic books con los que se inició el universo de Capitán Barato, allá por 2014. Acá se presentan los personajes y los conflictos que más tarde van a derivar en la saga (creo que inconclusa la día de hoy) llamada Proyecto Tifón, que ya vimos en las reseñas del 15/01/19 y 16/03/20. El libro recopila varias revistas, cuyos argumentos se enlazan de manera bastante prolija para formar un arco titulado "Demolición Total", en el que distintos héroes y heroínas de nuestro país confrontan con una especie de Doomsday creado por la típica corporación maligna. Varios autores meten mano en los guiones, pero los mejores momentos y los mejores diálogos aparecen cuando el que se hace cargo de guiar a los personajes es Fede Sartori. El resto de los guionistas muestran inconsistencias bastante notables, como tener personajes argentos que se tratan de vos y usan localismos argentos, y que en medio de una conversación uno diga "se han marchado". ¿Cuándo hubo un argentino que dijera "se han marchado" en vez de "se fueron" o -si son de Tucumán- "se han ido"? Nunca en la fuckin´vida. Leer todo este material de un saque permite notar de modo más contundente cómo evolucionó el concepto del Capitán Barato: al principio era un chiste de y para nerds de las historietas (de hecho fue una tira cómica que apareció en el sitio de Comiqueando, con dibujos de Lea Caballero), y entre los dos primeros comic books alguien (probablemente el propio Lea) decidió llevarlo hacia una saga de tono dramático, y construir en torno al personaje todo un universo de superhéroes argentinos que para el final de este tomo ya lo eclipsan por completo. El tomo cuenta con la participación de muchos y muy buenos dibujantes (Juan Frigeri, Kristian Rossi, Franco Viglino) pero yo me quedo con Germán Erramouspe, que me parece el que mejor entiende la dinámica que hay que ponerle al dibujo de superhéroes, sin perder identidad gráfica propia. Destaco también la labor de Rossi que empieza a colaborar con Capitán Barato como colorista, y la rompe toda, tanto cuando se colorea a sí mismo como cuando colorea a sus compañeros. El libro además incluye una brutal cantidad de pin-ups e ilustraciones, donde brillan las colaboraciones de animalitos como Salvador Sanz, Nico Di Mattia y Germán Peralta, además del ya mencionado Juan Frigeri. Como sabe cualquiera que siga hace años este blog, no soy muy fan de los superhéroes argentinos y siempre disfruto más cuando los talentos de nuestro país se vuelcan a la creación de obras más personales, en géneros donde se sientan 100% a gusto. Pero dicho esto, acá me encontré con un trabajo muy serio, muy profesional, por momentos muy atractivo para cualquier aficionado a este tipo de relatos. Y además me encantó el formato, más compacto y más fácil de guardar que los comic books que salieron en la década anterior. Ahora a esperar el final de la saga de Proyecto Tifón. Y esto es todo por hoy. Gracias y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas acá en el blog.

lunes, 16 de marzo de 2020

LUNES DE AISLAMIENTO

Nada más fácil para los comiqueros que quedarnos solos, sin pisar la calle, durante días y días. Sobre todo cuando tenés un pilón grosero de libros sin leer e infinitas revistas para releer.
Arranco en 2016, cuando se empieza a recopilar I Hate Fairyland, una notable creación del mestro Skottie Young, que hace la clásica: armarse una hinchada nutrida y fiel en los títulos de Marvel y después abrir su kiosquito creator-owned en Image. Ya veremos más adelante algunos laburos de Young para la Casa de las Ideas, pero ahora me sumerjo en esta aventura delirante, cuyo ritmo no da tregua, pensada para atraparte en un in crescendo de situaciones cada vez más extremas, más impactantes y más cómicas.
Skottie Young parte de una premisa brillante, pero no se queda con eso. Por el contrario, sube la apuesta episodio a episodio y para el final de este primer tomo I Hate Fairyland alcanza un nivel inverosímil. Si alguna vez te divertiste con lo que los yankis llaman “cartoon violence” (explosiones, cañonazos, hachazos, espadazos y caídas abismales infligidas o sufridas por personajes fantásticos en clave de humor pasado de rosca), acá vas a encontrar eso mismo en su máxima expresión. I Hate Fairyland además es la más redonda, la más lograda, la mejor pensada de todas las parodias a los clásicos relatos de “nena del mundo real recorre un mundo de fantasía”. Los personajes, los paisajes, la acción, todo está dibujado como los fuckin´dioses por un Young inspiradísimo, exagerado al límite, dinámico y plástico como los mejores dibujos animados, pero con trucos de narrativa que sólo se pueden hacer en la historieta, y –por si faltara algo- muy bien complementado por la paleta de colores de Jean-Francois Beaulieu.
Esto es mejor que un comic para adultos. Es un comic recontra-mala leche, jodido como enema de chimichurri, oscuro y perverso como un vómito de Adrián Ventura, que gráficamente parece un comic para chicos y que corre serios riesgos de terminar en las manos de inocentes criaturitas a las que I Hate Fairyland les va a pulverizar las neuronas. Obviamente quiero YA el Vol.2, que nunca vi en ningún lado. Acepto donaciones.
Me vengo a Argentina, año 2019, para leer la continuación de un librito reseñado el 15/01/19. Esta segunda entrega de Proyecto Tifón abre con una historia de 22 páginas en la que Rodolfo Santullo nos muestra a dos superhéroes, Alto Voltaje y Heka, en acción y no mucho más. La machaca no deja mucho espacio para desarrollar a los protagonistas (mucho menos a los antagonistas) ni para que estos terminen de dilucidar cómo enganchan los combates que les toca pelear en el “big picture”. Los diálogos (generalmente el punto fuerte de los guiones de Santullo) no brillan como en la entrega anterior, mientras que el dibujo de Daniel Mendoza me pareció muy sólido, muy atractivo. Sin dudas el mejor trabajo de este dibujante al que ya nos cruzamos otras veces acá en el blog, potenciado además por Exequiel Roel en el coloreado digital.
La segunda historieta será la que haga el esfuerzo de encajar esto que nos contó Santullo con la saga global, con ese peligro creciente que obliga a los distintos superhéroes argentinos a organizarse y trabajar en equipo. Este tramo está escrito por Fede Sartori (también correcto, sin descollar) y dibujado por Santi Baquín, que cumple muy con lo justo. Me imagino esas páginas en blanco y negro y me muero del aburrimiento.
Y después hay dos historias cortitas: una de apenas tres páginas (escritas por Santullo y con hermosos dibujos de Nico Di Mattia) y una de 10, en la que Maxi Coronel retoma la historia del Capitán Barato, se mete un poco más en la psiquis de uno de los villanos de la saga y le da mucha chapa a Nico, quien se convertirá en E-404, un nuevo justiciero decidido a bancar los trapos en este momento jodido, en el que ya cayeron varios de los héroes que se presentaron en las entregas anteriores. Este tramo final está bastante bien dibujado por Osmar Petroli, que abusa un poquito de los primeros planos y los planos detalle, pero dentro de todo la hace llevadera.
Tengo un problema para emocionarme con esta saga y es que no conozco lo suficiente a los personajes como para que me generen algún impacto sus supuestas muertes, resurrecciones, victorias o derrotas. Me siento como si estuviera viendo futbol alemán: entiendo el juego, me doy cuenta de que están jugando bien, pero no conozco a los jugadores, no soy hincha de ningún equipo, no le tengo bronca a ningún árbitro ni a ningún D.T., y cuando canta la hinchada no entiendo una chota. Lo miro, me parece un producto muy profesional, muy competente, pero no logro que me despierte la más mínima pasión. Por ahí hubiese estado bueno sacudir grosso el status quo de este universo una vez que los lectores estuviéramos más familiarizados con cada uno de los héroes y heroínas, como para que cada golpe pegara más fuerte. De todos modos, me imagino que los fans de los superhéroes transplantados a nuestro país deben flashear fuerte con esta aventura, por su ambición, por su escala y porque se nota que está muy bien planificada y muy bien coordinada, para abrirle el juego a varios personajes y varios autores y que todos se conjuguen de manera armónica, prolija, consistente.

Nada más, por hoy. Ni bien tenga leídos un par de libros más, nos reencontramos con nuevas reseñas acá en el blog.

martes, 15 de enero de 2019

TARDE DE MARTES

Aprovecho un rato libre para reseñar un par de libros que ya tengo leídos.
Me voy a 2015, cuando se reúne después de muchísimos años la dupla integrada por el escritor y guionista estadounidense Jerome Charyn y el dibujante francés François Boucq, para la que será su tercera (y hasta ahora última) obra en conjunto. A lo largo de 80 páginas, Little Tulip nos invita a seguir la vida de Paul, un chico que nace en Estados Unidos, se muda con su familia a Rusia y durante los años ´40 vive la pesadilla de la persecución política, la captura a manos del régimen stalinista y la vida en cautiverio en un gulag de Siberia. Tras recuperar la libertad en 1953, vuelve a New York. Charyn nos narra en paralelo la infancia y juventud de Paul en Rusia (donde le dicen Pavel) y su presente, ambientado en la convulsionada New York de principios de los ´70. Y tanto el joven Pavel como el adulto Paul la van a pasar sumamente mal.
Little Tulip es una de las historias más sórdidas, más oscuras, más desoladoras que leí en mi vida. Ni siquiera cuando narró su autobiografía en la novela The Catfish Man, Charyn se privó de mostrarnos escenas violentas o escabrosas. Pero en esta obra lleva ese nivel de truculencia y mala leche a límites insospechados. Acá sí, no vas a encontrar ni cinco centavos de esperanza. Recién sobre el final, Charyn se anima a explorar una remota posibilidad de paz y tranquilidad para un personaje que a lo largo de la novela va a perder prácticamente todo. Ya sea en Rusia o en EEUU, bajo la mano dura de Josef Stalin o bajo la mascarada de Richard Nixon, Pavel/ Paul será protagonista o testigo de asesinatos, violaciones, torturas, mutilaciones, peleas sangrientas y escenas de sexo con menores de edad.
No quiero contar más del argumento, pero básicamente son esas dos historias: el paso de Pavel de niño a joven en las heladas estepas rusas y una aventura de corte más policial en la New York de los ´70, entrelazadas con notable habilidad por un Charyn inspiradísimo. Y por supuesto, todo retratado con escalofriante belleza por el inmenso Boucq, quien maneja a la perfección la documentación histórica, el marco de realismo que requiere la historia, y a la vez sabe aportar esa cuota de expresionismo, de grotesco incluso, que acentúa la crueldad, la perversión o la venalidad de los distintos personajes que pueblan las viñetas de Little Tulip. Imposible recomendarla lo suficiente, de verdad. Si leíste La Mujer del Mago o Boca de Diablo, ya sabés que Charyn y Boucq no fallan.
Salto a Argentina, a 2018, cuando se publica el primer librito de Proyecto Tifón, una saga que reúne a varios de los superhéroes que integran el universo de Capitán Barato, creados por Daniel Muller y Lea Caballero. Acá el Capitán Barato aparece muy poquito, en un brevísimo back-up en el que lo vemos hospitalizado. Yo asociaba al personaje con el humor, o la comedia, y claramente este libro no va para ese lado.
El tramo central de la publicación está dividido en dos capítulos, ambos escritos por el imparable Rodolfo Santullo, que creo que nunca había escrito superhéroes. El primer capítulo se centra en Miss Capi, una justiciera urbana sin poderes que sobrevive de modos absolutamente inverosímiles a los embates de varias villanas (estas sí, bastante más power que un humano normal). Recién al final las Tragedias parecen infligirle a la heroína la previsible derrota, acompañada de una “muerte” que cualquier fan de los superhéroes sabe que se va a revertir. Todo esto está dibujado por Kristian Rossi, a quien se le nota mucho el parentesco estético con Eduardo Risso (de quien es asistente), con una narrativa muy sólida, un buen trabajo en el color y algunos fondos que podrían estar y no están (los que están, están buenísimos).
Durante todo ese primer tramo, Miss Capi trata infructuosamente de contactarse con otro héroe, Alto Voltaje, quien está investigando acerca del Proyecto Tifón y su vinculación con quien parece ser el principal villano de esta saga. Alto Voltaje será el protagonista excluyente del segundo capítulo, donde no hay mucho más que una confrontación con los esbirros de este villano (al que Santullo logra dotar de una cierta tridimensionalidad) y la confirmación de que el Proyecto Tifón es mucho más peligroso de lo que suponían los héroes. Este tramo tiene a cargo de la faz gráfica a Pablo Ayala (lo vimos allá por el 16/05/18), que lleva al extremo la técnica de las fotos retocadas en el Photoshop, con millones de filtros y efectos locos. El fuerte de Ayala es el color digital, con el que logra unos engamados muy atractivos, que además de darle clima al relato le dan una pátina de belleza pictórica. Y lo vi un poco más firme en las escenas de acción que en trabajos anteriores. Aclaro que NO soy fan de la estética pseudo-pictórica basada en el manoseo de fotos, pero hecha esa salvedad, el trabajo de Ayala me gustó.
Lo único que realmente no me cerró es lo poco que pasa en 52 páginas. Puestos a sintetizar o ir al grano, se podría haber contado lo mismo en 24 ó 30, como mucho. Pero como los diálogos de Santullo son ágiles y los dibujos se ven bien, no me molesta tanto la estirada. Veremos cómo sigue la historia en la segunda entrega, en la que el foco estará puesto en otros personajes a los que nunca escuché nombrar.

Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.