Hay gente que habla y gente que, además de hablar, hace. El nombre de Berliac suele sonar a menudo vinculado a debates sobre la novela gráfica, o sobre la labor de varios historietistas locales, y generalmente aparece en el ojo de polémicas bastante virulentas, a milímetros de pasar de la argumentación a la puteada. Se puede coincidir o no con los conceptos que esgrime Berliac en los distintos debates, pero hay algo fundamental que lo separa del típico opinólogo online: su obra. Que no es tanta, porque lleva pocos años abocado a la producción de historieta, pero sí muy interesante y de un nivel que lo pone entre lo más promisorio de la generación que se viene en esta nueva década.
Su último trabajo editado es 5 Para el Escolaso, un recopilatorio de la historieta que serializó a lo largo de varias semanas en el sitio web llamado Factum. La portada dice “novela gráfica”, pero la verdad es que ese rótulo le queda un poquito grande. El comic tiene apenas 58 páginas y menos de la mitad arrima a las cuatro viñetas. O sea que se trata de una obra breve y que además se lee MUY rápido. Por ahí “cuento gráfico” le quedaba mejor.
Pero el estilo narrativo de Berliac es así: adusto. Cuanto menos te cuente, mejor. Cuanto menos hablen los personajes, mejor. ¿Qué hacen esos tipos ahí metidos, prisioneros en un sótano con un mazo de naipes? Te lo contamos en tres viñetas, en flashbacks minimalistas donde tenés que deducir por vos mismo buena parte de lo que sucede. Aún así, el plan de “los malos” (no quiero dar datos para no spoilear) se entiende perfecto y está muy bueno. Sin explicar más que lo absolutamente indispensable, con muchas viñetas sin texto, el guión se abre camino y llega a un final redondo y satisfactorio.
Por supuesto, si Berliac en vez de un guionista competente fuera un grosso del guión, el tema de los naipes tendría más protagonismo, se convertiría en un elemento con más peso en la trama, aunque sea para hacer firuletes de virtuoso (moorismos) al conectar imágenes o secuencias del guión con la dinámica, las reglas o los dichos de los juegos de cartas. Acá el escolaso está, pero muy des-enfatizado, casi desaprovechado. De hecho, uno de los cinco protagonistas (el de mayor injerencia en la trama) no llega nunca a sentarse a la mesa ni a tocar un sólo naipe. ¿Qué apuestan estos cuatro cautivos en sus juegos? Tampoco lo sabemos. Hay mucho para ampliar, para explorar, para aprovechar. Pero Berliac convierte este argumento potencialmente rico y extenso en un guión sintético, compacto, que seguramente pega más así que si durara 100 páginas, pero que te deja con ganas de más. Sobre todo en el desarrollo de los personajes, que es alucinante en uno o dos (Melián y en menor medida Pelayo) pero escaso en el resto.
El dibujo de Berliac es absolutamente asombroso. A partir de la técnica ya gastadísima de laburar con fotos, logra unos resultados realmente impactantes. No estamos para nada frente al enésimo Juan Carlos Flicker que afana fotos, copia, pega y retoca lo mínimo indispensable. Berliac domina el truquito de la foto (hiper-retocada) con la misma solvencia con la que domina todos los efectos grossos que se pueden lograr trabajando en blanco y negro, entre los que se destacan dos, que ya son su marca de fábrica: las manchas (veraderas lagunas de tinta, al mejor estilo José Muñoz) y las texturas, muchas veces aplicadas con una desprolijidad calculada, 100% intencional, que resultan una herramienta infalible a la hora de enfatizar los climas sórdidos y decadentes del guión.
Si te gusta el policial negro, las historias con tiros, runflas espurias, femme fatales, antihéroes medio losers, corrupción urbana y abyección moral de la buena, timbeale unos mangos a 5 Para el Escolaso. No es una obra maestra (de hecho, estoy seguro de que los próximos laburos de Berliac la van a superar ampliamente) pero sí es una historia sólida, bien pensada y mejor dibujada.