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jueves, 25 de diciembre de 2025
NOCHE DE JUEVES
Ahora sí, la Comiqueando Digital está casi lista y me puedo dar el lujo de ponerle una pausita al laburo para comentar los últimos libros que leí.
Este año tuvimos (por fin) edición argentina para las dos aventuras de Livingstone que nunca se habían publicado en libro (una de ellas, ni siquiera se había publicado en castellano): Amazonia y Video Star, que salieron (acertadamente) en un único libro, co-editado por Sector y Comic.ar. Supongo que para alguno será una herejía, pero a mí estas dos aventuras me gustaron bastante más que Tigre Hotel. Las noté más compactas, más coherentes, con el protagonista mejor delineado y con personajes secundarios mucho más atractivos. El hecho de que las historias tengan 56 páginas en vez de 44 también ayuda un montón a que podamos disfrutar de esta una notable mejora en la labor de Mario Rulloni como guionista, mientras que el dibujo de Pablo Zweig está al mismo nivel (descomunalmente alto) que vimos en el libro anterior (reseña del 27/12/23).
No quiero ahondar en los argumentos, pero digamos que Amazonia es una historia de ambición política que esconde (como casi siempre) la intención de apoderarse de enormes riquezas, mientras que Video Star es una enroscada y divertidísima sátira al star system de Hollywood, las superproducciones, el glamour de las actrices y toda esa parafernalia medio alienígena que rodea a la industria del cine. En ambos casos, el espesor de las tramas deja espacio para que haya muchísima acción, buenos diálogos y unas secuencias mudas totalmente hipnóticas en las que Zweig revalida sus credenciales de maestro de la narración gráfica. También en ambos casos, las fronteras entre buenos y malos son bastante borrosas, y eso le da a los conflictos una riqueza muy particular, no muy frecuente en el comic de aventuras.
Pero claro, Livingstone no es un típico comic de aventuras, en parte por cómo está trabajado el aspecto visual por Zweig. Acá el trazo ya está totalmente establecido en una zona intermedia entre Hergé y Daniel Torres, pero con un dinamismo, una plasticidad y un ingenio para "mover la cámara" que ninguno de los maestros europeos mostraron nunca. Es raro, porque en general la línea clara heredera de Hergé, tan pendiente de la prolijidad, no deja mucho lugar para el impacto visual, para esa onda desfachatada e hiperkinética que tienen las páginas de Zweig. Y ni hablemos del color, que es una auténtica maravilla: pensás que acá alguien publicó Amazonia en blanco y negro y no entendés cómo no está preso. Visualmente, esto es una fiesta total, una cátedra a la que lamentablemente asistieron pocos alumnos, porque Zweig es uno de esos referentes a los que, para mi gusto, le salieron pocos émulos.
Recomiendo muchísimo Amazonia + Video Star, incluso a quienes leyeron Tigre Hotel y no les pareció taaaan grosso. Créanme: esto es muy superior.
Tarde como siempre, le entré a 21st Century Boys, el manga de Naoki Urasawa que retoma todo lo que había quedado colgado en el último tomo de 20th Century Boys (ver reseña del 12/08/24). Por supuesto, que no deje plots colgados no significa que todo tenga sentido, pero por lo menos está la intención de explicar lo más importante: quién era Amigo, para qué corno estaba ese robot gigante ahí guardado, cómo se reorganiza el poder en Japón tras la "muerte" de su líder supremo... Y pasan cosas. Hay como 40 ó 50 páginas (en un tomo de 400) de palo-y-palo, con una aventura fuerte, que se puede resumir así: un villano loco creó un arma de devastación masiva y un grupo de héroes hará lo imposible para que esta no se active. Listo, la historia es eso. No importa que los héroes sean cincuentones que se conocen desde la infancia, no importa mucho la identidad de Amigo, ni los poderes de Kanna, no suma ni resta la canción de Kenji (aunque es importante en el epílogo, hermoso, muy emotivo), no tienen ningún peso en la resolución los mangakas, ni el tipo del bowling, ni el policía amigo de Kanna, podrían tranquilamente no estar todas las secuencias del pasado de los protagonistas, y pocas ideas me parecen tan chotas como la de ese parque de atracciones de Amigo, donde -a través de la realidad virtual- los personajes del presente pueden interactuar con sus versiones de la infancia.
Todos esos elementos (y otros que no tiene sentido enumerar) complican la trama al pedo. A veces sirven para darle más dimensión a los personajes, para que nos importe más lo que Urasawa hace con ellos. Pero a lo largo de estos 12 libracos nos comimos tantos amagues, nos fumamos tantas secuencias totalmente irrelevantes, tantas peripecias innecesarias, tanto flashback que no aporta nada, que no se puede creer cómo el co-guionista y los editores que supervisaron la labor de Urasawa tienen la valentía de que sus nombres figuren en los créditos del tomo final. Yo le echaría toda la culpa al sensei, total alguien que dibuja tan, pero tan bien, difícilmente se gane el odio de los lectores, aunque nos condene a recorrer laberintos del terror como este, o como Monster.
O sea que sí, finalmente la saga de Kenji, sus amigos de la infancia, las boludeces que inventaron de chicos y se convirtieron en trágicas amenazas de grandes, llega a un desenlace coherente, razonable y casi sin cabos sueltos. El problema es cómo y cuándo llega. Las vueltas que da Urasawa para llegar, seguramente producto de la improvisación, de ir creando el argumento sobre la marcha, al ritmo de la serialización del manga. El resultado es un kilombo, pasado de rosca en materia de ambición, en el que los hallazgos e incluso las genialidades quedan sepultados bajo el alud de elementos innecesarios, inverosímiles o directamente estúpidos. En ese péndulo infinito entre la tensión y el tedio, brilla siempre el grafismo pluscuamperfecto de Urasawa y su enorme talento como narrador. Pero no alcanza para justificar la extensión de la obra cuando el argumento que la sostiene es tan chiquito, por más que la ornamentes con personajes queribles (con Kenji, Kanna y Otcho en el podio), machaca, rosca política y un misterio que, de tanto que se estira, genera más fastidio que intriga.
Nada más, por hoy. De nuevo creo que habrá por lo menos un posteo más antes de fin de año. Parece mentira, pero estamos por terminar la 16ª temporada del blog. Una locura.
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martes, 13 de mayo de 2025
MARTES DE HISTORIAS CORTAS
Anoche me desperté tipo 5 AM y no me podía volver a dormir, así que prendí la luz y me puse a leer historietas. Así es como tengo estos dos libritos para reseñar hoy acá.
Mack & Tierra de Monstruos recopila en un único tomo dos series menores (por lo menos en cuanto a la repercusión que obtuvieron en su momento) de la dupla integrada por Carlos Trillo y Gustavo Trigo. Mack consta de cinco episodios, siempre con la misma protagonista, y es un clásico policial duro, con la novedad de que las mujeres actúan como normalmente lo harían los hombres, y viceversa. Los estereotipos se invierten y Mack es una especie de "Harry la Sucia", una caricatura de los policías/ detectives de las típicas series y películas de Hollywood. El trazo de Trigo enfatiza el grotesco de los guiones de Trillo. Este es el Trigo de la línea muy fluida, combinada con las manchas muy densas para lograr un estilo que le permitía al autor despachar muy rápido cada página. Se ve muy presente la influencia de José Muñoz en esa búsqueda de un claroscuro extremo y muy expresionista, y el propio Trigo se hace cargo al dedicarle uno de los episodios al dibujante de Alack Sinner.
Visualmente, esto es raro y bastante atractivo. Los guiones no son todos igual de buenos, pero dentro de todo, no hay ninguno que dé vergüenza ajena. Para pasarla bien simplemente hay que estar familiarizado con la vertiente satírica y mala leche de Trillo, y entrar a la aventura sin esperar ningún tipo de vuelo poético ni subtexto filosófico. Realizada a mediados de los ´80 (con Carlos en Buenos Aires y Gustavo en Roma), Mack nos ofrece tiros, violencia, sexo, corrupción, la clásica ironía de Trillo y no mucho más.
Inmediatamente después tenemos las seis historias cortas de Tierra de Monstruos, que me habían fascinado cuando las leí de pendejo en las páginas de la Creepy española. ¿Qué hacemos con los distintos, una vez que les pusimos el rótulo de "monstruos"? ¿Nos burlamos de ellos, les tememos, o los cagamos a palos? Trillo ensaya estas tres respuestas en las tres primeras historias autoconclusivas, de las cuales mi favorita es "Baile de Disfraces". Después sube la vara con otras tres: la gloriosa "Memorias de un Triunfador", acerca de un tipo que la rompe toda en el mundo de las revistas porno por fotografiar cadáveres de mujeres en poses eróticas, la escalofriante y perturbadora "El Señor Augusto", y la tremenda "Click". Estas tres últimas son verdaderas joyas de la abyección moral.
En Tierra de Monstruos vemos al Trigo que dibuja en un estilo más clásico, similar al de sus trabajos para las revistas de Record (vimos La Maga el 30/12/22). Acá hay un laburo descomunal en cada página, sumado a la habitual solvencia del autor para el armado de las secuencias. Al reproducirlas en un tamaño más chico que el de la Creepy, algunas de esas páginas con 10 viñetas se ven muy abigarradas, pero igual se disfruta muchísimo el dibujo de este talentoso maestro del blanco y negro.
En uno de los episodios de Tierra de Monstruos aparece un diálogo que se repite en dos viñetas consecutivas, pero me parece que es un error que esta edición arrastra de la publicación en Creepy, porque todos los diálogos de esta serie están escritos en castellano de España... lo cual, por supuesto, no me convence. No costaba un carajo re-rotular las historietas en las que aparecen expresiones como "sed buenas, tomad un caramelito"... que seguramente Trillo escribió en castellano rioplatense y alguien de la redacción de Creepy modificó para la edición española. Nada, un detalle muy menor en este necesario rescate de una gran serie como fue Tierra de Monstruos.
Sí, soy un caprichoso. En vez de leer 21st Century Boys, que está ahí, en el pilón de los pendientes, "pierdo el tiempo" con un recopilatorio de historias cortas de Naoki Urasawa, una especie de secuela, o coda, al tomo que vimos el 25/07/19. ¡Achís! recopila parte de la obra dispersa del ídolo, toda posterior a 1995, es decir, toda realizada en el estilo maduro del autor, el que tanto disfrutamos los que leímos Monster y 20th Century Boys, entre otras. Por si faltara algo, varias de estas historias están realizadas a todo color (un rubro en el que Urasawa se luce a niveles apabullantes) y casi todas... ¡tienen buenos guiones! Excepto esas anécdotas del mundo del rock, que resultan casi ilegibles por la tipografía de mierda que les puso Planeta cuando las editó en castellano, las demás historietas son realmente buenísimas. El tomo arranca con la genial "Damiyan!", una comedia grotesca y mala leche, que podría haber escrito tranquilamente Trillo. Pero después viene "¡Lanza apuntando a la luna!", que es incluso mejor. Y la de "Henry y Charles", que es un homenaje desopilante a los dibujos animados. "Reino de Kaiju" también me pareció divertidísima, con un planteo limado y personajes muy copados. Para el cierre, Urasawa se guardó una joyita a todo color: la breve pero fabulosa "Solo Mission", que está dibujada en el sentido de lectura occidental.
Nada, no quiero ahondar en las tramas, porque son todas historias breves, con argumentos bastante sencillos. Pero muy bien logradas, con situaciones imprevistas, buenos personajes (Demiyan, Lenny Zinnemann, el gordo francés fanático de los kaijus...), buenos diálogos y -como siempre- con esos dibujos fastuosos, potenciados por un color exquisito. Casualmente las historietas que no me atraparon (que por suerte fueron las menos) son las que están dibujadas con menos pilas, en un estilo más suelto, más rápido. Se ve que Urasawa entendió que algunos de los guiones tenían el potencial suficiente para convertirse en pequeñas obras maestras, y ahí no falló: puso todo y logró páginas realmente memorables. Una pena que Ivrea no publique los libros de historias cortas de Urasawa, porque acá hay papa muy fina, a años luz de las penurias que nos infligió el sensei al estirar hasta el infinito sus obras más extensas.
Nada más, por hoy. Sigo avanzando con el nº11 de la Comiqueando Digital y prometo volver ni bien tenga más libros leídos. Gracias y hasta entonces.
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viernes, 23 de agosto de 2024
VIERNES CON SOLCITO
Que lindo que hoy tenga para comentar dos ediciones argentinas de comics clásicos, uno francobelga y uno japonés. Esto hace no tantos años, era impensable. Pero vamos con las reseñas.
Tarde pero seguro me enteré que existía La Ciudad Fantasma, un álbum de la etapa clásica de Lucky Luke (la de Morris junto a René Goscinny) que se lanzó en Francia en 1965, pero que por algún motivo yo nunca había visto, hasta que se me ocurrió chequear la lista de títulos que aparece en la contratapa de las ediciones locales, a cargo de Del Zorzal, a ver si me faltaba alguno. Me faltaba este, y la gente de la editorial me lo hizo llegar con mucha generosidad.
Bajo esa portada poco imaginativa, poco promisoria, poco esmerada, me encontré con una historieta muy entretenida, con acción, buenos chistes, villanos carismáticos de esos que uno quiere que vuelvan a aparecer, y sobre todo con una bajada de línea fuerte. No es muy frecuente que en una aventura de Lucky Luke el maestro Goscinny ponga la ideología arriba de la mesa, pero acá tenemos una notable excepción: buena parte del argumento está atravesado por una concepción ideológica, que tiene que ver con el rechazo al modelo económico extractivista, la típica "fiebre del oro" que ilusiona a muchos, hace ricos a unos pocos, y en el corto plazo se esfuma sin dejarle nada a los habitantes de la tierra donde apareció el codiciado mineral. Goscinny dice abiertamente "déjense de pelotudear con el oro y pónganse a cultivar la tierra, que con eso morfamos todos sin dañar al ecosistema".
Todo esto, en el marco de una aventura atrapante, con diálogos muy cómicos (bien traducidos por Leopoldo Kulesz), tiros, piñas y garcas que se quieren hacer ricos a costa de los demás pero no cuentan con la astucia de Lucky Luke. La Ciudad Fantasma tiene muy buen ritmo, no parece ni a palos un comic de hace 60 años, ni siquiera en esas páginas de 10 u 11 viñetas. Y por supuesto, el dibujo de Morris acompaña a la perfección lo que quiere contar Goscinny. Es increíble como Morris combina un trazo tan sobrio, tan accesible, con ese nivel de expresividad en los personajes. La forma en que fluye el relato entre sus viñetas es magnífica, al igual que su talento para captar y reproducir detalles que tienen que ver con la ambientación histórica y geográfica: por más humorístico que sea el planteo, vos no dudás nunca de que estamos en un pueblito de la Loma del Orto en el Lejano Oeste de los EEUU, en algún momento entre 1865 y 1885.
La Ciudad Fantasma no te cambia la vida, no se sube a los empujones al podio de las mejores historias de Lucky Luke, pero es una muy buena historieta, un gran punto de entrada a la serie para quien no la conoce y, como si fuera poco, habla de un tema actual y relevante como es el de los pro y los contra de la minería a cielo abierto. Muy, pero muy disfrutable, de punta a punta.
Prometí terminar Monster en Agosto y cumplí. El Vol.9, sin ser perfecto, es el único que me pareció igual de bueno que el Vol.1. No coincido con la mayoría de las decisiones que tomó Naoki Urasawa a la hora de determinar quiénes llegan vivos hasta la última página y quiénes mueren, pero no puedo hablar de decepciones, ni de un final que no es final, como me pasó con 20th Century Boys. Este es un tomo de una intensidad agobiante, de hecho lo tuve que cerrar cuando iba por la mitad porque ya era todo tan extremo que me estaba poniendo muy nervioso. La cantidad de gente que muere es una animalada... y encima está bien, tiene sentido en el contexto del plan del villano. Predeciblemente, algunos elementos que tenían relevancia en los tomos anteriores acá prácticamente desaparecen para dejarle espacio a la acción, que es trepidante.
En la primera mitad de este tomo, el zarpado de Urasawa, al que le pedíamos por favor que achicara el elenco en vez de agrandarlo, presenta no a un nuevo personaje ni a dos, sino a todo un pueblo. Con el foco puesto en unos 10 ó 12 personajes, algunos de los cuales resultan ser mucho más de lo que parecen a priori. En esas secuencias en las que presenta a toda esta gente, el autor tira ideas con las que se podrían contar muy buenas historias cortas, por supuesto fuera del contexto de Monster. Probablemente el personaje cuyo rol más me impactó en este tomo final sea el del Inspector Runge. Después de tantos fracasos, Runge ya era (con perdón de la analogía futbolera) una especie de Huracán, el típico equipo que cuando aparece como líder de un torneo en vez de respeto o miedo genera risas, porque sabés que nunca le alcanza la nafta, nunca tiene los jugadores, la actitud, o el ojete que hace falta para salir campeón y tarde o temprano se cae de la punta. Durante muchísimas páginas lo vemos a Runge liderar el torneo, y si bien no da la vuelta olímpica, levanta en pala toda la chapa que no juntó en los tomos anteriores y se gana una ovación sostenida y emocionante, sobre todo en comparación con personajes como Eva o Nina, que parecía que iban a tener roles mucho más decisivos en el bolonki final.
Repito: se me ocurren otras formas de terminar Monster que me cierran más que las que implementa Urasawa, y obviamente sostengo que el camino hacia este final fue un auténtico laberinto, arduo, cuesta arriba, enroscado y casi inexpugnable por una sucesión de caprichos del autor. Se podría haber contado lo mismo en muchos menos tomos, de modo más directo, menos puntilloso, con otra dinámica, sin irse tanto por las ramas y sin sacrificar la emoción y la potencia que tiene este tomo final. Maravilloso el dibujo, brillante la narrativa, muy bien los diálogos (grossa también la traducción de Agustín Gómez Sanz), preciosa la edición de Ivrea y alucinante el subtexto de Verdad, Memoria y Justicia que emerge con todo en los últimos tomos. Pero tanto relleno, tantas secuencias y tantos subplots al pedo, tantos personajes que se desarrollan muchísimo para después no tener un carajo que ver con nada, son cosas que me impiden rendirme a los pies de Urasawa y sumarme a los que consideran a Monster un pico del seinen, o del comic para adultos, en general.
Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas acá en el blog y el miércoles a las 22:30 en el canal de YouTube de Comiqueando para compartir una nueva Agenda Abierta, en vivo, gratis y para toda el habla hispana.
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lunes, 12 de agosto de 2024
LUNES A LA TARDE
Por fin un ratito para sentarme a escribir reseñas...
Muy de pedo, cayó en mis manos un álbum de 1980 que recopila varios cientos de chistes de los que aparecían en la revista Playboy. Las fechas no están especificadas, pero yo sospecho que acá hay material de fines de los ´50 en adelante. En la época en la que me llamaba la atención la Playboy, los chistes me parecían chotos, primero porque no eran muy zarpados (al lado de los de la Hustler, por ejemplo) y segundo porque en vez de usar globos de diálogo, ponían los textos abajo de los dibujos, a modo de didascálicas. Eso es algo que de pibe me hinchaba mucho las bolas, me resultaba conservador, amargo y pechofrío, hasta que leí cosas como Why I Hate Saturn de Kyle Baker, o muchos años del Humor Petiso de Diego Parés. Ahora que ya no tengo ese prejuicio contra los chistes que no usan globos de diálogo, pude disfrutar un poco más de este trip a un pasado remoto en el que se podían hacer chistes que hoy resultan entre muy boludos y bastante machirulos.
Lejos, lo que más me gustó son las páginas del maestro Jules Feiffer, porque (además de usar algo muy parecido a los globos de diálogo) al toque arma secuencias de imágenes y narra historias, pequeñas pero punzantes, que parecen puestas teatrales minimalistas. Sin dudas es lo más parecido a un comic con lo que te podés encontrar en este álbum. Hay una página dibujada como los dioses por el mítico Jack Davis, varios chistes del gran B. Kliban (que en los ´80 se haría famoso con sus chistes de gatos), dos chistes a página completa del glorioso Jack Cole (uno de ellos muy bueno) y bastante material de Gahan Wilson, otro autor con bastante trayectoria en el mundo del comic. Wilson se destaca entre esta multitud de dibujantes primero por su línea chunga, y después porque sus chistes, en lugar de volver una y otra vez sobre tetas, petes y garches, hablan de atrocidades, monstruosidades, crímenes de lesa humanidad, violencia y horror en todas sus formas. Algunos, además, son muy buenos.
En ese océano de chistes de tetas, petes y garches, encontré también chistes mucho más light, que se podrían haber publicado tranquilamente en revistas argentinas de los años ´50, onda Rico Tipo o Tía Vicenta. Cuando se ven genitales masculinos, están "en descanso" y los genitales femeninos no aparecen nunca. O sea que estamos lejos de poder rotular a este humor como "pornográfico". Y además descubrí a dibujantes a los que no tenía en el mapa (porque no dibujaron comics) y me parecieron maravillosos. Destaco principalmente a dos: el austríaco Erich Sokol, dueño de un trazo sutil y bellísimo; y el estadounidense Alden Erikson, más cabeza, más salvaje, pero también muy capo. En general, el nivel promedio de los dibujantes es alto, pero estos dos me parece que se despegan bastante del estilo "hegemónico" y la rompen toda, por motivos distintos.
No me reí mucho. No hubo ni... 10 chistes que me hicieran reir, lo cual entre más de 260 es un promedio muy bajo. Pero bueno, lo dicho: es un humor antiguo y muy light. Me sirvió (y por eso me lo guardo) para descubrir otra faceta de autores que me gustan (Feiffer, Cole, Wilson) y para flashear con los dibujos de bestias absolutas a las que desconocía por completo. Este es el Playboy Cartoon Album Vol.7, y ni en pedo salgo a buscar otros volúmenes.
Llegué al Vol.11 (y último) de 20th Century Boys, la extensa epopeya de Naoki Urasawa. La primera reacción es... ¿eso es un final? Menos mal que hay una secuela (21st Century Boys) en la que el autor retoma varias de las cosas que acá no cierran, porque si no, era para ir a buscarlo a Japón y rediseñarle la cara a trompadas. Es increíble cómo en el tramo final se simplifica todo, y aparecen resoluciones rápidas para conflictos y puntas argumentales de esas que en los primeros tomos requerían de cientos de páginas para avanzar unos pocos milímetros. Aún así, incluso en el último tomo, Urasawa dedica muchas páginas a presentar y desarrollar personajes cuyo aporte a la trama va a ser ínfimo, mientras siguen apareciendo flashbacks a la infancia de los personajes cuya conexión con lo que sucede en el presente es -como mucho- etérea. Pero por momentos el ritmo es frenético, como si la historia despertara de uno de los tantos letargos en los que se sumió y se pusiera las pilas para llegar "a horario" al final. Por supuesto no llega, quedan muchas cosas sin resolver o sin explicar, y ahí es donde no queda otra que ponerle fichas a la secuela. Pero hay acción, momentos cruciales, muy dramáticos, diálogos decisivos y -por supuesto- algún momento WTF?!?.
La idea de vincular la pasión de estos chicos por el rock con su decisión de resistir a un gobierno totalitario me parece genial. Ahora, la de darle a una canción ese nivel de importancia a la hora de que la gran masa del pueblo despierte y se subleve... ya era insostenible en un comic de 20 páginas, y en uno de casi 5000 da vergüenza ajena. Toda la perorata en torno al robot gigante... también, al pedo, es algo que termina por no influir en lo más mínimo en la trama. Debajo de todas estas fumanchereadas, estiradas sin ton ni son hasta el infinito y más allá, subyace una buena idea. Pero tuvimos mala suerte: Urasawa no encontró en su co-equiper Takashi Nagasaki ni en el editor responsable de la serialización de este manga a alguien que le dijera "No, pará, no la compliques al pedo, simplificala, concentrate en un elenco más chico, no te vayas tan al carajo para explicar cosas que no van a ser relevantes para la trama...".
Con el cadáver ya frío, uno entra en plan forense y empieza a ver todos los agujeros de bala que tiene 20th Century Boys, y la verdad que es una pena. Por la calidad del dibujo, por la fuerza de la narrativa, por el carisma de algunos personajes, por el mensaje que busca transmitir Urasawa... no sé, sobran motivos por los que uno quisiera que esta historia funcione mejor, dé menos vueltas al pedo y cumpla en el final un poco más de lo que promete en la previa. Obviamente no estoy para bajar el martillo antes de leer el verdadero final, pero así como está, el veredicto (provisorio) es que a 20th Century Boys le quedó muy grande el rótulo de Obra Maestra con el que se nos presentó, y las sospechas están todas puestas en el guion. Ni bien Ivrea publique en Argentina el tramito que agregó Urasawa a modo de continuación, prometo entrarle y dar el veredicto definitivo. Mientras tanto, voy a por el final de Monster, que por lo menos tiene la decencia de terminar en el último tomo.
Este jueves arranca la Crack Bang Boom en Rosario, así que seguramente nos encontraremos por allá. Yo voy a estar solo jueves y viernes, que son los días que no te lleva puesto la horda demencial de cosplayers y gilada variopinta. Y ni bien pueda, vuelvo a postear acá en el blog.
miércoles, 31 de julio de 2024
TARDE NUBLADA
Pero por lo menos no hace el frío horroroso que hacía anoche... Tengo varios libros leídos, veremos hasta dónde llego con las reseñas en el rato libre que encontré para sentarme a escribir.
Me devoré el Vol.8 de Monster, la estiradísima y laberíntica serie de Naoki Urasawa, que ya está ahí nomás del desenlace. En este masacote pasan unas cuantas cosas... y casi todas deberían haber pasado mucho antes. Personajes que estuvieron miles de páginas sin verse las caras se vuelven a encontrar, se resuelven algunos enigmas, gente que había perdido la memoria de golpe la recupera, y así es como en una cantidad de páginas relativamente acotada, cambia el statu quo de la serie. Después de infinitos tomos en los que el esquivo Johan logra burlar todos los que intentan dar con su paradero, ahora se pone de moda averiguar dónde está y tres personajes distintos (Tenma, Eva y Nina) deciden ir a confrontar con él, cada uno por la suya. El único obstáculo que queda entre el villano y sus perseguidores ahora es la policía, porque son los únicos que todavía no entendieron quién es realmente Johan, la magnitud de su maldad, lo oscuro de su pasado y el rol que juega en esa gigantesca conspiración de la extrema derecha para quedarse con el poder político en toda Europa. A unas 100 páginas del final de este tomo, UN policía, el Inspector Weisbach, va a atar algunos cabos que pueden ponerlo también a él tras la pista de Johan, y ahí ya serían cuatro los personajes que lo irían a buscar para el gran final. Por favor, Urasawa, no la cagues, que por primera vez en varios años cierro un tomo de Monster muy cebado por lo que puede llegar a pasar en el próximo.
Vuelvo sobre un detalle que quizás se te pasó por alto. El villano más heavy de Monster no juega solo. De hecho, ni siquiera juega para él mismo. Responde a otro villano más poderoso y más hijo de puta que es una conspiración política de extrema derecha. Subrayo esto porque hoy en Argentina gobierna... la extrema derecha. No es una extrema derecha antisemita como la que imagina Urasawa (de hecho, sobreactúa su amor por Israel y el judaismo), pero se le cae la careta cuando reivindica a los milicos genocidas que llevaron adelante la última dictadura cívico-militar, que si no eran más hijos de puta que los nazis, es porque pierden la final en la definición por penales. De hecho, no hace falta forzar demasiado el sentido de Monster para leerlo como un manga sobre Verdad, Memoria y Justicia, porque tenemos secuestros, torturas y hasta pibitos a los que les robaron la identidad. La diferencia es que acá los crímenes de lesa humanidad no los cometen las fuerzas del Estado, sino gente de mierda que opera por la suya.
De nuevo, entre esta procesión interminable de escenas que aportan ínfimas gotitas de información para resolver los misterios, hay momentos muy interesantes, un par de escenas de acción vibrantes, muy buenos diálogos (traducidos con jerarquía por Agustín Gómez Sanz) y -sobre todo- un nivel de dibujo descomunal. Realmente prodigioso lo de Urasawa, una cátedra, una proeza, porque nunca se tira a chanta, nunca baja el listón. Lleva miles y miles de páginas allá arriba, y eso es una parte fundamental de lo que hace que el lector se interese por estos personajes. Ya estoy a casi nada del final. Prometo liquidar Monster en Agosto.
Nos vamos al Jasonverso. ¿WTF?!? ¿Hay un Jasonverso? Yo creía que no, pero me topé con Siempre nos Quedará Pamplona, una novela gráfica del astro noruego publicada en 2021, en la que distintos personajes de distintas obras de Jason se conocen e interactúan entre sí. El protagonista es, otra vez, Ernest Hemingway, a quien el autor había puesto en el centro de la acción en la obra que vimos acá en el blog un lejano 13/06/10. El escritor y su grupete de amigos intelectuales y borrachos con sede en París van a conocer a ¡Athos!. Sí, el mosquetero al que vimos protagonizar la obra que reseñé el 05/10/12, que sigue vivo en 1925 (y más allá). Jason incluso aprovecha el detalle de que -en su estilo adusto, con poca variación en los rasgos de los personajes- Hemingway y Athos son casi idénticos, y eso que parece una boludez, tiene peso en un momento de la trama. Pero además, en la segunda parte de la novela, Hemingway se involucra en un plan para... asesinar a Adolf Hitler, algo que Jason ya había hecho en "J´ai tué Adolf Hitler", una obra breve del 2006 que leí de prestado antes de empezar con el blog... en la que el protagonista también tiene los mismos rasgos que Athos y Ernest. O sea que, con un pase de magia, estas tres obras pasan a compartir una misma continuidad.
Ojo: que esto no te haga suponer que Siempre nos Quedará Pamplona es una epopeya cósmica tipo Crisis on Infinite Earths. Para nada. Esto es 100% Jason. O sea, tenemos personajes que hablan, que escabian, que se enamoran, que cada tanto cogen, que de vez en cuando se enojan y se agarran a trompadas, o que simplemente se quedan en silencio. Sin dudas es Hemingway el personaje que más le interesa desarrollar al autor, y lo hace con ese ritmo pachorro, con la grilla de cuatro viñetas iguales que no se rompe prácticamente nunca en las 150 páginas que tiene el libro, y con ese dibujo prolijito, estático, despojado, pensado para des-enfatizar la acción y la violencia en los -no tantos- momentos en los que aparecen.
Me cuesta postular si al lector que no conoce a Jason y sus obras anteriores esto le resultará atractivo o no. Probablemente se enganche más con la segunda parte (la misión para infiltrarse en Berlín y cargarse al führer) que con la primera, que es más un slice of life casi existencialista, donde todo pasa por los vínculos entre los personajes, sus reflexiones, miedos, inseguridades, romances, secretos inconfesables, borracheras, chistes pelotudos y demás. Pero me animo a afirmar que si ya estás adentro, si ya te enganchaste con la forma de urdir ficciones de este autor, y más si leíste las obras a las que resignifica en esta novela, Siempre nos Quedará Pamplona te va a resultar cautivante y no la vas a querer soltar hasta el final. Como no soy muy conocedor de la obra literaria de Ernest Hemingway, en una de esas me estoy perdiendo muchas referencias más, a cosas que escribió este excéntrico personaje en la vida real. La verdad que no lo sé. Pero me encantó reencontrarme con el Hemingway de Jason, al que recordaba haber querido mucho cuando leí el otro comic del noruego que lo tiene como protagonista.
Y nada más, por hoy. Nos encontramos esta noche en el canal de YouTube de Comiqueando, para una nueva emisión de Agenda Abierta. Y muy pronto volvemos con nuevas reseñas en este espacio cuya longevidad es más inexplicable que la de Athos.
miércoles, 10 de julio de 2024
NOCHE DE MIÉRCOLES
Terminó el partido y me queda un rato para reseñar los últimos comics que leí.
Empiezo en España, año 2006, con el Vol.12 de Nosotros Somos los Muertos (me acabo de dar cuenta de que no comenté el 9, que también lo tengo por ahí). Gran entrega de esta antología, con dos puntos altísimos, que son las dos historietas escritas por Santiago García: en una de ellas recrea la onda de los Big Books de Paradox, junto a un Javier Olivares inspiradísimo. Y en la otra, la rompe toda con un relato áspero, con altas dosis de mala leche y una profundidad difícil de alcanzar en cinco páginas. Dibuja con muchas pilas Pepo Pérez, ya en un estilo más similar al que vamos a ver en El Vecino, la obra más relevante de esta gran dupla.
Después tenemos un muy buen trabajo de Miguel B. Núñez, cuatro páginas inquietantes y muy bien dibujadas por Alberto Vázquez (en una onda Lorenzo Mattotti), rarezas de gente que pela estilos visualmente muy atractivos pero que no tiene nada para contar ni recursos narrativos para hacerlo, una fumanchereada exquista de Pere Joan, con unos dibujos preciosos en medio de un experimento narrativo muy extraño, una historieta dibujada como los dioses por Max Andersson cuyo argumento no entendí, y tres de los que están siempre: Keko, Paco Alcázar y Miguel Brieva en historias conceptualmente muy locas y con hermosos dibujos, pero cuyos guiones no me cerraron.
Y después todas esas ilustraciones maravillosas, de monstruos como Arnal Ballester, el brazuca Samuel Casal y el ídolo Santiago Sequeiros, entre otros. Ah, y dos paginitas de una muy linda historieta de Chris Ware que no conocía y está muy bien. No es todo bueno (hay un par de historietas en las que no logro rescatar ni los guiones ni los dibujos) pero, de nuevo, el paquete global me resulta satisfactorio, siempre dentro de los parámetros de una antología con impronta 100% autoral, y dentro de ese palo (ya de por sí minoritario) jugada también a lo experimental. Tengo más Nosotros Somos los Muertos en el pilón de los pendientes.
Llegué al Vol.10 de 20th Century Boys, del maestro Naoki Urasawa, y si no me equivoco, el próximo tomo es el último de la serie. Para esta altura, el verosímil de la saga ya está bastante cascoteado por la acumulación de elementos bizarros, algunos sumamente innecesarios, que el autor fue añadiendo a la trama, y no te digo que puede pasar cualquier cosa, pero casi. Ya las revelaciones shockeantes no shockean como en los primeros tomos, porque Urasawa ya pegó muchos volantazos que deshicieron o resignificaron otras revelaciones que en su momento resultaron impactantes. Lo bueno es que, al estar tan cerca del final, hay menos chances de que los personajes que mueren en este tomo regresen mediante algún artilugio argumental en el próximo.
Miro para atrás y hay tantas, pero tantas secuencias que podrían omitirse, tanto relleno, tantas vueltas al pedo, que los 11 tomos podrían sintetizarse tranquilamente en cuatro. Pero bueno, a Urasawa le gusta narrar así, descomprimido, con mucho espacio para desarrollar situaciones y personajes, incluso cuando su peso en la trama va a ser ínfimo. Este tomo en particular tiene toda una primera parte bastante extensa centrada en Kenji (rodeado de un montón de personajes nuevos, también con bastante desarrollo y poco peso en la trama), y después sí, nos vamos a reencontrar con el abultado elenco protagónico al que acompañamos desde el principio. Quiero creer que en el Vol.11 vamos a ver el encuentro entre Kenji y Otcho, Maruo, Yukiji, Yoshitsune y el resto. Pero por ahora son carriles separados, incluso narrados en distinto tono por Urasawa. Me gusta el protagonismo que cobró Kanna, pero cosas como que el villano con el que van a confrontar en el tramo final no sea el Amigo original sino uno que lo suplanta, me parecen pedorradas fruto del afán del autor por estirar una serie que tendría que haber durado mucho menos.
El dibujo, felizmente, no baja nunca de ese nivel sublime. Hay secuencias en las que predominan demasiado los primeros planos, lo cual está bien cuando hay muchos personajes nuevos, a los que está bueno que el lector vea "de cerca" para identificarlos mejor. Pero cuando los personajes son los de siempre, tanto primer plano cansa un poco, más allá de la excelencia de Urasawa a la hora de dibujar expresiones faciales.
Y ya no hay mucho más margen para la especulación. Pronto voy a leer el Vol.11 y me voy a enterar quién gana, quién pierde, quién muere, quién zafa, quién traiciona... y seguro me voy a ir con la sensación de que esto, narrado en menos páginas, causaría un impacto muchísimo mayor. Este tomo tiene muchos momentos decisivos, de los que supuestamente no se puede dar marcha atrás, pero con Urasawa nunca se sabe. El tipo te puede clavar la gambeta y sacar el centro en una misma baldosa, y el más mínimo margen (las últimas 400 páginas) pueden ser suficientes para que toda la historia pegue otro giro imprevisto que se sume a los cientos de amagues que nos comimos hasta ahora. Por suerte el carisma de los personajes y la calidad del dibujo sostiene un andamiaje al que, a nivel argumental, ya se le notan mucho las costuras y los parches.
Y nada más, por hoy. Gracias a todos los que se descargaron la nueva Comiqueando Digital (el glorioso Especial Década del ´70) en https://comiqueandoshop.blogspot.com/ y a los que todavía no lo hicieron, les recomiendo de corazón que lo hagan, porque está bárbara. Nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.
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viernes, 19 de abril de 2024
OTRO BACHE PROLONGADO
Muchos días sin leer y más días sin postear... Un suplicio. Pero bueno, estoy poniendo en marcha otras cosas, ocupándome un poco de otros temas...
Hoy tengo para contarles que le entré al Vol.7 de Monster, el infinito laberinto del terror de Naoki Urasawa. El manga más enroscado y estirado que leí en mi vida, siempre repleto de giros impredecibles (algunos demasiado bizarros) y de nuevos personajes a los que Urasawa les da muchísimo protagonismo (un ratito) para luego revelarnos que su rol en la trama es (o va a ser) mínimo. Aparece un abogado dispuesto a defender a Tenma en un juicio, y agarrate: mil páginas en las que el autor desarrolla a este tipo, nos cuenta todo acerca de él, su pasado, su familia, lo que siente, lo que lo decide a ir al frente, lo hace interactuar con personajes que ya estaban de antes, le mete su propio elenco de secundarios... un delirio. Por suerte en este tomo puntual, Urasawa no se va tanto por las ramas. La mayoría de las escenas se centran o bien en Tenma o bien en Eva Heinemann, obviamente rodeados de un montón de personajes acerca de los cuales el autor quiere que sepamos TODO.
En Monster, cada puntita que asoma, por escasa que sea su conexión con el conflicto principal, se convierte en una trama en sí misma. En un momento, alguien averigua que "Johan" de chico leyó un cuentito infantil... ¿para qué? Páginas y páginas de tooooda otra investigación acerca de ese librito de cuentos, quién lo escribió, por qué, dónde está ese tipo, cómo conecta con lo que pasó después, qué sabe, qué no sabe... Tarde o temprano, toda esa punta argumental por ahí echa luz sobre un detalle mínimo del pasado del principal villano de la serie, y podría considerarse una piecita más que Urasawa nos brinda para armar el rompecabezas. Pero las revelaciones son poquísimas (y poco relevantes), no es proporcional al desarrollo que le da el autor a cada elemento que introduce en la ecuación. Entonces, aunque esté todo narrado de manera magistral (y dibujado como los dioses), sentís que estamos dando vueltas al pedo, que el manga se conforma con generar suspenso, que se juega todo al clima opresivo, pero que no busca resolver nada. Monster es un equipo que tiene la pelota 80 de los 90 minutos, pero no patea al arco contrario.
Lo único bueno que tiene esta forma de abordar el relato es que se lo siente muy realista. Es lo contrario de esas películas yankis en las que todo está jugado a la acción, y hay chotocientas persecuciones, y el protagonista zafa todo el tiempo de peripecias imposibles, y nadie para la bocha un minuto para pensar qué está pasando y por qué. Lo único en lo que Monster se parece a ese tipo de relatos es en que, por lo menos en mi caso, ya estoy convencido de que Tenma va a llegar vivo al final de la obra, pase lo que pase, y más allá de lo jodido que se pueda volver el choque final con Johan. El resto me resulta, si no divertido, por lo menos original, porque no conozco otras obras de este tipo que estén contadas con esta extensión, este ritmo y este nivel de complejidad.
Salto a Francia, año 2022, cuando Dupuis publica el Vol.56 de Las Aventuras de Spirou y Fantasio, donde debuta una nueva dupla de guionistas, integrada por Benjamin Abitan (escritor y conductor de radio) y Sophie Guerrive, autora de la notable Tulipe et Le Club des amis. ¿Qué hacen los nuevos guionistas ni bien llegan a la emblemática y longeva serie? Matar a Spirou. Sí, en este álbum vemos morir al querido botones pelirrojo. Y todavía no lo resucitaron (en parte porque sigue apareciendo en las series "no canónicas", que iban en paralelo a la principal).
El álbum ofrece 56 páginas de historieta, que tienen todo un costado "meta". Acá nos cuentan que la editorial Dupuis está festejando sus primeros 100 años, y que obviamente Spirou y Fantasio no pueden faltar en esa celebración, lo que plantea un universo en el que los personajes están en el mismo nivel de realidad que quienes publican sus libros. Esto no es nuevo, lo había inventado André Franquin en la época de Gaston Lagaffe. Y hablando de Franquin, "La Mort de Spirou" retoma el plot de la ciudad submarina de Korallion, a la que nuestros héroes ya visitaron en Spirou et les Hommes-Bulles, uno de los míticos álbumes de la época de Franquin. La aventura, que al principio parece sencilla, en un momento se complica, al punto que no sólo muere el personaje principal, sino que ni siquiera se termina de resolver el tema de Zorglub y su vínculo con lo que está sucediendo en Korallion. En Febrero salió el Vol.57, a cargo de los mismos autores, pero la verdad que no sé si es o no una secuela de este álbum, que indague un poco en las consecuencias de todo lo que pasa acá. Sospecho que sí, pero no lo leí, ni conozco a nadie que lo haya leído. Ya el hecho de que los autores no hayan recibido un puntapié en el orto, tras la reacción de un público entre estupefacto e indignado por la muerte de Spirou, me hace suponer que la editorial les aprobó un plan a largo plazo, en el que todo -de alguna manera- va a tener sentido y se va a acomodar satisfactoriamente.
El dibujante de "La Mort de Spirou" es el maestro Olivier Schwartz, a quien ya vimos a cargo de alguno de los álbumes "no canónicos" del personaje que reseñamos acá en el blog. Schwartz debe ser el tipo que mejor conjuga la tradición, o la estética vintage, con el gusto de los lectores contemporáneos. Con su línea prolijita, amistosa, por momentos muy tributaria de la de Yves Chaland (pero más tranquila), Schwartz te lleva sin el menor esfuerzo a través de páginas con muchas viñetas, algunas muy chiquitas, algunas muy cargadas de texto. Y cuando rompe la grilla clásica para meter cuadros más grandes la descose toda. Incluso en las viñetas chiquitas la descose toda. Pero en las más grandes, su dibujo se luce más, te golpea más fuerte las retinas con ese preciosismo perfectamente apuntalado por la paleta de colores que utiliza un inspiradísimo Alex Doucet.
Obviamente, si nunca leíste Spirou, no empieces por acá. Esto no está pensado para captar nuevos lectores. No es "La Muerte de Superman" (hablando de íconos del Noveno Arte nacidos en 1938), sino que Abitan y Guerrive lo presentan como un inesperado punto aparte (quizás final) en medio de un camino largo que abarca años y años de lore y tradición que conviene conocer previamente.
Nada más, por hoy. Espero volver a postear pronto. Gracias por el aguante y buen finde.
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martes, 26 de marzo de 2024
MARTES A LA NOCHE
Y por fin tengo un ratito para escribir reseñas...
Empiezo en Francia, año 2001, donde nos reencontramos con el prolífico y asombroso Joann Sfar, quien lanzaba la serie El Minúsculo Mosquetero, luego publicada en castellano por Norma, con una muy buena traducción de Lucía Bermúdez. Se trata de una serie corta (tres álbumes) que parte de una premisa muy fumada: un mosquetero del Siglo XVII toma un brebaje para adelgazar porque tiene un par de rollitos, y en vez de volverse delgado se vuelve minúsculo, como Atom o el Chapulín Colorado. Ahí uno supone que la gracia de la serie va a ser la interacción de este personaje del tamaño de un insecto con el mundo de tamaño real... pero no. En la segunda página del álbum, el mosquetero ya se encuentra con otro humano miniaturizado y en la tercera se interna en un mundo en miniatura en el que su tamaño no es ínfimo, sino absolutamente normal. O sea que, en la práctica, deja de ser minúsculo en la tercera página, cuando empieza a desenvolverse con total normalidad en un mundo muy parecido al real que (en un giro totalmente inverosímil) existe dentro del nuestro.
Entonces, si las aventuras del mosquetero no pasan por el contraste entre su tamaño y el del resto del mundo, ¿por dónde pasan? Por el lado del amor. Primero entabla un vínculo sexafectivo con una doctora, para luego llegar a la Academia de Bellas Artes (de una ciudad que parece París, pero no es París), donde va a trabajar de modelo vivo, posando desnudo para los estudiantes de dibujo. Y luego entablará amistad (y largos diálogos) con un desconocido, a quien acompañará a una tierra lejana, donde vive la mujer de quien este hombre está enamorado. Y recién en la página 34, Sfar nos presentará un conflicto, un momento crucial, sin retorno: el mosquetero y su amigo invaden los aposentos de esta mujer, donde se encuentra su marido, quien los confronta con su espada. No todos saldrán vivos de la experiencia y finalmente el mosquetero regresará a la Academia y a los brazos de la doctora.
Como es frecuente en las obras de Sfar, lo importante no es tanto la trama ni la acción, sino los vínculos entre los personajes, las charlas en las que hablan de lo que sienten, de sus problemas sentimentales o de otras cosas que hacen a la vida cotidiana. El Minúsculo Mosquetero es de esas obras del genio de Niza que avanzan a un ritmo distendido, sin estridencias, con tiempo para la reflexión y la contemplación. Hay toques de comedia, hay sexo y hay una única escena en la que la violencia se apodera del relato, y el resto es eso, una vida bastante tranquila para un protagonista del que, por ahora, sabemos muy poco. El dibujo te hace daño de lo bueno que es, la narrativa está perfectamente aceitada (predomina la grilla tipo Jack Kirby de seis viñetas iguales), el color complementa al dibujo de una manera impecable y la verdad que el álbum se disfruta un montón, más allá del WTF? original que se produce cuando el mosquetero se interna en el mundo en donde ya no es minúsculo. Prometo entrarle pronto al Vol.2, que ya está ahí, pidiendo pista.
Ya estoy en Japón, para disfrutar el Vol.9 de 20th Century Boys, que tenía en el aguante desde fines de Enero. De nuevo, lo más impactante de este tomo es cómo Naoki Urasawa nos cuenta una pandemia desoladora, con cadáveres apilados en las calles y gente que roba y mata para conseguir vacunas, en clave de ficción, pero con una cantidad impresionante de puntos en común con lo que vivimos en la realidad allá por el 2020. De nuevo, hay personajes muy menores (tipo el Cabo Chono) que protagonizan demasiadas escenas, y eso ralentiza un poco el ritmo del relato, que podría ser más simple, más ágil. No necesitamos saber tanto acerca de personajes que tienen roles tan chiquitos en la trama, o que van a morir tan pocas páginas después de haber aparecido.
Este tomo también es raro por dos motivos. Primero, prácticamente no hay flashbacks a principios de los ´70, cuando los protagonistas eran pendejitos. Y segundo... ¡reaparece Kenji! Después de miles de páginas en las que apenas se lo nombraba de vez en cuando, Urasawa vuelve a convertir al aspirante a estrella de rock en un motor importante para la trama. El tema de la canción está en los límites del absurdo, es algo que choca de frente con el supuesto realismo de la serie... pero también es muy inverosímil que Otcho, con los años y las heridas que tiene encima haga las cosas que hace. Así que, cada vez más, el disfrute de 20th Century Boys requiere de la "suspensión del descreimiento" de la que hablaba Jorge Luis Borges.
Este tramo (ya muy cerca del final) le reserva un rol importantísimo también a Kanna, y sobre el final empieza a tejerse una runfla espesa en el seno del poder, controlado por Amigo, pero en el que su adláter más visible (o por lo menos al que Urasawa más bola le dio a lo largo de estos nueve tomos) parece despegarse para pegar un golpe de timón que puede cambiarlo todo. Veremos para dónde va el plot de Manjoume, que sí tiene un flashback importante a los ´70, algo así como su "secret origin".
Por supuesto es menester dedicarle un par de frases (básicamente, un rosario de elogios) al dibujo de Urasawa, que supera todos los límites. Se lo nota muy cómodo cuando narra "de cerca", con los primeros planos como enfoque principal, porque esto le permite ponerle expresividad y onda a los personajes, incluso cuando los dibuja con pocos trazos, sin demasiada intención de acercarse a un realismo fotográfico. Pero después, cuando "aleja la cámara" y narra con planos más amplios, demuestra también una maestría increíble a la hora de dibujar fondos, distintas locaciones, paisajes, todo en un estilo mucho más realista. No descarto que estas viñetas hayan pasado por las manos de los asistentes del ídolo, quien se concentra principalmente en los personajes, pero la verdad que el contraste entre los rostros caricaturescos, sin tanta elaboración, y los fondos a todo culo, le queda muy bien a la obra. Tengo comprados dos tomos más de 20th Century Boys, pero me parece que los voy a dejar juntar polvo hasta la segunda mitad del año, porque antes quiero leer otras cosas.
Nada más, por hoy. Nos encontramos mañana, a las 22:30 hs, en vivo en el canal de YouTube de Comiqueando, en otra emisión de Agenda Abierta. Y si no, espero poder volver a postear antes de fin de mes, acá en el blog. No prometo nada, pero lo vamos a intentar.
martes, 13 de febrero de 2024
RESEÑAS CON RITMO DE MURGA
Vivo a escasas dos cuadras de uno de los corsos más populares y tradicionales de la ciudad de Buenos Aires y hace horas que por la ventana me llegan los ritmos murgueros, bombos, cantos y gente que anuncia cosas por parlantes, a un volumen estridente. Mejor eso que el calor de los días anteriores, así que ahí vamos con las reseñas...
Sigo atrapado en el laberinto del terror de Naoki Urasawa, en esa trampa mortal llamada Monster. Cuánta maldad, Dios mío... El autor no me tiene la más mínima piedad. Pasan los tomos y seguimos siempre en la misma... la investigación hiper-minuciosa acerca de Johan y su pasado, más muertes, más datos que aparecen con cuentagotas y que provienen de personajes nuevos a los que Urasawa se toma 100 páginas para presentar... Este Vol.6 tiene dos o tres sorpresas interesantes en su segunda mitad, pero claro, todavía quedan por delante otros TRES tomos, con lo cual todo lo que uno cree haberse acercado a la resolución se puede ir para atrás en la bestialidad de páginas que quedan por leer. Urasawa es especialista en impactar con una puntita que por ahí después resulta ser humo, o en introducir personajes que parecen ser clave y en realidad no lo son. Pero creo que es la primera vez que me parece copado y no un truco berreta que reaparezca el inspector Runge, por ejemplo... quizás porque esta vez está ahí para hacer avanzar realmente una de las puntas argumentales en las que Urasawa no llegó a involucrar al Doctor Tenma. Después me aburrí soberanamente con Grinner, con el libro de cuentos, con los nenitos, con toda la runfla de la policía secreta de la República Checa... y me pareció increíblemente choto que, después del cierre potente que habíamos visto en el tomo anterior para la trama del Sr. Schuwald y su hijo, vuelvan a aparecer en las últimas páginas de este tomo.
El dibujo, como siempre, es formidable. El ritmo al que narra Urasawa, como siempre, es desesperante. Es un genio al que le robaron un poder, el poder de síntesis. Y la historieta es ante todo, síntesis. Nada de lo que leí hasta ahora cambia mi sospecha de que Urasawa concibió esta idea para desarrollarla en -como mucho- cuatro tankoubons de los de 200 páginas, y después, como al público le gustó, alguien le dijo "seguila hasta el infinito, como sea". La idea de que me queden por leer (y comprar) tres libros más como este que me acabo de terminar (no sin dificultad, padeciendo capítulo a capítulo) es realmente traumática. Y encima tengo amigos que ya llegaron al Vol.9 y me confirman otra sospecha funesta: el final no está a la altura de todo el desarrollo interminable y enrevesado que Urasawa urdió para Monster. Así que esto ya es un ejercicio de resignación, de abnegación. Casi una condena a cumplir por haber pisado el palito y haberme cebado con la idea de tener completa una supuesta "obra maestra" con la que sinceramente cada vez me cuesta más sintonizar. Pero de algún modo voy a llegar al final, así que este año habrá más reseñas de Monster, a la espera de que levante el ritmo... o no.
Allá por el 28/06/22 encaré la lectura del Vol.1 de Violent Love, un comic realizado para Image por el guionista Frank Barbiere y el ídolo valenciano Víctor Santos. Y me comí un cliffhanger truculento sobre el final, que me impulsó a buscar y leer el Vol.2, lo cual finalmente sucedió en estos días.
Ni hace falta decir que el principal atractivo de Violent Love es el aspecto visual, la magia arrolladora que brota del lápiz de Santos y que se plasma en unas puestas en página impactantes, dinámicas, originales, en las que el dibujo, la tinta y el color están todo el tiempo al servicio del relato y de la emoción. Acá vemos a Santos probar cosas nuevas, jugar con la línea, con las texturas, con la paleta de colores... en un estilo que no oculta sus influencias pero que le es cada vez más propio y más reconocible. Otro trabajo consagratorio de este autor prolífico y sorprendente, tocado con la varita mágica para este tipo de historias repletas de tiros, violencia y sordidez.
Barbiere, por su parte, se esfuerza por añadirle capas de profundidad a los personajes, por hacerlos más tridimensionales que en la primera mitad de la serie, donde todo era más arquetípico. Y logra con villanos, personajes secundarios y -sobre todo- con la protagonista, Daisy Jane, una mina que soporta pérdidas, engaños y traiciones y aún así se aferra a la humanidad y no se deja engullir por el vórtice de muerte y venganza que parece signar su existencia. De minita zarpada que no se come ni la punta a verdadera heroína, Daisy no se propone a sí misma como ejemplo de nada, pero las decisiones que toma en el tramo final de la obra la elevan enormemente. El personaje de Lou también gana en complejidad y le habilita a Barbiere los volantazos más alucinantes (y tensos) del tomo.
Entre una cosa y otra, el libro cumple ampliamente su promesa: hay amor, hay violencia, el crimen y la mala leche están a la orden del día y por si faltara algo, hay giros impredecibles y a la vez muy coherentes que nos hablan de la capacidad de la gente para cambiar, para no quedar presa de su destino. Una gran historia, truculenta y estremecedora, que nos lleva por distintos rincones de los Estados Unidos profundos para vibrar al ritmo de unas vidas salpicadas de sangre y recauchutadas a fuerza de vínculos más nobles, más puros, menos espurios. Por suerte Violent Love está publicada también en castellano, así que quienes no puedan o quieran entrarle a la edición de Image, tienen otras opciones.
Y nada más, por hoy. Gracias por todo y nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.
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martes, 30 de enero de 2024
MARTES A.T.R.
Cerramos el Enero más largo de la historia con una noche calurosa en la que aprovecho un rato libre para escribir reseñas.
Tenía colgada desde Abril una serie alucinante como es 20th Century Boys, del maestro Naoki Urasawa. Y me tocó volver con un tomo en el que el autor reincide en la especialidad de la casa: insertar en la trama nuevos personajes y desarrollarlos un montón, a los efectos de contar en detalle algo que, en el contexto general de la obra, no es tan relevante. En este caso quiero subrayar el trabajo que hace Urasawa con el padre Luciano, un personajón increíble, totalmente tridimensional, que le sirve para darle dramatismo y fuerza a la historia en la que el Papa viaja a Japón a pesar de que se está cocinando una runfla muy espesa para hacerlo boleta. Todo el tema de Amigo muerto y su posible resurrección es muy potente y está narrado de tal modo de generar el máximo suspenso posible como para poner muy nervioso al lector.
La segunda parte del libro se excede un poco en la extensión de los flashbacks a la infancia de Amigo, pero claro, ahora que nos reveló su identidad, Urasawa ya puede explorar con más libertad la conexión entre el villano central del manga y el grupito de "los buenos". Y como tantas cosas en 20th Century Boys, esa conexión tiene que ver con el pasado y más precisamente con la infancia. Este segundo tramo arranca con un timeskip, y también presenta con lujo de detalles a nuevos personajes que -en una de esas- se integrarán al elenco protagónico.
Es muy loco que todo esto esté escrito ANTES de la pandemia de Covid-19, porque los puntos de contacto con lo que pasó en el mundo real son muchísimos y muy alarmantes. Y lo más absurdo y disparatado de todo es -como siempre- la calidad del dibujo de Urasawa. La secuencia del Papa y el pandillero japonés en el pueblito chino de QingDong es una cátedra de narrativa totalmente demoledora, que te descoloca por completo en su complejidad y en la emoción que transmite. Y como esa hay varias. Tengo el Vol.9 en el pilón de los pendientes, así que prometo entrarle pronto.
Me voy a Francia, año 2020, cuando se publica Un Cowboy entre Algodones, un álbum de Lucky Luke escrito por Jul y dibujado por Achdé. Acá reaparece el legendario Bass Reeves (a quien conocimos el 05/09/23), aunque en un rol secundario. Pero está bueno que haya un personaje negro en el centro de la escena, porque este álbum aborda (por primera vez en la historia de esta longeva serie) el tema de las secuelas de la Guerra de Secesión y la reinserción de los ex-esclavos negros en la nueva sociedad que se va a construir en los Estados Unidos. El nuevo statu quo es particularmente picante en los estados del Sur (donde el sistema esclavista era prácticamente el motor de la economía) y ahí es donde Jul lleva a Lucky Luke para esta aventura. El motivo por el cual el cowboy se inserta en el contexto de una gigantesca plantación de algodón es medio frutero, pero todo lo demás (diálogos, situaciones, desarrollo y resolución de los conflictos) es magnífico.
Jul no ahorra ni una gota de mala leche a la hora de mostrar la crueldad de los terratenientes blancos, unos villanos perversos e irredimibles a niveles dignos de Toto Caputo o Federico Sturzenegger. Un crueldad que duele el doble porque estos soretes no son criminales, ni marginales (como los Dalton) sino que son el establishment y sus conductas está totalmente normalizadas y gozan de la más absoluta impunidad. El dibujo de Achdé recupera a la perfección la onda de Morris y hasta un par de veces se anima a meter cuadros más grandes, que rompen con la clásica grilla de cuatro tiras. Lo que le falta en originalidad, Achdé lo compensa con una notable solvencia narrativa y unas composiciones muy logradas, sobre todo en las viñetas superpobladas de elementos. Sin dudas uno de los mejores álbumes de Lucky Luke de la era post-Goscinny, muy bien editado en Argentina por Del Zorzal.
Y ahora que paré un poco con las reseñas de historieta argentina, me puedo dedicar al pilón de material de otros países de Latinoamérica. Ya vimos el otro día historieta boliviana, y ahora es el turno del Vol.1 de Gas Station, del chileno Víctor Abarca Lizana, aparecido en 2022.
Este es el típico relato noir del detective privado de la B Metropolitana que, por un buen fangote de guita, acepta meterse en un bolonki que huele recontra turbio desde el primer minuto, y donde todo el tiempo es obvio que el millonario que lo está contratando es el verdadero Garca Mayor de la historia. Y ahí va Val Bruises, a jugarse la vida para descubrir la agenda secreta de un minón infernal, casada con el millonario, y adentrarse en un laberinto de pornografía, sadomasoquismo, freaks horrendos y sobre todo, mucha violencia. No hay grandes sorpresas en el argumento en sí, pero Víctor Abarca apuesta fuerte al ritmo narrativo, a los climas, a los momentos que elige para detonar las revelaciones más impactantes, y sobre todo al plato fuerte de Gas Station, que es el dibujo. Acá vemos a un dibujante especialmente dotado para dibujar espacios cerrados, climas sórdidos y gente desfigurada. No tanto acción, ese quizás sea el talón de Aquiles de Víctor. Imaginate una especie de Nicolás Brondo, pero más compacto en la narrativa, al que se le aparece Guido Crépax y le dice "dejame que te entinte yo a las mujeres, así te quedan más hermosas". Esa pátina de sofisticación enriquece mucho al dibujo de Abarca, y lo distingue al toque de sus contemporáneos. Si te gusta el género noir, creo que Gas Station te va a atrapar y vas a querer matar gente con tal de saber cómo sigue la historia de Val y Candice. En Argentina esto no se consigue, pero por ahí conocés a alguien que viaje a Chile, donde sí está disponible en librerías y comiquerías.
Hasta acá llegamos. Mañana cerramos este Enero infinito con una nueva emisión en vivo de Agenda Abierta, a partir de las 22:30 hs en el canal de YouTube de Comiqueando, gratis para toda el habla hispana. Nos vemos.
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domingo, 17 de septiembre de 2023
DOMINGO MONSTRUO
Después de un Vol.3 de Monster que me había dejado muy conforme y muy optimista de cara al futuro (ver reseña del 18/07/23), me zambullí muy cebado en el Vol.4. ¿Para qué? Son 400 y pico de páginas en las que pasa tan pero tan poco, que al toque tuve que agarrar el Vol.5, como para poder sentir que la historia había avanzado algo, aunque sea.
Pero ya que tengo espacio, empiezo por otro lugar: las portadas. Son horribles. Ese color marrón/ terracota es lo menos atractivo del mundo. El juego de las fotos enmarcadas, que arman una especie de galería de personajes, o de imágenes con alguna relevancia en el argumento, se hace insostenible después de las... dos o tres primeras veces. Y los textos de la contratapa, con los que deberías cebar al lector ocasional que levanta un tomo de una mesa de la librería para ver qué onda... ¡están en inglés!. Posta, pareciera que las tapas están diseñadas a propósito para que los libros no se vendan. Encima, si tirás a la mierda estas sobrecubiertas pecho frío, abajo te encontrás con una portada toda negra, con menos onda incluso que la galería de cuadritos con fondo marrón.
Como decía al principio, el Vol.4 es una falta de respeto por parte de Naoki Urasawa. A lo largo de unas secuencias groseramente estirada, el autor desarrolla un poco más al personaje del detective Richard Brown, para después matarlo sin piedad. Ahí cobra relevancia el Doctor Reichwein, al que también Urasawa desarrolla muchísimo y trata de hacerlo encajar lo más posible en la trama, al cruzarlo con Roberto (cuyo rol en este tomo es menor) y sobre todo con la pista que (una vez más) conduce a Johan como posible asesino de Richard. Lógicamente, Reichwein terminará por interesarse por el entorno del excéntrico millonario Schuwald, donde Johan está muy metido. Pero ¿esa punta no la íbamos a explorar a través del personaje de Nina? Sí, bueno, se superpone un poco todo. Nina aparece poco en el Vol.4, y Tenma (el supuesto protagonista) aún menos.
El tomo termina con decenas de páginas centradas en Schuwald y su relación con Johan, con el pibe que resulta ser su hijo, con la mujer con la que lo concibió, con la biblioteca a la que le va a donar los libros... Lo único mínimamente relevante en todo ese tramo es la aparición de ese misterioso libro de cuentos para chicos (escrito en checo) que le produce a Johan una reacción por lo menos inesperada. ¿Se resuelve en este tomo el misterio del libro? No. ¿Y en el Vol.5? Tampoco.
El Vol.5 tiene un poco más de sentido, pero también es choreo. Tras larguísimas secuencias en las que casi todos los personajes confluyen en la biblioteca de Bayern a la que Schuwald va a donar sus libros, llegamos a un momento clave, donde la historia debería haber terminado: tanto Tenma como Nina, ambos armados, quedan frente a frente con Johan y los dos tienen la oportunidad de cagarlo bien a tiros. Ninguno lo hace. Listo, me están cagando. Es obvio que Urasawa no quiere terminar la historia, quiere seguir estirándola hasta el infinito, porque faltan siglos para que se vuelva a dar una situación tan clara como la que vemos en este quinto tomo.
Después, el detalle de que el libro infantil esté escrito en checo lleva a Tenma a la ciudad de Praga, en busca de la verdadera madre de Johan: otro calvario, con secuencias larguísimas en las que Urasawa introduce nuevos personajes secundarios (Grimmer, el detective Suk) y nuevos villanos (Petrov) y de nuevo se arma una trama compleja y atractiva, en la que ni Tenma ni Johan parecen tener el menor peso. Es como si a Urasawa se le ocurrieran plots para una nueva novela gráfica y los metiera a presión adentro de Monster, con la excusa de explorar las consecuencias de las consecuencias de las consecuencias de una punta argumental que quedó abierta de pedo en los tomos anteriores y que andá a saber si tiene alguna relevancia en la resolución de la trama central.
Esta narrativa laberíntica, que convierte a la premisa original en una especie de jardín de los senderos que se bifurcan, este truco ya muy repetido de dedicarle cientos de páginas al desarrollo de personajes que luego morirán o desaparecerán sin aportar mucho más que pistas mínimas (y a veces confusas) acerca de Johan, su pasado, sus motivaciones, etc., me secó los huevos. No quiero leer más tomos en los que Urasawa nos vende espejitos de colores, amagues y gambetas. El dibujo es glorioso, cada personaje está perfectamente construido, los diálogos (ya lo dije la vez pasada) son buenísimos, pero el guion de Monster es una trampa. El subtexto interesante del primer tomo en el que Urasawa hablaba de la medicina como negocio y no como servicio quedó muy abandonado, la acción es escasa, Rungen (que pintaba para antagonista grosso) ya está condenado a un rol tan periférico que no constituye una amenaza real para Tenma... Tengo cada vez más cosas que criticarle a los guiones, realmente.
No sé si voy a comprar los cuatro tomos que faltan para llegar al final de la obra, pero sí sé que, si los compro, no los voy a conservar, porque nunca voy a releer Monster. ¿Me intriga saber cómo va a terminar? La verdad que cada vez menos, porque me doy cuenta de que para llegar a la resolución me voy a tener que comer casi 1700 páginas más de peripecias menores, secuencias de escasa relevancia estiradas más allá de cualquier límite y humo en cantidades industriales. Y sí, hay momentos en los que ser fan de Urasawa requiere comerse garrones importantes...
Buena semana y nos reencontramos pronto, con nuevas reseñas acá en el blog.
martes, 18 de julio de 2023
A TRATAR DE RECUPERAR EL RITMO
Bueno, ya terminé con el nº7 de Comiqueando Digital. Quedó una bruta bestia de 360 páginas, que ya se puede descargar por muy poca plata en www.comiqueandoshop.blogspot.com. No me alcanzan las palabras para recomendarla, de verdad.
Así que ahora es tiempo de volver a esas cosas que tuve que dejar un poco de lado en estas últimas semanas, como por ejemplo el blog. Algo logré leer en estos días, así que vamos con un par de reseñas.
Walt Disney´s Comics and Stories by Carl Barks Vol.31 es un tomito de 56 páginas que recupera cinco historias cortas de 1956, todas protagonizadas por Donald Duck y sus sobrinos, y -lo más importante- escritas y dibujadas por Carl Barks.
Lo primero que me llamó la atención es la perfección narrativa de Barks. Cada página destila la esencia del lenguaje al que llamamos comic de una manera engañosa, que hace creer que contar historias en este medio es una boludez, o algo que se puede hacer de manera intuitiva. No había en 1956 y no hay hoy muchos autores que puedan ofrecer esa fluidez del relato entre las viñetas, ni dentro de las mismas. La elección de los planos, las expresiones faciales de los personajes, la plasticidad que adquieren cuando se mueven, la organización de la información dentro de la viñeta y hasta la colocación de los globos (sean de diálogo o de pensamiento) son impecables. Una página de Barks es como una orquesta sinfónica repleta de músicos virtuosos, donde todo suena armónico, perfectamente ensamblado, pero las canciones que interpretan son simples, gancheras, cortitas, cero pretenciosas, como si fueran estribillos pop, o jingles publicitarios.
Los argumentos no son precisamente los más inspirados. No estamos ni cerca de aquellas gloriosas aventuras de Barks en las que Scrooge McDuck y sus sobrinos recorren el mundo en busca de tesoros imposibles. Estas son historias más cortas, más simples, en las que se repite una fórmula: Donald la va de canchero y queda como un pelotudo. Ya sea que inventa un negocio genial para llenarse de guita, o que le quiere dar una lección a Huey, Dewey y Louie, el resultado es siempre el mismo: por su propia ineptitud, por su ambición desmedida o por mala suerte lisa y llana, Donald termina humillado frente a sus sobrinos y frente a los lectores. ¿Es gracioso? Me imagino que para un pibe de 7 u 8 años de 1956, sí. A mí al principio me causó gracia, después ya no, porque se me hizo repetitivo el esquema. Pero la magia de Barks hace que incluso un argumento medio pelo resulte llevadero. El consejo (o la táctica) de acá en más es comprar sólo las historietas de Barks en las que el protagonista es Uncle Scrooge.
Retomé la lectura de Monster, la obra maestra del suspenso creada por Naoki Urasawa, cuyo Vol.2 vimos por acá el 7 de Marzo de este año. Una obra rarísima por cómo el autor estira hasta el infinito el conflicto central, y cómo se las ingenia para dilatar más y más su resolución. Lo que más me llamó la atención es que de pronto en Monster importa el corte entre capítulos, heredado de la publicación serializada, que generalmente cuando uno lee manga en tomos de 200 o 400 páginas, medio que te chupa un huevo, o hasta te molesta. Este animal mete los cortes de capítulo en lugares realmente malignos, donde el suspenso cobra dimensiones apoteóticas, o no: remata en cada final de capítulo una sub-historia con la que arma la historia mayor, al estilo Skorpio. Y acá hay sub-historias que duran un único capítulo (con principio, desarrollo y fin) y mini-arcos que duran dos o tres. Los primeros tres capítulos, por ejemplo, le sirven a Urasawa para desarrollar un arco (en una de esas intrascendente a la hora de la resolución) en el que reintroduce a Rudi, el psicólogo. Después hay un arco de varios episodios centrado en Nina, junto a un cana corrupto y Roberto, un personaje nuevo que va a cobrar relieve más adelante... en un arco protagonizado por Eva en el que Tenma va a tener un rol menor. Y para contarte en qué anda Johan mientras todo esto sucede, Urasawa te clava un arco de CUATRO capítulos, en los que presenta y desarrolla a Richard el detective, a Schuwald el viejo millonario, y a Lotte y Karl, dos estudiantes universitarios. Son páginas y páginas en las que no aparecen ni Tenma (que supuestamente es el protagonista) ni Johan, aunque la sombra de ambos está presente todo el tiempo.
Lo increíble es que cada uno de estos personajes, por pequeño que sea su aporte a la trama central, está perfectamente presentado y desarrollado. Todos son tridimensionales, todos actúan como seres humanos, no como engranajes en un mecanismo narrativo. Incluso desde lo gráfico, cada uno tiene su identidad bien marcada, de modo que se arma un elenco de enorme diversidad, donde uno reconoce al toque a los distintos personajes. Así da gusto que te la estiren hasta el infinito, e incluso comerse amagues de que tal personaje murió, para después descubrir que en realidad no murió un carajo, sino que quedó herido, y demás yeites clásicos del melodrama.
Entre la trama principal, las sub-tramas, los personajes que entran y salen de escena, los diálogos muy bien escritos (gran traducción de Agustín Gómez Sanz), las revelaciones impactantes brillantemente dosificadas, los escenarios que recorre la saga y las (no tantas) secuencias de acción, Monster me atrapó a lo largo de otras 400 páginas, en las que probablemente el conflicto principal no haya avanzado ni un milímetro. Pero un poco lo que propone Urasawa es eso: relajarse y disfrutar del viaje, sin estar tan pendientes de cuándo llegamos o a dónde vamos. Tengo más libros de este genio irrepetible del manga en el pilón de los pendientes.
Y nada más, por hoy. Haceme caso, descargate la Comiqueando Digital, que la vas a disfrutar enormemente. Nos reencontramos pronto por acá y el domingo 30 en Miramar, donde voy a asistir a la tercera edición de MiraCon junto a ídolos de siempre como Enrique Breccia, Cacho Mandrafina, Quique Alcatena, Jok, Kundo Krunch y varios monstruos más. Gracias y hasta entonces.
jueves, 27 de abril de 2023
SIEMPRE LOS MISMOS
Naoki Urasawa, Eduardo Mazzitelli y Quique Alcatena son tres autores de presencia habitual, acá en el blog. Prometo esforzarme a lo largo de los próximos párrafos para no repetir conceptos que ya expresé cuando me tocó reseñar otros libros de estos monstruos sagrados.
En el caso del Vol.7 de 20th Century Boys, debo decir que no quedé del todo satisfecho. Hubo más de un momento en el que dije "¿WTF?!? ¿Qué hace este tipo, por qué derrapa así?". El plot de la muerte de Amigo y sus consecuencias está magistralmente desarrollado, no está ahí el problema. El plot del estallido de la nueva pandemia está planteado de una manera más que magistral, hermosa, conmovedora, por fuera de las obviedades y con todos los trucos para que el lector (en nuestro caso, lectores que vivimos hace no mucho una pandemia) sienta muy de cerca el horror y la tragedia. Sin dudas eso es lo mejor del tomo. Pero después hay dos tramas más: una es una trampa no muy infrecuente en obras que se sostienen en la memoria, en los recuerdos de los personajes: de pronto, el grupito de los chicos que jugaban con Kenji en 1971 se agranda. Aparece de la nada uno más, del que nadie se acordaba, y justo se acuerdan cuando ese personaje cobra importancia en la trama ambientada en 2015. Bue, es una especie de retcon medio falopa, pero ponele que es válido.
Lo que realmente me pareció una pedorrada, algo sumamente traído de los pelos, es ese recurso de decir "nos podemos meter en la mente de Amigo a través de un juego de realidad virtual de un parque de atracciones, que además nos permite viajar en el tiempo al verdadero 1971, e interactuar con los personajes tal como eran en esa época". Dale, Urasawa, dejate de joder. Lo tuyo es bancar el verosímil hasta el final, no hacerlo añicos con este tipo de fumariolas. Si me dijeras que hay una chance de que el contacto entre los personajes de 2015 y los de 1971 resuelva definitivamente todos los conflictos, capaz hasta te doy la derecha. Pero no da esa sensación. Da la sensación de que son peripecias, narradas de modo hiper emotivo y ganchero, pero que no aportan mucho más que cheap thrills. No va a estar ahí la clave para desactivar el gran kilombo que se viene. Lo más lógico sea que la clave sea la reaparición de Kenji, no viajes en el tiempo y encuentros con personajes que en el presente están muertos.
Obvio que es lindo ver a Urasawa dibujar a los mismos personajes en distintas etapas de sus vidas, indagar un poco en cómo era la vida en Japón en 1971, mezclar eso con ese presente ominoso y ese futuro distópico... pero el chiste de ampliar todo el tiempo el elenco ya no causa gracia, la cantidad de páginas que se toma para hacer avanzar mínimamente a algún subplot es un despropósito y son muchas las secuencias que huelen a relleno, a excusas chotas para generar suspenso y la ilusión de que "está por pasar algo grosso". Falta bastante para el final, pero ya voy conjeturando que este es un manga que duró más tomos de los que hubiesen sido aconsejables para que la trama no se estirara más de la cuenta.
Me vengo a Argentina, año 2022, cuando se publica Dagas y Horóscopos, un libro que reúne dos sagas de Mazzitelli y Alcatena que comparten universo y continuidad: La Sangre del Escorpión tiene cinco capítulos, a los que continúan los siete de La Era de las Sombras. Lamentablemente, el libro no ofrece ninguna pista acerca del año o la revista italiana donde este material se publicó por primera vez. Y no es la única falencia de la edición, ya que se pueden detectar algunos errores de letras y espacios faltantes en los textos.
Básicamente la historia trata acerca del destino y qué hacer frente a él: ¿nos resignamos a que ya está escrito y no se puede cambiar, o nos rebelamos para intentar otros caminos? Una pregunta clave tanto en la filosofía como en la metafísica, y además aplicable a nuestra vida cotidiana, no solo a los mundos fantásticos que inventan Eduardo y Quique con asombrosa facilidad. Alrededor de esa cuestión central y trascendental, Mazzitelli urde varias tragedias al estilo William Shakespeare: el rey celoso convencido de que su mujer lo engaña, el rey desquiciado que no se banca que su hija sea más amada por su pueblo que él mismo, el general implacable cuya sed de conquista no puede ser saciada, el príncipe y la princesa enamorados, pero pertenecientes a casas reales enfrentadas a muerte... todas historias que aparecen una y otra vez en las tragedias clásicas, pero ambientadas en un universo de fantasía e imaginación desbordantes.
Por sobre estas tramas sobrevuela una más: la del chico que decide desafiar al destino y no someterse a los designios de los astros. Perseus va a ser el personaje más atractivo de la saga, aunque su regreso, en el capítulo final del segundo arco, se lee como un deus ex machina medio torpe, como si Mazzitelli necesitara cerrar muy rápido todas las líneas argumentales que tenía abiertas. Entonces reaparece Perseus y resuelve todo en poquísimas viñetas de un modo que no le hace justicia al resto de la serie. Esto mismo, narrado a otro ritmo y en otra cantidad de páginas, tendría mucho más sentido. En el resto de los episodios, Mazzitelli no solo se florea con textos bellísimos, sino que tensa los conflictos con diálogos tremendos, revelaciones inesperadas, misterios alucinantes (no todos se terminan de dilucidar, como el de la princesa de Aries en cuyas visiones aparecen los animales del horóscopo chino) y personajes secundarios fascinantes, como la sacerdotisa del azar, una de las mujeres más poderosas y más sensuales en la larga carrera de esta dupla autoral.
El dibujo de Quique, majestuoso como siempre. No vamos a volver sobre eso una vez más. Me gusta, como idea final, contarles que conozco varios pibes y pibas de la nueva generación, de la que supuestamente no lee, que arrancaron a full con el manga o con el mainstream yanki, y que cuando descubrieron a Mazzitelli y Alcatena se engancharon. Son historietas MUY clásicas, hasta solemnes, por momentos; pero hay algo ahí, una magia loca que de algún modo no repele a los pibitos de 14-15 años. No dicen "me vendieron humo, me re-embolé con las fumanchereadas de estos viejos de mierda". De alguna manera, algo en los textos y los dibujos les llega y los conmueve, pese a que Eduardo y Quique no buscan en sus obras el tipo de impacto que -en general- los pibes de hoy asocian con los relatos de aventuras. Nada, es algo que me consta, que me alegra y que quería expresar en voz alta.
Y nada más, por hoy. Muy pronto, nuevas reseñas, y la semana que viene sale también función de prensa de la nueva peli de los Guardians of the Galaxy, como para empezar Mayo bien arriba. Gracias por el aguante.
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