el blog de reseñas de Andrés Accorsi
Mostrando entradas con la etiqueta Dan Jurgens. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dan Jurgens. Mostrar todas las entradas

miércoles, 20 de junio de 2018

FERIADO MUNDIAL

Como tantos, aprovecho el feriado para clavarme una seguidilla hardcore de partidos mundialistas. Y entre uno y otro, me tomo un ratito para escribir las reseñas de dos libros que me bajé en estos últimos días.
El tercer tomo del Captain America de Dan Jurgens es seguramente el mejor dibujado de los tres. No solamente porque el propio Jurgens le pone más pilas a su faceta de dibujante, sino porque entre los invitados hay colaboraciones fastuosas de capos como Kevin Maguire, Igor Kordey, Stuart Immonen, Lee Moder y la nunca bien ponderada dupla de mis amigos Juan Bobillo y Marcelo Sosa. También hay unas páginas de Darryl Banks (nunca entre mis favoritos) y del uruguayo Ignacio Calero, a quien vemos en un intento de clonar la estética de Travis Charest, que resulta doblemente frustrante: primero porque uno sabe que Calero tiene con qué aspirar a mucho más, y segundo porque el resultado de la clonación no es demasiado convincente. Con muchas más altas que bajas, el apartado visual de este tomo es muy notable, con una buena cantidad de imágenes icónicas, secuencias de alto impacto y páginas memorables.
Los guiones… y bueno… Jurgens tiene una sóla idea copada (una aventura contra el Red Skull y el Hate Monger) y la estira sin compasión para que dure varios episodios, cuando la podría haber liquidado en 40-44 páginas. Después te calza un Annual que va muy lento, repleto de flashbacks a la época en que los Invaders luchaban contra los nazis, un numerito muy tranqui donde se resuelve el triángulo con Sharon Carter y Connie Ferrari, y después ese extraño (y hoy cuasi-mítico) nº50, que arranca con una historia muda (acá Jurgens saca a relucir su chapa de gran narrador gráfico) y sigue con varias historias cortas, a cargo del propio Jurgens e ilustres invitados. En una de esas historias, sin decir “agua va” y sin enfrentarse a ningún villano pulenta, el Capi muere, y el libro cierra con un funeral muy bien escrito por el maestro Evan Dorkin. En este tramo que funciona como antología de relatos breves, están los mejores guiones del libro. Y sí, obviamente Steve Rogers volverá de la muerte (varias veces) y a esta serie le seguirán otras. No me acuerdo si me quedan libros del Capi en la pila de las lecturas pendientes, pero sé que eventualmente me tengo que comprar los TPBs de la etapa más reciente de Mark Waid y Chris Samnee. Por ahora, me despido acá de este ícono marveliano que tantas alegrías nos dio.
Me vengo a Argentina, a 2017, cuando se edita Asian Store Junkies, un recopilatorio de historias cortas escritas y dibujadas por Berliac para la revista Vice. Son ocho comedias cortitas, protagonizadas por dos pibes cuyos nombres desconocemos, dibujadas en ese estilo que nos remite al manga alternativo de los ´60 y que tan bien maneja el autor de Sadbøi.
Entre homenajes a Osamu Tezuka y Akira Toriyama y gastes a Simon Hanselmann, Kim Jong-un y Donald Trump, las historias van de la típica comedia costumbrista de “jóvenes a la deriva” a delirios épicos con ribetes alucinógenos. Berliac juega con la adicción que produce una sustancia llamada MSG, presente en un montón de alimentos y comercializada masivamente en supermercados, y la utiliza como motor de estas breves historias en las que también baja línea acerca del consumismo acrítico, el racismo y la violencia.
Si no esperás una obra profunda, relevante y filosa (como lo fue Sadbøi, con la que Berliac dejó muy alta su propia vara), Asian Store Junkies seguro te va a atrapar por el lado del humor, del desparpajo, de esa combinación entre un dibujo muy cuidado, muy pensado, y una sensación de desenfreno, de “me chupa todo un huevo” que le suma mucha onda a estas comedias limadas.
Y nada más, por ahora. Mañana espero retomar mi ritmo normal de lectura, para volver a postear pronto, acá en el blog.

jueves, 31 de mayo de 2018

SE NOS VA MAYO

Ultimo día de un mes en el que tuvimos mucha actividad, acá en el blog. Y bueno, sigo avanzando con las lecturas.
Arranco con el segundo TPB de los que recopilan la etapa de Dan Jurgens al frente de Captain America, con nada menos que 10 números de la serie regular y un Annual. Un exceso, prácticamente. Encima el propio Jurgens dibuja todo excepto el Annual y un episodio de lo mensuales, o sea que acá tenemos literales cientos de páginas dibujadas por el hombre que mató a Superman. La faz gráfica de Captain America está muy basada en lo que a Jurgens más le gusta dibujar: la figura humana en acción. Y como él mismo es el guionista, se acomoda las historias para que todas le abran la puerta a la machaca, a esa especie de danza de cuerpos musculosos que a Jurgens tanto le divierte coreografiar. Esto no lo exime de –cada tanto- mandarse alguna pifia en la anatomía, algún escorzo demasiado extremo que termina por verse torpe o bizarro. Pero en general, Jurgens combina espectacularidad con solidez y muestra ser un digno alumno de sus maestros, Neal Adams y Mike Grell. Los dos dibujantes invitados (Dave Ross y Greg Scott) al lado de Jurgens pasan vergüenza, así, sin alicientes.
Los guiones… la verdad que te tiene que gustar mucho el Capi, o la historieta de machaca palo-y-palo. Como ya comenté, Jurgens se esfuerza para que nunca le falte protagonismo a las peleas físicas que tanto le gusta dibujar. En un episodio, un supuesto villano va a juicio, el Capi está seguro de que es culpable y la abogada que lo defiende es la novia de Steve Rogers. Yo dije “Ah, bien, un conflicto de índole ética, un dilema que no se resuelve con piñas”… Bueno, a Jurgens se le ocurre una forma de resolverlo con piñas. Y patadas. Y ese escudo mágico que el Capi parece controlar con la mente. Lo más interesante es el manejo de los sub-plots, un rubro en el que este autor ya dio sobradas muestras de solvencia. Jurgens entiende muy claramente el aspecto serial del comic de superhéroes y lo manipula con mucha inteligencia para hacerlo jugar a su favor, todo el tiempo y con notables resultados. Me queda pendiente el tercer tomo, para entrarle en Junio.
Salto a 2017, a Rosario, donde el Área de Diversidad Sexual de dicha ciudad publicó en un hermoso libro a las historietas ganadoras de un concurso de Historieta LGBTI, elegidas por un jurado en el que participaron Mariela Acevedo, Diego Trerotola y el glorioso Max Cachimba. Veamos qué material eligieron:
Arrancamos muy arriba, con una historieta de Sukermercado que, con un mínimo ajuste para redondear mejor el final, se podría publicar tranquilamente en cualquier antología grossa de cualquier país del mundo. El dibujo, el color y la narrativa son excelentes, posta. Le sigue Natalia Novia, una dibujante con un trazo barroco, sobrecargado, muy sugestivo, muy atractivo. Lamentablemente perpetúa este estigma tan frecuente en las historietistas de vanguardia de hoy en día, que es no dejar espacios (o zanjas) entre las viñetas, lo cual hace que no se entienda cuándo termina un cuadrito y cuándo empieza el de al lado. Ese truquito, el de apoyar una viñeta sobre la otra sin dejar un espacio, háganlo cuando estén MUY cancheras, chicas. No en sus primeras 100 ó 200 páginas de historieta, porque es MUY difícil hacerlo bien.
Lo de Maia Debowicz y Lucas Fauno Gutiérrez tiene buenos textos, buenos dibujos y una muy buena idea. La puesta en página (sin zanjas, sin viñetas… ¡y sin fondos!) es muy rara, pero no está mal. Muy buena también la de Román Suvriano, una historieta muy profesional, sobria, bien trabajada. Quiero ver más material de este autor, al que nunca había oído nombrar. Lo de Júlia Barata no me cerró por ningún lado: el guión es la nada misma, la narrativa no existe, el dibujo no me gusta y el rotulado es espantoso.
Julia Mamone y María Ibarra nos ofrecen otra historieta con excelente dibujo, un color exquisito y una decisión arriesgada (bancar siempre la grilla de tres viñetas widescreen) que les sale muy bien. El argumento, más o menos. El texto trata de contar una historia, pero al integrarse con el dibujo esta se disuelve un poco, y todo queda en la bajada de línea militante. La Watson, otra autora incomprensible, con una narrativa confusa y un dibujo muy poco inspirado. Rescato sólo la secuencia de la última página.
Otro trabajo muy sólido es el de Gaspar Aguirre, un autor que evidentemente viene del campo de la ilustración, pero que entiende muy bien cómo funciona el lenguaje del comic y para qué sirve. Cuenta conmigo para comprar sus próximas historietas. La de Nacha Vollenweider no me gustó ni como panfleto, ni como historieta. Para mi sorpresa, no me gustó ni siquiera el dibujo, un rubro en el que Nacha suele romperla. Ese mamarracho espantoso que en la portada del libro se ve tan mal está extraído de la última historieta del tomo, la de Gonzalo Agüero, que en realidad está muy bien. El tema que toca es fuerte, la historia está bien contada, el dibujo (incluso con esa técnica bastante extrema) es muy atractivo… nada que objetarle.
El balance me da bastante favorable, como para recomendar esta antología a cualquiera que se interese por historietas que traten temas vinculados a la diversidad sexual.
Nos reencontramos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

miércoles, 9 de mayo de 2018

TRASNOCHE DE SUPERHEROES

Hacía bastante que no leía comics de superhéroes, no? Bueno, hoy voy con dos.
Arranco a principios del 2000, cuando Dan Jurgens se hace cargo de los guiones de Captain America para iniciar una etapa bastante interesante, luego republicada en tres tomos. El Vol.1 empieza con dos sagas dibujadas por Andy Kubert, en un estilo estridente, pasado de rosca, más al palo incluso que en aquella etapa de Ka-Zar que vimos hace un tiempo. Por suerte el esfuerzo de Kubert por impactar todo el tiempo al lector no se convierte en un obstáculo para que la narrativa fluya, pero en un punto se contrapone un poco con estos primeros guiones de Jurgens que son muy clásicos. Las dos sagas que dibuja Kubert (una con Falcon contra el Hate Monger y una con Ka-Zar contra el Count Nefaria) me dejaron gusto a poco, pero me parece que tiene más que ver con los guiones de Jurgens que con los dibujos de Kubert. Aún así, a lo largo de ambos arcos, Jurgens se ganó mi confianza con los subplots: el de Sharon Carter, el de Protocide y el de Connie Ferrari, el nuevo interés romántico del Capitán.
En el anteúltimo episodio de este TPB, el primero dibujado por el propio Jurgens, el plot de Protocide cobra protagonismo y cuando parece que el autor se va a concentrar en eso, tenemos un último episodio que derrapa, que agarra para otro lado y termina siendo bastante mediocre. Lo mejor del TPB, paradójicamente, es un unitario en el que Jurgens desactiva un rato los subplots para contarnos una historia ambientada en la Segunda Guerra Mundial. Es un episodio bien clásico, simple, efectivo, atemporal, a años luz de la mayoría de los comics que surgían del mainstream en el 2000, muy jugado a la emoción y dibujado como los dioses por el gran Jerry Ordway.
A partir del Vol.2, vamos a tener a Jurgens como autor integral en casi todos los episodios, y no, ni en pedo Captain America va a llegar al nivel que en esta misma época Jurgens nos regaló en Thor. Pero con la saga de Protocide y otras aventuras (que leí hace mil años y ahora no me acuerdo), y con los dibujos siempre decentes del hombre que boleteó a Superman, esta serie va a mantener una calidad más que aceptable (creo), desde un enfoque bastante tradicional, bien superheroico, sin saltos al vacío, lo cual en esa época no era poco.
Allá por el 24/11/15, me tocó leer el Vol.1 de Jellykid y me pareció muy flojito a nivel guión. Hoy, con 117 páginas más leídas, no sé si Franco Viglino mejoró como guionista, o si me pareció mejor porque entré esperando menos. Un aspecto en el que definitivamente este tomo sumó puntos es el de las escenas de acción, que en el Vol.1 escaseaban bastante. Estos episodios se acercan un poco más al típico comic de superhéroes apuntados al público adolescente, en lo bueno y en lo malo. Si no fuera porque los personajes se tratan de vos, uno se podría convencer de que Jellykid es un comic yanki, al que se olvidaron de ponerle color.
Viglino está absolutamente afianzado en su estilo gráfico y no falla nunca en la narrativa. Cuenta la historia con buen ritmo, sabe meter las pausas, sabe dónde y cómo impactar. Le falta simplemente ser mejor guionista, o formar dupla con un guionista un poco más curtido. Eso va a potenciar a Jellykid, a despegarlo de las fórmulas más obvias, más trilladas, a darle antagonistas, conflictos, personajes secundarios y diálogos más originales, más frescos, más atractivos.
Por supuesto me doy cuenta de que Jellykid es un comic apuntado a chicos de 12 a 15 ó 16 años, lectores en su mayoría neófitos, que seguramente no compararán la labor de Viglino con la de los grandes maestros (clásicos o vanguardistas) del comic de superhéroes. Pero uno que leyó, que conoce más o menos cómo funciona el género, le encuentra a Jellykid esa falla: la falta de originalidad, de riesgo, de ganas de dejar una marca en la historieta ya sea argentina o global. Claramente a nivel visual, Viglino tiene con qué imponer un estilo. Sería un golazo que a nivel argumental pudiera levantar el mismo vuelo (o alcanzar la misma profundidad, ya que buena parte de las aventuras transcurren bajo el agua).
Volvemos pronto con nuevas reseñas, acá en el blog.

miércoles, 7 de agosto de 2013

07/ 08: THOR: GODS & MEN

Y se terminó el glorioso Thor de Dan Jurgens. Queda un tomo más, cortito, casi un epílogo, escrito por otro autor y prometo leerlo pronto. Pero la saga grossa, la epopeya definitiva de Thor que se animó a llevar al rubio a donde nunca nadie lo había llevado, llega a su fin en este voluminoso tomo que abarca nada menos que 12 episodios.
El dibujante es del montón, es cierto. Pero de los 12 episodios dibuja 11! Después de tanta rotación entre tanto pecho frío incapaz de comprometerse a mediano plazo con la propuesta de Jurgens, la verdad es que uno ovaciona a Scott Eaton como si fuera... Alan Davis. Y sí, Eaton se esfuerza MUCHO por parecerse a Alan Davis. Tiene viñetas en las que trata de ser Neal Adams y en la inmensa mayoría, chorea a mano armada a Davis. Claro que Eaton no llega ni cerca de la magia del británico. Sin ser desastroso ni mucho menos, el dibujo se ve adocenado, falto de imaginación, cumplidor –es cierto- pero para nada descollante. Y el capítulo que no dibuja Eaton se lo dan a Roger Robinson, aquel que dibujara muchos años la serie de Azrael, mejor que en aquella etapa, pero también lejos de lo que se veía en esta serie cuando la dibujaban John Romita Jr., Andy Kubert o Stuart Immonen.
El guión pega otro salto mortal. Olvidate de los míseros mortales y sus problemitas de entrecasa. Ahora es la hora de los dioses y Jurgens se concentra en la familia real asgardiana, su séquito, y ya sobre el final, en dos personajes a los que él mismo creó: Desak y Tharene, que tendrán roles muy destacados en los últimos episodios. De nuevo, hasta que nos acercamos mucho al final, escasea la machaca y gobiernan la intriga palaciega y los dilemas morales, la eterna discusión acerca de si Thor acierta o se equivoca al imponer su poder por sobre la rastrera y descarriada humanidad.
Para que todo esto sea más heavy y más dramático, Jurgens nos lleva al año 2170, cuando ya hace casi 170 años que Thor gobierna a nuestro mundo con mano de hierro. Pero no es el Thor copado, sino un tipo curtido, duro, implacable. Muchos de sus amigos murieron, o fueron exiliados, o desaparecieron. Tuvo un hijo con Amora, la Encantadora. Y perdió un ojo, un brazo y a Mjolnir. O sea... está todo tan mal, tan podrido, tan irreconocible, que vos sabés que –tarde o temprano- va a volver todo para atrás. Y efectivamente, esta línea temporal será desactivada sobre el final del tomo de modo bastante coherente (no nos olvidemos que el poder Thor acá ya es infinito) para que todo vuelva a un punto más “negociable”, en el que las manos de Thor no necesiten enchastrarse con la sangre de un genocidio.
Esto significa que al final, cuando no tiene más remedio, Jurgens juzga las acciones de Thor y decide que el héroe, el dios, el poderoso paladín, estaba meando afuera del tarro, mal. No le cobra muy caro, porque la nobleza de Thor hace que, aún en el error, el hijo de Odín mantenga altísimo su ideal de una vida mejor para todos. Pero lo obliga a recapacitar y, finalmente, a dar marcha atrás. Y nos deja para la posteridad una saga impresionante (en la que pasan miles de cosas que uno creía que sólo podrían pasar en un comic tipo Miracleman), y un futuro alternativo, de esos que los guionistas de Marvel no pueden dejar descansar ni aunque lo intenten, en el que Thor terminó por ser un déspota pasado de rosca, sólo por querer ayudar a unos humanos de mierda que nunca se lo supieron agradecer. Grossitud eterna.
Si amás al Dios del Trueno, a Loki, Sif, Balder, Amora y demás próceres asgardianos, tirate de cabeza al Thor de Dan Jurgens. Son 10 libros (más el epílogo, 11), es una guita importante. Pero posta, se justifica a full. Y además falta muchísimo para que salga una nueva saga de Thor que le haga el aguante a esta...

domingo, 21 de julio de 2013

21/ 07: THOR: SPIRAL

Ah, bueno. Esto es impresionante. Dan Jurgens se vuelve a superar a sí mismo, pero demasiado. Se pinta la jeta a sí mismo, convierte a todas las proezas del tomo anterior en boludeces intrascendentes. Si cerré el tomo anterior asombrado por los huevos del guionista, esta vez tengo que decirte que lo de Jurgens no son huevos, sino planetas ovalados. No hay límites que el autor no esté dispuesto a cruzar en su indagación acerca de la faceta divina de Thor, su vertiente de deidad viviente, palpable, su efecto en los mortales, en la repartija del poder, en la concepción de la fe y la religión.
El TPB abre con un episodio muy descolgado, más raro que bueno (aunque no malo) a cargo de Christopher Priest y Trent Kaniuga, más basado en el mito de Thor que en el propio pelilargo, que ni aparece. Y después volvemos a la extensa saga de Dan Jurgens, esa que arrancó con la muerte de Odín y fue cobrando un rumbo cada vez más extremo, más jugado, más hipnótico. En este tramo se hace más manifiesto lo que veíamos en el anterior: casi no hay machaca, porque Thor no tiene contra quién pelear. Las escenas más violentas las protagonizan los propios humanos, divididos entre los que reconocen a Thor como legítimo dios y los que se aferran a las religiones clásicas y consideran herejes a los “thoristas”. Acá hay dilemas morales maravillosos, escenas y diálogos magníficos (el contrapunto entre Thor y el cura católico en el n°64 no tiene desperdicio, es de los mejores que leí alguna vez en un comic) y cuando se ve la mano negra que manipula a las facciones en pugna, todo cierra y se hace aún más atractivo. Sobre el final, hay un arrebato de machaca, un “todos contra Thor”, que termina mal para todos menos para Thor. Ahí se cruzan varios rubicones y queda claro que la cosa va a cambiar a partir del próximo tomo y se va a poner bastante más dark.
En cuanto a los secundarios, Jurgens manda al banco de suplentes a Thialfi y Balder (que tuvieron bastante protagonismo en el tomo anterior), le da consistencia de a poco al rol de Zarko (un viejo villano de la época de Stan y Jack), vuelve a acordarse de Tharene (que en el tomo anterior ni figuraba) y le pega un sacudón importante a Jake Olson, el personaje que él mismo creó en el n°1 de esta serie. Esto que pasa con Jake es tan impactante, que seguro tendrá graves consecuencias a futuro. Y en los distintos episodios, el guión se centra bastante en personajes humanos, comunes y corrientes, a medida que explora este difícil proceso de adaptación de la gente normal a la presencia muy tangible del Señor de Asgard y sus huestes de guerreros. Ahí también hay hallazgos por parte de Jurgens, que escribe personajes muy reales, afectados de modo muy creíble por este tsunami de elementos fantásticos entre los cuales el hecho de que Asgard flote sobre Manhattan es casi una nimiedad.
¿Por qué esto no es un clásico de clásicos, venerado por generaciones enteras de viñetófilos? Porque el pobre Jurgens tuvo mala suerte con los dibujantes. En este tramo le tocaron dibujantes no sólo mediocres, sino además inconsistentes, incapaces de dibujar varios episodios consecutivos. Después de ese laburito raro de Kaniuga (con onda grafitti urbano), hay un episodio más del muerto de Joe Bennett, a quien ya sufrimos en el tomo anterior. Con tres de los nueve episodios a su cargo, los dibujantes con más presencia son Ben y Ray Lai, una dupla de crotos sin imaginación que en los primeros planos tratan sin éxito de imitar a Travis Charest. Y hablando de imitadores, tenemos dos numeritos a cargo de Paco Medina, que clona milimétricamente el estilo de Humberto Ramos, con tristes resultados, porque no tiene ni un décimo del talento del ídolo mexicano. En la superficie, lo de Medina se ve lindo. Pero no profundices en composición, narrativa o manejo del lenguaje facial y corporal, porque se hunde en cuestión se segundos. La cosa levanta bastante con un capítulo que cae en manos del siempre solvente Tom Mandrake, con excelentes trucos narrativos y una perfecta integración de la referencia fotográfica. Después tenemos un numerito a cargo de nuestro Max Fiumara, en el que probablemente sea su primer trabajo para una editorial de EEUU, y donde se ven limitaciones y falencias que hoy no vemos ni de casualidad en las historietas de este joven maestro. No es una garcha, pero comparado con lo que hace Max hoy en día, es un poquito precario. Para el postre, una historia corta, también muy rara, escrita por el ignoto Marlan Harris y dibujada por el astro japonés Kia Asamiya... en un estilo irreconocible, a años luz de sus mangas más conocidos y totalmente jugado a la splash page, sin la menor intención narrativa.
Imaginate si para esta etapa de Thor se hubiesen quedado Andy Kubert o Stuart Immonen... Hoy –que hace frío- estaríamos por tirar al fueguito de la estufa los números de Walt Simonson, y aquella hermosa saguita de Warren Ellis y Mike Deodato ya sería un bollito de ceniza, negro y retorcido como el corazón de Loki. Vuelvo pronto a la carga con un nuevo TPB de Jurgens, porque este me dejó cebadísimo!

miércoles, 10 de julio de 2013

10/ 07: THOR: GODS ON EARTH

Bien. Muy bien. Excelente, casi. De los ´80 para acá, no fueron pocos los comics de superhéroes que se animaron a preguntarse qué pasaría si estos tipos, que además de ser buenos son MUY poderosos, un día decidieran ejercer el poder en el sentido político, es decir, en el de la toma de decisiones que afectan al conjunto de las sociedades. Lo hizo Mark Gruenwald en el Squadron Supreme, lo hizo Alan Moore en Miracleman, lo hicieron Warren Ellis y Mark Millar en Authority.... todos con distintos enfoques y distintos resultados. Hace 10 años (o un cachito más) lo hizo Dan Jurgens en Thor y se ve claramente cómo el autor estudió y tomó lo mejor de cada una de las exploraciones anteriores de este tópico.
En esta saga, Thor se hace cargo de que es un dios, con un poder muy por encima del de los mortales, y decide usar ese poder para mejorar a la Humanidad. Los asgardianos se dedican a combatir el crimen, a curar a los enfermos, a llevar lluvias donde hay sequías, a crear cultivos donde hay desiertos, a proteger los recursos naturales del planeta con nuevas fuentes de energía y –acá es donde la cosa se pone espesa- a rajar de los cargos gubernamentales a déspotas y corruptos. ¿Sos rey, dictador o presidente y violás los derechos humanos o ponés bajo amenaza la vida de tu propio pueblo? Viene Thor y te mete una patada en el orto. Lógicamente, muchos aplauden las proezas del Señor de Asgard y otros desconfían, un poco porque la limosna es grande y un poco porque se hace obvio que este rubio grandote no le va a pedir permiso a nadie para hacer absolutamente nada que a él le parezca correcto. El famoso “¿quién vigila a los que nos vigilan?”.
Con esta consigna, Jurgens va a llevar adelante un arco argumental casi sin machaca, en el que el conflicto es filosófico. Thor está haciendo lo que todos los poderosos deberían hacer, pero no hacen. ¿Por qué? ¿Cuáles son los riesgos de intervenir tanto y tan a fondo en asuntos terrenales? ¿A quiénes les conviene y a quiénes no que el Señor de Asgard cace la manija y decida, según su criterio, qué cambios son urgentes en la forma en que se comportan los mortales? ¿Cuáles son los límites? La cosa se pone más y más compleja, la tensión crece más y más, y ya cuando ves a Loki conforme y orgulloso con el accionar de su hermanastro, empezás a sospechar que esto se puede llegar a ir al carajo, mal.
El voluminoso TPB cierra con un arquito de tres episodios, de los cuales uno salió en la revista de Thor (escrito por Jurgens), uno en la de Iron Man (escrito por Mike Grell) y uno en la de Avengers (escrito por Geoff Johns). Acá la tensión llega al límite. Thor se manda a imponer justicia a un conflictivo paisito balcánico y rápidamente empiezan a operar otros dos jugadores, muy interesados en el equilibrio de poderes de la región: un afiladísimo Dr. Doom y los muchachos del Pentágono, los milicos yankis, cuya intervención motivará también la de los milicos rusos, y así. Acá Iron Man cumple el mismo rol patético que cumpliera Superman en el Dark Knight Returns de Frank Miller, mientras que el Capitán América representará el balance, la cordura, la integridad y la longevidad del vínculo que une a estos tres pilares de los Avengers. Y pierde el Capi. Los vínculos se hacen crosta y Thor, cada vez más convencido de que su cruzada es por el bien de todos, abandona a sus ex-camaradas, en un final emotivo y polémico, que anticipa (por no decir “hace innecesario”) mucho de lo que años más tarde sucedería en Civil War.
A nivel visual, este arquito final nos trae 66 páginas de un Alan Davis deslumbrante, que deja la vida en cada secuencia, perfectamente complementado con los colores de Dave Kemp. Cátedra del as británico. Los siete episodios restantes nos tratan un poquito peor: dibuja bastante el muerto de Joe Bennett, sin onda ni imaginación; hay dos episodios de Tom Raney (le tocó uno en el que sólo hay gente hablando, pobre pibe, y otro muy lindo, con un gran rol para Spider-Man); uno dibujado por el propio Jurgens (que con las tintas de Tom Palmer parece un dibujante setentoso, un clon medio torpe de Neal Adams), y un episodio en el que varios dibujantes grossos aportan ilustraciones de una o dos páginas. Ahí están Carlos Pacheco, Mike Kaluta, Bill Sienkiewicz y Dave Johnson, entre otros capos, pero son casi pin-ups, así que guardá el babero.
Más allá de los altibajos del dibujo, esta serie está en un momento increíble. Tomo a tomo, Dan Jurgens hace gala de unos huevos gigantescos para abordar temas que el género superheroico rara vez aborda y lo hace con mucha categoría, con miles de recursos para enganchar al lector con la trama aunque casi no haya acción. Prometo volver pronto, porque ya tengo los brolis que me faltaban para completarla.

lunes, 3 de octubre de 2011

03/ 10: THOR: LORD OF ASGARD


Hora de reencontrarme con el Thor de Dan Jurgens, al que había dejado justo cuando muere Odin y el Dios del Trueno decide suceder a su padre en el trono de Asgard.
Acá se ven los beneficios de un truquito maravilloso: Jurgens ya sabe lo que va a pasar en los próximos… 25 episodios, en los próximos tres TPBs, y juega a mostrarnos la puntita. A generar intriga, calentura, especulaciones, con cosas que el lector apenas intuye, pero que él ya tiene milimétricamente diagramado. Esto del “plan a largo plazo”, bastante infrecuente dentro y casi inexistente fuera del clásico esquema yanki del comic mensual, es un recurso que, bien usado, le abre muchísimas posibilidades a los guionistas. Jurgens, que en este tomo cumple 50 episodios al frente de la serie, lo sabe. De hecho, en este tomo cosecha los frutos de tres puntas sembradas con anterioridad: en primer lugar, claramente, la muerte de Odin. Pero también las apariciones en episodios anteriores de Tarene y de Desak, que en este tomo tienen roles fundamentales. Otro detalle que vimos en el tomo anterior y que seguro va a tener mucho peso más adelante es la separación entre Thor y Jake Olsen, el mortal con el que compartía su existencia. Y entre las muchas semillas que planta Jurgens en este tomo para cosechar en los próximos, las más notables son el cambio en la relación entre Thor y Enchantress y el rol creciente de Thialfi, un guerrero hiper-veloz que se convierte en fiel confidente del nuevo monarca.
Entre tantas premoniciones, pistas de lo que vendrá, desarrollo de personajes y exploración de las consecuencias de todo lo grosso que pasó en el tomo anterior, Jurgens no se calienta demasiado en mantener intacta la hegemonía de la machaca. De hecho, el tomo trae siete episodios de los cuales cuatro (los dos primeros y los dos últimos) prescinden por completo de las peleas y los martillazos que vuelan al grito de “I say thee nay!”. Con Thor al frente del Reino Eterno, la serie cobra un giro más político y nuestro melenudo favorito empieza a ejercer el poder de otro modo, menos físico.
El primer episodio del tomo, el que está íntegramente narrado sin diálogos ni textos, es una joya, una cátedra de cómo mejora una historieta cuando el guionista sabe pensar visualmente. Además marca la despedida de Stuart Immonen, el Más Grande, el dibujante definitivo de Thor. Por suerte, al final nos publican también el guión de Jurgens, para que podamos estudiar y analizar bien finito cómo fue el proceso de colaboración entre ambos capos para levar adelante esas 22 lujosas páginas. Con Immonen afuera, el elegido para reemplazarlo es Tom Raney, un dibujante no precisamente bochornoso, pero con poca onda, que sobredibuja demasiado, llena todo de rayitas innecesarias, se las quiere dar de realista pero no engaña a nadie, y además bastante torpe en materia de narrativa. Como todos esos dibujantes pecho frío, Raney se ausenta varias veces y le caen dos episodios al siempre aburrido Joe Bennett (ya lo sufrimos en el tomo anterior) y uno al impresentable Deon Nuckols, un dibujante tosco, limitado, del que nunca había oído hablar. No se me ocurrió en ningún momento que pudiera aparecer un suplente mejor que Immonen, pero entre Raney, Bennett y Nuckols no le llegan ni a la suela al prócer canadiense.
Con menos espacio para la machaca (que también está), mucho para la runfla política, algo para el romance y muchísimo para el sembrado de futuros plots, este tomo es casi el prólogo de los próximos tres, que son los definitivos, los que llevan a Thor en una dirección tan impactante y tan grossa que no se puede creer cómo a nadie se le había ocurrido antes. Se le ocurrió a Dan Jurgens y, como Marvel lo dejó llevar el planteo hasta las últimas consecuencias, el final de su etapa en Thor fue tan heavy, que el personaje quedó desactivado durante años. ¿Comic de autor en pleno mainstream? Y sí, aunque la rotación de dibujantes lo empantane un poco, el Thor de Jurgens se puede sumar a esa élite, junto al Hulk de Peter David o el Starman de James Robinson. Y no, nunca es tarde para descubrirlo, si todavía no lo hiciste.

viernes, 3 de junio de 2011

03/ 06: THOR: THE DEATH OF ODIN


La extensa etapa de Dan Jurgens como guionista de Thor, iniciada en 1998, es una de las mejores cosas que le pasó al Dios del Trueno en su historia. Empezó bárbaro, tuvo algún momento en que se pasó de pochoclera, pero acá, justo acá, pega un salto cualitativo alucinante. Tanto que, cuando Marvel empezó a recopilar esta serie en trade paperbacks, arrancó por acá. Y no es que lo anterior ameritara ser barrido bajo la alfombra, para nada. Pero acá Jurgens pega un golpe de timón y pone proa hacia una de las mejores sagas en la historia del personaje, por supuesto a tono con muchas otras grossitudes que se veían en el mainstream de Marvel en los primeros años de este milenio.
Este tomo, además de infinita machaca, ofrece la resolución de dos plots importantes: el de Tarene (conocida también como Thor Girl o “la Designada”) y el de la relación entre Thor y Jake Olson, el mortal con el que compartía cuerpo desde su regreso. Y por otro lado, abre dos puntas. Una es la aparición de Desak, que pinta para villano pulenta de la próxima saga y otra (la grossa) es la muerte de Odín, el padre creador, quien se sacrifica para impedir que Surtur haga mierda a la Tierra. Su trono, vacante por enésima vez, tiene un sucesor indiscutido: nuestro rubio melenudo favorito, Thor (si estuviste a milímetros de decir “Bret Michaels”, retirate urgente de este blog ;). Y ahí te quiero ver. Una cosa es revolear martillazos al grito de “I say thee nay!” y otra es gobernar, y de eso se trata precisamente la hiper-saga que arranca casi donde este TPB se termina.
Pero hasta ese episodio final en el que todavía ni siquiera vimos el funeral de Odín, pasan muchas, muchas cosas. Machaca sin cuartel contra el Destroyer, toda la saga de Surtur, y un montón de revelaciones más que tienen que ver con Loki, Karnilla, Amora, el Executioner, Marnot, el propio Odín… y una misteriosa profecía sobre el futuro de Thor que Jurgens va a llevar hasta las últimas consecuencias. El guionista abusa mal de un sólo recurso: los personajes asgardianos que adoptan identidades mortales y se mudan a New York. Todos terminan por rodear (a propósito o de casualidad) a Jake Olson, lo cual resulta poco creíble. Pero bueno, es el intento de Jurgens por conservar ese equilibrio (tradicional en esta longeva serie) entre las escenas en Asgard y las escenas en Midgard (la Tierra).
En materia de dibujantes, arrancamos con un Tom Grummett muy inspirado para dibujar machaca palo-y-palo, en ese Annual donde debuta Desak y se lucen Hercules y Beta Ray Bill. Después viene un Walther Taborda medio irregular, que deja la vida en algunas viñetas y se saca otras de encima como apurado por zafar. Le sigue un episodio dibujado por el otrora glorioso Jim Starlin, que para 2001 ya había decaído ostensiblemente, por lo menos como dibujante. Al Milgrom rema desde la tinta para levantarlo, pero no hay con qué. Y el último episodio le toca a un mediocre Joe Bennett, dibujante sin onda, sin alma, sin ideas y anclado en lo peor de la infausta década del ´90.
Pero este un TPB de los grossos, con muchas páginas, y además de esos episodios, hay cinco (115 páginas!) dibujadas como los dioses (nórdicos) por el maestro Stuart Immonen. No sé si es el mejor trabajo de su vida, porque después se fue a Hulk y la mega-rompió. Pero lo que dibuja acá el canadiense es de un nivel devastador. Todo está perfecto: las escenas más tranqui, los combates grandilocuentes (ya sea en la Tierra, en Asgard o en el Infierno), todo ostenta power, todo es majestuoso, emocionante y –lo más loco- casi creíble. Hay muchas páginas sin fondos, es cierto, pero cuando tienen que aparecer, aparecen y te impactan tanto como los intercambios de rayos y trompadas entre héoes y villanos. Como fan de Kirby, Buscema, Simonson y Romita Jr., me siento más traidor que Starscream por decir esto, pero lo pienso de verdad: Immonen es el dibujante definitivo de Thor. Quisiera leer nuevas versiones de todas las sagas del personaje (o de las buenas, al menos) dibujadas por Immonen. Y en lo posible, con el traje actual de Thor, no con el clásico, que es un desastre. Y la barba, que un vikingo sin barba es como un flogger pelado (¿siguen existiendo los floggers? ¿o ya son una referencia retro, como el peronismo federal?).
Si sos fan de los superhéroes, el Thor de Jurgens te va a cebar mal, empieces de donde empieces. Y si te gusta el dibujo realista fuerte, elegante, con power y sutileza en dosis parejas y una narrativa infalible, tenés que tener este tomo por las 115 páginas de Immonen. Más la leo y más reivindico a la Marvel de Jemas y Quesada.