el blog de reseñas de Andrés Accorsi
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viernes, 7 de febrero de 2014

07/ 02: PANNA MARIA

Esta obra ejemplifica las injusticias del mundo editorial. El guionista es yanki, el dibujante es argentino y la novela no está editada ni en castellano ni en inglés. Sólo existe en francés o en italiano, algo que habría que remediar de modo urgente. Panna Maria (de 1999) es la segunda colaboración entre el escritor, docente y guionista Jerome Charyn y nuestro genio del claroscuro, José Muñoz. También es una adaptación al comic de la novela homónima, que Charyn publicó por primera vez en 1982.
No sé qué se sentirá al leer la novela, pero la historieta es una verdadera joya. El guión nos traslada a Manhattan, a principios del Siglo XX, cuando la isla Ellis era la puerta de entrada para miles de inmigrantes europeos que venían –literalmente- a hacerse la América en los prósperos EEUU. En las primeras 15 páginas, Charyn nos cuenta lo poco que le dura el sueño americano a una inmigrante polaca que, seducida y engañada por el protagonista de la novela (otro polaco, Stefan Wilde), terminará como prostituta en un burdel. En las 15 páginas siguientes, Stefan asume claramente el papel principal y el guionista explora a fondo su relación con las putas, con su patrón (un caudillo del Partido Demócrata) y con Panna Maria, el edificio propiedad del puntero donde funciona el prostíbulo y donde Stefan, que se las da de amo y señor, en realidad es un simple ordenanza.
Para la página 31, llega un sacudón importante: entra en escena Kitty Matlock, la encantadora y aristocrática hija de uno de los capos del Partido Republicano y Stefan se enamora de ella. Acá arranca el segmento más extenso de la novela, una especie de Romeo y Julieta, entre un ordenanza demócrata y una cuasi-princesa republicana. El romance está condenado desde el minuto uno y Charyn nos estremecerá al mostrarnos con crudeza (e incluso cierto vuelo poético) los tremendos costos que pagará Stefan por aferrarse a ese amor a contracorriente. En las últimas 15 páginas, veremos al ordenanza tocar fondo, quedarse ahí un rato largo y eventualmente encontrar una esperanza, un caminito de regreso a Panna Maria, a las calderas y el carbón, y a las prostitutas a las que les mintió con descaro una y mil veces, que al final eran las únicas que alguna vez le tuvieron algún tipo de respeto o de afecto.
En total son 77 páginas inolvidables, repletas de personajes y situaciones muy reales, muy elaborados, sin buenos ni malos, con los que uno rápidamente se encariña. Charyn logra un magnífico equilibrio entre escenas pachorras y escenas más violentas, con bastante acción. Pero lo mejor es que sabe mantenernos atrapados por la trama tanto cuando parece centrarse en la denuncia de las injusticias que padecen los inmigrantes, como cuando se mete a fondo con la rosca política, como cuando la historia parece virar hacia el romance.
Y a todo esto hay que sumarle un manejo impecable de los climas, que corren por cuenta de un Muñoz inspirado, compenetrado, muy al servicio del relato. El genio del claroscuro opta por su grilla más frecuente de los ´80 para acá, la de seis cuadros (y a veces siete) en tres tiras, y rara vez la abandona para probar algo distinto. Cuando lo hace, brinda unas tomas panorámicas del West Side newyorkino que te ponen la piel de gallina. Muñoz aprovecha que Charyn es un experto en narrar mediante escenas mudas, y ahí donde no aparece el diálogo, son las expresiones faciales que conjura nuestro compatriota las encargadas de contarnos qué sucede en las mentes de los protagonistas. Muñoz transmite amores y desamores, respetos y desprecios, sueños y desencantos y hasta piñas y persecuciones con una fuerza expresiva única, inigualable. Ya desde la primera escena, esa primera secuencia de siete viñetas totalmente hipnótica que desemboca en una página de tres cuadros en grilla widescreen, el co-creador de Alack Sinner te avisa que no se piensa guardar nada.
Si te gusta el comic europeo, seguro lo tenés junado a Jerome Charyn por sus colaboraciones con François Boucq, Jacques Loustal, Massimiliano Frezatto, o por El Colmillo de la Serpiente, su otro laburo con Muñoz, que sí se editó en nuestro idioma. Lo cierto es que en su segunda y última colaboración el yanki y el argentino (ambos más famosos en Francia que en sus respectivos países) nos obsequiaron una Historieta Perfecta, que en un mundo más justo debería ser mucho más accesible y mucho más conocida de lo que es hoy. Si podés conseguir Panna Maria, no lo dudes. Garpa aunque no sepas francés, para delirar con los dibujazos de un José Muñoz fuera de escala.