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miércoles, 5 de noviembre de 2025
OTRA NOCHE DE MIÉRCOLES
Ya estamos en los últimos días en los que me puedo dar el lujo de tomarme un rato para leer historietas, en la previa a ese momento en el que me zambullo en el frenesí de la Comiqueando Digital y no asomo la nariz hasta Enero. Vamos a tratar de tener reseñas de vez en cuando durante Noviembre y Diciembre, pero seguramente no van a ser demasiadas.
Debout l´Humanité! es el nombre con el que se dio a conocer en Francia el manga Ningendomo atsumare!, una obra del inmortal Osamu Tezuka originalmente serializada entre 1967 y 1968. Este es un caso típico de "el que mucho abarca poco aprieta". A Tezuka se le ocurre una idea loquísima: un tipo con unos espermatozoides raros, que le permiten engendrar una nueva raza cuasi-humana: l@s asexuad@s. Seres muy parecidos a nosotros, que son prácticamente idénticos entre sí y que pueden asumir el aspecto (y los genitales) de hombres o de mujeres de manera indistinta. Son una sub-especie sumamente dócil y leal, sin pulsiones sexuales, obedientes, disciplinad@s, ideales para ser convertidos en un ejército. Científicos inescrupulosos le extraen millones de espermatozoides al pobre Tenka Taihei (que es bastante pajero) y está todo dado para que, en 20 años, esos fetos estén listos para ser soldados que les ayuden a sojuzgar a ganar una guerra entre países vecinos que estalló hace décadas. Hasta ahí, es un concepto atractivo, que da para infinitas peripecias, aventuras, intrigas y hasta chistes sexuales subidos de tono. Pero a Tezuka le gana la ambición y ahí la cosa se empieza a desmadrar.
Pongámosle que hasta la mitad de la obra, Ningendomo atsumare! es rara pero interesante. Rara porque (como otras obras del ídolo) se mete con un tema cruento y desolador como una guerra en la que abundan las muertes, las torturas, los bombardeos, las masacres y demás, mientras los protagonistas se ven envueltos en situaciones cómicas, en un contraste que -por lo menos leído hoy- hace mucho ruido. E interesante porque el plan de los villanos está bueno, hay personajes secundarios bien trabajados, la consigna es original, etc.. El problema llega con la segunda mitad de la obra (digamos, a partir de la página 200) cuando el Dios del Manga se propone explorar a fondo las consecuencias de la aparición de esta nueva sub-especie humana. En las 220 páginas que le quedan por delante, el autor se propone planteos filosóficos, sociológicos, de discriminación racial y sexual, sin dejar de lado la temática de la guerra (por supuesto, la mirada de Tezuka es anti-bélica) ni las escenas (mayoritariamente en joda) que tienen que ver con el sexo. Y es mucho. Es mucha la violencia, son muchas las peripecias que se acumulan, y sobre todo es mucho lo que Tezuka pretende explicarnos acerca de cómo surge, crece, se organiza y se planta frente a la Humanidad esta nueva especie. El guion se vuelve barroco, convulsionado, abarrotado de personajes y de elementos que no se llegan a amalgamar de manera armónica, a tal punto que la historia termina prácticamente en cualquier lado, como si Tezuka hubiese dicho "listo, ya fue, la corto acá porque me estoy yendo demasiado al carajo".
Y lo más loco: Tezuka dibuja esta historia en un estilo mucho más cercano al humor gráfico, con un trazo muy simple, muy sintético, como si en vez de Walt Disney sus influencias fueran Jules Feiffer, Jean-Jacques Sempé o el Sergio Aragonés más minimalista. El resultado es una narración gráfica muy dinámica, en la que el maestro demuestra que aún dibujando poquito te puede atrapar y hacer que entiendas todo lo que él quiere que entiendas, pero también se extraña el trazo más prolijo y más esmerado de las otras obras de Tezuka. Esto está dibujado a los santos pedos, y se nota mucho. No molesta demasiado, pero si estás acostumbrado al Tezuka más virtuoso, te va a sumar ruido a una historia que ya de por sí es un toque fallida. Ningendomo atsumare!, entonces, es un manga muy extraño, solo para MUY fanáticos del Dios del Manga que quieren leer TODO (o lo más posible) de la inabarcable obra del autor más grande que dio el Noveno Arte en sus 130 años de historia.
Me voy a Marzo de 2020, justo cuando explota la pandemia de COVID-19. Es el momento en el que DC festeja el nº750 de Wonder Woman con una antología de 100 páginas, bastante similar a los especiales de 80º aniversario de distintos personajes, de los que ya vimos unos cuantos acá en el blog. La diferencia es que el nº750 de Wonder Woman empieza con 22 páginas en las que Steve Orlando y Jesús Merino cierran un arco argumental que se venía desarrollando en los números anteriores de la serie regular. El lector desprevenido cae en el medio de la machaca entre personajes que Orlando ni se calienta en presentar, y tarda unas cuantas páginas en entender qué corno está pasando y en engancharse con una historia, que no es chota ni mucho menos, pero que requería un toque más de accesibilidad para los que no veníamos leyendo la revista de Diana. El dibujo de Merino, muy notable.
Y después sí, historias cortas, con distintos autores y ambientadas en distintas épocas y distintas iteraciones de la mítica superheroína. Tenemos una muy linda a cargo de Gail Simone y Colleen Doran, un guion ingenioso y picante de Mariko Tamaki que involucra a Ares, buenos trabajos de dibujantes que a mí me encantan como Phil Hester y Riley Rossmo, una de la Wonder Woman de la realidad paralela de las DC Bombshells (que no entendí demasiado) y dos historietas muy buenas, pero demasiado parecidas entre sí: tanto en la de Greg Rucka y Nicola Scott como en la de Vita Ayala y Amancay Nahuelpan el conflicto es el mismo. Dos mujeres a las que Diana considera sus amigas más queridas se volvieron villanas y la quieren matar. Nuestra heroína va a hacer lo imposible por "curar" tanto a Barbara Minerva como a Vanessa Kapatelis, pero ellas están presas de un odio que las hace inmunes al amor de Diana. La pelea contra ese odio es compleja y desigual, pero obviamente Wonder Woman la va a dar hasta el final. Y el final también, es prácticamente el mismo en ambas historietas. La antología termina con una historia que en su momento armó bastante kilombo: ocho páginas en las que Scott Snyder despeja un poco el humo de una historia del Universo DC que estaba en pleno caos, donde nadie sabía qué era canon y qué no (como casi siempre). Acá, el guionista deja sentado que la Golden Age empezó en 1939 con el debut de Wonder Woman, que es la primera superheroína del DCU. Y todos los demás vendrán después. No sé si eso se mantiene aún hoy como canónico (creo que sí), pero la idea de que todo empezó con Diana nace en estas páginas, dibujadas por Bryan Hitch con menos pilas que en sus mejores trabajos.
Cierro con una breve mención para Elías y el Perro de la Esquina: El Gran Susto, un librito de 64 páginas que marca el regreso del talentoso Leo Arias a la serie que realizó durante más de 15 años para la revista Billiken. Estas son todas historias inéditas, breves relatos en los que Arias puede jugar con total libertad, sin las restricciones típicas del formato de una tira, o de una página, o de media página, o lo que fuera. Estas nuevas aventuras duran lo que Arias decide que tienen que durar, y están contadas a un ritmo alocado, como si estuviéramos viendo un dibujo animado. Hay nuevos personajes, están los de siempre, y resalto algo que el propio Arias subrayó durante la presentación del libro: Elías es el protagonista, pero la pasa para el orto. A tal punto que el miedo, la angustia y el trauma que le provocan a Elías ser sorprendido una y otra vez por los ladridos del perro son el centro, el núcleo, el componente principal de la historieta.
El dibujo es maravilloso, repleto de imaginación, plasticidad, comicidad y con unos recursos narrativos de alto impacto, como para enganchar de inmediato a los chicos, pero también a los grandes. Lo más raro es un nuevo villano, la rata, que está dibujada en un estilo distinto, mucho más feista y desangelado que el resto de los personajes, y que no se termina de ensamblar del todo al grafismo que Arias desarrolla en esta serie. Fuera de ese detalle, Elías y el Perro de la Esquina es un excelente divertimento para niñ@s de 7 a 10 años y además un testimonio de la vigencia de un crack de la historieta y el humor como es (hace ya varias décadas) Leo Arias.
Nada más, por hoy. Ni bien tenga más material leído nos reencontramos con nuevas reseñas acá en el blog.
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Wonder Woman
lunes, 26 de mayo de 2025
TARDE PERO DE A TRES
Después de muchos días sin postear, en los que leí toneladas de comics, pero investigando para artículos de la Comiqueando Digital, vuelvo a la carga con tres reseñas.
Empiezo con el libro que recopila Oro Blanco y otros trabajos de la inmensa dupla integrada por Carlos Trillo y Enrique Breccia que, por motivos que desconozco, nunca se habían reeditado. Hay dos historias unitarias de las cuales una es correcta y la otra (Ejército de Locos) es casi sobresaliente, y tres episodios de una serie que nunca prosperó, llamada El Buen Dios. Los dos primeros son magníficos, tanto en el guion de Carlos como en la propuesta gráfica de Enrique, que tiene más que ver con aquellos unitarios de los ´70 en los que mostraba un estilo más duro, más adusto, más cercano al grabado que a la ilustración. Y el tercero, si bien el dibujo zafa, se nota que está hecho muchos años después, y sin las ganas del arranque. El guion es genérico y el dibujo se queda a medio camino, no va al límite como en los primeros episodios. No es un espanto ni mucho menos, pero es un pasito atrás respecto de un inicio tremendo, para una serie que no despegó.
Y por supuesto tenemos los siete episodios de Oro Blanco, todos de apenas ocho páginas, realizados por la dupla en 1980, cuando eran verdaderas máquinas de imaginar y producir obras maestras, perfectamente ensambladas. Oro Blanco es una historieta triste, desesperada, ambientada en la América profunda. La historia de Diego y su búsqueda frenética de María es desgarradora, teñida por una trama funesta de injusticias, tragedias y la clásica mala leche de Trillo. Todo lo que puede salir mal, saldrá mal y amplificará el volumen de la ordalía de este personaje que nos da una pena enorme. Imposible no conmoverse, no indignarse, no apasionarse con esta aventura más allá de la locura.
Y el dibujo de Breccia acá es demoledor. En las secuencias del "presente" dibuja en un estilo similar al de Alvar Mayor, pero con más preponderancia de la mancha negra. Y en el racconto, en la narración que hace Diego de los sucesos pasados, por el contrario: la mancha negra casi desaparece para dejar su lugar a unas texturas imposibles, exuberantes como las selvas que recorren los personajes. Los efectos de iluminación se reducen al mínimo y la línea precisa y filosa de Enrique gana un protagonismo alucinante. Esto hay que verlo para creerlo, porque es realmente fascinante.
Había leído Oro Negro en la Skorpio, hace mil años, y me la acordaba más breve y menos emocionante. Me encantó redescubrirla, y me encanta ahora atesorarla en la biblioteca.
La aventura desquiciada del protagonista de Oro Blanco, que lo lleva a atravesar pesares e infiernos imposibles por amor, se hizo carne en mí (como la indómita luz) cuando le entré a Cromwell Stone, por el hecho de ser fan de Andreas. Ay, Andreas, lo caro que me lo cobraste...
Lo que hace el alemán en estas páginas no tiene explicación. Por el lado del dibujo, esto es una maravilla que te quita el aliento en la primera página y no te lo devuelve nunca más. Es el preciosismo más extremo, más perfecto, una combinación mágica de todos los recursos que te puede ofrecer el blanco y negro, donde se nota en cada viñeta el mismo tiempo de trabajo que cualquier otro autor le pone a una página completa... o más. Cromwell Stone ofrece 46 páginas repletas de imágenes shockeantes, vibrantes, pregnantes, una sucesión bestial de viñetas que te atraviesan los ojos y se te clavan en la mente con una fuerza expresiva y una belleza gráfica indescriptibles.
El tema es lo que Andreas tiene para contar, y cómo lo cuenta. La trama es la nada misma: quiere evocar el misterio perturbador de un relato de H.P. Lovecraft pero apenas logra confundir al lector. No hay un énfasis en los momentos más dramáticos, pasan cosas que no se entienden, de las que (a veces) te enterás por los diálogos, entran y salen de escena personajes que no se llegan a explicar... Un despelote, mal organizado y mal resuelto, en el que la intriga en vez de generar tensión genera hastío, porque está mal planteada. Y para complicarla más, Andreas nos bombardea a lo largo de toda la obra con una variedad interminable de grillas atípicas, muy arriesgadas, algunas de las cuales potencian ciertos momentos de la narración y otras simplemente le añaden caos y confusión a una trama que de por sí no tiene sentido. Visualmente quedan muy lindas esas puestas locas con viñetas de formas y tamaños raros, pero muchas veces esto le patea en contra al flujo de una narración que ya de por sí viene enroscada en las bizarras contorsiones de un argumento entre críptico y trasnochado.
Cromwell Stone es un álbum para volverse loco con los dibujos, para ponerlo a Andreas muy arriba en el Olimpo de los maestros del plumín, pero como lectura es muy frustrante, porque casi nada de todo ese majestuoso despliegue visual contribuye a contar una historia sólida, o por lo menos eficaz. Una pena.
Sigo sumando especiales de 100 páginas que festejan los 80 años de los personajes más icónicos de DC Comics, y así llego a esta antología con nueve historias cortas protagonizadas por Wonder Woman, en sus distintas iteraciones. A la hora de este festejo, valen todas las versiones de Diana, más allá de los (no pocos) reboots que sufrió la historia "canónica" de la mítica superheroína. Veamos quiénes se sumaron a la celebración.
La primera historieta está bien, es un guion de Michael Conrad y Becky Cloonan situado en un momento en el que Diana estaba muerta, y Steve y Etta se juntaban para recordarla. Tiene momentos emotivos, buenos diálogos y dibujos correctos de Jim Cheung. La segunda es medio un delito: un breve prólogo a una novela gráfica para lectores infanto-juveniles, de esas que se venden en librerías, a cargo de Jordie Bellaire (la consagrada colorista) y Paulina Ganuchau, que dibuja en un estilo más cercano al de Steven Universe y otros dibujos animados contemporáneos. La tercera está escrita y dibujada por la gran Amy Reeder, que aprovecha estas ocho páginas para regalarnos los mejores dibujos de toda su carrera. El guion es livianito, tranqui, pero las pilas de Reeder están puestas en esa narración fluida, hiper-dinámica, ganchera, graciosa, hipnótica. Una delicia.
Después tenemos a los maestros Mark Waid y José Luis García López, con una no-aventura centrada en la interacción entre Diana y sus compañer@s de la Justice League of America, donde el esfuerzo está puesto en mostrarnos la chapa que tiene la amazona y cómo todos los demás superhéroes la toman como una referencia total en los distintos aspectos de sus vidas. Linda idea, hermosos dibujos, no mucho más. La quinta historia es mi favorita: Tom King y Evan "Doc" Shaner nos llevan a la era "Mod" en la que Diana no tenía poderes, para una comedia co-protagonizada junto a Superman y Lois Lane que no tiene desperdicio. Es una historia originalísima, afilada, con diálogos muy cómicos, situaciones brillantes y un dibujo realmente extraordinario.
Y de las cuatro historietas restantes, apenas puedo rescatar los dibujos. Isaac Goodhart me pareció bastante digno; Laura Braga también, aunque más dependiente del trabajo del colorista; lo mismo para Meghan Hetrick, también con páginas muy lindas y muy pensadas para que se luzca el color, más que el trazo; y un poquito más sólido lo vi a mi amigo brazuca (hincha de Racing) Marcio Takara. La verdad que con los cuatro últimos guiones no hacés uno mínimamente atractivo, pero estos cuatro laburantes del lápiz mal que mal los sacan a flote.
Hay otra antología de Wonder Woman, que celebra el nº 750, y creo que es anterior a esta. La tengo en la pila de los pendientes, así que eventualmente la vamos a ver por acá. Este especial, si bien no es todo grosso, tiene un nivel bastante aceptable y se le puede recomendar sin miedo a cualquier fan de la octogenaria princesa.
Vuelvo a internarme en la Comiqueando Digital, así que no sé cuándo voy a volver a postear por acá. Gracias por el aguante y si quieren venir, están invitad@s a sumarse este miércoles a las 22:30 a la transmisión en vivo de Agenda Abierta (como cada último miércoles del mes), en el canal de YouTube de Comiqueando. Nos vemos por ahí.
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Wonder Woman
lunes, 28 de diciembre de 2020
WONDER WOMAN 1984
¡Qué añito, DC! Muchísimas revistas canceladas, una cantidad brutal de empleados echados a la calle y dos películas, una más horrible que la otra.
Wonder Woman 1984 es un flagelo, un castigo de más de 150 minutos que sólo un masoquista se puede infligir a sí mismo. La primera película de la franquicia, la de 2017, estaba un poco floja de papeles, pero en el contexto de lo que había estrenado DC en 2016 la recibimos como un prodigio, como un regalo de la providencia. Esta, que llega después de otro largometraje tirando a bochornoso y muchos meses sin estrenos a causa de la pandemia, no tiene méritos para generar ningún tipo de entusiasmo, ni entre los más desesperados.
La directora Patty Jenkins nos regala una secuencia de apertura espectacular, una segunda secuencia simpática, una muy buena escenita entre los créditos y todo el resto del metraje es un verdadero calvario. Me aburrí muchísimo, como hacía mucho que no me aburría viendo cine. Todo el tiempo se me hizo obvio lo que iba a pasar y todo el tiempo me vi venir cosas absurdas y patéticas, que efectivamente sucedieron.
Pedro Pascal, el actor que interpreta a Maxwell Lord, al principio me cayó bien. Me pareció que darle a Lord ese filo histriónico, un poco exagerado, era coherente con cómo me imaginaba al personaje actuando en los comics de la Justice League. Pero con el correr de los minutos, Pascal se me fue haciendo cada vez más insufrible, más sobreactuado, más caricaturesco. Para el final ya me daba vergüenza ajena, ya era una especie de bufón lamentable que hundía cada escena bajo el peso de su propia ridiculez, tipo Richard Pryor en la tercera película de Superman. Y el tema del hijito, era obvio para dónde iba a disparar, desde la primera escena en la que lo muestran.
La actuación de Kristen Wiig, la chica que interpreta a Barbara Minerva, también va de mayor a menor. Me pareció copada cuando hace de nerd, insegura y torpe al estilo Clark Kent, y después, cuando el guion la lleva por otra senda (no quiero spoilear, pero supongo que todos saben en qué se puede convertir un personaje que se llama Barbara Minerva), pobre mina no pega una. Su función en la trama se empieza a diluir hasta desaparecer sin pena ni gloria en un tercer acto mucho más ilógico y titubeante que el de la primera peli de Wonder Woman.
A Chris Pine lo vi mejor que en la peli del 2017, más suelto en las escenas de comedia, siempre dentro del acotado margen que le otorga un personaje tan chato como Steve Trevor. Y por suerte Gal Gadot mantiene intacto su encanto y su carisma. Lástima el guion, que es malísimo. Toda la parte en la que viajan a Egipto no tiene razón de ser, te la podés saltear tranquilamente, porque la historia no avanza un milímetro. La escena de los fuegos artificiales, también, totalmente al pedo. Y uno entiende que el conflicto sea una boludez, y que al villano le puede ganar cualquiera de mis tías setentonas mientras miran la novela de la tarde, pero igual no tiene lógica que Diana, en vez de mandarse con todo a tratar de frenarlo, pierda tiempo en el medio de una crisis perfeccionando sus técnicas de vuelo. Eso lo podría hacer después de derrotar al villano.
¿Tiene sentido que la peli esté ambientada en 1984? Muy poco. Apenas sirve para mostrar la escalada demencial de rusos y yankis en materia de ojivas nucleares. Ni siquiera aprovechan lo más lindo que tenía 1984, que era la música. Según los créditos finales, en la peli suenan hits como Rio (de Duran Duran) y Cars (de Gary Numan). Yo ni me di cuenta, y eso que presté atención. Guiños comiqueros, detecté tres copados: el jet invisible, la armadura dorada que inventó Alex Ross y la aparición en un rol chiquito de Simon Stagg, el suegro de Metamorpho. Pero no alcanza para salvar del papelón a esta secuela. Lo único realmente notable es el cariño que tienen Gadot, Jenkins y los guionistas (entre los que está Geoff Johns) por Wonder Woman, cómo se esfuerzan todo el tiempo para convencerte de que esta mina, además de hermosa y poderosa, es noble, valiente, responsable, compasiva, con una integridad a prueba de balas. Pero la aventura en sí, me resultó catastrófica. Voy a tener que leer críticas excelentes para animarme a mirar una tercera película de Wonder Woman a cargo de esta misma gente…
Ah, y estoy leyendo un comic. Es largo, ténganme paciencia. Ni bien lo termine, sale reseña. Gracias y nos reencontramos pronto, acá en el blog.
miércoles, 12 de septiembre de 2018
MIERCOLES DE MUJERES
Por fin tengo un rato para escribir reseñas…
En 2016, y después de mucho franeleo previo, Grant Morrison nos obsequió su versión de Wonder Woman, como parte de la línea Earth One. La novela gráfica me generó una enorme expectativa, porque soy fan del Genio de Glasgow, de Wonder Woman y de Yanick Paquette, el dibujante elegido para ponerle imagen a las ideas de Morrison. Esta vez, el resultado no estuvo a la altura de la expectativa. Los dos primeros tercios de la novela (unas 70 páginas) nos cuentan el origen de Wonder Woman, básicamente la historia que ya nos sabemos de memoria, con mínimas modificaciones y con bastante habilidad por parte del guionista para no dejar nada afuera: ni los elementos bizarros de la versión original del personaje (el rayo púrpura, el barro que cobra vida, el avión invisible, el torneo entre las Amazonas, etc.) ni los que se sumaron en tiempos más recientes (el rol de Heracles, la mayor integración de elementos mitológicos, la total naturalidad de las parejas lésbicas entre las súbditas de Hippolyta). A Morrison se le ocurre estructurar gran parte de la novela como si fuera un juicio, lo cual permite la entrada y salida de personajes que aportan sus testimonios a modo de flashbacks, para que dilucidemos junto con los protagonistas qué eventos llevaron a Diana a estar prisionera (atada con cadenas, típicas de los episodios de la Golden Age) en su propia tierra.
En el último tramo la novela mejora considerablemente y empiezan a pasar cosas que no estaban en el marco de lo obvio. Paradojas del destino, el personaje que más onda le insufla a la novela es Etta Candy, quien en las historias clásicas era un lastre, un personaje que quería ser simpático y resultaba insufrible, casi peor que Jimmy Olsen. Y el pobre Steve Trevor (en esta versión un milico afroamericano) aparece muchísimo pero se luce muy poco. Con el verdadero rol de Diana revelado y con una excusa bastante coherente para que la princesa amazona interactúe con el mundo patriarcal, Morrison dice “hasta acá llegamos” y cierra este primer episodio de modo bastante decoroso.
Paquette, por su parte, se queda a mitad de camino. Arranca a un nivel glorioso, sorprende con el diseño de las páginas, con esas viñetas ornamentadas y desplegadas casi con la calidad de J.H. Williams III en Promethea, pero pasada la página 16 entra en la modalidad de mezquinar horrendamente los fondos y repite mucho el plano general en el que las (bellísimas) mujeres aparecen de cuerpo entero mirando a cámara. En realidad son unos cuantos los planos que se repiten mil veces a lo largo de la novela y si bien hay momentos de más riesgo, o de más impacto, la sensación que me queda es la de un dibujante decidido a apostar a lo seguro, a no complicarse la vida y a complacer a los fanáticos de lo que los yankis llaman “good girl art”. Una pena, porque Paquette demostró que está para más, que tiene talento de sobra para aspirar a metas más ambiciosas que clonar correctamente a Frank Cho. Sin dudas esta primera novela me copó menos de lo que esperaba, pero todavía hay margen como para (eventualmente) darle una posibilidad al Vol.2.
Tarde pero seguro, me toca empezar con el material argentino publicado en 2018, y en este caso es un librito de humor gráfico, donde hay poca narrativa secuencial. La poca que hay está lastrada por la decisión de la autora, Tiana, de pensar todas las viñetas del mismo tamaño. De hecho, TODA su producción parece ser del mismo tamaño y en el librito algunas viñetas aparecen de a cuatro por página y otras a página completa. Pero sospecho que Tiana realizó estas viñetas para la web y ahí aparecieron todas en un mismo tamaño.
Por suerte me encontré con un dibujo muy logrado, obra de una autora sumamente afianzada en un estilo, con algún problema menor en las viñetas en las que los fondos son muy oscuros, que quizás se deba a un malentendido de la imprenta. Y lo más interesante: este dibujo plástico, amistoso, de fácil comprensión, casi icónico, está puesto al servicio de chistes realmente graciosos, que funcionan muy bien. Tiana juega al stand-up comedy con reflexiones agudas sobre temas cotidianos (muy apuntadas al target de mujeres de 25-35), pero también aborda temas como las redes sociales, los juegos de palabras (sumamente ingeniosos) y el humor nerd, con chistes que van de Star Wars y la Liga de la Justicia a Game of Thrones, Mario Bros., Alf o el dinosaurio Barney, sin dejar de lado todo tipo de vampiros, robots y alienígenas. O sea que me gustó mucho el dibujo y me reí bastante, dos puntos cruciales a la hora de evaluar un libro de humor gráfico. Si aparecen nuevas recopilaciones de chistes de Tiana (sobre todo de una sóla viñeta), cuenten conmigo para comprarlas.
Y no hay nada más, por ahora. Creo que este finde estoy en Paysandú, Uruguay, así que no sé si voy a poder postear en breve, o recién la semana que viene. Muchas gracias a todos los que se acercaron a saludarme en el FIC de Santiago de Chile y nos reencontramos pronto, acá en el blog.
En 2016, y después de mucho franeleo previo, Grant Morrison nos obsequió su versión de Wonder Woman, como parte de la línea Earth One. La novela gráfica me generó una enorme expectativa, porque soy fan del Genio de Glasgow, de Wonder Woman y de Yanick Paquette, el dibujante elegido para ponerle imagen a las ideas de Morrison. Esta vez, el resultado no estuvo a la altura de la expectativa. Los dos primeros tercios de la novela (unas 70 páginas) nos cuentan el origen de Wonder Woman, básicamente la historia que ya nos sabemos de memoria, con mínimas modificaciones y con bastante habilidad por parte del guionista para no dejar nada afuera: ni los elementos bizarros de la versión original del personaje (el rayo púrpura, el barro que cobra vida, el avión invisible, el torneo entre las Amazonas, etc.) ni los que se sumaron en tiempos más recientes (el rol de Heracles, la mayor integración de elementos mitológicos, la total naturalidad de las parejas lésbicas entre las súbditas de Hippolyta). A Morrison se le ocurre estructurar gran parte de la novela como si fuera un juicio, lo cual permite la entrada y salida de personajes que aportan sus testimonios a modo de flashbacks, para que dilucidemos junto con los protagonistas qué eventos llevaron a Diana a estar prisionera (atada con cadenas, típicas de los episodios de la Golden Age) en su propia tierra.
En el último tramo la novela mejora considerablemente y empiezan a pasar cosas que no estaban en el marco de lo obvio. Paradojas del destino, el personaje que más onda le insufla a la novela es Etta Candy, quien en las historias clásicas era un lastre, un personaje que quería ser simpático y resultaba insufrible, casi peor que Jimmy Olsen. Y el pobre Steve Trevor (en esta versión un milico afroamericano) aparece muchísimo pero se luce muy poco. Con el verdadero rol de Diana revelado y con una excusa bastante coherente para que la princesa amazona interactúe con el mundo patriarcal, Morrison dice “hasta acá llegamos” y cierra este primer episodio de modo bastante decoroso.
Paquette, por su parte, se queda a mitad de camino. Arranca a un nivel glorioso, sorprende con el diseño de las páginas, con esas viñetas ornamentadas y desplegadas casi con la calidad de J.H. Williams III en Promethea, pero pasada la página 16 entra en la modalidad de mezquinar horrendamente los fondos y repite mucho el plano general en el que las (bellísimas) mujeres aparecen de cuerpo entero mirando a cámara. En realidad son unos cuantos los planos que se repiten mil veces a lo largo de la novela y si bien hay momentos de más riesgo, o de más impacto, la sensación que me queda es la de un dibujante decidido a apostar a lo seguro, a no complicarse la vida y a complacer a los fanáticos de lo que los yankis llaman “good girl art”. Una pena, porque Paquette demostró que está para más, que tiene talento de sobra para aspirar a metas más ambiciosas que clonar correctamente a Frank Cho. Sin dudas esta primera novela me copó menos de lo que esperaba, pero todavía hay margen como para (eventualmente) darle una posibilidad al Vol.2.
Tarde pero seguro, me toca empezar con el material argentino publicado en 2018, y en este caso es un librito de humor gráfico, donde hay poca narrativa secuencial. La poca que hay está lastrada por la decisión de la autora, Tiana, de pensar todas las viñetas del mismo tamaño. De hecho, TODA su producción parece ser del mismo tamaño y en el librito algunas viñetas aparecen de a cuatro por página y otras a página completa. Pero sospecho que Tiana realizó estas viñetas para la web y ahí aparecieron todas en un mismo tamaño.
Por suerte me encontré con un dibujo muy logrado, obra de una autora sumamente afianzada en un estilo, con algún problema menor en las viñetas en las que los fondos son muy oscuros, que quizás se deba a un malentendido de la imprenta. Y lo más interesante: este dibujo plástico, amistoso, de fácil comprensión, casi icónico, está puesto al servicio de chistes realmente graciosos, que funcionan muy bien. Tiana juega al stand-up comedy con reflexiones agudas sobre temas cotidianos (muy apuntadas al target de mujeres de 25-35), pero también aborda temas como las redes sociales, los juegos de palabras (sumamente ingeniosos) y el humor nerd, con chistes que van de Star Wars y la Liga de la Justicia a Game of Thrones, Mario Bros., Alf o el dinosaurio Barney, sin dejar de lado todo tipo de vampiros, robots y alienígenas. O sea que me gustó mucho el dibujo y me reí bastante, dos puntos cruciales a la hora de evaluar un libro de humor gráfico. Si aparecen nuevas recopilaciones de chistes de Tiana (sobre todo de una sóla viñeta), cuenten conmigo para comprarlas.
Y no hay nada más, por ahora. Creo que este finde estoy en Paysandú, Uruguay, así que no sé si voy a poder postear en breve, o recién la semana que viene. Muchas gracias a todos los que se acercaron a saludarme en el FIC de Santiago de Chile y nos reencontramos pronto, acá en el blog.
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martes, 30 de mayo de 2017
WONDER WOMAN
La película me gustó bastante. De hecho, me gustó mucho más que las dos de DC que vi el año pasado (Batman vs. Superman y Suicide Squad) y creo que un poco más que Man of Steel. Peeero… veo que este film está generando una expectativa enorme, desmedida, sobre todo entre los fans hardcore de DC, que apuestan hasta los riñones a que Wonder Woman sea la gema absoluta, la gloria, la hiper-película que consagre de una vez y para siempre a esta versión fílmica del Universo DC y lo haga parecer tan sólido y tan confiable como es hoy el universo cinemático de Marvel. A esos talibanes de DC les digo: vamo´a calmarnos.
El largometraje dirigido por Patty Jenkins es un entretenimiento digno, por momentos muy bien logrado, pero no es la gloria. Es una buena historia de origen, con un criterio para dejar o sacar elementos de los orígenes de Wonder Woman que ya vimos en los comics tan discutible como el de las otras películas basadas en superhéroes.
No vayas esperando la Wonder Woman de George Pérez recreada con seres humanos, porque nada que ver. Si lo que te copa es la mitología griega, tampoco te emociones. Hay una amenaza grossa basada en este aspecto de la historia del personaje, pero los dioses aparecen MUY poco. De hecho, ni siquiera se nombra a ninguna de las diosas (Diana no dice nunca “Great Hera!”).
Si querés mucha interacción el resto de las pelis de DC, o escenas que te ceben con lo que puede pasar en Justice League, tampoco lo vas a encontrar. Ni siquiera hay una escenita post-créditos como para conectar a esta peli con las otras. Aparece la famosa foto que vimos en Batman vs. Superman, pero acá tampoco nos explican por qué después de esta primera aventura Wonder Woman se mantuvo casi 100 años oculta de los ojos de la humanidad.
¿Por qué el origen se sitúa en la Primera Guerra Mundial y no en la Segunda, como lo imaginó William Moulton Marston? Ni idea, el guión de la peli no se lo pregunta en ningún momento. Yo sospecho que es para que el villano no sea Adolf Hitler. Y hablando de los villanos, son un punto muy alto en la película.
En general, los 141 minutos transcurren a buen ritmo, casi no hay escenas que se hagan muy densas. Lo mejor que tiene el film es el equilibrio: hay muerte, violencia y destrucción, pero no es una película demasiado oscura, ni retorcida, ni solemne. También hay algunos chistes, pero nunca se sienten forzados ni fuera de lugar. Gal Gadot está muy bien en el papel, y tiene mucha química con Chris Pine (en la pantalla, porque tengo entendido que en la vida real este pseudo-Matt Damon no se franelea ni en pedo con mujeres). Pine no me pareció un gran actor ni mucho menos, pero su personaje está muy bien tratado por los guionistas. Lo cual tiene sentido si pensamos que metió mucha mano Allan Heinberg, guionista de esa etapa de WW en la que Tom “Nemesis” Tresser cumplía un rol bastante similar al que cumple Steve Trevor en esta historia.
Ya que hablábamos de sexualidades alternativas, olvidate de que la peli se haga cargo de esta onda ya blanqueada en los comics de que las amazonas “se hacen mimos” entre ellas. Diana jamás mira con ojos “cariñosos” a ninguna mujer y sólo si observás MUY finito vas a ver que cuando muere… una amazona, hay otra que la llora como la lloraría una viuda.
¿Querés una machaca hiper-épica al nivel de los últimos 30-35 minutos de Batman vs. Superman? Tampoco la vas a encontrar. Acá hay un mix mejor logrado entre batallas y desarrollo de personajes y una trama más lógica, con menos saltos al vacío. Lo único que no cierra por ningún lado es cómo Diana y Steve llegan de Themiscyra a Londres sin el avión invisible, uno de los tantos elementos bizarrísimos de la versión clásica de Wonder Woman que la peli dejó afuera. Pero también dejó afuera algo que a mí siempre me pareció alucinante, y que habría sido re-ganchero en pantalla grande: el concurso entre las amazonas para ver quién va al mundo patriarcal junto a Steve Trevor.
¿Dije “pantalla grande”? Tuve la oportunidad de ver la peli en una pantalla gigantesca, de 14 metros por 25, y la verdad que es importante verla en un tamaño power para disfrutar del gran laburo que tiene el film en rubros como la fotografía, los decorados, los trajes, y obviamente esas batallas a todo o nada, en las que se abusa un poquito del efecto de las piruetas en cámara lenta, pero están muy bien.
Si sos fan de Diana y querés que ese ejemplo de mina (fuerte, hermosa, compasiva, decidida, ingeniosa e ingenua a la vez, la guerrera perfecta que lucha por la paz), llegue a muchísimos chicos y chicas que hasta ahora nunca leyeron un comic, ponete contento/a: la escencia del personaje, todo eso que nos hace querer y admirar a Wonder Woman, está muy bien plasmado en la película. Quizás ese sea el mayor logro de Patty Jenkins y su equipo.
El largometraje dirigido por Patty Jenkins es un entretenimiento digno, por momentos muy bien logrado, pero no es la gloria. Es una buena historia de origen, con un criterio para dejar o sacar elementos de los orígenes de Wonder Woman que ya vimos en los comics tan discutible como el de las otras películas basadas en superhéroes.
No vayas esperando la Wonder Woman de George Pérez recreada con seres humanos, porque nada que ver. Si lo que te copa es la mitología griega, tampoco te emociones. Hay una amenaza grossa basada en este aspecto de la historia del personaje, pero los dioses aparecen MUY poco. De hecho, ni siquiera se nombra a ninguna de las diosas (Diana no dice nunca “Great Hera!”).
Si querés mucha interacción el resto de las pelis de DC, o escenas que te ceben con lo que puede pasar en Justice League, tampoco lo vas a encontrar. Ni siquiera hay una escenita post-créditos como para conectar a esta peli con las otras. Aparece la famosa foto que vimos en Batman vs. Superman, pero acá tampoco nos explican por qué después de esta primera aventura Wonder Woman se mantuvo casi 100 años oculta de los ojos de la humanidad.
¿Por qué el origen se sitúa en la Primera Guerra Mundial y no en la Segunda, como lo imaginó William Moulton Marston? Ni idea, el guión de la peli no se lo pregunta en ningún momento. Yo sospecho que es para que el villano no sea Adolf Hitler. Y hablando de los villanos, son un punto muy alto en la película.
En general, los 141 minutos transcurren a buen ritmo, casi no hay escenas que se hagan muy densas. Lo mejor que tiene el film es el equilibrio: hay muerte, violencia y destrucción, pero no es una película demasiado oscura, ni retorcida, ni solemne. También hay algunos chistes, pero nunca se sienten forzados ni fuera de lugar. Gal Gadot está muy bien en el papel, y tiene mucha química con Chris Pine (en la pantalla, porque tengo entendido que en la vida real este pseudo-Matt Damon no se franelea ni en pedo con mujeres). Pine no me pareció un gran actor ni mucho menos, pero su personaje está muy bien tratado por los guionistas. Lo cual tiene sentido si pensamos que metió mucha mano Allan Heinberg, guionista de esa etapa de WW en la que Tom “Nemesis” Tresser cumplía un rol bastante similar al que cumple Steve Trevor en esta historia.
Ya que hablábamos de sexualidades alternativas, olvidate de que la peli se haga cargo de esta onda ya blanqueada en los comics de que las amazonas “se hacen mimos” entre ellas. Diana jamás mira con ojos “cariñosos” a ninguna mujer y sólo si observás MUY finito vas a ver que cuando muere… una amazona, hay otra que la llora como la lloraría una viuda.
¿Querés una machaca hiper-épica al nivel de los últimos 30-35 minutos de Batman vs. Superman? Tampoco la vas a encontrar. Acá hay un mix mejor logrado entre batallas y desarrollo de personajes y una trama más lógica, con menos saltos al vacío. Lo único que no cierra por ningún lado es cómo Diana y Steve llegan de Themiscyra a Londres sin el avión invisible, uno de los tantos elementos bizarrísimos de la versión clásica de Wonder Woman que la peli dejó afuera. Pero también dejó afuera algo que a mí siempre me pareció alucinante, y que habría sido re-ganchero en pantalla grande: el concurso entre las amazonas para ver quién va al mundo patriarcal junto a Steve Trevor.
¿Dije “pantalla grande”? Tuve la oportunidad de ver la peli en una pantalla gigantesca, de 14 metros por 25, y la verdad que es importante verla en un tamaño power para disfrutar del gran laburo que tiene el film en rubros como la fotografía, los decorados, los trajes, y obviamente esas batallas a todo o nada, en las que se abusa un poquito del efecto de las piruetas en cámara lenta, pero están muy bien.
Si sos fan de Diana y querés que ese ejemplo de mina (fuerte, hermosa, compasiva, decidida, ingeniosa e ingenua a la vez, la guerrera perfecta que lucha por la paz), llegue a muchísimos chicos y chicas que hasta ahora nunca leyeron un comic, ponete contento/a: la escencia del personaje, todo eso que nos hace querer y admirar a Wonder Woman, está muy bien plasmado en la película. Quizás ese sea el mayor logro de Patty Jenkins y su equipo.
jueves, 30 de marzo de 2017
TARDE DE JUEVES
Es jueves a la tarde, tengo un rato al pedo y un par de libritos leídos, así que vamos a ver qué sale…
Finalmente me clavé el sexto y último tomo de Wonder Woman de Brian Azzarello, y sí, es lo mejor del New 52, por amplio margen. Por muchos motivos, principalmente porque es una historia jugada, rupturista, narrada en forma aislada del resto del universo, un verdadero comic de autor protagonizado por un personaje emblemático del mainstream. Algo que DC cada tanto le deja hacer a algún autor importante, pero no con un ícono de primera línea como es Wonder Woman. Por otro lado, Azzarello no deja de sorprender nunca. Cada giro argumental es menos predecible que el anterior… excepto el del hijito de Zola, que se veía venir desde el primer tomo. Pero pasan muchas cosas grossas, y pasan de modo orgánico, natural, no parecen manotazos de ahogado de un guionista que abrió muchas puntas y ahora las tiene que cerrar de golpe, sin saber bien cómo.
La entrada y salida de este amplísimo elenco de personajes es coherente, es prolija, obedece siempre a momentos cruciales en la trama. Los diálogos están afiladísimos, el villano tiene motivos para arriesgar todo lo que arriesga en la pelea final, la brutalidad de la machaca no nos distrae nunca de la magnitud de lo que está en juego en cada combate, y para el final uno quiere a Diana mucho más que al principio, la admira mucho más, la banca mucho más en cada decisión que toma.
El dibujo se mantiene a lo largo de todo el tomo en un nivel altísimo, gracias a los relevos entre Cliff Chiang y Goran Sudzuka, ambos comprometidísimos, dispuestos a no guardarse nada, y además muy potenciados por la labor del colorista Matt Wilson. Una vez terminada la epopeya final, el tomo ofrece las 12 páginas de esa especie de “año cero” que escribió Azzarello para un número de la revista Secret Origins, una comedia recontra-queer que termina con la llegada de Steve Trevor a Themiscyra. Para estas páginas, Matt Wilson acomoda su paleta para jugarse a colores más planos y más intensos, mientras que Sudzuka recrea con su trazo el estilo de las mejores historietas románticas de fines de los ´60, con vestigios de Mike Sekowski y Alex Toth. Una joyita en clave retro, pero transgresora hasta el final.
Por otro lado, en 2016 salió el Vol.2 de Brunella, que recopila otras 60 planchas de la historieta creada por J.J. Rovella para la revista Comic.ar. La verdad que es poco lo que puedo agregar respecto de la reseña del Vol.1 (23/07/14), así que recomiendo revisitarla.
Lo más importante es que a lo largo de estas 60 planchas, Rovella desarrolla hasta las últimas consecuencias ese núcleo argumental que se planteaba sobre el final del Vol.1. Este segundo tomito es básicamente la resolución de ese planteo, un largo y penoso tránsito hacia un final no feliz ni mucho menos, pero no tan desolador como el del primer tomo.
El resto, ya lo dije en su momento: buenísimo el dibujo, impresionante el manejo del autor de los recursos iconográficos que le permiten narrar todo esto sin palabras, tremendo el impacto que genera la combinación de un formato y una estética de tira humorística con una temática tan acuciante, tan desgarradora como la de una nena sumida en la miseria y la marginalidad.
Y el enigma que sigo sin descifrar, que es a qué público está apuntada esta historieta. De a poco me va cerrando la posibilidad de que Brunella sea un comic pensado principalmente para los talibanes de Rovella, los que lo tenemos allá arriba y le compramos cualquier cosa que lleve su firma. En el último tiempo, el personaje reapareció en “chistes” de una sóla viñeta, a color y con textos, que circulan con éxito en las redes sociales y en cualquier momento van a parar a un libro en una editorial más grande, más mainstream. Quizás entonces nos llegue la revancha a los “rovellistas” que sufrimos con las privaciones, la angustia, la sordidez que el autor nos mostró y nos hizo sentir con estas historietas tan extrañas y tan difíciiles de olvidar.
Vuelvo la semana que viene con nuevas reseñas. Si estás al pedo sábado o domingo, venite a Sismicomix, que la vamos a pasar bárbaro. Voy a estar ahí conduciendo algunas charlas con autores muy grossos, y con una mesa repleta de papa finísima a precios cuidados. La data completa del evento está acá: https://www.facebook.com/events/277068702721483/
Finalmente me clavé el sexto y último tomo de Wonder Woman de Brian Azzarello, y sí, es lo mejor del New 52, por amplio margen. Por muchos motivos, principalmente porque es una historia jugada, rupturista, narrada en forma aislada del resto del universo, un verdadero comic de autor protagonizado por un personaje emblemático del mainstream. Algo que DC cada tanto le deja hacer a algún autor importante, pero no con un ícono de primera línea como es Wonder Woman. Por otro lado, Azzarello no deja de sorprender nunca. Cada giro argumental es menos predecible que el anterior… excepto el del hijito de Zola, que se veía venir desde el primer tomo. Pero pasan muchas cosas grossas, y pasan de modo orgánico, natural, no parecen manotazos de ahogado de un guionista que abrió muchas puntas y ahora las tiene que cerrar de golpe, sin saber bien cómo.
La entrada y salida de este amplísimo elenco de personajes es coherente, es prolija, obedece siempre a momentos cruciales en la trama. Los diálogos están afiladísimos, el villano tiene motivos para arriesgar todo lo que arriesga en la pelea final, la brutalidad de la machaca no nos distrae nunca de la magnitud de lo que está en juego en cada combate, y para el final uno quiere a Diana mucho más que al principio, la admira mucho más, la banca mucho más en cada decisión que toma.
El dibujo se mantiene a lo largo de todo el tomo en un nivel altísimo, gracias a los relevos entre Cliff Chiang y Goran Sudzuka, ambos comprometidísimos, dispuestos a no guardarse nada, y además muy potenciados por la labor del colorista Matt Wilson. Una vez terminada la epopeya final, el tomo ofrece las 12 páginas de esa especie de “año cero” que escribió Azzarello para un número de la revista Secret Origins, una comedia recontra-queer que termina con la llegada de Steve Trevor a Themiscyra. Para estas páginas, Matt Wilson acomoda su paleta para jugarse a colores más planos y más intensos, mientras que Sudzuka recrea con su trazo el estilo de las mejores historietas románticas de fines de los ´60, con vestigios de Mike Sekowski y Alex Toth. Una joyita en clave retro, pero transgresora hasta el final.
Por otro lado, en 2016 salió el Vol.2 de Brunella, que recopila otras 60 planchas de la historieta creada por J.J. Rovella para la revista Comic.ar. La verdad que es poco lo que puedo agregar respecto de la reseña del Vol.1 (23/07/14), así que recomiendo revisitarla.
Lo más importante es que a lo largo de estas 60 planchas, Rovella desarrolla hasta las últimas consecuencias ese núcleo argumental que se planteaba sobre el final del Vol.1. Este segundo tomito es básicamente la resolución de ese planteo, un largo y penoso tránsito hacia un final no feliz ni mucho menos, pero no tan desolador como el del primer tomo.
El resto, ya lo dije en su momento: buenísimo el dibujo, impresionante el manejo del autor de los recursos iconográficos que le permiten narrar todo esto sin palabras, tremendo el impacto que genera la combinación de un formato y una estética de tira humorística con una temática tan acuciante, tan desgarradora como la de una nena sumida en la miseria y la marginalidad.
Y el enigma que sigo sin descifrar, que es a qué público está apuntada esta historieta. De a poco me va cerrando la posibilidad de que Brunella sea un comic pensado principalmente para los talibanes de Rovella, los que lo tenemos allá arriba y le compramos cualquier cosa que lleve su firma. En el último tiempo, el personaje reapareció en “chistes” de una sóla viñeta, a color y con textos, que circulan con éxito en las redes sociales y en cualquier momento van a parar a un libro en una editorial más grande, más mainstream. Quizás entonces nos llegue la revancha a los “rovellistas” que sufrimos con las privaciones, la angustia, la sordidez que el autor nos mostró y nos hizo sentir con estas historietas tan extrañas y tan difíciiles de olvidar.
Vuelvo la semana que viene con nuevas reseñas. Si estás al pedo sábado o domingo, venite a Sismicomix, que la vamos a pasar bárbaro. Voy a estar ahí conduciendo algunas charlas con autores muy grossos, y con una mesa repleta de papa finísima a precios cuidados. La data completa del evento está acá: https://www.facebook.com/events/277068702721483/
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viernes, 3 de marzo de 2017
ACA NO HACEMOS PARO
Paran los docentes, paran los futbolistas y a la larga van a parar todos los sindicatos de todas las actividades, porque es evidente que este gobierno se quiere llevar puestos a todos y a todo. Pero bueno, el blog sigue adelante y mientras tenga ratos libres para leer y escribir, no van a faltar las reseñas.
Arranco en EEUU, en 2015, cuando DC lanza el Vol.5 de los tomos que recopilan la gloriosa etapa de Wonder Woman a cargo de Brian Azzarello, Cliff Chiang y su suplente de lujo, Goran Sudzuka. No me quiero repetir, así que recomiendo repasar las reseñas de los tomos anteriores (la del Vol.4 se publicó el 23/12/15, en los albores de la Revolución de la Alegría). El Vol.5 le pone un final prematuro al reinado de Apollo en el Olimpo, no sin antes permitirle protagonizar las escenas de tortura más escabrosas y con más mala leche que me tocó leer en el último tiempo. Otros dioses con bastante peso en este segmento de la saga son Hera, Artemis, Hermes y Dionysus, uno que hasta ahora había aparecido poco y nada, y al que Azzarello trae del banco de suplentes para que salga a la cancha y la termine de embarrar. Todo esto sin dejar de lado a Zora y Zeke, al First Born (que demuestra en la práctica la infinita chapa que parecía tener en los episodios previos y cuyo origen resulta tan épico como estremecedor) y a Orion, aunque para la mitad del tomo desaparece y no lo vemos más, ni nadie lo vuelve a mencionar ni siquiera para preguntar “che, ¿qué pasó con Orion, que no volvió a aparecer?”. Tranqui, está lo más bien, atajando en Racing :P
Son muchos personajes, porque además hay una villana bien marcada (Cassandra), un ejército que responde al First Born y muchos más. Sin embargo, Azzarello los hace entrar y salir de escena a todos de modo claro, ordenado, coherente. La trama es compleja y hasta que no reaparezca Zeus no se va a simplificar. Pero está claro que el próximo tomo es el último, por eso sobre el final de este Vol.5 el guionista cruza varios rubicones y deja a Diana definitivamente establecida como Diosa de la Guerra, algo de lo que (por supuesto) jamás se hicieron cargo en ninguna de las apariciones de la heroína fuera de esta revista. Lo cierto es que tenemos mucho desarrollo de personajes, excelentes diálogos, una intriga familiar y política irresistible y un nivel de machaca que te deja absorto. Los dos dibujantes, Chiang y Sudzuka, le ponen el alma a esta saga como nunca antes lo habían hecho. Su principal logro consiste en dotar de elegancia y sobriedad a un comic por momentos muy pasado de rosca en materia de violencia, muerte y destrucción. Prometo liquidar muy pronto el Vol.6, ni en pedo me aguanto otros 14 meses y medio para saber cómo sigue esta hiper-epopeya con la que Azzarello dio cátedra de cómo se hace comic de autor adentro del mainstream.
Por otro lado, el 08/02/16 me tocaba reseñar (entre otros) el Vol.1 de Artemis, la serie de aventura, fantasía y ciencia-ficción creada por Ariel Grichener y Guillermo Villarreal. Ahora voy por el Vol.2, llamado Ejército de Sombras, y a nivel dibujo tengo para decir exactamente lo mismo que dije la vez pasada, así que recomiendo releer la reseña del Vol.1.
En cuanto al guión, esta vez Grichener abre el juego a más personajes, le otorga una chapa descomunal al enano Claus y (una vez más) deja algunas puntas abiertas para explorar en futuras entregas. La historia está bien, es divertida, pero me encuentro con dos trabas a la hora de recomendarla. Por un lado, esta vez se me hizo más evidente la fórmula que usa Grichener para escribir estas historias, todo me sorprendió un poco menos que la primera vez, me pareció más obvio. Y por otro lado, los diálogos, que suenan muy antiguos, muy acartonados. No te pido que personajes de un mundo tecno-medieval onda He-Man digan “¿qué hacé, vieja, todo liso?”… pero diálogos como “Ya te tengo… es tu fin…” y el uso constante del imperativo para contarnos lo que van a hacer los personajes (“debo hacer esto”, “debemos hacer lo otro”…) están al límite de tomar por boludo al lector. En las primeras dos páginas, Grichener acompaña una secuencia muda con bloques de texto muy bien escritos, con cierto vuelo poético al estilo Robin Wood, pero enseguida los deja de usar. Una pena. Lo más rescatable del guión es, una vez más, el ritmo, la capacidad de Grichener de darle a cada secuencia la cantidad exacta de viñetas que necesita para mantener el interés del lector, sin estirar ni apurar groseramente el flujo del relato.
Ya tengo leído un librito más, así que en cualquier momento volvemos con más reseñas. Y creo que queda alguna vacante para el seminario sobre Historia de los Superhéroes, así que si sos de Buenos Aires o aledaños, anotate y nos vemos el lunes.
Arranco en EEUU, en 2015, cuando DC lanza el Vol.5 de los tomos que recopilan la gloriosa etapa de Wonder Woman a cargo de Brian Azzarello, Cliff Chiang y su suplente de lujo, Goran Sudzuka. No me quiero repetir, así que recomiendo repasar las reseñas de los tomos anteriores (la del Vol.4 se publicó el 23/12/15, en los albores de la Revolución de la Alegría). El Vol.5 le pone un final prematuro al reinado de Apollo en el Olimpo, no sin antes permitirle protagonizar las escenas de tortura más escabrosas y con más mala leche que me tocó leer en el último tiempo. Otros dioses con bastante peso en este segmento de la saga son Hera, Artemis, Hermes y Dionysus, uno que hasta ahora había aparecido poco y nada, y al que Azzarello trae del banco de suplentes para que salga a la cancha y la termine de embarrar. Todo esto sin dejar de lado a Zora y Zeke, al First Born (que demuestra en la práctica la infinita chapa que parecía tener en los episodios previos y cuyo origen resulta tan épico como estremecedor) y a Orion, aunque para la mitad del tomo desaparece y no lo vemos más, ni nadie lo vuelve a mencionar ni siquiera para preguntar “che, ¿qué pasó con Orion, que no volvió a aparecer?”. Tranqui, está lo más bien, atajando en Racing :P
Son muchos personajes, porque además hay una villana bien marcada (Cassandra), un ejército que responde al First Born y muchos más. Sin embargo, Azzarello los hace entrar y salir de escena a todos de modo claro, ordenado, coherente. La trama es compleja y hasta que no reaparezca Zeus no se va a simplificar. Pero está claro que el próximo tomo es el último, por eso sobre el final de este Vol.5 el guionista cruza varios rubicones y deja a Diana definitivamente establecida como Diosa de la Guerra, algo de lo que (por supuesto) jamás se hicieron cargo en ninguna de las apariciones de la heroína fuera de esta revista. Lo cierto es que tenemos mucho desarrollo de personajes, excelentes diálogos, una intriga familiar y política irresistible y un nivel de machaca que te deja absorto. Los dos dibujantes, Chiang y Sudzuka, le ponen el alma a esta saga como nunca antes lo habían hecho. Su principal logro consiste en dotar de elegancia y sobriedad a un comic por momentos muy pasado de rosca en materia de violencia, muerte y destrucción. Prometo liquidar muy pronto el Vol.6, ni en pedo me aguanto otros 14 meses y medio para saber cómo sigue esta hiper-epopeya con la que Azzarello dio cátedra de cómo se hace comic de autor adentro del mainstream.
Por otro lado, el 08/02/16 me tocaba reseñar (entre otros) el Vol.1 de Artemis, la serie de aventura, fantasía y ciencia-ficción creada por Ariel Grichener y Guillermo Villarreal. Ahora voy por el Vol.2, llamado Ejército de Sombras, y a nivel dibujo tengo para decir exactamente lo mismo que dije la vez pasada, así que recomiendo releer la reseña del Vol.1.
En cuanto al guión, esta vez Grichener abre el juego a más personajes, le otorga una chapa descomunal al enano Claus y (una vez más) deja algunas puntas abiertas para explorar en futuras entregas. La historia está bien, es divertida, pero me encuentro con dos trabas a la hora de recomendarla. Por un lado, esta vez se me hizo más evidente la fórmula que usa Grichener para escribir estas historias, todo me sorprendió un poco menos que la primera vez, me pareció más obvio. Y por otro lado, los diálogos, que suenan muy antiguos, muy acartonados. No te pido que personajes de un mundo tecno-medieval onda He-Man digan “¿qué hacé, vieja, todo liso?”… pero diálogos como “Ya te tengo… es tu fin…” y el uso constante del imperativo para contarnos lo que van a hacer los personajes (“debo hacer esto”, “debemos hacer lo otro”…) están al límite de tomar por boludo al lector. En las primeras dos páginas, Grichener acompaña una secuencia muda con bloques de texto muy bien escritos, con cierto vuelo poético al estilo Robin Wood, pero enseguida los deja de usar. Una pena. Lo más rescatable del guión es, una vez más, el ritmo, la capacidad de Grichener de darle a cada secuencia la cantidad exacta de viñetas que necesita para mantener el interés del lector, sin estirar ni apurar groseramente el flujo del relato.
Ya tengo leído un librito más, así que en cualquier momento volvemos con más reseñas. Y creo que queda alguna vacante para el seminario sobre Historia de los Superhéroes, así que si sos de Buenos Aires o aledaños, anotate y nos vemos el lunes.
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viernes, 23 de diciembre de 2016
ARRANCÓ EL VERANO
Sin más prolegómenos, vamos con la reseña que debía, la del Vol.4 de Wonder Woman de George Pérez.
De nuevo, lo más asombroso es lo poco que pasa. Las páginas y páginas en las que Pérez se dedica a desarrollar personajes simplemente a través de diálogos, o de escenas en las que suceden cosas casi cotidianas, en las que no está en juego la vida de nadie. Acá la gente vive vidas normales (incluso cuando son amazonas), cuenta historias, conversa, reza, rosquea, indaga en sus sentimientos… muy raro para un comic de superhéroes, pero muy lindo. La muerte de Mindy Mayer se explica en un unitario exquisito, con giros impredecibles y un mensaje muy potente. Después vienen varios números muy tranqui, y de a poco, a través del personaje de Hermes, Pérez se propone explorar a fondo la brecha entre dioses y humanos. Pero evidentemente alguien “de arriba” le debe haber parado el carro y el último episodio del libro es, básicamente, un combate a todo o nada con dos villanos y un monstruo vinculados a la mitología griega.
El dibujo, lamentablemente, derrapa mal. Los episodios en los que Bob McLeod entinta a Pérez casi zafan, pero ya para el final, el dibujo parece ser obra de un clon muy choto del ídolo. Por suerte en el libro viene el Annual 1, donde dibujan breves secuencias bestias de la talla de Arthur Adams, John Bolton y José Luis García López, como para que la faz gráfica no se hunda tan rápido ni tan profundo. Si existiera el Vol.5, ahí sí, estaríamos hablando de un dibujo que se precipita a una fosa séptica de la mano (o los muñones, no sé) del abominable Chris Marrinan, responsable de que miles y miles de personas hayan dejado de comprar esta serie. Tengo muchísimo más para decir sobre la etapa de Pérez en Wonder Woman, pero bueno, hasta acá llegamos, por ahora.
Me voy a Inglaterra, unos añitos antes, a 1984, cuando en las páginas de la 2000 A.D. los maestros John Wagner y Alan Grant empiezan a desarrollar (en episodios muy breves) un spin-off de Judge Dredd en el que una caravana de colonos intenta cruzar la Tierra Maldita (Estados Unidos) para llegar de la caótica y violenta Mega-City One a los Nuevos Territorios, donde –si llegan- van a poder vivir en paz. La saga se llamó HellTrekkers y es un festival de violencia y mala leche, con una idea grossa (la que acabo de citar) estirada hasta el infinito. La gracia parece ser que Grant y Wagner nos muestren cómo van muriendo cada uno de estos 111 desesperados, incluso cuando llegan a darles tan poco relieve, que nos importa un carajo si sobreviven o no. Obviamente algunos lograrán sortear todos esos peligros para llegar a la meta, y a medida que se achica el elenco, habrá espacio para que algunos personajes se luzcan un poco más y nos caigan mejor, o peor. Pero la verdad es que, a nivel guión, no hay grandes hallazgos.
El motivo central para amar a HellTrekkers es, claramente, el dibujo. Las primeras cinco páginas son una cátedra del prócer español José Ortiz. Y todo el resto lo dibuja el maestro Horacio Lalia, en un nivel impresionante. No sólo porque después de años de dibujar terror salta de taquito a la ciencia-ficción post-holocausto, sino por la fuerza que le pone a cada trazo y la onda que despliega en la puesta en página, muy osada para lo que se veía en esa época en las antologías argentinas. Este es un Lalia distinto, más jugado al impacto que a los climas, y es realmente alucinante. Lástima que al achicar las páginas para encajarlas en el formato de 15.5 x 22 cm, el dibujo se luce menos y la tipografía se vuelve casi microscópica. Además, como la caja de la 2000 A.D. es mucho más cuadrada, quedan guardas blancas MUY prominentes arriba y abajo de cada plancha del maestro Lalia. Más allá de estos detalles, HellTrekkers nos da la posibilidad de cubrir un poco ese bache de seis o siete años en los que Lalia prácticamente dejó de publicar en Argentina, con un trabajo en el que el co-creador de Nekrodamus dejó el alma. Y además siempre está bueno que se publique en Sudamérica material de la 2000 A.D., que acá se conoce muy poco.
Tengo leído un libro más, pero estas dos reseñas quedaron un toque largas. Me lo guardo, y prometo para el domingo otro post con dos o tres reseñas, ya en la recta final rumbo a 2017.
De nuevo, lo más asombroso es lo poco que pasa. Las páginas y páginas en las que Pérez se dedica a desarrollar personajes simplemente a través de diálogos, o de escenas en las que suceden cosas casi cotidianas, en las que no está en juego la vida de nadie. Acá la gente vive vidas normales (incluso cuando son amazonas), cuenta historias, conversa, reza, rosquea, indaga en sus sentimientos… muy raro para un comic de superhéroes, pero muy lindo. La muerte de Mindy Mayer se explica en un unitario exquisito, con giros impredecibles y un mensaje muy potente. Después vienen varios números muy tranqui, y de a poco, a través del personaje de Hermes, Pérez se propone explorar a fondo la brecha entre dioses y humanos. Pero evidentemente alguien “de arriba” le debe haber parado el carro y el último episodio del libro es, básicamente, un combate a todo o nada con dos villanos y un monstruo vinculados a la mitología griega.
El dibujo, lamentablemente, derrapa mal. Los episodios en los que Bob McLeod entinta a Pérez casi zafan, pero ya para el final, el dibujo parece ser obra de un clon muy choto del ídolo. Por suerte en el libro viene el Annual 1, donde dibujan breves secuencias bestias de la talla de Arthur Adams, John Bolton y José Luis García López, como para que la faz gráfica no se hunda tan rápido ni tan profundo. Si existiera el Vol.5, ahí sí, estaríamos hablando de un dibujo que se precipita a una fosa séptica de la mano (o los muñones, no sé) del abominable Chris Marrinan, responsable de que miles y miles de personas hayan dejado de comprar esta serie. Tengo muchísimo más para decir sobre la etapa de Pérez en Wonder Woman, pero bueno, hasta acá llegamos, por ahora.
Me voy a Inglaterra, unos añitos antes, a 1984, cuando en las páginas de la 2000 A.D. los maestros John Wagner y Alan Grant empiezan a desarrollar (en episodios muy breves) un spin-off de Judge Dredd en el que una caravana de colonos intenta cruzar la Tierra Maldita (Estados Unidos) para llegar de la caótica y violenta Mega-City One a los Nuevos Territorios, donde –si llegan- van a poder vivir en paz. La saga se llamó HellTrekkers y es un festival de violencia y mala leche, con una idea grossa (la que acabo de citar) estirada hasta el infinito. La gracia parece ser que Grant y Wagner nos muestren cómo van muriendo cada uno de estos 111 desesperados, incluso cuando llegan a darles tan poco relieve, que nos importa un carajo si sobreviven o no. Obviamente algunos lograrán sortear todos esos peligros para llegar a la meta, y a medida que se achica el elenco, habrá espacio para que algunos personajes se luzcan un poco más y nos caigan mejor, o peor. Pero la verdad es que, a nivel guión, no hay grandes hallazgos.
El motivo central para amar a HellTrekkers es, claramente, el dibujo. Las primeras cinco páginas son una cátedra del prócer español José Ortiz. Y todo el resto lo dibuja el maestro Horacio Lalia, en un nivel impresionante. No sólo porque después de años de dibujar terror salta de taquito a la ciencia-ficción post-holocausto, sino por la fuerza que le pone a cada trazo y la onda que despliega en la puesta en página, muy osada para lo que se veía en esa época en las antologías argentinas. Este es un Lalia distinto, más jugado al impacto que a los climas, y es realmente alucinante. Lástima que al achicar las páginas para encajarlas en el formato de 15.5 x 22 cm, el dibujo se luce menos y la tipografía se vuelve casi microscópica. Además, como la caja de la 2000 A.D. es mucho más cuadrada, quedan guardas blancas MUY prominentes arriba y abajo de cada plancha del maestro Lalia. Más allá de estos detalles, HellTrekkers nos da la posibilidad de cubrir un poco ese bache de seis o siete años en los que Lalia prácticamente dejó de publicar en Argentina, con un trabajo en el que el co-creador de Nekrodamus dejó el alma. Y además siempre está bueno que se publique en Sudamérica material de la 2000 A.D., que acá se conoce muy poco.
Tengo leído un libro más, pero estas dos reseñas quedaron un toque largas. Me lo guardo, y prometo para el domingo otro post con dos o tres reseñas, ya en la recta final rumbo a 2017.
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jueves, 15 de diciembre de 2016
TRES Y A SALTA
Tres reseñitas más y paramos hasta el martes.
Debía un comentario acerca del segundo libro de Aurora West, el spin-off de Battling Boy co-escrito por Paul Pope y JT Petty y dibujado por David Rubín. Bueno, me gustó más que el Vol.1. Tiene un poco menos de introspección y un poco más de machaca, pero las escenas tranqui son realmente brillantes. Y las de la machaca son impresionantes, no tienen el más mínimo desperdicio. Esta segunda parte está tan buena que hace que el Vol.1 parezca prescindible… o por lo menos resumible en –como mucho- 30 páginas. El dibujo es espectacular, con Rubín prendido fuego, siempre dispuesto a probar cosas nuevas en la puesta en página y la narrativa y con un gran manejo del blanco, el negro y la escala de grises. Por ahí si en vez de dos libros de casi 160 páginas esta precuela de Battling Boy fuera un sólo tomo de 200 páginas, estaríamos hablando de una obra maestra, de un hito en dos carreras tan gloriosas como son las de Pope y Rubín. Pero bueno, en el momento de leer cada uno de los tomitos, se disfrutan muchísimo. No da para quejarse, ni ahí. Sólo para mirar el calendario de 2017 y subrayar con resaltador luminoso el día en que sale el segundo libro de Battling Boy.
Sigo avanzando con la lectura en TPBs de la etapa de Wonder Woman capitaneada por el maestro George Pérez. Este tercer TPB trae sólo cinco episodios de la serie regular, porque incluye aquella historieta del nº600 de Action Comics, la del team-up entre Superman y Wonder Woman, con John Byrne como guionista y dibujante y Pérez como entintador. Suena a gloria, es cierto, pero no es gran cosa. Páginas y páginas de piñas y destrucción (dibujadas como los mega-dioses), un final muy prolijo, a contramano del fan service y no mucho más para rescatar.
En los números de Wonder Woman, tenemos primero una lucha contra la nueva versión de Silver Swan (que no está nada mal) y después un arco de tres episodios que arranca MUY tranqui (en las primeras 38 páginas no vuela ni un sopapo) y que desemboca en el enfrentamiento con Circe, quizás la villana más interesante en los 75 años de esta serie. Pérez acierta en esto de postergar lo más posible la machaca para darle más bola a los climas (y a su fuerte, que es el desarrollo de personajes), pero en un momento se le acaba el espacio y tiene que resolver la pelea más grossa de un modo abrupto, apretado, sin margen ni siquiera para una explicación coherente de lo que pasó. El dibujo de este tomo no se ve tan bien como en los anteriores, no porque Pérez se tire a chanta, sino porque le cambian los entintadores: en lugar del muy respetuoso Bruce Patterson, acá tenemos a Dick Giordano y su vil esbirro Frank McLaughlin, que se llevan puesto a Pérez con esas tintas pesadas, en las que se ve más el estilo de los entintadores que el del dibujante. Es una lucha…
¿Alguna vez te preguntaste cómo se hace el humor gráfico? ¿Cómo aparecen las ideas, cómo se decide si el chiste es mudo o con diálogos, si tiene remate o no, cómo se da cuenta el autor si lo que quiere mostrar/contar se va a entender o no? Bueno, el que se hizo todas esas preguntas fue uno de los capos del humor gráfico actual: Gustavo Sala. Y las respuestas están todas en Tumor Gráfico. El “problema” es que… son en joda. Tumor Gráfico es como el Understanding Comics del humor gráfico: un libro que pretende plantear temas teóricos, pero que en realidad usa a la teoría como marco para detonarnos la cabeza con una cantidad infernal de chistes y textos graciosísimos. Si lo querés tomar como un libro para aprender a crear humor gráfico, seguro que algún concepto copado te va a tirar. Pero si lo tomás como un libro 100% de humor, donde Sala se disfraza de docente para hacernos hiper-cagar de risa, Tumor Gráfico te va a sorprender por su estructura atípica, y sobre todo por la calidad de los chistes, tanto los dibujados como los que Sala mete en los textos supuestamente explicativos.
El formato grande y el blanco y negro son un combo ideal para que el dibujo de Sala se luzca en todo su esplendor. O sea que si no sintonizás mucho con la onda humorística del ídolo marplatense pero apreciás su talento para dibujar, acá también vas a encontrar un despliegue gráfico monumental, muy lejos de esas tiras abigarradas, en las que el dibujo de Sala se ve chiquito, apretadito, como si fueran estampillitas microscópicas.
Y bueno, mañana temprano nos vamos a Salta con Gustavo Sala y un montón de autores más de todo el país para participar de Dimensión Comics, en la hermosa ciudad de Salta. Si andás por ahí, buscá mi stand (como siempre, con gemas del infinito a precios cuidados) y acercate a saludar. Volvemos la semana que viene con más reseñas.
Debía un comentario acerca del segundo libro de Aurora West, el spin-off de Battling Boy co-escrito por Paul Pope y JT Petty y dibujado por David Rubín. Bueno, me gustó más que el Vol.1. Tiene un poco menos de introspección y un poco más de machaca, pero las escenas tranqui son realmente brillantes. Y las de la machaca son impresionantes, no tienen el más mínimo desperdicio. Esta segunda parte está tan buena que hace que el Vol.1 parezca prescindible… o por lo menos resumible en –como mucho- 30 páginas. El dibujo es espectacular, con Rubín prendido fuego, siempre dispuesto a probar cosas nuevas en la puesta en página y la narrativa y con un gran manejo del blanco, el negro y la escala de grises. Por ahí si en vez de dos libros de casi 160 páginas esta precuela de Battling Boy fuera un sólo tomo de 200 páginas, estaríamos hablando de una obra maestra, de un hito en dos carreras tan gloriosas como son las de Pope y Rubín. Pero bueno, en el momento de leer cada uno de los tomitos, se disfrutan muchísimo. No da para quejarse, ni ahí. Sólo para mirar el calendario de 2017 y subrayar con resaltador luminoso el día en que sale el segundo libro de Battling Boy.
Sigo avanzando con la lectura en TPBs de la etapa de Wonder Woman capitaneada por el maestro George Pérez. Este tercer TPB trae sólo cinco episodios de la serie regular, porque incluye aquella historieta del nº600 de Action Comics, la del team-up entre Superman y Wonder Woman, con John Byrne como guionista y dibujante y Pérez como entintador. Suena a gloria, es cierto, pero no es gran cosa. Páginas y páginas de piñas y destrucción (dibujadas como los mega-dioses), un final muy prolijo, a contramano del fan service y no mucho más para rescatar.
En los números de Wonder Woman, tenemos primero una lucha contra la nueva versión de Silver Swan (que no está nada mal) y después un arco de tres episodios que arranca MUY tranqui (en las primeras 38 páginas no vuela ni un sopapo) y que desemboca en el enfrentamiento con Circe, quizás la villana más interesante en los 75 años de esta serie. Pérez acierta en esto de postergar lo más posible la machaca para darle más bola a los climas (y a su fuerte, que es el desarrollo de personajes), pero en un momento se le acaba el espacio y tiene que resolver la pelea más grossa de un modo abrupto, apretado, sin margen ni siquiera para una explicación coherente de lo que pasó. El dibujo de este tomo no se ve tan bien como en los anteriores, no porque Pérez se tire a chanta, sino porque le cambian los entintadores: en lugar del muy respetuoso Bruce Patterson, acá tenemos a Dick Giordano y su vil esbirro Frank McLaughlin, que se llevan puesto a Pérez con esas tintas pesadas, en las que se ve más el estilo de los entintadores que el del dibujante. Es una lucha…
¿Alguna vez te preguntaste cómo se hace el humor gráfico? ¿Cómo aparecen las ideas, cómo se decide si el chiste es mudo o con diálogos, si tiene remate o no, cómo se da cuenta el autor si lo que quiere mostrar/contar se va a entender o no? Bueno, el que se hizo todas esas preguntas fue uno de los capos del humor gráfico actual: Gustavo Sala. Y las respuestas están todas en Tumor Gráfico. El “problema” es que… son en joda. Tumor Gráfico es como el Understanding Comics del humor gráfico: un libro que pretende plantear temas teóricos, pero que en realidad usa a la teoría como marco para detonarnos la cabeza con una cantidad infernal de chistes y textos graciosísimos. Si lo querés tomar como un libro para aprender a crear humor gráfico, seguro que algún concepto copado te va a tirar. Pero si lo tomás como un libro 100% de humor, donde Sala se disfraza de docente para hacernos hiper-cagar de risa, Tumor Gráfico te va a sorprender por su estructura atípica, y sobre todo por la calidad de los chistes, tanto los dibujados como los que Sala mete en los textos supuestamente explicativos.
El formato grande y el blanco y negro son un combo ideal para que el dibujo de Sala se luzca en todo su esplendor. O sea que si no sintonizás mucho con la onda humorística del ídolo marplatense pero apreciás su talento para dibujar, acá también vas a encontrar un despliegue gráfico monumental, muy lejos de esas tiras abigarradas, en las que el dibujo de Sala se ve chiquito, apretadito, como si fueran estampillitas microscópicas.
Y bueno, mañana temprano nos vamos a Salta con Gustavo Sala y un montón de autores más de todo el país para participar de Dimensión Comics, en la hermosa ciudad de Salta. Si andás por ahí, buscá mi stand (como siempre, con gemas del infinito a precios cuidados) y acercate a saludar. Volvemos la semana que viene con más reseñas.
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domingo, 11 de diciembre de 2016
LA NOCHE DEL DOMINGO
Ya estoy, ya estoy, ya estoy…
El otro día terminé con el Vol.1 de Wonder Woman de George Pérez y ya arranco con el Vol.2… que me gustó un poco menos. Pasada la novedad, hay que convertir esas maravillosas ideas que sirven para relanzar a un personaje que agonizaba en ideas para bancar una serie mensual a largo plazo. Pérez lo logra, pero sin ese ritmo demoledor de los primeros episodios. El maestro le pone todo al desarrollo de personajes y al dibujo. Y Len Wein se encarga de que los diálogos y los bloques de texto estén a la altura.
En todo caso, lo que se desluce un poco son las tramas en sí: la pelea con Cheetah es casi intrascendente y la saga de “Challenge of the Gods” (que da nombre al tomo) se ve manchada por el crossover forzado con Millennium y termina por darle más chapa a Heracles (que hasta acá tenía todo para ser un gran villano) que a la propia Diana. No me acuerdo si Pérez volverá a veletear y Heracles volverá a hacer de las suyas, pero no me convenció la forma en la que (por ahora) lo redime. Me quedo con el gran trabajo en los personajes secundarios, las inolvidables escenas costumbristas o intimistas en las que no está en juego el destino del mundo pero Pérez y Wein igual tiran magia, tanto cuando hacen interactuar a gente común como cuando se meten con los dioses griegos. Ya arranqué con el Vol.3, así que prometo reseñarlo pronto.
Si algún día te levantás con ganas de leer un comic que te haga sentir para el orto, que cada dos páginas te obligue a decir “No puede ser, qué horror, qué injusticia, qué hijos de puta”, te recomiendo 36-39: Malos Tiempos, del maestro madrileño Carlos Giménez. Son cuatro tomos (tengo sólo los dos primeros pero acepto donaciones) que ofrecen una seguidilla de breves historietas en blanco y negro, todas ambientadas la Guerra Civil Española. El Vol.1 arranca desde el principio, desde el estallido mismo del conflicto en 1936, y nos invita a conocer a un vasto elenco de personajes que volverán a aparecer cada vez que Giménez vuelva a enfocarse en la región que cada uno habita. Es decir que algunos se cruzan normalmente entre sí, y otros no (o todavía no).
Si bien Giménez no se limita a dibujar historias que sucedieron en el mundo real, hay una reconstrucción cuidadísima de la época, que le añade verosimilitud a las desgarradoras situaciones por las que atraviesan los personajes. Como siempre que leemos a Giménez, la duda se evapora en poquísimas viñetas: enseguida el maestro nos convence de que esto que nos está contando es LA REALIDAD. Y en este caso una realidad cruenta, atroz, en la que la esperanza se va esfumando página a página. No es fácil leer 36-39: Malos Tiempos, pero obviamente es enriquecedor, como testimonio de un hecho histórico, y como enésima muestra del apabullante talento de uno de los historietistas más completos de todos los tiempos. En cualquier momento me cicatrizan las heridas que me dejó en el alma este libro y le entro al Vol.2.
Me voy a Uruguay en busca de historieta uruguaya, y me vuelvo con… autores argentinos editados en el país hermano. Infestado es una antología con cinco historias autonclusivas, todas escritas con Cristian Blasco y dibujadas por Pablo Burman, autores argentos a los que nunca había oído nombrar. Blasco firma dos guiones excelentes: Henry y uno sin título, que cierra el libro. Ninguno parte de una premisa original, pero aún así, los dos te atrapan, te sorprenden y te emocionan con su fuerza y su intensidad. De los otros tres, uno (el homenaje a Jodorowsky y Moebius que tampoco tiene título) se la banca muy decorosamente, y los otros dos no me llegaron a convencer pero tampoco son una garcha sin ideas. La verdad es que, para ser relatos tan breves (ninguno llega a las 14 páginas), están todos bastante bien.
El dibujo de Pablo Burman me retrotrajo a mediados de los ´80, cuando los muchachos de aquella primera “primavera de los fanzines” descubrieron al Moebius y al Enki Bilal de principios de los ´70, cuando eran dos bestias desaforadas que te destruían las retinas a base de cross-hatchings enfermizos y ponían “de moda” uan estética barroca, recontra-sobrecargada, con un cierto aire de decadencia, de putrefacción, que les venía bárbaro sobre todo cuando se metían con el universo narrativo de H.P. Lovecraft y cosas así. Burman es una de esas bestias, dueño de un trazo complejísimo, ideal para el barroco y el exceso de rayitas. En general, es un estilo peligroso, que muchas veces conspira contra la comprensión de lo que uno está leyendo y contra el flujo de la vista de una viñeta a otra, que es la esencia misma de este lenguaje al que llamamos Historieta. Burman logra ese improbable equlibrio entre impacto visual y solidez narrativa en las dos últimas historietas del tomo: Paul is Dead (que es la más fea de ver, porque mezcla su técnica con la del claroscuro y el resultado no funciona) y en la de los zombies, que es realmente impecable. Si más adelante logra dibujar una historieta extensa en el nivel de este último unitario, Pablo Burman se va a instalar rápidamente entre los dibujantes argentinos a seguir muy de cerca.
Volvemos pronto con más reseñas.
El otro día terminé con el Vol.1 de Wonder Woman de George Pérez y ya arranco con el Vol.2… que me gustó un poco menos. Pasada la novedad, hay que convertir esas maravillosas ideas que sirven para relanzar a un personaje que agonizaba en ideas para bancar una serie mensual a largo plazo. Pérez lo logra, pero sin ese ritmo demoledor de los primeros episodios. El maestro le pone todo al desarrollo de personajes y al dibujo. Y Len Wein se encarga de que los diálogos y los bloques de texto estén a la altura.
En todo caso, lo que se desluce un poco son las tramas en sí: la pelea con Cheetah es casi intrascendente y la saga de “Challenge of the Gods” (que da nombre al tomo) se ve manchada por el crossover forzado con Millennium y termina por darle más chapa a Heracles (que hasta acá tenía todo para ser un gran villano) que a la propia Diana. No me acuerdo si Pérez volverá a veletear y Heracles volverá a hacer de las suyas, pero no me convenció la forma en la que (por ahora) lo redime. Me quedo con el gran trabajo en los personajes secundarios, las inolvidables escenas costumbristas o intimistas en las que no está en juego el destino del mundo pero Pérez y Wein igual tiran magia, tanto cuando hacen interactuar a gente común como cuando se meten con los dioses griegos. Ya arranqué con el Vol.3, así que prometo reseñarlo pronto.
Si algún día te levantás con ganas de leer un comic que te haga sentir para el orto, que cada dos páginas te obligue a decir “No puede ser, qué horror, qué injusticia, qué hijos de puta”, te recomiendo 36-39: Malos Tiempos, del maestro madrileño Carlos Giménez. Son cuatro tomos (tengo sólo los dos primeros pero acepto donaciones) que ofrecen una seguidilla de breves historietas en blanco y negro, todas ambientadas la Guerra Civil Española. El Vol.1 arranca desde el principio, desde el estallido mismo del conflicto en 1936, y nos invita a conocer a un vasto elenco de personajes que volverán a aparecer cada vez que Giménez vuelva a enfocarse en la región que cada uno habita. Es decir que algunos se cruzan normalmente entre sí, y otros no (o todavía no).
Si bien Giménez no se limita a dibujar historias que sucedieron en el mundo real, hay una reconstrucción cuidadísima de la época, que le añade verosimilitud a las desgarradoras situaciones por las que atraviesan los personajes. Como siempre que leemos a Giménez, la duda se evapora en poquísimas viñetas: enseguida el maestro nos convence de que esto que nos está contando es LA REALIDAD. Y en este caso una realidad cruenta, atroz, en la que la esperanza se va esfumando página a página. No es fácil leer 36-39: Malos Tiempos, pero obviamente es enriquecedor, como testimonio de un hecho histórico, y como enésima muestra del apabullante talento de uno de los historietistas más completos de todos los tiempos. En cualquier momento me cicatrizan las heridas que me dejó en el alma este libro y le entro al Vol.2.
Me voy a Uruguay en busca de historieta uruguaya, y me vuelvo con… autores argentinos editados en el país hermano. Infestado es una antología con cinco historias autonclusivas, todas escritas con Cristian Blasco y dibujadas por Pablo Burman, autores argentos a los que nunca había oído nombrar. Blasco firma dos guiones excelentes: Henry y uno sin título, que cierra el libro. Ninguno parte de una premisa original, pero aún así, los dos te atrapan, te sorprenden y te emocionan con su fuerza y su intensidad. De los otros tres, uno (el homenaje a Jodorowsky y Moebius que tampoco tiene título) se la banca muy decorosamente, y los otros dos no me llegaron a convencer pero tampoco son una garcha sin ideas. La verdad es que, para ser relatos tan breves (ninguno llega a las 14 páginas), están todos bastante bien.
El dibujo de Pablo Burman me retrotrajo a mediados de los ´80, cuando los muchachos de aquella primera “primavera de los fanzines” descubrieron al Moebius y al Enki Bilal de principios de los ´70, cuando eran dos bestias desaforadas que te destruían las retinas a base de cross-hatchings enfermizos y ponían “de moda” uan estética barroca, recontra-sobrecargada, con un cierto aire de decadencia, de putrefacción, que les venía bárbaro sobre todo cuando se metían con el universo narrativo de H.P. Lovecraft y cosas así. Burman es una de esas bestias, dueño de un trazo complejísimo, ideal para el barroco y el exceso de rayitas. En general, es un estilo peligroso, que muchas veces conspira contra la comprensión de lo que uno está leyendo y contra el flujo de la vista de una viñeta a otra, que es la esencia misma de este lenguaje al que llamamos Historieta. Burman logra ese improbable equlibrio entre impacto visual y solidez narrativa en las dos últimas historietas del tomo: Paul is Dead (que es la más fea de ver, porque mezcla su técnica con la del claroscuro y el resultado no funciona) y en la de los zombies, que es realmente impecable. Si más adelante logra dibujar una historieta extensa en el nivel de este último unitario, Pablo Burman se va a instalar rápidamente entre los dibujantes argentinos a seguir muy de cerca.
Volvemos pronto con más reseñas.
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jueves, 8 de diciembre de 2016
TRIPLETE DE FERIADO
Aprovecho el feriado para seguir metiéndole pata a las reseñas.
Quedé muy manija con el integral de Almer, el libro que reúne todas las aventuras de este caballero de Camelot realizadas entre 2010 y 2015 por el Capitán Manu. Estas son historietas de aventura clásica, con un héroe que se machaca con monstruos en un contexto cuasi-fantástico, pero se anima a hacer algo poco frecuente en la historieta argentina de género: bajar línea, hablar de lo que nos pasa, comprometerse un toque con la realidad, sin descuidar la fantasía. Manu nos presenta a Almer como un caballero al servicio de los oprimidos, de los olvidados, de los desposeídos. Sí, en el medioevo del Rey Arturo también había pobres, también había injusticias de clase, y por suerte también está Almer, que hasta se da el lujo de mechar en sus diálogos algunas frases de los discursos de Eva Perón.
El nivel de todo el tomo es muy alto, pero la primera historieta, esas 34 páginas que estaban inéditas y que Manu realizó en 2015, son la gema de la corona. Por un lado, ahí tenemos la amalgama más perfecta entre aventura y mensaje socio-político (en un guión que le hubiese encantado escribir a Carlos Trillo), el comentario más agudo acerca de la realidad argentina que se podría esperar de una historieta de fantasía, y por el otro, la faz gráfica muestra a un Manu tremendamente sólido, con un manejo magistral de la narrativa, de las expresiones faciales y sobre todo de la técnica para sumarle tonalidades de gris a un dibujo que, si fuera sólo blanco y negro, también sería excelente. Como con tantos discípulos del maestro Oswal, en el Capitán Manu tenemos a un historietista quintaesencial, con esa combinación irresistible entre sabiduría para planificar, power para ejecutar y huevos para experimentar y sorprender incluso al lector ya muy curtido en estas lides. Quiero más Almer, lo antes posible.
Rápida mención al Vol.2 de La Venganza del Conde Skarbek, parte final de la historia escrita por Yves Sente y dibujada por Grzegorz Rosinski, cuya primera mitad había leído… la semana pasada, creo. No vamos a reiterar conceptos acerca del trabajo (demoledor) de Rosinski, pero sí quiero subrayar el talento de Sente para darle a la historia un cierre perfecto. En estas 54 páginas, el guionista clava dos giros argumentales totalmente impredecibles, que le agregan complejidad e impacto a la trama, y además presenta y desarrolla a full a dos personajes que no habían aparecido en el primer tomo. Y ya que está, se da el lujo de deslizar una referencia diáfana a El Conde de Montecristo, un guiño cómplice para el lector que al toque dedujo para dónde podía llegar a ir esta historia de venganza. Recomiendo a full esta saguita publicada en dos tomos por Norma Editorial, hace ya unos cuantos años.
Finalmente y tras duras batallas, conseguí el primero de los cuatro tomos en los que DC recopiló la etapa de George Pérez en Wonder Woman, y ahora sí, me largo a releerla después de… casi 30 años ya, la puta madre. Para mi sorpresa me acordaba bastante del “nuevo” origen de Diana, la onda con las Amazonas, los dioses griegos, Heracles, la introducción de personajes como Julia y Vanessa Kapatelis… Lo que no me acordaba es que, como consecuencia del maligno plan de Ares, lo que deben combatir Diana y sus aliados es una gran conspiración en la que los malos son… los milicos de los EEUU. Obviamente no es Pérez el primero en plantear una cosa así (de hecho, sin salir de DC, Cary Bates lo hacía en Captain Atom), pero en aquellos tiempos de Oliver North y Aldo Rico, no deja de ser loable.
Pérez me sorprendió, además, con su talento para el desarrollo de personajes, por su manejo del sembradío de plots a largo plazo, y obviamente por el dibujo, que se luce más a partir del cuarto episodio (que es cuando los lápices del maestro se empiezan a amalgamar mejor con las tintas de Bruce Patterson), pero que desde la primera viñeta te masacra con la composición, la puesta en página y la narrativa, resolviendo con jerarquía escenas dificilísimas de planificar. Para un pibe acostumbrado al comic de hoy, Wonder Woman es un comic sumamente arduo, demasiado sobrecargado, tanto en cantidad de viñetas por página como en la cantidad de texto (rubro en el que el gran Len Wein le da una mano enorme a Pérez). Pero si te gusta una onda más clásica, más old school, la vas a encontrar a un nivel alucinante en esto que, paradójicamente, en 1987 era un comic casi vanguardista. No porque propusiera una ruptura estética zarpada, sino porque venía a terminar con años y años de ninguneo por parte de DC hacia su heroína más icónica, que languidecía en el fondo de la tabla, sin beneficiarse nunca del talento de autores con la chapa (y la tracción de lectores) que tenía George Pérez en 1987. Ya arranqué con el Vol.2, así que prometo reseñarlo muy pronto.
Feliz finde extra-large para todos y todas.
Quedé muy manija con el integral de Almer, el libro que reúne todas las aventuras de este caballero de Camelot realizadas entre 2010 y 2015 por el Capitán Manu. Estas son historietas de aventura clásica, con un héroe que se machaca con monstruos en un contexto cuasi-fantástico, pero se anima a hacer algo poco frecuente en la historieta argentina de género: bajar línea, hablar de lo que nos pasa, comprometerse un toque con la realidad, sin descuidar la fantasía. Manu nos presenta a Almer como un caballero al servicio de los oprimidos, de los olvidados, de los desposeídos. Sí, en el medioevo del Rey Arturo también había pobres, también había injusticias de clase, y por suerte también está Almer, que hasta se da el lujo de mechar en sus diálogos algunas frases de los discursos de Eva Perón.
El nivel de todo el tomo es muy alto, pero la primera historieta, esas 34 páginas que estaban inéditas y que Manu realizó en 2015, son la gema de la corona. Por un lado, ahí tenemos la amalgama más perfecta entre aventura y mensaje socio-político (en un guión que le hubiese encantado escribir a Carlos Trillo), el comentario más agudo acerca de la realidad argentina que se podría esperar de una historieta de fantasía, y por el otro, la faz gráfica muestra a un Manu tremendamente sólido, con un manejo magistral de la narrativa, de las expresiones faciales y sobre todo de la técnica para sumarle tonalidades de gris a un dibujo que, si fuera sólo blanco y negro, también sería excelente. Como con tantos discípulos del maestro Oswal, en el Capitán Manu tenemos a un historietista quintaesencial, con esa combinación irresistible entre sabiduría para planificar, power para ejecutar y huevos para experimentar y sorprender incluso al lector ya muy curtido en estas lides. Quiero más Almer, lo antes posible.
Rápida mención al Vol.2 de La Venganza del Conde Skarbek, parte final de la historia escrita por Yves Sente y dibujada por Grzegorz Rosinski, cuya primera mitad había leído… la semana pasada, creo. No vamos a reiterar conceptos acerca del trabajo (demoledor) de Rosinski, pero sí quiero subrayar el talento de Sente para darle a la historia un cierre perfecto. En estas 54 páginas, el guionista clava dos giros argumentales totalmente impredecibles, que le agregan complejidad e impacto a la trama, y además presenta y desarrolla a full a dos personajes que no habían aparecido en el primer tomo. Y ya que está, se da el lujo de deslizar una referencia diáfana a El Conde de Montecristo, un guiño cómplice para el lector que al toque dedujo para dónde podía llegar a ir esta historia de venganza. Recomiendo a full esta saguita publicada en dos tomos por Norma Editorial, hace ya unos cuantos años.
Finalmente y tras duras batallas, conseguí el primero de los cuatro tomos en los que DC recopiló la etapa de George Pérez en Wonder Woman, y ahora sí, me largo a releerla después de… casi 30 años ya, la puta madre. Para mi sorpresa me acordaba bastante del “nuevo” origen de Diana, la onda con las Amazonas, los dioses griegos, Heracles, la introducción de personajes como Julia y Vanessa Kapatelis… Lo que no me acordaba es que, como consecuencia del maligno plan de Ares, lo que deben combatir Diana y sus aliados es una gran conspiración en la que los malos son… los milicos de los EEUU. Obviamente no es Pérez el primero en plantear una cosa así (de hecho, sin salir de DC, Cary Bates lo hacía en Captain Atom), pero en aquellos tiempos de Oliver North y Aldo Rico, no deja de ser loable.
Pérez me sorprendió, además, con su talento para el desarrollo de personajes, por su manejo del sembradío de plots a largo plazo, y obviamente por el dibujo, que se luce más a partir del cuarto episodio (que es cuando los lápices del maestro se empiezan a amalgamar mejor con las tintas de Bruce Patterson), pero que desde la primera viñeta te masacra con la composición, la puesta en página y la narrativa, resolviendo con jerarquía escenas dificilísimas de planificar. Para un pibe acostumbrado al comic de hoy, Wonder Woman es un comic sumamente arduo, demasiado sobrecargado, tanto en cantidad de viñetas por página como en la cantidad de texto (rubro en el que el gran Len Wein le da una mano enorme a Pérez). Pero si te gusta una onda más clásica, más old school, la vas a encontrar a un nivel alucinante en esto que, paradójicamente, en 1987 era un comic casi vanguardista. No porque propusiera una ruptura estética zarpada, sino porque venía a terminar con años y años de ninguneo por parte de DC hacia su heroína más icónica, que languidecía en el fondo de la tabla, sin beneficiarse nunca del talento de autores con la chapa (y la tracción de lectores) que tenía George Pérez en 1987. Ya arranqué con el Vol.2, así que prometo reseñarlo muy pronto.
Feliz finde extra-large para todos y todas.
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miércoles, 23 de diciembre de 2015
23/12: WONDER WOMAN Vol.4
Bueno, por fin se dio la lógica, que era reseñar más de un tomo por año de esta serie que me tiene cebadísimo. Este es el tomo ladri de la colección, porque incluye sólo cinco episodios de 20 páginas, y para arrimar a un libro de 144 páginas te meten carátulas, un guión tal como lo entregó Brian Azzarello y TODO el quinto episodio a lápiz sin entintar, tal como se lo entregó Cliff Chiang al letrista para que le pusiera los textos. Sí, maestro. Hay portadas repetidas (puede suceder) y VEINTE PAGINAS que están dos veces: una vez en la versión final y una en la que está sólo el dibujo a lápiz. Un disparate.
Pero vamos a la aventura propiamente dicha. Para esta altura del partido, Azzarello ya tenía acumulado un elenco importante, al que había presentado con categoría en los tomos anteriores. La trama (ver reseñas de los Vol.1-3, así no la explico de nuevo) estaba a punto caramelo y era un excelente momento para dedicarle una buena cantidad de páginas a la machaca. Mientras terminaban de cerrar su rosca el First Born (que apareció en el Vol.3 y rápidamente se posicionó como EL villano pulenta de la serie) y un par de dioses más, a Diana le toca pelear con Artemis, que no es la amazona que la reemplazó brevemente en los ´90, sino la diosa griega de la luna. Y después sí, veremos a Diana, Orion, War (que vendría a ser Ares) y varios aliados más darse como en bolsa con First Born, el primer y más peligroso vástago de Zeus.
El único tramo realmente tranqui del tomo llega cuando Azzarello nos lleva a conocer New Genesis… y la verdad es que a mí mucho no me escandalizó, pero si sos hardcore fan del Cuarto Mundo de Jack Kirby, quizás te rompa un poco las pelotas que la nueva versión se aparte tanto de la original. Y cuando se termina la machaca, tenemos la muy emotiva y poco esperada muerte de un personaje grosso, que sirve para ponerle fin a casi todo. De todo lo que abrió en estos cuatro tomos, lo único que Azzarello no cierra acá es el subplot de la profecía acerca del hijito de Zola, el último descendiente de Zeus. Todo lo demás llega a un desenlace fuerte, impactante y te deja dudando… ¿para dónde va a agarrar el guionista en el próximo tomo?
¿Tendremos revancha contra el First Born, se resolverá el tema de la profecía, habrá una intriga palaciega para destronar a Apolo, reaparecerá Zeus? Y ya puestos a frutear, ¿propondrá Azzarello alguna conexión entre los dioses griegos y los New Gods? La verdad es que esta serie mantiene muy arriba el interés, incluso cuando derrapa un poco (como esta vez) para el lado de los hiper-combates a todo o nada.
En materia de dibujo, tenemos una mejora grossa: el mediocrón Tony Akins, que era el suplente nato de Cliff Chiang, esta vez dibuja muy poquitas páginas. Casi todo lo que no dibuja Chiang va a parar a manos de Goran Sudzuka, que me gusta mucho más. La verdad que pasar de Akins a Sudzuka es como bajarse del 42 repleto y subirse a un BMW manejado por Marcela Kloosterboer en pelotas. Y bueno, los tres últimos capítulos están íntegramente dibujados por Chiang, que además se entinta a sí mismo. Ya hablé bastante del estilo de Chiang en las reseñas anteriores, así que no me quiero repetir. Pero sí subrayar que, con la posibilidad de leer un guión tal como lo entregó Azzarello, acá queda claro hasta dónde llega el aporte del dibujante. Prácticamente TODAS las decisiones en materia de narrativa, desde el armado de las secuencias hasta la composición de las viñetas, están libradas al criterio del dibujante, y acá Chiang no falla nunca. Por el contrario, ese texto que escribió Azzarello leído así, en crudo, no transmite ni un 10% del power que tienen las páginas una vez que Chiang hace su trabajo. Eso es un enorme acierto del dibujante y también del guionista, que sabe “correrse del medio” y dejar que el aspecto visual de la obra sea controlado lo más posible por el especialista en imágenes.
Tengo ya encanutados los dos tomos que faltan para completar esta fascinante etapa de Wonder Woman, a ver si banca hasta el final el rótulo de “la mejor serie de los New 52”.
Pero vamos a la aventura propiamente dicha. Para esta altura del partido, Azzarello ya tenía acumulado un elenco importante, al que había presentado con categoría en los tomos anteriores. La trama (ver reseñas de los Vol.1-3, así no la explico de nuevo) estaba a punto caramelo y era un excelente momento para dedicarle una buena cantidad de páginas a la machaca. Mientras terminaban de cerrar su rosca el First Born (que apareció en el Vol.3 y rápidamente se posicionó como EL villano pulenta de la serie) y un par de dioses más, a Diana le toca pelear con Artemis, que no es la amazona que la reemplazó brevemente en los ´90, sino la diosa griega de la luna. Y después sí, veremos a Diana, Orion, War (que vendría a ser Ares) y varios aliados más darse como en bolsa con First Born, el primer y más peligroso vástago de Zeus.
El único tramo realmente tranqui del tomo llega cuando Azzarello nos lleva a conocer New Genesis… y la verdad es que a mí mucho no me escandalizó, pero si sos hardcore fan del Cuarto Mundo de Jack Kirby, quizás te rompa un poco las pelotas que la nueva versión se aparte tanto de la original. Y cuando se termina la machaca, tenemos la muy emotiva y poco esperada muerte de un personaje grosso, que sirve para ponerle fin a casi todo. De todo lo que abrió en estos cuatro tomos, lo único que Azzarello no cierra acá es el subplot de la profecía acerca del hijito de Zola, el último descendiente de Zeus. Todo lo demás llega a un desenlace fuerte, impactante y te deja dudando… ¿para dónde va a agarrar el guionista en el próximo tomo?
¿Tendremos revancha contra el First Born, se resolverá el tema de la profecía, habrá una intriga palaciega para destronar a Apolo, reaparecerá Zeus? Y ya puestos a frutear, ¿propondrá Azzarello alguna conexión entre los dioses griegos y los New Gods? La verdad es que esta serie mantiene muy arriba el interés, incluso cuando derrapa un poco (como esta vez) para el lado de los hiper-combates a todo o nada.
En materia de dibujo, tenemos una mejora grossa: el mediocrón Tony Akins, que era el suplente nato de Cliff Chiang, esta vez dibuja muy poquitas páginas. Casi todo lo que no dibuja Chiang va a parar a manos de Goran Sudzuka, que me gusta mucho más. La verdad que pasar de Akins a Sudzuka es como bajarse del 42 repleto y subirse a un BMW manejado por Marcela Kloosterboer en pelotas. Y bueno, los tres últimos capítulos están íntegramente dibujados por Chiang, que además se entinta a sí mismo. Ya hablé bastante del estilo de Chiang en las reseñas anteriores, así que no me quiero repetir. Pero sí subrayar que, con la posibilidad de leer un guión tal como lo entregó Azzarello, acá queda claro hasta dónde llega el aporte del dibujante. Prácticamente TODAS las decisiones en materia de narrativa, desde el armado de las secuencias hasta la composición de las viñetas, están libradas al criterio del dibujante, y acá Chiang no falla nunca. Por el contrario, ese texto que escribió Azzarello leído así, en crudo, no transmite ni un 10% del power que tienen las páginas una vez que Chiang hace su trabajo. Eso es un enorme acierto del dibujante y también del guionista, que sabe “correrse del medio” y dejar que el aspecto visual de la obra sea controlado lo más posible por el especialista en imágenes.
Tengo ya encanutados los dos tomos que faltan para completar esta fascinante etapa de Wonder Woman, a ver si banca hasta el final el rótulo de “la mejor serie de los New 52”.
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martes, 23 de junio de 2015
23/ 06: TRINITY
Desde que salió en 2003 que venía escuchando buenos comentarios acerca de esta novela gráfica y la encaré con toda la fe. La verdad, no me terminó de convencer. Por ahí porque uno es, ante todo, fan de Matt Wagner. Y me queda claro que acá Wagner está muchos cambios por debajo de sus trabajos de mayor impronta autoral. Este es un Wagner muy moderado, muy civilizado, muy domesticado. No se ve esa furia, esa cosa visceral, ese filo experimental de las mejores obras del creador de Grendel y Mage. Hay una historia sólida, que no te toma en ningún momento por pelotudo, pero falta lo otro, la provocación, la transgresión. De hecho, el guión de Trinity es tan redondo y tan “reader-friendly” que me extraña que todavía no lo hayan convertido en una película animada de esas que DC edita varias veces por año directo en DVD.
¿Qué es exactamente lo que nos cuenta Wagner en esta historia? La primera vez que se reúnen los tres íconos centrales de la mitología heroica de DC: Superman y Batman ya se conocen entre ellos, ya confían bastante el uno en el otro, y ahora se suma a la ecuación Wonder Woman, esta bomba atómica a la que sólo habían oído nombrar, pero con la que nunca se habían visto cara a cara. Como siempre, al principio hay rispideces, cuestionamientos, frases punzantes… aunque sin llegar a las piñas, porque esto no es Marvel. Y después habrá entendimientos, complicidades, pruebas de lealtad para un lado y para el otro. Sin dudas lo mejor que tiene el guión de Wagner pasa por los detalles en la caracterización, por esos toquecitos sutiles con los que el autor demuestra conocer a la perfección a Clark, Bruce y Diana, que son los que le permiten lograr que la química entre ellos funcione de manera creíble, armónica, natural.
Lo artificial, lo forzado, pasa por la lucha con los villanos. Esta saga, sin los villanos, sin los conflictos, sería mucho mejor. Claro, DC no te va a publicar un broli de 190 páginas en el que tres superhéroes se sientan a charlar para conocerse un poco más. Nos guste o no, tiene que haber una aventura, algo que los impulse a actuar, a involucrarse en situaciones dramáticas que se puedan resolver por la vía de la violencia. Y ahí es donde entran los malos: Ra´s al Ghul, Bizarro y… ¿Artemis?!? Es una selección por lo menos polémica, sobre todo cuando Wagner te blanquea que en esta aventura Artemis tiene… 14 años. Ojo, el tratamiento que le da el autor a este personaje es atractivo, está bien desarrollado, pero se hace muy obvio dónde está el eslabón flojo, el punto débil de esta trinidad del mal. Bizarro también tiene buenos momentos, hasta que Batman le hace ese aguante mano a mano y decís “nah, no me jodas”. Y obviamente el pulenta, el que manipula a todos los demás, el verdadero motor de la trama, es Ra´s. No es una gran trama, Ra´s ha tenido planes mejores y –como ya dije- las peleas entre los héroes y los villanos están bastante por debajo de los logros de Wagner en la caracterización. También hay cameos de Robin, Lois Lane, la reina Hippolyta y Aquaman, que aparece una viñeta y media y no abre la boca. Nada de eso alcanza para distraernos de lo más importante, que es el gran manejo por parte de Wagner de los tres personajes protagónicos.
Bueno, sí, hay algo que nos puede distraer: el dibujo, que está buenísimo, y el color del siempre asombroso Dave Stewart. Sin irse nunca al carajo con la puesta en página como en Grendel, Matt Wagner se concentra en dibujar claro, lindo, en que todo se vea grandioso y espectacular. Acá lo vemos trabajar con su línea la típica de estos últimos… 20 años: trazo sintético, personajes muy expresivos, cuerpos muy dinámicos, con una gran observación del lenguaje gestual de cada personaje, excelente equilibrio entre espacios blancos y masas negras, cuadros sin fondos mezclados con cuadros en los que los fondos te hacen caer de ojete, tomas de lejos en las que los personajes se convierten en siluetas toscas al filo del garabato… todo plasmado en páginas que suelen tener pocas viñetas, como para que el dibujo se pueda lucir a fondo. En sus obras posteriores para DC (las dos saguitas ambientadas en los primeros días de la carrera de Batman), Wagner volverá a apostar por los climas ominosos, la onda más cruda, más tétrica, más pulp. Acá, en cambio, hay mucha más luz, es todo más claro, más prolijo… como decía al principio, más domesticado.
En fin, si sos fan del Matt Wagner jodido, sórdido y sanguinario, no creo que esto te enganche. Si comprás cualquier cosa que lleve la firma del ídolo, supongo que ya lo tenés. Y si sos fan de los tres héroes más emblemáticos de DC, dale una posibilidad que -más allá de las luchas con los villanos- el guión está bien y hay muchos momentos muy finos, muy lindos en lo que hace al tratamiento de los personajes.
¿Qué es exactamente lo que nos cuenta Wagner en esta historia? La primera vez que se reúnen los tres íconos centrales de la mitología heroica de DC: Superman y Batman ya se conocen entre ellos, ya confían bastante el uno en el otro, y ahora se suma a la ecuación Wonder Woman, esta bomba atómica a la que sólo habían oído nombrar, pero con la que nunca se habían visto cara a cara. Como siempre, al principio hay rispideces, cuestionamientos, frases punzantes… aunque sin llegar a las piñas, porque esto no es Marvel. Y después habrá entendimientos, complicidades, pruebas de lealtad para un lado y para el otro. Sin dudas lo mejor que tiene el guión de Wagner pasa por los detalles en la caracterización, por esos toquecitos sutiles con los que el autor demuestra conocer a la perfección a Clark, Bruce y Diana, que son los que le permiten lograr que la química entre ellos funcione de manera creíble, armónica, natural.
Lo artificial, lo forzado, pasa por la lucha con los villanos. Esta saga, sin los villanos, sin los conflictos, sería mucho mejor. Claro, DC no te va a publicar un broli de 190 páginas en el que tres superhéroes se sientan a charlar para conocerse un poco más. Nos guste o no, tiene que haber una aventura, algo que los impulse a actuar, a involucrarse en situaciones dramáticas que se puedan resolver por la vía de la violencia. Y ahí es donde entran los malos: Ra´s al Ghul, Bizarro y… ¿Artemis?!? Es una selección por lo menos polémica, sobre todo cuando Wagner te blanquea que en esta aventura Artemis tiene… 14 años. Ojo, el tratamiento que le da el autor a este personaje es atractivo, está bien desarrollado, pero se hace muy obvio dónde está el eslabón flojo, el punto débil de esta trinidad del mal. Bizarro también tiene buenos momentos, hasta que Batman le hace ese aguante mano a mano y decís “nah, no me jodas”. Y obviamente el pulenta, el que manipula a todos los demás, el verdadero motor de la trama, es Ra´s. No es una gran trama, Ra´s ha tenido planes mejores y –como ya dije- las peleas entre los héroes y los villanos están bastante por debajo de los logros de Wagner en la caracterización. También hay cameos de Robin, Lois Lane, la reina Hippolyta y Aquaman, que aparece una viñeta y media y no abre la boca. Nada de eso alcanza para distraernos de lo más importante, que es el gran manejo por parte de Wagner de los tres personajes protagónicos.
Bueno, sí, hay algo que nos puede distraer: el dibujo, que está buenísimo, y el color del siempre asombroso Dave Stewart. Sin irse nunca al carajo con la puesta en página como en Grendel, Matt Wagner se concentra en dibujar claro, lindo, en que todo se vea grandioso y espectacular. Acá lo vemos trabajar con su línea la típica de estos últimos… 20 años: trazo sintético, personajes muy expresivos, cuerpos muy dinámicos, con una gran observación del lenguaje gestual de cada personaje, excelente equilibrio entre espacios blancos y masas negras, cuadros sin fondos mezclados con cuadros en los que los fondos te hacen caer de ojete, tomas de lejos en las que los personajes se convierten en siluetas toscas al filo del garabato… todo plasmado en páginas que suelen tener pocas viñetas, como para que el dibujo se pueda lucir a fondo. En sus obras posteriores para DC (las dos saguitas ambientadas en los primeros días de la carrera de Batman), Wagner volverá a apostar por los climas ominosos, la onda más cruda, más tétrica, más pulp. Acá, en cambio, hay mucha más luz, es todo más claro, más prolijo… como decía al principio, más domesticado.
En fin, si sos fan del Matt Wagner jodido, sórdido y sanguinario, no creo que esto te enganche. Si comprás cualquier cosa que lleve la firma del ídolo, supongo que ya lo tenés. Y si sos fan de los tres héroes más emblemáticos de DC, dale una posibilidad que -más allá de las luchas con los villanos- el guión está bien y hay muchos momentos muy finos, muy lindos en lo que hace al tratamiento de los personajes.
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jueves, 2 de abril de 2015
02/ 04: WONDER WOMAN Vol.3
No puedo volver a colgar a esta serie casi un año entre tomo y tomo, y menos cuando ya terminó y está toda editada en TPBs. Así que me lanzo de cabeza sobre el Vol.3, no si antes recomendar un repasito por las reseñas de los tomos anteriores (15/11/13 y 29/10/14).
De los conceptos ya vertidos, me parece que hay que volver a subrayar uno: Esto no tiene nada que ver con ningún otro comic de Wonder Woman que hayas leído. De verdad, con ninguno. Ni siquiera con comics que se publicaban en simultáneo con este, como Justice League o Superman/ Wonder Woman. Esta es una obra 100% de autor, en la que a Brian Azzarello le dieron la posibilidad única de reimaginar de cero a la famosa heroína, a su entorno y a su historia, sin la menor interferencia por parte del resto del Universo DC, que acá parece no existir. Recién sobre la segunda mitad de este tomo, Azzarello suma al siempre expansivo elenco de la serie a Orion, el más pulenta de los New Gods. Supongo que en el Vol.4 quedará claro cuál será su función en la saga, porque hasta ahora no tiene mucho más efecto más allá del impacto de volver a ver en la etapa New 52 a nuevas versiones de los personajes creados hace casi 45 años por Jack Kirby.
Creo que el mayor logro de Azzarello es la forma en que logra pilotear la gran cantidad de personajes que componen el elenco de la serie. Esta vez, además de Orion, aparece un portentoso guerrero inmortal que pinta para convertirse en el villano más power de la saga, y otros dos hijos bastardos de Zeus nacidos en la Tierra durante el Siglo XX. First Born (el guerrero machacoso) tiene sus propias secuencias y hasta sus propios personajes secundarios. Los otros hijos de Zeus, en cambio, aportan un poco menos, y pareciera que Azzarello no los va a integrar definitivamente al elenco, sino que sus apariciones fueron pensadas para hacer avanzar puntos concretos de la trama, o para que Diana tuviera contra quién pelear en un episodio que, de otro modo, hubiese sido 100% diálogo. Realmente la trama de First Born resulta un gran hallazgo, porque habilita un montón de escenas de pelea lejos de donde están Wonder Woman y el resto del elenco, que siguen enroscados en una historia que –ya lo dije en las reseñas anteriores- no pasa por la machaca sino por la rosca en el seno de una familia disfuncional.
Otro punto destacadísimo son los diálogos. Un rubro en el que Azzarello pela una magia asombrosa para darle voz e identidad a cada uno de estos personajes, a los que nos muestra como cercanos, casi reales, a pesar de ser dioses mitológicos de la antigüedad y –ante todo- personajes de historieta. Sin cagarse en las raíces mitológicas, Azzarello actualiza estos dramas famiiares, estas alianzas, estos odios, y los hace increíblemente contemporáneos. Y la única historia en la que cambia totalmente el registro (la del n°0, protagonizada por una Diana de 11 ó 12 años) lo hace para adoptar ciertos tics típicos de los comics de la Silver Age. Claro, el espesor dramático del relato es mucho mayor, pero si sabés verlos, están los guiños a Stan Lee, Bob Haney y demás.
En materia de dibujantes, esta vez no alcanzó con un titular y un suplente. Cliff Chiang (el titular) dibuja tres de los siete episodios. Tony Akins (el suplente) dibuja un episodio entero, la mitad de otro, 16 páginas de un tercero y entrega apenas un plantado a lápiz de un cuarto, para que se lo terminen los entintadores. Para cubrir los baches, tenemos a un ignoto (y no muy presentable) Amilcar Pinna, al glorioso Goran Sudzuka y a varios entintadores, entre ellos el notable Dan Green (que logra que los dibujos de Akins se vean cada vez mejor) y el infalible Rick Burchett. Y pese a mi amor incondicional por Sudzuka, tengo que reconocer que Chiang se ganó en buena ley la chapa de ser EL dibujante de esta versión de Wonder Woman. Desde el diseño de los personajes hasta los recursos narrativos que tiene que poner en juego para darle onda a las escenas en las que sólo vemos gente hablando (un clásico de Azzarello, a esta altura), Chiang muestra solidez, compromiso y talento. Cada vez más afianzado en su estilo “Arthur Adams sin los 15 millones de rayitas”, Chiang pone todo lo que hay que poner, se entinta a sí mismo y se complementa mejor que ningún otro con el colorista Matthew Wilson. Muy grosso.
No sé qué me espera en la segunda mitad de esta serie, pero la primera me pareció excelente, me sorprendió y me emocionó muchas más veces de las que yo me imaginaba. Sobre el final de mi adolescencia fui muy fan de la Wonder Woman de George Perez y ya en este siglo me volví loco cuando Greg Rucka llevó a su máximo apogeo a esa versión. Y sin embargo, estos tres TPBs me dejan picando la idea de que tal vez (por ahora es un tal vez) la Wonder Woman definitiva sea esta, la de Azzarello y Chiang, parida con el “pecado original” de ser parte del New 52, pero satisfactoria y apasionante por donde se la mire.
De los conceptos ya vertidos, me parece que hay que volver a subrayar uno: Esto no tiene nada que ver con ningún otro comic de Wonder Woman que hayas leído. De verdad, con ninguno. Ni siquiera con comics que se publicaban en simultáneo con este, como Justice League o Superman/ Wonder Woman. Esta es una obra 100% de autor, en la que a Brian Azzarello le dieron la posibilidad única de reimaginar de cero a la famosa heroína, a su entorno y a su historia, sin la menor interferencia por parte del resto del Universo DC, que acá parece no existir. Recién sobre la segunda mitad de este tomo, Azzarello suma al siempre expansivo elenco de la serie a Orion, el más pulenta de los New Gods. Supongo que en el Vol.4 quedará claro cuál será su función en la saga, porque hasta ahora no tiene mucho más efecto más allá del impacto de volver a ver en la etapa New 52 a nuevas versiones de los personajes creados hace casi 45 años por Jack Kirby.
Creo que el mayor logro de Azzarello es la forma en que logra pilotear la gran cantidad de personajes que componen el elenco de la serie. Esta vez, además de Orion, aparece un portentoso guerrero inmortal que pinta para convertirse en el villano más power de la saga, y otros dos hijos bastardos de Zeus nacidos en la Tierra durante el Siglo XX. First Born (el guerrero machacoso) tiene sus propias secuencias y hasta sus propios personajes secundarios. Los otros hijos de Zeus, en cambio, aportan un poco menos, y pareciera que Azzarello no los va a integrar definitivamente al elenco, sino que sus apariciones fueron pensadas para hacer avanzar puntos concretos de la trama, o para que Diana tuviera contra quién pelear en un episodio que, de otro modo, hubiese sido 100% diálogo. Realmente la trama de First Born resulta un gran hallazgo, porque habilita un montón de escenas de pelea lejos de donde están Wonder Woman y el resto del elenco, que siguen enroscados en una historia que –ya lo dije en las reseñas anteriores- no pasa por la machaca sino por la rosca en el seno de una familia disfuncional.
Otro punto destacadísimo son los diálogos. Un rubro en el que Azzarello pela una magia asombrosa para darle voz e identidad a cada uno de estos personajes, a los que nos muestra como cercanos, casi reales, a pesar de ser dioses mitológicos de la antigüedad y –ante todo- personajes de historieta. Sin cagarse en las raíces mitológicas, Azzarello actualiza estos dramas famiiares, estas alianzas, estos odios, y los hace increíblemente contemporáneos. Y la única historia en la que cambia totalmente el registro (la del n°0, protagonizada por una Diana de 11 ó 12 años) lo hace para adoptar ciertos tics típicos de los comics de la Silver Age. Claro, el espesor dramático del relato es mucho mayor, pero si sabés verlos, están los guiños a Stan Lee, Bob Haney y demás.
En materia de dibujantes, esta vez no alcanzó con un titular y un suplente. Cliff Chiang (el titular) dibuja tres de los siete episodios. Tony Akins (el suplente) dibuja un episodio entero, la mitad de otro, 16 páginas de un tercero y entrega apenas un plantado a lápiz de un cuarto, para que se lo terminen los entintadores. Para cubrir los baches, tenemos a un ignoto (y no muy presentable) Amilcar Pinna, al glorioso Goran Sudzuka y a varios entintadores, entre ellos el notable Dan Green (que logra que los dibujos de Akins se vean cada vez mejor) y el infalible Rick Burchett. Y pese a mi amor incondicional por Sudzuka, tengo que reconocer que Chiang se ganó en buena ley la chapa de ser EL dibujante de esta versión de Wonder Woman. Desde el diseño de los personajes hasta los recursos narrativos que tiene que poner en juego para darle onda a las escenas en las que sólo vemos gente hablando (un clásico de Azzarello, a esta altura), Chiang muestra solidez, compromiso y talento. Cada vez más afianzado en su estilo “Arthur Adams sin los 15 millones de rayitas”, Chiang pone todo lo que hay que poner, se entinta a sí mismo y se complementa mejor que ningún otro con el colorista Matthew Wilson. Muy grosso.
No sé qué me espera en la segunda mitad de esta serie, pero la primera me pareció excelente, me sorprendió y me emocionó muchas más veces de las que yo me imaginaba. Sobre el final de mi adolescencia fui muy fan de la Wonder Woman de George Perez y ya en este siglo me volví loco cuando Greg Rucka llevó a su máximo apogeo a esa versión. Y sin embargo, estos tres TPBs me dejan picando la idea de que tal vez (por ahora es un tal vez) la Wonder Woman definitiva sea esta, la de Azzarello y Chiang, parida con el “pecado original” de ser parte del New 52, pero satisfactoria y apasionante por donde se la mire.
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miércoles, 29 de octubre de 2014
29/ 10: WONDER WOMAN Vol.2
Voy muy atrasado con esta serie, ya lo sé. Reseñé el Vol.1 el 15/11/13 y aguanté casi un año para entrarle al Vol.2, y eso que el primero me había recontra-cebado. Pero bueno, son problemas lindos, causados por el hecho de que uno lee mucho y muy variado.
Lo que tengo para decir sobre este tomo se parece bastante a lo que dije cuando reseñé el Vol.1, pero reitero estos conceptos:
Brian Azzarello está haciendo comic de autor adentro del mainstream. Esto es un laburo 100% personal que responde a una única visión, a un único criterio lírico-genital y es el del glorioso creador de 100 Bullets.
Esto no se parece en nada a ningún otro comic de Wonder Woman que hayas visto o leído. Es más: a duras penas se parece a otros comics de superhéroes. Acá Diana no actúa como una típica superheroína, sino que su rol es el de proteger a una chica mortal que se pegó una revolcada con Zeus y ahora está por dar a luz al enésimo hijo bastardo del capo del Olimpo.
La trama pasa por ahí, por la runfla constante entre estas esposas, amantes, hijos e hijas de un Zeus que lleva un tiempo desaparecido, a ver quién se queda con el trono del barbeta. Y la inminente aparición de un nuevo heredero con quien repartir la torta incomoda bastante a estos seres tan poderosos como venales. Diana (también hija de Zeus) deambula entre estos fuyeros de la inmortalidad, pelea lo menos posible, le escapa a un dios que la quiere “de novia” y -en uno de los mejores giros argumentales que leí en la historia del personaje- se entera por qué carajo en la Isla Paraíso no hay varones. Esta explicación es tan grossa que no creo que ningún guionista de los que vengan después se animen a hacerse cargo.
Azzarello se auto-impone un obstáculo que es la gran cantidad de personajes que componen el elenco de la serie, y que en este tomo es aún más numeroso que en el anterior. Pero lo sobrelleva con mucha clase. La entrada y salida de los personajes es ordenada, para cada uno hay grandes momentos de lucimiento, el nivel de los diálogos está afiladísimo, y sirve además para marcar con onda y fuerza los rasgos de caracterización de cada protagonista.
Con mucha más rosca que violencia, la serie logra un ritmo muy ganchero, muy intenso, supongo que similar al de Game of Thrones (digo “supongo” porque nunca vi la serie ni leí las novelas), muy bien condimentado con el impacto que produce este desfile incesante de personajes de inmenso poder, todos enredados en una compleja tramoya de promesas, traiciones, rencores y oscuras ambiciones, como en las mejores telenovelas.
El dibujo de Cliff Chiang está muy bien, siempre en ese estilo “Arthur Adams sin los 15 millones de rayitas” y además con su propio entintado, lo cual transmite la grata sensación de “tranqui, muchachos, tengo todo bajo control”. Su interpretación visual de los distintos dioses, del Hades, de la forja de Hephaestus y del Olimpo mismo es invariablemente original y acertada y la sintonía con Azzarello se ve cada vez más afianzada. Y no, Chiang no te dibuja 20 páginas por mes ni recibiendo cocaína por vía intravenosa, por eso dos de los seis episodios van a parar a las garras de Tony Akins, dibujante que a mí no me gusta para nada. De todos modos, debo reconocer que en este tomo está mejor que en el anterior, donde también entró a jugar de suplente cuando Chiang dijo “no llego”. Atribuyo esta mejora a las tintas del mítico Dan Green, vigente desde los ´80 con su trazo finito, prolijo y vibrante. Además el guión juega a favor de Akins, porque le tocan capítulos donde la ausencia de fondos (rasgo clásico de este mediocre) choca poco o nada.
Y bueno, el bebé de Zola nace en la anteúltima página, así que se acaba ese franeleo previo tan atractivo. En el próximo tomo veremos qué tenía planeado Azzarello para este nuevo vástago de Zeus y cómo cambia el status quo de la serie, que hasta ahora es impecable. Creo que el mes pasado salió en EEUU el último episodio de Wonder Woman de la dupla Azzarello-Chiang, así que esta magnífica versión de la princesa amazona ya tiene un final. Ahora, a prenderle unas velas a los dioses de la religión que más te cope para que guionista y dibujante sigan juntos, en lo posible en un proyecto creator-owned, sin la imposición ridícula de las 20 páginas por mes, así puede dibujar todo Chiang.
Lo que tengo para decir sobre este tomo se parece bastante a lo que dije cuando reseñé el Vol.1, pero reitero estos conceptos:
Brian Azzarello está haciendo comic de autor adentro del mainstream. Esto es un laburo 100% personal que responde a una única visión, a un único criterio lírico-genital y es el del glorioso creador de 100 Bullets.
Esto no se parece en nada a ningún otro comic de Wonder Woman que hayas visto o leído. Es más: a duras penas se parece a otros comics de superhéroes. Acá Diana no actúa como una típica superheroína, sino que su rol es el de proteger a una chica mortal que se pegó una revolcada con Zeus y ahora está por dar a luz al enésimo hijo bastardo del capo del Olimpo.
La trama pasa por ahí, por la runfla constante entre estas esposas, amantes, hijos e hijas de un Zeus que lleva un tiempo desaparecido, a ver quién se queda con el trono del barbeta. Y la inminente aparición de un nuevo heredero con quien repartir la torta incomoda bastante a estos seres tan poderosos como venales. Diana (también hija de Zeus) deambula entre estos fuyeros de la inmortalidad, pelea lo menos posible, le escapa a un dios que la quiere “de novia” y -en uno de los mejores giros argumentales que leí en la historia del personaje- se entera por qué carajo en la Isla Paraíso no hay varones. Esta explicación es tan grossa que no creo que ningún guionista de los que vengan después se animen a hacerse cargo.
Azzarello se auto-impone un obstáculo que es la gran cantidad de personajes que componen el elenco de la serie, y que en este tomo es aún más numeroso que en el anterior. Pero lo sobrelleva con mucha clase. La entrada y salida de los personajes es ordenada, para cada uno hay grandes momentos de lucimiento, el nivel de los diálogos está afiladísimo, y sirve además para marcar con onda y fuerza los rasgos de caracterización de cada protagonista.
Con mucha más rosca que violencia, la serie logra un ritmo muy ganchero, muy intenso, supongo que similar al de Game of Thrones (digo “supongo” porque nunca vi la serie ni leí las novelas), muy bien condimentado con el impacto que produce este desfile incesante de personajes de inmenso poder, todos enredados en una compleja tramoya de promesas, traiciones, rencores y oscuras ambiciones, como en las mejores telenovelas.
El dibujo de Cliff Chiang está muy bien, siempre en ese estilo “Arthur Adams sin los 15 millones de rayitas” y además con su propio entintado, lo cual transmite la grata sensación de “tranqui, muchachos, tengo todo bajo control”. Su interpretación visual de los distintos dioses, del Hades, de la forja de Hephaestus y del Olimpo mismo es invariablemente original y acertada y la sintonía con Azzarello se ve cada vez más afianzada. Y no, Chiang no te dibuja 20 páginas por mes ni recibiendo cocaína por vía intravenosa, por eso dos de los seis episodios van a parar a las garras de Tony Akins, dibujante que a mí no me gusta para nada. De todos modos, debo reconocer que en este tomo está mejor que en el anterior, donde también entró a jugar de suplente cuando Chiang dijo “no llego”. Atribuyo esta mejora a las tintas del mítico Dan Green, vigente desde los ´80 con su trazo finito, prolijo y vibrante. Además el guión juega a favor de Akins, porque le tocan capítulos donde la ausencia de fondos (rasgo clásico de este mediocre) choca poco o nada.
Y bueno, el bebé de Zola nace en la anteúltima página, así que se acaba ese franeleo previo tan atractivo. En el próximo tomo veremos qué tenía planeado Azzarello para este nuevo vástago de Zeus y cómo cambia el status quo de la serie, que hasta ahora es impecable. Creo que el mes pasado salió en EEUU el último episodio de Wonder Woman de la dupla Azzarello-Chiang, así que esta magnífica versión de la princesa amazona ya tiene un final. Ahora, a prenderle unas velas a los dioses de la religión que más te cope para que guionista y dibujante sigan juntos, en lo posible en un proyecto creator-owned, sin la imposición ridícula de las 20 páginas por mes, así puede dibujar todo Chiang.
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domingo, 25 de mayo de 2014
25/ 05: WONDER WOMAN: THE BLUE AMAZON
Entre las tantas pelotudeces que le vimos hacer a Dan DiDio en los años que lleva al frente de DC (creo que ya son más de 10, la década perdida), una de las más obtusas fue haberle puesto fin a la línea Elseworlds. Por supuesto, bajo ese rótulo aparecieron muchas historietas francamente excecrables, pero también fue un ámbito propicio y generoso para el surgimiento de papa fina, o de comics quizás imperfectos, pero que tenían el atractivo de ver a autores muy grossos hacer lo que se les diera la gana con los personajes de DC. Así, de arranque, me vienen a la mente Alan Davis, Howard Chaykin, Michael Lark, Mark Millar, Paul Pope, Dan Brereton, Paul Gulacy, García López, Mike Mignola... muchos nombres de los que no se ven habitualmente en las series regulares de DC y que sí mojaban cada tanto en los Elseworlds.
Entre los Elseworlds más raros está la trilogía que termina en The Blue Amazon. Acá, los guionistas Randy y Jean-Marc Lofficier (a los que conocimos en los ´80 como “el matrimonio que traducía al inglés las historietas de Moebius para que las publicara Epic”) deforman los argumentos de varias películas clásicas del cine expresionista alemán para mezclarlos con una versión también muy distorsionada del DCU. El primer librito fue Superman: Metropolis, el segundo Batman: Nosferatu, y este (de 2003) no se mete con una sóla película, sino con dos: The Blue Angel y Dr. Mabuse, the Gambler. En algún momento se habló de un cuarto libro, en el que aparecerían versiones de los cuatro miembros clásicos de la JLA a los que hasta ahora no mencionamos, pero eso nunca se concretó. Y hubiese sido bastante raro, sobre todo porque The Blue Amazon funciona muy bien como un final de trilogía.
El mérito principal del guión es ese: nos presenta de cero a tres personajes (Diana, Cheetah y el Dr. Psykho), arma una trama en la que los tres tienen espacio para destacarse, y además logra insertar esa trama en el contexto mayor, con roles destacados para el Nosferatu y el Super-Man a los que nos habían presentado en los tomitos anteriores. Para que todo funcione, para que la mitología de las amazonas pueda amalgamarse con esta trama mayor que tiene como eje a la ciudad de Metropolis, los guionistas necesitan clavar en la mitad del tomo un extenso flashback, que se morfa 10 de las 64 páginas que tiene la obra. Por suerte, nunca se hace denso ni obvio, sino que está lleno de revelaciones interesantes y condimentado con una dosis justa de machaca.
La trama del “presente” tampoco se empantana nunca. No tiene demasiados diálogos (sí unos cuantos bloques de texto muy atractivos, con bastante vuelo) y está llevada con un ritmo ágil, mucho más orientado a la acción que cualquier película clásica alemana, y condimentada con crueldades, atrocidades y actos de violencia (física y emocional) realmente escabrosos. Vos sabés que, con Superman y Wonder Woman en el paquete, es casi imposible que ganen los malos, pero igual la runfla se hace tan espesa (y la mano negra de Lutor se siente tanto, incluso dos tomos después de su muerte) que más de una vez el pronóstico se hace bastante desalentador.
Lo que se ve espléndido de punta a punta es el dibujo del maestro Ted McKeever, muy bien interpretado y potenciado por el colorista Chris Chuckry. No es fácil colorear a McKeever, y menos cuando la consigna de “homenajear al cine expresionista alemán” te obliga a acotar la paleta. El clima de la obra, la gran cantidad de freaks y deformes varios que aparecen, la buena dosis de acción y violencia, le brindan a McKeever muchas oportunidades de lucimiento, que el ídolo no desaprovecha jamás. Su única limitación es que, si uno le cree a los bloques de texto, Diana es una mina de una belleza inigualable, que te deja helado con sólo mirarle los ojos. Y McKeever es un genio, pero no le pidas que dibuje minas hermosas, porque le cuesta un huevo. Es más fácil encontrar hinchas de Tristán Suárez en Bulgaria que minas hermosas dibujadas por McKeever. En general, su fuerte es lo otro, esa onda retorcida, de personajes contrahechos, grotescos, que heredó del Viejo Breccia. Ni siquiera cuando realmente se esfuerza, le sale un rostro de Diana que vos digas “ah, sí, esta es la mina perfecta que me describen los bloques de texto”. Pero bueno, es McKeever y lo banco a muerte.
Si nunca leíste Metropolis y Nosferatu, no se te ocurra empezar por acá. La trilogía debe ser leída en orden, porque si no, se entiende la mitad. De hecho, este es el tomito más difícil de encontrar, así que las chances de que empieces por el final son muy pocas. No estaría mal un recopilatorio de los tres prestiges en un sólo libro, así te sumergís de un saque en esta extraña versión del DCU (denominada por los especialistas Tierra-1927) creada entre películas mudas de los años ´20 y comics de todos los tiempos por los esposos Lofficier y el incomparable Ted McKeever.
Entre los Elseworlds más raros está la trilogía que termina en The Blue Amazon. Acá, los guionistas Randy y Jean-Marc Lofficier (a los que conocimos en los ´80 como “el matrimonio que traducía al inglés las historietas de Moebius para que las publicara Epic”) deforman los argumentos de varias películas clásicas del cine expresionista alemán para mezclarlos con una versión también muy distorsionada del DCU. El primer librito fue Superman: Metropolis, el segundo Batman: Nosferatu, y este (de 2003) no se mete con una sóla película, sino con dos: The Blue Angel y Dr. Mabuse, the Gambler. En algún momento se habló de un cuarto libro, en el que aparecerían versiones de los cuatro miembros clásicos de la JLA a los que hasta ahora no mencionamos, pero eso nunca se concretó. Y hubiese sido bastante raro, sobre todo porque The Blue Amazon funciona muy bien como un final de trilogía.
El mérito principal del guión es ese: nos presenta de cero a tres personajes (Diana, Cheetah y el Dr. Psykho), arma una trama en la que los tres tienen espacio para destacarse, y además logra insertar esa trama en el contexto mayor, con roles destacados para el Nosferatu y el Super-Man a los que nos habían presentado en los tomitos anteriores. Para que todo funcione, para que la mitología de las amazonas pueda amalgamarse con esta trama mayor que tiene como eje a la ciudad de Metropolis, los guionistas necesitan clavar en la mitad del tomo un extenso flashback, que se morfa 10 de las 64 páginas que tiene la obra. Por suerte, nunca se hace denso ni obvio, sino que está lleno de revelaciones interesantes y condimentado con una dosis justa de machaca.
La trama del “presente” tampoco se empantana nunca. No tiene demasiados diálogos (sí unos cuantos bloques de texto muy atractivos, con bastante vuelo) y está llevada con un ritmo ágil, mucho más orientado a la acción que cualquier película clásica alemana, y condimentada con crueldades, atrocidades y actos de violencia (física y emocional) realmente escabrosos. Vos sabés que, con Superman y Wonder Woman en el paquete, es casi imposible que ganen los malos, pero igual la runfla se hace tan espesa (y la mano negra de Lutor se siente tanto, incluso dos tomos después de su muerte) que más de una vez el pronóstico se hace bastante desalentador.
Lo que se ve espléndido de punta a punta es el dibujo del maestro Ted McKeever, muy bien interpretado y potenciado por el colorista Chris Chuckry. No es fácil colorear a McKeever, y menos cuando la consigna de “homenajear al cine expresionista alemán” te obliga a acotar la paleta. El clima de la obra, la gran cantidad de freaks y deformes varios que aparecen, la buena dosis de acción y violencia, le brindan a McKeever muchas oportunidades de lucimiento, que el ídolo no desaprovecha jamás. Su única limitación es que, si uno le cree a los bloques de texto, Diana es una mina de una belleza inigualable, que te deja helado con sólo mirarle los ojos. Y McKeever es un genio, pero no le pidas que dibuje minas hermosas, porque le cuesta un huevo. Es más fácil encontrar hinchas de Tristán Suárez en Bulgaria que minas hermosas dibujadas por McKeever. En general, su fuerte es lo otro, esa onda retorcida, de personajes contrahechos, grotescos, que heredó del Viejo Breccia. Ni siquiera cuando realmente se esfuerza, le sale un rostro de Diana que vos digas “ah, sí, esta es la mina perfecta que me describen los bloques de texto”. Pero bueno, es McKeever y lo banco a muerte.
Si nunca leíste Metropolis y Nosferatu, no se te ocurra empezar por acá. La trilogía debe ser leída en orden, porque si no, se entiende la mitad. De hecho, este es el tomito más difícil de encontrar, así que las chances de que empieces por el final son muy pocas. No estaría mal un recopilatorio de los tres prestiges en un sólo libro, así te sumergís de un saque en esta extraña versión del DCU (denominada por los especialistas Tierra-1927) creada entre películas mudas de los años ´20 y comics de todos los tiempos por los esposos Lofficier y el incomparable Ted McKeever.
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