
Bueno, siguiendo con la onda fascista, y a falta de comics de Mussolini para comentar, me encontré con Torni Yo, otra historieta de ese prócer de la intolerancia llamado Gustavo Sala, que le enseña a los niños a discriminar y maltratar a los distintos…
Nah, era una joda. Torni Yo es una historieta de Gustavo Sala pero apenitas. En realidad es una historieta de Carlos Trillo y Eduardo Maicas, a la que Sala simplemente le aporta el dibujo (y Humberto Miranda el color). Y puestos a ahondar, ni siquiera: es una historieta de la revista Genios, con todo lo que eso implica.
Básicamente, dos páginas por semana (mucho más de lo que habitualmente dibujaba Sala en su etapa pre-Torni) y guiones claramente apuntados al público infantil, prácticamente sin guiños a los eventuales lectores adultos que pudieran encontrarse con el material. Se ve que Trillo y Maicas no miran películas de Pixar, o que jamás pensaron que muchos fans de Sala nos compraríamos esta historieta cuando se recopilara en libro…
Las primeras historietas de Torni Yo son muy flojas. Tienen algún chiste bueno perdido entre varios malísimos y las situaciones son repetidas y poco interesantes. El científico que creó al robot trata de recapturarlo mediante planes absurdos y –obviamente- no lo logra. Cuando Trillo y Maicas rompen con ese esquema, la cosa mejora notablemente y avanzan dos plots que atraviesan varios episodios: por un lado, Torni se enamora de Bibi, una muñeca que no le presta ni la menor atención, y que incluso le escapa, en secuencias con cierto aroma (guiño, guiño) a los cortos de Pepe LePew. Por el otro, una raza alienígena abduce a Torni, lo analiza y lo devuelve en apenas dos páginas, pero inteligentemente los autores dedican varias entregas posteriores a explorar las consecuencias de esa bizarra peripecia. Por supuesto, entre el robot, la muñeca y los aliens queda poco espacio para Lucio y los otros chicos humanos, pero eso no resiente en lo más mínimo el atractivo de la serie. Está claro que la química Lucio/ Torni no era el punto más fuerte, por lo menos hasta ahí.
Sin embargo, cuando se desactiva el plot de los aliens, la historieta vuelve a centrarse en la relación entre el chico y el robot (ya sin el molesto y predecible inventor) pero los chistes ahora son más graciosos y las situaciones funcionan un poco mejor. Incluso se empieza a jugar deliberadamente con el efecto Hobbes (el tigre de Calvin, no el teórico político): ante los ojos de los padres de Lucio, Torni es un juguete más, no un robot con vida e inteligencia propias. Era eso o recurrir al viejo truco de Alf: la sitcom familiar “invadida” por un elemento extraño e impredecible, cosa que ya vimos hasta el hartazgo. Y además, convencer a tu familia de que tu robot en realidad es un coñemu es mucho más fácil y creíble que ocultarles que tenés como mascota a un elefante, cosa que Trillo y Maicas estiraron hasta niveles casi insostenibles, durante muchísimas semanas, en Ele, la historieta que dibujaba Lucas Varela, también para Genios.
A los más chicos Torni Yo les va a encantar, no tengo dudas. A los más grandes… y, la veo difícil. Sobre todo a los fans de Sala, acostumbrados a otra cosa totalmente distinta. Por ahí la compran por fanatismo, o para hacerle el aguante al ídolo marplatense, pero si venís cebado con los chistes de animales que se empoman viejas o se transforman en Fabián Gianola, acá vas a hacer patito, mal. Y para los que creen que Sala se repite, o que encontró una fórmula y no la va a cambiar más, bueno, acá tienen una muestra cabal de cómo se las ingenia cuando no puede meter escatología, ni sexo, ni fans de los Redondos. En Torni Yo los veteranos guionistas de Clara de Noche se jugaron a una timba más arriesgada que poner a Tévez a atajar penales. Y Tévez se la bancó a lo macho. A lo Violeta Macho.